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EL CIELO
Y EL INFIERNO
1758
1933, 1963
1991
2009
www.angeles-luz.es
www.angels-heaven.org
PRIMERA EDICIÓN
EL CIELO Y EL INFIERNO
(*)
(**)
Texto encima de posterior flanco envoltura
(A)
NOTAS DEL TRADUCTOR
(B)
ÍNDICE DE PASAJES DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS
(C)
BORGES Y EL MISTERIO
DE SWEDENBORG
(D)
INTRODUCCIÓN
(I)
EL CIELO
(0)
Capítulo I
PREFACIO
(1)
EL DIOS DEL
CIELO ES EL SEÑOR
(2)
Capítulo II
ES
LA DIVINIDAD DEL SEÑOR LA QUE CREA EL CIELO
(3)
Capítulo III
LA
DIVINIDAD DEL SEÑOR EN EL CIELO ES AMOR HACIA
EL Y CARIDAD CON EL PRÓJIMO
(4)
Capítulo IV
EL CIELO
ESTÁ DIVIDIDO EN DOS REINOS
(5)
Capítulo V
HAY TRES
CIELOS
(6)
Capítulo VI
LOS CIELOS ESTÁN CONSTITUIDOS POR INNUMERABLES SOCIEDADES
(7)
Capítulo VII
CADA
SOCIEDAD ES UN CIELO EN FORMA MENOR, Y CADA ÁNGEL, EN FORMA
MÍNIMA
(8)
Capítulo VIII
EL CIELO
EN SU CONJUNTO REFLEJA A UN SOLO HOMBRE
(9)
Capítulo IX
CADA
SOCIEDAD DEL CIELO REFLEJA A UN SOLO HOMBRE
(10)
Capítulo X
POR TANTO,
TODOS LOS ANGELES POSEEN UNA PERFECTA FORMA HUMANA
(11)
Capítulo XI
LA
DIVINIDAD DEL SEÑOR ES LA QUE DETERMINA QUE EL CIELO EN SU
CONJUNTO Y EN SUS PARTES POSEA FORMA HUMANA
(AC)
Extractos
de Arcana Coelestia referentes al Señor y a su Divinidad
Humana
(12)
Capítulo XII
HAY UNA
CORRESPONDENCIA ENTRE TODAS LAS COSAS DEL CIELO Y TODAS LAS COSAS DEL HOMBRE
(13)
Capítulo XIII
HAY UNA
CORRESPONDENCIA ENTRE EL CIELO Y TODAS LAS COSAS DE LA TIERRA
(14)
Capítulo XIV
EL SOL DEL
CIELO
(15)
Capítulo XV
LA LUZ Y EL CALOR EN EL CIELO
(16)
Capítulo XVI
LAS CUATRO
REGIONES DEL CIELO
(17)
Capítulo XVII
LOS CAMBIOS
DE ESTADO DE LOS ANGELES DEL CIELO
(18)
Capítulo XVII
EL TIEMPO
EN EL CIELO
(19)
Capítulo XIX
REPRESENTACIONES
Y APARIENCIAS EN EL CIELO
(20)
Capítulo XX
LAS
VESTIDURAS DE LOS ANGELES
(21)
Capítulo XXI
RESIDENCIAS
Y MORADAS DE LOS ANGELES
(22)
Capítulo XXII
EL ESPACIO
EN EL CIELO
(23)
Capítulo XXIII
LAS
AFILIACIONES Y LAS COMUNICACIONES ESTÁN DETERMINADAS POR LA FORMA DEL
CIELO
(24)
Capítulo XXIV
EL GOBIERNO
DEL CIELO
(25)
Capítulo XXV
EL CULTO
DIVINO EN EL CIELO
(26)
Capítulo XXVI
EL PODER DE
LOS ÁNGELES DEL CIELO
(27)
Capítulo XXVII
EL LENGUAJE
DE LOS ÁNGELES
(28)
Capítulo XXVIII
EL LENGUAJE
QUE EMPLEAN LOS ÁNGELES PARA HABLAR CON EL HOMBRE
(29)
Capítulo XXIX
LA ESCRITURA
EN EL
CIELO
(30)
Capítulo XXX
LA
SABIDURÍA DE LOS ANGELES DEL CIELO
(31)
Capítulo XXXI
EL ESTADO
DE INOCENCIA DE LOS ÁNGELES DEL CIELO
(32)
Capítulo XXXII
EL ESTADO
DE PAZ EN EL CIELO
(33)
Capítulo XXXIII
LA
CONJUNCIÓN DEL CIELO CON LA RAZA HUMANA
(34)
Capítulo XXXIV
LA
CONJUNCIÓN DEL CIELO CON EL HOMBRE A TRAVÉS
DE LA PALABRA
(35)
Capítulo XXXV
EL CIELO Y
EL INFIERNO PROCEDEN DE LA RAZA HUMANA
(36)
Capítulo XXXVI
LOS
GENTILES, O LOS PUEBLOS QUE NO INTEGRAN LA IGLESIA,
EN EL CIELO
(37)
Capítulo XXXVII
LOS
NIÑOS EN EL CIELO
(38)
Capítulo XXXVIII
LOS SABIOS
Y LOS SIMPLES EN EL CIELO
(39)
Capítulo XXXIX
LOS RICOS
Y LOS POBRES EN EL CIELO
(40)
Capítulo XL
MATRIMONIOS
EN EL CIELO
(41)
Capítulo XLI
LAS
OCUPACIONES DE LOS ÁNGELES EN EL CIELO
(42)
Capítulo XLII
EL JÚBILO Y
LA FELICIDAD CELESTIALES
(43)
Capítulo XLIII
LA
INMENSIDAD DEL CIELO
(II)
EL MUNDO DE LOS
ESPÍRITUS,
el estado del hombre después de la Muerte
(44)
Capítulo XLIV
QUÉ
ES EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS
(45)
Capítulo XLV
INTERIOMENTE
TODO HOMBRE ES UN ESPÍRITU
(46)
Capítulo XLVI
LA
RESURRECCIÓN DEL HOMBRE DE ENTRE LOS MUERTOS Y SU INGRESO EN LA VIDA ETERNA
(47)
Capítulo XLVII
EL HOMBRE
DESPUÉS DE LA MUERTE EL HOMBRE POSEE UNA PERFECTA FORMA HUMANA
(48)
Capítulo XLVIII
DESPUÉS
DE LA MUERTE EL HOMBRE GOZA DE TODOS SUS SENTIDOS; ESTÁ DOTADO
DE MEMORIA, PENSAMIENTO Y AFECTOS,
Y DE TODAS LAS FACULTADES QUE DISFRUTÓ EN EL MUNDO,
ABANDONANDO SOLAMENTE SU CUERPO TERRENAL
(49)
Capítulo XLIX
EL HOMBRE
DESPUÉS DE LA MUERTE, CINTMÚA SIENDO EL MISMO QUE HA SIDO EN ESTA
VIDA
(50)
Capítulo L
LOS
DELEITES DE LA VIDA DE CADA CUAL SE TRANSFORMAN
DESPUÉS DE LA MUERTE EN COSAS CORRESPONDIENTES
(51)
Capítulo Ll
EL PRIMER
ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE
(52)
Capítulo Lll
EL SEGUNDO
ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE
(53)
Capítulo Llll
EL TERCER
ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE,
EN EL CUAL SE INSTRUYE A QUIENES VAN A INGRESAR AL CIELO
(54)
Capítulo LIV
NADIE
INGRESA AL CIELO SINO ES POR MISERICORDIA, PERO LA MISERICORDIA
OPERA A TRAVÉS DE CIERTOS MEDIOS
(55)
Capítulo LV
VIVIR
LA VIDA QUE CONDUCE AL CIELO NO ES TAN DIFÍCIL COMO SE SUELE
CREER
(III)
EL
INFIERNO
(56)
Capítulo LVI
EL
SEÑOR RIGE LOS INFIERNOS
(57)
Capítulo LVII
EL
SEÑOR NO ARROJA A NADIE AL INFIERNO; ES EL ESPÍRITU MISMO
EL QUE SE PRECIPITA EN EL INFIERNO
(58)
Capítulo LVIII
TODOS LOS
QUE MORAN EN LOS INFIERNOS VIVEN EN EL MAL
Y EN SUS RESPECTIVAS FALSEDADES: DERIVADAS DEL AMOR DE SÍ MISMO Y DEL
MUNDO
(59)
Capítulo LIX
QUÉ
ES EL FUEGO INFERNAL, Y EN QUÉ CONSISTE EL CRUJIR
DE DIENTES
(60)
Capítulo LX
LA
MALIGNIDAD Y LOS NEFANDOS ARTIFICIOS DE LOS ESPÍRITUS INFERNALES
(61)
Capítulo LXI
LA
APARIENCIA,
UBICACIÓN Y NÚMERO DE LOS INFIERNOS
(62)
Capítulo LXII
EL
EQUILIBRIO ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO
(63)
Capítulo LXIII
EL HOMBRE
SE MANTIENE EN LIBERTAD MEDIANTE EL EQUILIBRIO ENTRE EL CIELO Y
EL INFIERNO
(64)
Índice
analítico
(**)
Texto encima de posterior flanco envoltura
"He vuelto a Swedenborg, después de realizar vastos estudios sobre todas las religiones, y de convencerme a mí mismo, mediante la lectura que la paciente Alemania, Inglaterra y Francia han publicado en los últimos sesenta años, de la profunda verdad de mis intuiciones juveniles sobre la Biblia. Más allá de toda duda, Swedenborg reúne en sí todas las religiones, o más bien la única religión de la Humanidad... Por oscuros y difusos que puedan parecer sus libros, en ellos se encuentran los elementos de una concepción social grandiosa. Su teología es sublime, y su religión es la única que una mente superior puede aceptar. Sólo él permite al hombre tocar a Dios; crea sed de Dios; despojando Su Majestad de las envolturas en ias que los otros cultos habían encubierto."
Louis Lambert, Honoré de Balzac
"Tal vez el aspecto más conocido de su teología es su Doctrina de los Espíritus. Su fundamento general es la libertad de la voluntad del hombre. Somos nosotros mismos quienes decidimos nuestro propio destino. Después de la muerte nuestra alma cristaliza en el género de amor que nos ha dominado durante nuestra vida terrenal. El egoísta, el hombre sensual, el miserable, siguen siendo lo que antes fueron. Lo mismo sucede con la persona altruista, abnegada, comedida o generosa. La recompensa y el castigo no son consecuencias, sino estados. 'El paraíso está dentro nuestro; si así lo deseamos', escribió Dostoievsky. Una idea Swdenborgiana. Sin embargo, nos queda otra opción: el Infierno".
Emanuel Swedenborg y su Diario de los Sueños, Lars Bergquist,
escritor y embajador de Suecia en el Vaticano Este hombre, a quienes sus contemporáneos consideraban como visionario y excéntrico, vivió la existencia más leal entre los hombres de su época, y ahora, cuando los reyes y duques de aquellos tiempos, los Federicos, los Christians, los Brunswicks, han entrado en la región del olvido, es él quien comienza a extender su influencia en el pensamiento humano... Su religión piensa por él y es de aplicación universal. La encuentra en todos los lugares, se adapta a todas las partes de la vida, interpreta y dignifica toda circunstancia... No todos los hombres pueden leer sus libros, pero la recompensa alcanzada por quienes puedan hacerlo nos resarcirá".
Representative Men, Ralph Waldo Emerson
La lectura de Swedenborg ocupa toda mi jornada; y me aplasta el realismo de sus descripciones. Todo se encuentra en ellas, todas mis observaciones, mis sensaciones, mis ideas, de tal modo que sus visiones me parecen vividas, como auténticos documentos humanos. No es preciso creer ciegamente; basta con leer y comparar con las propias experiencias vividas".
Inferno, August Strindberg
(A)
NOTAS
DEL TRADUCTOR
(1) Arcana Coelestia
Se publicó en latín por primera vez en 1751, y al decir de James Joyce, es la obra maestra de Swedenborg. Se trata de una vastísima y minuciosa exégesis de los dos primeros Libros de la Biblia, de acuerdo con la ciencia de las correspondencias. Balzac asevera haber leído los doce voluminosos tomos del sólido edificio místico erigido por la pluma de Swedenborg; de cabo a rabo. Aunen el caso de que ei exuberante escritorfrancés estuviera exagerando, lo cierto es que inspirado por el visionario sueco, redactó una novela extraña y maravillosa: "Serafita".
(2) Explicación sobre el Caballo Blanco mencionado en el Apocalipsis
Los manuscritos originales en latín fueron donados a la Biblioteca Real de Estocolmo por el conde Lars von Engestróm. Se publicó por primera vez en Londres en 1758 (casualmente el mismo año en que se dio a la imprenta por primera vez "El Cielo y sus Maravillas, y el Infierno "). Se trata de un folleto relativamente breve, que Swedenborg utilizó más tarde en una de sus últimas obras: "El Apocalipsis Revelado", Amsterdam, 1766. Emanuel Swedenborg consideraba este libro como una de sus obras capitales.
Christian Wildner.
(B)
ÍNDICE
DE PASAJES
DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS
(Nota del traductor sobre la versión española de las Sagradas Escrituras)
La versión de las Sagradas Escrituras que elegí para poner en español las citas bíblicas de Swedenborg —el traductor del latín al inglés de esta obra recurrió al mejortexto inglés de la Biblia: "The King James Authonzed Versión"— es la compuesta en el Siglo de Oro por Casiodoro de Reina, y corregida posteriormente por Cipriano de Valera.
He preterido esta versión española por dos razones. La primera es de orden práctico; la versión de Reina y Valera es la más afín al texto de la "Authorized Versión". La segunda, es de orden estético: Borges y Alfonso Reyes, juzgan que es la más bella; y yo comparto este criterio. Pienso, además, que es un monumento a la lengua española.
Pero nos queda un testimonio todavía más enjundioso en favor de esta versión; y lo aporta el elogio desinteresado de su más ilustre detractor.
A pesar de que la traducción de Reina y Valera no se ajustaba a los cánones de la más pura ortodoxia católica, del momento; Marcelino Menéndez y Pelayo, no puede dejar de admitir que:
"Como hecha en el mejor tiempo de la lengua castellana, excede mucho la versión de Casiodoro, bajo tal aspecto, a la moderna de Torres Amat y a la desdichadísima del padre Scio".
El lector diligente puede cotejarlos numerosos textos existentes, y extraer sus propias conclusiones.
La edición del texto de Reina y Valera, cuenta con una revisión del año 1960, y fue publicada por Thomas Nelson Publishers, Nashville.camden. New York.
Christian Wildner.
ÍNDICE DE PASAJES DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS:
Nota: En este índice:
Números en negrita....................... 1, 3, designan versículos citados literalmente
Números en bastardilla................. 1, 3, designan versículos citados en forma sintética.
Números entre paréntesis............. (1, 3), indican versículos meramente referidos.
GÉNESIS |
|
SALMOS |
|
I. (3. 4) |
137 |
XXXI. 8 |
197 |
II. 24 |
372 |
XXXVI. 5, 6 |
216 |
(25) |
341 |
XXXVII. (37) |
287 |
III. (7, 10, 11) |
341 |
XLIII. 3 |
129 |
|
|
XLV. (12)- |
365 |
ÉXODO |
|
Clll. 20 |
229 |
XXIX. (18, 25, 41) |
287 |
CIV. 2 |
129 |
|
|
CXVIII. 5 |
197 |
LEVITICO |
|
|
|
I. (9, 13, 17) |
287 |
ISAÍAS |
|
Il. (2, 9) |
287 |
VIII. (8) |
197 |
IV. (15. 21) |
287 |
IX. 6, 7 |
287 |
XXIII. (2, 6, 8, 13, 36) |
287 |
7 |
216 |
|
|
17, 18, 19 |
570 |
DEUTERONOMIO |
|
X. (12-14) |
365 |
IV. (19) |
122 |
XIII. 10 |
119 |
XVII. (3-5) |
122 |
XIV. (30) |
365 |
|
|
XIX. 23-25 |
307 |
JUECES |
|
XXIX. (19) |
365 |
XVII. (cap.citado) |
324 |
XXX. (6, 7) |
365 |
XVIII. (cap.citado) |
324 |
26 |
119 |
|
|
XXXII. 17, 18 |
287 |
1 SAMUEL |
|
5 |
216 |
IX. (9) |
76 |
7, 8 |
287 |
|
|
XXXIV. 9, 10 |
570 |
2 SAMUEL |
|
XLI. (17, 18) |
365 |
XXIV. (15), 16, 17 |
229 |
XLII. 6 |
129 |
|
|
XLV. (3) |
365 |
2 REYES |
|
Lll. 1 |
180 |
VI. 17 |
76 |
(7) |
287
|
LIV. (10) |
287 |
30, (31) |
570 |
13 |
25 |
III. 15 |
119 |
LVIII. 2 |
216 |
|
|
LIX. (8) |
287 |
HABACUC |
|
|
|
I. (6) |
197 |
JEREMÍAS |
|
|
|
VIII. (1, 2) |
122 |
SOFONIAS |
|
IX. 24 |
216 |
111. (12, 13) |
365 |
XVI. (&) |
287 |
|
|
XVII. (3) |
365 |
HAGEO |
|
XXIII. 5 |
216 |
II. (9) |
287 |
XXV. 14 |
471 |
|
|
(37) |
287 |
ZACARÍAS |
|
XXIX. (11) |
287 |
I. 6 |
471 |
XXXI. 33, 34 25 |
271 |
VIII. (12) |
287 |
XXXII. 19 |
471 |
IX. (3, 4) |
365 |
XLVIII. (7) |
365 |
|
|
L. (36, 37) |
365 |
MALAQUIAS |
|
Ll. (13) |
365 |
IV. 1 |
570 |
EZEQUIEL |
|
MATEO |
|
11. 9, 10 |
258 |
III. 10 |
570 |
VIII. (15, 16, 18) |
122 |
IV. 16 |
129 |
XVI. 10, 13 |
180 |
V. 3 |
357 |
XXVI. (7, 12) |
365 |
18 |
260 |
XXVII. (cap.citado) |
365 |
37 |
271 |
XXXII. 7, 8 |
119 |
VI. (23-35) |
281 |
XL—XLVIII. (cap.citado)171 |
197 |
VI. 33 |
64 |
|
|
Vil. 13, 14 |
534 |
DANIEL |
|
21 -23 |
471 |
V. (2 - 4) |
365 |
24, 26 |
471 |
Vil—XII. (caps, citados) |
171 |
X. 16 |
278 |
XII. 3 |
346 |
XI. (5) |
365 |
3 |
518 |
25 (26) |
353 |
|
|
27 |
5 |
OSEAS |
|
29, 30 |
359 |
II. 19 |
216 |
30 |
533 |
IV. 9 |
471 |
XII. (8) |
287 |
XII. (9) |
365 |
36 |
507 |
|
|
XIII. (6) |
122 |
JOEL |
|
12 |
349 |
II. (2), 10, 31 |
119 |
13(14, 15) |
353 |
41, 42, (50) |
570 |
(21) |
365 |
43 |
348 |
(33) |
365 |
XVI. 27 |
471 |
XVI. (19, 31) |
365 |
XVII. 2 119, 129, |
180 |
24 |
570 |
XVIII. 8, 9 |
570 |
29-31 |
456 |
XIX. 4, 5, 6, 11 |
372 |
XVII. 20, 21 |
33 |
24 |
365 |
31, 32 |
208 |
XX. 26, 27, 28 |
218 |
XVIII. 16, 17 |
281 |
XXII. 11, 12, 13 |
180 |
XX. 17, 18 |
534 |
(11 y siguientes) |
48 |
(35, 36) |
382 b |
37, 38 - 40 |
19 |
XXII. 26 |
218 |
XXIII. 27 |
505 |
XXIV. (4) |
180 |
XXIV. 17, 18 |
208 |
(36 - 38), 39 |
316 |
29 |
119 |
|
|
29-31 |
1 |
JUAN |
|
XXV. 29 |
349 |
1. 1, 3, 4, 10, 14 |
137 |
(30) |
575 |
9 ' |
129 |
(32, 46) |
471 |
18 |
84 |
41 |
570 |
II. (19, 21) |
187 |
XXVIII. 3 |
180 |
III. 19 |
129 |
18 |
5 |
36 |
5 |
|
|
V. 37 |
84 |
MARCOS |
|
VI. (45, 46) |
25 |
II. (27, 28) |
287 |
56 |
147 |
IX. 3 |
180 |
viii. 12 |
129 |
3 |
129 |
(56) |
84 |
43-49 |
570 |
IX. 5 |
129 |
X. 6- 9 |
372 |
X. 30, 38 |
2 |
14, 15 |
281 |
XI. 25, 26 |
5 |
XVI. (5) |
180 |
XII. 35, 36, 46 |
129 |
|
|
40 |
456 |
LUCAS |
|
XIV. 2 |
51 |
III. 9 |
570 |
6 |
5 |
VI. (5) |
287 |
9- 11 |
2 |
21, (22) |
357 |
21, 23 |
16 |
(20, 21) |
365 |
27 |
287 |
38 |
349 |
XV. 4 |
147 |
IX. 29 |
180 |
4, 5 |
11 |
X. 5, 6 |
287 |
4, 5, 9, 10 |
81 |
XII. 2, 3 462 b |
, 507 |
10 |
16 |
XIII. 26, 27 |
471 |
XVI. 13- 15 |
2 |
XIII. 29, 30 |
324 |
15 |
5 |
XX. (12) |
180 |
|
|
19, 21, 26 |
287 |
|
|
(25, 27, 29) |
461 |
|
|
APOCALIPSIS |
|
|
|
I—XXII. (caps, citados) |
|
|
|
I—XXII. (caps, citados) |
171 |
|
|
II. 23 |
471 |
|
|
III. 4, 5 |
180 |
|
|
(17, 18) |
365 |
|
|
IV. 4 |
180 |
|
|
V. 1 |
258 |
VI. 12, 13 |
119 |
IX. 2 |
570 |
|
|
17, 18 |
570 |
|
|
XIV. (4) |
368 |
|
|
9, 10 |
570 |
|
|
13 |
471 |
XVI. (8) |
122 |
8, 9 |
570 |
|
|
15 |
180 |
|
|
XVIII. 2, 18 |
570 |
|
|
XIX. 3 |
570 |
|
|
14 |
180 |
20 |
570 |
XX. 12, 13 |
471 |
(14, 15) |
187 |
XXI. (cap.citado) |
187 |
1, 2, 16-19, 21 |
307 |
(8) |
570 |
|
|
16 |
197 |
|
|
17 |
73 |
24 |
129 |
XXII. 12 |
471 |
|
|
|
|
|
|
(C)
BORGES Y
EL MISTERIO
DE SWEDENBORG
"Voltaire dijo que el hombre más extraordinario que registra la historia fue Carlos XII. Yo diría: quizá el hombre más extraordinario —si es que admitimos esos superlativos—fue el más misterioso de los súbditos de Carlos XII, Emanuel Swedenborg". Estas son las palabras inaugurales de Borges en la conferencia que pronunciara en la Universidad de Belgrano sobre el místico sueco.
Por la misma época en que leía la versión escrita de esa conferencia, llegaba casualmente a mis manos una novela de Balzac, una novela mística, inspirada justamente en Swedenborg: "Serafita". Algún tiempo después, volví a encontrar su nombre, en una vieja colección de ensayos de Paul Va-lery. Habiendo agotado mis esfuerzos por hallar textos de Swedenborg en español, finalmente, y también de manera casual, di con una biografía suya en inglés en la librería Strand de New York. Después de leerla, volví a la Strand, buscando ahora libros escritos por Swedenborg. No hallé ninguno. Por suerte un librero me informó que existía una Fundación Cultural que llevaba su nombre. Y que esa Fundación se dedicaba casi exclusivamente a la publicación de sus obras. Ahora podía elegir. Y obedeciendo a mi natural disposición, comencé a leer sus escritos teológicos y místicos. Quedé maravillado. Durante casi tres años, alternaba toda otra lectura, con su prosa sosegada, coloquial y minuciosa. Pude leer su Arcana Coelestia, donde expone lo que él llama el sentido interno o espiritual de los dos primeros Libros de la Biblia; su cosmogónica doctrina de las correspondencias; sus travesías por el mundo espiritual; y sus habituales diálogos con los espíritus, los demonios y los ángeles. Y toda esta íntima aventura del espíritu, es protagonizada por un hombre que al llegar a los cincuenta años era considerado como uno de los científicos más eminentes de su tiempo. Desde entonces, desde que descubrí el fabuloso mundo de Swedenborg, me propuse acercarme a Borges, para agradecerle el hallazgo, y para conversar con él (para oírlo hablar a él) sobre el tema.
Cuando llegamos a la casa de Borges —nos había citado a las cinco de la tarde— interrumpimos una suerte de ceremonia todavía habitual entre ciertas familias; la ceremonia del té. En mangas de camisa, una impecable camisa blanca; erguido, Borges no se inclinaba para aproximarse a la taza; la elevaba hacia él, por así decirlo, como si se tratara de algún instrumento ritual. Apenas notó nuestra presencia; sin apresurarse, volvió a dejarla sobre la mesa con el mismo ademán mesurado y casi solemne. Entonces se puso de pie; y ahora sí, inclinó levemente la cabeza dándonos la bienvenida. Al mismo tiempo que nos hacía pasar a la sala con expresiones de auténtica y espontánea cortesía, volvió a tomar asiento luego de excusarse. En seguida, acompañado por la doméstica, salió de la sala. La desenvoltura, la natural simpatía, y la afabilidad de su trato; neutralizaron de entrada esa fastidiosa sensación opresiva de los prolegómenos. Cuando regresó, lucía un regio traje de color pardo claro, se había puesto una corbata de un tono algo más oscuro, y empuñaba su emblemático bastón. Ahora nos recibía como anfitrión, con todas las de la ley; había cambiado su atuendo para cumplir con otra ceremonia, la ceremonia de la hospitalidad. Se sentó en el amplio sillón de la sala, enfrente al mío, e inmediatamente recordó el tema que habíamos hablado un año atrás en el salón de lectura de la New York Library. Era el mismo que evocaríamos ahora, aquí en Buenos Aires, en su departamento de la calle Maipú; un tema recóndito y fascinante: Emanuel Swedenborg.
Y Borges no aguardó la primera pregunta, era evidente que se trataba de una de sus ocupaciones predilectas: el Misterio.
—"Yo escribí un prólogo a un libro sobre Swedenborg a instancias del Sr. Spiers, de la Fundación Swedenborg. Y tengo en proyecto (claro que a mi edad los proyectos son un tanto aleatorios) un libro sobre las tres salvaciones; la primera es la de Cristo, que es de carácter ético; la segunda es la de Swedenborg, que es ética e intelectual; y la tercera es la de Blake, discípulo rebelde de Swedenborg, que es ética, intelectual y estética, que se basa en las parábolas de Cristo, que él dice que son obras de arte".
—Usted ya me había comentado cuando lo vi en Nueva York que pensaba escribir un libro sobre Swedenborg...
—"Sí, pero ahora he pensado, que es mejor hacerlo de ese modo. Comenzando con Jesús, luego Swedenborg y luego Blake. Sería más fácil hacerlo así, ya que no se necesitarían tantos textos. Tengo la edición de Every-man's Library (cuatro volúmenes), un par de biografías, un libro por un especialista escrito en sueco y vertido al inglés... ¿ Usted quería hacerme una pregunta ?"
—Sí. En primer lugar, me gustaría saber de qué manera conoció usted a Swedenborg ?
—"Yo lo conocí por Emerson. Porque Emerson tiene un libro: "Repre-sentative Men". Ese libro está escrito un poco a la manera de 'On Héroes Heroworship and the Heroic in Hlstory', de Carlyle, que fue de algún modo su maestro; entonces, el toma distintos tipos humanos. Recuerdo que son: Montaigne o el escéptico, Swedenborg o el místico, Shakespeare o el poeta, Napoleón o el hombre del mundo y Goethe o el escritor. Yo comen-zé leyendo ese libro. Ese libro lo leí en Ginebra en el año 14 o 15; y luego, mi padre tenía un ejemplar de 'Heaven and Hell', 'Cáelo et Inferno'; él lo tenía en una edición de la Everyman's Library. Bien, yo leí ese libro y encargué a Inglaterra los otros tres publicados por la misma editorial. Publicaron cuatro libros de Swedenborg de acuerdo con la Sociedad Swedenborg de Londres. Y luego en francés conozco solamente una versión de 'Cáelo et Inferno'. Swedenborg fue a Inglaterra porque quería conocer a Newton, y finalmente no pudo lograrlo, ¿ qué raro, en ? Yo he hablado mucho sobre Swedenborg con el pintor y místico argentino Xul Solar, yo era muy amigo de Xul, iba a casa de él en la calle Laprida 1214, y leíamos a Swedenborg, leíamos a Blake, leíamos a los poetas alemanes, leíamos al poeta inglés Swinburne y muchos otros textos".
—¿ Qué impresión le dio la manera en que escribe Swedenborg ?
—"Bueno. Generalmente, los místicos, tienden a escribir de un modo vago; él no. La obra de él es ..., yo no diré prosaica, pero sí precisa. Es un poco ..., como si él hubiera ido a la China, o hubiera ido a la India y describiera lo que ha visto. "
—Como un científico...
—"Sí, claro. El llevó esa...casi aridez, esa sequedad, esa precisión, a sus descripciones. Generalmente cuando se habla de éxtasis, se usan metáforas del amor, o metáforas del vino, metáforas arrebatadas. Pero en el caso de él no. El no busca efectos patéticos. El describe lo que ha visto. En relación a esto recuerdo algo que me dijo Xul: 'Lo que se ve en el otro mundo depende un poco de uno'. Hay un poema muy lindo de Victor Hugo que expresa muy bien esta imagen: 'Ce que dit la Bouche d'ombre', "Lo que dice la boca de sombra"; el mismo espectro que le dice a Nerón 'Soy Mesalina', le dice a Caín 'soy Abel'. Del mismo modo, las visiones de los místicos musulmanes, de los sufíes, no concuerdan con las de los cristianos. Quiere decir que hay como fuerzas o espíritus que cada uno ve de acuerdo con sus prejuicios o conocimientos. Posiblemente esos mismos ángeles, ese mismo Cristo, que él vio de ese modo, fue visto por místicos de otra tradición de otro modo. "
—Usted decía hace un momento que Swedenborg viajó a Londres para conocer a Newton y que le parecía raro que no hubiera logrado hacerlo. Sin embargo en esa misma ciudad, tuvo lugar su encuentro con Cristo.
—"Sí. Sé que el primer encuentro con Cristo fue en Londres, y los otros también. El estuvo además en Alemania, Holanda, los Países Bajos, pero finalmente se estableció en Londres. Tal vez el hecho de que fijara su residencia en Londres esté relacionado con esa experiencia. A partir de ese momento su vida cambió totalmente. Abandonó el estudio de la ciencia; por ejemplo: la anatomía, la astronomía, las matemáticas, y se dedicó a registrar minuciosamente ese mundo espiritual. El diálogo con los ángeles empezó a ser un hecho cotidiano para él".
—En el prólogo al libro de Synnestvedt sobre Swedenborg, usted afirma que hay algo incómodo en su obra; que usted piensa que él es un pensador por derecho propio, y que tal vez trató de enmarcar, o acomodar su pensamiento al texto de la Biblia.
—"Yo no sé si en el caso de él, pienso que es así en el caso de la cabala. En el caso de él creo que no. Además, el padre de él era obispo, obispo evangélico, luterano. El tiene que haberse criado en un ambiente muy piadoso. Yo no creo que eso le haya costado ningún esfuerzo a él. Digo, que él pensaba naturalmente en el espíritu de la Biblia. Bueno..., mi abuela, sabía de memoria la Biblia, en su familia eran metodistas. Usted hacía una cita bíblica, y ella decía, 'sí', por ejemplo: 'Libro de los Reyes, capítulo tal, versículo tal'; y seguía adelante, o 'Libro de Job, capítulo tal versículo tal... ' Me parece que no es tan raro eso. En Alemania hay una expresión que traducida, sería: "firme en la Biblia", son las personas que saben la Biblia de memoria. "
—Una pregunta en relación al tema, pero vinculada más directamente con usted. ¿ Alguna vez desde su infancia hasta hoy, usted percibió, sintió o intuyó la presencia del mundo angélico o trascendente ?
—"No sé si llamarlo angélico o trascendente. Pero sé que... bueno... Yo dos veces en mi vida he sentido el hecho de vivir fuera del tiempo. Eso me ha ocurrido... una vez fue en Palermo, y otra vez fue en uno de los puentes detrás de la estación de Constitución. Y esas dos veces, me habían sucedido cosas, bueno, que me habían conmocionado durante el día. No sé... Una mujer me había dejado... Y de golpe estaba pensando en eso, y de pronto me vi así, en tercera persona, y sentí: 'qué puede importarme lo que le pasa a Borges, si yo soy Otra cosa; lo que me ha pasado es meramente circunstancial. ' Ahora, yo no sé cuánto 'tiempo' duró ese estado; pero yo me sentí, no sé si feliz, pero como... bueno, como sereno, como arrebatado así de todo. Y he tratado de decirlo, una vez en un poema y otra vez en prosa, pero no sé si he logrado comunicar esa sensación. Cuando estuve en Japón tuve ocasión de conversar con un monje budista, y él me dijo que había alcanzado el nirvana. —Yo le dije "¿ seguro que usted no podrá contármelo ?".
— 'No' respondió, claro; porque cada palabra presupone una experiencia compartida, por ejemplo; si usted está en Estados Unidos, y habla con alguien y le dice 'tal cosa tenía gusto a mate', el interlocutor no tiene porqué entenderlo si no conoce el gusto del mate... Entonces, el monje, me dijo que su experiencia del nirvana era incomunicable; que él podía hablar sobre el nirvana con otro monje que también lo había alcanzado. Que él no sabía cuánto tiempo había durado, pero que después todo era distinto para él. Le pregunté
— '¿ distinto en qué sentido ?, ¿ usted siente todo igual que antes ?'
—'Sí' me contestó, 'entiendo perfectamente lo que usted quiere saber'. 'Yo siento soledad, siento ansiedad, siento alegría, siento dolores físicos, siento placeres físicos, siento los sabores de las cosas; pero todo eso de un modo distinto después de alcanzar el nirvana'.
—'¿ Y de ese modo es mejor ?'
—'Sí' me dijo, 'pero yo no lo puedo explicar'. Y me di cuenta que tenía razón, que era algo inexpresable. Esto fue en Nara. En un monasterio budista... "
Un famoso irlandés —que imaginó con riguroso fervor la tercera forma de salvación postulada por Borges, la salvación por la belleza—, en otra conferencia, esta vez en la Universita Popolare Triestina; exaltó, al igual que Borges, la filiación espiritual del iracundo poeta inglés William Blake con el visionario sueco. Dice James Joyce: "... Swedenborg, que frecuentó todos los mundos invisibles durante largos años, ve en la imagen del hombre el mismísimo cielo, y a Miguel, Rafael, y Gabriel, que según él, no son tres ángeles, sino tres coros angélicos. La eternidad, que al discípulo amado y a San Agustín se les apareció bajo la forma de ciudad celestial, y al Alighieri como rosa celestial, revestía para el místico sueco las formas de hombre celestial, con todos sus miembros animados por un fluido de vida angélica que sale y vuelve a entrar, en sístole y diástole de amor y sabiduría. A partir de esta visión desarrolló el inmenso sistema de lo que él denominaba correspondencias, y que domina su obra maestra Arcana Coelestia, nuevo evangelio que, según él, anuncia la aparición del Hijo del Hombre en los cielos, prevista por San Mateo".
Christian Wildner.
Entrevista concedida por Jorge Luís Borges al traductor en agosto de 1984.
Tomé contacto por primera vez con "El Cielo y sus Maravillas y El Infierno" de Emanuel Swedenborg por intermedio de un querido amigo: el Sr. John Hitz, cuando todavía era una adolescente.
Al comenzar "El Cielo y el Infierno", tuve tan poca consciencia de la nueva dicha que entraba en mi vida, como años atrás, mientras, de pie en los escalones de la galería, esperaba a mi maestro. Impulsada nada más que por la curiosidad de una joven que ama la lectura, abrí el gran libro Braille, y he aquí, mis dedos se posaron en un pasaje del prefacio que se refería a una mujer ciega cuya oscuridad había sido iluminada por las bellas verdades de las escrituras de Swedenborg. Ella creía que infundían a su mente una luz que la compensaba con creces por la pérdida de la luz terrenal. Jamás dudó de que hubiese un cuerpo espiritual dentro del material, dotado de perfectos sentidos, y que después de unos pocos años de oscuridad, sus ojos interiores se abrirían a un mundo infinitamente más maravilloso, completo y gratificante. Mi corazón dio un alborozado vuelco. He aquí una fe que enfatizaba lo que yo tan hondamente sentía; la separación entre el cuerpo y el alma; entre un reino que podría describirse como un todo, y el caos de cosas fragmentarias e incomprensibles contingencias que encontraba a cada paso. Me abandoné al impulso saludable y dichoso de la juventud, y procuré desentrañar las grandes palabras y los penetrantes pensamientos del sabio sueco. De algún modo, percibía la semejanza de Aquél a quien amaba como Uno y Único, y quise entender más. Las palabras Amor y Sabiduría parecían acariciar mis dedos párrafo tras párrafo, y estas dos palabras liberaron en mi interior nuevas fuerzas que estimulaban mi algo indolente naturaleza, instándome por siempre hacia adelante. De cuando en cuando, volvía a retomar el libro, entresacando una línea aquí y otra allá, "precepto tras precepto", vislumbre tras vislumbre de la Palabra Divina oculta bajo el velo de la expresión literal. Mientras iba dándome cuenta del significado de lo que leía, mi alma parecía expandirse, ganando confianza en medio de las dificultades que me asediaban. Las descripciones del otro mundo me transportaron lejos, muy lejos a través de inconmensurables regiones bañadas de sobrehumana belleza y prodigio; donde las túnicas de los ángeles fulguraban; donde seres sublimes y mentes creativas arrojaban un esplendor sobre las circunstancias más oscuras; donde acontecimientos y combates portentosos desfilaban de manera incesante; donde la sonrisa de Dios ilumina la noche en día eterno. Todo mi ser resplandecía mientras me dejaba estar en esa atmósfera del alma, viendo pasar en majestuosa procesión hombres y mujeres modelados en una más noble arcilla. Por primera vez la inmortalidad se hizo inteligible para mí, la tierra lucía nuevos rasgos cargados de encanto y significado. Me regocijé al descubrir que la Ciudad de Dios no era un estúpido asunto de calies de cristal y muros de zafiro, sino un sistemático tesoro de sabiduría, pensamientos útiles y nobles influjos. Poco a poco empecé a darme cuenta de que podía usar la Biblia, que tanto me había desconcertado, como un instrumento para exhumar verdades preciosas, del mismo modo en que podía usar mi cuerpo impedido y vacilante para acatar los supremos mandatos de mi espíritu.
Cuando el mensaje de Swedenborg me fue revelado, lo recibí como un don precioso añadido a la vida. Procuraré vestir con palabras mi emoción. Fue como si una luz irrumpiese allí donde antes no la había; el mundo intangible se transformó en una brillante certeza. Los horizontes de mi mente se ensancharon hacia destinos luminosos, donde la marcha seguirá siendo vibrante, y la lucha impetuosa.
El cielo, tal como Swedenborg lo describe, no es una mera recolección de ideas radiantes, sino un mundo práctico y habitable. Jamás debería olvidarse que la muerte no es el fin de la vida, sino una de sus más importantes experiencias. En medio del vasto silencio de mis pensamientos, todos aquellos a quienes amé en la tierra, ya sea próximos o lejanos, vivos o muertos, viven y poseen su propia individualidad, sus propias maneras queridas y su encanto peculiar. A cada momento puedo hacer que acudan a mí para alegrar mi soledad. Se me partiría el corazón si algún obstáculo les impidiese venir hacia mí. Pero yo sé que hay dos mundos; uno que puede medirse con regla y compás, y otro que podemos sentirlo en el corazón y en nuestras intuiciones. Swedenborg hace que la vida futura no sólo sea concebible, sino también deseable. Su mensaje a los vivientes que afrontan la potestad de la muerte con su cortejo de separación y dolor, es una brisa que atraviesa el corazón de la humanidad como un dulce aliento de la presencia de Dios. Ahora podemos ir al encuentro de la muerte, como lo hace la Naturaleza, marchando hacia el sepulcro con paso jovial; exhibiendo nuestros pensamientos más lúcidos, y nuestros presentimientos más luminosos; como la Naturaleza, que se cubre de oro, esmeralda y escarlata, desafiando a la muerte con arrebatarle su inmortalidad.
Guiado por la luz de la Palabra Divina, Swedenborg vio la Unidad de Dios en Esencia y Persona, y a Jesucristo como Dios en la humanidad que asumió en la Tierra, y al Espíritu Santo como el Poder Infinito de crear y preservar la bondad y la felicidad. Esta Verdad es el eje de toda enseñanza cristiana coherente; y a menos que esto se perciba con claridad, las Escrituras no podrán ser interpretadas racionalmente. De esta manera es posible amar tiernamente al Dios Único, no negando, sino más bien exaltando en forma ilimitada a Jesucristo; esa hermosa personalidad añorada durante siglos por millones de corazones.
El Júbilo que inspira esa noción del Señor es semejante al sol, con su triple gloria de calor, luz y actividad.
Swedenborg desarrolla una filosofía de la revelación Divina que es razonable. Observa que, como sucede con la Ciencia, toda revelación debe ajustarse a la condición y capacidad de aquellos que la reciben. Se empeña en poner de manifiesto que las afirmaciones literales de las Escrituras constituyen una adaptación de la Verdad Divina para la mentalidad de gente muy simple, voluptuosa o perversa. Demuestra que existe un sentido espiritual dentro del literal, que se adecúa a la inteligencia superior de los ángeles, quienes también leen la Verdad de Dios, y aunque no podamos verlos, piensan junto a nosotros. En este sentido supremo reside la verdad Divina en su plenitud.
¿ Cómo tomaría mis expresiones un amigo, si se atuviese a su sentido literal ? ¿ Acaso no pensaría que soy una insana, si creyese que realmente quiero decir que el sol sale y se pone, o que la tierra es plana, o que no vivo en la oscuridad ? Pero mi amigo presta atención al sentido de lo que digo, y no a las palabras, o a su apariencia. Este procedimiento es similar al que emplea Swedenborg para esclarecer el sentido profundo de la Palabra.
Han pasado ciento ochenta años desde la muerte de Swedenborg en 1772, y poco a poco sus formidables logros han comenzado a ganar reconocimiento. La animadversión que alguna vez suscitara su doctrina, ha ido modificándose en una actitud tolerante e inquisitiva. Muchas personas inteligentes han vindicado sus enseñanzas en los centros de la civilización, haciéndolas llegar a sitios remotos y rincones del mundo jamás soñados por nosotros. Como la luz, su mensaje ha corrido de un extremo a otro; junto con la nueva ciencia, la nueva libertad y la nueva sociedad que pugnan por arraigarse en la vida del género humano. A cada paso me encuentro con casos de seres impedidos o frustrados que han sido enriquecidos e iluminados por ese Gran Mensaje. Yo, también, dejo aquí mi humilde testimonio, y sería supremamente feliz si a través de una palabra mía siquiera un sólo individuo adquiriese una percepción más dulce de la Presencia de Dios, o un más íntimo regocijo para superar las dificultades del ambiente exterior.
Mientras vagabundeo en las sombras, afrontando dificultades, siento un murmullo de alentadoras voces que me llegan desde el reino espiritual. Siento una pasión sagrada brotando de los manantiales del infinito. Me estremezco al compás de una música que vibra con el pulso de Dios. Ligada a soles y planetas por cordones invisibles, siento en mi alma la llama de la eternidad. Aquí, en medio del aire cotidiano, siento una ráfaga de lluvias etéreas. Soy consciente del esplendor que une todas las cosas de la tierra a todas las cosas del cielo; aquí, entre muros de silencio y oscuridad, poseo la luz que me dará una visión multiplicada cuando la muerte me ponga en libertad.
HELLEN KELLER
Esta introducción pertenece al libro Mi Religión, de Hellen Keller, y es un tributo a Emanuel Swedenborg.
(I)
EL CIELO
(0)
Capítulo I
PREFACIO
(1)
El Señor, hablando
en presencia de sus discípulos sobre la consumación de las
edades, que es el período final de la iglesia, al concluir
su profecía acerca de sus estados sucesivos en cuanto al amor
y la fe, dice:
"E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.
Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. (Mateo XXIV 29-31)
Aquellos que entienden estas palabras según su sentido literal, están persuadidos de que en ese postrer período, llamado juicio final, todos los acontecimientos descriptos sobrevendrán al pie de la letra; vale decir, que el sol y la luna retraerán su luz y las estrellas caerán del cielo, que en los cielos aparecerá la señal del Señor; y que El Mismo será visto entre las nubes, secundado por ángeles que harán sonar sus trompetas. Y que, por otra parte, de acuerdo con otra profecía, todo el universo visible será devastado. Después, surgirá un nuevo cielo, y una nueva tierra. Esta es la opinión más común entre los hombres de la iglesia hoy en día. Pero quienes se aterran a esa creencia ignoran los arcanos velados iras cada frase particular de la Palabra. En la Palabra, cada frase encierra un sentido interno que versa sobre cosas espirituales y celestiales, y que no se refiere a las cosas mundanas y naturales expuestas en el sentido literal. Y esto es cierto no sólo en cuanto al sentido de una frase o grupo de palabras; lo mismo ocurre con cada palabra en particular. Puesto que la Palabra, en su integridad, ha sido compuesta mediante correspondencias; con el propósito de que hasta sus más imperceptibles detalles posean un sentido interno.
En la obra Arcana Coeiestia, se expone y explica este sentido interno. También se trata este tema en la explicación del Caballo Blanco mencionado en el Apocalipsis, donde se citan pasajes de Arcana Coeiestia. Este sentido interno esclarece las palabras del Señor antes citadas acerca de su venida sobre las nubes del cielo. El "sol" que habrá de oscurecerse, alude al Señor en lo relativo al amor; la "luna", significa el Señor en lo concerniente a la fe; las "estrellas", son conocimientos sobre el bien y la verdad, o sobre el amor y la fe; "La señal del Hijo del Hombre en el cielo", la manifesación de la verdad Divina; "todas las tribus de la tierra" que se lamentarán, son todas las cosas relativas a la verdad y el bien, o la fe y el amor; "el Hi-o del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria", su presencia en la Palabra, y la revelación; "las nubes" son representativas del sentido literal de la Palabra, y "la gloria" es el sentido interno de la Palabra; los ángeles con gran voz de trompeta", denotan que el cielo es fuente de la verdad Divina. De lo dicho se desprende, que estas palabras pronunciadas por el Señor, indican que durante el último período de la iglesia; cuando el a-mor, que es su fundamento, se haya extinguido al igual que la fe; el Señor pondrá de manifiesto el sentido interno de la Palabra y revelará arcanos de os cielos.
Los arcanos que revelan las páginas de este libro, conciernen al cie-o y al infierno, y a la vida del hombre después de la muerte. Los hombres que pertenecen a la iglesia en nuestros días, ignoran casi por completo las cosas jue competen al cielo y al infierno, y a la vida del hombre después de la muer-e, aunque estos temas estén manifiestamente expresados en la Palabra. A jesar de ello, muchas personas que se han educado en el seno de la igle-;ia, se niegan a aceptar que estas cosas sean ciertas; diciéndose en lo ín-timo de su corazón: "¿ acaso alguien ha vuelto del otro mundo para contarlos cómo es ?". Para impedir que semejante espíritu de negación, que cun-le especialmente entre aquellos que se destacan por su sabiduría munda-na, contamine y corrompa a los simples creyentes y a los simples de cora-:ón, me ha sido permitido gozar de la compañía de los ángeles, y conversar:on ellos así como un hombre conversa con otro, viendo lo que hay en los cie-los y en los infiernos; y esto durante trece años. Y me ha sido permitido, tam-bién, exponer las siguientes descripciones acerca de aquellas cosas que he isto y oído, en la esperanza de arrojar alguna luz sobre la ignorancia y disipar el espíritu de incredulidad predominante.
El significado del Advenimiento del Señor, es la revelación del senti-lo interno de la Palabra. Y es por ello que su revelación directa es permití-la en nuestros días.
(1)
EL DIOS DEL CIELO
ES EL SEÑOR
(2)
En primer lugar debemos saber
quién es el Dios del Cielo, puesto que este conocimiento es la piedra
fundamental. Sólo el Señor es reconocido como Dios en la
vastedad del cielo. Allí he oído repetir las palabras que El Mismo
enseñó, He conversado con frecuencia con los ángeles sobre este
tema, e invariablemente, han manifestado que en el cielo no es
posible concebir la división de la Divinidad en tres, ya que ellos saben y perciben que la Divinidad
es Una, y que esta Unidad reside en el Señor. Dicen
también, que aquellos miembros de la iglesia que parlen de este mundo
con la noción de tres Divinidades, no pueden ser admitidos
en el cielo, puesto que sus pensamientos vagan de una Divinidad
a otra; y en el cielo, no es lícito pensar tres, y decir
uno; todos dicen lo que piensan, puesto que en el cielo el habla
surge directamente del pensamiento: es pensamiento hablante. Por
lo tanto, aquellos que en este mundo han distinguido
la Divinidad en tres personas, forjándose una idea diferente acerca
de cada una de ellas, y que no han concebido la Unidad
centrada en el Señor, no pueden ser admitidos en el
cielo, ya que en el cielo todos [os pensamientos
se comunican. De manera que cualquiera que llegase allí pensando tres
y diciendo uno, sería descubierto y expulsado de inmediato. Pero
sépase también, que todas aquellas personas que durante su vida
no han separado lo que es verdadero de lo que
es bueno, o lo que es igual, las cosas de la fe de las
cosas del amor; después de ser instruidas en el otro mundo, aceptan
la idea celestial del Señor, esto es, que El es el Dios
del Universo. No ocurre lo mismo con los que han separado las cosas
de la fe de las cosas de la vida; aquellos que no han
vivido según los preceptos de la verdadera fe.
Que El y el Padre son uno solo; que el Padre está en El, y El en el Padre; y que todas las verdades sagradas emanan de El (Juan X. 30, 38; XIV, 9-11; XVI. 13-15)
(3)
Aquellas personas que en el
seno de la iglesia han negado al Señor, reconociendo solamente
al Padre, y que han ratificado esa creencia, no pueden estar
en el cielo. Y como están incapacitados para recibir el influjo
del cielo, donde sólo el Señor es adorado, van perdiendo
gradualmente la facultad de pensar según la verdad en todos
los terrenos. Finalmente se vuelven como mudos, o farfullan
estúpidamente, y deambulan de un lado a otro balanceando sus
brazos pendidos, como si los tuvieran descoyuntados. Asimismo, aquellos
que, como los socinianos, han negado la Divinidad del Señor
reconociendo solamente su Humanidad, también permanecen fuera del cielo.
Son conducidos un poco hacia la derecha, y arrojados en el
abismo; de esta forma se los mantiene apartados de los que
arriban del orbe cristiano. Por último, quienes afirman creer en una
Divinidad invisible, a la que denominan alma del universo (ens universi),
origen de todas las cosas, y se niegan obstinadamente
a reconocer al Señor; descubren que no creen
en Dios, ya que para ellos esta Divinidad invisible es una
propiedad primigenia de la naturaleza, que no puede ser objeto
de amor o de fe, puesto que es inconcebible. Estos, moran junto
con los llamados Naturalistas. Es muy diferente la situación
de los que nacen fuera de la iglesia, los llamados gentiles; sobre
este tema trataremos más adelante.
(4)
A los niños, quienes
integran un tercio del cielo, se los inicia en el reconocimiento
y la creencia de que el Señor es su Padre. Mas
adelante, aprenden que El es el Señor del Universo;
es decir, el Dios del Cielo y de la Tierra. Los niños crecen y se desarrollan en el cielo, y se les
imparten conocimientos mediante los que obtienen una educación sublime, hasta
alcanzar incluso la inteligencia y la sabiduría de los ángeles.
Esto se verá en las próximas páginas.
(5)
Quienes pertenecen a
la iglesia no pueden dudar que el Señor es el Dios
del Cielo, dado que El Mismo enseñó que:
Todas las cosas del Padre son Suyas (Mateo. XI. 27; Juan XVI. 15; XVII. 2)
Y que tiene potestad en el cielo y la tierra (Mateo. XXVIII. 18)
La expresión "en el cielo y en la tierra" denota que quien rige el cielo, rige también la tierra, porque una cosa depende de la otra, "regir el cielo y la tierra", significa que recibimos del Señor todo el bien del amor y toda la verdad de la fe; es decir, inteligencia y sabiduría, y por tanto, íntima alegría, en otras palabras: la vida eterna. Estas cosas enseñó el Señor cuando dijo:
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida (Juan III. 36)
Y en otra parte:
Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que cree en mí no morirá eternamente (Juan XI. 25, 26)
Y en otra:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. (Juan XIV. 6)
(6)
Hay ciertos espíritus que
durante su vida en este mundo han profesado creer solamente
en el Padre; juzgando que el Señor fue un hombre como
cualquier otro, e ignorando que El es el Dios del Cielo. Por
esta razón les fue permitido deambular de un lado a otro,
e indagar si es que existía otro cielo aparte del cielo del
Señor. Prosiguieron su búsqueda unos cuantos días, pero
no pudieron hallar ningún otro cielo. Estos espíritus suponen que
la felicidad del cielo consiste en la gloria mundana y en el
ejercicio del poder; y como no les fue dado lograr lo que
deseaban, después que se les explicó que el cielo no consiste
en las cosas que habían imaginado, se mostraron sumamente indignados,
y anhelaron hallarse en un cielo distinto, donde pudieran sojuzgar
a sus semejantes, y disfrutar de la suprema gloria mundana.
(2)
Capítulo II
ES
LA DIVINIDAD DEL SEÑOR
LA QUE CREA EL CIELO
(7)
A los ángeles en su
conjunto se los llama Cielo, puesto que constituyen el cielo; sin
embargo lo que crea el cielo, en general y en particular,
es la Divinidad que emana del Señor instilando a los ángeles
que la reciben. Y puesto que la Divinidad que emana del
Señor es el bien del amor y la verdad de la fe; los
ángeles son ángeles y conforman el cielo, según el bien y
la verdad que reciben del Señor.
(8)
Los habitantes de los
cielos, saben, créenle incluso perciben; que ellos no desean,
ni pueden, hacer el bien por sí mismos, y que tampoco
pueden concebir, o creer en, la verdad por sí mismos,
ya que estas facultades proceden de la Divinidad; es decir, del Señor. Saben además, que el bien que uno hace por
sí mismo, no es tal, y que la verdad que de uno mismo
procede tampoco es verdad, ya que carecen de la vida que fluye
de la Divinidad. Asimismo, los ángeles del más íntimo cielo, perciben
y sienten claramente este influjo, y a medida que su capacidad
receptiva se desarrolla, más arraigados se sienten en el cielo,
porque perciben más intensamente el amor y la fe, y la luz
de la inteligencia y la sabiduría; llegando a gozar del júbilo
celestial. Y como estas facultades emanan de la Divinidad del Señor, y constituyen el cielo de los ángeles,
es evidente que no son aptitudes inherentes a los ángeles las
que crean el cielo, sino la Divinidad del Señor. Por esa
razón, en la Palabra se designa al cielo como "la morada
del Señor" y "Su trono"; y se dice que quienes
lo habitan viven en el Señor. El modo en que
la Divinidad emana del Señor vivificando el cielo, será
explicado en las siguientes páginas.
(9)
Los ángeles, inspirados por
su sabiduría, ahondan esta descripción. Dicen que no sólo todas las
cosas buenas y verdaderas proceden del Señor; de El también
proceden todas las cosas de la vida. Y confirman este aserto,
señalando que nada puede surgir de sí mismo, y que todas las
cosas provienen de algo que es anterior a ellas; y que, por
tanto, todas las cosas dimanan de un Principio, al que denominan
verdadero Ser (Esse) de la vida y de las cosas. Del mismo modo
subsisten todas las cosas, puesto que la subsistencia es un perpetuo
devenir, y aquello que no está vinculado con el Principio
a través de nexos intermedios, se disgrega de inmediato,
desintegrándose. Dicen además, que hay una Única Fuente de toda vida,
y que la vida del hombre es un torrente que brota de esa
Fuente, y si dejara de manar incesantemente; se disiparía
en forma inmediata. Del mismo modo afirman, que de ésta Única Fuente
de toda vida, que es el Señor, dimanan solamente el bien
Divino y la verdad Divina, y que todo ser es afectado por ellos
según su capacidad receptiva. Quienes reciben su influjo con fe y
lo aplican a la vida, hallan el cielo en sí mismos;
en cambio aquellos que lo rechazan o lo desvirtúan, convierten
este influjo en un infierno, convierten el bien en mal, y
en mentira la verdad, transformando en muerte la vida.
El hecho de que todas las cosas de la-vida proceden del
Señor, los ángeles lo confirman de la siguiente manera:
afirman que todas las cosas del universo están vinculadas al bien y a
la verdad; la vida de la voluntad del hombre, que es la
vida de su amor, se relaciona con él bien. La vida
de su intelecto, que es la vida de su fe, se relaciona con
la verdad. Y como todas las cosas buenas y verdaderas provienen
del cielo; de esto se sigue que todas las cosas de la vida,
necesariamente provienen del cielo. Esta es la creencia de los
ángeles, e inspirados por ella, consideran inapropiado que se les
agradezca el bien que hacen, y se apartan de aquellos que
atribuyen algún mérito a su bondad. Se preguntan cómo es posible
que alguien pueda considerarse sabio por sus propios méritos, o capaz
de hacer el bien por sí mismo. Hacer el bien para obtener
recompensas, no es hacer el bien, según dicen los ángeles, puesto que
en este caso se actúa bajo el influjo del amor a sí mismo.
En cambio hacer el bien por el bien mismo, es actuar bajo
el influjo Divino, y afirman que éste es el bien que crea
el cielo, porque este bien es el Señor.
(10)
Los espíritus que durante
su vida en este mundo han ratificado su persuasión de que
las buenas acciones y las verdades en las que creen proceden
de sí mismos, o se las atribuyen a sus dotes personales (tal
es la persuasión de quienes juzgan que la finalidad de las buenas
acciones es la recompensa, adjudicándose probidad y rectitud a
sí mismos) no son recibidos en el cielo. Los ángeles evitan
la presencia de semejantes espíritus. Los tienen por estúpidos
y ladrones; estúpidos, porque piensan exclusivamente en su provecho
personal; ladrones porque se apoderan de lo que pertenece
al Señor. Estos espíritus rechazan la creencia del cielo: que
es la Divinidad del Señor en los ángeles la que crea
el cielo.
(11)
El Señor enseña
que los que moran en el cielo e integran la iglesia permanecen
en el Señor, y el Señor en ellos, al decir:
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí (Juan XV. 4, 5)
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. (Juan XV. 4, 5)
(12)
Todo lo que hasta aquí
hemos relatado, pone de manifiesto que el Señor mora
en los ángeles del cielo como en aquello que es propiamente
Suyo, y que el Señor es la plenitud de todas las
cosas del cielo; y ello es así porque el bien que mana del
Señor es el Señor en los ángeles, puesto que lo que
mana del Señor es el Señor. De modo que
en los ángeles, el cielo es el bien que emana del Señor,
y no una cosa perteneciente a ellos.
(3)
Capítulo
III
LA DIVINIDAD DEL SEÑOR
EN EL CIELO ES AMOR HACIA
EL Y CARIDAD CON EL PRÓJIMO
(13)
La Divinidad que emana del Señor es designada en el cielo
como verdad Divina, por la siguiente razón. La verdad Divina que
fluye en el cielo emana del amor Divino del Señor. El amor
Divino y la verdad Divina emanada del amor, están relacionados entre
sí como el fuego y la luz del sol. El amor es como
el fuego del sol, y la verdad es semejante a la luz. Por
otra parte, mediante las correspondencias se comprende que el fuego
significa amor; y la luz, verdad emanada del amor. De este modo
es posible precisar qué es la verdad Divina que emana del amor Divino
del Señor, que en su esencia es el bien Divino en unión
con la verdad Divina, y esta conjunción vivifica todas las cosas del
cielo. De la misma manera, cuando el calor del sol está unido a
su luz todas las cosas de la tierra fructifican, esto acontece
durante la primavera y el verano; no sucede lo mismo cuando
el calor y la luz están desunidos; esto es, cuando la luz
es fría; entonces, la tierra aparece yerma y desolada.
En los ángeles, este bien Divino semejante al calor, es el bien
del amor; y la verdad Divina, símil de la luz, es la vía por
la que fluye el bien del amor. universe-people.com
(14)
La Divinidad que crea el cielo es el amor, porque el amor
es conjunción espiritual; conjunción de los ángeles con
el Señor, y de los ángeles entre sí, y esta conjunción
es tan perfecta que todos los ángeles ante los ojos del Señor
configuran un solo ángel. Por lo demás, el amor es el
verdadero ser de toda vida; y en consecuencia, tanto los ángeles como
los hombres, del amor reciben la vida. Cualquier persona capaz
de reflexionar, puede advertir que la vitalidad más profunda del
hombre procede del amor; su presencia suscita en él calor, y
su ausencia frialdad; y su privación absoluta, le provoca
la muerte. Pero debe tomarse en cuenta muy especialmente, que
es la calidad del amor del hombre lo que determina la calidad
de su vida.
(15)
Hay en cielo dos géneros
de amor; el amor al Señor, y el amor
al prójimo. En el tercer cielo, o cielo más íntimo, fluye
el amor al Señor. En el segundo cielo, o cielo
intermedio, el amor hacia el prójimo. Ambos emanan. del Señor,
y, los dos, crean el cielo. En la diáfana luz del cielo
se percibe claramente en qué se distinguen, y cuál
es la forma de su conjunción; pero en este mundo
su percepción es obscura. En el cielo, amar
al Señor, no es amarlo en lo relativo a Su persona;
es amar el bien que surge de El, y amar el bien
es quererlo y hacerlo por amor. Amar al prójimo, tampoco
es amar a un semejante en cuanto a su persona, sino que
es amar en él la verdad que procede de la Palabra; y amar la verdad, es aplicarla a la vida mediante
la voluntad. Lo dicho manifiesta con claridad que estos dos géneros
de amor se distinguen entre sí, del mismo modo que el bien
se distingue de la verdad; y que su modo
de conjunción, se asemeja al modo de conjunción del bien
con la verdad. Pero estas cosas resultan prácticamente incomprensibles
para el hombre, a menos que sepa qué es el amor, qué es el
bien, y quién es el prójimo.
(16)
He hablado con frecuencia con
los ángeles sobre este tema. Y se muestran asombrados de que los
hombres de la iglesia ignoren que amar al Señor y amar
al prójimo, es amar lo que es bueno y verdadero.,
y aplicar ese amor a la vida mediante la voluntad; cuando
deberían saber muy bien, que el amor se demuestra queriendo
y haciendo lo que otro ser desea, y es éste acto el que suscita
amor recíproco y conjunción, y si el amor no cumple lo que
ese otro ser desea; entonces, no hay amor. Además, dicen los ángeles; los
hombres deberían saber que el amor que emana del Señor es un
símil o semejanza de El, porque en ese amor está El;
y que aquellos que vivifican el bien y la verdad mediante
su voluntad y mediante sus actos, llegan a ser símiles
o semejanzas del Señor y se hallan en conjunción con El.
Querer es amar hacer. Esto es lo que enseña
el Señor en la Palabra, al decir:
El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama;... Y yo le amaré, y me manifestaré a él (Juan XV. 10) Y en otra parte:
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor (Juan XV. 10)
(17)
En los cielos toda vivencia
testimonia que la Divinidad que emana del Señor afectando
a los ángeles y creando el cielo es el amor. Porque todos
los habitantes de los cielos son formas de amor y caridad, y
su aspecto es de una belleza inefable, y el amor alumbra sus
rostros, e inspira sus palabras, y los detalles más imperceptibles
de su vida. Además, hay esferas espirituales de vida que emanan
de todo ángel y de todo espíritu, envolviéndolos; a través
de ellas se percibe el carácter de los afectos de su
amor; y esto a veces acontece, aunque uno esté situado a una
gran distancia. En todos los ángeles, estas esferas dimanan de la
vida de sus afectos, y de los pensamientos nacidos del afecto, o
de la vida de su amor, y de la fe nacida del amor. Las
esferas que emanan de los ángeles tan impregnadas de amor están que
penetran hasta las entrañas mismas de la vida de quien los
acompaña. Las he percibido muchas veces, y siempre me han
afectado con la misma intensidad. La posición que adoptan los seres
en el otro mundo está determinada por el amor que los impulsa; hecho
que manifiesta claramente que los ángeles reciben su vida del amor. Los
que aman al Señor y sienten caridad hacia el prójimo,
vuelven siempre su rostro hacia el Señor, en cambio
aquellos que se aman a sí mismos, apartan su rostro del
Señor. Y esta disposición es invariable, cualquiera sea
la dirección en que giren su cuerpo; dado que en la otra
vida, el sitio que uno ocupa concuerda con los cambios de estado
de su espíritu. Lo mismo ocurre con las diversas regiones del otro
mundo, que no son fijas o constantes como en este mundo, sino
que varían de acuerdo con la dirección hacia la que los seres
vuelven su rostro. Sin embargo, los ángeles no vuelven su rostro
hacia el Señor por sí mismos; es el Señor quien
atrae hacia El el rostro de los ángeles. Pero este tema será tratado
con más amplitud más adelante, cuando abordemos la descripción de las
regiones en el otro mundo.
(18)
La Divinidad del Señor en el cielo es el amor, porque
el amor es receptivo de todas las cosas del cielo; como ser,
la paz, la inteligencia, la sabiduría y la dicha.
El amor es receptivo de todas las cosas que armonizan con él;
las anhela, las busca; está como embebido en ellas de un modo
espontáneo; desea incesantemente ser enriquecido y perfeccionado por
ellas. Y esto es algo que el hombre sabe muy bien; ya que
en él, el amor hurga, como si dijéramos, en los depósitos
de la memoria, y toma de allí las cosas que armonizan con él.
Las selecciona, las ordena; las incorpora y las supedita a su control.
Las incorpora, para que formen parte de su ser; y las pone bajo
su control, para servirse de ellas. Aquellas cosas, en cambio,
que no le son gratas; las descarta, las arroja lejos de sí. Que
el amor está dotado de todas las facultades para recibir las verdades
que armonizan con su ser, y que anhela estar en conjunción con
ellas, lo comprueba fehacientemente el siguiente episodio. Ciertas
personas, dotadas de mentalidad simple; después de la muerte fueron
elevadas hasta el cielo, y cuando se hallaron en compañía
de los ángeles, alcanzaron la sabiduría que disfrutan los ángeles, y
la bienaventuranza celeste. Y esto debido a que en el
transcurso de su vida, habían amado las cosas buenas y verdaderas
en sí mismas, y las habían incorporado a su vida, desarrollando
así las facultades necesarias para recibir las cosas inefables que manan del
cielo. Pero los que están poseídos por el amor de sí mismos y
el amor hacia las cosas mundanas, no están facultados para recibí las
cosas buenas y verdaderas; abominan de ellas y las desechan;
apenas entran en el cielo y toman contacto con ellas, sienten
repugnancia y se apartan: entonces, huyen rápidamente para confabularse
en el infierno con quienes aman las mismas cosas que ellos aman.
A ciertos espíritus que dudaban de que existiesen semejantes
facultades para recibir el amor celestial, y que deseaban cerciorarse
de ello; les fue dado experimentar un estado de amor celestial,
y siendo destituidos momentáneamente de sus malas disposiciones,
fueron conducidos hasta un cielo angelice: y desde allí hablaron
conmigo, y les oí decir que percibían una felicidad mucho más honda
de lo que pueden expresar las palabras. Y se lamentaron profundamente
al saber que deberían retornar a su estado anterior. Otros espíritus
fueron conducidos también hasta el cielo; y cuanto más elevado
e interior era el estado que experimentaban, mayor era
la inteligencia y la sabiduría que gozaban; hasta llegar
a percibir incluso aquellas cosas que antes habían juzgado
incomprensibles. Lo dicho indica que el amor que emana del
Señor es receptivo del cielo y de sus cosas inefables.
(19)
El amor al Señor y
el amor hacia el prójimo encierran en sí todas las verdades
Divinas. El Señor lo manifiesta con claridad, cuando aludiendo
a estos dos géneros de amor, dice:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo. XXII. 37-40)
"La ley y los profetas" constituyen la Palabra en su totalidad; es decir, toda verdad Divina.
(4)
Capítulo
IV
EL CIELO ESTÁ DIVIDIDO
EN DOS REINOS
(20)
Hay en el cielo una
infinita variedad de cosas, y no hay una sola sociedad angélica igual
a otra, ni un ángel que sea igual a otro.
Por esta razón, hay en el cielo divisiones generales, específicas y particulares. La general, es una división en dos reinos; la específica, establece que hay tres cielos; y la particular, indica que el cielo en su conjunto está subdividido en innumerables sociedades. Trataremos sobre estas divisiones en las páginas siguientes. Se dice que hay una división general en dos reinos, porque el cielo es llamado "el reino de Dios".
(21)
Ciertos ángeles, reciben más
íntimamente la Divinidad que emana del Señor; otros,
en cambio, la reciben en un nivel más superficial. Los primeros,
son los ángeles celestiales; los segundos, los ángeles espirituales. Esta
distinción divide al cielo en dos reinos: el Reino Celestial, y
el Reino Espiritual.
(22)
Los ángeles que integran
el reino celestial, reciben más íntimamente la Divinidad del
Señor debido a ello, se los designa como ángeles interiores
y ángeles superiores; y por la misma razón, los cielos
constituidos por ellos se llaman cielos interiores y superiores.
Se los distingue en superiores e inferiores, porque mediante
estos términos se indica qué es lo interior, y qué es lo
exterior.
(23)
El amor que sienten los ángeles
del reino celestial, es el amor celestial; y el amor que siente los
que habitan el reino espiritual, se llama amor espiritual.
El amor celestial es el amor a Señor, y el amor
espiritual es el amor, hacia el prójimo. Y como el bien
es inherente al-amor (el bien es todo aquello que uno ama);
el bien de uno de los dos reinos se llama bien celestial; y
el del otro, bien espiritual. Y esto determina que los dos reinos
se distingan entre sí, del mismo modo en que el bien del amor
al Señor, se distingue del bien del amor hacia
el prójimo. Y como el bien del amor al Señor
es un bien entrañable, y su amor un íntimo amor; los
ángeles celestiales son ángeles interiores, y se los llama ángeles
superiores.
(24)
El reino celestial también lleva
el nombre de Reino Sacerdotal del Señor; y en la Palabra, se lo designa como "La morada del Señor"; en cambio
el reino espiritual, es llamado el Reino Soberano del
Señor; y en la Palabra, "Su Trono". El Señor,
por su Divinidad celestial, llevó en el mundo el nombre
"Jesús", y fue llamado "Cristo", por su Divinidad
espiritual.
(25)
Los ángeles del reino celestial
del Señor, reciben más íntimamente la Divinidad del Señor,
y, debido a ello, su sabiduría y su gloria es mucho más
honda que la que gozan los ángeles del reino espiritual; y puesto que
viven en el amor al Señor, se hallan en conjunción
más íntima con El. La superioridad de estos ángeles se debe
a que han recibido, y reciben perpetuamente, las verdades Divinas,
aplicándolas de inmediato a la vida; en cambio los ángeles
espirituales, las reciben primero en su memoria y en su intelecto; y por
eso, los ángeles celestiales llevan las verdades Divinas inscriptas en su
corazón; las perciben, y las ven en sí mismos. Jamás dudan
de que sean ciertas. Son como aquellos mencionados en Jeremías:
Daré mi ley, y la escribiré en su corazón.... Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande (XXXI. 33, 34)
Y en Isaías se los llama: Enseñados por Jehová (LIV. 13)
Los "enseñados por Jehová" son aquellos a quienes el Señor Mismo enseña; El Señor lo manifiesta expresamente en Juan (VI. 45, 46)
(26)
Como hemos dicho, los ángeles
celestiales gozan de la sabiduría y de la gloria suprema, porque han
recibido, y reciben perpetuamente, las verdades Divinas; aplicándolas
de inmediato a la vida. Apenas las oyen, las llevan a
la práctica mediante su voluntad, en vez de retenerlas
previamente en la memoria para verificar su autenticidad. Perciben
de inmediato por influjo si lo que oyen es veraz o no.
El influjo del Señor en la voluntad del hombre
es inmediato; pero su influjo en el intelecto es mediato,
llega por vía de la voluntad; o lo que es igual, su influjo
en el bien es inmediato, pero su influjo en la verdad
es mediato, llega a través del bien.
Se llama bien a lo que es inherente a la voluntad; y a la acción nacida de la voluntad. Se designa como verdad, en cambio, a aquello que es inherente a la memoria; y al pensamiento nacido de la memoria. Por lo demás, toda verdad se transforma en bien, y se implanta en el amor; apenas se incorpora a la voluntad. Pero mientras se mantiene a la verdad relegada en la memoria, retenida en el pensamiento nacido de ella; esta verdad, no puede convertirse en bien; no tiene vida; ni se incorpora en el hombre. Puesto que el hombre es hombre gracias a su voluntad y al intelecto nacido de su voluntad; nunca por su inteligencia, aparte de su voluntad.
(27)
Debido a esta diferencia,
los ángeles del reino celestial y los ángeles del reino espiritual,
no residen juntos; tampoco se comunican directamente. Sólo pueden
comunicarse a través de sociedades angélicas intermedias,
constituidas por ángeles celestiales-espirituales. A través de ellos
el reino celestial fluye hacia el reino espiritual. Lo que
determina que, a pesar de estar dividido en dos reinos,
el cielo, es uno solo. El Señor provee y dispone las
facultades y funciones de los ángeles intermedios. Ya que
a través de ellos se establecen la comunicación y
la conjunción.
(28)
Puesto que el tema
de los ángeles de los dos reinos será tratado con más amplitud
en las páginas siguientes, omitimos aquí más detalles.
(5)
Capítulo
V
HAY TRES CIELOS
(29)
Hay tres cielos, netamente
diferenciados entre sí; el íntimo o tercero, el intermedio
o segundo, y el externo o primero. Su orden correlativo
es semejante al que existe entre la parte superior del cuerpo
humano; la cabeza, la parte intermedia; el tronco, y sus
extremidades inferiores; los pies; o entre el sector superior
de un edificio, su sector intermedio, y su base. En ese
mismo orden procede y desciende la Divinidad del Señor; por
tanto el cielo, debido a la necesidad del orden, es triple.
(30)
La interioridad del hombre,
aquello que constituye su mente y su índole, posee un orden
similar; un nivel íntimo, uno intermedio, y otro externo; ya que
cuando el hombre fue creado, todo lo perteneciente al orden
Divino en él fue configurado, plasmándose en él el orden Divino
en forma, conformando un cielo en mínima efigie. Y es por
eso que el hombre, en su interioridad, se halla
en comunicación con los cielos, y se reúne con los ángeles después
de la muerte; con los del íntimo cielo, con los del cielo intermedio,
o con los del externo; según su receptividad del bien Divino y
la verdad Divina del Señor, durante su vida en este
mundo.
(31)
La Divinidad que procede del Señor y es recibida en el íntimo
o tercer cielo, es la celestial, y los ángeles que allí moran
llevan el nombre de ángeles celestiales; la Divinidad que
procede del Señor y es recibida en el cielo intermedio o segundo,
es la espiritual, y en consecuencia, a estos ángeles se los
llama ángeles espirituales; y la Divinidad que fluye del Señor y
es recibida en el cielo externo o primero, es la natural,
pero lo que es natural en este cielo es diverso de lo
que es natural en este mundo, pues contiene lo celestial y
lo espiritual; por esta razón, los ángeles de este cielo llevan
el nombre de ángeles espirituales y celestiales naturales..
Quienes reciben el influjo del cielo intermedio o segundo, que
es el cielo espiritual, se llaman ángeles espirituales naturales;
y aquellos que reciben el influjo del íntimo o tercer cielo, que
es el celestial, se llaman ángeles celestiales naturales. Los ángeles
espirituales naturales y los ángeles celestiales naturales
se distinguen entre sí, pero constituyen un mismo cielo, porque están
incluidos en un mismo grado.
(32)
En cada cielo hay un nivel
interno y otro externo: los que están en el nivel interno
se llaman ángeles internos, y los que están en el externo,
se llaman ángeles externos. En los cielos, o en cada cielo, lo interno
y lo externo, se relacionan entre sí del mismo modo en que
se relacionan en el hombre la facultad voluntaria y
la facultad intelectual; el nivel interno corresponde a
la facultad voluntaria, y el externo a la intelectual;
no pueden existir la una sin la otra. La voluntaria
es comparable a la llama y la intelectual a la luz emanada
de ella.
(33)
Debe entenderse claramente que
la interioridad de los ángeles es lo que-los sitúa en uno
u otro cielo; cuanto más receptiva al Señor es su
interioridad, más interior es el cielo que habitan. Hay tres grados
de interioridad en cada ángel y en cada espíritu, y también
en el hombre. Aquellos en quienes el tercer grado ha sido
develado, moran en el íntimo cielo. Aquellos en quienes ha sido
develado el segundo grado, o sólo el primero, residen
en el cielo intermedio o en el externo. La interioridad
es develada gradualmente mediante la recepción del bien Divino y
la verdad Divina. Quienes sienten las verdades Divinas y las aplican
a la vida, llevándolas a la práctica por medio de su voluntad,
moran en el íntimo o tercer cielo, y tienen su lugar allí
según su receptividad del bien, que proviene del amor a la verdad.
Los que no reciben las verdades de inmediato en su voluntad, sino en su memoria, luego en su intelecto, e instados por su intelecto las llevan a la práctica mediante su voluntad, residen en el cielo segundo o intermedio. En cambio aquellos que viven según sus principios morales y creen en la Divinidad, pero se esmeran muy poco en su instrucción, residen en el cielo externo o primero. De esto se desprende que los estados de interioridad constituyen el cielo, y que el cielo está dentro de cada ser, y no fuera de él; como enseña el Señor, al decir:
"El Reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo a-Ilí; porque he aquí el Reino de Dios está entre vosotros". (Lucas XVII. 20, 21)
(34)
Toda perfección aumenta
en la medida que es más interior, y disminuye en la medida
que es más exterior; ya que la interioridad se halla más
próxima a la Divinidad, y en sí misma es más pura; mientras que
lo exterior está más alejado de la Divinidad, y en sí mismo es más craso. La perfección angélica consiste
en inteligencia, sabiduría, amor; en todo lo que es bueno,
y en la consiguiente felicidad; pero no en una felicidad desprovista
de virtudes, ya que una felicidad semejante es externa y
no interna. Puesto que la interioridad de los ángeles del íntimo
cielo ha sido develada en el tercer grado, su perfección
es inconmensurablemente superior a la de los ángeles del cielo
intermedio, cuya interioridad ha sido develada en el segundo grado. A
su vez, el nivel de perfección de estos ángeles
es superior al de los ángeles del cielo externo.
(35)
A causa de esta distinción,
ningún ángel puede residir con ángeles de otro cielo que no sea el suyo;
vale decir, no les es dado ascender de un cielo inferior
a otro superior, ni descender de este a otro inferior.
Si un ángel asciende de un cielo inferior a otro superior
es presa de una angustia lacerante, no puede ver a quienes
están a su lado; es incapaz de hablarles. Si desciende
de un cielo superior, se ve privado de su sabiduría, habla con
voz balbuciente, y se sume en la desesperación. Ciertos ángeles del
cielo exterior, a quienes aún no se les había instruido que
lo que constituye los cielos es la interioridad de los ángeles,
suponían que podían gozar de una dicha celestial más elevada mediante
el simple acceso aun cielo de ángeles superiores. Les fue dado
entonces, disfrutar de la compañía de estos ángeles. Pero
cuando se encontraron allí, por más que buscaron afanosamente,
no divisaron a nadie. Una gran multitud, sin embargo, se hallaba
presente. La interioridad de los visitantes no estaba develada
en el mismo grado que la interioridad de los ángeles
de ese cielo, y, por tanto, tampoco lo estaba su vista.
Súbitamente, sintieron su corazón acongojado, de tal modo que
no acertaban a saber si estaban vivos o muertos. Por
lo que emprendieron presurosamente su regreso al cielo del que
habían partido y, reconfortados al hallarse de nuevo entre los suyos,
se propusieron firmemente no dejarse llevar por aspiraciones
superiores a las compatibles con su vida. Asimismo, he visto
a oíros descender de un cielo superior, quienes fueron despojados
de su sabiduría, hasta el punto de llegar a ignorar
a qué cielo pertenecían. El caso es distinto, cuando, como
acontece a menudo, los ángeles son elevados por el Señor desde
un cielo inferior a otro superior, para que puedan contemplar
Su gloria; ya que se hallan debidamente predispuestos,
y circundados de ángeles intermedios, a través de los
cuales pueden comunicarse con aquellos a quienes visitan. Lo dicho
manifiesta claramente que los tres cielos son enteramente distintos.
(36)
De todas formas, aquellos que
integran un mismo cielo, pueden establecer relaciones con cualquiera
ie sus habitantes; pero los deleites de estas relaciones,
se miden por las afinidades del bien que llega a obtenerse; este tema
será examinado en los artículos siguientes. cosmic-people.com
(37)
Pero a pesar de que
los cielos son tan distintos, que los ángeles de un cielo no pueden
relacionarse con los ángeles de o-tro cielo, el Señor une
todos los cielos por Su influjo inmediato y mediato; por
Su influjo inmediato en iodos los cielos; y mediato, desde un cielo
hacia otro. Y así, hace de tres cielos uno; y todos están
conectados de tal modo, desde el Principio hasta el Fin, que
nada inconexo es posible. Lo que no se conecta con
el Principio a través de enlaces intermedios no puede
subsistir; se disipa y se extingue.
(38)
Sólo aquel que conoce la relación
que existe entre los grados y el orden Divino, es capaz
de comprender en qué se distinguen los cielos entre sí,
o qué es lo que se entiende por hombre interno y externo.
La mayoría de las personas de este mundo poseen la noción
de que lo interior y lo exterior, o lo superior y
lo inferior, son algo continuo, o coherente por vía
de continuidad, desde io más puro hasta lo más craso. Pero
la relación entre lo interior y lo exterior no es continua,
es discreta (discontinua). Los grados son de dos géneros; hay
grados continuos y grados discontinuos. Los grados continuos
se relacionan entre sí como los grados decrecientes de la luz
desde su máximo esplendor hasta que se desvanece en la
oscuridad; o como los grados decrecientes, en la visión, de objetos
que están a la luz de aquellos que están en la sombra;
o como los grados de pureza en la atmósfera desde el más
bajo al más alto. Dichos grados se determinan por
la distancia. En cambio los grados que no son continuos, sino
discretos, se distinguen como lo anterior y lo posterior, como
la causa y el efecto, y como lo que produce y lo que
es producido. Quienquiera que examine detenidamente esta cuestión,
advertirá que en todas y cada una de las cosas que pueblan
el universo, existen dichos grados de producción
y composición; vale decir, que de un primero surge un segundo, y
de éste un tercero, y así sucesivamente. Quien no sea capaz
de percibir esta distinción de grados, tampoco podrá aprehender
la distinción entre los cielos, ni discernir el hombre interior del
exterior, ni distinguir el mundo espiritual y el mundo natural,
ni el espíritu del hombre y su cuerpo. Tampoco estará
en condiciones de comprender la naturaleza y el origen
de las correspondencias y las representaciones, o la naturaleza
del influjo. El hombre sensual no percibe estas diferencias,
ya que según su criterio, incluso en dichos grados,
la relación creciente y decreciente es una relación continua;
de forma que no pueden concebir lo espiritual, sino como algo
natural más purificado. Y en consecuencia, la comprensión
de estas cosas es algo que está fuera de su alcance.
(39)
Por último, referiremos
un arcano relativo a los ángeles de los tres cielos, jamás
aprehendido por mente alguna, puesto que la distinción de grados
no ha sido comprendida. En todo ángel y también en todo hombre, hay un grado íntimo
o supremo, o un algo íntimo y supremo, hacia donde fluye
la Divinidad del Señor, originariamente o de manera más
próxima, y desde allí dispone los otros niveles de interioridad del
ser, que se suceden según los grados del orden. Este grado íntimo
o supremo puede designarse como el ingreso del Señor
en el ángel o hombre, y Su propia morada en ellos.
Es en virtud de este algo íntimo o supremo que el hombre
es hombre, y se distingue de las bestias, ya que éstas,
no lo poseen. A esto se debe que el hombre,
a diferencia de los animales, sea capaz, en lo que concierne a
la interioridad de su mente y disposición, de ser elevado
por el Señor hacia El, de creer en el Señor,
de amar al Señor, de contemplarlo a El, y
de recibir inteligencia y sabiduría, y hablar según los dictados
de la razón. Y es por eso que puede disfrutar de la vida eterna.
Pero qué es lo que dispone el Señor y provee,
en esta íntima interioridad, es algo que ningún ángel puede percibir
con claridad, puesto que está más allá de su alcance intelectual,
y trasciende su sabiduría.
(40)
Estas son las verdades generales
concernientes a los tres cielos; pero en las páginas siguientes,
examinaremos cada cielo en particular.
(6)
Capítulo
VI.
LOS CIELOS ESTÁN CONSTITUIDOS
POR INNUMERABLES SOCIEDADES
(41)
Los ángeles de cada cielo
no residen en un mismo sitio; integran distintas sociedades, mayores
o menores, según las diferencias del bien del amor y la fe
en que viven; quienes viven en un bien similar, son miembros
de una misma sociedad. En los cielos, el bien posee infinitas
variedades. Y puede afirmarse que cada ángel es su propio bien.
(42)
Por otra parte, las sociedades
angélicas en los cielos se distancian entre sí según las
diferencias, de tipo general y particular, del bien en que
viven. Porque en el mundo espiritual, la distancia está determinada
exclusivamente por la diferencia de los estados de interioridad;
y en los cielos, por la diferencia en los estados de amor;
los que más se diferencian, están más apartados; los que
se diferencian menos, se hallan más próximos; y la similitud,
determina que estén juntos.
(43)
Quienes integran una misma
sociedad se distinguen entre sí de la misma manera; los que son
más perfectos, es decir, los que sobresalen por su bondad,
su amor, sabiduría e inteligencia, estañen el centro; los
menos destacados, se ubican alrededor, a una distancia que varía
según el grado decreciente de su perfección. Su orden de ubicación,
es semejante al de una luz que va disminuyendo del centro a
la periferia; los que están en el centro reciben la luz
en su esplendor; y a los que están en la periferia, les llega
gradualmente atenuada.
(44)
Quienes son semejantes se sienten espontáneamente atraídos; porque esta
similitud hace que se sientan como entre los suyos y en su hogar;
en cambio con otros, se sienten como entre forasteros y lejos
de su tierra; además, cuando están entre sus similares, gozan de su
libertad y, por tanto, de todos los deleites de la vida.
(45)
Lo dicho pone de manifiesto que en los cielos todos se hallan
vinculados por el bien, y se distinguen según la calidad del
bien. Sin embargo no son los ángeles quienes se vinculan entre sí;
es obra del Señor, de quien el bien dimana.
El Señor los guía, crea conjunción y separación entre ellos,
y los preserva en libertad de acuerdo con el bien
en que viven. Así; El ampara a cada uno según la vida
de su amor y de su fe, de su inteligencia y de su
sabiduría, y de la consiguiente felicidad.
(46)
Así mismo, quienes viven según un bien similar, aunque jamás se hayan
visto antes, se reconocen, de igual modo que los hombres de este
mundo reconocen a sus parientes, allegados y amigos; porque
en la otra vida sólo hay parentescos, afinidades, y amistades
espirituales, que nacen del amor y la fe. Y esto, en ciertas
ocasiones me ha sido dado verlo, estando en el espíritu,
es decir, separado del cuerpo, y en sociedad con ios ángeles. Algunos
de los que vi allí, me pareció conocerlos desde la infancia,
otros, me resultaron totalmente desconocidos. Aquellos que parecía conocer
desde la infancia, se hallaban en un estado semejante al de
mi espíritu, en cambio los otros, que me resultaban
desconocidos, en un estado disímil.
(47)
Todos los que integran una misma sociedad angélica, poseen un semblante
similar, aunque esto en su aspecto general, y no en sus
particularidades. Es posible formarse una noción de cómo
se relaciona este parecido en el aspecto general, con
la diferencia en las particularidades, mediante ejemplos comparativos
tomados de este mundo. Es algo sabido, que hay un cierto
parecido entre los miembros de una raza; en el aspecto general del
rostro, y en los ojos, mediante el cual se la reconoce
y distingue de las demás. Y esto es más notable entre
familias. En los cielos, es aún más ostensible; allí, todos
los afectos interiores aparecen y esplendan en el rostro; allí,
el rostro es la forma externa y representativa de los
afectos Nadie tiene otro rostro que el de sus propios afectos. También
me fue manifestado el modo en que esta semejanza del aspecto
generar, varía en las particularidades de cada individuo de una
misma sociedad. Un rostro como de ángel, apareció ante mí,
modificándose según los afectos del bien y la verdad, que poseen los
miembros de una misma sociedad. Estas modificaciones, persistieron;
y advertí que un mismo rostro, en su aspecto general, permanecía
como modelo básico; todas las variaciones eran derivados y elaboraciones
de aquél. Y así, a través de este rostro, fueron exhibidos los
afectos de todos los miembros de una sociedad, que son los que
determinan la variedad en los rostros. Ya que, como se ha
indicado más arriba, los rostros de los ángeles, son la forma
de su interioridad; es decir, de los afectos de su amor y de su
fe.
(48)
De ahí que un ángel de sobresaliente sabiduría, vea en el acto
la calidad de otro en su rostro. En el cielo, nadie puede
ocultar su interioridad mediante su expresión, ni simular,
o mentir y engañar mediante artificios o hipocresía. Hay
hipócritas, que son expertos en encubrir su interioridad,
y componen su aspecto exterior, según la forma del bien
en que viven los miembros de una sociedad, fingiendo así ser ángeles
de luz; a veces, éstos se introducen subrepticiamente
en una sociedad; pero no pueden permanecer mucho tiempo allí;
enseguida, comienzan a sentir una íntima angustia, y un suplicio,
su rostro se torna lívido, y están como exánimes. Estas
alteraciones surgen de la contrariedad que les produce la vida que
allí fluye, afectándolos. Entonces, se lanzan con premura hacia
el infierno de sus congéneres, y ya no quieren ascender
de nuevo. Estos, son semejantes a los representados por aquel hombre,
hallado entre los convidados a la fiesta, sin el atuendo
de boda, y que fue arrojado en las tinieblas de afuera
(Mat. XXII. 11).
(49)
Todas las sociedades del cielo se entre sí aunque no lo hacen
mediante un trato directo; ya que muy pocos salen de su propia
sociedad para ir a otra, porque salir de su propia sociedad
es para ellos como apartarse de sí mismos o de su propia vida,
y pasar a otra menos compatible. Todas las sociedades
se comunican a través de la extensión de la esfera que
emana de la vida de cada una de ellas. Esta esfera de vida,
es la esfera de los afectos del amor y de la fe; y se extiende
a lo largo y a lo ancho, hacia las sociedades circundantes;
y más lejos y con más amplitud, en la medida en que los
afectos son más interiores y más depurados. Según su extensión poseen
los ángeles inteligencia y sabiduría. Los que están en el íntimo
cielo, y en su centro, se extienden hacia todos los cielos;
de esta manera, hay en el cielo una comunicación de todos con
cada uno, y de cada uno con todos. Esta extensión será considerada
en detalle más adelante, cuando la Forma del cielo, que determina
la disposición de las sociedades angélicas y también
la sabiduría y la inteligencia de los ángeles, sea examinada;
puesto que la extensión de los afectos y los pensamientos, está
determinada por dicha Forma.
(50)
Según se ha referido más arriba, en los cielos hay sociedades mayores
y menores. Las mayores están constituidas por miríadas de ángeles;
las menores, por algunos miles; y las mínimas, por unos centenares.
También hay otros que residen aparte; como si dijéramos, casa por casa,
y familia por familia; aunque éstos residen apartados, están ubicados
en un orden similar al de aquellos que viven en sociedades, los
más sabios en el centro y los más simples en los confines. Estos
ángeles, se hallan bajo los Divinos auspicios del Señor,
de manera más próxima, y son los ángeles supremos.
(7)
Capítulo
VII
CADA SOCIEDAD
ES UN CIELO EN FORMA MENOR,
Y CADA ÁNGEL, EN FORMA MÍNIMA
(51)
Cada sociedad es un cielo en forma menor, y cada ángel,
en forma mínima, pues el bien del amor y la fe crean
el cielo, y este bien reside en cada sociedad del cielo, y
en cada ángel de cada sociedad. No tiene importancia que
en todas partes este bien difiera y varíe; es, de todos modos,
el bien del cielo; las diferencias están determinadas por la calidad
de cada cielo. Por eso se dice, que cuando alguien es elevado
a cualquier sociedad del cielo; ingresa en el cielo, y que los
que están allí se encuentran en el cielo, y cada cual en lo
que es suyo. Esto es algo sabido por todos en la otra vida;
en consecuencia, aquellos que se encuentran fuera o debajo del
cielo, cuando divisan a lo lejos compañías de ángeles,
aseveran que el cielo se halla en este lugar o en aquél.
Ocurre lo mismo que con los dignatarios civiles, oficiales militares, y
el séquito en un palacio real o castillo, quienes, aunque
residan aparte en diferentes secciones o cámaras, ya sea arriba
o abajo, habitan todos el mismo palacio o castillo; cada cual,
según sus propias funciones en el servicio regio. Lo que ayuda
a esclarecer, el sentido de las palabras del Señor, al decir
que:
En la casa de Su Padre muchas moradas hay (Juan XIV. 2).
Y también, qué se entiende por "Las moradas del cielo", y "los cielos de los cielos" en los Profetas.
(52)
Que cada sociedad es un cielo en forma menor, lo demuestra
también el hecho de que cada una de ellas posee una forma
celestial semejante a la del cielo en su conjunto. En todos los
cielos, los más eminentes se hallan en el centro, los menos
destacados se ubican alrededor, en un orden decreciente hacia
la periferia (según consta en el artículo anterior, Nº 43).
Y también puede inferirse de lo siguiente: el Señor guía
a todos en el cielo, como si fuesen un solo ángel; y
lo mismo acontece en cada sociedad; a consecuencia de ello,
una sociedad angélica en su integridad aparece a veces bajo
la forma de un solo ángel; y esto, me ha permitido verlo
el Señor. Además, cuando el Señor aparece en medio
de los ángeles, no aparece un figura rodeada por otras, sino una
sola, y en forma angélica. Y es por eso que en la Palabra, el Señor es llamado "ángel", y del mismo modo
se designa a toda una sociedad. "Miguel",
"Gabriel" y "Rafael", no son sino sociedades
angélicas que derivan su nombre de su función.
(53)
sí como una sociedad íntegra es un cielo en forma menor,
un ángel es un cielo en forma mínima; pues el cielo
no se halla fuera de él; está dentro suyo; ya que
la interioridad que concierne a su mente, se halla ordenada
según la forma del cielo, para que pueda recibir todas las cosas del cielo
que se hallan fuera de él. Y esta recepción, depende de la
calidad del bien del Señor, que hay dentro suyo; y es por eso que
un ángel es un cielo.
(54)
No tiene ningún sentido afirmar
que el cielo se halla fuera de los seres, pues está dentro suyo.
Ya que todo ángel recibe el cielo que se halla fuera de él,
según el cielo que está dentro suyo. Lo que pone de relieve
cuánto se equivoca aquel que cree que ir al cielo,
es simplemente ser elevado entre los ángeles, haciendo caso omiso
de su vida interior; es decir, que cualquiera puede ingresar
al cielo por misericordia inmediata. En realidad, a menos que
el cielo esté dentro de uno mismo, nada de lo perteneciente
al cielo que se haya afuera, puede afluir y ser recibido. Son
muchos los espíritus que piensan así. A causa de dicha creencia,
fueron elevados al cielo; pero cuando se encontraron allí, como
su vida interior se oponía a la vida angélica, comenzaron
a padecer ceguera intelectual, hasta parecer estúpidos; y a sufrir
un tormento en su voluntad, hasta parecer clementes. En una
palabra, los que llevan una vida perversa, al entrar al cielo,
comienzan a boquear y a retorcerse, igual que un pez extraído
del agua y expuesto a los efectos del aire; o animales
en una bomba neumática, en medio del éter cuando el aire
se ha agotado. De esto se desprende que el cielo no se
encuentra fuera del hombre, está dentro suyo.
(55)
A sí como todos reciben
el cielo que se halla afuera, según el cielo que está dentro
de ellos, así también, reciben todos al Señor, pues
la Divinidad del Señor es la que crea el cielo.
De ahí que cuando el Señor se manifiesta ante alguna
sociedad, su apariencia concuerda con la calidad del bien en que
vive esa sociedad; vale decir, que no es la misma en una
sociedad que en otra. Esta diversidad no mora en el
Señor; radica en el bien que les es propio a los ángeles
que lo contemplan a El, y por tanto concuerda con el bien
que les pertenece. Y son conmovidos por Su apariencia según
la calidad de su amor; quienes lo aman íntimamente,
se sienten conmovidos en lo más íntimo, los que lo aman menos,
se sienten menos conmovidos; y a los malvados que se encuentran
fuera del cielo, Su presencia los tortura. Cuando el Señor
aparece ante alguna sociedad, aparece como un Ángel; pero
se distingue, por el diáfano esplendor de la Divinidad.
(56)
Allí donde se reconoce al Señor,
se cree en El, y se lo ama; allí está el cielo. La variedad
del culto al Señor, procede de la variedad del bien
en diversas sociedades, y no es perjudicial, es benéfica; pues
de ahí surge la perfección del cielo. Este es un punto
escasamente comprensible, a no ser que se empleen términos que suelen
oírse en el orbe ilustrado para exponer de qué modo la unidad,
para que sea perfecta, debe ser producto de la variedad. Un todo
existe al estar compuesto de diversas partes, pues un todo sin
componentes, nada es; carece de forma, y por tanto, de calidad.
Pero cuando un todo existe por estar integrado de sus diversas
partes, y las partes tienen una forma perfecta, y se ligan entre sí,
en serie, como un amigo íntimo con otro; entonces, la calidad
es perfecta. El cielo es un todo compuesto por diversas partes
ordenadas según la más perfecta forma, pues la forma celestial,
es la más perfecta forma. Que es éste el cimiento de toda
perfección, lo manifiesta la naturaleza de la belleza, del
agrado y el deleite, que afectan a nuestros sentidos y a nuestra
mente; pues estos dones manan y fluyen de una sola fuente, que
es el concierto y la armonía de diversas partes concordantes
y afines, que en orden coexisten, o en orden se suceden;
pero jamás de un todo, carente de partes diversas. De ahí
el refrán: en la variedad está el deleite; y la naturaleza
de la variedad, como es sabido, determina el deleite. Y así
puede contemplarse como en un espejo, el modo en que
la perfección surge de la variedad, incluso en el cielo. Puesto
que en las cosas que existen en el mundo natural, se reflejan
las del mundo espiritual, como en un espejo.
(57)
Puede decirse de la iglesia
lo mismo que se ha dicho del cielo, pues la iglesia es el
cielo del Señor en la tierra. Hay, también, muchas iglesias;
y cada una de ellas lleva el nombre de iglesia, y si el
bien del amor y la fe reina en su interior, en tal medida
es una iglesia. Aquí, también, mediante la integración de varias
partes, el Señor forma una unidad; es decir, una iglesia
a partir de varias. Y lo mismo puede decirse del hombre
de la iglesia en particular, que de la iglesia en general:
que la iglesia está dentro del hombre, y no fuera de él;
y que todo hombre es una iglesia en la que el Señor
se hace presente a través del bien del amor y la te. Asimismo,
puede decirse del hombre en quien está la iglesia, lo que
se dice de un ángel en quien reside el cielo; que
es una iglesia en forma mínima, así como un ángel es un
cielo en forma mínima. Por lo demás, un hombre que tiene la iglesia
dentro suyo, como un ángel, es un cielo. Porque el hombre fue creado
para que pudiese ingresar en el cielo, convirtiéndose en un ángel;
y por eso, quien posee en su interior el bien del Señor,
es un hombre angélico. Podemos referir también, qué posee el hombre
en común con los ángeles, y en qué se diferencia. El hombre,
igual que el ángel, posee una interioridad conformada a imagen del
cielo, y el don de erigirse, en la medida en que viva
en el bien del amor y la fe, en una imagen del cielo. Pero
le ha sido dado al hombre y no a los ángeles, poseer una
exterioridad conformada a imagen del mundo; y en la medida
en que viva en el bien, poseer el mundo dentro suyo subordinado
al cielo, y al servicio del cielo. Entonces el Señor está
presente en él, en el cielo y en el mundo, tal como si se
hallase en su propio cielo. Pues el Señor está presente
en Su orden Divino en ambos mundos, ya que Dios es orden.
(58)
Por último podría mencionarse,
que quien tiene el cielo dentro suyo, lo posee no sólo
en lo que concierne a las cosas máximas o más generales, sino
también en aquellas que son mínimas o más, singulares, y que
estas cosas mínimas repiten la imagen de las máximas. Esto
se debe al hecho de que cada ser es su propio amor, y
es tal como es su propio amor. Aquello que rige, fluye en las
particularidades y las ordena, y en todas partes infunde una
semejanza de sí mismo. El amor al Señor es el amor
imperante en los cielos, ya que allí el Señor
es amado por sobre todas las cosas. Por eso el Señor
es allí la plenitud de todo, fluye en todas y cada una
de las cosas, las dispone en orden, imprimiendo en ellas una
semejanza de El, creando un cielo dondequiera esté presente.
De ahí que un ángel sea un cielo en forma mínima; una
sociedad, un cielo en forma mayor; y todas las sociedades en su
conjunto, un cielo en su forma máxima. Que la Divinidad del
Señores la que crea el cielo, y, que en todo, El es
la plenitud, puede verse más arriba (Nº 7-12).
(8)
Capítulo
VIII
EL CIELO EN SU CONJUNTO
REFLEJA A UN SOLO HOMBRE
(59)
Que el cielo en su conjunto refleja a un solo hombre, es un
arcano ignoto para el mundo; en cambio en los cielos,
es algo plenamente reconocido. Este es un conocimiento primordial,
tanto en su aspecto específico como en su aspecto singular, para
la inteligencia de los ángeles que allí habitan, y de él
dependen muchas cosas, que sin este principio general no ingresarían
de manera clara y precisa en las ideas de su mente.
Sabiendo esto, que todos los cielos y todas sus sociedades reflejan a
un solo hombre, designan al cielo como Hombre Máximo y Divino;
Divino, puesto que la Divinidad del Señor es la que crea
el cielo, (ver más arriba, Nº 7-12)
(60)
Que las cosas celestiales y espirituales
se ordenan y se vinculan entre sí de acuerdo con la forma
e imagen referidas, es algo que no pueden percibir quienes
no poseen una correcta noción acerca de las cosas celestiales
y espirituales; ya que suponen, que las cosas terrenales
y materiales que componen su naturaleza externa, son las que hacen
al hombre, y que aparte de ellas no es hombre el hombre.
Deberían saber, sin embargo, que no es por ellas que el hombre
es hombre, sino por su facultad de comprender la verdad
y querer el bien; esa inteligencia y esa voluntad son las cosas
espirituales y celestiales que hacen al hombre. Es sabido, por
o-tra parte, que la calidad de una persona se determina por
la calidad de su intelecto y de su voluntad; y puede
decirse, que su cuerpo terrenal ha sido formado para servir a
su intelecto y a su voluntad aquí en el mundo,
y lograr el uso más eficiente de estas facultades en la
esfera más externa de la naturaleza. De lo que se desprende que
el cuerpo nada hace por sí mismo, pues su moción siempre está
subordinada al mandato de su intelecto y de su voluntad, hasta
el extremo de que cualquier cosa que el hombre piensa,
la pronuncia con la lengua y los labios, y aquello que
quiere hacer, lo ejecuta por medio de su cuerpo y sus miembros;
de manera que el intelecto y la voluntad son los que actúan,
y nada hace el cuerpo por sí mismo. Lo que demuestra de manera
fehaciente, que son el intelecto y la voluntad los que hacen
al hombre; y puesto que estas facultades actúan sobre las más
imperceptibles partículas del cuerpo, como lo que es interno
en lo que es externo, deben poseer por tanto una forma similar;
a causa de ello, el hombre es llamado hombre interno
y espiritual. El cielo es un hombre semejante en su forma
máxima y más perfecta.
(61)
Siendo ésta la idea de los ángeles acerca
del hombre; no reparan en lo que el hombre hace con
su cuerpo, sino en la voluntad, que pone en acción
al cuerpo. Designan a esta voluntad como hombre en sí mismo; y
al intelecto, también lo llaman hombre en la medida en que
actúe al unísono con la voluntad.
(62)
Aun que los ángeles no ven
al cielo en su conjunto en forma humana, ya que
el cielo en su conjunto está fuera del alcance de su vista;
a veces divisan sociedades remotas, constituidas por varios millares
de ángeles, que configuran una sola forma humana; y a partir
de una sociedad, como parte integrante, sacan la conclusión
de cómo es el cielo en su aspecto general. Puesto que en las
formas más perfectas, el aspecto general es semejante al de las
partes, y el de las partes al general; la única diferencia,
es la que existe entre cosas similares de mayor o menor
magnitud. Por consiguiente, afirman los ángeles, el cielo en su
conjunto debe aparecer en forma humana ante los ojos del Señor,
pues la Divinidad ve todas las cosas desde lo más íntimo
y supremo. angels-light.org
(63)
Y dado que el cielo posee esta forma,
el Señor lo rige como si fuera un solo hombre;
ya que es sabido que el hombre, a pesar de estar
constituido por una innumerable variedad de cosas, tanto en su
conjunto como en sus partes —en su conjunto, por miembros, órganos
y vísceras; y en cada parte, por series de fibras, nervios
y vasos sanguíneos, o sea, miembros dentro de miembros,
y partes dentro de partes— cuando actúa, actúa como un solo
hombre. Del mismo modo está constituido el cielo bajo los auspicios y
la dirección del Señor.
(64)
Semejante variedad de cosas actúan
al unísono en el hombre, pues no hay en él cosa alguna que
no contribuya al bienestar general prestando algún servicio.
El conjunto presta un servicio a las partes, y las partes
al conjunto, pues el conjunto está compuesto de partes
y las partes constituyen el conjunto; por tanto, se proveen
recíprocamente, se tienen mutua consideración, y se hallan
en conjunción, de manera tal que todas y cada una de las
cosas contribuyen al bien general; actuando así como un solo ser.
En el cielo los vínculos son similares. De igual modo, sus habitantes
se hallan en conjunción según los servicios que prestan; los que
no prestan ningún servicio en bien de la comunidad son
expulsados del cielo; por incompatibilidad. Prestar un servicio
es desear el bien al prójimo por el bien de la
comunidad; desear el bien al prójimo sin tomar en cuenta
el bien común, sino el beneficio personal, no es prestar ningún
servicio. Quienes son así se aman a sí mismos por sobre todas las
cosas. En cambio los anteriores, aman al Señor por sobre todas
las cosas. De ahí que los habitantes del cielo actúen como un solo
ser; y hacen esto inspirados por el Señor, no por
sí mismos, ya que juzgan que El es el Único; manantial
de todas las cosas; y consideran que Su Reino es el bien general,
y éste, el bien que hay que lograr. Ese es el sentido
de las palabras del Señor:
Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mat. VI. 33)
"Buscar Su justicia" significa buscar el bien que es Suyo. Quienes en el mundo aman el bien de su patria más que el bien persona., y el bien de su prójimo tanto como el suyo, son los que en la otra vida aman y buscan el Reino del Señor; puesto que allí el Reino del Señor ocupa el lugar de la patria; y los que aman hacer el bien a los demás, y no lo hacen con fines egoístas, sino por el bien mismo, aman al prójimo, pues en el cielo el bien es el prójimo. Quienes son así, integran el Hombre Máximo, esto es, el cielo.
(65)
Así como el cielo en su conjunto
refleja a un solo hombre, y es un Hombre Divino Espiritual
en forma máxima, e incluso en efigie; así, del mismo modo que
un hombre, está constituido el cielo por miembros y partes, que
también se designan de manera similar. Además, los ángeles saben
a cuál miembro pertenece cada sociedad. Esta sociedad, señalan,
pertenece a cierta parte o provincia de la cabeza; aquélla,
a cierta parte o provincia del pecho, la otra a cierta
parte o provincia lumbar, y así sucesivamente. En un sentido
general, el cielo supremo o tercero forma la cabeza hasta
la región del cuello; el cielo intermedio o segundo forma
el pecho hasta la región lumbar y las rodillas; el cielo
inferior o primero forma los pies hasta las plantas, y también los
brazos hasta los dedos de las manos. Dado que los brazos y las manos
pertenecen a las partes inferiores del hombre, aunque estén a los
lados. Esto también pone de manifiesto porqué hay tres cielos.
(66)
Los espíritus que están debajo del cielo
se muestran sumamente asombrados cuando perciben que el cielo
no sólo está arriba, sino también abajo; ya que creen y suponen,
de manera similar que los hombres de este mundo, que el cielo
se encuentra sólo arriba, porque ignoran que la disposición
de los cielos es similar a la disposición de los miembros,
órganos y vísceras en el cuerpo humano, algunos de los cuales
son internos y otros externos. De ahí las nociones confusas que
poseen acerca del cielo.
(67)
Se han expuesto estas cosas que hacen referencia
al cielo como Hombre Máximo, pues si no se cuenta con
un conocimiento previo acerca de ellas, no será posible
comprender lo que se dirá acerca del cielo en las páginas
siguientes, ni poseer una clara noción sobre la forma del cielo,
la conjunción del cielo y el hombre, el influjo del mundo
espiritual en el mundo natural, ni idea alguna acerca de las
correspondencias; temas que serán examinados según su orden en las
páginas siguientes. Con la finalidad de arrojar alguna luz sobre los
temas en cuestión es que se han sentado las premisas mencionadas
más arriba.
(9)
Capítulo
IX
CADA SOCIEDAD DEL CIELO
REFLEJA A UN SOLO HOMBRE
(68)
Con frecuencia, me ha sido
dado ver que cada sociedad del cielo refleja a un solo hombre.
En cierta sociedad, se introdujeron de manera subrepticia
algunos espíritus que diestramente simulaban ser ángeles de luz. Eran
hipócritas. Cuando éstos comenzaban a ser segregados de los ángeles,
pude ver que, al principio, la sociedad íntegra aparecía como
un solo cuerpo indistinto; luego, adquiría gradualmente forma humana;
aunque todavía de manera indistinta; configurándose por último en un
hombre con total nitidez. Quienes integraban y daban forma a ese
hombre eran los que vivían en el bien de esa sociedad; los otros, que
no integraban ni formaban parte de ese hombre, eran hipócritas;
estos últimos fueron expulsados, mientras que a los primeros se los
retuvo allí; así se efectuó un proceso de separación. Los
hipócritas son aquellos que hablan bien, e incluso proceden rectamente,
pero en todo lo que hacen reparan exclusivamente en su provecho
personal. Disertan como los ángeles acerca del Señor, el cielo,
el amor, y la vida celestial, y proceden también con rectitud,
de forma que aparentan ser lo que profesan. Pero piensan de otra
manera; no creen en nada; y a nadie desean el bien sino a
sí mismos. Hacen el bien sólo para su provecho personal, y
si benefician a otros es nada más que para guardar las
apariencias, y en consecuencia, por amor de sí mismos.
(69)
También me ha sido dado ver
que una sociedad angélica en su integridad, en laque
el Señor está presente de manera visible, aparece como
un solo hombre. Aparecía en lo alto hacia el oriente, algo
semejante a una nube, dotada de un albor que se tornaba rojo
y rodeada de pequeñas estrellas, que descendía; y en su
gradual descenso, resplandecía más y más, hasta aparecer por último
en una perfecta forma humana. Las pequeñas estrellas alrededor
de la nube eran ángeles, que así aparecían bajo la luz del
Señor.
(70)
Debe entenderse que aunque todos
los que constituyen una sociedad celestial al ser vistos juntos como
un solo ser son semejantes a un hombre; ninguna sociedad configura
un hombre idéntico a otro. Las sociedades se distinguen entre
sí como los rostros de distintos miembros de una familia, por
la razón mencionada más arriba (Nº 47); vale decir,
se distinguen según la variedad del bien en que viven,
el que a su vez determina su forma. Las sociedades del íntimo
cielo o cielo supremo; las que están en su centro, son las que
aparecen en forma humana más perfecta y más bella.
(71)
Es algo digno
de mencionarse, que cuanto mayor es el número de miembros
de una sociedad, y en la medida que componen una unidad, más perfecta
es su forma humana; pues la variedad dispuesta en forma
celestial es lo que constituye la perfección, según se ha
indicado más arriba (Nº 56), y la variedad surge de la
pluralidad. Por lo demás, toda sociedad del cielo incrementa
su número a diario, y a medida que incrementa se torna más
perfecta. Así, no sólo la sociedad se torna más perfecta, sino
el cielo en su conjunto, puesto que está constituido por sociedades. Y como
el cielo se perfecciona mediante el incremento numérico, salta a
la vista lo errados que están quienes suponen que el cielo puede
colmarse y ser clausurado; cuando lo cierto es lo contrario;
jamás puede clausurarse, pues cuanto mayor es su plenitud mayor es su
perfección. Y por eso, los ángeles desean por sobre todas las cosas que
nuevos ángeles huéspedes se alleguen a ellos.
(72)
Dada sociedad cuando aparece
como un todo es la efigie de un hombre, porque el cielo
en su conjunto es una efigie similar (según queda indicado en el
artículo anterior); por lo demás, en la forma más perfecta, que
es la forma del cielo, las partes se asemejan al todo,
y las formas mínimas a las máximas. Las formas menores y las
partes del cielo son las sociedades que lo constituyen, que también son
cielos en forma menor (ver Nº 51-58). Esta semejanza
es perpetua porque en los cielos el bien de todos
y cada uno proviene de un único amor, es decir, tiene
un único origen. Este único amor, origen del bien de todos los habitantes
de los cielos, es el amor al Señor que procede del
Señor. De ahí que todo el cielo en su aspecto general,
cada sociedad en un aspecto menos general, y cada ángel
en particular, sean símiles del Señor, según se ha indicado
más arriba (Nº 58).
(10)
Capítulo
X
POR TANTO, TODOS LOS ANGELES POSEEN UNA PERFECTA FORMA HUMANA
(73)
En los dos artículos precedentes se ha referido
que el cielo en En su conjunto, e igualmente cada sociedad
del cielo, reflejan a un solo hombre. De la secuencia de razones
allí expuestas, se sigue que lo mismo ocurre con cada ángel. Así como
el cielo es un hombre en forma máxima, cada sociedad lo es
en forma menor; y un ángel, en forma mínima. Porque en la
forma más perfecta, que es la forma del cielo, hay un símil del todo
en las partes y de las partes en el todo. Pues el cielo
es una comunión general, y todos comparten lo que allí hay, y
de esa comunión general recibe cada uno todo lo que tiene.
Y siendo un ángel un receptáculo, es un cielo en forma
mínima, según se ha indicado más arriba en el artículo
correspondiente. Y un hombre, en la medida en que reciba
el cielo; en esa medida es un receptáculo, un cielo y
un ángel (ver más arriba, Nº 57). Estas cosas se describen
en el Apocalipsis: Y midió su muro, (de la Santa Jerusalén)
ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual
es de ángel. (XXI. 17)
"Jerusalén" aquí significa la Iglesia de Señor, y en un sentido más eminente, el cielo; el "muro" denota la verdad, erigida contra los ataques de laf al- . sedad y del mal; "ciento cuarenta y cuatro" implica todo bien y toda verdad º en su conjunto; "medida" indica la naturaleza de una cosa; un "hombre" denota un ser en quien residen el bien y la verdad en general y en particular, es decir, en quien reside el cielo. Y puesto que a causa de ello un ángel es un hombre; se dice "de medida de hombre, la cual es de ángel". Este es el sentido espiritual de dichas palabras. Sin este sentido, ¿ cómo podría comprenderse que "el muro de la Santa Jerusalén" es "de medida de hombre, la cual es de ángel" ?
(74)
Consultemos ahora a
la experiencia. Los ángeles son formas humanas, o hombres,
y esto lo he podido observar miles de veces. He conversado
con ellos así como un hombre conversa con otro, en algunas ocasiones
con uno solo, en otras con muchos reunidos; y no he advertido
en su aspecto nada que difiera de la forma humana; y algunas
veces he llegado a admirarme de ello. Y para que
no pueda aducirse que se trata de meras ilusiones
o fantasías, me ha sido dado contemplar a los ángeles
en plena vigilia, hallándome en posesión de todos mis sentidos
corporales, y en un estado de lucidez perceptiva. Y a menudo les
he referido que en el orbe cristiano, los hombres se hallan
sumidos en un estado de tal ciega ignorancia, respecto a los
ángeles y a los espíritus; que dan en suponer que son mentes carentes
de forma, e incluso puros pensamientos, y la única noción que
poseen acerca de ellos, es que se trata de entes etéreos
dotados de cierta vitalidad. Y como no le adjudican a los
ángeles ninguna facultad humana excepto la intelectual, creen que carecen
de ojos y no ven, de oídos y no oyen; y que
al carecer de boca y lengua, tampoco hablan. A esto los
ángeles replicaron, que ellos saben que son muchos, en el mundo, los que
profesan esa creencia, y que cunde entre los eruditos; y para
su mayor asombro, incluso entre los clérigos. Y esto, afirman,
a causa de que los eruditos, encabezando a los otros, fraguaron
semejantes ideas acerca de los ángeles y los espíritus, concebidas
a partir de las percepciones sensoriales del hombre externo;
y quienes se guían por ellas para pensar, sin reparar en la luz
interior ni en las ideas generales implantadas en cada ser,
no pueden sino urdir semejantes nociones, pues las concepciones
sensoriales del hombre externo captan sólo aquello que pertenece a la naturaleza;
nada. que sobrepase a la naturaleza, y en consecuencia, nada
de lo referente al mundo espiritual. Y bajo la conducción
de dichos mentores, estas ideas falaces acerca de los ángeles
instigaron a otros que no pensaban por sí mismos a adoptar
las ideas de sus guías; y quienes toman inicialmente sus ideas
de otros y cimentan su fe en tales ideas, y las juzgan
luego según su propio intelecto, no desisten fácilmente
de ellas. Por consiguiente, la mayoría de las veces se contentan
con sólo ratificarlas. Por lo demás, dicen los ángeles, los simples
creyentes, los simples de corazón, no conciben semejantes ideas
acerca de los ángeles; piensan que éstos, son los hombres del cielo;
porque la instrucción no ha borrado en ellos lo que
el cielo ha implantado, ni son capaces de concebir nada
desprovisto de forma. Y es por eso que los ángeles en los
templos, ya sea entallados o pintados, tienen aspecto humano.
En cuanto a esta clarividencia celestial, afirman que es la Divinidad instilando a aquellos que gozan del bien de la fe y de la vida. angels-heaven.org
(75)
En base a mi experiencia,
que abarca muchos años, estoy en condiciones de afirmar
y aseverar que los ángeles poseen forma humana; tienen rostro, ojos,
oídos, cuerpo, brazos, manos y pies; que pueden verse y oírse entre
ellos, y comunicarse verbalmente; en una palabra poseen todas las
características humanas, la única diferencia es que no están
revestidos de cuerpos materiales. He podido verlos en su propia
luz, que excede en muchos grados a la luz del mediodía en el
mundo, y en esa luz sus rasgos pueden distinguirse con mucha más nitidez
que los rostros de los hombres en este mundo. También me ha sido
dado ver un ángel del íntimo cielo. Tenía un rostro más luminoso
y esplendente que el de los ángeles de los cielos inferiores.
Lo observé detenidamente, y poseía una forma humana supremamente
perfecta.
(76)
Pero debe tenerse muy
en cuenta, que un hombre no puede ver a un ángel con sus
ojos corporales, sino con los ojos de su espíritu, porque su espíritu
está en el mundo espiritual; y todo lo perteneciente
al cuerpo, se halla en el mundo natural. Lo similar ve a
lo similar, precisamente debido a su similitud. Por otra parte, como
el órgano corporal de la vista, que es el ojo, es tan craso
—y esto es algo que todo el mundo sabe—, que apenas si puede
observar las cosas más pequeñas de la naturaleza a través
de lentes de aumento; mucho menos, entonces, podrá ver aquello que
está por encima de la esfera de la naturaleza, y por tanto, nada
de lo perteneciente al mundo espiritual. No obstante, estas
cosas pueden ser vistas por el hombre, cuando se lo aparta de su
vista corporal, y se abren los ojos de su espíritu; y esto puede
acontecer en cualquier momento, y en forma instantánea, cuando le place
al Señor que así sea; y cuando acontece, el hombre cree
que aquello que ve, lo está viendo con los ojos de su cuerpo. Así
fueron vistos los ángeles por Abraham, Lot, Manoah, y los profetas;
y así, también, fue visto el Señor por sus discípulos después
de la resurrección; y del mismo modo he visto yo a los
ángeles. Y porque los profetas vieron de este modo se los llamó
"videntes", y se dijo que "sus ojos estaban abiertos"
(I Samuel. IX. 9; Números. XXIV. 3);y el hecho de que les
fuese dado verde tal modo fue designado como "abrir sus ojos", como aconteció
con el criado de Elíseo, sobre quien leemos:
Y oró Elíseo, y dijo: te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Elíseo. (II. Reyes VI. 17).
(77)
Espíritus probos, con los que
he hablado sobre el tema, manifestaron su honda pesadumbre ante
la ignorancia que embarga a la iglesia en lo concerniente
al estado del cielo, de los espíritus y los ángeles; e indignados
me instaron a que declarase que ellos no son mentes amorfas
o hálitos etéreos, sino hombres en efigie; y ven, oyen
y sienten, igual que los habitantes del mundo.
(11)
Capítulo
XI
LA DIVINIDAD DEL SEÑOR
ES LA QUE DETERMINA
QUE EL CIELO EN SU CONJUNTO
Y EN SUS PARTES POSEA FORMA HUMANA
(78)
Q ue la Divinidad Humana del Señor determina que el cielo en su conjunto y
en sus partes posea forma humana, puede concluirse de todo
lo que se ha expuesto en los artículos precedentes,
es decir: (I) Que el Dios del cielo es el Señor. (II) Que es la Divinidad del Señor la que crea el cielo. (III) Que el cielo está constituido por innumerables sociedades;
y cada sociedad es un cielo en forma menor, y cada ángel
en forma mínima. (IV) Que
el cielo en su conjunto refleja a un solo hombre. (V) Cada sociedad del cielo refleja a
un solo hombre. (VI) Por
tanto, todos los ángeles poseen una perfecta forma humana. De esto
se concluye, que al ser la Divinidad la que crea
el cielo, el cielo debe poseer necesariamente forma humana. Que esta
Divinidad es la Divinidad Humana del Señor, puede apreciarse
de manera aún más patente, en un compendio que ha sido
confeccionado con pasajes escogidos de Arcana Coelestia, y que
se añade como suplemento al final de este capítulo. Que
la Humanidad del Señor es Divina, y que es falso que
su Humanidad no es Divina, como creen quienes pertenecen a
la iglesia, también puede consultarse en los mencionados extractos,
y también en el capítulo referente al Señor, incluido
en La Nueva Jerusalén y su Doctrina Celestial, en la
última parte.
(79)
Que esto es cierto,
es algo que he comprobado de manera fehaciente a través
de una larga experiencia; a ella, me remitiré ahora. Todos los
ángeles que habitan el cielo, sólo perciben a la Divinidad en forma
humana, y lo que es más admirable, quienes habitan los cielos
supremos, no pueden siquiera pensar a la Divinidad en ninguna
otra forma. La necesidad de pensar de tal modo dimana del
influjo de la Divinidad, y también de la forma del cielo, pues
en armonía con ella sus pensamientos se difunden. Ya que todo
pensamiento de ángel se difunde en los cielos; y tos
ángeles posen inteligencia y sabiduría según el alcance de esa
difusión. Es por eso que todos los habitantes de los cielos reconocen
al Señor, puesto que la Divinidad Humana sólo existe
en El. No sólo he oído esto referido por los ángeles; cuando fui
elevado a la esfera interior del cielo, también me fue dado
percibirlo. De esto se desprende, que los ángeles más sabios, son los
que perciben más claramente esta verdad; y por eso el Señor
es visto por ellos; porque el Señor aparece bajo una forma
Divino Angélica, que es la forma humana, ante quienes reconocen a una
Divinidad visible y creen en ella, y no ante aquellos que creen
en una Divinidad invisible. Porque los primeros pueden ver
Su Divinidad, en cambio los otros, no pueden.
(80)
Cos ángeles no perciben una
Divinidad invisible; designan a ésta como Divinidad desprovista
de forma, y perciben una Divinidad visible que tiene forma humana,
y debido a ello suelen decir que sólo el Señor
es hombre, y que es por EL que ellos son hombres,
y que cada cual es hombre en la medida en que recibe
al Señor. Para ellos, recibir al Señor, significa
recibir el bien y la verdad que proceden de El, pues
el Señor mora en Su bien y en Su verdad, y llaman
a esto sabiduría e inteligencia. Dicen, que nadie ignora que
la inteligencia y la sabiduría hacen al hombre, y que
el rostro no es lo que hace al hombre. Que ello es así,
lo manifiesta la apariencia de los ángeles de los cielos
interiores; ellos, viven en el bien y la verdad del Señor, y
en la sabiduría e inteligencia consiguientes, y poseen una forma
humana de eminente belleza y perfección; mientras que los ángeles
de los cielos inferiores, poseen una forma humana menos perfecta
y menos bella. En cambio aquellos que moran en el Infierno a
la luz del cielo, casi no parecen hombres, parecen monstruos;
ya que no viven en el bien y en la verdad, sino en el
mal y en la mentira, y por tanto, en oposición a
la sabiduría y la inteligencia. Por eso es que su vida,
no se llama vida, se denomina muerte espiritual.
(81)
Debido a que el cielo
en su conjunto y en sus partes, por la Divinidad Humana del
Señor, refleja a un solo hombre, los ángeles dicen que viven
en el Señor, y algunos afirman que viven en Su cuerpo,
dando a entender por ello, que residen en el bien de Su amor
Y esto, el Señor mismo lo enseña, al decir:
Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí... Porque separados de mí nada podéis hacer... Permaneced en mi amor... Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor (Juan XV. 4-10).
(82)
Debido a que ésta es la percepción de la Divinidad en los cielos, le ha sido concedido a todo hombre que recibe algún
influjo del cielo, el concebir a Dios en forma humana. Así
lo concebían los Antiguos, y en la misma forma lo conciben los
modernos; tanto fuera como dentro de la iglesia. Los simples, en su
intelecto, lo ven como al Prístino en todo su esplendor.
Pero esta clarividencia se ha extinguido en aquellos que atentos sólo
a su propio juicio, o llevando una vida perversa, han rechazado
el influjo del cielo. En quienes esta clarividencia se ha
extinguido por atenerse exclusivamente a su juicio personal,
la concepción preferente es la de un Dios invisible; mientras
que aquellos que han extinguido esta clarividencia al llevar una vida
perversa, prefieren que Dios no exista. Pero ni uno ni otro
advierten que esta clarividencia existe, pues no la poseen; aun así, ella
es la Divinidad celestial, que procedente del cielo, fluye originalmente
en el hombre, pues el hombre ha nacido para el cielo,
y nadie puede ingresar en el cielo sin poseer una noción de la Divinidad.
(83)
Por ello, quien no posee
ninguna noción acerca del cielo, es decir, ninguna noción acerca de la Divinidad de la que el cielo procede, no puede ser elevado hasta
el umbral del cielo. Apenas un ser semejante se aproxima
al cielo, se percibe en él resistencia y una fuerte
repugnancia; y esto a causa de que su interioridad, que
debería ser receptiva del cielo, se cierra al no poseer la forma
del cielo, y de manera más hermética, cuanto más cerca se encuentra
del cielo. Tal es la suerte de aquellos que niegan
al Señor en el seno de la iglesia, y de los que,
como los socinianos, niegan Su Divinidad. La suerte de aquellos
que han nacido fuera de la iglesia, y que ignoran
al Señor puesto que no poseen la Palabra, será referida
más adelante.
(84)
Que los hombres de la antigüedad concebían a
la Divinidad en forma humana, consta en la manifestación
de la Divinidad ante Abraham, Lot, Josué, Gedeón, Manoa y su mujer,
y otros. Ellos vieron a Dios como hombre; lo adoraron, sin
embargo, como al Dios del universo, llamándolo a El Dios del cielo y
de la tierra, y Jehová. Que fue al Señor a quien vio
Abraham, El Mismo lo enseña en Juan (Vil. 56); y que
fue a El a quien vieron los demás, consta en Sus palabras:
También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto (Juan 1. 18, V. 37).
(85)
Que Dios es hombre
es algo escasamente comprensible para quienes todo lo juzgan según
las percepciones sensoriales del hombre externo, pues el hombre sensual,
sólo puede pensar en la Divinidad a partir de las cosas del
mundo, y concibe a un hombre Divino y espiritual como hombre
corporal y natural. Y de esto concluye que si Dios fuese
un hombre, poseería el tamaño del universo; y que en caso
de regir el cielo y la tierra, lo haría por intermedio de otros,
al modo de los reyes en el mundo. Y si alguien
le dijera, que en el cielo no hay extensión de espacio como
en el mundo, sería incapaz de comprenderlo. Ya que aquel que
piensa basándose exclusivamente en la naturaleza y su luz,
necesariamente debe pensar en base a la extensión que aparece ante
sus ojos. Pero se equivoca en demasía quien piensa de ese modo
acerca del cielo. Allí la extensión no es como la extensión
en el mundo. En el mundo la extensión es determinada y, por
tanto, mensurable; en cambio en el cielo no es determinada y,
por tanto, es inmensurable. El tema de la extensión en el
cielo será tratado más adelante cuando examinemos el espacio y
el tiempo en el mundo espiritual. Por lo demás, todo
el mundo sabe que la vista se proyecta hacia lo remoto,
esto es, hacia el sol y las estrellas, que son tan lejanas;
y quienquiera que medite con alguna profundidad sobre el tema, sabe
que el alcance de la vista interna, que es mental,
es mayor, y que el alcance de una vista más interior, debe
ser mayor todavía. ¿ Qué podrá entonces decirse de la vista
Divina, que es la más íntima y suprema de todas ?
Y debido a que los pensamientos poseen semejante alcance, todas las
cosas del cielo se comunican entre sus miembros, y lo mismo ocurre
con todo lo perteneciente a la Divinidad, que constituye
el cielo y su plenitud, como se ha indicado en los
artículos precedentes.
(86)
Los habitantes del cielo
se maravillan de que ciertos hombres puedan considerarse
inteligentes, y que al pensar acerca de Dios, piensen sobre algo
invisible, es decir, sobre una cosa inconcebible, carente de forma,
y motejen de no inteligentes y simples a los que piensan
de otra manera, cuando la verdad es diametralmente opuesta.
Y agregan, "sería conveniente que aquellos-que se consideran inteligentes,
se examinen a sí mismos; y se pregunten, si acaso
no consideran a la naturaleza como Dios; algunos, a
la naturaleza que aparece ante sus ojos; otros, a la naturaleza que
no es visible; y si acaso no son tan ciegos que ignoran qué cosa
es Dios, qué es un ángel, qué un espíritu, qué cosa es su
alma que ha de vivir después de la muerte, qué es la vida del
cielo en el hombre, y muchas otras cosas que constituyen
al intelecto. En cambio aquellos a quienes llaman simples, saben
todas estas cosas a su manera; acerca de su Dios, piensan que
El es la Divinidad en forma humana, que un ángel es un
hombre celestial, que su alma que ha de vivir después de la
muerte es como un ángel, y que la vida del cielo en el
hombre consiste en vivir según los preceptos Divinos". A estos
últimos, los ángeles los consideran inteligentes y aptos para
el cielo, pero a los otros, los califican de no inteligentes.
(AC)
Extractos
de Arcana Coelestia
referentes al Señor
y a su Divinidad Humana
La Divinidad residía en el Señor desde su concepción misma (Nº 4. 641, 4963, 5041, 5157, 6716, 10125).
Sólo el Señor tuvo simiente Divina (Nº 1438).
Su alma era Jehová (Nº 1999, 2004, 2005, 2018, 2025)
De modo que lo más íntimo era la Divinidad misma, mientras que lo externo provenía de la madre (Nº 5041).
La Divinidad Misma era el Ser (esse) de la vida del Señor, y de allí surgió después Su Humanidad, deviniendo la Existencia (existiere) de ese Ser (esse) (Nº 3194, 3210, 10269, 10738)
En el seno de la iglesia, donde reside la Palabra mediante la cual seconoce al Señor, La Divinidad del Señor no debería ser negada, y tampoco el Espíritu Santo que procede de El (Nº 2359)
Quienes en el seno de la iglesia no reconocen al Señor, no se hallan enconjunción con la Divinidad. ; el caso es distinto con aquellos que nopertenecen a la iglesia (Nº 10205)
Hace a la esencia de la iglesia el reconocer la Divinidad del Señor y SuUnión con el Padre (Nº 10083, 10112, 10370, 10738, 10816, 10820).
Se hace referencia a la glorificación del Señor en numerosos pasajesde la Palabra (Nº 2249, 2523, 3245).
El Señor glorificó Su Humanidad, mas no Su Divinidad; pues ésta yaestaba glorificada en Sí misma (Nº 10057)
El Señor vino al mundo para glorificar Su Humanidad (Nº 3637, 4287, 9315)
El Señor glorificó Su Humanidad mediante el Amor Divino que residíaen El desde su concepción (Nº 4727)
La vida del Señor en el mundo consistió en Su amor hacia el género humano (Nº 2253)
El amor del Señor trasciende el entendimiento humano (Nº 2077)
El Señor salvó al género humano glorificando Su Humanidad (Nº 4180, 10019, 10152, 10659, 10828)
De no ser así, la raza humana hubiese perecido eternamente (Nº 1676)
El estado de glorificación, y el estado de humillación del Señor(Nº 1785, 1999, 2159, 6866)
En lo referente al Señor, la glorificación es la unión de Su Humanidadcon Su Divinidad (Nº 1603, 10053, 10828)
Desde la eternidad, el Hijo de Dios era la Verdad Divina en el cielo (Nº 2628, 2798, 2803, 3195, 3704)
Cuando el Señor estuvo en el mundo, transfiguró Su Humanidad en Verdad Divina, a partir del bien Divino que residía en El (Nº 2803, 3194, 3195, 3210, 6716, 6864, 7014, 7499, 8127, 8724, 9199)
El Señor dispuso todas las cosas en Sí mismo en una forma celestial, que concuerda con la Verdad Divina (Nº 1928, 3633)
Por eso el Señor fue llamado el Verbo, que es la Verdad Divina (Nº 2533, 2813, 2859, 2894, 3393, 3712)
Sólo el Señor tuvo percepción y pensamiento por Sí Mismo, y esto porencima de toda percepción y pensamiento angélicos (Nº 1904, 1914, 1919)
El Señor unió la Verdad Divina, que El Mismo era, con el Bien Divinoque residía en El (Nº 10047, 10052, 10076)
Esta unión fue recíproca (Nº 2004, 10067)
Al partir del mundo, el Señor también transformó su Humanidad en bienDivino (Nº 3994, 3210, 6864, 7499, 8724, 9199, 10076)
Esto es lo que significa que El procede del Padre, y que al Padre retorna (Nº 3194, 3210, 6864, 7499, 8724, 9199, 10076)
Así; devino un solo ser con el Padre (Nº 2751, 3704, 4766)
A partir de esa unión la verdad Divina procede del Señor (Nº 3704, 3712, 3969, 4577, 5074, 7499, 8127, 8241, 9199, 9398)
El modo en que procede la verdad Divina, ilustrado (Nº 7270, 9407)
El Señor unió Su Humanidad con Su Divinidad por Su propia potestad(Nº 1616, 1749, 1752, 1813, 1921, 2025, 2026, 2523, 3141, 5005, 5045, 6716)
Esto pone de manifiesto que la Humanidad del Señor no era semejante a la humanidad de cualquier otro hombre, puesto que fue concebido por la Divinidad Misma (Nº 10125, 10825, 10826)
Su unión con el Padre, de quien procedía Su alma, fue distinta a la u-nión entre dos personas, fue una unión semejante a la del alma con elcuerpo (Nº 3737, 10824)
Los más antiguos pueblos no podían adorar al Ser Divino, sólo podíanadorar a la Existencia Divina, que es la Divinidad Humana; por tanto, elSeñor vino al mundo para devenir Existencia (existiere) Divina procedente de el Ser (esse) Divino (Nº 4687, 5321)
Los antiguos reconocían a la Divinidad puesto que aparecía ante ellosen forma humana, y ésta era la Divinidad Humana (Nº 5110, 5663, 6845, 10737)
El Ser (esse) infinito fluye en el cielo, en los ángeles y en los hombres, solamente a través de la Divinidad Humana (Nº 1676, 1990, 2016, 2034)
La única Divinidad que se percibe en el cielo es la Divinidad Humana(Nº 6745, 9303, 10067, 10267)
La Divinidad Humana, desde la eternidad, era la verdad Divina en el cielo, y la Divinidad atravesando el cielo; es decir, que era la Existencia (existere) Divina que luego en el Señor se convirtió en el Ser Divino (es-se) per se, del cual procede la Existencia Divina en el cielo (Nº 3061, 6280, 6880, 10579)
El estado del cielo antes de la venida del Señor (Nº 6371 -6373)
La Divinidad sólo se hizo perceptible al pasar a través del cielo (Nº 6982, 6996, 7004)
Todos los habitantes de la tierra adoran a la Divinidad en forma humana, es decir, al Señor (Nº 6700, 8541-8547, 10736-10738)
Se regocijan al oír que Dios verdaderamente se hizo Hombre (Nº 9361)
Todos los que viven en el bien y adoran a la Divinidad en forma humana, son recibidos por el Señor (Nº 9359)
Dios no puede ser pensado según otra forma que la humana; ni puedeconcebirse idea alguna acerca de aquello que es incomprensible, tampoco es posible creer en ello (Nº 9359, 9972)
El hombre puede adorar aquello acerca de lo cual posee alguna noción, pero no puede adorar lo inconcebible (Nº 4733, 5110, 5663, 7211, 9356, 10067, 10267)
Por tanto, la Divinidad es adorada en forma humana por la mayoría delos habitantes del orbe, y esto se debe al influjo del cielo (Nº 10159).
Todos aquellos que viven en el bien, al pensar en el Señor, piensan enla Divinidad Humana, y no en Su Humanidad aparte de Su Divinidad;no sucede lo mismo con aquellos que no viven en el bien (Nº 2326, 4724, 4731, 4766, 8878, 9193, 9198)
Aquellos que pertenecen ala iglesia en nuestros días, y viven en el mal, y aquellos que tienen fe pero no tienen caridad, piensan acerca de laHumanidad del Señor aparte de Su Divinidad, y ni siquiera comprendenqué es la Divinidad Humana; porqué no lo comprenden (Nº 3212, 3241, 4689, 4692, 4724, 4731, 5321, 6782, 8878, 9193, 9198)
La Humanidad del Señor es Divina porque procede del Ser (esse) delPadre, y éste era Su alma, - ilustrado mediante el símil del padre en loshijos (Nº 10269, 10372, 10823)
Y también porque procedía del Amor Divino, que fue el Ser de Su vidadesde la concepción (Nº 6872)
Todo hombre es como es su amor, y es su amor (Nº 6872, 10177, 10284)
El Señor divinizó todo lo perteneciente a Su Humanidad, en lo internoy en lo externo (Nº 1603, 1815, 1902, 1926, 2083, 2093)
Por eso, a diferencia de cualquier otro hombre, El resucitó en su cuerpo (Nº 1729, 2083, 5078, 10825)
Que la Humanidad del Señor es Divina, lo testimonia Su omnipresen-cia en la Santa Cena (Nº 2343, 2359)
Y también Su transfiguración ante Sus tres discípulos (Nº 3212)
Hay constancia de ello en la Palabra del Antiguo Testamento, donde Eles llamado Dios (Nº 10514);y es llamado Jehová (Nº 1603, 1736, 1815, 1902, 2921, 3035, 5110, 6281, 6303, 8864, 9194, 9315)
En el sentido literal de la Palabra, se hace una distinción entre el Padre y el Hijo; es decir, entre Jehová y el Señor, que no se verifica en elsentido interno de la Palabra, en el cual viven los ángeles del cielo (Nº 3035)
En el orbe cristiano, se ha divulgado la noción deque la Humanidad delSeñor no es Divina; esto se promulgó en un concilio y en beneficio delpapa, para que fuese así reconocido como vicario del Señor (Nº 4738)
Ciertos cristianos fueron examinados en el otro mundo respecto a lanoción que poseían acerca de un solo Dios, y pudo comprobarse quese aferraban a la noción de una trinidad de dioses (Nº 2329, 5256, 10736-10738, 10821)
Una trinidad Divina o una trinidad en una persona, constituyendo un solo Dios, es concebible; pero en tres personas, es inconcebible (Nº 10738, 10821, 10824)
En el cielo se reconoce una Divina Trinidad en el Señor (Nº 14, 15, 1729, 2004, 5256, 9303)
La Trinidad en el Señor es la Divinidad Misma, llamada Padre; la Divinidad Humana, llamada Hijo; y la Divinidad procedente, llamada Espíritu Santo, y esta Divina Trinidad es Una (Nº 2149, 2156, 2288, 2319, 2329, 2447, 3704, 6993, 7182, 10738, 10822, 10823)
El Señor Mismo enseña que el Padre y El son Una sola persona (Nº 1729, 2004, 2005, 2010, 2025, 2751, 3704, 3736, 4766); y también quela Sagrada Divinidad procede de El y reside en El (Nº 3969, 4673, 6788, 6S93, 7499, 8127, 8302, 9199, 9228, 9229, 9264, 9407, 9818, 9820, 10330)
La Divinidad Humana fluye en el cielo y crea el cielo (Nº 3038)
El Señor es la plenitud y la vida del cielo (Nº 7211, 9128)
El Señor habita en los ángeles en lo que es Suyo (Nº 9338, 10125, 10151, 10157)
Por consiguiente, quienes habitan el cielo residen en el Señor, (Nº 3637, 3638)
La conjunción del Señor con los ángeles se mide por el bien del amory la caridad que reciben de El (Nº 904, 4198, 4205, 4211, 4220, 6280, 6832, 9683, 10106, 10810)
El cielo en su conjunto depende del Señor (Nº 551, 552)
El Señor es el centro general del cielo (Nº 3633, 3641)
Todos les habitantes del cielo vuelven su rostro hacia el Señor, que está sobre los cielos (Nº 9828, 10130, 10189)
Pero los ángeles no miran de frente al Señor por sí mismos, es el Señor quien los vuelve hacia El (Nº 10819)
No hay una presencia de los ángeles en el Señor, hay una presenciadel Señor en los ángeles (Nº 9419).
En el cielo no hay una conjunción con la Divinidad Misma, sino una conjunción con la Divinidad Humana (Nº 4211, 4724, 5663) El cielo corresponde a la Divinidad Humana del Señor; por consiguiente, el cielo ensu conjunto es semejante a un solo hombre; por eso, se llama al cieloHombre Máximo (Nº 2996. 2998, 3624-3649, 3741-3745, 4625)
El Señor es el Único Hombre, y solo son hombres quienes reciben la Divinidad de El (Nº 1894)
Según su receptividad, son hombres e imágenes de El (Nº 8547)Por consiguiente, los ángeles son formas de amor y caridad en formahumana, y esto emana del Señor (Nº 3804, 4735, 4797, 4985, 5>99, 5530, 9879, 10177)
El cielo en su totalidad, es del Señor (Nº 2751, 7086)
El tiene potestad en los cielos y en la tierra (Nº 1607, 10089, 10827)
Del mismo modo que el Señor rige los cielos, rige también todas las cosas de los cielos, y todas las de la tierra (Nº 2025, 2026, 4523, 4524)
Sólo el Señor tiene la potestad de extirpar los infiernos, refrenar el mal, y sustentar el bien; vale decir, de salvar (Nº 10019).
(12)
Capítulo
XII
HAY UNA CORRESPONDENCIA
ENTRE TODAS LAS COSAS DEL CIELO
Y TODAS LAS COSAS DEL HOMBRE.
(87)
En nuestros días,
se desconoce el significado de las correspondencias, y esto
por varias razones; la principal de ellas, es que el hombre
se ha apartado del cielo, incitado por el amor de sí mismo y el amor
del mundo. Pues aquel que se ama a sí mismo y al mundo por sobre
todas las cosas, repara exclusivamente en las cosas mundanas, ya que
éstas excitan los sentidos externos y brindan satisfacción a los
deseos naturales; y ni se cuida de las cosas espirituales, porque
éstas excitan los sentidos internos y brindan satisfacción a
la mente; por consiguiente, las desecha, aseverando que están más allá
de su comprensión. No sucedía esto entre los antiguos. Para ellos,
la ciencia de las correspondencias era la ciencia primordial.
Por medio de ella adquirían inteligencia y sabiduría; y por
medio de ella, los miembros de la iglesia se comunicaban con
el cielo; porque la ciencia de las correspondencias es una
ciencia angélica. Los más antiguos pueblos, cuyos miembros eran hombres
celestiales, concebían sus pensamientos a partir de las
correspondencias, igual que los ángeles. Y por ende, hablaban con los
ángeles, y con frecuencia el Señor aparecía ante ellos,
y los instruía. Pero en nuestros días, el conocimiento de esta
ciencia se ha perdido por completo, de modo que nadie sabe
en qué consisten las correspondencias.
(88)
Y si no se percibe
en qué consisten las correspondencias, no es posible poseer una clara
noción acerca del mundo espiritual y de su influjo en el mundo
natural, ni comprender la relación entre lo espiritual y
lo natural, ni poseer un conocimiento cierto sobre
el espíritu del hombre, al que se llama alma, y
su operación en el cuerpo humano; en fin. nada puede saberse
acerca del estado del hombre después de la muerte. Es menester, por
tanto, explicar en qué consisten las correspondencias, y cuál
es su naturaleza. Y esto servirá de introducción a lo que
se dirá más adelante. ashtar-sheran.org
(89)
Veamos, en primer lugar,
en qué consisten las correspondencias. Hay una correspondencia entre
el mundo natural en su conjunto, y el mundo espiritual;
y esta correspondencia no se refiere solamente al mundo natural
en general, también se verifica en cada detalle
en particular. En consecuencia, todo lo que existe en el
mundo natural; teniendo su origen en el mundo espiritual,
se llama correspondencia. Debe entenderse que el mundo natural
proviene y obtiene subsistencia del mundo espiritual, igual que
un efecto de su causa eficiente. Se llama mundo natural,
a todo lo que se extiende bajo el sol, recibiendo
su calor y su luz; y todas las cosas que de tal modo
subsisten, pertenecen a dicho mundo. Pero el mundo espiritual
es el cielo; y todas las cosas que hay en los cielos, pertenecen
a ese mundo.
(90)
Puesto que el hombre
es un cielo y un mundo en forma mínima, según la imagen del
Hombre Máximo (ver arriba, Nº 57) hay en él un mundo
espiritual y un mundo natural. Las cosas interiores pertenecientes a
su mente, relativas a su entendimiento y voluntad, conforman
su mundo espiritual; y las cosas exteriores pertenecientes a
su cuerpo, relativas a sus sentidos y su operación, constituyen
su mundo natural. Por consiguiente, todas las cosas pertenecientes a
su mundo natural (es decir, a su cuerpo, y a sus sentidos y
su operación), que derivan su existencia del mundo espiritual
(es decir, de su mente, y de su entendimiento y voluntad)
se llaman Correspondencias.
(91)
En el rostro humano,
es posible apreciaren qué consisten las correspondencias. En un rostro
que no ha sido adiestrado para simular, todos los afectos de la mente
aparecen a la vista en forma natural; como en efigie. Y
es por eso que se dice que el rostro es el índex del alma;
es decir, es el mundo espiritual del hombre representado en su
mundo natural. De modo similar, lo concerniente a su intelecto
se manifiesta en el habla; y lo concerniente a su voluntad,
en los ademanes. De manera que todo lo que ejecuta
el cuerpo; ya sea en et rostro, en el habla, o en los
ademanes, se denomina correspondencia.
(92)
Lo dicho, sirve también para
ilustrar qué es el hombre interno, y qué el externo;
el interno, es el llamado hombre espiritual; y el externo,
es el llamado hombre natural; lo que pone además de manifiesto,
que uno se distingue del otro como el cielo del mundo; y que
todo lo que sucede y existe en el hombre externo o natural,
proviene del hombre Interno o espiritual.
(93)
Lo dicho hasta aquí, concierne a
la correspondencia del hombre interno o espiritual, con
el externo o natural; referiremos ahora la correspondencia del
cielo en su conjunto, con todo lo perteneciente al hombre.
(94)
De acuerdo con lo expuesto,
el cielo en su conjunto refleja a un solo hombre, y es la
imagen de un hombre; y por consiguiente, se lo llama Hombre
Máximo. Y según lo expuesto, también, las sociedades angélicas, que
conforman el cielo, están ordenadas como los miembros, órganos
y vísceras en el hombre; vale decir, algunas están situadas
en la cabeza, otras en los brazos y otras en cada partícula
del cuerpo (ver arriba, Nº 59-72); en consecuencia, las
sociedades que allí componen un miembro, tienen su correspondencia
en un miembro similar en el hombre; las que están situadas en la
cabeza, corresponden a la cabeza del hombre; las que ocupan los brazos,
a los brazos del hombre; y así sucesivamente. De esta
correspondencia procede la subsistencia del hombre, pues
la subsistencia del hombre deriva exclusivamente del cielo.
(95)
El cielo se distingue
en dos reinos, uno de ellos se llama reino celestial, y
el otro reino espiritual, lo cual puede verificarse más arriba
en el artículo respectivo. En un sentido genérico, el reino
celestial corresponde al corazón y a todo lo relativo
al corazón en todo el cuerpo; y el reino espiritual,
a los pulmones y a todo lo relativo a los pulmones
en todo el cuerpo. Asimismo en el hombre, el corazón
y los pulmones conforman dos reinos; el corazón reina por intermedio
de las arterias y las venas, y los pulmones por medio
de las fibras nerviosas y motoras; ambos de consuno en cada
esfuerzo y en cada acto. Así, en todo hombre, en su mundo
espiritual, designado su hombre espiritual, también hay dos reinos; uno
es la voluntad, y el otro el intelecto; la voluntad reina
por medio de los afectos del bien, y el intelecto por medio
de los afectos de la verdad, y estos reinos corresponden
a los reinos del corazón y los pulmones en el cuerpo. Acontece
lo mismo en los cielos; el reino celestial es la voluntad
del cielo, y allí reina el bien del amor; el reino espiritual
es el intelecto del cielo, y allí reina la verdad. Ambos corresponden
a las funciones del corazón y los pulmones en el hombre. Debido
a esta correspondencia, en la Palabra el "corazón" significa la volutad y
el bien del amor, y el "aliento" de los pulmones
significa el intelecto y la verdad de la fe. Por la misma
razón, los afectos se adscriben al corazón, aunque no habiten
en él, ni procedan de él.
(96)
La correspondencia de los
dos reinos del cielo con el corazón y los pulmones, es la
correspondencia general entre el cielo y el hombre. Hay una
correspondencia menos general, que se verifica entre sus miembros, órganos
y vísceras; explicaremos, también, en qué consiste. En el Hombre
Máximo, que es el cielo, los que están en la cabeza superan
a los demás en toda variedad de bien; viven en el amor,
la paz, la inocencia, la sabiduría, la inteligencia, y
el júbilo y la dicha consiguientes. Estos afluyen a la cabeza
del hombre y sus partes respectivas, y se hallan
en correspondencia con ellas. En el Hombre Máximo, o cielo,
quienes habitan el pecho, viven en el bien de la caridad y la fe,
éstos afluyen al pecho del hombre, y se hallan
en correspondencia con él. En el Hombre Máximo, o cielo,
aquellos que habitan la región lumbar, y los órganos genitales, viven
en el amor conyugal. Los que moran en los pies, viven en el bien
más inferior del cielo, que se denomina bien natural espiritual. Los que
habitan los brazos y las manos, viven en el poder de la verdad
del bien. Los que habitan los ojos, viven en el intelecto. Quienes moran
en los oídos, viven en atención y obediencia. Aquellos que están
en las fosas nasales, viven en la percepción; los que residen
en la boca y en la lengua, viven en la elocuencia del intelecto
y la percepción. Quienes habitan la región renal, viven
en verdades escrutadoras, segregando y corrigiendo; y aquellos
que moran en la región hepática, en el páncreas, y en el bazo,
viven en diversos tipos de purificaciones del bien y la verdad;
y así sucesivamente. Todos ellos afluyen a sus símiles en el
hombre, y se hallan en correspondencia con ellos. Este influjo del
cielo opera en las funciones y usos de los miembros corporales;
y los usos, ya que proceden del mundo espiritual, asumen formas tales
como las que existen en el mundo natural, y de esta manera
se manifiestan en efecto. Así se origina
la correspondencia.
(97)
Por ello, estos mismos miembros, órganos y vísceras, poseen una
significación similar en la Palabra; y todo lo que allí
se expresa, posee un sentido determinado por las correspondencias.
"Cabeza", significa inteligencia y sabiduría; "pecho",
caridad; "lomos", amor conyugal; "brazos y manos"
la potencia de la verdad; "pies", el nivel natural;
"ojos", el intelecto; "nariz", la percepción;
"oídos", la obediencia; "riñones",
el escrutar de la verdad; y así de lo demás. Por
la misma razón, también, en el lenguaje cotidiano, cuando
un hombre es inteligente y sapiente, se dice que tiene una
buena cabeza; cuando es caritativo, que tiene un pecho fraterno;
cuando es perceptivo, que tiene buen olfato; si es inteligente, que
tiene vista penetrante; si es poderoso, que tiene mano firme; y
de aquel que persevera por amor, que hace lo que le dicta
el corazón. Estas y muchas otras expresiones habituales derivan
de las correspondencias; y aunque el hombre lo ignore,
proceden del mundo espiritual.
(98)
Que existe tal correspondencia
entre todas las cosas del cielo y todas las cosas del hombre, es algo
que he podido verificar a través de una dilatada experiencia,
de modo que estoy plenamente convencido de ello, como ante
un hecho evidente que no admite la menor duda. Ni es necesario
referir aquí detalladamente esa experiencia; ni lo consentiría
su abundancia. Su exposición se incluye en Arcana
Coelestia; donde también se examina el tema de las
correspondencias y las representaciones, el influjo del mundo
espiritual en el natural, y la conexión entre el alma y
el cuerpo.
(99)
A pesar de que todas las
cosas que conforman el cuerpo humano corresponden a todas las cosas
del cielo; el hombre, no es una imagen del cielo según su forma
externa, sino según su forma interna; ya que es la interioridad
del hombre la que recibe el cielo, en tanto que
su exterioridad es receptiva del mundo. Por consiguiente, en la
medida en que su interioridad es receptiva del cielo; en la
misma medida, es el hombre un cielo en forma mínima, según la imagen
del máximo. Si, en cambio, su interioridad no es receptiva del
cielo; entonces, no es el hombre un cielo y una imagen del
máximo; aunque su exterioridad, que es receptiva del mundo, asuma una
forma de matizada belleza en armonía con el orden del mundo.
Pues la belleza externa del cuerpo, procede de los padres y
se forma en el útero, y luego se conserva mediante
el influjo general del mundo. Por eso la forma natural de un
hombre difiere notablemente de su forma espiritual. Me ha sido dado
ver con frecuencia cuál es la forma del espíritu del hombre; y en algunos
de aspecto bello y encantador, el espíritu era tan
ostensiblemente deforme, negro y monstruoso, que bien podría denominarse
imagen del infierno, que no del cielo. En cambio en otros, que
no poseían bello aspecto, el espíritu aparecía bellamente formado,
candoroso y angélico. Por lo demás, después de la muerte,
el espíritu del hombre aparece tal como fue en su cuerpo, cuando
vivía en el mundo.
(100)
Pero las correspondencias
se extienden mucho más allá del hombre; ya que hay una
correspondencia de los cielos entre sí. Al tercero o íntimo
cielo corresponde el segundo o cielo intermedio, al segundo
o cielo intermedio corresponde el primero o cielo externo,
y éste corresponde a las formas corporales del hombre denominadas
miembros, órganos y vísceras. Por consiguiente, el cielo concluye
en la parte corporal del hombre, sobre la cual se levanta como
sobre su base. Este arcano será plenamente elucidado más adelante.
(101)
Ante todo, debe comprenderse que
las correspondencias con el cielo, en su integridad, están referidas
a la Divinidad Humana del Señor, puesto que el cielo procede
de El, y el cielo es El, según se ha indicado en los
artículos anteriores. Ya que si la Divinidad Humana no fluyese en todas las cosas del cielo y , de acuerdo
con las correspondencias, en todas las cosas del mundo; no existirían
los ángeles, ni existirían los hombres. Lo que también pone
de manifiesto porqué el Señor se hizo Hombre, revistiendo
de Humanidad Su Divinidad; de principio a fin. Y así
fue, pues la Divinidad Humana, por la que existió el cielo aun
antes del advenimiento del Señor, ya no bastaba para sustentar
todas las cosas; porque el hombre, que es el fundamento de los
cielos, había subvertido y destruido el orden. Qué era la Divinidad
Humana antes del advenimiento del Señor, y cuál era entonces
el estado del cielo, puede consultarse en los pasajes seleccionados
anexos al capítulo anterior.
(102)
Los ángeles quedan estupefactos
cuando oyen que hay hombres que adscriben todas las cosas a la naturaleza
y nada a la Divinidad, y que creen, además, que su cuerpo,
en el que se fusionan tantas maravillas de los cielos,
es un mero producto de la naturaleza. Y su estupefacción
es todavía mayor, cuando se enteran que aquéllos, también creen que
la facultad racional del hombre dimana de la naturaleza. Cuando con
sólo meditar un poco la cuestión, podrían advertir que tales efectos,
no proceden de la naturaleza, sino de la Divinidad; y que la naturaleza ha sido creada para revestir a
lo espiritual, y manifestarlo en una forma correspondiente
en la esfera más externa del orden. A semejantes hombres, los
comparan con las aves nocturnas, que ven en las tinieblas, pero
no ven en la luz.
(13)
Capítulo
XIII
HAY UNA CORRESPONDENCIA
ENTRE EL CIELO Y TODAS
LAS COSAS DE LA TIERRA
(103)
En el artículo precedente,
se ha explicado qué son las correspondencias, y se ha expuesto
también, que todas y cada una de las cosas del cuerpo animal son
correspondencias. A continuación, se pondrá de manifiesto que
todas las cosas de la tierra, y en general todas las que pueblan
el universo, son correspondencias.
(104)
Todo lo que hay sobre
la tierra, se distingue en tres géneros, llamados reinos;
el reino animal, el reino vegetal y el reino mineral. Las cosas
del reino animal son correspondencias de primer grado, porque
viven; las del reino vegetal son correspondencias de segundo grado, ya que
solamente crecen; y las del reino mineral son correspondencias
de tercer grado, puesto que ni viven ni crecen. Las
correspondencias en el reino animal son criaturas vivientes
de diversos géneros, tanto aquellas que andan y reptan sobre
la tierra, como aquellas que vuelan en el aire; a las que
no es necesario enumerar, pues son bien conocidas. Las correspondencias
en el reino vegetal son todas las cosas que crecen y florecen en los
huertos, selvas, praderas y campos; a las que tampoco
es necesario enumerar, por ser bien conocidas. Las correspondencias
en el reino mineral son metales nobles e innobles, piedras preciosas
y no preciosas, tierras de diversos géneros, y también las aguas.
Además de éstas, las cosas elaboradas por la industria del hombre
para su uso también son correspondencias; como ser todo género
de alimento, vestimentas, viviendas, y muchas otras cosas.
(105)
T odas las cosas que están por
encima de la tierra; como ser el sol, la luna y las
estrellas; y las que se hallan en la atmósfera, como las nubes,
la niebla, la lluvia, los relámpagos y los truenos, también son
correspondencias. Todas las cosas que proceden del sol; de su presencia y
de su ausencia, como la luz y la sombra, el calor y
el frío, también son correspondencias; igual que las cosas sucesivas que
proceden de éstas, como las estaciones del año, la primavera,
el verano, el otoño y el invierno; y las horas del
día, la mañana, el mediodía, el crepúsculo y la noche.
(106)
E n una palabra, todas las
cosas que existen en la naturaleza, desde las mínimas hasta las máximas,
son correspondencias. Y son correspondencias, porque el mundo natural
y todo lo que encierra derivan su existencia del mundo
espiritual, y por él subsisten, y ambos mundos proceden de la Divinidad. Se dice también que subsisten, porque todo subsiste en virtud
de aquello por lo cual existe, y la subsistencia es una
existencia perpetua; y también porque no hay cosa que subsista por
sí misma, sino en virtud de aquello que es anterior; por
consiguiente, en virtud de un Principio; y aparte de éste,
se extingue y se desvanece.
(107)
Todas las cosas que existen
y subsisten en la naturaleza de acuerdo con el orden Divino
son correspondencias. El orden Divino tiene su origen en el bien
Divino que procede del Señor. En El comienza, y de El procede,
atravesando los cielos en forma sucesiva hacia el mundo, y en su
plano exterior termina; y todas las cosas que hay allí que concuerdan con
dicho orden, son correspondencias. Y concuerdan con el orden todas
las cosas que hay allí que son buenas y perfectas para el uso, pues
todo lo bueno es bueno según su uso; y su forma deriva
de la verdad, y la verdad no esotra cosa que la forma del
bien. De ahí que todas las cosas del universo y del mundo natural que
concuerdan con el orden Divino, estén referidas al bien y
la verdad.
(108)
Que todas las cosas que hay en el mundo derivan su existencia
de la Divinidad, y se hallan adecuadamente revestidas en la
naturaleza para poder existir y desempeñar un uso y, por
tanto, corresponder, es algo que se manifiesta en la admirable
variedad de cosas que pueblan el reino animal y el reino
vegetal. En ambos hay cosas, que cualquier persona capaz
de reflexionar con alguna profundidad puede percibir que proceden del
cielo. Entre una variedad innumerable de cosas, pueden citarse unas pocas,
a modo de ilustración; y en primer lugar, algunas del reino
animal. Muchos habrán reparado en los conocimientos prácticamente
inherentes a todo animal. Las abejas saben producir miel con el jugo
que extraen de las flores; labrar con la cera celdillas para
almacenar la miel, y procurar así alimento para ellas y
su familia, abasteciéndose incluso para el futuro invierno. Para que
nazca una nueva generación, su reina pone huevos, y las demás abejas
los cuidan y protegen. Viven bajo una suerte de forma
de gobierno que todas conocen por instinto. Preservan a las abejas
laboriosas y expulsan a los zánganos, despojándolos de sus alas;
sin contar muchas otras maravillas, implantadas en ellas desde
el cielo para su uso apropiado; su cera sirve al género
humano para fabricar velas, su miel para agregar dulzor a los
alimentos. ¿ Y quién no ha observado las maravillas que
deparan los gusanos, las más viles criaturas del reino animal ? Saben
procurar su alimento succionando el jugo de las hojas;
y luego, en el tiempo señalado, saben cómo revestirse con
un tegumento, ingresando prácticamente en un útero, e incubar allí
su progenie. Algunos se transfiguran inicialmente en ninfas
o crisálidas, y producen un hilo con el que
se recubren; y después que han consumado su labor, reaparecen
exornadas con un nuevo cuerpo, ostentando a-las con las que vuelan por
el aire como en su propio cielo; y celebran sus himeneos, ponen
huevos, y propician su posteridad. Aparte de los ejemplos
citados, todo género de criaturas volátiles conoce su alimento
apropiado; y no sólo el tipo de alimento que requieren, sino
también dónde hallarlo; saben construir sus nidos, y cada género
de un modo peculiar; poner huevos en sus nidos, incubarlos, criar
su prole y brindarle alimento, y despedirlos de su hogar
cuando pueden valerse por sí mismos; saben, también, identificar
a sus enemigos y evitarlos, y reconocer a sus amigos
y relacionarse con ellos; y esto desde la primera infancia; para
no hacer mención de las maravillas encerradas en los huevos
mismos, en los que todo está ordenadamente dispuesto para
la formación y la nutrición de la cría; amén de una innumerable
variedad de cosas. Aquel que piensa con algún atisbo de sapiencia
racional, ¿ i-rá a decir que estos instintos no proceden
del mundo espiritual ? Al cual el mundo natural sirve,
brindándole un cuerpo con qué revestirse; manifestando en efecto
lo que en su causa es espiritual. Las bestias de la tierra
y las aves del aire poseen estos conocimientos de manera innata;
en cambio el hombre, no los posee; y esto es así,
porque los animales prosiguen en el orden natural de su vida;
no han podido destruir lo que hay en ellos derivado del mundo
espiritual, pues no están dotados de la facultad racional.
En cambio el hombre, cuyo pensamiento procede cel mundo espiritual,
ha pervertido aquello que hay en él derivado del mundo espiritual,
viviendo de manera opuesta al orden; y esto, acicateado por
su facultad racional; por consiguiente, debe nacer en la ignorancia,
para ser guiado nuevamente hacia el orden del cielo por medios Divinos.
(109)
P ara ilustrar el modo
en que corresponden las cosas pertenecientes al reino vegetal, pueden
citarse numerosos ejemplos; como las semillas, que al crecer,
se convierten en árboles; en los que nacen hojas, brotan flores
y germinan frutos; y en estos últimos, se reproducen las
semillas; y todas estas cosas sucesivas, existen simultáneamente
en un orden maravilloso e inefable. Pueden llenarse volúmenes
al respecto, pero siempre habrá arcanos más profundos, referentes
al uso específico de las cosas, que la ciencia jamás podrá
penetrar. Y puesto que dichas cosas, también proceden del mundo
espiritual; es decir, del cielo, que posee forma humana (según se ha
indicado más arriba en el artículo respectivo); todas las particularidades
de este reino, guardan cierta relación con las del hombre, como han
advertido algunos en el mundo erudito. Que todas las cosas pertenecientes
a este reino también son correspondencias; es algo que he podido
verificar á través de una larga experiencia. A menudo,
recorriendo jardines; observando los árboles, las flores, las plantas;
me ha sido dado reconocer sus correspondencias en el cielo, y
he podido hablar con quienes residían entre ellas, los que
me enseñaron de dónde provenían y en qué consistían.
(110)
Pero en nuestros días,
nadie puede conocer las cosas espirituales del cielo, con las que corresponden
las cosas naturales del mundo, a menos que reciba ese conocimiento del
cielo; ya que la ciencia de las correspondencias
es completamente desconocida en la actualidad. Citaré algunos
ejemplos ilustrativos, a fin de explicar en qué consiste
la correspondencia de las cosas espirituales con las naturales. En un
sentido genérico los animales de la tierra corresponden al afecto;
los animales mansos y útiles a los buenos afectos, y los feroces
e inútiles a los malos afectos. En particular, el ganado
vacuno corresponde a los afectos de la mente natural; las ovejas
y corderos a los afectos de la mente espiritual; mientras que
las aves, según su especie, corresponden a las cosas intelectuales
de la mente natural o de la mente espiritual. A esto
se debe que a muchos animales; como ser las vacas y sus crías,
los carneros, las ovejas, las cabras, los corderos, y también las palomas
torcazas y las tórtolas; en la iglesia israelita, que era una Iglesia
Representativa, se les diera un kso sagrado, destinándolos a los
sacrificios y holocaustos. Ya que según su uso, corresponden
a las cosas espirituales; en el cielo, tales cosas eran comprendidas
en base a las correspondencias. Por lo demás, los animales según
su género y especie; son afectos, pues viven, y la vida proviene
del afecto y concuerda con él; de ahí que todo animal posea
conocimientos innatos que concuerdan con su afecto vital. El hombre
es similar a los animales, en lo que se refiere a
su humanidad natural; por consiguiente, en el lenguaje habitual,
se lo compara con los animales; por ejemplo, si es bondadoso se lo
llama oveja o cordero; si es feroz, se lo llama oso, lobo;
si es astuto, zorro, serpiente; y así sucesivamente.
(111)
H ay una correspondencia
similar con las cosas del reino vegetal. En un sentido genérico, los
huertos corresponden a la inteligencia y a la sabiduría del
cielo; y por esta razón el cielo lleva el nombre de Huerto
de Dios y Paraíso, y los hombres lo llaman paraíso
celestial. Los árboles, según su especie, corresponden a las
percepciones y conocimientos del bien y la verdad, que son
la fuente de la inteligencia y la sabiduría. De ahí que los
hombres de la antigüedad, que conocían la ciencia de las
correspondencias, celebrasen su culto sagrado en los bosques;
y por la misma razón, en la Palabra, se menciona con suma frecuencia a los árboles; y se compara al cielo, a la iglesia
y al hombre con ellos; como en el caso de la vid, del olivo, del
cedro, y muchos otros; y a las buenas acciones del hombre,
se las compara con los frutos. Y el alimento derivado de los
árboles, muy especialmente los granos de la cosecha de la tierra,
también corresponde a los afectos del bien y la verdad, pues estos
afectos nutren la vida espiritual, como los alimentos terrestres
la vida natural. El pan que se hace con los granos, en un
sentido genérico, corresponde a todos los afectos del bien, porque
es el sustento básico de la vida, y el alimento por autonomasia.
Debido a esta correspondencia, el Señor se llama a
Si Mismo el Pan de la vida; y por lo mismo, se le
daba al pan un uso sagrado en la iglesia israelita; era colocado
sobre la mesa en el Tabernáculo, y se lo llamaba "pan
de la proposición"; y al culto Divino, celebrado mediante
sacrificios y holocaustos, también se lo llamaba "pan". Por
otra parte, a causa de esta correspondencia, el acto más sagrado
del culto de la iglesia cristiana, es la Santa Cena, en la que se ofrece pan, y vino. Estos pocos ejemplos pueden
servir para escrutar la naturaleza de las correspondencias.
(112)
E l modo en que
se efectúa la conjunción del cielo con el mundo por intermedio
de las correspondencias, también será referido en breves palabras.
El Reino del Señor es un Reino de fines, que son usos; o
lo que es lo mismo, un Reino de usos, que son fines.
Y a causa de ello el universo ha sido creado y formado
por la Divinidad, para que todo u-so aparezca debidamente revestido como
para manifestarse en acto, o en efecto; primero en el cielo
y luego en el mundo; y así, gradual y sucesivamente, hasta
en las cosas más externas-de la naturaleza. Es evidente,
entonces, que la correspondencia de las cosas naturales con las
espirituales, del mundo con el cielo, se verifica a través del
uso, y el uso establece su conjunción; y las formas que
el uso reviste, son correspondencias y conjunciones, en la
medida en que sean formas de uso. En el mundo de la naturaleza,
en su triple Reino, todo lo que existe según su orden
es una forma de uso o un efecto conformado por el uso
y para el uso, y es por eso que todas las cosas de la
naturaleza son correspondencias. En lo que concierne al hombre,
en la medida en que viva según el orden Divino; es decir,
en la medida en que ame al Señor y sienta caridad
hacia el prójimo, sus actos son usos en forma,
y correspondencias, y por medio de ellas se halla en conjunción
con el cielo. Amar al Señor y amar al prójimo,
en un sentido genérico, significa desempeñar un uso. Ante
todo, debe comprenderse que es por intermedio del hombre que el mundo
natural y el mundo espiritual establecen su conjunción; vale decir,
el hombre es el médium de esta conjunción, pues en él hay
un mundo natural y un mundo espiritual (ver más arriba,
Nº 57); portante en la medida en que es espiritual,
el hombre es médium de dicha conjunción; si es
en cambio natural sin ser espiritual, no es entonces médium
de conjunción. De cualquier modo, aparte de esta mediación del
hombre, hay un influjo Divino permanente en el mundo y en las
cosas del hombre que pertenecen al mundo, pero este influjo no actúa
sobre su facultad racional.
(113)
A sí como todas las cosas
que concuerdan con el orden Divino se hallan en correspondencia
con el cielo, así también, todas las cosas adversas al orden Divino,
están en correspondencia con el infierno. Todas las cosas que
se hallan en correspondencia con el cielo se relacionan con
el bien y la verdad; aquellas que están en correspondencia con
el infierno, se relacionan con el mal y la falsedad.
(114)
A hora nos referiremos a
la ciencia de las correspondencias y su uso. Se ha dicho
antes que el mundo espiritual, que es el cielo, se halla
en conjunción con el mundo natural por intermedio de las
correspondencias; y que, por tanto, al hombre le ha sido dado
comunicarse con el cielo a través de las correspondencias. Los
ángeles del cielo no piensan según las cosas naturales, como ocurre con
el hombre; sin embargo el hombre, cuando conoce la ciencia
de las correspondencias, puede comunicarse con los ángeles a través
de los pensamientos de su mente; y por medio de su hombre
espiritual o interno, puede hallarse en conjunción con los ángeles.
Para que esa conjunción del cielo con el hombre pudiese acontecer,
la Palabra en su totalidad ha sido escrita mediante
correspondencias, todas y cada una de las cosas que contiene, son
correspondencias. Y si el hombre conociera la ciencia de las
correspondencias, comprendería el sentido espiritual de la Palabra, y le sería dado descifrar arcanos imperceptibles en el sentido literal.
En la Palabra, hay un sentido literal y un sentido espiritual;
el sentido literal, procede de las cosas que constituyen
el mundo; y el sentido espiritual, procede de aquellas que conforman
el cielo. Y esa Palabra, en la que hasta la última jota
o tilde es una correspondencia, fue dada al hombre, pues
la conjunción del cielo con el mundo se verifica a través
de las correspondencias.
(115)
Desde el cielo,
he sido instruido acerca de los hombres más antiguos de nuestra
tierra, que eran hombres celestiales, y concebían sus pensamientos por
medio de correspondencias; se servían de las cosas naturales que
aparecían ante sus ojos, para concebir sus pensamientos según la forma
referida; y podían disfrutar de la amistad de los ángeles,
y conversar con ellos, gracias a la forma en que pensaban;
y así, por su intermedio, el cielo se hallaba
en conjunción con el mundo. De ahí que la época que
vivieron fuese designada Edad de Oro; los escritores de la
antigüedad, al referirse a ella decían que los habitantes del cielo
moraban con los hombres y se comunicaban con ellos como un amigo con
otro. º ero a esta época sucedió otra, en la que los
hombres no concebían sus pensamientos directamente por las correspondencias,
sino a partir de conocimientos basados en la ciencia de las
correspondencias; la conjunción del cielo con el hombre prosiguió,
aunque su carácter fue menos íntima. Esta época se llamó E-dad
de Plata. Después, advinieron otros hombres, que poseían conocimientos
acerca de las correspondencias, pero que no pensaban según esos
conocimientos, pues vivían según el bien natural, y no como sus
antecesores, según el bien espiritual. Este período, se denominó Edad
de Cobre. Posteriormente, el hombre se tornó cada vez más
externo; y por último, corporal; entonces, la ciencia de las
correspondencias fue presa del olvido; y con ella, se perdió
el conocimiento del cielo y de todas las cosas que lo pueblan.
Estas edades fueron llamadas de oro, de plata y de cobre debido
a las correspondencias; pues a causa de su correspondencia,
el oro significa bien celestial, y en él vivieron los más antiguos
pueblos; la plata, bien espiritual, y en él vivieron los antiguos
pueblos que les sucedieron; y el cobre, bien natural, y según
él vivieron sus descendientes; mientras que el hierro, del que toma
su nombre la última edad, significa verdad rigurosa desprovista
de bien.
(14)
Capítulo
XIV
EL SOL DEL CIELO
(116)
E n el cielo no aparece el sol del
mundo, ni lo que procede de él, ya que todo lo relativo
a dicho sol es enteramente natural. Pues la naturaleza procede
de ese sol, y todo lo producido a través de él, lleva
la designación de natural. En cambio lo espiritual,
de donde procede el cielo, se halla por encima de la naturaleza
y es completamente diverso de lo natural; y la comunicación
de lo espiritual y lo natural sólo se verifica a través
de las correspondencias. En qué se distinguen entre sí,
es algo que puede inferirse de lo referido previamente acerca
de los grados (Nº 38), y cuál es su modo
de comunicación, de lo que se ha dicho en los dos artículos
anteriores sobre las correspondencias.
(117)
A un que el sol del mundo no aparece
en el cielo, ni lo que procede de ese sol; allí hay un sol,
y luz y calor, y todas las cosas que pueblan el mundo,
e innumerables otras, pero no tienen un origen similar;
ya que las cosas del cielo son espirituales, y las del mundo,
naturales. El sol del cielo es el Señor; allí, la luz es la
verdad Divina, y el calor el bien Divino, y ambos proceden del
Señor, que es el sol. Y este origen poseen todas las cosas que
existen y aparecen en los cielos. Sobre la luz y el calor
y las cosas que, procedentes de ellas, existen en el cielo,
trataremos en los artículos siguientes; en este artículo sólo haremos
mención del sol que hay allí. En el cielo el Señor aparece
como un sol, porque El es el amor Divino, y de El derivan
su existencia todas las cosas espirituales; así como todas las cosas
naturales, derivan su existencia del sol del mundo. Ese amor, brilla a
la manera del sol.
(118)
Que el Señor realmente aparece como
un sol en el cielo, es algo que no sólo he oído
referir a los ángeles; en ciertas ocasiones, me fue dado verlo;
por eso, deseo hacer una breve referencia acerca de las cosas que
he oído y visto, concernientes al Señor como sol.
El Señor aparece como un sol; no exactamente en los
cielos, sino por encima de los cielos; y tampoco exactamente
en lo alto o en el cenit, sino ante el rostro de los
ángeles, a una mediana altura. Aparece en dos lugares, uno situado
ante el ojo derecho, y el otro ante el ojo izquierdo, a una
considerable distancia. Ante el ojo derecho aparece exactamente como
un sol; fulgurante y de magnitud similar. Pero ante el ojo
izquierdo no aparece como un sol, sino como u-na luna, emitiendo
un blanco resplandor como la luna de nuestra tierra; y
es de magnitud similar, pero es más coruscante, y está rodeada
de numerosas lunas pequeñas, de similar blancura
y esplendor. El Señor aparece en dos sitios distintos y
en forma tan diversa, porque cada persona ve al Señor
de acuerdo con la calidad de su recepción del Señor; vale
decir, que el Señor aparece de un modo ante quienes
lo reciben según el bien del amor, y de o-tro , ante
quienes lo reciben según el bien de la fe. Ante quienes reciben
al Señor según el bien del amor, aparece como un sol,
ígneo y flameante, de acuerdo con su recepción del Señor;
éstos, pertenecen a Su Reino Celestial; ante aquellos que reciben
al Señor según el bien de la fe, aparece como una luna,
blanca y resplandeciente, de acuerdo con su recepción del
Señor; éstos, pertenecen a Su Reino Espiritual. Y esto sucede
porque el bien del amor corresponde al fuego; y por eso,
en el sentido espiritual el fuego es amor, y el bien
de la fe corresponde a la luz, y en el sentido espiritual
la luz es fe. Y el Señor aparece ante los ojos, pues
la interioridad, que pertenece a la mente, ve a través
de los ojos; a través del ojo derecho, según el bien del amor,
y a través del ojo izquierdo según el bien de la fe; ya que
en los ángeles, y también en el hombre, todo
lo perteneciente a la derecha corresponde al bien, del cual
procede la verdad, y todo lo perteneciente a la izquierda,
corresponde a la verdad que procede del bien. En su esencia,
el bien de la fe es la verdad emanada del bien.
(119)
Es por eso que en la Palabra, se compara al Señor con
el sol en lo que se refiere al amor, y en lo que
se refiere a la fe se lo compara a la luna; y por
lo mismo, el "sol" significa amor del Señor
al Señor, y la "luna" significa la fe del Señor
en el Señor, como puede apreciarse en los siguientes pasajes:
Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete días (Isaías. XXX. 26)
Y cuando te haya extinguido, cubriré los cielos, y haré entenebrecer sus estrellas; el sol cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz. Haré entenebrecer todos los astros brillantes del cielo por ti, y pondré tinieblas sobre tu tierra (Ezequiel XXXII. 10)
... el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre (Joel II. 2, 10, 31; III. 15)
Y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;
... Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra (Apoc. VI. 12, 13) E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo (Mateo. XXIV. 29)
Y así en diversos pasajes. En éstos, el "sol" denota amor, la "luna" fe, y las "estrellas" conocimiento del bien y la verdad. Se dice que se oscurecen, que retraen su resplandor, y que caen del cielo, cuando están ausentes. Que el Señor aparece como un sol en el cielo, consta en Su transfiguración en presencia de Pedro, Santiago y Juan.
... y resplandeció su rostro como el sol (Mateo. XVII. 2)
Estos discípulos vieron de tal modo al Señor cuando fueron separados del cuerpo y se hallaron en la luz del cielo. Y en razón de esta correspondencia, los antiguos pueblos, que pertenecían a una iglesia representativa, volvían su rostro hacia el sol, hacia el oriente, cuando celebraban el culto Divino; y por la misma razón, erigían sus templos mirando al oriente.
(120)
Cuan grande es el amor Divino, y en qué
consiste, puede inferirse de su comparación con el sol del mundo;
aquél es ardentísimo, y si el lector desea creerlo, es mucho mas
ardiente que este sol. Por eso el influjo del Señor como sol
no es inmediato en los cielos, el ardor de Su amor
es gradualmente atemperado en su trayecto. Estas temperaciones
aparecen como anillos radiantes circundando el sol; además, los ángeles
se hallan velados por una tenue nube adaptada para impedir que sean
dañados por el influjo. Y a causa de ello, los cielos
se hallan próximos, en mayor o menor medida, según
su recepción. Como los cielos supremos, viven en el bien del amor,
son los más próximos al Señor como sol; y como los cielos
inferiores viven en el bien de la fe, se hallan más alejados
de El. Pero aquellos que no viven en el bien, como los
habitantes del infierno, están mucho más apartados; a diferentes
distancias, según la intensidad de su oposición al bien.
(121)
No obstante, cuando el Señor aparece
en el cielo, io que sucede con frecuencia, El no aparece rodeado
por un sol, sino que asume la forma de un ángel; pero se lo
distingue de los demás ángeles, por el diáfano esplendor Divino que
emana de Su rostro; dado que El no se encuentra allí
en persona, pues el Señor en persona se halla constantemente
rodeado por el sol; Su presencia acontece a través de la
mirada. Ya que es algo habitual en el cielo, que las personas
parezcan hallarse presentes en el punto donde fijan su mirada, aunque
este lugar sea un lugar distante de a-quel en el que realmente
están. Esta presencia se llama presencia de la vista interna,
y será examinada más adelante. También he visto al Señor
fuera del sol, asumiendo una forma angélica; apenas debajo del sol, en lo
alto; y también desde cerca en forma similar, con un rostro
luciente; y otra vez en medio de los ángeles, como un esplendor
flameante.
(122)
El sol del mundo aparece ante los ángeles como una
tiniebla opuesta al sol del cielo, y la luna como una oscuridad
opuesta a la luna del cielo, y esto de manera constante; pues
la fogosidad del mundo corresponde al amor de sí mismo, y
su luminosidad corresponde a la falsedad de ese amor; y
el amor de sí mismo es antagónico del amor Divino; y
la falsedad de ese amor es antagónica de la verdad Divina;
y lo que es opuesto al amor Divino y la verdad Divina, para
los ángeles es tenebroso. Y por e-so en la Palabra, adorar al sol y a la luna y postrarse ante ellos, significa
a-mor de sí mismo y las falsedades que brotan del amor de sí
mismo, y se dice que serán exterminados los que así proceden. (Deut. 19;
XVI. 3-5; Jeremías VIII, 1, 2; Ezequiel VIII 15, 16, 18; Apoc. XVI. 8; Mateo
XIII. 6)
(123)
El Señor aparece en el cielo como
un sol por el amor Divino que reside en El y procede
de El; por tanto, todos los habitantes de los cielos, vuelven siempre
su rostro hacia el Señor, los del reino celestial hacia
el Señor como sol, y los del reino espiritual hacia
el Señor como luna. En cambio aquellos que moran en el
infierno, vuelven su rostro hacia la oscuridad y las tinieblas
opuestas; es decir, le dan la espalda al Señor, y
se apartan de El; y esto se debe a que todos los
moradores del infierno, viven en el amor de sí mismos, y en el
amor del mundo, que son antagónicos del Señor. Aquellos que miran
de frente a las tinieblas, situadas donde está el sol del mundo,
moran en los infiernos traseros, y se denominan diablos; mientras los
que vuelven su rostro hacia la oscuridad situada donde se halla
la luna en el mundo, habitan los infiernos delanteros, y se los
llama espíritus. De ahí que se diga que los moradores de los
infiernos están en las tinieblas, y los habitantes de los
cielos, en la luz; "las tinieblas", significan la falsedad
del mal, y la "luz", la verdad del bien. Ellos adoptan
estas posiciones diferentes, porque en la otra vida, todos miran hacia
aquello que rige su interioridad; es decir, hacia su amor;
y entre los ángeles y los espíritus, la interioridad delinea sus
rostros; y en el mundo espiritual las regiones no son fijas, como
en el natural, sino que están determinadas por la dirección hacia la que
los seres vuelven su rostro. En lo que se refiere a
su espíritu, el hombre adopta una posición similar a la de los
espíritus; vuelve su espalda al Señor si se ama a
sí mismo y al mundo, y mira de frente al Señor,
si ama al Señor y a su prójimo. Pero esto
es algo que el hombre ignora, pues habita en el mundo natural, donde las regiones
están determinadas por la salida y la puesta del sol. Y ya que
estas cosas resultan escasamente comprensibles para el hombre, serán
elucidadas más adelante, cuando examinemos las Regiones y el Espacio y
el Tiempo en el Cielo.
(124)
Y puesto que el Señor es el sol del
cielo y todas las cosas que proceden de El lo contemplan,
El es también el centro general, origen de toda dirección y
de toda determinación. Así también, todas las cosas que se hallan
debajo, están presentes ante El y bajo Sus auspicios, tanto en los
cielos como en las tierras.
(125)
Todo lo que se ha dicho y expuesto en los artículos previos
acerca del Señor, puede comprenderse ahora con más claridad; vale decir:
que El es el Dios del cielo (n5 2-6). Que es la Divinidad la que crea el cielo (n 7-12). Que la Divinidad del
Señor en el cielo es amor hacia El y caridad hacia
el prójimo (Nº13-19). Que hay una correspondencia de todas las
cosas del mundo con el cielo, y a través del cielo, con
el Señor (Nº 87-115). Y que el sol y
la luna del mundo también son correspondencias (Nº 105).
(15)
Capítulo
XV
LA LUZ Y EL CALOR
EN EL CIELO
(126)
Aquellos que conciben sus pensamientos basándose exclusivamente en la
naturaleza, no pueden comprender que haya luz en los cielos; sin
embargo, la luz del cielo excede en muchos grados la luz del
mediodía en el mundo; he visto esa luz muchas veces, incluso a
la hora del crepúsculo y durante la noche. Al principio
me asombraba, cuando oía decir a los ángeles, que la luz del mundo
es apenas una sombra en comparación con la luz del cielo; pero
habiéndola visto, puedo testimoniar que es cierto; su claridad
y esplendor, son inefables. Todas las cosas que vi en el cielo,
las he visto en esa luz; es decir, con más claridad
y nitidez que las cosas de este mundo.
(127)
La luz del cielo no es natural como la luz del mundo, sino
espiritual, pues procede del Señor como sol, y ese sol es el
Amor Divino (según lo expuesto en el artículo precedente). Aquello
que procede del Señor como sol, en los cielos, se llama Verdad
Divina: pero en su esencia es el Bien Divino unido a la Verdad
Divina. De ahí reciben los ángeles luz y calor, luz de la Verdad Divina y calor del Bien Divino. Y como la luz del cielo, y también
su calor, poseen tal origen, es obvio que son espirituales y
no naturales.
(128)
La Verdad Divina para los ángeles es luz, pues los ángeles no son
naturales, son espirituales; y los seres espirituales ven por la luz
de su sol, así como los naturales por la del suyo; y es por
la Verdad Divina que los ángeles tienen intelecto, y ese intelecto
es su vista interna, que fluye hacia su vista externa y
la produce; de ahí que todo lo que aparece en el cielo,
procedente del Señor como sol, aparece en la luz. Tal es el
origen de la luz en el cielo, y esa luz varía según
la recepción de la Verdad Divina que procede del Señor; o
lo que es igual, según la inteligencia y la sabiduría
en que viven los ángeles; de un modo en el reino celestial,
de otro en el reino espiritual, y de un modo distintivo en cada
sociedad. La luz en el reino celestial tiene apariencia flamígera,
pues los ángeles que lo habitan, reciben la luz del Señor como
sol; en cambio en el reino espiritual, la luz posee una blancura
resplandeciente, pues los ángeles que lo habitan, reciben la luz del
Señor como luna (ver más arriba, n9118). Asimismo, la luz varía
en las distintas sociedades, e incluso en cada sociedad; los que
se hallan en ei centro, reciben la luz en su plenitud;
y los que están en la circunferencia, la reciben más atenuada
(ver n2 43). En una palabra, los ángeles reciben la luz en la
medida en que sean receptáculos de la Verdad Divina; esto es, en la medlida en que vivan en la inteligencia y
la sabiduría que proceden del Señor. Y es por eso que
a los ángeles del cielo, se los llama ángeles de luz. vesmirni-lide.cz
(129)
Así como en los cielos el Señor es la Verdad Divina, y allí la Verdad Divina es luz, así también en la Palabra El es llamado Luz, y asimismo, toda verdad procede de El, como puede
verificarse en los siguientes pasajes:
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan VIII. 12)
Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo (Juan IX. 5)
Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas.... Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz.
... Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas (Juan Xll. 35, 36, 46)
Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz (Juan 111, 19).
Dice Juan, refiriéndose al Señor:
Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo (Juan 1. 9)
El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció (Mat. IV. 16)
... te guardaré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que seáis mi salvación hasta lo postrero de la tierra (lsaías. XLIX. 6)
Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella... (Apoc. XXI. 24)
Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán (Salmos XLIII. 3)
En éstos y en otros pasajes, el Señor es llamado luz de la verdad Divina, que procede de El; y la verdad, en sí misma, es llamada luz. Así como en los cielos la luz procede del Señor como sol, así también cuando El se transfiguró ante Pedro, Santiago y Juan:
... resplandeció su rostº o^omo el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz (Mat. XVII. 2)
Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos (Marcos IX. 3;Mat. XVII. 2)
Las vestiduras del Señor poseían esa apariencia, porque representaban a la Verdad Divina en los cielos, la cual procede de El; "vestiduras" en la Palabra también significa verdades; por eso en David, se dice:
El que se cubre de luz como de vestidura (Salmo CIV. 2)
(130)
Que la luz en los cielos
es espiritual, y que esa luz es la Verdad Divina, puede inferirse también del hecho de que los hombres, al igual que
los ángeles, poseen luz espiritual, y son esclarecidos por esa luz,
en la medida en que vivan según la inteligencia y
la sabiduría que proceden de la Verdad Divina. La luz espiritual del hombre es la luz de su intelecto;
y los objetos de esa luz, son verdades, que el hombre ordena
analíticamente en grupos, otorgándoles forma racional, y extrayendo
de ellas conclusiones en series. El hombre natural, ignora que
la luz por la cual su intelecto ve tales cosas, es una
luz real, puesto que no la ve con sus ojos ni la percibe
mentalmente. Sin embargo hay muchos que reconocen esta luz, y la distinguen
de la luz natural; según la cual viven aquellos que piensan
naturalmente, y no espiritualmente. Piensan naturalmente, quienes sólo
toman en cuenta al mundo, y todo se lo adjudican a
la naturaleza; en cambio aquellos, que piensan espiritualmente, toman
en cuenta el cielo, y atribuyen todas las cosas a
la Divinidad. A menudo me ha sido dado percibir, y también
ver, que hay una luz verdadera que alumbra la mente; completamente
distinta de la luz que llamamos luz natural (lumen). He sido
elevado interiormente hacia esa luz por grados; y mientras era elevado,
mi intelecto fue esclarecido; hasta el punto de llegar
a percibir aquello que jamás había percibido; y por último, cosas
imposibles de comprehender para el pensamiento que procede de la
luz natural. En ocasiones he llegado a indignarme, al no
poder comprehender tales cosas, cuando podían percibirse de manera tan
clara y diáfana a la luz del cielo. Y como hay una luz que
pertenece al intelecto, de él se dice lo mismo que
se dice del ojo; que ve y está en la luz, cuando percibe; y
en la oscuridad y en la sombra cuando no percibe, y así
de lo demás.
(131)
Puesto que la luz del cielo es la verdad
Divina, esa luz también es sabiduría Divina e inteligencia Divina;
por tanto, ser elevado hacia la luz del cielo, significa lo mismo que
ser elevado hacia la inteligencia y la sabiduría, y ser
esclarecido. Por eso los ángeles reciben luz, según el grado de su
inteligencia y sabiduría. Y como la luz del cielo es la
sabiduría Divina, en esa luz el carácter de todo ser
se hace perceptible. La interioridad de cada ser aparece
en su rostro tal cual es: no es posible ocultar el menor
detalle. Y los ángeles interiores aman manifestar todo lo suyo, pues
el bien es lo único que desean. No ocurre lo mismo con
aquellos que moran debajo del cielo; éstos, no desean el bien,
y por eso temen enormemente ser vistos a la luz del cielo. Y
lo que es más admirable, es que a pesar de que cuando
se ven entre sí, presentan un aspecto humano, a la luz del cielo
adquieren una apariencia monstruosa, sus rostros y cuerpos ofrecen
un aspecto atroz: la exacta forma de su maldad. En lo que
concierne a su espíritu, ei hombre aparece de un modo similar
ante los ojos de los ángeles; si es bueno, tiene el aspecto
de un hombre bello, según su bondad; si es malvado, tiene
el aspecto de un monstruo, deforme según su maldad. De lo
expuesto se desprende que a la luz del cielo todas las cosas
se ponen de manifiesto, pues la luz del cielo es la verdad
Divina.
(132)
Así como la verdad Divina
en los cielos es luz, así también toda verdad; dentro o fuera
de los ángeles; dentro o fuera de los cielos, emite luz.
No obstante, las verdades que se hallan fuera de los cielos,
no resplandecen como las que se hallan en su interior. Las
verdades que están fuera de los cielos poseen un frío resplandor,
como de algo níveo, carente de calor, ya que no derivan
su esencia del bien, como ocurre con las verdades que se hallan
dentro de los cielos; en consecuencia, su fría luz
se desvanece cuando es alcanzada por la luz del cielo; y
si debajo de aquélla hay maldad, se convierte en tinieblas.
He visto estas cosas algunas veces, junto con otras realmente memorables
relativas al resplandor de la verdad, que aquí debo omitir.
(133)
Nos referiremos ahora al calor del cielo.
El calor del cielo en su esencia es amor. Y procede del
Señor como sol, que es el amor Divino en el Señor
y del Señor, según se ha indicado en artículos
previos. Es evidente, entonces, que el calor del cielo
es espiritual, igual que la luz del cielo, pues poseen el mismo
origen. Hay dos cosas que proceden del Señor como sol, la verdad
Divina y el bien Divino; la verdad Divina se manifiesta
en los cielos como luz, y el bien Divino como calor; sin embargo,
la verdad Divina y el bien Divino están unidos de forma tal, que
no son dos, sino una sola cosa. De cualquier modo, entre los ángeles,
se hallan separados; dado que hay ángeles que reciben más el bien
Divino que la verdad Divina, y hay otros que reciben más
la verdad Divina que el bien Divino. Quienes reciben más el bien
Divino moran en Su reino celestial, y quienes reciben más
la verdad Divina habitan en Su reino espiritual. Aquellos que reciben
ambos en un mismo grado, son los ángeles más perfectos.
(134)
El calor del cielo, igual que la luz del cielo,
varía según las regiones. No es igual en el reino celestial que en el
reino espiritual, y también difiere en cada sociedad; difiere según
su grado y su calidad. En el reino celestial del
Señor es más intenso y más puro, pues allí los ángeles reciben
más el bien Divino; y en Su reino espiritual, es menos intenso
y menos puro, dado que ahí los ángeles reciben más la verdad Divina.
Asimismo en cada sociedad el calor difiere según su recepción.
En los infiernos también hay calor, pero es un calor inmundo.
El calor del cielo se simboliza mediante el fuego sacro
celestial, y el calor del infierno se significa mediante
el fuego profano e infernal. Ambos significan amor; fuego celestial,
significa amor al Señor y amor al prójimo y todos
los afectos propios de tales sentimientos de amor; fuego infernal,
significa amor de sí mismo y amor del mundo y toda
la concupiscencia propia de esos amores. Que el amor
es calor de origen espiritual, se manifiesta en el hecho
de que el amor suscita calor; pues de acuerdo con la potencia
de su amor, el hombre se enciende y arde; y el calor
de su amor se pone de manifiesto cuando es impugnado.
A esto también se debe que habitualmente se diga que una persona
se enciende, se calienta, arde, hierve o se abrasa, tanto
en lo que respecta a los afectos del amor del bien, como a las
concupiscencias del amor del mal.
(135)
El amor que procede del Señor como sol,
en los cielos se siente como calor, porque la interioridad
de los ángeles se halla en un estado de amor, emanado del
bien Divino que procede del Señor; y a consecuencia de ello,
su exterioridad se calienta y se halla en un estado
de calor. Y por eso, en el cielo, el calor y el amor
se corresponden mutuamente, de manera que el calor que siente
cada uno, es semejante a su amor, según se ha señalado
un poco más arriba. El calor de este mundo.
no puede penetrar en el cielo, ya que
es extremadamente craso, y no es espiritual, es natural;
en lo que respecta al hombre el caso es diferente, pues
el hombre se halla en ambos mundos; en el mundo espiritual
y en el mundo natural. En lo que se refiere a su espíritu,
los hombres se calientan en la exacta medida de su amor; pero
en lo que concierne a su cuerpo, se calientan tanto por
el calor de su espíritu como por el calor del mundo.
El primero fluye hacia el segundo, pues corresponden.
La naturaleza de la correspondencia de ambos tipos de calor
puede inferirse de la vida animal. El amor de los animales -el
principal amor de los animales es el de procrear ejemplares
de su especie-sobreviene y opera bajo el influjo y
la presencia del calor del sol del mundo, que es el calor de la
primavera y del verano. Se equivocan en demasía quienes suponen
que el calor del mundo fluye hacia esos amores y los excita, pues
no puede verificarse un influjo del mundo natural en el
espiritual, dado que sólo hay un influjo del mundo espiritual en el
natural. Este influjo procede según el orden Divino; en cambio
el otro, sería adverso al orden Divino.
(136)
Los ángeles, igual que los hombres, poseen intelecto
y voluntad. La luz del cielo conforma la vida de su
intelecto, pues la luz del cielo es la verdad Divina y
la consiguiente sabiduría Divina; y el calor del cielo constituye
la vida de su voluntad, pues el calor del cielo es el bien
Divino y el consiguiente amor Divino. La intrínseca vida de los
ángeles emana del calor, y también de la luz si en ella hay
calor. Que la vida procede del calor, se manifiesta en el hecho
de que cuando se ve privada de calor, se extingue. Y
lo mismo ocurre con la fe desprovista de amor, o con la verdad
carente de bien; ya que la verdad que se designa como verdad
de la fe, es luz, y el bien que se designa como bien del
amor, es calor. Esto se evidencia con más claridad a través del
calor y la luz del mundo, que corresponden al calor y la luz del
cielo. A través del calor, cuando éste se halla en conjunción
con la luz, como acontece durante la primavera y el verano,
todas las cosas que hay sobre la tierra son vivificadas y crecen,
en cambio a través de la luz aparte del calor, nada
se vivifica ni crece, y todas las cosas yacen aletargadas
y perecen. No se hallan en conjunción durante el invierno,
cuando el calor está ausente, por más que la luz persista. Debido
a esta correspondencia, el cielo se llama paraíso, pues allí
la verdad se halla en conjunción con el bien, o la fe
con el amor, como la luz y el calor durante la primavera
sobre latierra. Todo lo cual es ilustrativo de la verdad
expuesta en los artículos respectivos (nº 13-19), donde consta
que la Divinidad del Señor en el cielo es amor a El
y caridad hacia el prójimo.
(137)
Se dice en Juan:
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios .... todas las cosas por El fueron hechas, y sin El nada de loque ha sido hecho, fue hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres ... En el mundo estaba, y el mundo por El fue hecho. Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria... (Juan 1. 1-14)
Es evidente que en estos pasajes "el Verbo" (o Palabra) denota al Señor, porque se dice que "Aquel Verbo" fue hecho carne. Pero como se desconoce cuál es el sentido estricto del Verbo, procederemos a explicarlo. Aquí "el Verbo" significa la verdad Divina que reside en el Señor y procede del Señor; y, por la misma razón, también es llamado "la Luz", que es la verdad Divina, según se ha expuesto en el artículo respectivo. Ahora explicaremos porqué todas las cosas fueron hechas y creadas por la verdad Divina. En el cielo, el poder de la verdad Divina es absoluto, y aparte de ella no hay ningún poder. Los ángeles se llaman poderes en virtud de la verdad Divina, y son poderes en tanto y en cuanto sean recipientes o receptáculos de ella. Gracias a ella los ángeles prevalecen sobre los infiernos y sobre todos sus oponentes. Un millar de enemigos, es incapaz de resistir un solo rayo de luz celestial, que no es otra cosa que la verdad Divina. Y puesto que los ángeles son ángeles por su recepción de la verdad Divina, de esto se sigue que el cielo en su integridad no tiene sino este origen, ya que el cielo está constituido por ángeles. Que la verdad Divina posee semejante poder, es algo que no pueden creer quienes suponen que la verdad es sólo pensamiento o palabra, que no encierra en sí ningún poder, salvo que sea llevado a la práctica por obediencia. Pero la verdad Divina, tiene potencia en sí misma, y tal potencia, que el cielo y el mundo fueron creados por ella, junto con todas las cosas que encierran. Que la verdad Divina posee tal poder, puede ilustrarse mediante dos comparaciones; por la potencia de la verdad y el bien en el hombre, y por. la potencia del calor y la luz del sol en el mundo. Por la potencia del bien y la verdad en el hombre, ya que todo lo que el hombre hace, lo hace por su inteligencia y su voluntad; por su voluntad a través del bien, y por su intelecto a través de la verdad; porque todo lo perteneciente a su voluntad se relaciona con el bien, y todo lo perteneciente a su intelecto se relaciona con la verdad. En consecuencia, es en virtud del bien y la verdad que el hombre mueve todas las partes de su cuerpo; en él, miles de cosas son activadas al unísono de acuerdo con su voluntad y agrado. Lo que evidencia que el cuerpo en su totalidad está formado para servir al bien y la verdad, y en consecuencia, que está formado por el bien y la verdad. Por la potencia del calor y la luz del sol en el mundo, ya que todas las cosas que crecen en el mundo, como ser los árboles, los cereales, las flores, la hierba, los frutos y las semillas, derivan su existencia del calor y la luz del sol; cosa que demuestra el poder productivo que encierran en sí. ¿ Cuan grande será entonces el poder de la luz Divina, que es la verdad Divina, y del calor Divino, que es el bien Divinoº . Y como el cielo deriva su existencia de ellos; el mundo también, puesto que gracias al cielo existe el mundo, según se ha indicado anteriormente. Lo cual sirve para ilustrar cómo deben entenderse estas palabras: "Todas las cosas por El fueron hechas, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho";y también éstas: "y el mundo por El fue hecho", es decir, por la verdad Divina que procede del Señor. Por eso en el Libro de la Creación, se habla en primer lugar de la luz, y luego, de las cosas que proceden de la luz (Génesis. 1. 3, 4). Y por la misma razón, todas las cosas del universo, así en el cielo como en el mundo, están referidas al bien y a la verdad, y a su conjunción; y esto es lo que posibilita su existencia. (no hay Nº 138)
(139)
Debe entenderse que, en los cielos, el bien
Divino y la verdad Divina que proceden del Señor como sol, no residen
en el Señor, sino que proceden del Señor. En el
Señor sólo reside el Amor Divino, que es el Ser (Esse) del
cuál proceden el bien Divino y la verdad Divina. La Existencia
(Existere) del Ser (Esse) es el sentido de la palabra proceder. Esto
también puede ilustrarse mediante una comparación con el sol del mundo.
El calor y la luz del mundo no residen en el sol, sino que
proceden del sol. En el sol sólo hay fuego, y el calor y la luz
derivan su existencia de él y proceden de él.
(140)
Y puesto que el Señor como sol es el
amor Divino, y el amor Divino es el bien Divino en sí mismo, a
la Divinidad que proce De del Señor, que es Su Divinidad
en el cielo, para distinguirla con mayor exactitud, se la llama
verdad Divina, aunque de echo sea el bien Divino y unido a
la verdad Divina. Esta verdad Divina, es la que lleva el nombre
de Santo Espìritu y procede de El.
(16)
Capítulo
XVI
LAS CUATRO REGIONES
DEL CIELO
(141)
Tanto en el cielo como
en el mundo hay cuatro regiones: oriental, meridional, occidental
y septentrional; determinadas en uno y otro orbe por
su respectivo sol; en el cielo por el sol del cielo, que
es el Señor; y en el mundo por el sol del mundo. Sin
embargo, se verifican notables diferencias en uno y otro caso.
En primer lugar, en el mundo se llama sur al punto
en que el sol se halla en su máxima altitud sobre la tierra;
norte, al punto en el que el sol se halla en posición
opuesta debajo de la tierra; oriente al punto en que sale
en un equinoccio; y occidente al punto en que el sol
se pone. De forma que en el mundo, es a partir del sur que
se determinan todas las demás regiones. En cambio en el cielo,
se denomina oriente al sitio en que el Señor
aparece, y en oposición a éste se halla el occidente; a
la derecha, en el cielo, se halla el sur, y a
la izquierda el norte; y esto sin importar hacia qué dirección
uno vuelve su rostro y su cuerpo. De manera que en el
cielo, es a partir del oriente que se determinan todas las demás
regiones. Se denomina oriente (oriens) al sitio en que
el Señor aparece como sol, pues la vida tiene su origen
(origo) en El como sol; por lo demás, en la medida en que
los ángeles reciben calor y luz, o amor e inteligencia del
Señor; en esa misma medida se dice que el Señor
sale (exoriri) sobre ellos. Y por esa razón, el Señor
es llamado el Oriente (Oriens) en la Palabra.
(142)
Otra diferencia notable es que el oriente
siempre está situado ante el rostro de los ángeles, el occidente
a sus espaldas, el sur a su derecha, y el norte a
su izquierda. Pero como se trata de un hecho escasamente
comprensible para el mundo, puesto que el hombre vuelve su rostro
hacia todas las regiones; es menester explicarlo. El cielo,
en su integridad, se orienta hacia el Señor como hacia
su centro común; y hacia este centro se vuelven todos los
ángeles. También en la tierra, como es sabido, todas las cosas
tienden hacia un centro común; pero existe una diferencia entre
la tierra y el cielo en lo que respecta a esta dirección
de todas las cosas hacia un centro común; en el cielo, son las
partes frontales las que tienden hacia ese centro común; en cambio
en el mundo, son las partes inferiores del cuerpo. En el mundo, esta
suerte de convergencia se llama fuerza centrípeta, y también,
gravitación. La interioridad de los ángeles, se orienta
realmente hacia el frente; y como la interioridad,
se manifiesta en el rostro, es la posición del rostro
la que determina las regiones.
(143)
Para la mentalidad del mundo, es todavía
más arduo de comprender el hecho de que hacia cualquier lado
en que vuelvan su rostro y su cuerpo, los ángeles miran
siempre hacia el oriente; dado que el hombre, de acuerdo con
la dirección hacia la que se vuelve, mira hacia todas las
regiones. Esto también será explicado. Aunque los ángeles, igual que los
hombres, vuelven su rostro y su cuerpo hacia un lado
u otro, tienen siempre el oriente ante sus ojos. Pero el modo
de volverse, o de girar el cuerpo, propio de los ángeles,
es diferente del de los hombres porque su origen
es diferente. Aunque es similar, se trata de una similitud
aparente. Y este modo de volverse, o girar el cuerpo, tiene
su origen en el amor imperante, que determina el sentido
de la dirección entre los ángeles y los espíritus; pues, según
se ha dicho antes, su interioridad se orienta realmente hacia
el centro común, que en el cielo es el Señor como sol;
por eso su amor imperante está siempre ante su rostro: su amor
está siempre presente ante su interioridad y el rostro deriva
su existencia de la interioridad, ya que es su forma
externa; en los cielos, ese amores el Señor como sol, porque los
ángeles reciben su amor de El. Y como el Señor Mismo
reside en los ángeles en Su amor, es el Señor
quien determina que miren hacia El; cualquiera sea la dirección hacia
la que se vuelvan. Pero no es oportuno extenderse aquí
en la explicación de este punto, pues será más fácil
de comprender en los artículos subsiguientes, especialmente cuando
se examine el tema de las Representaciones y las
Apariencias, y el Tiempo y el Espacio en el cielo. Que
el Señor se halla presente de manera constante ante
el rostro de los ángeles es algo que me ha sido dado
conocer, y también percibir, a través de una larga experiencia;
ya que en todas las ocasiones en que he estado
en compañía de los ángeles, he advertido
la presencia del Señor ante mi rostro; y aunque
no era nítidamente visible, era posible percibirla en medio
de una luz; y en muchas ocasiones, los ángeles han dado testimonio
de que esto es exacto. Como el Señor se halla
presente de manera constante ante el rostro de los ángeles;
en el mundo, se dice que aquellos que creen en el Señor,
y lo aman, tienen a Dios presente ante sus ojos y ante
su rostro, y que miran a Dios y ven a Dios. Estas
locuciones tienen su origen en el mundo espiritual, del cual proceden
muchas otras expresiones que forman parte del lenguaje humano; aunque el hombre
desconozca ese origen.
(144)
Esta manera de volverse hacia
el Señores una de las tantas maravillas del cielo. Así; puede
haber muchos ángeles reunidos; y por más que algunos vuelvan
su rostro y su cuerpo hacia un lado y otros hacia otro,
todos tienen al Señor ante sus ojos, y todos tienen el sur
a su derecha, el norte a su izquierda, y el oeste
a sus espaldas. Otra de las maravillas, es que aun cuando los
ángeles miran sólo hacia el oriente; pueden, sin embargo, mirar también
hacia las otras regiones; pero cuando dirigen su mirada hacia estas últimas,
lo hacen con su vista interior, que pertenece a su pensamiento.
Y también es cosa de maravilla, el hecho de que
en el cielo no es lícito situarse detrás de otra persona fijando
la vista en la parte posterior de su cabeza, pues esto
perturbaría el influjo del bien y la verdad que procede del
Señor.
(145)
El Señor es visto por los ángeles
de un cierto modo, y los ángeles son vistos por el Señor
de otro modo. Los ángeles ven al Señor a través
de sus ojos; pero el Señor fija su vista en la
frente de los ángeles; y esto a causa de que la frente
corresponde al amor, y es a través del amor que el Señor
fluye hacia los ángeles; en cambio, es a través del intelecto,
al cual los ojos corresponden, que el Señor se deja
contemplar.
(146)
Las regiones de los cielos que conforman
el reino celestial del Señor son diferentes de las que
conforman Su reino espiritual, ya que El es visto como sol por
los ángeles de Su reino celestial, pero es visto como luna por los
ángeles de Su reino espiritual; y el Señor, aparece en el
Oriente. Allí, la distancia entre el sol y la luna es de
treinta grados, y la distancia en la posición de las regiones,
es la misma. Que el cielo esta dividido en dos reinos, llamados
reino celestial y reino espiritual, puede verificarse en los artículos
respectivos al tema (Nº 20-28); también que
el Señor aparece en el reino celestial como sol, y en el
reino espiritual como luna (Nº 118). Pero de esto
no se sigue que, a causa de ello, las regiones de los
cielos puedan llegar a confundirse, puesto que los ángeles espirituales
no pueden ascender, y morar con los ángeles celestiales;
ni éstos pueden descender y habitar con los ángeles espirituales,
según puede verse más arriba (Nº 35).
(147)
Lo antedicho, pone de manifiesto cuál es la
naturalezade lapre-sencia del Señor en los cielos; vale decir, que
El está en todas partes, y con todos los seres, en el bien
y la verdad que proceden de El; y en consecuencia, que
El reside con los ángeles en lo que es Suyo, según se ha
indicado más arriba (Nº 2). La percepción de la
presencia del Señor se verifica en la interioridad de los
ángeles; y gracias a ella es que sus ojos ven, y es gracias
a esta continuidad que pueden ver al Señor fuera de ellos.
Lo cual sirve para ilustrar qué quiere decir que el Señor está
en ellos y ellos en El; según las propias palabras del
Señor:
Permaneced en mí, y yo en vosotros (Juan XV. 4)
El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. (Juan VI. 56)
"La carne del Señor" significa el bien Divino, y "Su sangre", la verdad Divina.
(148)
En los cielos, todos tienen sus muradas
de acuerdo con las regiones; al oriente y al occidente habitan
aquellos que viven en el bien del amor; quienes lo perciben con
claridad, hacia el oriente; y los que lo perciben de manera
obscura, al occidente. Los que viven en la sabiduría que procede del
bien del amor, habitan en el sur y en el norte; los que viven
en la clara luz de la sabiduría, hacia el sur; y los que
viven en su obscura luz, hacia el norte. Los ángeles del reino
espiritual del Señor y los de Su reino celestial, habitan
conforme a un orden similar, que difiere según el amor y la luz
de la verdad del bien en que viven; pues en el reino celestial,
el amor, es amor al Señor, y la luz de la
verdad de ese amor, es sabiduría; mientras que en el reino
espiritual, el amor, es amor al prójimo, que lleva
el nombre de caridad, y la luz de la verdad de ese
amor, es la inteligencia, que también se denomina fe (ver arriba
nº 23).
(149)
En cada sociedad del cielo, las moradas de los
ángeles están dispuestas de un modo similar; hacia el oriente habitan
aquellos que viven en un grado mayor de amor y caridad,
y hacia el occidente los que viven en un grado menor; hacia
el sur, aquellos que gozan de mayor luz de sabiduría
e inteligencia, y hacia el norte los que gozan de menor
luz. El hecho de que se establezcan conforme al orden
señalado, se debe a que cada sociedad representa
al cielo, y es un cielo en forma mínima (ver arriba, Nº 51-58).
Y la misma disposición prevalece en sus asambleas. Es la forma
del cielo lo que determina que se ubiquen según el orden
referido; pues gracias a ella cada cual reconoce su lugar.
El Señor, también provee las cosas de modo que en cada
sociedad habiten personas de diverso tipo; porque el cielo,
en cuanto a su forma, es similar en todas partes; sin
embargo, la disposición del conjunto del cielo, difiere de la
de cada sociedad, como difiere lo general de lo que
es particular, ya que las sociedades situadas hacia el oriente,
sobrepujan a las que están situadas al occidente; y las situadas
al sur, a las que están situadas al norte.
(150)
De ahí que las regiones en los cielos,
signifiquen las cosas concernientes a sus habitantes; el oriente,
significa el amor y su bien claramente percibidos; el occidente,
el amor y su bien obscuramente percibidos; el sur,
la sabiduría y la inteligencia en diáfana luz; y el norte,
la sabiduría y la inteligencia en obscura luz. Y debido
a que en los cielos las regiones poseen tal significado; en el
sentido interno o espiritual de la Palabra, poseen un significado similar, ya que el sentido interno o espiritual de la Palabra concuerda plenamente con la disposición del cielo.
(151)
Con los que están en los infiernos sucede
exactamente lo contrario. Sus moradores, ni miran
al Señor como sol, ni como luna; sino que vuelven
su espalda al Señor, y miran hacia las tinieblas que
ocupan el lugar del sol del mundo, y hacia la oscuridad que
ocupa el lugar de la luna de la tierra. Los denominados genios
del mal miran hacia la tiniebla que ocupa el lugar del sol del mundo;
y los llamados espíritus, miran hacia la oscuridad que ocupa
el lugar de la luna del mundo. Según se ha indicado antes
(Nº 122), el sol del mundo y la luna de la tierra,
no aparecen en el mundo espiritual, sino que en lugar del sol
del mundo hay una tiniebla opuesta al sol del cielo; y en lugar
de la luna, una oscuridad opuesta a la luna del cielo. Por eso las
regiones habitadas por los seres infernales son opuestas a las regiones
del cielo. Para ellos, el oriente es el lugar que ocupan
la tiniebla y la oscuridad; y el occidente, es el sitio
donde se halla el sol del cielo; el sur, está a su derecha,
y el norte a su izquierda, y esto hacia cualquier lado que
vuelvan su cuerpo. Tampoco pueden mirar hacia otro lado, pues
la tendencia misma, y la consecuente determinación, de su
interioridad, inclina e impele, hacia una sola dirección. Según se ha
indicado más arriba (Nº 143), la tendencia, y
la consecuente determinación real de la interioridad de todos los
seres en la otra vida, armoniza con su amor. El amor de los
moradores del infierno, es el amor de sí mismo y el amor del
mundo, y estos amores se denotan mediante el sol del mundo y
la luna de la tierra (ver nº 122); y estos
amores son opuestos al amor al Señor y al amor hacia
el prójimo; por eso vuelven su espalda al Señor
y miran hacia las tinieblas. Por otra parte, quienes están en los
infiernos, también habitan según las regiones; los que viven en el mal del
amor a sí mismos, habitan desde la zona oriental hasta
la occidental; y los que viven en la falsedad del mal, desde
la zona meridional hasta la septentrional. Pero este punto será
tratado con amplitud más adelante, cuando se examine el tema
de los infiernos.
(152)
Cuando un espíritu maligno se introduce
en un lugar en el que hay buenos espíritus, las regiones suelen
confundirse de tal modo, que los buenos, ya ni saben dónde queda
el oriente. Esto he llegado a presenciarlo en algunas
ocasiones, y también he oído a ciertos espíritus lamentarse de que
esto ocurriese.
(153)
A veces, pueden observarse ciertos espíritus malignos
que miran hacia las regiones del cielo; entonces, los tales gozan
de inteligencia y perciben la verdad, pero su afecto del
bien, es nulo; y apenas se vuelven hacia sus propias regiones,
su inteligencia y su capacidad para percibir la verdad, son
nulas; entonces, proclaman que las verdades que han oído y percibido,
no son verdades sino falsedades, y anhelan que las falsedades sean
verdades. En relación a este modo de orientarse, he sido informado
que la facultad intelectual puede orientarse en tal sentido, pero
la facultad voluntaria no; y que esto ha sido provisto por
el Señor con la finalidad de que todos dispongan
de la facultad de ver y reconocer las verdades; pero nadie puede
recibir verdades a menos que viva en el bien, pues el bien
recibe las verdades, en cambio el mal no las recibe jamás;
el hombre, también posee una facultad similar, a fin de que
pueda enmendarse a través de las verdades. No obstante, sólo
puede enmendarse en la medida en que viva en el bien;
en consecuencia, el hombre también puede orientarse hacia
el Señor; pero si lleva una vida perversa, se da vuelta
de inmediato, y confirma en su fuero íntimo las falsedades
de su maldad, que se oponen a las verdades que
ha comprendido y que ha visto; esto sobreviene cuando
el hombre piensa en sí mismo bajo el influjo de sus estados
interiores.
(17)
Capítulo
XVII
LOS CAMBIOS DE ESTADO
DE LOS ANGELES DEL CIELO
(154)
Los cambios de estado de los ángeles,
denotan sus cambios en lo que respecta al amor y la fe, y a
la consiguiente sabiduría e inteligencia; esto es, sus cambios
en lo que respecta a sus estados vitales. Los estados
se refieren a la vida y a lo que es propio de la
vida; y como la vida angélica es la vida del amor y la fe,
y la consiguiente sabiduría e inteligencia, los estados están
referidos a estas virtudes y se los designa como estados de amor
y de fe, y estados de sabiduría e inteligencia. Ahora
describiremos el modo en que cambian dichos estados entre los ángeles.
(155)
Los ángeles no experimentan constantemente
un mismo estado de amor; y en consecuencia, tampoco experimentan
un mismo estado de sabiduría; pues su sabiduría procede
de su amor y armoniza con su amor. A veces, se hallan
en un estado de amor intenso; otras, en un estado de amor
no intenso. Los estados decrecen por grados desde su máximo grado
hasta el mínimo. Cuando se hallan en su máximo grado
de amor, gozan del calor y de la luz de su vida, o de un
estado diáfano y jocundo; pero cuando se hallan en su mínimo
grado, se encuentran en la sombra y padecen frío, o están
en un estado de oscuridad y desazón. Desde este último grado
retornan de nuevo al primero, y así sucesivamente; estas
transiciones alternas, se suceden una tras otra y en forma variada.
Tales estados, se suceden como las variaciones de luz y
de sombra, o de calor y de f río; o como, día tras día,
se suceden en el mundo a lo largo del año, y con
perpetua variedad, la mañana, el mediodía, el crepúsculo
y la noche. En este caso, también hay correspondencias;
la mañana, corresponde al estado de amor en su
claridad; el mediodía, al estado de sabiduría en su
claridad; el crepúsculo, al estado de sabiduría en su
oscuridad; y la noche, a un estado de carencia de amor y sabiduría.
Pero debe entenderse, que no existe una correspondencia entre los estados
vitales de los habitantes de los cielos y la noche; aunque
sí se da una correspondencia entre aquéllos y el amanecer que
antecede a la mañana; la noche, corresponde con los
estados vitales de los seres infernales. Debido a estas
correspondencias, en la Palabra; "día"
y "a-ño", denotan estados vitales en general;
"calor" y "luz", significan amor y sabiduría;
"mañana", el grado de amor primero y supremo;
"mediodía", la sabiduría en su luz; "crepúsculo",
la sabiduría en su sombra; "amanecer", la oscuridad
que antecede a la mañana; y la "noche",
la ausencia de amor y sabiduría.
(156)
Junto con el estado de interioridad
de los ángeles relativo a su amor y sabiduría, cambian
de estado diversas cosas que se encuentran fuera de ellos,
y que aparecen ante sus ojos; dado que las cosas que se encuentran
fuera de ellos, revisten una apariencia que armoniza con las cosas que
residen en su interioridad. Qué cosas son y de qué clase, es un
tema que examinaremos en el capítulo referente a las Representaciones
y Apariencias en el Cielo.
(157)
Todos los ángeles experimentan tales cambios
de estado y pasan por ellos, y lo mismo ocurre en todas las
sociedades en general; pero cada ángel, pasa por ellos de un modo
distinto, puesto que difieren según su amor y sabiduría; los que
se hallan en el centro, gozan de un estado más perfecto que
todos los demás que los rodean hasta llegar a la periferia (ver arriba,
nº 43, 128). Pero sería excesivamente tedioso especificar las
diferencias, ya que los cambios que cada cual experimenta, concuerdan con
la calidad de su amor y de su fe. Debido a ello, puede
ocurrir que mientras uno goza de claridad y se deleita, otro, padece
oscuridad y no se deleita; y esto, de manera simultánea, y en una
misma sociedad. Asimismo, los estados varían en cada sociedad; en las
sociedades del reino celestial, son diferentes que en las del reino
espiritual, Estas diferencias en los cambios de estado, en un
sentido genérico, son similares a las variaciones de estado
de los días en los diversos climas de la tierra; pues mientras
en ciertos lugares, es la hora de la mañana,
en otros, es la hora del crepúsculo; y en algunos
la temperatura es cálida, cuando en otros es fría.
(158)
He recibido información desde el cielo sobre las
causas de los cambios de estado que se verifican allí. Afirman
los ángeles, que las causas son múltiples; en primer lugar,
el deleite de la vida del cielo, que ellos reciben del amor y
la sabiduría que procede del Señor, se envilecería
gradualmente si gozaran de él en forma continua, como ocurre
entre aquellos que se complacen y regodean sin variedad alguna.
En segundo lugar, los ángeles, al igual que los hombres, poseen una
naturaleza propia (Proprium), que es el amor de sí mismos;
todos los habitantes de los cielos son apartados de su naturaleza
propia, y en tanto que son apartados de ella por
el Señor, gozan de amor y sabiduría; cuando
no pueden ser apartados de ella, viven en el amor de sí
mismos; y como cada cual ama su naturaleza propia, y se siente
atraído hacia ella, todos experimentan cambios de estado
o transiciones alternas sucesivas. En tercer lugar, porque
de esta forma son perfeccionados, pues se habitúan a permanecer
en el amor del Señor y a mantenerse apartados del amor de sí
mismos; y también porque a través de transiciones alternas entre
el deleite y ia ausencia de deleite, la percepción y
el sentido del bien se tornan más exquisitos. Añadieron los
ángeles, que sus cambios de estado no son suscitados por
el Señor, pues el Señor como sol afluye siempre con
calor y luz, es decir, con amor y sabiduría; y que
la causa de dichos cambios, reside en ellos mismos, dado que
aman su naturaleza propia, y esto los extravía continuamente. Este
proceso fue ilustrado mediante una comparación con el sol del mundo:
la causa de los cambios de estado, de calor y de frío,
de luz y de sombra, año tras año y día tras día;
no reside en el sol, sino en la tierra, ya que él,
permanece inmutable.
(159)
Me ha sido dado ver el modo en que
aparece el Señor como sol ante los ojos de los ángeles;
en su primer estado, en su segundo estado, y en su tercer
estado. Primero he visto al Señor como sol rutilando
y relumbrando con inefable esplendor; y según me informaron,
el Señor como sol aparece de tal modo ante los ángeles
en su primer estado. Luego, apareció un enorme anillo oscuro
alrededor del sol; entonces, su brillo relumbrante, de inefable
esplendor, comenzó a empañarse, y me explicaron que
el sol reviste tal apariencia en su segundo estado. Después,
el anillo fue oscureciéndose gradualmente, y el sol empezó
a rutilar cada vez menos, hasta que por último adquirió un aspecto
de radiante blancura; y según me indicaron, el sol aparece
ante ellos de ese modo, en su tercer estado. Después,
la radiante blancura comenzó a desplazarse hacia la izquierda;
hacia la luna del cielo, asimilando su luz; casi fundiéndose con
ella; y a consecuencia de ello, la luna relució con
un esplendor inusitado; según me indicaron, tal es el cuarto
estado de los ángeles del reino celestial, y el primer estado
de los ángeles del reino espiritual; y, en ambos reinos, los cambios
de estado presentan tales transiciones alternas; aunque esto no se
verifica de manera simultánea en todo el reino, sino en una
sociedad tras otra. Por otra parte, estas transiciones alternas, no son
fijas, ya que sobrevienen tarde o temprano sin que ellos puedan
preverlas Añadieron que el sol en sí mismo, no cambia
ni se desplaza, sino que adopta diversas apariencias según las sucesivas
progresiones de estado que experimentan ellos, pues el Señor
aparece ante cada cual según su estado; rutilante, cuando el amor
es intenso; luego, menos rutilante, revistiendo por último una radiante
blancura, cosa que ocurre cuando el amor decae; la calidad del estado
de cada uno, fue representada a través del anillo oscuro que indujo
las aparentes variaciones en el fulgor y la luz del sol.
(160)
Cuando los ángeles experimentan el último
de estos estados, que acontece cuando se hallan inmersos en su
naturaleza propia, empiezan a sentirse tristes. He hablado con ellos
cuando padecían dicho estado, y he podido observar su tristeza; sin
embargo, también pude oír que decían, que tenían la esperanza
de retornar a su estado prístino, o sea, de regresar
al cielo otra vez; puesto que, para ellos, mantenerse apartados de su
naturaleza propia, es el cielo.
(161)
En los infiernos, también se verifican cambios
de estado, pero nos referiremos a ellos más adelante, cuando
examinemos el infierno.
(18)
Capítulo
XVII
EL TIEMPO EN EL CIELO
(162)
A pesar de que en el cielo, igual que
en el mundo, hay una sucesión y una progresión de todas las
cosas, los ángeles no tienen ninguna noción o idea acerca del tiempo
y el espacio; tan es así, que ni siquiera saben qué es el
tiempo, y qué el espacio. Aquí, examinaremos el tiempo
en el cielo; y el espacio, en su respectivo capítulo.
(163)
Los ángeles no saben qué es el tiempo,
aunque entre ellos, igual que en el mundo, se da una sucesión
progresiva de todas las cosas; y esto de una manera tan cabal
que, en este sentido, prácticamente no hay diferencias; debido
a que en cielo, en vez de años y días, hay
cambios de estado; y donde hay años y días, hay tiempo;
pero donde hay cambios de estado, hay estados.
(164)
El tiempo existe en el mundo, porque el sol
del mundo, aparentemente, avanza en forma sucesiva de un grado hacia
otro, produciendo períodos de tiempo, denominados estaciones del
año; además, da la impresión de que gira alrededor de la
tierra, produciendo períodos de tiempo, denominados horas del día;
en ambos casos, mediante transiciones alternas fijas. No sucede
lo mismo con el sol del cielo; éste, no marca los años
y los días a través de progresiones sucesivas
y revoluciones, sino que, con su aparición, marca cambios
de estado; y esto, no se verifica a través
de transiciones alternas fijas, según se ha indicado en el
artículo previo. De ahí que los ángeles no puedan formarse ninguna
noción acerca del tiempo; concibiendo en, su lugar, la noción
de estado (nº i54).
(165)
Dado que los ángeles no poseen idea alguna
derivada del tiempo, como las que conciben los hombres en el mundo,
tampoco se forjan idea alguna acerca de él, ni acerca de lo
que le concierne. Incluso desconocen la significación de los
términos que sirven para designar al tiempo; tales como año, mes,
semana, día, hora, hoy, mañana, ayer. Cuando los ángeles oyen a los
hombres emplear tales términos (ya que los ángeles están siempre
en comunicación con los hombres por obra del Señor) perciben
estados y las cosas relativas a los estados. Así, el pensamiento
natural de los hombres, se torna en pensamiento espiritual
en los ángeles. Y debido a ello, en la Palabra, los períodos de tiempo denotan estados; y los términos enumerados más
arriba, que designan al tiempo, significan cosas espirituales
correspondientes.
(166)
Lo mismo es cierto para todas las cosas que
derivan su existencia del tiempo, como ser; las cuatro estaciones del
año, denominadas primavera, verano, otoño e invierno; los
cuatro períodos del día, la mañana, el mediodía,
el crepúsculo y la noche; las cuatro edades del hombre,
la infancia, la juventud, la edad viril y la vejez; y
lo mismo acontece con todas las otras cosas que derivan su existencia
del tiempo, o que se suceden en conformidad con el tiempo.
Cuando el hombre piensa en estas cosas, las concibe según
la noción de tiempo; en cambio un ángel, las concibe según
la noción de estado; y en consecuencia, todas las cosas del
hombre relativas al tiempo, devienen entre los ángeles en nociones
relativas al estado; la primavera y la mañana, se convierten
en símbolo del estado de amor y sabiduría que gozan los ángeles
en su primer estado; el verano y el mediodía, brindan
la noción del amor y la sabiduría que disfrutan en su segundo
estado; el otoño y el crepúsculo concuerdan con su tercer
estado; y la noche y el invierno, ofrecen la noción del estado que
experimentan los seres infernales. De ahí que estos períodos posean una
significación similar en la Palabra (ver arriba, Nº 155).
Lo que manifiesta de manera patente cómo las cosas naturales del
pensamiento del hombre, devienen espirituales en los ángeles que
se hallan junto a él.
(167)
Debido a que los ángeles no tienen noción
alguna acerca del tiempo, la idea que se forman sobre
la eternidad es diferente de la que conciben los hombres
en la tierra. Para los ángeles, la eternidad, no es tiempo
infinito, sino estado infinito. En cierta ocasión, mientras estaba
pensando acerca de la eternidad, gracias a la idea del tiempo, pude
percibir qué significa hasta la eternidad; pero no pude percibir qué
significa desde la eternidad, es decir, qué es lo que hizo Dios
antes de la Creación, desde la eternidad. Cuando, por tal motivo,
me sentía embargado por la ansiedad, fui elevado hacia la esfera
del cielo y me fue dado disfrutar la percepción que tienen los
ángeles sobre la eternidad; entonces, advertí que cuando se piensa
sobre la eternidad, no hay que hacerlo basándose en la noción
de tiempo, sino en la noción de estado; entonces, puede
percibirse qué significa desde la eternidad; y eso fue lo que
me ocurrió a mí. vesmirnilide.cz
(168)
Cuando los ángeles hablan con el hombre,
no emplean las ideas naturales propias del hombre, ya que todas ellas
se basan en el tiempo, el espacio, la materia, y otras
cosas semejantes; en cambio, se expresan mediante ideas espirituales,
pues todas ellas se basan en los estados y sus diversos cambios,
tanto en la interioridad como en la exterioridad de los ángeles.
Sin embargo, cuando estas ideas, que son espirituales, fluyen en el
hombre, se transforman instantáneamente, y por sí mismas, en i-deas
naturales accesibles al hombre, que corresponden exactamente con las ideas
espirituales. Que esto ocurre así, es algo que ignoran tanto los ángeles
como los hombres; sin embargo, el influjo del cielo en el hombre,
siempre se verifica de tal modo. A ciertos ángeles, les fue
permitido acceder más íntimamente a mis pensamientos, incluso a los
pensamientos naturales que incluían diversas cosas relativas al tiempo y
al espacio; pero como les resultaban incomprensibles, se apartaron
de inmediato; y cuando ya se habían retirado, oí que
conversaban entre ellos, y que decían que habían permanecido
en tinieblas. He podido verificar personalmente cuan ignorantes son
los ángeles en lo que respecta al tiempo. Cierto ser celestial, que
estaba facultado para penetrar en las ideas naturales del hombre;
en una oportunidad, cuando ya había realizado una de estas
experiencias, conversó conmigo sobre el tema, así como un hombre
conversa con otro. Al principio, no acertaba a comprender qué
cosa era aquello que yo denominaba tiempo; me vi por tanto obligado
a explayarme sobre el tema, diciéndole que el sol, parece como
que gira alrededor de nuestra tierra, produciendo así años
y días, y que los años se dividen en cuatro
estaciones, y éstas, se subdividen en meses y semanas,
y que a su vez los días se dividen en veinticuatro horas;
y que tales períodos, recurren a través de transiciones alternas
fijas o regulares; y que ése es el origen del tiempo.
Al oír esto, se mostró sorprendido, afirmando que nada sabía acerca
de tales cosas, que lo que sabía se relacionaba exclusivamente
con los estados. Durante la conversación, añadí que en el
mundo, se sabe que en el cielo no hay tiempo, pues cuando
se habla de aquellos que han muerto, se dice que "han
pasado fuera del tiempo", dando a entender con ello que han partido
del mundo. Observé, asimismo, que algunos saben, que en su origen, los
períodos de tiempo son estados, pues saben que los períodos de tiempo
concuerdan con sus estados afectivos de manera casi exacta; siendo breves
para aquellos que se hallan en un estado placentero y jubiloso,
largos para quienes padecen un estado de aflicción y pesar,
y variados para quienes experimentan un estado de esperanza
y expectativa; cosa que induce a ciertos hombres cultivados
a indagar acerca del tiempo y el espacio, y algunos arriban a
la conclusión de que el tiempo es algo inherente
al hombre natural.
(169)
El hombre natural puede llegar a presumir que
su pensamiento sería nulo, si sus ideas relativas al tiempo,
al espacio, y a las cosas materiales, fuesen obliteradas, ya que
en ellas se funda todo el pensamiento del hombre. Debería saber,
sin embargo, que sus pensamientos son restringidos, y se ven coartados,
en la medida en que participan del tiempo, del espacio y de la
materia; y que poseen en cambio un vasto alcance y son
ilimitados, en la medida en que no participan de ellos,
pues en este caso su mente se eleva por encima de las cosas
corpóreas y mundanas. He ahí la fuente de la sabiduría
de los ángeles; una sabiduría de tal magnitud, que se la
califica de incomprensible, dado que no puede ser captada
a través de ideas que se basan exclusivamente en las cosas
materiales.
(19)
Capítulo
XIX
REPRESENTACIONES
Y APARIENCIAS EN EL CIELO
(170)
El hombre que piensa guiándose exclusivamente por
la luz natural, es incapaz de comprender que en cielo hay
cosas similares a las que hay en el mundo; ya que basándose
en la luz natural, ha dado en conjeturar —y se ha habituado
a la idea— que los ángeles son entes mentales, y que éstos son
hálitos etéreos, desprovistos de órganos sensoriales como los que poseen
los hombres; es decir, que no tienen ojos, y, que al no tener
ojos, no ven cosa alguna; sin embargo, los ángeles poseen los mismos
órganos sensoriales que el hombre, y sus sensaciones son mucho más
exquisitas; y la luz que alumbra sus ojos, es mucho más brillante que
la luz que alumbra los ojos de los hombres. Que los ángeles son
hombres en su forma más perfecta, y que gozan de todos los
sentidos, puede verificarse más arriba (N-°73-77); y también que la luz
del cielo es mucho más brillante que la luz del mundo
(Nº 126-132).
(171)
La naturaleza de los objetos que aparecen ante
los ojos de los ángeles, no puede describirse en forma sucinta.
En un sentido genérico, puede afirmarse que son similares a los
de la tierra, si bien su forma es mucho más perfecta, y
su cantidad, mayor. Que estas cosas existen en los cielos, consta
en la visiones de los profetas; como las de Ezequiel relativas
al Nuevo Templo y la Nueva Tierra (según se describen desde el
cap. XL al XLVIII); Daniel (desde el cap. Vil al cap. XII); Juan (desde el primer
cap. hasta el último del Apocalipsis); y las de otros,
según se refieren en los Libros históricos y proféticos de la Palabra. Y las cosas que vieron, las vieron cuando el cielo les fue develado;
se dice que el cielo es develado, cuando la vista interior,
que es la vista del espíritu del hombre, es develada; puesto que
lo que hay en los cielos, no puede ser visto por los ojos
corporales del hombre, sino por los ojos de su espíritu; y cuando
el Señor así lo desea, los ojos del espíritu se abren, y
el hombre es substraído de la luz natural que percibe con sus
ojos corporales, y es elevado hacia la luz espiritual que percibe con
su espíritu. En esa luz, he visto las cosas que hay en el
cielo.
(172)
A pesar de que las cosas que se ven
en los cielos, en su aspecto general, son similares a las que
hay en la tierra, en su esencia, son diferentes; pues en el
cielo, las cosas derivan su existencia del sol del cielo, y en la
tierra, del sol del mundo. Las cosas que derivan su existencia del sol del
cielo se denominan espirituales; y las que derivan su existencia
del sol del mundo, se denominan naturales.
(173)
La existencia de las cosas del cielo deviene
de un modo diverso que la existencia de las de la tierra.
Todas las cosas del cielo, derivan su existencia del Señor, y
se hallan en correspondencia con la interioridad de los
ángeles; los ángeles, poseen una interioridad y una exterioridad. Todas
las cosas que pertenecen a su interioridad, se relacionan con
el amor y la fe, es decir, con la voluntad y
el intelecto, dado que la voluntad y el intelecto son sus
receptáculos; y su exterioridad, corresponde a su interioridad. Que
las cosas exteriores corresponden a las interiores, puede verse más arriba
(Nº 87-115). Esto puede ilustrarse con lo que
se ha dicho antes sobre el calor y la luz del cielo: que los
ángeles reciben calor según la calidad de su amor, y luz según
la calidad de su sabiduría (nº 128-134). Lo mismo
es cierto para todas las otras cosas que aparecen ante los sentidos
de los ángeles.
(174)
Cuando me ha sido dado gozar de la
compañía de los ángeles, pude percibir, que las cosas revestían
allí exactamente la misma apariencia que las del mundo; y esto
de manera tan cabal, que resultaba difícil admitir que uno no se
hallaba en el mundo y en el palacio de un rey. Y, también,
conversé con los ángeles como un hombre lo hace con otro.
(175)
Como todas las cosas que corresponden a
la interioridad, también las representan, se llaman Representaciones;
y como varían en cada caso según el estado de interioridad,
se llaman Apariencias. No obstante, las cosas que aparecen en el
cielo ante los ojos de los ángeles, y que perciben a través
de sus sentidos, aparecen ante sus ojos y sentidos en forma tan
vivida como aparecen ante el hombre las cosas que hay en la tierra;
nada más que de manera más clara, nítida y perceptible. En el
cielo las apariencias de este origen, se llaman Apariencias reales,
pues tienen existencia real. También hay apariencias que no son reales,
pues se trata de cosas que, sin bien son visibles, no están
en correspondencia con la interioridad. Estas últimas, serán
examinadas más adelante.
(176)
Para distinguir cuáles son las cosas que aparecen
ante los ángeles según las correspondencias, indicaré aquí una sola a modo
de ilustración. Quienes son inteligentes, ven huertos y jardines
plenos de árboles y flores. Los árboles están plantados en un
orden de suprema pulcritud, combinados para formar glorietas, con accesos
cubiertos de enramadas, y senderos circundantes; todo ello, irradia una
inefable belleza. Por aIlí pasan los que son inteligentes, y recogen
flores y entrelazan guirnaldas con las que ornan a los infantes. Hay,
también, especies de árboles y flores jamás vistos en la tierra,
pues no pueden darse en ella. Los árboles dan frutos que armonizan
con el bien del amor, en el cual viven los inteligentes. Y ven
tales cosas, pues los huertos y jardines, y los árboles frutales
y las flores, corresponden a la inteligencia y la sabiduría. Que
en el cielo hay estas cosas, es algo sabido incluso en la
tierra; pero sólo por aquellos que viven en el bien, y no han
extinguido en sí mismos la luz del cielo con la luz natural
y sus falacias; puesto que cuando piensan en el cielo, concluyen,
y afirman, que allí hay cosas que jamás han sido oídas ni vistas.
(20)
Capítulo
XX
LAS VESTIDURAS
DE LOS ANGELES
(177)
Como los ángeles son hombres, y conviven igual
que los hombres en la tierra, disponen de atuendos y viviendas
y otras cosas similares; con la sola diferencia de que todas las
cosas que poseen, son más perfectas, dado que ellos gozan de un estado más
perfecto. Pues la sabiduría angélica supera la sabiduría humana
en un grado inefable, y lo mismo ocurre con todas las cosas que
perciben y aparecen ante sus ojos, pues todas las cosas que los ángeles
perciben y ven, corresponden con su sabiduría (ver arriba,
Nº 173).
(178)
Las vestiduras de los ángeles, así como todo
lo relativo a ellos, son correspondencias, y al ser
correspondencias, poseen una existencia real (ver arriba, Nº 175).
Sus vestiduras corresponden a su inteligencia; a esto se debe
que todos los habitantes de los cielos aparezcan vestidos según
su inteligencia; y así como unos son más inteligentes que otros
(Nº 43 y 128), así también, las vestiduras
de unos son superiores a las de otros. Los de eminente
inteligencia poseen vestiduras fulgurantes como llamas, otros, llevan
vestiduras esplendentes como la luz; los menos inteligentes llevan
vestiduras de una resplandeciente blancura, o blancas sin resplandor
alguno; y los que son aún menos inteligentes, llevan vestiduras
de diversos colores. En cambio los ángeles del íntimo cielo, están
desnudos.
(179)
Dado que las vestiduras de los ángeles,
corresponden a su inteligencia, también corresponden a la verdad,
puesto que la inteligencia, procede de la verdad Divina; por
consiguiente, decir que los ángeles llevan atuendos que concuerdan con
su inteligencia, o con la verdad Divina, es la misma cosa.
Las vestiduras de unos son fulgurantes como llamas, y las de otros
esplendentes como luz, porque las llamas corresponden al bien, y
la luz a la verdad del bien. Algunos llevan vestiduras
de resplandeciente blancura y blancas sin resplandor alguno,
y las de otros son de diversos colores, porque entre los menos
inteligentes, el bien Divino y la verdad Divina son menos
esplendentes, y su modo de recepción es diverso; y
la resplandeciente blancura y el blanco, corresponden a
la verdad; y los colores, a sus variedades. Los que habitan
en el íntimo cielo, están desnudos, pues viven en la inocencia, y
la inocencia corresponde a la desnudez.
(180)
Como en el cielo, los ángeles llevan vestiduras,
cuando en el mundo aparecieron, lucían vestiduras; como en el caso
de aquellos que vieron los profetas y los que aparecieron en el
sepulcro del Señor:
Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve (Mat. XXVHI. 3; Marcos XVI. 5; Lucas XXIV. 4; Juan XX, 12, 13)
y aquellos que vio Juan en el cielo:
... vestidos de lino finísimo, blanco y limpio (Apoc. lV. 4)
Y como la inteligencia procede de la verdad Divina, está escrito:
... y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz (Mat. XVII. 2; Marcos IX. 3; Lucas IX. 29).
Y puesto que la luz es la verdad Divina que procede del Señor (ver más arriba, Nº 129), en la Palabra, "vestiduras", significa verdades e inteligencia que procede de dichas verdades, según consta en el Apocalipsis:
Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas... (III. 4, 5) Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas... (XVI. 15)
Y sobre Jerusalén, que denota una iglesia que vive en la verdad, se lee en Isaías:
Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén... (LII. 1);
y en Ezequiel:
... y te vestí de bordado, te calcé de tejón, te ceñí de lino y te cubrí de seda (XVI. 10, 13);
para no citar muchos otros pasajes. En cambio, de aquél que no regla su vida según la verdad, se dice que "no está vestido de boda", según consta en Mateo:
Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿ cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda ?
... Y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes (XXII. 11-13)
La casa nupcial, alude al cielo y a la iglesia, debido a la conjunción del Señor con el cielo y la iglesia a través de su verdad Divina; y por eso en la Palabra, el Señor es llamado Novio y Esposo; y el cielo y la iglesia, llevan el nombre de Novia y Esposa.
(181)
Que las vestiduras de los ángeles, no sólo
parecen atuendos, sino que realmente lo son, se manifiesta en el
hecho de que para ellos, además de ser visibles, son tangibles;
disponen de muchos, los llevan puestos y también se los quitan,
y conservan los que no usan para volver a ataviarse con ellos
cuando se presenta la ocasión. Que poseen una gran variedad de atuendos,
es algo que he podido observar miles de veces. Cuando inquirí
acerca del origen de sus vestiduras, me respondieron que las reciben
del Señor como dádivas, y que, a veces, las llevan puestas sin
tener consciencia de ello. También dijeron, que sus vestiduras
se modifican de acuerdo con sus cambios de estado; que
en el primer y segundo estado poseen una blancura brillante
y esplendente, y que en el tercer y cuarto estado,
su brillo disminuye; cosa que ocurre según las correspondencias,
ya que sus cambios de estado, se relacionan con su inteligencia
y sabiduría (lo cual puede verificarse más arriba, Nº 154-161).
(182)
Así como los seres del mundo espiritual, lucen
vestiduras que concuerdan con su inteligencia, así también los seres
infernales, cuyas verdades son nulas, llevan ropajes; pero su aspecto
es andrajoso, sucio, e inmundo, de acuerdo con el grado
de su demencia; y sólo pueden usar dichos ropajes.
El Señor permite que dispongan de vestimenta, a fin
de que no aparezcan desnudos.
(21)
Capítulo
XXI
RESIDENCIAS Y MORADAS
DE LOS ANGELES
(183)
Ya que en el cielo hay sociedades, y los
ángeles viven del mismo modo que los hombres, disponen también
de residencias, que difieren según el estado vital de cada uno;
las de aquellos que gozan de una condición de eminente dignidad,
son magníficas; y las de aquellos que están en una condición
inferior, no son tan magníficas. He conversado a menudo con los
ángeles sobre las residencias del cielo; diciéndoles que en la actualidad,
casi ninguna persona podría creer que en el cielo hay residencias
y moradas; algunas, porque no las ven con sus ojos; otras, porque
ignoran que los ángeles son hombres, y otras porque creen que
el cielo angélico no es otra cosa que el cielo que tienen ante
sus ojos; y como este parece estar vacío, y ellos suponen que los
ángeles son formas etéreas, llegan a la conclusión de que habitan
en el éter. Por otra parte, son incapaces de concebir que en el
mundo espiritual haya cosas similares a las del mundo natural, pues
su conocimiento de lo espiritual es nulo. Los ángeles afirmaron, que ellos, están al tanto
de la Ignorancia imperante en el mundo en nuestros días; y
se mostraron asombrados ante el hecho de que esto ocurra
principalmente en el seno de la iglesia; y en mucho mayor medida
entre los llamados inteligentes, que entre aquellos que éstos últimos catalogan
de simples. También dijeron, que en la Palabra consta que los ángeles son hombres, pues según está escrito, los que aparecieron,
poseían aspecto humano; y el Señor, que en Su ascensión llevó
Consigo Su Humanidad íntegra, también apareció bajo un aspecto
similar. Y que además, deberían saber que los ángeles son hombres
y disponen de residencias y moradas, y no vuelan por los
aires, como suponen algunos a causa de su ignorancia (que los ángeles
llaman demencia) y que no son meros hálitos, aunque se los
designe como espíritus. Y esto los hombres podrían percibirlo,
si fueran capaces de pensar haciendo abstracción de sus nociones
adquiridas acerca de los ángeles y los espíritus; cosa que ocurre, cuando
no ponen en tela de juicio esta cuestión sometiéndola
al examen directo de su pensamiento. Puesto que toda persona tiene
una noción general de que los ángeles poseen forma humana, y que
habitan en casas a las que denominan moradas celestiales, que superan
en magnificencia a las moradas terrenales; pero esta noción general,
que afluye del cielo, se desvanece en el acto, cuando se pone
en tela de juicio su veracidad y se la somete a
un escrutinio directo; cosa que ocurre especialmente entre los eruditos,
quienes, dejándose llevar por su propia inteligencia, han obliterado
en sí mismos la vía por la que ingresa la luz celestial.
Lo mismo ocurre con la creencia acerca de la vida del hombre
después de la muerte. Cuando un hombre habla del tema, sin pensar
al mismo tiempo según las luces de la erudición mundana, o a
partir de la doctrina que postula su reintegración con
el cuerpo; entonces, cree que su vida humana ha de proseguir
después de la muerte; entre los ángeles, si es que vivió según
el bien; y que ha de contemplar cosas magníficas y percibirá
cosas jubilosas; pero en cuanto torna a pensar nuevamente según
la doctrina de la reintegración con el cuerpo, o su teoría
sobre el alma, vuelve a cuestionarse si la condición del alma
realmente es así, y si tal cosa es plausible; entonces,
su idea previa se disipa.
(184)
Pero el testimonio de la experiencia
directa es más elocuente. Siempre que he hablado con los ángeles cara
a cara, me hallaba con ellos en sus moradas. Sus moradas, son
semejantes a las moradas terrenales que llamamos casas; aunque son más
bellas. Y poseen cámaras, salones y alcobas en gran número;
también hay atrios, huertos, jardines y parques alrededor. En los
sitios en que se hallan establecidas las comunidades, las moradas son
contiguas; están ubicadas una al lado de otra como en una
ciudad, con avenidas, calles y plazas; exactamente igual que en las
ciudades de la tierra. Me ha sido dado recorrerlas, pudiendo observar
lo que había alrededor; y en ocasiones, he podido ingresar
en sus casas. Esto aconteció cuando mi vista interior se hallaba
develada; y en plena vigilia.
(185)
En el cielo, he visto palacios de una
magnificencia indescriptible. La parte superior de sus muros, relucía
como si fuese de oro puro, y la inferior, como si estuviese
labrada con piedras preciosas; ciertos palacios, eran más espléndidos que
otros; y en su interior, su aspecto era similar. Ningún vocablo,
ningún conocimiento, es apto o suficiente como para describir
la ornamentación de sus salones. En el lado que daba hacia
el sur, había jardines, y allí también todo brillaba; en ciertos
lugares, las hojas relucían como la plata, y los frutos como
el oro; y las flores en sus eras, con sus diversos colores
formaban un arco iris. Más allá del horizonte, donde la vista se perdía,
se divisaban más palacios. Tal es la arquitectura del cielo, que
se diría que allí reside el arte en sí mismo; lo que
no es para maravillarse, puesto que el arte, procede del cielo.
Afirman los ángeles, que tales cosas, y otras innumerables aún más perfectas,
aparecen ante sus ojos por obra del Señor; sin embargo, estas cosas
brindan mayor deleite a su mente que a sus ojos, pues en cada
una de ellas, ven una correspondencia, y a través de las
correspondencias, contemplan lo Divino.
(186)
En cuanto a las correspondencias, también
he sido informado que no sólo los palacios y las casas
. sino también todas las cosas que hay dentro de ellos y a
su alrededor, corresponden a los dones interiores que reciben del
Señor; las casas, en un sentido genérico, corresponden a
su bondad, y cada una de las cosas que hay dentro de una
casa, corresponden a los diversos dones que constituyen su bondad;
y las que se hallan en su exterior, a las verdades emanadas
del bien, y también a las percepciones y conocimientos
derivados; y como tales cosas corresponden al bien y la verdad
que reciben del Señor, corresponden a su amor, y a
la sabiduría e inteligencia emanadas del amor, pues el amor
pertenece al bien, y la sabiduría al bien y la verdad, y
la inteligencia a la verdad emanada del bien. He aquí
lo que perciben los ángeles cuando contemplan lo que los rodea, por
eso su mente se deleita y admira aún más que sus ojos.
(187)
Lo antedicho, explica por qué el Señor
se llamó a SÍ Mismo Templo en Jerusalén (Juan 11, 19, 21); porque
el templo representaba a Su Divinidad Humana; y porqué
la Nueva Jerusalén parecía estar hecha de oro puro, y sus
puertas con perlas, y sus cimientos, como labrados con piedras preciosas (Apoc.
XXI); porque la "Nueva Jerusalén", significa la Iglesia
que habría de ser instaurada posteriormente; "las doce puertas",
las verdades que conducen hacia el bien; y "los cimientos",
las verdades sobre las que está fundada la Iglesia.
(188)
Los ángeles que conforman el reino celestial del
Señor, en su mayoría, moran en sitios elevados que parecen
montañas de tierra fértil; los ángeles que constituyen
el reino espiritual, habitan en lugares menos elevados semejantes
a las colinas; en cambio los ángeles de las regiones inferiores
del cielo, habitan en parajes similares a las peñas. Estas
cosas derivan su existencia de las correspondencias; pues lo que
pertenece a la interioridad, corresponde a las cosas más altas, y
lo que pertenece a la exterioridad, a cosas relativamente más
bajas; por eso en la Palabra, "montañas" significa amor
celestial, "colinas" amor espiritual, y "peñas"
fe.
(189)
Hay, también, ángeles que no viven
en comunidades, sino que viven aparte, casa por casa. Y habitan
en el centro del cielo, pues son los ángeles supremos.
(190)
Las casas que habitan los ángeles, no son
construidas, como las casas del mundo, ya que las reciben gratuitamente
del Señor; cada cual según su receptividad del bien y
la verdad. En ellas, también pueden notarse leves modificaciones, que
dependen de los cambios de estado en la interioridad de los
ángeles (sobre este punto, véase más arriba, nº 154-160). Todas
y cada una de las cosas que poseen los ángeles, las estiman como
obsequios del Señor; y todo lo que necesitan, les
es suministrado.
(22)
Capítulo
XXII
EL ESPACIO EN EL CIELO
(191)
Aunque todas las cosas que pueblan el cielo,
parecen ocupar un lugar en el espacio, los ángeles no tienen
noción o idea alguna de lugar o espacio. Y como esto debe
sonar algo paradójico, procuraré esclarecer este punto, puesto que
se trata de una cuestión de capital importancia.
(192)
En el mundo espiritual, todo cambio
de lugar se verifica mediante cambios de estado en la
interioridad de los seres, lo que quiere decir que, cambiar
de lugar, no es otra cosa que cambiar de estado. Así
he sido llevado por el Señor hacia los cielos, y también
hacia otros planetas del universo; está travesía, la emprendía
mi espíritu mientras mi cuerpo permanecía en el mismo lugar.
Entre los ángeles todo movimiento se efectúa de tal modo;
en consecuencia, entre ellos no existen las distancias, y al no
haber distancias, tampoco hay extensiones de espacio; en vez
de haber extensiones de espacio, hay estados y cambios
de estado.
(193)
Puesto que los cambios de lugar
se verifican según la forma descripta, es evidente que
la proximidad entre los seres depende de la similitud del estado
de interioridad que experimentan, y la separación, de su
disimilitud; de ahí que quienes están próximos, experimentan
un estado similar, y los que están distanciados, un estado
disímil; las extensiones de espacio en el cielo, son nada más que
la condición externa correspondiente a los estados internos. Por
la misma razón, los cielos se distinguen entre sí, así como las
sociedades de cada cielo y los individuos de cada sociedad; por
eso también, los infiernos están totalmente separados de los cielos; los
seres infernales, padecen un estado diametralmente opuesto al que
se experimenta en los cielos.
(194)
Asimismo, en el mundo espiritual, quienquiera
que desee intensamente la presencia de otro ser, goza de su
presencia, pues su deseo le permite verlo mentalmente; de esa
forma, accede al estado que experimenta ese otro ser; por
el contrario, un ser se separa de otro, en tanto
siente aversión hacia él. Y como toda aversión emana de la discordia
afectiva y del disenso intelectual; en el orbe espiritual, suele
ocurrir que habiendo muchas personas reunidas, mientras están de acuerdo,
son visibles entre sí; pero apenas empiezan a discutir, se vuelven
mutuamente invisibles.
(195)
Del mismo modo, cuando una persona se encamina
hacia un sitio determinado, ya sea que esté ubicado dentro de su
propia ciudad, ya sea en un patio o en un jardín, o bien
en las afueras de su propia comunidad, arriba más rápido si su
deseo de llegar allí es intenso, y menos rápido si no
lo es; el camino se alarga o se acorta según
la intensidad de su deseo; y sin embargo, el camino, sigue
siendo el mismo. He observado esto con frecuencia, y nunca
he dejado de admirarme. Todo ello, pone de manifiesto que las
distancias, y, por tanto, las extensiones de espacio, concuerdan
plenamente con los estados de interioridad de los ángeles;
y siendo así, ninguna noción o idea relativa al espacio puede
ser captada por su mente, aunque entre ellos hay extensiones
de espacio igual que en el mundo.
(196)
Lo dicho puede ilustrarse a través de los
pensamientos del hombre, ya que el espacio no es
el elemento propio del pensamiento, pues cualquier cosa sobre la que
se piensa intensamente, se hace presente ante nosotros. Por
lo demás, quienquiera que reflexione un poco sobre el tema,
advertirá que su vista percibe el espacio solamente a través
de objetos, situados en puntos intermedios sobre la tierra que
ocupan su visión de manera simultánea, o recordando
su consabidas nociones sobre la distancia. Esto se debe
al fenómeno de continuidad, porque en lo que es continuo,
la distancia es aparente sólo a partir de cosas que
no son continuas. Esto es aún más exacto en lo relativo
a los ángeles, porque su vista actúa al unísono con
su pensamiento, y éste con su afecto; y las cosas parecen
cercanas o remotas, y también se modifican, según sus estados
de interioridad, como se ha dicho antes.
(197)
A esto se debe que en la Palabra, los lugares y las extensiones de espacio, y todo lo referente
al espacio, significan cosas relativas a los estados; como por
ejemplo las distancias, la proximidad, la lejanía, los caminos, los
viajes, las peregrinaciones, las millas y estadios, las llanuras, los
campos y los jardines, las ciudades y las calles, el movimiento,
las medidas de diverso género, la longitud, la anchura,
la altura y la profundidad, e incalculables cosas más; porque
casi todo lo perteneciente al pensamiento terrenal del hombre,
participa de alguna manera del espacio y del tiempo. Aquí indicaré
solamente cuál es el sentido que poseen en la Palabra la longitud, la anchura y la altura. En este mundo,
se designa como largo o ancho a aquello que es largo
o ancho en cuanto a espacio, y lo mismo ocurre en el
caso de la altura. En cambio en el cielo, en donde
el pensamiento no se basa en el espacio; la longitud,
denota un estado en el que se goza del bien; la anchura,
un estado en el que se goza de la verdad; y la altura,
la distinción que existe entre ellos según los grados (ver
nº 38). Tal es el sentido de estas tres dimensiones, puesto
que en el cielo, la longitud se extiende de oriente
a occidente, y quienes moran allí gozan del bien del amor;
en cambio la anchura, se extiende desde el sur hacia
el norte, y los que residen a-Ilí disfrutan de la verdad del
bien (ver nº 148); por su parte la altura, en el
cielo, alude a los dos aspectos anteriores en lo relativo a los
grados. Y por lo mismo en la Palabra, la longitud, la anchura y la altura, poseen una significación similar, según consta
en Ezequiel (desde el capítulo XL hasta el XLVIII), donde
el Nuevo Templo y la Nueva Tierra, los atrios, las cámaras, los
portales, las puertas, las ventanas, y sus contornos, se describen
con medidas de longitud, anchura y altura, mediante las cuales
se alude a una Nueva Iglesia, y al bien y la verdad que hay
en ella. De no ser así, ¿ con qué finalidad
se señalan todas estas medidas ? Del mismo modo
se describe a la Nueva Jeru-salén en el Apocalipsis, con las
siguientes palabras:
La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura son iguales (XXI. 16).
Dado que en este pasaje "la Nueva Jerusalén" denota una nueva igle-sia dichas medidas aluden a las cosas que constituyen la iglesia; su "longitud", al bien del amor; su "anchura", a la verdad del bien; su "altura", al bien y la verdad en lo relativo a los grados; "doce mil estadios", todo bien y toda verdad en su conjunto. De otro modo, ¿ qué sentido tendría precisar que la altura erá de doce mil estadios, igual que su longitud y anchura ? Que en la Palabra "anchura" significa verdad, se pone claramente de manifiesto en David:
No me entregaste en mano del enemigo; Pusiste mis pies en lugar espacioso. (Salmos XXXI. 8)
Desde la angustia invoqué a Jah, Y me respondió Jah, poniéndome en lugar espacioso (Salmos CXVIII. 5)
Y en otros pasajes (como en Isaías VIII. 8, y Habacuc I. 6); y de un modo similar en todos los otros casos.
(198)
De esto se sigue que por más que en el
cielo haya extensiones de espacio igual que en el mundo, allí nada
se estima en conformidad con las extensiones de espacio; todo
se estima según los estados; por consiguiente, allí, las extensiones
de espacio no pueden medirse como en el mundo, pues sólo pueden
percibirse en conexión con el estado que experimentan sus habitantes,
es decir, según el estado de su interioridad.
(199)
Y la causa primordial de ello, es que
el Señor está presente en cada cual según su amor y
su fe, y que todas las cosas parecen cercanas o remotas según
Su presencia, y por ella se hallan determinadas todas las cosas
que pueblan los cielos. Por eso los ángeles poseen sabiduría, y por
lo mismo sus pensamientos se difunden, y a ello se debe que
exista una comunicación entre todas las cosas que pueblan los cielos; en una
palabra, es gracias a la presencia del Señor que los ángeles
piensan espiritualmente, a diferencia de los hombres, que piensan
naturalmente.
(23)
Capítulo
XXIII
LAS AFILIACIONES
Y LAS COMUNICACIONES
ESTÁN DETERMINADAS
POR LA FORMA DEL CIELO
(200)
En base a lo expuesto en los artículos
previos, es posible formarse una noción acerca de la forma del cielo;
como ser, que las secciones máximas del cielo son similares a las mínimas
(Nº 72); y que, a causa de ello, cada sociedad
es un cielo en forma menor, y cada ángel en forma mínima
(Nº 51 -58); que puesto que el cielo en su
conjunto refleja a un solo hombre, cada sociedad refleja la imagen
de un hombre en forma menor, y cada ángel, en su forma
mínima (Nº 59-77); que los que gozan de suprema
sabiduría, están situados en el centro, y los que poseen menor
sabiduría, se ubican alrededor hasta llegar a la periferia,
y esta disposición es similar en cada sociedad (Nº 43);
y que en el cielo, desde la región oriental hasta
la occidental, habitan los que gozan del bien del amor, y desde
la región meridional hasta la septentrional, los que disfrutan
de la verdad del bien, y esta disposición es similar
en cada sociedad (Nº 148, 149). Dicho orden concuerda con
la forma del cielo; y a partir de él, puede inferirse cuál
es la forma del cielo en su aspecto general.
(201)
Es sumamente importante conocer cuál es la forma
del cielo, puesto que no sólo los vínculos que se establecen entre
sus habitantes concuerdan con ella, sino también toda comunicación, y
en consecuencia, la difusión general de los pensamientos y
de los afectos, es decir, la inteligencia y la sabiduría
de los ángeles en su integridad. De esto se sigue, que cada
habitante del cielo disfruta de sabiduría en la medida que posea
la forma del cielo, vale decir, en la medida en que sea una
forma del cielo. Es exactamente lo mismo decir según la forma
del cielo, o según el orden del cielo, pues la forma de las
cosas, deriva de su propio orden y concuerda con él.
(202)
Examinemos en primer lugar, qué es lo que
se entiende por poseer la forma del cielo. El hombre
ha sido creado a imagen del cielo y a imagen del mundo;
su interioridad a imagen del cielo, y su exterioridad
a imagen del mundo (ver arriba Nº 57); a imagen,
es lo mismo que según la forma. Pero el hombre, debido a
la perversidad de su voluntad y a la falsedad de su
pensamiento, ha destruido la imagen del cielo en su ser,
o sea, ha destruido la forma del cielo; asumiendo en su
lugar la imagen y la forma del infierno; por eso su interioridad
se halla obliterada desde su nacimiento; y por la misma
razón, ^diferencia de los animales, el hombre nace en una
condición de absoluta ignorancia. Y para que pueda recobrar
la imagen y la forma del cielo, debe ser instruido en lo
relativo a las cosas que conciernen al orden; puesto que,
la forma, según se ha indicado, depende del orden. La Palabra
encierra en sí todas las leyes del orden Divino, pues sus preceptos son
las leyes del orden Divino; por tanto, en la medida que el hombre las
conoce y vive en conformidad con ellas, su interioridad comienza
a develarse, y el orden o imagen del cielo cobran forma
nuevamente en su ser. Lo que pone de manifiesto qué es lo
que se entiende por poseer la forma del cielo: vivir de acuerdo
con los preceptos de la Palabra.
(203)
En la medida que un hombre posea
la forma del cielo, en tal medida se halla en el cielo,
erigiéndose de hecho en un cielo en forma mínima
(Nº 57); y en esa misma medida, goza de inteligencia
y sabiduría; ya que, según se ha indicado antes, todos los
pensamientos de su intelecto y todos los afectos de su voluntad
se difunden hacia todos los puntos del cielo en armonía con
su forma, comunicándose maravillosamente con todas las sociedades del
cielo, las que a su vez se comunican con él del mismo modo. Hay
ciertas personas que rehúsan creer que sus pensamientos y afectos
se difunden a su alrededor, pues suponen que éstos se hallan recluidos en su
interioridad; porque todo lo que piensan lo ven dentro suyo,
y fuera de ellos, no lo perciben; pero se equivocan
en demasía quienes opinan de tal modo. Puesto que así como
la vista del ojo, se extiende hacia objetos remotos y
es afectada según el orden de las cosas visibles en dicha
extensión, así también su vista interior, que pertenece a
su intelecto, se difunde de un modo similar en el mundo
espiritual; aunque el hombre no lo perciba, por la razón
indicada más arriba (Nº 196). La única diferencia, estriba
en que la vista del ojo es afectada de un modo natural,
ya que es afectada por las cosas que pueblan el mundo natural,
mientras que la vista del intelecto es afectada de un modo
espiritual por las cosas que pueblan el mundo espiritual, que son todas
relativas al bien y la verdad; y esto, es algo que
el hombre ignora pues desconoce que hay una luz que ilumina
al intelecto; sin embargo, sin esa luz que ilumina al intelecto,
el hombre sería absolutamente incapaz de pensar (acerca de esa
luz, ver más arriba, Nº 126-132). Tuve ocasión de observar a
un espíritu que juzgaba que su pensamiento pertenecía exclusivamente
a su fuero interno, y que, por tanto, no se difundía fuera
de él ni se comunicaba con las sociedades exteriores. A fin
de que se percatara de su error, le fue interrumpida
la comunicación con las sociedades circundantes y, a consecuencia
de ello, se vio privado de su pensamiento y se desplomó
en el suelo como examine; aunque agitaba los brazos desmañadamente,
como un niño recién nacido. Un poco después,
la comunicación le fue restituida, y a medida que
la recobraba, volvió a recuperar la facultad de pensar.
Otros espíritus, que tuvieron ocasión de presenciar semejante episodio,
confesaron que el pensamiento y el afecto y, por consiguiente, todas
las cosas de la vida, fluyen en armonía con la comunicación;
pues la vida del hombre, en su integridad, depende de la
facultad de pensar y de su capacidad de ser conmovido por
el afecto, o lo que es igual, de su capacidad
de entender y querer.
(204)
Pero es conveniente saber que
la inteligencia y la sabiduría varían en cada cual según
su capacidad de comunicación; quienes están dotados
de inteligencia y sabiduría integradas por verdades y dones
de bondad genuinos, se comunican con sociedades que armonizan con
la forma del cielo; pero los que están dotados de inteligencia
y sabiduría que no encierran verdades y dones de bondad genuinos,
sino aptitudes que condicen con su índole, tienen una comunicación
intermitente y de coherencia variable, ya que no se establece
con sociedades dispuestas en serie según la forma del cielo. Por otra
parte, los que carecen de inteligencia y sabiduría, debido a que
gozan de la falsedad del mal, se comunican con sociedades infernales;
el alcance de semejante comunicación, depende del grado en que
hayan confirmado su perversidad. Pero también debe saberse, que dicha
comunicación entre sociedades no es una comunicación manifiestamente
perceptible para sus miembros, pues lo que se comunica es la
índole misma de su ser, la cual reside en ellos y fluye
de ellos.
(205)
Todos los habitantes del cielo se vinculan entre
sí en armonía con sus afinidades espirituales, que son afinidades
relativas al bien y la verdad según su orden. Y la misma
correlación se verifica en el cielo en su conjunto, en cada
sociedad y en cada casa. A ello se debe que los ángeles, que
gozan de un bien y una verdad similares, se reconozcan, como
se reconocen los parientes sanguíneos o políticos en la tierra;
como si se conocieran desde la infancia. Y en cada ángel,
el bien y la verdad, que conforman su inteligencia
y sabiduría, se vinculan de un modo similar; se reconocen mutuamente,
y al reconocerse, entran en conjunción. Por eso, los que poseen
el bien y la verdad en su interior, en conjunción según
la forma del cielo, contemplan el devenir de las cosas
en forma de series, viendo cómo se vinculan armoniosamente a
su alrededor; en cambio aquellos, en quienes el bien y
la verdad no se hallan en conjunción según la forma del
cielo, no pueden contemplar las cosas de tal modo.
(206)
Cada cielo, está dispuesto en un forma similar a
la descripta, y en conformidad con ella se verifica
la comunicación y difusión de los pensamientos y afectos entre
los ángeles, y, por tanto, de ella dependen su inteligencia
y sabiduría. Pero la comunicación entre uno y otro cielo
se establece de un modo distinto; el tercero o íntimo,
se comunica con el segundo o intermedio; y éste, con
el primero o externo. Por otra parte, la comunicación que
se establece entre los cielos, no debería llamarse comunicación, sino
influjo; a este punto, nos referiremos ahora. Que hay tres cielos,
netamente diferenciados entre sí, puede verificarse más arriba en los
artículos respectivos (Nº 29-40).
(207)
Que, en sentido estricto, no se establece
comunicación entre un cielo y otro, sino que se conectan entre
sí a través de un influjo, es algo que puede inferirse
de su situación correlativa. El tercer cielo o íntimo cielo,
se halla en lo alto, el segundo o intermedio se sitúa
debajo, y el primero o extremo está ubicado aún más abajo.
El orden correlativo de todas las sociedades de cada cielo,
es similar; por ejemplo, algunas están asentadas en sitios elevados
semejantes a las montañas (Nº 188);
en las cimas, las sociedades del íntimo cielo; un poco más abajo, las
sociedades del segundo cielo; y por debajo de éstas, las del cielo
externo. Y el mismo orden se verifica por doquier, ya sea
en sitios elevados o en sitios no elevados; una sociedad
perteneciente a un cielo superior, no se comunica con otra
perteneciente a uno inferior, sino es por medio de las
correspondencias (ver arriba, Nº 100); este modo
de comunicarse por medio de las correspondencias, se llama
influjo.
(208)
Un cielo se halla en conjunción con otro,
o una sociedad de un cielo con la de otro, por obra exclusiva
del Señor; ya sea por influjo inmediato, ya por influjo
mediato; el inmediato, procede directamente de El Mismo, y el mediato,
atravesando los cielos superiores desciende en orden hacia los inferiores.
Y como la conjunción entre los cielos por influjo, procede
exclusivamente del Señor, se adoptan precauciones extremas
a fin de que los ángeles de un cielo superior no condesciendan
a entrar en contacto, o entablar conversación, con miembros
de sociedades de un cielo inferior, pues cuando tal cosa sucede,
se ven privados en el acto de su inteligencia y sabiduría.
Señalaremos las causas de ello. Así como los cielos se distinguen
en tres grados, as: también cada ángel posee tres grados vitales; los que
moran en el íntimo cielo poseen su tercer grado vital develado, pero
el segundo y el primero los tienen velados; quienes habitan
el cielo intermedio, poseen su segundo grado vital develado, y el primero
y tercero velados; y aquellos que habitan el cielo inferior,
poseen su primer grado vital develado, y el segundo y el tercero
velados. Por consiguiente, cuando un ángel del tercer cielo, condesciende
a entrar en contacto con algún miembro de una sociedad del
segundo cielo, y entabla conversación con él, su tercer grado vital
se vela en el acto; y como su sabiduría pertenece
a ese grado, cuando éste se halla velado, se ve privado
de ella, pues su sabiduría es nula en lo que
se refiere al segundo y al primer grado. Tal es el sentido
de las palabras del Señor en Mateo:
En aquel día, el que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa (XXIV. 17, 18)
Y en Lucas:
En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en su casa, no descienda a tomarlos; y ei que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. (XVI1. 31, 32)
(209)
No puede haber influjo
de los cielos inferiores en los superiores, pues tal cosa sería
contraria al orden; hay, en cambio, un influjo de los
cielos superiores en los inferiores. Por lo demás, la sabiduría
de los ángeles de los cielos superiores, sobrepasa a la de los
ángeles de los cielos inferiores en una proporción de diez mil
a uno; y ésta es otra de las razones que determinan que los
ángeles de un cielo inferior carezcan de aptitud para dialogar con
los de un cielo superior; de hecho, cuando dirigen su mirada
hacia éstos, no pueden verlos, pues el cielo superior aparece ante
sus ojos como una especie de niebla situada por encima de sus
cabezas. Los ángeles de un cielo superior, sí pueden ver a los
que habitan un cielo inferior, pero no les está permitido dialogar
con ellos, pues de ocurrir tal cosa se verían privados de su
sabiduría, según se ha indicado antes.
(210)
Los pensamientos, los afectos, y los diálogos
de los ángeles del íntimo cielo, jamás son percibidos en el cielo
intermedio, dado que trascienden su esfera. Pero cuando
el Señor así lo desea; en los cielos inferiores, aparece
una forma flameante, que emana de la esfera del íntimo cielo;
y procedente de los pensamientos y afectos de los
habitantes del cielo intermedio, en el cielo externo, aparece una forma
luminosa, y a veces una nube de resplandeciente blancura veteada
de diversos colores. Y en base a esa nube; su ascenso
^º descenso y su forma, es posible discernir
en cierta medida, qué es lo que disertan los ángeles de los
cielos superiores.
(211)
Lo dicho pone de manifiesto cuál es la
forma del cielo, vale decir; en el íntimo cielo su perfección
es suprema; en el cielo intermedio, su forma también
es perfecta, aunque en un grado menor; y en el cielo externo,
en un grado inferior; y que la forma de un cielo, deriva
su existencia permanente de otro, mediante el influjo que
procede del Señor. Pero es imposible comprender en qué
consiste la comunicación por influjo, a menos que se sepa qué
son los grados de altura, y en qué difieren de los grados
de longitud y de anchura. En qué consisten, y cuál
es su diferencia, puede verificarse más arriba (Nº 38).
(212)
En cuanto a los detalles particulares de la
forma del cielo, y el modo en que surge y fluye; se trata
de una cuestión incomprensible incluso para los ángeles. Sin embargo,
puede inferirse una noción aproximada, a partir de la forma que
poseen todas las cosas que constituyen el cuerpo humano, cuando ésta
es examinada por un hombre sagaz y penetrante; pues según
se ha indicado antes, en los artículos respectivos al tema,
el cielo en su conjunto refleja a un solo hombre (véase Nº 59-72);
y todas las cosas pertenecientes al hombre, se hallan
en correspondencia con los cielos (Nº 87-102). Cuan
incomprensible e inextricable es dicha forma, puede colegirse,
siquiera de un modo general, examinando las fibras nerviosas, mediante las
cuales todas y cada una de las partes del cuerpo se hallan
entretejidas. Cómo son estas fibras, y de qué modo actúan y fluyen
en el cerebro, es algo que el ojo no puede percibir;
ya que innumerables fibras están allí entretejidas de manera tal que,
tomadas en su conjunto, ofrecen el aspecto de una delicada masa
continua; y sin embargo, es en conformidad con ellas que todas
y cada una de las cosas de la voluntad y el intelecto
fluyen en los actos de manera exquisitamente diferenciada. También
puede apreciarse con claridad el modo en que se entretejen
en el cuerpo; en les diversos plexos, como el del corazón,
el del mesenterio y en otros; y también en los nudos
denominados ganglios, en los que ingresan numerosas fibras, procedentes
de todas las regiones del cuerpo y allí se entrelazan,
y luego de ligarse entre sí de diversas maneras, egresan para
cumplir sus funciones; y esto, una y otra vez; y algo similar
puede observarse en cada víscera, en cada miembro, órgano
y músculo. Quienquiera que examine estas fibras y sus incalculables
maravillas con ojo penetrante, quedará estupefacto. Pero las cosas que
el o-jo puede ver, son exiguas: aquellas que no puede observar, son
todavía más prodigiosas, pues pertenecen a la esfera interior de la
naturaleza. Que su forma corresponde con la forma del cielo,
se evidencia en el hecho de que todas las operaciones del
intelecto y la voluntad, residen en ella y armonizan con ella;
puesto que todo lo que el hombre quiere hacer, deviene en acto
espontáneamente de acuerdo con dicha forma; y todo lo que
piensa, se difunde a través de las fibras de principio
a fin, siendo éste el origen de las sensaciones; y como
ésta es la forma del pensamiento y de la voluntad, tal es la
forma de la inteligencia y la sabiduría; que es la forma que
corresponde con la forma del cielo. De ello se desprende, que
en conformidad con ella se difunden todos los afectos y todos
los pensamientos de los ángeles, y en la medida en que éstos
la poseen, gozan de inteligencia y sabiduría. Que la forma
del cielo procede de la Divinidad Humana del Señor, puede verificarse más arriba (Nº 78-86). Lo expuesto tiende
a esclarecer que la forma del cielo es tal, que jamás puede ser
conocida cabalmente en su aspecto general; tan es así, que resulta
incomprensible incluso para los ángeles, según se ha señalado anteriormente.
(24)
Capítulo
XXIV
EL GOBIERNO DEL CIELO
(213)
Como el cielo se halla
dividido en sociedades, y las sociedades mayores están constituidas
por cientos de miles de ángeles (Nº 50),
y como los integrantes de cada sociedad, aunque poseen una bondad
similar, difieren según su sabiduría (Nº 43), es menester
que allí existan gobiernos; pues debe mantenerse la observancia del orden,
y todo lo relativo al orden ha de ser respetado. Pero los
gobiernos que hay en el cielo, difieren; en las sociedades que conforman
el reino celestial del Señor, el gobierno posee ciertos rasgos
que lo distinguen del de las sociedades que constituyen Su reino
espiritual; difieren, también, según las funciones específicas que
desempeñan las diversas sociedades. De cualquier modo, en el
cielo sólo es posible que exista el gobierno del amor mutuo, y
el gobierno del amor mutuo, es el gobierno celestial.
(214)
El gobierno del reino celestial
del Señor se llama Justicia, porque los que moran
en ese reino, viven en el bien del amor al Señor, que
procede del Señor; y todo lo que emana de ese bien, lleva
la designación de Justo. Sólo el Señor gobierna allí.
El Señor guía a sus habitantes, y los instruye en lo
que atañe a las cosas de la vida. Las verdades, designadas
verdades de juicio, están inscriptas en sus corazones; todos las
saben, las perciben y las ven; debido a ello, jamás discuten acerca
de asuntos relativos a la exactitud de juicio, solamente tratan
cuestiones relativas a la justicia, que atañen a la vida.
Acerca de estos temas, los menos sabias consultan a los más sabios,
y éstos al Señor y de El reciben respuestas.
Su cielo, es decir, su íntimo regocijo, es llevar una vida
justa bajo el influjo del Señor.
(215)
En el reino espiritual del
Señor, el gobierno se denomina Juicio; porque los
habitantes de ese reino, viven en el bien espiritual, que es el
bien de la caridad hacia el prójimo, y ese bien deriva
su esencia de la verdad; y la verdad concierne al juicio,
así como el bien pertenece a la justicia. El Señor guía
también a sus habitantes, pero de un modo mediato (Nº 208);
a causa de ello, poseen gobernantes; pocos o muchos,
de acuerdo con las necesidades propias de la sociedad en que
residen. Y también poseen leyes que rigen su convivencia. Los
gobernantes tienen a su cargo la administración de todas las
cosas en conformidad con las leyes, a las que comprenden debido a
su sapiencia, y en aquellas cuestiones que generan dudas, son
esclarecidos por el Señor.
(216)
Como el gobierno del bien,
que es el que rige en el reino celestial del Señor,
se llama Justicia; y el gobierno de la verdad, que es el
que rige en el reino espiritual del Señor, se denomina Juicio;
en la Palabra, los términos "justicia y juicio",
se emplean para designar al cielo y la iglesia;
"justicia", significa bien celestial; y "juicio", bien
espiritual, y este bien, según se ha indicado más arriba, deriva
su esencia de la verdad, según puede comprobarse en los
siguientes pasajes:
Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. (Isaías 9. 7)
"David" aquí significa el Señor; y "Su reino", el cielo, según puede verificarse en el siguiente pasaje:
He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, y hará juicio y justicia en la tierra (Jeremías XXIII. 5)
Será exaltado Jehová, el cual mora en las alturas; llenó a Sión de juicio y de justicia (Isaías XXXIII. 5)
"Sion" en este pasaje significa el cielo y la iglesia.
... que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas quiero, dice Jehová. (Jeremías IX. 24). Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia (Oseas 11. 19).
Tu justicia es como los montes de Dios, tus juicios, abismo grande. (Salmos XXXVI. 5, 6) ... me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios (Isaías LVIII. 2).
Y lo mismo se verifica en otros pasajes.
(217)
En el reino espiritual del
Señor hay varias formas de gobierno, que difieren en las
distintas sociedades, y su variedad depende de las funciones que
desempeñan las sociedades; estas funciones concuerdan con las funciones
de todas las cosas del cuerpo humano con las que corresponden. Que estas
funciones son variadas, es bien notorio; el corazón desempeña
una función, otra los pulmones, otra el hígado, otra el páncreas y
el bazo, y otra cada órgano sensorial. Así como en el cuerpo
estos órganos prestan diversos servicios, así también las sociedades que
conforman el Hombre Máximo, que es el cielo, prestan diversos
servicios; puesto que las sociedades que hay allí, corresponden con dichos
órganos. Que hay una correspondencia entre todas las cosas del cielo
y todas las cosas del hombre, puede verificarse en el artículo
respectivo al tema (ver más arriba Nº 87-102). Todas estas
formas de gobierno coinciden en lo siguiente: que tienen como fin
el bien público; y éste, en beneficio del individuo. Y ello
es así porque los habitantes del cielo universal se hallan bajo los
auspicios del Señor, que a todos ama, y por amor Divino
dispone que exista un bien común del cual cada individuo recibe
su propio bien. Por lo demás, cada cual recibe su propio bien según
el amor que siente hacia el bien común; puesto que en la medida
que ame al bien común, ama a todos y a cada uno; y como ese
amor es amor del Señor; quien lo siente, es amado por
el Señor, y el bien fluye en él. andele-svetla.cz
(218)
Lo expuesto permite precisar
quiénes son los que gobiernan en el cielo: aquellos que sobresalen por
su amor y sabiduría, deseando, por tanto, el bien de todos;
quienes, gracias a su sabiduría, saben propiciar el bien común. Tales
gobernantes, no ejercen dominio ni se imponen sobre los demás, sino
que asisten y sirven a sus semejantes (servir significa hacer
el bien a los demás, por amor al bien, y asistir, velar por
el cumplimiento de este bien); por otra parte, tampoco pretenden ser
superiores a sus semejantes, sino inferiores, ya que toman
en cuenta, en primer lugar, el beneficio de la sociedad
y del prójimo, y en último lugar, el personal; y lo que
está en primer lugar es superior, y aquello que está
en último lugar, inferior. De todos modos, los gobernantes disfrutan
de honores y de gloria; moran en el centro de la sociedad,
gozan de una posición más elevada que el resto de sus miembros
y residen en magníficos palacios; y si aceptan la gloria
y los honores, no lo hacen en beneficio propio, sino para preservar
la obediencia; puesto que todos saben que los honores y la gloria
proceden del Señor; y si deben ser obedecidos, es justamente
por ello. Tal es el sentido de las palabras del Señor
a sus discípulos:
... sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir... (Mateo XX. 26, 27, 28).
Mas no así entre vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige como el que sirve (Lucas XXII. 26).
(219)
En cada casa hay también
un gobierno similar en forma menor. En cada una de ellas
hay señores y sirvientes; el señor ama a los
sirvientes y los sirvientes al señor, y, por tanto, se prestan
servicio mutuo por amor; el señor instruye a los sirvientes
sobre el modo en que se debe vivir, y señala las
tareas a realizar; y los sirvientes obedecen y cumplen con sus
obligaciones. Desempeñar un uso es el deleite de la vida
de todo ser. Lo que evidencia que el reino del Señor,
es un reino de usos.
(220)
En los infiernos también hay
regímenes; sin ellos, sería imposible mantener bajo control a sus
moradores; pero los regímenes infernales son diametralmente opuestos a los
gobiernos celestiales; son regímenes impuestos por el amor de sí mismo;
todos los seres infernales anhelan dominar a sus semejantes
y sojuzgarlos. Odian a quienes no los favorecen, haciéndolos
víctima de sus sentimientos vengativos y de su furor; tal es la
naturaleza del amor de sí mismo. Por lo cual, a los más
perversos, se les confiere el puesto de gobernantes; éstos, son
acatados por temor. Pero este punto será tratado más adelante, cuando
examinemos el tema de los infiernos.
(25)
Capítulo
XXV
EL CULTO DIVINO
EN EL CIELO
(221)
El culto Divino en los
cielos no difiere, en su aspecto externo, del culto Divino en la
tierra, pero en su interioridad es diferente. En los cielos,
igual que en la tierra, también hay doctrinas, prédica y templos.
En lo esencial, todas las doctrinas que se predican en los
cielos son similares; salvo que en los cielos superiores,
la sabiduría que estas doctrinas encierran es más interior que
en los cielos inferiores. La prédica concuerda con las doctrinas;
y así como los habitantes de los cielos poseen casas y palacios
(Nº 183-190), disponen también de templos en los que
se predica. Si estas cosas existen en los cielos, se debe
al hecho de que los ángeles se perfeccionan continuamente
en amor y sabiduría; puesto que están dotados de intelecto
y voluntad, igual que el hombre, y tanto el intelecto como
la voluntad pueden ser perfeccionados en forma continua;
el intelecto mediante verdades que competen a la inteligencia, y
la voluntad mediante bienes que pertenecen al amor.
(222)
Pero lo esencial del culto
Divino, no consiste en frecuentar la iglesia para oír las prédicas,
sino en llevar una vida plena de amor, caridad y fe,
en conformidad con la doctrina; la prédica que se imparte
en los templos, es solamente un medio de instrucción
de los preceptos a observar en la vida. He conversado con
los ángeles acerca de este tema, diciéndoles que en el mundo,
prevalece la creencia de que el culto Divino consiste
exclusivamente en asistir a la iglesia, escuchar lo que allí
se predica, observar el Sacramento de la Eucaristía tres o cuatro veces al año, y cumplir con otras ceremonias
rituales de acuerdo con los estatutos de la iglesia; a-demás
de consagrar un tiempo determinado a la oración, comportándose
píamente en tales ocasiones. Los ángeles afirmaron que estos actos
externos deben observarse, pero que carecen de valor a menos que
procedan de un acto interior, y ese acto interior consiste
en vivir en conformidad con los preceptos que enseña
la doctrina.
(223)
A fin de ser instruido
acerca de las ceremonias que se realizan en los centros
de culto, en ocasiones me ha sido dado asistir a sus
templos, y pude oír lo que allí se predicaba.
El predicador, se halla de pie en un pulpito situado
en el sector oriental. Frente a él, se sientan quienes reciben
la luz de la sabiduría en grado eminente, a la derecha
y a la izquierda de éstos, se sientan los que
la reciben en menor grado. Los asientos están dispuestos
en forma circular, de modo que todos los circunstantes se hallan
a la vista del predicador; nadie se sienta en un lugar ubicado
fuera del alcance de su vista. Próximos a la entrada, situada
en el sector oriental del templo y a la izquierda del pulpito,
se ubican aquellos que van a ser iniciados. Nadie puede permanecer
detrás del pulpito; si hay alguien allí, su presencia turba
al predicador. Lo mismo ocurre cuando algún miembro de la congregación
disiente; en tal caso, el que disiente se ve obligado
a volver su rostro. Las prédicas encierran tal sabiduría, que
es imposible equipararlas a las que se pronuncian en este
mundo, pues las que se oyen en el cielo se hallan infundidas
de luz interior. Los templos del reino espiritual parecen estar hechos
de piedra, y los del reino celestial de madera; porque
la piedra corresponde a la verdad, y los habitantes del reino
espiritual viven en la verdad; y la madera corresponde al bien,
y quienes moran en el reino celestial viven en el bien. Los
templos del reino celestial no se llaman iglesias, sino Casas
de Dios. En este reino los templos no son suntuosos;
en cambio en el reino espiritual, son más o menos suntuosos.
(224)
También he hablado con uno
de los predicadores acerca del estado de beatitud que gozan quienes
atienden a las prédicas en los templos. Dijo que cada cual
es pío, devoto y santo, de acuerdo con su interioridad que
pertenece al amor y la fe, pues la santidad misma reside
en el amor y la fe, dado que la Divinidad del Señor
reside en ellos. Afirmó también, que desconocía qué cosa podía ser
la santidad externa si carecía de amor y fe; y después
de haber reflexionado acerca de ello, observó que tal vez fuese
un simulacro externo de santidad, un mero convencionalismo
o sencillamente hipocresía. Y que semejante santidad,
es suscitada y nutrida por un fuego espurio que mana del amor
de sí mismo y del mundo.
(225)
Todos los predicadores pertenecen al reino espiritual del Señor;
ninguno al reino celestial. Pertenecen al reino espiritual, porque
allí los ángeles viven en las verdades que emanan del bien, y toda
prédica emana de la verdad. En el reino celestial no hay
predicadores, pues los que moran allí viven en el bien del amor,
y ven y perciben las verdades que emanan del bien, pero
no hablan acerca de ellas. Pero a pesar de que los ángeles
del reino celestial, perciben y ven las verdades, de todos modos,
allí hay prédicas; por intermedio de ellas, son ilustrados acerca
de las verdades que ya conocen, y se perfeccionan mediante
el conocimiento de muchas verdades que previamente ignoraban; apenas
las oyen, las reconocen; y de tal modo, las perciben; aman las verdades
que perciben, y viviendo en conformidad con ellas las aplican a
la vida; afirman que vivir según las verdades es amar
al Señor.
(226)
Todos los predicadores son
designados por el Señor, y poseen, por tanto, dones para
predicar; a nadie le es permitido predicar en los templos salvo
a ellos. Se los llama predicadores, pero no sacerdotes;
no se los llama sacerdotes porque el sacerdocio del cielo es el
reino celestial; pues sacerdocio, significa el bien del amor
al Señor, y quienes moran en el reino celestial viven
en ese amor; en cambio el reino espiritual es la majestad
del cielo, pues majestad significa verdad del bien, y los que habitan
en el reino espiritual viven en esa verdad (ver arriba, Nº 24).
(227)
Todas las doctrinas que inspiran
sus prédicas tienen la vida como fin; ninguna se ocupa de la
fe aparte de la vida. La doctrina del íntimo cielo está más
impregnada de sabiduría que la doctrina del cielo intermedio,
y ésta se halla más impregnada de inteligencia que
la doctrina del cielo externo; ya que, en cada cielo, las
doctrinas se ajustan a las percepciones de los ángeles.
Lo esencial de todas las doctrinas es el reconocimiento de la Divinidad Humana del Señor.
(26)
Capítulo
XXVI
EL PODER
DE LOS ÁNGELES DEL CIELO
(228)
Que los ángeles tienen poder, es algo que no pueden comprender
quienes nada saben acerca del mundo espiritual y su influjo en el
mundo natural. Tales personas, suponen que los ángeles no disponen
de poder alguno porque son espirituales; tan puros y tenues, que
resulta imposible verlos con los ojos. Pero los que examinan más interiormente
las causas de las cosas, piensan de otra manera; pues saben que todo
el poder que un hombre
posee proviene de su voluntad (si no dispusiera de estas
facultades el hombre no podría mover la menor partícula
de su cuerpo), y su intelecto y su voluntad-constituyen
el hombre espiritual. La moción del cuerpo y sus miembros está
bajo el arbitrio de éste; puesto que aquello que piensa,
lo pronuncia por medio de la boca y de la lengua, y lo que
desea, el cuerpo lo ejecuta; y dispone de su vigor
a voluntad. La voluntad y el intelecto del hombre están regidos
por el Señor a través de ángeles y espíritus; y
lo mismo sucede con todo lo que pertenece a su cuerpo,
ya que éste depende de la voluntad y del intelecto; y si el
lector desea creerlo, sin influjo del cielo el hombre sería incapaz
de dar un solo paso. He podido comprobar que esto es así
a través de una larga experiencia. A ciertos ángeles, les fue
dado dirigir mis pasos, mis actos, mi lengua y mis palabras;
y esto, a su arbitrio, ejerciendo un influjo sobre
mi voluntad y mi pensamiento: entonces, pude advertir que por
mí mismo nada puedo hacer. Después, me informaron que de la
misma manera se halla regido todo hombre, y que por medio de la
doctrina de la iglesia y de la Palabra es posible instruirse al respecto; puesto que se ora a Dios a fin de que envíe
Sus ángeles para que guíen al hombre, conduzcan sus pasos y
lo instruyan, para que inspiren sus pensamientos y sus palabras,
y otras cosas semejantes; no obstante, cuando el hombre piensa
por su cuenta sin reparar en la doctrina, las palabras que profiere,
y sus creencias, son bien distintas. Todo esto ha sido expuesto,
a fin de dar a conocer cuál es el poder que tienen los
ángeles sobre el hombre.
(229)
Pero en el mundo espiritual
el poder de los ángeles es tan grande, que si refiriese
todo lo que he presenciado, nadie daría crédito a mis palabras.
Cualquier oposición, que es menester eliminar por ser contraria
al orden Divino, los ángeles la abaten o exterminan, solamente
a través de un deseo y una mirada. Así, he visto
montañas, que se hallaban ocupadas por seres malignos, derrumbarse
y desmoronarse; y en ocasiones, las he visto estremecerse hasta
los cimientos; como en un terremoto; y he visto peñascos
rajarse de parte a parte, y a sus malignos ocupantes hundién-
dose en el abismo. Y he visto como eran abatidos y arrojados
al infierno, por los ángeles, miríadas de espíritus malignos.
Multitudes de enemigos nada pueden hacer contra los ángeles; de nada
valen los artificios, ni los ardides, ni las maniobras; pues los
descubren y los desbaratan en el acto. (Quienes deseen saber algo más
sobre el tema, pueden consultar el relato acerca de la Destrucción de Babilonia). Tal es el poder de los ángeles en el mundo
espiritual. Y en la Palabra consta que, cuando se les concede
permiso, disfrutan de un poder similar en el mundo natural; así
es como han exterminado ejércitos enteros, y desencadenado pestes que
ocasionaron la muerte de setenta mil hombres. De este ángel,
se dice:
Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora, detén tu mano.
... Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel que destruía al pueblo... (2 Samuel XXIV. 16, 17)
Algo similar puede verificarse en numerosos pasajes. Y puesto que los ángeles disponen de semejante poder, se los llama poderes; así, leemos en
David:
Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza. (Salmos CIII. 20)
(230)
Sin embargo, debe tenerse
en cuenta que los ángeles no tienen ningún poder por sí mismos;
todo su poder, procede del Señor; y son poderes sólo
en la medida que reconocen esta verdad. Si un ángel cree que dispone
de algún poder por sí mismo, se debilita de inmediato,
hasta el punto de ser incapaz de resistir el ataque
de un solo espíritu maligno; por eso los ángeles no se atribuyen
ningún mérito a sí mismos, sienten aversión hacia las loas
y alabanzas que se les tributan por sus actos, y asignan todo
el mérito y la gloria al Señor.
(231)
La verdad Divina que procede del
Señor tiene plena potestad en los cielos, pues el Señor
en el cielo es la Verdad Divina unida al Bien Divino (ver
Nº 126-140). Y los ángeles son poderes en la medida
en que sean receptáculos de esa verdad. Por lo demás, cada cual
es su propia verdad y su propio bien, porque cada cual
es semejante a su intelecto y a su voluntad.
El intelecto pertenece a la verdad, pues todo lo relativo
al intelecto procede de la verdad, y la voluntad pertenece
al bien, pues todo lo relativo a ella emana del bien;
ya que uno llama verdad a lo que comprende, y bien a lo que
quiere. Y por eso cada cual es su propia verdad y su propio
bien. Por consiguiente, un ángel es un poder en la medida
en que se erija en verdad procedente de la Divinidad y bien emanado de la Divinidad, pues en tal medida el Señor
reside en él. Y como el bien y la verdad nunca son
exactamente iguales en uno y en otro, ya que tanto en el
cielo corno en el mundo poseen una perpetua variedad, (Nº 20),
el poder de un ángel, jamases igual al de otro. Aquellos que
conforman los brazos del Hombre Máximo, o cielo, gozan del poder máximo,
pues viven en la verdad más que los demás, y en sus verdades fluye
el bien del cielo universal. Por lo demás, el poder del hombre
en su integridad se transmite a los brazos, y a través
de ellos todo el cuerpo ejerce su poder. Por esta razón,
en la Palabra, "brazos" y" manos" denotan poder.
Y a causa de ello, a veces aparece en el cielo
un brazo desnudo; y su potencia es tan grande, que puede
despedazar todo lo que se le pone delante, al modo de una
inmensa roca en la tierra. En una ocasión se desplazó hacia
donde yo estaba, y percibí que podía hacer trizas mis huesos.
(232)
Según se ha indicado arriba
(Nº 137), el poder de la verdad Divina que procede del
Señor es absoluto, y tos ángeles tienen poder en la
medida en que sean recipientes de la verdad Divina que procede del
Señor. Pero los ángeles son recipientes de la verdad Divina según
sean recipientes del bien Divino, pues las verdades derivan todo su poder
del bien; si carecen de bien, su poderes nulo. Del mismo modo,
el poder de bien se realiza a través de las verdades;
desprovisto de verdad, el bien es nulo. El poder deriva
su existencia de la conjunción del bien y la verdad. Y
lo mismo ocurre con la fe y el amor; ya que la verdad
equivale a la fe, pues todo lo relativo a la fe es veraz; y
el bien equivale al amor, pues todo lo concerniente al amor
es bueno. El inmenso poder que los ángeles derivan de las
verdades del bien, también se pone de manifiesto en lo
siguiente; cuando un ángel dirige su mirada a un espíritu
maligno, éste desfallece y pierde toda apariencia humana, esto prosigue
hasta que el ángel aparta su vista de él. La mirada
de los ángeles produce semejante efecto, porque su vista emana
de la luz del cielo, y la luz del cielo es la verdad Divina (ver
arriba, Nº 126-132). Por otra parte, los ojos, corresponden
a las verdades del bien.
(233)
Puesto que el poder
de las verdades del bien es absoluto; el poder de las
falsedades del mal, es nulo; y como los seres infernales viven
en las falsedades del mal, nada pueden hacer contra el bien y
la verdad. Cuál es el poder que ejercen sobre sus congéneres, y
en qué consiste el poder de los espíritus malignos antes
de ser arrojados al infierno, es un punto al que nos
referiremos más adelante.
(27)
Capítulo
XXVII
EL LENGUAJE
DE LOS ÁNGELES
(234)
Los ángeles conversan entre
sí igual que los hombres en este mundo, y abordan diversos
temas; concernientes a los asuntos domésticos, al estado civil,
la condición moral y la vida espiritual. Y sus conversaciones no difieren
demasiado de las que sostienen los hombres; con la sola diferencia
de que son más inteligentes, porque están inspiradas por pensamientos más
interiores. Me ha sido dado gozar de su compañía
en numerosas ocasiones, y he departido con ellos como un amigo
con otro, y algunas veces, como un desconocido con otro; y como
en tales ocasiones gozaba de un estado similar al de ellos,
me daba la impresión de estar conversando con hombres, y
en este mundo.
(235)
El lenguaje angélico, igual que
el humano, está compuesto de vocablos; y se pronuncia con
sonoridad y se oye nítidamente; porque los ángeles, igual que los hombres,
tienen boca, lengua y oídos; y en la atmósfera que los rodea
se articula el sonido de las palabras que emiten; pero esta
atmósfera es espiritual, pues se ajusta a la condición
de los ángeles, que es espiritual. En su atmósfera, los ángeles
respiran, y pronuncian palabras mediante su respiración, exactamente
igual que los hombres en su atmósfera.
(236)
En la integridad del cielo,
todos hablan una misma lengua; y se comprenden entre sí, sin que importe
a qué sociedad pertenezcan, ya sea próxima o remota. Allí
la lengua no se aprende, todos la saben de un modo
instintivo, porque fluye espontáneamente de su afecto y de su
pensamiento; el tono de su voz, corresponde a sus afectos, y
su articulación verbal, consta de vocablos que corresponden
a las ideas del pensamiento emanado de sus afectos; y debido
a esta correspondencia, el lenguaje mismo es espiritual, porque
es afecto sonoro y pensamiento hablante. Quienquiera que reflexione
con cierta profundidad acerca del tema, advertirá que todo pensamiento emana
del afecto que pertenece al amor, y que las ideas del pensamiento son
las diversas formas en que se halla distribuido el afecto
general; pues ni el pensamiento ni las ideas pueden existir aparte
del afecto; el alma y la vida del pensamiento emanan del afecto Por
esta razón, los ángeles pueden conocer la índole de otro ser con sólo
oír su voz; en el tono de voz, perciben su afecto; y
en la articulación verbal, o en sus palabras, perciben
su intelecto. Los ángeles de eminente sabiduría, advierten cuál
es el afecto predominante de otro ser apenas le oyen pronunciar
una sola serie de palabras, porque fijan su atención especialmente
en ese afecto. Es sabido que todo individuo posee una determinada
variedad de afectos; estos afectos varían cuando está alegre o cuando
lo embarga el pesar; cuando es clemente o misericordioso;
sincero y veraz; cuando siente amor o es caritativo; cuando
lo impulsa el celo o es presa de la ira; cuando simula
y engaña; cuando ambiciona honores y gloria, y asi
sucesivamente. Sin embargo el afecto o amor predominante
es común a los diversos estados afectivos; y como los ángeles
de eminente sabiduría perciben ese amor, advierten la condición
de otro ser en las palabras que pronuncia Esto me fue dado
verificarlo a través de una larga experiencia. He presenciado
cómo los ángeles develaban la naturaleza de la vida de otro ser
con sólo oírlo hablar. También me dijeron, que pueden conocer todo
lo relativo a la vida de otro ser, a partir
de cualquiera de las ideas de su pensamiento, porque esas ideas
revelan cuál es su amor imperante, y de él depende todo
lo demás. Añadieron que ése es el libro de la vida
de todo hombre.
(237)
La lengua angélica no tiene
nada en común con las lenguas humanas, salvo que ciertos vocablos son los
sonidos de determinados afectos; pero esto no atañe a las
palabras mismas, sino a sus sonidos; a este punto, nos referiremos
enseguida. Que la lengua angélica no tiene nada en común con las
lenguas humanas, se manifiesta en el hecho de que los ángeles
son incapaces de pronunciar una sola palabra en lenguaje humano;
y cuando procuran hacerlo, les resulta imposible, porque no pueden
pronunciar palabra alguna que no armonice con sus afectos; y aquello
que es discordante, es incompatible con la vida misma, pues
la vida pertenece al afecto, y su lenguaje emana de su
vida. Y según me hicieron saber, la primera lengua que hablaron
los hombres sobre la tierra, concordaba con la lengua angélica,
porque la recibían del cielo; y la lengua hebrea, concuerda con ella
en ciertos aspectos.
(238)
Como el lenguaje
de los ángeles corresponde a su afecto, y su afecto pertenece a
su amor, y como él amor del cielo es amor
al Señor y amor hacia el prójimo (ver arriba, Nº 13-19),
es evidente que sus palabras son superlativamente elegantes
y jocundas; pues no suscitan una impresión meramente auditiva, sino
que conmueven la interioridad de la mente de quienes las
escuchan. Cierto espíritu de corazón impasible, oyó las palabras
de un ángel; y se sintió tan conmovido por lo que oía, que
comenzaron a caerle las lágrimas; afirmó que jamás había llorado, pero
ahora le resultaba imposible contenerse, porque estaba oyendo hablar
al amor.
(239)
El lenguaje de los ángeles
también está impregnado de sabiduría, pues procede de su pensamiento
interior, y su pensamiento interior es sabiduría así como
su afecto interior es amor; y en su lenguaje se unen
el amor y la sabiduría. Por esta razón, su lenguaje está tan
impregnado de sabiduría, que pueden decir en una sola palabra
lo que los hombres no pueden expresar empleando mil; por
lo demás, las ideas de su pensamiento aluden a cosas que
el hombre no puede comprender, y mucho menos expresar. Por eso
se dice que las cosas que fueron oídas y vistas en el cielo son
inefables; cosas jamás percibidas por oídos u ojos terrenales.
Lo cual me fue dado verificar a través de la experiencia.
En ciertas ocasiones, he podido disfrutar de un estado similar
al de los ángeles; en ese estado, hablé con ellos, y pude
comprender todo lo que decían. Pero al ser remitido a mi estado
anterior, y por ende, al pensamiento natural propio del hombre;
cuando procuré recordar lo que había oído, me resultó imposible; pues
había miles de cosas que no se ajustan al pensamiento natural,
y que sólo pueden ser expresadas mediante variaciones de luz
celestial; jamás con palabras humanas. Las ideas del pensamiento de los
ángeles, de las que surgen sus palabras, también son modificaciones
de la luz del cielo; y los afectos, que determinan el tono
de sus palabras, son variaciones del calor del cielo; la luz del
cielo, es la verdad o sabiduría Divina; y el calor del cielo,
es el bien o amor Divino (ver arriba, Nº 126-140);
y los ángeles derivan su afecto del amor Divino, y
su pensamiento de la sabiduría Divina.
(240)
Puesto que el lenguaje
de los ángeles procede directamente de su afecto, y las ideas
de su pensamiento son las diversas formas en que se halla
distribuido el afecto general (ver arriba, Nº 236), los ángeles
pueden expresar en un instante lo que un hombre no puede
expresar en media hora; y exponer en unas pocas palabras, textos
que abarcan numerosas páginas; cosa que también he podido comprobar
a través de una larga experiencia. Así, las ideas del pensamiento
de los ángeles, y las palabras que conforman su lenguaje, son
una sola cosa, como la causa eficiente y el efecto; pues lo que
reside en las ideas del pensamiento como causa, se manifiesta
en las palabras como efecto; por eso cada palabra encierra en sí
tantas cosas. Asimismo, los detalles más imperceptibles del pensamiento
angélico, y por ende del lenguaje angélico, cuando aparecen ante
la vista, ofrecen el aspecto de una onda tenue o atmósfera
circunfluente, que incluye innumerables cosas, dispuestas según su orden,
emanadas de la sabiduría angélica; éstas, ingresan en el pensamiento
de quien las percibe y lo conmueven. Las ideas del pensamiento
de cada uno, ya sea ángel u hombre, aparecen a la vista
en la luz del cielo, cuando el Señor así lo desea.
(241)
El lenguaje de los ángeles del reino celestial
del Señor, es similar al lenguaje de los ángeles
de Su reino espiritual, pero procede de un pensamiento más interior.
Los ángeles del reino celestial viven en el bien del amor
al Señor, por tanto, su lenguaje procede de la sabiduría;
en cambio los ángeles del reino espiritual, viven en el bien
de la caridad hacia el prójimo, que deriva su esencia de la
verdad (Nº 215);y en consecuencia, su lenguaje procede
de la inteligencia, pues la sabiduría surge del bien, y
la inteligencia, de la verdad. Por eso el lenguaje de los
ángeles celestiales parece que fluyera suave y mansamente, y en forma
continua; pero el lenguaje de los ángeles espirituales,
es ligeramente vibratorio y discontinuo. E lenguaje de los
ángeles celestiales, tiene tonalidades en lasque priman las vocales
U y O; mientras que el lenguaje de los ángeles espirituales,
tiene tonalidades similares a las de la E y la I; debido a que las vocales indican el tono; el tono, manifiesta
el afecto, y el tono de voz de los ángeles corresponde a
su afecto, según se ha señalado anteriormente (N 236);
mientras que la articulación verbal, constituida por vocablos, corresponde
a las ideas del pensamiento emanado del afecto. Las vocales,
no atañen a la esencia de una lengua, sino que sirven
para modular el tono de las palabras según los diversos estados
afectivos del que las pronuncia; por eso en la lengua hebrea, las vocales
no están expresamente indicadas, y se pronuncian de diversas
maneras. En base a ello, los ángeles pueden percibir la calidad
del afecto y el amor de un hombre. Por otra parte, en el
lenguaje de los ángeles celestiales no hay consonantes duras,
y rara vez una consonante se enlaza con otra sin la interpolación
de un vocablo que empieza con una vocal. Por eso en la Palabra se intercala con suma frecuencia la conjunción "y", como pueden
verificarlo quienes lean la Palabra en lengua hebrea, en la que
dicha conjunción es suave, y comienza y termina con sonido
vocálico. Además, en el texto hebreo de la Palabra, es posible apreciar en cierta medida, si las palabras que
se emplean pertenecen a la clase celestial o a la clase
espiritual; es decir, si denotan bien o verdad. En las que
se denota el bien, priman los sonidos de la U y la O, y hasta cierto punto también de la A; en cambio en las que se denota la verdad, predominan los sonidos de la E y la I. Y como los afectos se expresan especialmente en el
tono de voz; en el lenguaje humano, cuando se tratan temas
sublimes, como los relativos al cielo (caelum) y a Dios (Deus),
se escogen palabras que contienen las vocales U y O; y los tonos
musicales, cuando se sugieren tales temas, se elevan a una misma
plenitud, cosa que no ocurre cuando se expresan temas de menor
exaltación. Mediante estos recursos, el arte musical puede expresar los
más variados géneros de afecto.
(242)
El lenguaje angélico posee una
especie de virtud sinfónica indescriptible; que procede de la efusión
y difusión de los pensamientos y afectos de los que mana
el lenguaje, en armonía con la forma del cielo; puesto que allí,
todo vínculo y toda comunicación se hallan en armonía con
la forma del cielo. Que los ángeles se vinculan entre sí en
armonía con la forma del cielo, y que sus pensamientos y afectos
fluyen en consonancia con dicha forma, consta en lo que se ha
expuesto antes (Nº 200-212).
(243)
Un lenguaje similar al del
mundo espiritual, es inherente a la interioridad del intelecto del
hombre; pero esto es algo que el hombre ignora, porque ese lenguaje
no se traduce en vocablos análogos a su afectividad, como
acontece entre los ángeles. Y sin embargo, esto es lo que permite
al hombre hablar el mismo lenguaje que los ángeles cuando ingresa
en la otra vida; y sin ninguna instrucción previa. Pero este punto
será examinado en detalle más adelante.
(244)
Según se ha dicho antes,
en el cielo, todos hablan la misma lengua; la única diferencia,
es que el lenguaje de los que gozan de mayor sabiduría,
es más interior, y posee una mayor abundancia de variaciones
afectivas y de ideas; en cambio el lenguaje de los que
disfrutan de menor sabiduría, es más externo y menos abundante;
el lenguaje de los simples, es todavía más externo,
y consta de vocablos cuyo sentido se puede captar igual que
el de las palabras que emplean dos hombres en un diálogo. Hay,
también, un lenguaje del rostro, que posee una culminación sonora
modificada por ideas. Hay, asimismo, un lenguaje en el que
se combinan representaciones celestiales e ideas, y que fluyendo
de las ideas, se hace visible. Hay un lenguaje de los
gestos, que corresponde a los afectos, mediante el cual representan
cosas similares a las que expresan verbalmente. Hay además
un lenguaje que emana de la expresión de lo que es general
en su afectividad y en su pensamiento. Hay un lenguaje
de sonoridad tronante; y otros de diversos géneros.
(245)
El lenguaje de los
espíritus malignos e infernales, también es inherente a éstos,
pues procede de sus afectos; pero emana de afectos malignos y
de las consiguientes ideas espurias, lo cual suscita
la a-versión incondicional de los ángeles. De modo que las
jergas infernales, son diametralmente opuestas a las formas
de lenguaje que se emplean en el cielo; y por eso, los
espíritus malignos no pueden soportar el lenguaje angélico; ni los
ángeles, el infernal. Para los ángeles, el lenguaje infernal
es como un hedor intolerable. El sermón de los hipócritas,
que son los que simulan ser ángeles de luz, consta de un vocabulario
similar al de los ángeles; pero en cuanto a los afectos que
lo inspiran, es diametralmente opuesto. En consecuencia, cuando
la naturaleza intrínseca de su lenguaje llega a percibirse, como
la perciben los ángeles que gozan de mayor sabiduría; se oye
un crujir de dientes, y cunde el horror.
(28)
Capítulo
XXVIII
EL LENGUAJE QUE EMPLEAN
LOS ÁNGELES PARA HABLAR
CON EL HOMBRE
(246)
Cuando los ángeles hablan con
el hombre, no emplean el idioma angélico, ni cualquier otro
idioma desconocido para el hombre, sino que emplean el mismo idioma
del hombre o alguna otra lengua que le es familiar. Porque cuando los
ángeles hablan con el hombre, se vuelven hacia él y establecen
conjunción con él; y esa conjunción entre ángel y hombre determina
que ambos conciban pensamientos similares; y como los pensamientos del
hombre concuerdan con su memoria, de donde fluye el lenguaje,
viene a ocurrir que los dos hablan una misma lengua. Por lo demás,
cuando un ángel o un espíritu se acerca a un hombre,
y dirigiéndose a él establece conjunción, obtiene acceso a
la integridad de su memoria; de modo qué apenas si tiene
noción de que los conocimientos del hombre, pertenecen a ese hombre y
no a él, los idiomas que habla incluidos. He conversado con los
ángeles acerca del tema, sugiriéndoles que tal vez ellos pensaban que
al dirigirse a mí empleaban mi lengua natal, pues ésa era
la impresión que daba; y sin embargo, el que hablaba era yo y
no ellos; lo cual se evidencia en el hecho de que los
ángeles son incapaces de pronunciar una sola palabra en lenguaje
humano (ver Nº 237); por otra parte, el lenguaje humano
es natural y ellos son espirituales, y los seres espirituales
no pueden proferir palabras naturales. A lo que repusieron que ellos
estaban al tanto de que la conjunción que establecen con
el hombre que hablan se efectúa por medio de su pensamiento
espiritual; dado que su pensamiento espiritual fluye en su
pensamiento natural, y como éste coincide con su memoria los ángeles
suponen que el idioma del hombre y todos sus conocimientos
no pertenecen a éste sino a ellos; esto acontece cuando
el Señor desea que se establezca este tipo de conjunción
y una suerte de inserción del hombre en el cielo;
no obstante, la condición del hombre en nuestros días
no permite que se establezca dicha forma de conjunción con los
ángeles, sino con espíritus que no tienen morada en el cielo. Cuando
hablé sobre el tema con espíritus, también se mostraron renuentes
a admitir que el que habla es el hombre, aseverando que eran
ellos quienes hablaban en la interioridad del hombre, y que los
conocimientos del nombre pertenecen a ellos y no al hombre,
y que todo lo que el hombre sabe procede de ellos. Procuré
disuadirlos de su error, suministrando numerosas pruebas; pero fue
en vano. Qué se entiende por ángeles y qué por espíritus
es algo que expondremos más adelante, al examinar el tema del
Mundo de los Espíritus.
(247)
Hay todavía otro factor que
determina que los ángeles y los espíritus, al establecer una
conjunción tan íntima con el hombre, lleguen a creer que les
pertenece lo que es propio del hombre; y estriba en el
hecho de que en el hombre, la conjunción entre el mundo espiritual
y el mundo natural, es tan perfecta, que da la impresión
de que fuesen una sola cosa. Pero .como el hombre se ha apartado
del cielo, el Señor ha dispuesto que todo individuo goce
de la compañía de ángeles y espíritus, para que
a través de ellos el hombre esté regido por El; de ahí que
la conjunción establecida sea tan íntima. La situación sería muy
distinta si el hombre no se hubiese apartado del cielo; en tal
caso, el hombre sería regido por el Señor a través del
influjo general del cielo; sin mediar los espíritus y los ángeles. Pero
esta cuestión será examinada más adelante, cuando abordemos el tema
de la conjunción entre el cielo y el hombre.
(248)
El hombre oye las palabras
de un ángel o espíritu, con la misma claridad que oye las
de otro hombre, y aunque se halle en compañía
de otras personas, solamente él puede oírlas; pues las palabras que
pronuncia un ángel o espíritu, fluyen primeramente en el
pensamiento del hombre, y por una vía interior ingresan en su órgano
auditivo, afectándolo desde adentro; mientras que cuando un hombre habla
con otro, sus palabras fluyen inicialmente en el aire, y por vía
exterior ingresan en su órgano auditivo, afectándolo desde afuera.
Es evidente, entonces, que el hombre o-ye interiormente las palabras
de un ángel o espíritu; pero como su órgano auditivo,
de igual modo las percibe, dichas palabras, son también sonoras. Que las
palabras de un ángel o espíritu, emergen de lo interior,
llegando a afectar el órgano auditivo, es algo que
he podido comprobar, puesto que afluyen también a la lengua,
suscitando una leve vibración; pero sin generar ningún movimiento similar
a los que efectúa el hombre, cuando por medio de la lengua
articula las palabras por sí mismo.
(249)
Pero en nuestros días, rara
vez le es dado a alguien hablar con espíritus, porque
es peligroso; ya que, entonces, los espíritus advierten que están con
el hombre, cosa que de otro modo no advertirían; y los
espíritus malignos, sienten. un odio mortal hacia el hombre,
y anhelan por sobre todas las cosas la aniquilación de su cuerpo
y la perdición de su alma; y sus víctimas son aquellos que
se dejan arrastrar por sus fantasías hasta el punto de llegar
a privarse de los placeres propios del hombre natural. Ciertas personas
que llevan una vida solitaria, a veces oyen hablar a los espíritus,
sin correr peligro; pero los espíritus que están con ellos, son apartados
durante cierto tiempo por el Señor, a fin de que
no adviertan que están con el hombre; dado que la mayoría de los
espíritus, ignoran que existe otro mundo distinto del que habitan, y
no advierten por tanto la presencia del hombre; a esto
se debe qué al hombre tampoco le sea permitido hablar con los
espíritus. Si lo hiciera, los espíritus notarían su presencia. Asimismo,
quienes cavilan constantemente sobre asuntos de índole religiosa,
hallándose tan inmersos en ellos que se diría que los ven en su
interioridad, comienzan a oír espíritus que hablan con ellos; porque
cuando el hombre se deja llevar por persuasiones de tipo
religioso, de cualquier índole que sean, sin asignarles ningún uso
apropiado en el mundo, tales persuasiones penetran y se arraigan
en su interioridad, y ocupan la totalidad de su espíritu,
e ingresan incluso en el mundo espiritual, afectando a sus
habitantes. Los individuos que responden a estas características, son
visionarios y entusiastas; y cada vez que oyen hablar a
un espíritu, creen que es el Espíritu Santo, cuando en realidad,
quienes hablan con ellos son espíritus entusiastas. Los espíritus de esta
índole, ven lo que es falso como si fuera verdadero, y
al ver las cosas de tal modo, no sólo ellos creen en sus
falacias, sino también aquellos que están bajo su influjo. Estos espíritus
han sido apartados gradualmente de los demás, pues en caso contrario,
comienzan a instigar a otros a hacer el mal y a
ejercer control sobre ellos. La creencia de que ellos son
el Espíritu Santo, y de que sus palabras están imbuidas
de Divinidad, distingue a los espíritus entusiastas de los
demás. Tales espíritus, no dañan al hombre, porque éste les
rinde culto Divino. Algunas veces pude hablar con ellos; entonces, las
ilusiones perversas que inducen en sus adoradores, me fueron
reveladas. Estos, moran en un páramo situado hacia la izquierda,
junto con sus congéneres.
(250)
Pero con los ángeles del cielo,
solamente pueden hablar aquellos que viven en las verdades del bien,
primordialmente quienes reconocen al Señor y creen en la Divinidad de Su Humanidad; porque esta verdad, es el cimiento de los cielos.
Ya que, según se ha indicado anteriormente, el Señor
es el Dios del cielo (Nº 2-6); la Divinidad del
Señor crea el cielo (Nº 7-12); en el cielo,
la Divinidad del Señor es amor hacia El y caridad hacia
el prójimo, y ambas cosas proceden de El (Nº 13-19);
el cielo en su conjunto refleja a un solo Hombre; y lo mismo
ocurre con cada sociedad del cielo; todo ángel posee una perfecta forma humana,
y esto en virtud de la Divinidad Humana del Señor (Nº 59-86). Todo lo cual, pone
de manifiesto que con los ángeles del cielo solamente pueden hablar
aquellos cuya interioridad se halla develada por las Verdades Divinas,
pudiendo recibir al Señor; porque a través de estas
verdades el Señor fluye en el hombre, y cuando
el Señor fluye en él, también fluye el cielo. Las
verdades Divinas develan la interioridad del hombre, porque cuando
el hombre fue creado, su interioridad se plasmó a imagen
del cielo, y su exterioridad a imagen del mundo (Nº 57); y
el hombre interno sólo es develado por medio de la Verdad Divina que procede del Señor, porque esa verdad es la luz y la vida
del cielo (Nº 126-140).
(251)
El influjo del Señor
en Sí Mismo ingresa en el hombre por el interior de su
frente, y partiendo de allí, se difunde en su rostro;
debido a que la frente corresponde al amor, y el rostro a la interioridad
del hombre en general. El influjo de los ángeles espirituales
ingresa en el hombre por la región interior de la cabeza
en su conjunto, y partiendo de la frente y las sienes,
se difunde en todo el sector que contiene al cerebro,
porque esa región de la cabeza corresponde a la inteligencia;
en cambio el influjo de los ángeles celestiales, ingresa por
la región de la cabeza que contiene al cerebelo, llamada región
occipital, y se difunde a través de la zona comprendida entre
los oídos y la parte posterior del cuello, porque esa región corresponde a
la sabiduría. Todo lo que hablan los ángeles con el hombre,
ingresa, por las vías ya indicadas, en su pensamiento; en base
a ello, he podido percibir qué clase de ángeles eran los que
hablaban conmigo.
(252)
Quienes hablan con los ángeles
del cielo, también pueden ver las cosas que hay en el cielo, porque
entonces ven por la luz del cielo, pues su interioridad se halla
en esa luz; a su vez los ángeles, a través de las personas
con las que hablan, ven las cosas que hay en la tierra; dado que
en ellas, el cielo se halla en conjunción con
el mundo, y el mundo con el cielo. Puesto que (según se ha
indicado anteriormente Nº 246) cuando los ángeles
se vuelven hacia el hombre, establecen una conjunción tan íntima con
él, que suponen que todo lo concerniente al hombre, les pertenece;
no sólo su lenguaje, sino también su vista y oído; mientras
que el hombre, por su parte, supone que las cosas que recibe por
influjo de los ángeles, son suyas. Tal era la conjunción que existía
entre los ángeles del cielo y los más antiguos pueblos de la tierra,
y por esa razón la época en que vivieron se llamó Edad
de Oro. Y como los hombres de ese linaje reconocían a
la Divinidad bajo su forma Humana, es decir, al Señor,
hablaban con los ángeles del cielo, y éstos con ellos, como un amigo
habla con otro; y entre ellos, el cielo y el mundo eran una sola
cosa. Pero cuando esta época llegó a su fin, los hombres comenzaron
a apartarse gradualmente del cielo, amándose más a sí mismos que al Señor,
y al mundo más que al cielo; por eso, empezaron a sentir los
deleites del amor de sí mismos y los del mundo como una cosa aparte
de los del cielo, hasta que por último no reconocían otros deleites
aparte de éstos. Entonces su interioridad, que había estado abierta
hacia el cielo, fue obliterada, mientras que su exterioridad,
se abrió hacia el mundo; y cuando esto sucede, el hombre
está en la luz en lo qué se refiere a las cosas del mundo,
pero se halla en las tinieblas en lo que se refiere
a las cosas del cielo.
(253)
Desde aquellos tiempos, son muy
pocos los que han hablado con los ángeles del cielo; aunque algunos sí han
hablado con espíritus que no tienen morada en el cielo. Dado que
el hombre posee sus facultades interiores y exteriores dispuestas
de tal forma que, o bien se vuelve hacia el Señor
como centro común, o bien se vuelve hacia sí mismo dando
la espalda al Señor. Quienes miran al Señor,
también se vuelven hacia el cielo. Pero los que se vuelven hacia
sí mismos, se vuelven hacia el mundo. Y elevar
a éstos, es ardua tarea; de cualquier modo, el Señor
los eleva en la medida de lo posible, revirtiendo su amor;
lo que se lleva a cabo mediante la instrucción de las
verdades inscriptas en la Palabra.
(254)
He sido informado acerca del
modo en que habló el Señor con los profetas que nos legaron
la Palabra. El no habló con ellos como lo hizo con los antiguos,
por influjo en su interioridad, sino a través de espíritus
emisarios, a quienes infundió con Su mirada, inspirándoles las
palabras que habrían de dictar a los profetas; de forma que la comunicación
no se dio por influjo, sino por dictado. Y como esas palabras
emanaron directamente del Señor, cada una de ellas se halla
impregnada de Divinidad y contiene un sentido interno; por eso
los ángeles del cielo, captan dichas palabras según su sentido celestial
y espiritual, y los hombres, según su sentido natural. Así fue
como el Señor estableció la conjunción entre el cielo y
el mundo a través de la Palabra. También me fue referido el modo mediante el cual el Señor
infunde de Divinidad a ciertos espíritus con Su mirada. Cuando
un espíritu se halla infundido de Divinidad, da en suponer
que él es el Señor, y que sus palabras son Divinas,
y persiste en tal creencia hasta que culmina su discurso. Luego,
percibe y reconoce que él es tan sólo un espíritu, y que
sus palabras proceden del Señor y no de él. Tal era el estado
de los espíritus que hablaron con los profetas, y por eso éstos
decían que quien hablaba era Jehová; y los mismos espíritus
se autodenominaban Jehová, según consta en los Libros proféticos
e históricos de la Palabra.
(255)
A fin de que pueda
esclarecerse la naturaleza de la conjunción que se establece
entre los ángeles y los espíritus con el hombre, me es permitido
referir ciertos sucesos memorables, a modo de ilustración y ejemplo.
Cuando los ángeles y los espíritus se vuelven hacia el hombre,
se figuran que el idioma del hombre les pertenece, y que ésa
es la única lengua que conocen; lo cual se debe a que,
en ese momento, están hablando en el idioma del hombre, en vez
de hacerlo en el suyo, al que por otra parte no recuerdan.
Pero apenas se apartan del hombre, recobran su lengua angélica
y espiritual, y nada saben acerca del lenguaje humano. He pasado
por una experiencia similar, en compañía de los ángeles,
y mientras me hallaba en un estado similar al de ellos.
Entonces, hablé con los ángeles en su propia lengua, desconociendo
la mía, puesto que la había olvidado; pero apenas me separé
de ellos, recobré mi lengua natal. Otra cosa digna de mención,
es que cuando los ángeles se vuelven hacia el hombre, pueden
hablar con él sin que importe la distancia que media entre ellos;
cuando hablaron conmigo hallándose a una considerable distancia, pude
oírlos con la misma claridad que desde cerca. Pero cuando apartan su mirada
del hombre para conversar entre ellos, el hombre no puede oír
absolutamente nada, aunque estén hablando a su oído. De esta manera,
me fue dado comprobar que en el mundo espiritual toda conjunción
se halla determinada por la dirección hacia la que
se vuelven los seres. También es notable el hecho de que
cuando se congregan muchos espíritus que desean hablar con un hombre,
todos se comunican con él, y él con ellos; porque comisionan
a uno de ellos para hablar con el hombre con el que desean
comunicarse; entonces, el espíritu emisario se vuelve hacia
el hombre, y los demás se vuelven hacia él concentrándose
en los pensamientos que quieren transmitir; y el espíritu, los
expresa; el espíritu, se figura que las palabras que pronuncia proceden
de él, y los demás, están convencidos de que quienes hablan son
ellos. De modo que la conjunción que se establece entre varios
espíritus y un hombre también está determinada por la dirección hacia
la que se vuelven los espíritus. Pero a estos espíritus emisarios,
a los que también se llama Agentes, y a
la comunicación que se establece a través de ellos, nos
referiremos en detalle más adelante.
(256)
A ningún ángel o espíritu
le es permitido hablar con un hombre basándose en los datos
de su propia memoria; solamente pueden hacerlo a partir de los
datos de la memoria del hombre pues los ángeles y los espíritus,
poseen memoria igual que el hombre. Y si un espíritu hablase con
un nombre basándose en su propia memoria, el hombre supondría
que los pensamientos que pasan por su mente en ese momento son suyos,
aunque pertenezcan al espíritu. Cosa que daría lugar a una suerte
de reminiscencia de algo que el hombre nunca oyó ni vio.
Que esto es así, me ha sido dado comprobarlo mediante
la experiencia. Tal es el origen de la creencia que profesaban
ciertos hombres de la antigüedad, quienes sostenían que al cabo
de unos cuantos millares de años, habrían de retornar a
su vida anterior, volviendo a ejecutar cada uno de sus actos,
y que en realidad, ya lo habían hecho. Y arribaban
a esta conclusión, porque a veces sentían una especie
de reminiscencia sobre cosas que jamás habían visto ni oído. Esta
noción era suscitada por un influjo que procede de la memoria
de los espíritus.
(257)
Hay también ciertos espíritus
denominados espíritus naturales y corpóreos. Cuando éstos se acercan
al hombre, no establecen una conjunción con su pensamiento, como
sucede con otros espíritus, sino que se introducen en su cuerpo,
y ocupan todos sus sentidos, y hablan por la boca del hombre, y actúan
a través de sus miembros; entonces, suponen que todo lo que
es del hombre les pertenece a ellos. Tales espíritus son lo que
obseden al hombre; pero el Señor los ha arrojado
al infierno, de forma que están totalmente segregados;
en consecuencia, este tipo de obsesiones no pueden darse
en nuestros días.
(29)
Capítulo
XXIX
LA ESCRITURA EN EL CIELO
(258)
Como los ángeles tienen
un lenguaje, y su lenguaje consta de vocablos, también conocen
el arte de escribir; y por medio de la palabra escrita,
o hablada, expresan lo que conciben mentalmente. En ciertas
ocasiones he recibido hojas en las que había palabras escritas,
exactamente iguales a los manuscritos que pueden verse en este mundo,
y también he recibido otras en las que había palabras impresas;
y pude leerlas del mismo modo en que leo cualquier otro escrito, pero
sólo pude descifrar el sentido de unas pocas palabras aisladas;
ya que no condice con el orden Divino que el hombre
se instruya por medio de escrituras que proceden del cielo;
el hombre debe instruirse solamente por medio de la Palabra; porque la comunicación y conjunción entre el cielo y el mundo,
o sea, entre el Señor y el hombre, se establece
exclusivamente a través de la Palabra. Por otra parte, también los profetas vieron papeles escritos en el cielo, según consta en
Ezequiel:
Y miró, y he aquí una mano extendida hacia mi, y en ella había un rollo de libro ... Y estaba escrito por delante y por detrás (11. 9, 10)
Y en Juan
Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. (Apocalipsis V. l)
(259)
El Señor
ha dispuesto que existan escrituras en los cielos por amor a
la Palabra; pues en su esencia, la Palabra es la verdad
Divina, y de ella procede la sabiduría celestial, tanto entre los
hombres como entre los Ángeles; porque la Palabra fue dictada por
el Señor, y lo que dicta el Señor transita
ordenadamente todos los cielos para concluir en el hombre. De manera
que se ajusta a la sabiduría de los ángeles y a
la inteligencia del hombre. Por tal razón, los ángeles también disponen
de una Palabra, y la leen como lo hacen los hombres en la
tierra, además de tomar de allí sus principios doctrinales
y realizar en base a ellos su prédica (Nº 221).
La Palabra es la misma, pero carece de un sentido natural, que
es el sentido literal que nosotros conocemos; solamente posee
un sentido espiritual, que es su sentido interno. Quien desee saber
algo más al respecto, puede consultar el pequeño tratado sobre
el Caballo Blanco mencionado en el Apocalipsis.
(260)
Desde el cielo, me fue remitida una
pequeña hoja de papel, en la que podían observarse unas pocas
palabras escritas en letra hebrea; y me fue dado saber que cada letra
encerraba arcanos de sabiduría, y que esos arcanos estaban incluidos
en las inflexiones y en las curvaturas de las letras, y, por
ende, en sus respectivos sonidos. Lo cual me reveló
el significado de estas palabras del Señor:
Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido (Mateo V. 18)
Que hasta la más mínima tilde de la Palabra está infundida de Divinidad, es cosa bien sabida en el seno de la Iglesia; pero dónde yace oculto en cada tilde ese hálito de Divinidad, es algo que aún se desconoce; por tanto, procuraremos ponerlo de manifiesto. En el íntimo cielo la escritura consta de numerosas inflexiones y formas circunflejas, y las inflexiones y las formas circunflejas concuerdan con la forma del cielo. A través de ellas, los ángeles expresan los arcanos de su sabiduría, y muchas otras cosas que no pueden manifestar por medio de la palabra hablada; y lo que es aún más admirable, es que los ángeles comprenden esta escritura sin instrucción previa, sin recurrir a ningún maestro; es un conocimiento implantado en ellos de manera innata, igual que su lenguaje (ver Nº 236); en consecuencia, este tipo de escritura es escritura celestial. Decimos que este conocimiento se halla implantado en ellos, por la razón de que la difusión de los pensamientos y afectos, y, por ende, la comunicación de la inteligencia y sabiduría de los ángeles, fluye en armonía con la forma del cielo (Nº 201); y por la misma razón, su escritura fluye en armonía con dicha forma. También me fue dado saber, que los más antiguos pueblos de nuestra tierra, conocían ese tipo de escritura antes de que se inventasen las letras; y que sus virtudes fueron transcriptas a las letras del idioma hebreo, y que en la antigüedad estas letras poseían rasgos flexionales, y ninguna de ellas remataba en líneas rectas, como sucede en la actualidad. De modo que la Palabra Divina incluye cosas y arcanos de los cielos, hasta en la mínima jota, tilde o punto.
(261)
E sta, escritura con caracteres de forma
celestial se emplea en el íntimo cielo; los ángeles que moran allí,
son los ángeles de sabiduría suprema. Mediante estos caracteres
manifiestan sus afectos, de los que fluyen sus pensamientos en orden
sucesivo de acuerdo con el tema que tratan. En consecuencia,
estas escrituras, que he tenido también la oportunidad
de observar, encierran arcanos que el pensamiento jamás podrá
penetrar por completo. Pero este tipo de escritura no se conoce
en los cielos inferiores. En estos cielos la escritura
es similar a la que se conoce en el mundo, y aunque
los caracteres también son similares, resulta ininteligible para
el hombre, porque allí toda escritura está trazada en lengua
angélica; y la lengua angélica no tiene nada en común con las
lenguas humanas (Nº 237); puesto que mediante las vocales,
ellos expresan sus afectos, y por medio de las consonantes, las ideas
del pensamiento emanado del afecto; y a través de los vocablos
derivados, transmiten el sentido conceptual (ver más arriba, Nº 236,
241). Por lo demás, en este tipo de escritura, que también
he podido observar, unas pocas palabras encierran más significado que
el que le es dable expresar al hombre a lo largo
de muchas páginas. De tal modo está escrita la Palabra que
se conoce en los cielos inferiores; pero en el íntimo cielo,
está inscripta con letras celestiales.
(262)
Lo que es más notable, es que en los
cielos la escritura fluye naturalmente del pensamiento mismo de los
ángeles; y esto mediante una operación tan sencilla, que se diría que
el pensamiento se publica; y la mano que escribe, jamás vacila
en la elección de una palabra, pues tanto las palabras que pronuncian
como las que escriben, corresponden a las ideas de su pensamiento;
y toda correspondencia es natural y espontánea. En los
cielos, también hay una forma de escritura que se anota sin intervención
manual, ya que aparece por obra de la sola correspondencia con los
pensamientos; pero este tipo de escritura no tiene carácter
permanente.
(263)
También he tenido oportunidad de observar
otro tipo de escritura celestial, compuesta exclusivamente de números
ordenados en serie, semejantes a las escrituras compuestas
de letras y palabras; y me fue dado saber, que este tipo
de escritura procede del íntimo cielo; y que esta forma
de escritura celestial (de la que ya se ha hablado antes,
Nº 260-261), al transmitirse por influjo a los cielos inferiores,
aparece ante sus habitantes en forma de números; y que esta
escritura numérica encierra asimismo arcanos, algunos de los cuales
no pueden ser percibidos por el pensamiento, ni expresarse
en palabras. Puesto que todos los números tienen su correspondencia,
y, al igual que las palabras, su sentido está determinado por las
correspondencias; con la sola diferencia de que los números encierran
conceptos generales, y las palabras, conceptos particulares; y como
un solo concepto general contiene innumerables conceptos particulares,
es e-vidente que la escritura numérica encierra más arcanos que
la escritura literal. En base a ello pude comprender que
en la Palabra, los números tienen significado igual que los vocablos.
Quien desee conocer el significado de los números simples: 2, 3, 4,
5, 6, 7, 8, 9, 10, 12; y el de los compuestos: 20, 30, 50, 70, 100, 144,
1000, 10. 000, 12. 000 y otros, puede consultar la obra Arcana
Coelestla, donde se expone el tema. En este tipo
de escritura celestial, siempre hay un número antepuesto,
al cual los demás suceden en forma de serie, que es el
sujeto del cual dependen; dado que este número es una suerte de index
sobre el tema en cuestión, y por él están determinados los
números siguientes que indican los puntos específicos.
(264)
Q uienes nada saben acerca del cielo y, rechazando
cualquier otra noción al respecto, se figuran que está constituido
por una substancia puramente atmosférica, donde los ángeles revolotean como
entes intelectuales, desprovistos del sentido auditivo y del de la
vista, son incapaces de concebir que los ángeles puedan hablar
o escribir; pues imaginan que todo lo que realmente existe
es material; sin embargo, en el cielo la escritura tiene una
existencia tan real como en el mundo, y los ángeles que lo habitan
disponen de todo lo que es útil para la vida y
la sabiduría.
(30)
Capítulo
XXX
LA SABIDURÍA DE LOS ANGELES DEL CIELO
(265)
Q a naturaleza de la sabiduría angélica
es prácticamente insondable, ya que trasciende de tal modo
la sabiduría humana, que resulta imposible equipararlas; y lo que
posee tal trascendencia, parece como si no existiera. Por otra parte,
ciertas verdades, que exige la exposición del tema, no son conocidas
actualmente; y mientras las verdades se desconocen, permanecen como
sombras en el intelecto, ocultando la esencia de las cosas.
De todos modos, es posible conocer estas verdades, y
al conocerlas se las puede comprender, siempre y cuando
la mente se deleite con ellas; pues el deleite infunde luz,
perqué surge del amor; y a quienes aman las cosas relativas a
la Divinidad y a la sabiduría celestial, les llega
el fulgor de la luz del cielo, y son esclarecidos.
(266)
E l hecho de que los ángeles vivan
en la luz del cielo, permite vislumbrar el alcance de su
sabiduría; la luz del cielo, en su esencia es la verdad Divina
o sabiduría Divina; y esta luz ilumina tanto su vista interna
o vista mental, como su vista exterior o vista ocular. (Que
la luz del cielo es la verdad Divina o sabiduría Divina, puede
verse más arriba, Nº 126-133). Los ángeles viven también en el
calor Divino, que en su esencia es el bien Divino o amor Divino,
de donde derivan su afecto hacia la sabiduría y el anhelo
de saber. (Que el calor del cielo es el bien Divino o amor
Divino, puede verse más arriba, Nº 133-140). Que los
ángeles gozan de sabiduría, hasta el punto que puede llamárselos
Sapiencias, se desprende del hecho de que sus pensamientos y sus
afectos fluyen en armonía con la forma del cielo, y esta forma
es la forma de la sabiduría; y del hecho de que
su interioridad, que es receptiva de la sabiduría, también está
dispuesta de acuerdo con dicha forma. (Que los pensamientos y afectos
de los ángeles, fluyen en armonía con la forma del cielo,
y portante también su inteligencia y sabiduría, puede verse más
arriba, Nº 201-212). Que la sabiduría de los
ángeles es sublime, también se manifiesta en el hecho
de que su lenguaje es el lenguaje de la sabiduría, puesto
que fluye del pensamiento en forma directa y espontánea; y
el pensamiento, del afecto; de manera que su lenguaje es la
forma externa del pensamiento emanado del afecto; en consecuencia,
no hay nada que los substraiga del influjo Divino; ningún elemento
externo, como los que se deslizan en el lenguaje del hombre cuando
se deja influir por pensamientos ajenos. (Que el lenguaje de los
ángeles es el lenguaje de su pensamiento y de sus afectos, puede
verificarse más arriba Nº 234-245). Que los ángeles posean
tal sabiduría, condice con el hecho de que todas las cosas que
contemplan con sus ojos y perciben con sus sentidos, concuerdan con
su sabiduría, puesto que son correspondencias; o sea que, los objetos
que perciben, son formas representativas de los dones que conforman
su sabiduría. (Que todas las cosas que se ven en los cielos,
se hallan en correspondencia con la interioridad de los
ángeles y son formas representativas de su sabiduría, puede verse más
arriba, Nº 170-182). Por lo demás, los pensamientos
de los ángeles no adolecen de las limitaciones y de las
restricciones propias de las ideas que participan del espacio y del
tiempo, como sucede con los pensamientos humanos, porque los períodos
de tiempo y las extensiones de espacio, pertenecen a
la naturaleza, y lo que pertenece a la naturaleza aparta
la mente de las cosas espirituales, y priva a la vista
intelectual de su debido alcance. (Que las ideas de los ángeles son
ajenas al tiempo y al espacio, y, por tanto, menos limitadas que las
ideas humanas, puede verse más arriba, Nº 162-169,
y 191-199). Así, las ideas de los ángeles, jamás condescienden a
lo meramente terrenal o material, ni sus pensamientos
se ven interrumpidos por la ansiedad que suscitan las necesidades
de la vida; de modo que no hay nada que los aparte de los
deleites de la sabiduría, como sucede con los pensamientos del hombre
en este mundo; porque todo lo reciben gratuitamente del Señor;
reciben vestimenta, comida y vivienda, en forma gratuita
(Nº 181-190); y aparte de esto, sienten deleites
y placeres en armonía con su grado de receptividad
de la sabiduría que emana del Señor. Hemos expuesto estas cosas
a fin de explicar porqué los ángeles disponen de tan alta
sabiduría.
(267)
Los ángeles son capaces de recibir tal
sabiduría, porque su interioridad se halla develada; y
la sabiduría, como toda perfección, aumenta cuanto más interior es,
y esto hasta el punto en que la interioridad
se devela. En cada ángel hay tres grados de vida, que
corresponden a los tres cielos (ver Nº 29-40); los
que poseen su primer grado vital develado, residen en el cielo
externo o primero; quienes poseen su segundo grado vital develado,
habitan en el cielo intermedio o segundo; y aquellos que poseen
su tercer grado develado, moran en el íntimo o tercer cielo.
La sabiduría de los ángeles de los cielos, concuerda con estos
grados vitales. De manera que la sabiduría de los ángeles del íntimo
cielo, es inconmensurablemente superior a la sabiduría de los
ángeles del cielo intermedio; a su vez, la sabiduría de estos
últimos, es inconmensurablemente superior a la de los ángeles del
cielo externo (ver arriba, Nº 209, 210; y en qué
consisten los grados, Nº 38). Esta distinción se debe
al hecho de quejas cosas pertenecientes a un grado superior,
conciernen a lo particular, y las pertenecientes a un grado
inferior, a lo que es general, y lo que es general
es receptáculo de lo que es particular. La correlación
entre lo particular y lo general, es semejante a la que
existe entre millares o miríadas y una simple unidad; tal es la
diferencia que existe entre los ángeles de un cielo superior y los ángeles
de un cielo inferior. En la misma proporción, la sabiduría
de estos últimos sobrepasa la sabiduría del hombre, dado que
el hombre se halla limitado por su condición corpórea y por
todo lo relativo a sus sentidos, y los sentidos corporales,
pertenecen al mínimo grado. Lo que pone al descubierto
en qué consiste la sabiduría de quienes piensan basándose
exclusivamente en los datos de los sentidos, los llamados hombres
sensuales; en otras palabras, su sa-biduría es nula,
y solamente tienen conocimientos. Muy distinto es el caso
de aquellos hombres que elevan sus pensamientos por sobre las cosas que
perciben a través de sus sentidos; principalmente, quienes poseen
su interioridad develada, hasta el punto de poder recibir
la luz del cielo.
(268)
E l hecho de que en los cielos existe
una comunicación entre todas las cosas, nos permite vislumbrar el alcance
de la sabiduría de los ángeles; la inteligencia y sabiduría
de cada uno se comunica a todos los demás, porque el cielo
es una comunión de bienes; pues el amor celestial es de tal
naturaleza, que infunde el deseo de compartir con los demás
lo que es de uno; de manera que en el cielo, nadie percibe
su propio bien como tal, a menos que lo comparta con otro ser;
de ahí la dicha celestial. Esta inspiración, los ángeles
la reciben del Señor, en virtud de Su amor Divino. Que
en el cielo existe tal comunicación entre todas las cosas, es algo
que me fue dado verificar mediante la experiencia. Ciertos espíritus
simples, fueron súbitamente elevados hacia el cielo; una vez allí,
accedieron a la sabiduría angélica, entonces les fue dado comprender cosas
que nunca habían comprendido antes, y dijeron palabras que en su
estado anterior no podían expresar. andelesvetla.cz
(269)
La sabiduría de los ángeles es inefable;
sólo es posible ofrecer una idea aproximada recurriendo a algunos
ejemplos de orden general. Los ángeles expresan en una sola palabra
lo que los hombres no pueden expresaren mil. Asimismo, una sola
palabra angélica encierra incalculables arcanos que no pueden expresarse
mediante los vocablos de las lenguas humanas; porque cada cosa que
expresan los ángeles, encierra arcanos de sabiduría en series
continuas, que la ciencia humana no puede penetrar. Y lo que los
ángeles no pueden expresar mediante los vocablos de su lenguaje, lo manifiestan
en el tono de voz, en el cual hay un afecto por las cosas
según su orden; puesto que (de acuerdo con lo que se ha
dicho antes, Nº 236-241) el tono de voz
manifiesta el afecto, así como los vocablos expresan las ideas del
pensamiento emanado del a-fecto; y por eso se dice que las cosas que
se oyen en el cielo son inefables. Del mismo modo, los ángeles pueden
expresar en unas pocas palabras hasta el más imperceptible detalle
del contenido de todo un volumen, y conferirle a cada
palabra connotaciones que elevan la mente hacia la sabiduría
interior; porque su lenguaje armoniza con sus afectos, y cada vocablo
se halla en consonancia con sus ideas; y sus vocablos varían
de infinitos modos según la serie de cosas incluidas en su
pensamiento. Por otra parte, los ángeles interiores pueden percibir en el
tono de voz —y esto con sólo oír algunas palabras— la vida íntegra
del que habla; ya que en el tono de voz, modificado por las
ideas contenidas en los vocablos, perciben su amor predominante,
en el que se halla inscripto hasta el más ínfimo detalle
de su vida. Lo que pone de manifiesto cuál es la naturaleza
de la sabiduría angélica. Si se la compara con la sabiduría
humana, es superior en una proporción de una miríada a uno;
su relación es similar a la que existe entre las fuerzas
motrices de todo el cuerpo, que son innumerables, y la actividad
que generan, la cual se manifiesta ante nuestros sentidos como
si fuese una sola cosa; o a la que existe entre los miles
de detalles perceptibles en un objeto cuando se lo examina con
un buen microscopio, y la sola masa oscura que aparece ante
el ojo desnudo. Procuraré ilustrar este punto a través de un
ejemplo. Un ángel, inspirado por su sabiduría, al describir
el proceso de regeneración, expuso cientos de arcanos 'según
su orden, insertando en cada uno de ellos ideas que incluían
arcanos más interiores, y esto de principio a fin; dado que
explicó el modo en que el hombre espiritual es concebido
nuevamente, y cómo atraviesa por un período de gestación
en una especie de útero, hasta que nace, crece y se perfecciona
en forma gradual. Observó que el número de arcanos podía
incrementarse miles de veces, y que los que había mencionado
se referían solamente a la regeneración del hombre externo,
y que hay, además, innumerables arcanos relativos al hombre interno.
Estas y otras cosas similares que he oído decir a los ángeles,
me hicieron comprender que su sabiduría es sublime, y que,
en términos comparativos, la ignorancia del hombre es inmensa;
el hombre, apenas si sabe qué es la regeneración; y al ser
regenerado, no es consciente del más mínimo paso durante el proceso.
(270)
A hora nos referiremos a la sabiduría
de los ángeles del íntimo cielo, o cielo tercero, y a
su inconmensurable superioridad en relación a la sabiduría
de los ángeles del cielo externo o primer Cielo. La sabiduría
de los ángeles del íntimo o tercer cielo es inescrutable incluso
para los habitantes del cielo externo, debido a que la interioridad
de los ángeles del tercer cielo se halla develada en el tercer
grado, mientras que la interioridad de los ángeles del primer cielo
está develada sólo en el primer grado; y la sabiduría, incrementa
según su grado de interioridad, y se perfecciona en la
medida en que ésta es develada (Nº 208, 267).
Y como los ángeles del íntimo o tercer cielo poseen su interioridad
develada en el tercer grado, llevan las verdades Divinas virtualmente
inscriptas en su corazón; debido a que el tercer grado
de interioridad, concuerda en mayor medida con la forma del
cielo que los grados segundo y primero; y la forma del cielo, emana
de la verdad Divina en consonancia con la sabiduría Divina; por
lo que se dice que estos ángeles llevan inscripta la verdad como
si fuese algo instintivo o innato. De manera que apenas oyen una
auténtica verdad Divina, la reconocen y la perciben en el acto;
después, es como si la vieran dentro suyo. Y como los ángeles
de ese cielo jamás se ponen a cavilar sobre las verdades
Divinas, ni siguiera saben qué es una controversia acerca de la
autenticidad de una verdad, ni qué cosa es creer o tener
fe. Dicen, ¿ "qué es la fe, acaso cuando algo
es cierto lo percibo y lo veo ?". Y confirman
su parecer por medio de comparaciones; por ejemplo, ¿ qué
sentido tendría que una persona le dijese a otra, que está a
su lado observando el interior de una casa y todo lo que
la rodea, que debe creer en la existencia de las cosas que tiene
delante suyo, y que lo que ven sus ojos, es cierto; o que a
la vista de un huerto con árboles y frutos, le dijese que
debe tener fe en que, delante suyo, efectivamente hay un huerto con
árboles y frutos; cuando su compañero lo está viendo con
sus propios ojos ? Por eso los ángeles del íntimo cielo jamás mencionan
la fe, ni siquiera saben qué es; tampoco raciocinan acerca
de las verdades Divinas, ni se les ocurre discutir sobre
la veracidad de un juicio. En cambio los ángeles del cielo
externo o primero, no llevan las verdades Divinas inscriptas
en su interioridad, pues sólo tienen develado su primer grado vital;
por tanto raciocinan acerca de las verdades, y los que raciocinan son
incapaces de percibir nada que trascienda el objeto de sus
cavilaciones, ni de reflexionar acerca de una cuestión con cierta
profundidad; se limitan a confirmar sus persuasiones arguyendo,
y después de haberlas confirmado, las imponen como cuestiones
de fe, en las que hay que creer obligatoriamente. He hablado con
los ángeles sobre este tema, y señalaron que la diferencia
entre la sabiduría de los ángeles del tercer cielo y
la sabiduría de los ángeles del primer cielo, es semejante a
la que media entre la diafanidad y la oscuridad; compararon
la sabiduría de los ángeles del tercer cielo a un magnífico
palacio abundantemente provisto de objetos útiles, circundado
de parques a lo largo y a lo ancho, rodeado de cosas magníficas
de diverso género; y como estos ángeles viven en las verdades
de la sabiduría, tienen acceso al palacio, y les es dado
contemplar todo lo que hay en su interior, y pasearse
de aquí para allá por los parques, deleitándose a plenitud. Pero
no sucede lo mismo con quienes raciocinan sobre las verdades;
especialmente con los que entablan controversias al respecto, porque los
tales no ven las verdades por la luz de la verdad, sino que
admiten verdades que proceden de otros o del sentido literal de la Palabra, al que no comprenden interiormente, declarando que las verdades deben ser
creídas, o que la fe es cuestión obligatoria, y se niegan
categóricamente a admitir que la vista interior pueda penetrar tales
cosas. A-severan los ángeles que los individuos de semejante no pueden
siquiera aproximarse al umbral del palacio de la sabiduría,
y mucho menos ingresar en él o pasear por sus parques,
ya que se detienen en la entrada. No ocurre lo mismo
con aquellos que viven en las verdades; pues nada les impide el acceso,
y no encuentran ningún obstáculo en su marcha; las verdades que ven
los guían, y se internan en los campos circundantes; porque cada
verdad posee una extensión infinita y se halla en conjunción con
muchas o-tras. Dicen, además, que la sabiduría de los ángeles del
íntimo cielo, radica primordialmente en el hecho de que en cada
objeto ven cosas Divinas y celestiales; y maravillas, en series
de diversos objetos; porque todas las cosas que aparecen ante sus ojos,
son correspondencias. Cuando ven palacios y jardines su vista
no se demora en las cosas que aparecen ante sus ojos, sino que ven
las cosas interiores, de las que aquellas derivan, es decir, con las
que corresponden; y esto en la forma más variada, de acuerdo con
el aspecto de cada objeto. Así, les es dado contemplar
innumerables cosas en forma simultánea, según su orden
y conexión; lo cual les infunde un deleite intelectual tan
intenso, que se sienten arrebatados de sí mismos. Que todo
lo que aparece en los cielos corresponde con las cosas interiores que
los ángeles reciben del Señor, puede verificarse más arriba (Nº 170-176).
(271)
Los ángeles del tercer cielo tienen tales dones,
porque viven en el amor al Señor, y ese amor devela
la interioridad de la mente en el tercer grado, y es el
receptáculo de la sabiduría. También debe advertirse, que la sabiduría
de los ángeles del íntimo cielo se perfecciona en forma
continua, y esto de un modo diferente que la de los ángeles del
cielo externo. Los ángeles del íntimo cielo no archivan las verdades
Divinas en su memoria, para deducir de ellas una especie de ciencia;
apenas las oyen, las perciben y las aplican a la vida. Por tal razón,
las verdades Divinas permanecen en ellos como si las llevaran
inscriptas, porque lo que se aplica a la vida, forma parte
de ella. El caso es diferente con los ángeles del cielo externo;
éstos, archivan primero las verdades Divinas en su memoria, incluyéndolas
entre sus conocimientos, y, basándose en ellas, extraen conclusiones
mediante las cuales perfeccionan su intelecto, y luego las aplican a
la vida por medio de su voluntad; pero no tienen una percepción
interior acerca de la autenticidad de estas verdades; de manera
que, comparativamente, se hallan en la oscuridad. Lo que
es más notable, es que los ángeles del tercer cielo, perfeccionan
su sabiduría por medio del sentido del oído, en vez de hacerlo
por medio del sentido de la vista; lo que oyen en las prédicas,
no ingresa en su memoria, sino que llega inmediatamente a
su percepción y a su voluntad, y pasa a formar parte
de su vida; pero lo que ven con sus ojos, penetra en su memoria,
y razonan y conversan sobre ello; lo que pone de manifiesto
que, entre ellos, la vía auditiva es la vía de la sabiduría.
Esto, también, deriva de las correspondencias, porque el sentido del
oído corresponde a la obediencia, y la obediencia pertenece a
la vida; en cambio el ojo corresponde a la inteligencia, y
la inteligencia atañe a la doctrina. El estado que gozan
estos ángeles se describe en distintos pasajes de la Palabra, como por ejemplo en Jeremías:
Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón... Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande (XXXI. 33, 34).
Y en Mateo:
Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede. (V. 37)
"Lo que es más de esto, de mal procede" porque no procede del Señor; y como los ángeles del tercer cielo, viven en el amor al Señor, las verdades que llevan inscriptas proceden del Señor. En ese cielo, el amor al Señor consiste en querer la verdad Divina y aplicarla a la vida, porque la verdad Divina es el Señor en el cielo.
(272)
H ay todavía otra razón, y en el cielo
es la primordial, que determina que los ángeles sean capaces
de recibir tanta sabidurí-a: no conocen el amor de sí
mismo; y aquel que se halla exento del amor de sí mismo, puede
adquirir sabiduría en lo que respecta a las cosas Divinas. Ese amor
clausura la interioridad en lo relativo al Señor y al cielo;
y abre la exterioridad dirigiéndola hacia sí; por tanto, todos
aquellos en los que impera ese amor, están sumidos en las tinieblas
en lo que atañe a las cosas del cielo, por más luz que reciban
en lo que concierne a las cuestiones mundanas. Los ángeles,
en cambio, reciben la luz de la sabiduría, porque están exentos
del amor de sí mismos, y las formas de amor celestial que
disfrutan, que son el amor al Señor y el amor hacia
el prójimo, develan la interioridad, porque estas formas de amor
proceden del Señor y el Señor Mismo reside en ellas.
(Que estos géneros de amor, conforman el cielo en general,
y configuran el cielo en cada ser en particular, puede
verse más arriba, Nº 13-19). Como los géneros de amor
celestial, abren la interioridad hacia el Señor; todos los
ángeles vuelven su rostro hacia el Señor (Nº 142);
ya que en el mundo espiritual, el amor atrae hacia sí la
interioridad de todos los seres, y hacia donde se orienta
la interioridad, se orienta el rostro, pues allí el rostro
se identifica con la interioridad, porque es su forma externa.
Y como el amor atrae la interioridad, orientando hacia
sí el rostro de los seres, establece también una conjunción
(el amor no es otra cosa que conjunción espiritual) y una
comunión con ellos. De esa orientación, y de la conjunción y
la comunión así establecidas, los ángeles derivan su sabiduría. Que
en el mundo espiritual, la conjunción y la consiguiente
orientación, concuerdan plenamente, puede verificarse más arriba (Nº 255).
(273)
Aun que la sabiduría de los ángeles
se perfecciona en forma continua, ni aun en la eternidad
puede alcanzar tal grado de perfección como para que exista alguna
proporción entre ella y |a Divina sabiduría del Señor; porque
la Divina sabiduría del Señor es infinita, y la sabiduría
de los ángeles es finita; y entre lo que es infinito y
lo que es finito, no hay relación proporcional posible.
(274)
P uesto que la sabiduría perfecciona a los
ángeles y conforma su vida, y cada cual recibe el influjo
del cielo y sus bienes según su sabiduría, los habitantes del cielo
desean y apetecen la sabiduría, así como un hombre hambriento
apetece la comida. Por tanto, el conocimiento, la inteligencia y
la sabiduría, constituyen el alimento espiritual, del mismo modo que
la comida es el alimento natural; y existe una correspondencia
entre ambos.
(275)
N o todos los ángeles pertenecientes aun mismo
cielo o a una misma sociedad celestial, disponen de la misma
sabiduría; su sabiduría difiere. Los que se hallan en el centro,
gozan de suprema sabiduría, y los que se encuentran alrededor
hasta llegar a la periferia, poseen menor sabiduría. El decrecimiento
del grado de sabiduría, está determinado por la distancia que separa
a la periferia del centro, y es semejante a la disminución
de una luz que se atenúa hasta lindar con la sombra.
La gradación de luz concuerda con el caudal de sabiduría,
pues la luz del cielo es la sabiduría Divina, y cada cual recibe
luz según su sabiduría. Sobre la luz del cielo, y los diversos
grados de recepción de luz, ver más arriba (Nº 126-132).
(31)
Capítulo
XXXI
EL ESTADO DE INOCENCIA
DE LOS ÁNGELES DEL CIELO
(276)
Qué es la inocencia, y cuál es su
naturaleza, es algo que muy pocos saben en este mundo; y los que
viven en la maldad, no saben siquiera de qué se trata.
Aunque en realidad, puede verse con los ojos, pues aparece en el
rostro. s« manifiesta en el lenguaje y en los gestos, especialmente
en los niños; sin embargo, casi nadie sabe qué es la
inocencia; y muchos menos, que es el rincón del cielo en el
hombre. Procederemos a exponer el tema en forma ordenada,
analizando en primer lugar la inocencia de la infancia, luego,
la inocencia de la sabiduría, y por último, el estado
de inocencia en el cielo.
(277)
La inocencia de la infancia, o de los
niños, no es genuina inocencia, ya que no es interna,
es solamente externa". ' De todos modos, nos permite vislumbrar
qué es la inocencia; dado que resplandece en el rostro de los
niños, en ciertos gestos y en sus primeras palabras, afectando
a quienes están a su lado. Es evidente que los niños no poseen
pensamiento interno, puesto que no saben qué es el bien y qué
es el mal, ni distinguen lo verdadero de lo falso, nociones
que conforman el pensamiento interno. Por tanto, carecen de una
prudencia propiamente suya, no tienen un designio, ni actúan
premeditadamente; en una palabra, están exentos de fines malignos;
no tienen nada que les pertenezca, nada que proceda del amor
de sí mismo o del amor del mundo; tampoco se atribuyen cosa
alguna a sí mismos, y estiman todo lo que tienen como
un regalo de sus padres; se contentan con los escasos
e insignificantes objetos que les han obsequiado, y se regocijan con
ellos; no se afanan por la comida o la ropa, ni por
el día de mañana; no les atrae el mundo,
ni anhelan poseer muchas cosas; aman a sus padres y a sus
nodrizas, y a sus compañeritos, con quienes juegan inocentemente;
se dejan guiar de la mano, prestan atención y obedecen. Y
al go-zár de tal condición, todo lo que reciben lo aplican
a la vida, y sin saber por qué ni cómo, adquieren buenas maneras
y aprenden a hablar, comienzan a ejercer la memoria
y a pensar; su estado de inocencia, es el terreno propicio
para la recepción e implantación de tales hábitos. Pero esta
forma de inocencia, según se ha dicho antes, es externa, porque
compete solamente al cuerpo, y no a la mente; pues la mente
de los niños aún no esta conformada, siendo la mente
intelecto y voluntad, y el pensamiento y afecto derivados.
He sido informado desde el cielo, que los niños se hallan
bajo los auspicios especiales del Señor, y reciben influjo del
íntimo cielo, donde reina el estado de inocencia; y que este
influjo pasa a través de su interioridad, afectándola en su
curso solamente por medio de la inocencia; por lo cual
la inocencia aparece en sus rostros, en ciertos gestos, y
se hace patente; y esta inocencia afecta íntimamente a los padres,
generando en ellos el amor hacia sus niños (llamado storge).
(278)
La inocencia de la sabiduría es genuina,
inocencia, porque es in-terna; es inherente a la mente,
es decir, pertenece a la voluntad y al intelecto emanado
de ella. Y cuando en estas facultades hay inocencia, también hay
sabiduría, pues la sabiduría emana de la voluntad y del
in-telecto. Por eso, en el cielo, se dice que la inocencia mora
en la sabiduría, y que la sabiduría de un ángel es proporcional
a su inocencia. Este aserto se ve corroborado por el hecho
de que aquellos que gozan de un estado de inocencia, no se.
atribuyen ningún bien a sí mismos, sino que consideran todo lo que
reciben como dádivas del Señor; anhelan ser guiados por El, y no por
sí mismos; aman todo lo que es bueno y se regocijan con
la verdad, porque saben y perciben que amar lo que
es bueno, es decir, quererlo y llevarlo a la práctica,
es amar al Señor, y que amar la verdad es amar
al prójimo; se contentan con lo que tienen, ya sea poco
o mucho, porque saben que reciben exactamente lo que
es provechoso para ellos; quienes necesitan poco, reciben poco, y los
que necesitan mucho, reciben mucho; por otra parte, no saben qué
es lo que es beneficioso para ellos, solamente el Señor
lo sabe, quien en todas las cosas que provee tiene siempre
en mira lo que es eterno. Tampoco . sienten ansiedad
acerca, del futuro; a la ansiedad por el futuro, . la llaman
afán por el día de mañana, y la definen como una especie
de congoja suscitada por el temor de perder o de no recibir
cosas innecesarias, que no tienen ningún uso práctico en la vida.
Jamás obran con fines malignos que puedan perjudicar a sus
compañeros, pues son bondadosos, justos y sinceros.
Y califican de artero al acto que se comete con fines
malignos; huyen de él como si se tratase de veneno
de serpiente, ya que es diametralmente opuesto a
la inocencia. Como aman por sobre todas las cosas ser guiados por
el Señor, se mantienen apartados de su naturaleza propia
(proprium); y, en la medida en que se mantienen apartados
de su naturaleza propia, el Señor fluye en ellos; por
lo cual, apenas oyen algún precepto del Señor, ya sea
a través de la Palabra o por medio de la prédica,
no lo archivan en su memoria, sino que obedecen en el acto;
o sea, lo ejecutan mediante su voluntad, dado que
su memoria es su voluntad. Generalmente, el aspecto exterior
de estos ángeles, induce a creer que son simples; pero interiormente,
son sabios y prudentes. A ellos se refiere el Señor,
al decir:
... Sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas (Mateo. X. 16)
Tal es la inocencia que lleva el nombre de inocencia de la sabiduría. La inocencia, no se adjudica ningún bien a sí misma, sino que asigna todo bien al Señor, y ama ser guiada por el Señor, siendo ia vía de recepción del bien y la verdad, de donde proviene la sabiduría; por eso el hombre ha sido creado de forma tal que pueda gozar de un estado de inocencia externo durante su infancia, y de un estado de inocencia interno durante la vejez, de manera que pueda acceder al segundo estado a través del primero, para regresar a éste desde el último. Por la misma razón, cuando un hombre envejece, su cuerpo se encoge y vuelve a ser como un niño, pero un niño sabio; esto es, un ángel, porque un niño sabio, en el sentido más elevado de la palabra, es un ángel. Debido a ello, en la Palabra, "niño" significa inocente, y "anciano" sabio en quien mora la inocencia.
(279)
Lo mismo ocurre con el hombre que
es regenerado. La regeneración, es el renacimiento del hombre
espiritual. El hombre accede en primer lugar a la inocencia
de la infancia, que consiste en conocer la verdad y hacer
el bien bajo el influjo del Señor, y no por
sí mismo, y en desear y apetecer la verdad, solamente
porque es verdad, y el bien solamente porque es el bien. Luego,
a medida que el hombre madura, el Señor lo nutre
de bien y verdad; primero, es guiado hacia el bien y
la verdad por medio del conocimiento; después, a través de la
inteligencia, y a través de ella accede a la sabiduría, gozando
de un estado de inocencia durante todo el proceso;
la inocencia, según se ha dicho antes, consiste en conocer
la verdad y hacer el bien bajo el influjo del Señor,
y no por sí mismo. Sin esta fe, y sin esta percepción, nadie
puede recibir las cosas del cielo. Y en esto consiste primordialmente
la inocencia de la sabiduría.
(280)
Cómo la inocencia consiste en ser guiado
por el Señor. y no por sí mismo, todos los habitantes del
cielo viven en inocencia; pues todos sus habitantes aman ser guiados por
el Señor; saben que guiarse por sí mismos, es dejarse
llevar por su naturaleza propia, y que su naturaleza propia
no es otra cosa que el amor de sí mismos, y que quien
se ama asimismo, no permite que nadie lo guíe. Por tanto,
en la medida en que viva en inocencia, un ángel
se halla en el cielo; en otras palabras, vive en el bien
Divino y en la verdad Divina, lo cual es estar en el cielo.
Por consiguiente, los cielos se distinguen según los grados
de inocencia; quienes residen en el cielo externo o primero,
gozan de inocencia externa, o de primer grado; los que habitan
en el cielo intermedio o segundo, gozan de inocencia intermedia,
o de segundo grado; y los que moran en el íntimo o tercer
cielo, gozan de íntima inocencia, o inocencia de tercer grado; y
de ellos se dice que son las inocencias mismas del cielo; porque aman
superlativamente ser guiados por el Señor, como los niños
pequeños por sus padres; y por la misma razón, apenas oyen una
verdad Divina, ya sea que proceda directamente del Señor,
o que les llegue a través de la Palabra o las prédicas, la incorporan directamente a su voluntad y
la llevan a la práctica aplicándola a la vida. Por eso
la sabiduría de estos ángeles es inconmensurablemente superior a
la de los ángeles de los cielos inferiores (ver Nº 270-271).
Los ángeles del íntimo cielo, debido a su disposición, se hallan muy
próximos al Señor, y de El reciben inocencia; y se hallan
tan apartados de su naturaleza propia, que se diría que viven
en el Señor. Su apariencia exterior es sencilla,
y aparecen ante los o-los de los ángeles de los cielos inferiores
bajo el aspecto de niños, es decir, como párvulos
desprovistos de sabiduría. Sin embargo, son los ángeles más sabios del
cielo; advierten que por sí mismos, no poseen un ápice
de sabiduría, y que reconocer esto, es ser sabio. También saben
que lo que saben es nulo en comparación con lo que
no saben; y afirman que saber, recono cer, y percibir esta
verdad, es el cimiento de la sabiduría. Estos ángeles, están
desnudos, porque la desnudez corresponde a la inocencia.
(281)
He hablado mucho con los ángeles sobre
la inocencia, y ellos me hicieron saber, que la inocencia
es el ser (esse) de todo bien, y que el bien es tal
en tanto que en él haya inocencia; y por tanto, que
la sabiduría es sabiduría en la medida en que participa
de la inocencia; lo mismo sucede con el amor, la caridad y
la fe; por ello, nadie puede ingresar en el cielo a menos que
posea inocencia; el Señor así lo enseña, al decir;
Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis;
porque de los tales es el reino de Dios.
De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. (Marcos X. 14, 15; Lucas XVIII. 16, 17)
Aquí igual que en otros pasajes de la Palabra "niños" significa inocentes. El Señor también describe el estado de inocencia en Mateo (VI. 25-34), pero, en este caso, sólo a través de correspondencias. El bien es bien si en él hay inocencia, porque todo bien procede del Señor, y la inocencia es una predisposición a ser guiado por el Señor. También se me hizo saber, que la conjunción entre la verdad y el bien, y entre el bien y la verdad, se establece exclusivamente a través de la inocencia; de ahí que un ángel, no es un ángel del cielo a menos que posea inocencia; puesto que nadie recibe el cielo hasta que la conjunción del bien y la verdad no se haya arraigado en su interioridad; por eso se llama matrimonio celestial a la conjunción del bien y la verdad, y el matrimonio celestial es el cielo. Asimismo se me hizo saber, que el verdadero amor conyugal deriva su existencia de la inocencia, pues emana de ia conjunción del bien y la verdad, en la que reside la mente del marido y la de su esposa; y cuando esta conjunción desciende, se manifiesta como amor conyugal; porque los cónyuges, sienten amor mutuo, igual que sus mentes. Por eso en el amor conyugal, hay una cierta disposición a retozar, semejante a la de la infancia y a la de la inocencia.
(282)
Puesto que en los ángeles del cielo
la inocencia es el verdadero ser (esse) del bien, es evidente
que el bien Divino que procede del Señor es la inocencia
en sí misma; porque ese bien fluye en los ángeles, afectándolos
en los más íntimo de su ser, y los dispone y prepara
de modo que puedan recibir todo el bien del cielo. Lo mismo
acontece con los niños, cuya interioridad no sólo se conforma
mediante la inocencia que fluye en ellos procedente del Señor;
este don, también los prepara y dispone a fin de que reciban
el bien del amor celestial, pues el bien de la inocencia o-pera
en los más íntimo de su ser; ya que ese bien, según se ha
dicho antes, es el ser (esse) de todo bien. De lo que
se desprende que la inocencia procede del Señor. Portal razón,
en la Palabra, se llama "cordero" al Señor;
cordero, significa inocencia. Y como la inocencia es lo más
íntimo de todo bien del cielo, afecta de tal modo la mente
de los seres, que cuando alguien la siente - como cuando
un ángel del íntimo cielo se aproxima - parece perder
el control de sí mismo, se conmociona; y lo arrebata
un deleite tan intenso, que en comparación con él, los deleites del
mundo son nulos. Y esto lo digo porque lo he percibido.
(283)
Aquel que vive en el bien de la inocencia
es afectado por la inocencia; y es afectado por ella en la
exacta medida en que vive en ese bien; pero a los que
no viven en el bien dé la inocencia, la inocencia
no los afecta. Portal razón, los seres infernales, son el polo
antagónico de la inocencia; ni siquiera saben qué es; y
su animadversión hacia ella es tan intensa, que en cuanto ven a
un ser inocente, sienten un anhelo abrasador de hacerle
daño; de ahí que no soporten la presencia de los
niños; apenas los ven, se sienten corroídos por el cruel deseo
de hacerles daño. Todo lo cual, pone de manifiesto que
la naturaleza propia del hombre, y por ende el amor de sí
mismo, es diametralmente opuesta a la inocencia; porque todos los
seres infernales, viven en su naturaleza propia y en el consiguiente
amor de sí mismos.
(32)
Capítulo
XXXII
EL ESTADO DE PAZ EN EL CIELO
(284)
Sólo aquellos que han experimentado la paz del
cielo, pueden percibir la paz que gozan los ángeles. Mientras el hombre
habita en el cuerpo, no puede recibir la paz del cielo,
ni puede percibirla, porque su capacidad perceptiva se limita a
lo que es natural. Para percibirla debe estar facultado, en lo
que atañe a su pensamiento, para ser elevado y substraído del
cuerpo, mantenerse en el espíritu, y gozar al mismo tiempo
de la compañía de los ángeles. De ese modo, pude percibir
la paz del cielo; lo cual me permite describirla, si bien
de un modo imperfecto, porque no hay vocablos que puedan expresar
la paz del cielo tal cual es, pues las palabras humanas son inapropiadas.
Solamente es dable compararla con el sosiego anímico que gozan
quienes se regocijan en Dios.
(285)
Los dones más íntimos del cielo son dos:
la inocencia y la paz. Se dice que estos dones son íntimos, porque
proceden directamente del Señor. De la inocencia manan tocios los
bienes del cielo, y de la paz todos los deleites del bien. Cada bien tiene
su propio deleite; y tanto el bien como el deleite emanan
del amor, pues a lo que se ama se lo llama bien, y también
se lo percibe como deleitable. De ello se desprende que estos
dos íntimos dones, la inocencia y la paz, proceden del amor Divino
del Señor, conmoviendo a los ángeles desde lo más íntimo
de su interioridad. Que la inocencia es lo más íntimo del bien,
puede verse en el capítulo previo donde se describe el estado
de inocencia de los ángeles del cielo. Que la paz es el más
íntimo deleite del bien de la inocencia, se verá a continuación.
(286)
E n primer lugar nos referiremos al origen
de la paz. La paz Divina reside en el Señor;
y deriva su existencia de la unión de la Divinidad en Sí Misma con la Divinidad Humana en el Señor. La paz
Divina del cielo procede del Señor, y deriva su existencia
de su conjunción con los ángeles del cielo; y en lo particular, de la
conjunción del bien y la verdad en cada ángel. Tal es el origen
de la paz. De ello se desprende, que la paz en los
cielos es la Divinidad que bendice íntimamente todas las cosas buenas que
hay en ellos, de ahí surge toda la dicha del cielo;
y también, que en su esencia es el júbilo Divino del amor Divino
del Señor, emanado de Su conjunción con el cielo y con
todos sus habitantes. Este júbilo, que el Señor siente en los
ángeles, y que éstos reciben del Señor, es la paz.
De allí derivan los ángeles todo lo que es santo, regocijante
y dichoso, o ese don que lleva el nombre de júbilo
celestial.
(287)
Como estos son los manantiales de paz,
el Señor lleva el nombre de "Principe
de paz", y declara que la paz procede de El,
y que la paz mora en El, y a los ángeles se los llama
ángeles de paz, y se designa al cielo como morada de paz,
según puede verificarse en los siguientes pasajes:
Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Principe de paz.
Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite. (lsa(as. lX. 6, 7) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da (Juan XIV. 27)
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. (Juan XVI. 33) Jehová alce sobre tí su rostro, y ponga en tí paz (Números VI. 26)
... los mensajeros de paz llorarán amargamente Las calzadas están deshechas (Isaías XXXIII. 7, 8)
Y el efecto de la justicia será paz
Y mi pueblo habitará en morada de paz (Isaías XXXII. 17, 18)
"Paz" en la Palabra significa paz Divina y celestial, como puede constatarse en otros pasajes donde se la menciona (Como en lsa. LII. 7; LIV. 10, LIX. 8; Jer. XVI. 5; XXV. 37; XXIX 11, Hageo. ll. 9; Zac. Vlll. 12; Salmos XXXVI. 37 y
en otras secciones). Y puesto que "paz" significa el Señor en el cielo, y también júbilo celestial y el deleite del bien, "la Paz sea contigo", era una antigua expresión de saludo que todavía está en vigencia; y esto fue ratificado por el Señor al decir a Sus enviados, los discípulos:
En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta easa.
Y
si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él... (Lucas
X. 5, 6)
Y el Señor Mismo, cuando apareció a los apóstoles, dijo: Paz a vosotros (Juan XX. 19, 21, 26).
En la Palabra también se alude a un estado de paz, donde se dice:
... es holocausto de olor grato para Jehová (Éxodo XXIX. 18, 25, 41; LevítlCO. L. 9, 13, 17; II. 2, 9;VI. 8, 14; XXIII. 12, 13, 18; Núme-ros. XV. 3, 7, 13; XXVIII. 6, 8, 13; XXIX. 2, 6, 8, 13, 36)
"Olor grato"(*) (aroma de paz) en el sentido celestial significa percepción de paz. Y debido a que paz significa la unión de la Divinidad en Sí Misma con la Divinidad Humana en el Señor; y también la conjunción entre el Señor y el cielo y la iglesia, y todos los habitantes del cielo y todos los miembros* de la iglesia que lo reciben, el Shabbath fue instituido como recordatorio de estas cosas; su nombre significa reposo o paz, y era el símbolo representativo más sagrado de la iglesia. Por la misma razón, el Señor se llamó a Sí Mismo "Señor del Shabbath" (día de reposo) (Mateo XII. 8; Marcos U. 27, 28; Lucas VI. 5).
(*) En la versión de Cypriano de Valera, "odoren quietis, "odor of rest", figura como "olor grato", por lo que añadimos entre corchetes nuestra versión "aroma de paz", que concuerda con la versión latina citada por Swedenborg, y con la inglesa de la Swedenborg Foundation.
(288)
Como la paz del cielo es la Divinidad suscitando íntimo júbilo en el bien esencial de los ángeles, ellos
la perciben con claridad sólo en el deleite de sus corazones;
cuando gozan del bien de su vida, cuando sienten el placer
de oír la verdad que armoniza con su bien, y la dicha
intelectual de percibir la conjunción del bien y la verdad.
De ahí fluye infundiendo todos los actos y pensamientos de su
vida, y se manifiesta como júbilo, incluso en su aspecto externo.
Pero la paz en los cielos difiere en calidad y cantidad
según el grado de inocencia de sus habitantes; ya que
la inocencia y la paz van de la mano; pues todos los bienes del
cielo, según se ha dicho antes, emanan de la inocencia, y todos
los deleites que esos bienes brindan. emanan de la paz. Es evidente,
entonces, que acerca del estado de paz en los cielos, puede decirse
lo mismo que se ha dicho en el capítulo previo sobre
el estado de inocencia; dado que la inocencia y la paz
se hallan en conjunción igual que el bien y su deleite;
ya que el bien se siente en su deleite, y el deleite
se conoce por su bien. De lo que se desprende, que los
ángeles del íntimo o tercer cielo gozan de íntima paz o paz
de tercer grado, pues gozan de íntima inocencia o inocencia
de tercer grado; y que los ángeles de los cielos inferiores
experimentan un grado de paz menor, puesto que su grado
de inocencia es menor (ver Nº 280). Que la inocencia
y la paz van juntas, igual que el bien y su deleite, puede
observarse en los niños pequeños, que sienten paz porqué
gozan de inocencia, y al sentir paz, pueden retozar en la
plenitud de su ser. Sin embargo, la paz que sienten los niños
pequeños es paz externa; mientras que a la paz interna, igual
que a la inocencia interna, se accede solamente a través
de la sabiduría; y por ende, solamente a través de la
conjunción del bien y la verdad, dado que la sabiduría emana
de esa conjunción. La paz celestial p angélica también puede
darse entre los hombres que gozan de la sabiduría emanada de la
conjunción del bien y la verdad; quienes, a consecuencia
de ello, se regocijan en Dios; de todos modos, mientras viven
en el mundo, esta sensación de paz yace oculta en su
interioridad, y les es revelada cuando abandonan el cuerpo
e ingresan en el cielo, ya que entonces su interioridad
es develada.
(289)
Puesto que la paz Divina nace de la
conjunción que se establece entre el Señor y el cielo,
especialmente de la conjunción del bien y la verdad en cada
ángel; cuando los ángeles gozan de un estado de amor, disfrutan
de un estado de paz; pues entonces el bien y la verdad
establecen conjunción en su interioridad. (Que los estados que
experimentan los ángeles, pasan por fases sucesivas de cambio, puede
cotejarse más arriba, Nº 154-160). Algo similar
le ocurre al hombre cuando es regenerado. En cuanto
el bien y la verdad establecen conjunción en su interioridad,
lo cual tiene lugar especialmente después de que el hombre ha pasado
por períodos de tentación, accede a un estado de deleite que
mana de la paz celestial. Esta condición de paz puede compararse a
la mañana o al alba primaveral, cuando la noche
ya ha partido, y , con el sol naciente, todas las cosas
de la tierra empiezan a revivir, y la fragancia de la
vegetación que brota, emerge y se expande al contacto del rocío que
desciende del cielo, entonces, la suave temperatura primaveral, brinda
fertilidad a la tierra e infunde placer al espíritu del hombre;
porque la mañana o el alba primaveral, corresponden
al estado de paz que gozan los ángeles del cielo (ver
Nº 155).
(290)
H e hablado con los ángeles acerca de la
paz, y les dije que en el mundo se llama paz al período
en que cesan las guerras y las hostilidades entre los reinos,
y cuando cesan la enemistad y la discordia entre los hombres;
y que también cunde la creencia de que la paz interna
es un estado de serenidad mental que sobreviene cuando el hombre
se ve eximido de sus preocupaciones; principalmente cuando disfruta
de la tranquilidad y del bienestar que proporciona el éxito
en las empresas acometidas. No obstante, los ángeles afirman que
la serenidad mental y la tranquilidad y bienestar derivados
de la ausencia de preocupaciones y del éxito en los
negocios; aparentemente constituyen la paz, pero que ésta se da
efectivamente, sólo entre quienes gozan del bien celestial; porque la paz
se alcanza sólo en el goce del bien celestial. Porque la paz
fluye desde el Señor hacia lo más íntimo de estos seres,
y desde allí desciende, fluyendo hacia sus facultades inferiores,
suscitando una sensación de serenidad mental, tranquilidad anímica
y regocijo. Pero para los que viven en el mal, la paz
es imposible. Es cierto que entre ellos se verifica una suerte
de aparente serenidad, tranquilidad y deleite, cuando las cosas
marchan de acuerdo con sus deseos; pero se trata de una paz
meramente externa, que no tiene nada de interna, porque interiormente
están corroídos por el fuego de la animadversión, del odio,
de la venganza, de la crueldad, y de todo género
de concupiscencias perversas, hacia las que se ven arrastrados cuando
alguien no favorece sus designios, y que hacen irrupción cuando
no los refrena el temor. Por lo cual, el deleite de semejantes
seres reside en la insania, mientras que el deleite de los que
viven en el bien, mora en la sabiduría. La diferencia entre unos
y otros es similar a la que existe entre el infierno y
el cielo.
(33)
Capítulo
XXXIII
LA CONJUNCIÓN DEL CIELO
CON LA RAZA HUMANA
(291)
Es cosa harto sabida en la iglesia que todo bien
procede de Dios, y que ningún bien procede del hombre, y, por tanto,
que nadie debe adjudicarse ningún bien como propio. Asimismo, se sabe que
el mal emana del demonio. De manera que los que hablan basándose
en la doc-trina de la
iglesia, afirman que quienes obran bien, y quienes hablan y predican
piadosamente, son guiados por Dios; y afirman lo contrario
al referirse a quienes obran mal y profieren palabras impías.
Para que esto sea cierto el hombre debe hallarse en conjunción con el cielo
y el infierno; y esta conjunción debe establecerse necesariamente
a través de la voluntad y el intelecto del hombre; porque dichas
facultades determinan que el cuerpo actúe y que la boca hable.
A continuación, referiremos en qué consiste esta conjunción.
(292)
Todo individuo se halla en compañía
de buenos y malos espíritus. A través de los buenos
espíritus el hombre se halla en conjunción con el cielo,
y a través de los malos espíritus, con el infierno. Ambos moran
en el mundo de los espíritus, que se encuentra en una
región intermedia entre el cielo y el infierno. Este mundo será
examinado en detalle más adelante. Cuando estos espíritus
se aproximan al hombre, obtienen acceso a la integridad
de su memoria, y por ende, a la integridad de su pensamiento;
los malos espíritus acceden a las cosas malignas de la memoria
y del pensamiento, y los buenos espíritus a las cosas buenas
de su memoria y de su pensamiento. Estos espíritus ignoran que están
con el hombre; pero cuando se hallan junto a él, suponen que las
cosas déla memoria y del pensamiento del hombre les pertenecen
a ellos; tampoco pueden ver al hombre, porque las cosas propias del
mundo solar están fuera del alcance de su vista. El Señor
cuida especialmente de que los espíritus no adviertan que están con
el hombre, porque en caso de advertirlo entablarían conversación
con él, y si esto sucediera, los espíritus lo aniquilarían; puesto
que los espíritus malignos, al estar en conjunción con
el infierno, anhelan por sobre todas las cosas la perdición del
nombre, y no se contentan con destruir su alma, esto es, su amor
y su fe; también pretenden destruir su cuerpo. El caso
es diferente cuando los espíritus no entablan conversación con
el hombre, pues entonces no advierten que lo que piensan
y hablan entre ellos proviene del hombre; porque a pesar de que
lo que hablan entre ellos procede del hombre, los espíritus suponen que
lo que piensan y hablan entre ellos les pertenece como cosa propia,
y todo ser aprecia y ama lo que le pertenece. De tal
forma, los espíritus se ven constreñidos a amar y estimar
al hombre aunque no se den cuenta de ello. Que existe tal
conjunción entre los espíritus y el hombre es algo que he podido
comprobar a través de una experiencia continua que abarca
ya muchos años, de manera que no hay nada que
me resulte más familiar.
(293)
Lo que determina que los espíritus que están
en comunicación . La con el infierno, también estén vinculados
al hombre, es que el hombre tiene una inclinación innata hacia
todo género de perversidades. de manera que su vida misma emana del mal; por lo cual,
no podría vivir si no estuviese vinculado a espíritus
de índole semejante; de no ser así, tampoco sería posible substraerlo
del mal para ser reformado. Debido a ello, se mantiene ligado a
su propia naturaleza bajo el influjo de espíritus malignos, y
se aparta de ella mediante el influjo de espíritus
benignos; esta doble influencia le permite mantenerse en equilibrio;
y al estar en equilibrio, está en libertad, y puede ser
substraído de sus perversidades para ser guiado hacia el bien;
entonces, es posible que el bien se arraigue en él, cosa
que no ocurriría si no estuviese en libertad; y el hombre
obtiene acceso a la libertad sólo cuando experimenta el influjo
de espíritus malignos y benignos, manteniéndose así entre uno
y otros, Así, es evidente que en tanto que la vida del
hombre procede de lo que es hereditario, de no serle permitido
experimentar el mal, su vida sería nula; y lo mismo ocurriría
si no gozara de libertad; también es evidente que no puede
ser compelido a hacer el bien, puesto que lo que procede
de la compulsión no permanece; y lo que el hombre recibe
en libertad, se arraiga en su voluntad, incorporándose
de hecho a su propio ser. Estas son las razones que determinan que
el hombre se halle en comunicación con el infierno
y con el cielo.
(294)
También expondremos en qué consiste
la comunicación que se establece con el cielo a través
de los espíritus benignos, en qué consiste la comunicación que
se establece con el infierno a través de los espíritus malignos,
y en qué estriba la consiguiente conjunción que se establece
entre el cielo y el infierno con el hombre. Todos los espíritus
que habitan en el mundo de los espíritus están en comunicación
con el cielo o el infierno; los espíritus malignos, con el infierno;
y los espíritus benignos, con el cielo. El cielo está dividido
en sociedades, y lo mismo acontece con el infierno. Todo
espíritu pertenece a alguna sociedad, y subsiste gracias
al influjo que recibe de ella; es decir, actúa al unísono
con ella. Por tanto, al estar el hombre en conjunción con los
espíritus, se halla en conjunción con el cielo o
el infierno; exactamente con aquella sociedad que le es afín por
su afecto o por su amor; ya que las sociedades del cielo,
se distinguen entre sí según los afectos hacia el bien y
la verdad que sienten sus miembros; y las sociedades infernales,
según los afectos hacia el mal y la mentira que experimentan sus
integrantes (Sobre las sociedades del cielo. ver más arriba, Nº 41-45;
y también Nº 148-151).
(295)
Los espíritus que entablan relación con
el hombre, son semejantes al afecto o al amor del hombre;
el Señor relaciona al hombre con los espíritus benignos; pero
los espíritus malignos se relacionan con el hombre, a instancias
de él mismo. Los espíritus que acompañan al hombre, varían
de acuerdo con las variaciones afectivas del hombre; de modo que hay
ciertos espíritus que lo acompañan durante su infancia, otros
durante su niñez, otros durante su adolescencia y edad
viril, y otros durante su vejez. Durante la infancia
lo acompañan espíritus que viven en la inocencia, y que,
por tanto, están en comunicación con el cielo de la inocencia,
que es el íntimo o tercer cielo. Durante su niñez
lo acompañan los espíritus que tienen el afán de conocer,
y que están en comunicación con el cielo extemo o primero;
durante la adolescencia y la edad viril, lo acompañan los
espíritus que sienten afecto por la verdad y el bien, y portante
que disfrutan de inteligencia, y que están en comunicación con
el cielo segundo o intermedio; y durante la vejez,
lo acompañan los espíritus que gozan de sabiduría
e inocencia, y que están en comunicación con el íntimo
o tercer cielo. El Señor preserva estos vínculos con los
hombres que pueden ser reformados o regenerados. El caso
es distinto con aquellos que no pueden ser reformados
ni regenerados. A pesar de que estos últimos, también mantienen
vinculación con los espíritus benignos, para que se aparten del mal
en la medida de lo posible; se hallan en conjunción directa
con los espíritus malignos que se comunican con el infierno, por
lo que están en compañía de espíritus semejantes
a ellos. Si son amantes de sí mismos o amantes del lucro,
o amantes de la venganza, o amantes del adulterio, están
en compañía de espíritus de tal índole, y se diría
que éstos habitan en sus afectos malignos; y el hombre
es incitado por ellos, y en caso de que no pueda ser
apartado del mal por mediación de espíritus benignos, se adhieren a
él y no se alejan de él, mientras sus afectos malignos prevalecen.
Por eso el hombre maligno está en conjunción con el infierno,
mientras que el hombre bondadoso, está en conjunción con
el cielo.
(296)
El hombre está regido por el Señor
a través de espíritus porque no vive en el orden del cielo,
y tiene una predisposición innata hacia la perversidad que mana del
infierno, de forma que nace con inclinaciones diametralmente opuestas
al orden Divino; portante, debe ser restituido al orden, y esto
sólo puede concretarse por vía indirecta a través de espíritus.
El caso sería totalmente diferente si el hombre tuviera una
inclinación innata hacia el bien que armoniza con el orden del cielo;
entonces sería regido por el Señor, pero no a través
de espíritus, sino a través del orden-mismo, o sea, mediante
el influjo general. Este influjo rige al hombre en lo
concerniente a sus actos, emanados de su pensamiento y voluntad,
esto es, en lo que atañe a su lenguaje y a sus actos;
porque estas cosas fluyen en armonía con el orden natural, por
consiguiente, los espíritus vinculados al hombre, no tienen la menor
ingerencia en este aspecto. Los animales también son regidos por medio
de este influjo general que procede del mundo espiritual, pues viven
en conformidad con el orden de su vida, y los animales
no han podido pervertir y destruir ese orden, porque no están
dotados de la facultad racional. Más arriba (Nº 39),
puede consultarse cuál es la diferencia entre el hombre y las
bestias.
(297)
Por lo demás, en lo que atañe a
la conjunción del cielo con la raza humana, sépase que
el Señor Mismo fluye en cada hombre según el orden del
cielo, así en su interioridad como en su exterioridad, preparándolo
para que esté en condiciones de recibir el cielo, rigiendo
su exterioridad a partir de su interioridad y su interioridad
a partir de su exterioridad, y esto en forma simultánea,
manteniendo así en conexión todas y cada una de las cosas que
conforman al hombre. Este influjo del Señor se denomina inlfujo
inmediato; mientras que la otra forma de influjo, que
se viabiliza a través de espíritus, se denomina influjo
mediato. Este último subsiste gracias al primero. El influjo
inmediato, que es el influjo del Señor Mismo y procede
de Su Divinidad Humana, ingresa en la voluntad del hombre y a
través de ella en su intelecto, y así ingresa en su bien
y a través de éste en su verdad; o lo que viene
a serlo mismo, ingresa en su amor y a través de su amor
en su fe; este proceso no puede desarrollarse a la inversa, y
de ninguna manera es posible que este influjo se dé en la
fe carente de amor, o en la verdad desprovista de bien, o
en el intelecto que no emana de la voluntad. Este influjo Divino
es perpetuo, y los buenos lo reciben en el bien, pero los
malvados no; pues éstos lo rechazan, lo extinguen o
lo pervierten; por lo que llevan una vida perversa, que en el
sentido espiritual es muerte.
(298)
Los espíritus que acompañan al hombre,
tanto los que se hallan en conjunción con el cielo como los que
están en conjunción con el infierno, jamás fluyen en el hombre
desde su propia memoria y pensamiento, pues si fluyesen desde
su propio pensamiento, el hombre supondría que lo que
es propio de los espíritus le pertenece a él (ver más
arriba, Nº 256). De todas maneras, a través de ellos
fluye en el hombre un afecto de amor hacia el bien y
la verdad, que procede del cielo; y un afecto de amor hacia
el mal y la mentira, que mana del infierno. Por tanto, si el
afecto del hombre armoniza con el afecto que fluye en él, entonces
lo recibe en su pensamiento, pues el pensamiento interior del
hombre concuerda plenamente con su afecto o amor; pero si el afecto
del hombre no armoniza con el afecto que fluye en él, entonces
no lo recibe. Lo que pone de manifiesto que el hombre puede
elegir, pues goza de libertad; dado que el pensamiento no es
instilado en el hombre a través de espíritus, como sucede con
el afecto del bien y el afecto del mal; y así, por intermedio
de su pensamiento puede recibir el bien y rechazar el mal,
puesto que sabe, gracias a la Palabra, qué es el bien y qué
es el mal. Por otra parte, todo lo que recibe por vía del pensamiento
emanado del afecto, lo asimila; pero aquello que no recibe
a través del pensamiento emanado del afecto, no lo asimila. Todo
lo cual, pone en evidencia en qué consiste la naturaleza
del influjo del bien que procede del cielo, y en qué consiste la del
influjo del mal que mana del infierno, y cómo es su recepción
en el hombre.
(299)
T ambién me fue dado saber cual es el
origen de la ansiedad del hombre, de su angustia, y de su
tristeza interior, denominada melancolía. Hay ciertos espíritus que aún
no han establecido conjunción con el infierno, dado que recién están
experimentando su primer estado; éstos, serán examinados más adelante,
cuando describamos el mundo de los espíritus. Dichos espíritus aman
las cosas indigestas y nocivas, tales como la comida que
se pudre en el estómago; por tanto, están presentes en el hombre
en cosas semejantes, pues se deleitan con ellas; y allí hablan
entre ellos inducidos por sus afectos malignos. El afecto que alienta
en su lenguaje fluye en el hombre por esta vía; y cuando este
afecto se opone al afectó del hombre, le acarrea tristeza
y ansiedad melancólica; pero cuando armoniza con él, le brinda
alegría y regocijo. Estos espíritus aparecen cerca del estómago, algunos
hacia la izquierda y otros hacia la derecha; algunos abajo
y otros más arribadnos más cerca y otros más lejos; o sea,
en forma variada según sus afectos. Que éste es el origen de la
ansiedad mental, es algo que me ha sido dado observar
y confirmar a través de una larga experiencia. He visto
a estos espíritus, los he oído, he sentido la ansiedad que
provocan, y he hablado con ellos; si se los ahuyentaba,
la ansiedad cesaba; pero apenas regresaban, la ansiedad reaparecía;
y pude advertir que su incremento y su disminución dependían del
grado de aproximación o alejamiento de dichos espíritus. Esto
me ha permitido comprender con claridad porqué ciertas personas que
ignoran qué es la conciencia, pues carecen de ella, achacan
su angustia a alteraciones del estómago.
(300)
La conjunción del cielo con el hombre
es diferente de la conjunción entre los hombres, porque se trata
de una conjunción que se establece con la interioridad
de la mente del hombre, vale decir, con el hombre espiritual
o interno; aunque también existe una conjunción entre el cielo y
el hombre natural o externo a través de las
correspondencias, la cual será examinada en el capítulo subsiguiente
cuando abordemos el tema de la conjunción que se establece entre
el cielo y el hombre a través de la Palabra.
(301)
Que la conjunción del cielo con el género
humano y de éste con el cielo es de tal naturaleza que uno
subsiste por medio del otro, es tema que también será expuesto en el
próximo capítulo.
(302)
He hablado con los ángeles sobre la conjunción
del cielo con la raza humana, y les he dicho que a pesar
de que los hombres de la iglesia aseveran que todo bien procede
de Dios, y que el hombre goza de la compañía
de los ángeles, son escasos los que creen que los ángeles están
en conjunción con el hombre, y apenas si pueden concebir
que los ángeles habitan en su pensamiento y en su afecto. Los ángeles
repusieron que ellos sabían que semejante tipo de creencia
y semejante manera de hablar. aún prevalecen en el mundo,
y para su mayor sorpresa, principalmente en el seno de la
iglesia, donde se dispone de la Palabra para adoctrinar al hombre acerca del cielo y su conjunción con él; a pesar de ello,
la conjunción se establece de tal modo, que el hombre
es incapaz de pensar absolutamente nada si no está
acompañado por espíritus, y de ello depende su vida
espiritual. Añadieron que la causa de la ignorancia
en que está sumido el hombre en lo que atañe a esta
cuestión, reside en el hecho de que el hombre cree que vive por
sí mismo, y que no tiene conexión alguna con el Ser Primero
(Esse) de la vida; y que, por otra parte, tampoco sabe que esta
conexión se establece a través de los cielos; sin embargo,
si esta conexión se disolviera, el hombre perecería en el
acto. Si el hombre fuese capaz de creer, en consonancia con
la verdad, que el bien procede del Señor y el mal del
infierno, no pretendería hacer de la bondad un mérito personal,
ni el mal le sería imputado; entonces vería al Señor
en todos sus buenos pensamientos y en todos sus buenos actos; y
el mal que fluye en su interior, sería expelido al infierno,
de donde procede. Pero como el hombre cree que no recibe
influjo, ni del cielo ni del infierno, y supone que todo
lo que piensa y quiere, reside en él y procede de él;
asimila el mal, y pervierte el influjo del bien que recibe,
adjudicándose el mérito.
(34)
Capítulo
XXXIV
LA CONJUNCIÓN DEL CIELO
CON EL HOMBRE A TRAVÉS
DE LA PALABRA
(303)
Quienes piensan de acuerdo con su facultad
racional interior están en condiciones de advertir que todas las
cosas se hallan vinculadas con el Principio a través
de nexos intermedios, y que aquello que no tiene ninguna
conexión con él, se disipa. Puesto que comprenden, cuando piensan acerca
de ello, que nada puede subsistir por sí mismo, sino es a partir
de algo previo, y que, por ende, todas las cosas derivan de un
Principio; y que la conexión que tienen con aquello que
es previo es similar a la que existe entre un efecto y
su causa eficiente; porque si del efecto se sustrae
la causa eficiente, entonces el efecto se disuelve y
se disipa. Como los hombres ilustrados lo entendieron de esta
manera, advirtieron, y así lo manifestaron, que la subsistencia
es una forma de existencia perpetua; es decir, que todas las
cosas subsisten en virtud de un Principio; y que al derivar
su existencia de ese Principio, existen perpetuamente.
es decir, subsisten gracias a él. Pero
en qué consiste la conexión de todas las cosas con aquello que
las precede; con el Principio original de todas las cosas,
es algo que no puede expresarse en pocas palabras, debido a
su variedad y diversidad. Lo único que puede decirse,
y esto en sentido genérico, es que existe una conexión entre
el mundo natural y el mundo espiritual, y que,
a consecuencia de ello, hay u-na correspondencia entre todas las
cosas del mundo natural y todas las que pueblan el mundo espiritual
(ver Nº 103-115); y que existe una conexión, y por tanto
una correspondencia, entre todas las cosas humanas y todas las cosas del
cielo (ver Nº 87-102).
(304)
El hombre ha sido creado de manera tal que
pueda hallarse en conexión y conjunción con el Señor;
pero con los ángeles del cielo, sólo establece una relación. Establece una
relación con los ángeles, pero no está en conjunción con ellos,
porque en lo que se refiere a la interioridad de su mente,
el hombre es similar a un ángel desde la creación, pues
está dotado de similar voluntad e intelecto. Por eso un hombre
que ha vivido en armonía con el orden Divino, después de la
muerte se transforma en ángel, y goza de la misma sabiduría
que los ángeles. Portante cuando se habla de la conjunción del hombre
con el cielo, se hace alusión a su conjunción con
el Señor, y a su relación con los ángeles; dado que
el cielo es el cielo por obra de la Divinidad del Señor, y no en virtud de la naturaleza propia (proprium)
de los ángeles. Que es la Divinidad del Señor la que crea el cielo, puede verse más arriba (Nº 7-12). Por otra parte
el hombre, no sólo se halla en el mundo espiritual
en lo que respecta a su interioridad, sino que a diferencia
de los ángeles, también reside en el mundo natural en lo que
respecta a su exterioridad. Su exterioridad, que reside en el
mundo natural, está constituida por todo lo que pertenece a
su memoria natural o externa y al pensamiento e imaginación
derivados de ella. En un sentido genérico, incluye conocimientos
y datos científicos con sus respectivos deleites y placeres, que
tienen un valor meramente mundano, junto con diversos placeres propios
de los sentidos corporales; además de los sentidos mismos,
el lenguaje y los actos. Todo ello conforma el plano exterior
en el cual concluye el influjo Divino del Señor, puesto que
este influjo no se interrumpe en un nivel intermedio, sino que
continúa hasta llegar al plano exterior. Todo esto pone de manifiesto
que el plano exterior del orden Divino está en el hombre; y
al ser su plano exterior es también su base
y fundamento. Como el influjo del Señor no se detiene
en un nivel intermedio, sino que prosigue hasta llegar a su plano
exterior, según queda dicho, y puesto que el nivel intermedio que
atraviesa es el cielo angélico, mientras que el plano exterior reside
en el hombre; y como nada puede existir de forma inconexa,
de ello se sigue que la conexión y conjunción del cielo con
el género humano se establece de manera tal que uno subsiste por
medio del otro; y que el género humano separado del cielo vendría
a ser como una cadena a la que le falta un eslabón; y
el cielo desligado de la raza humana, como una casa que carece
de cimientos. universe-people.cz
(305)
Pero el hombre ha suprimido
su conexión con el cielo, al apartar su interioridad del
cielo, volviéndola hacia el mundo y hacia sí, por amor de sí
mismo y del mundo; enajenándose de tal forma que ya no
es posible que sea la base y el cimiento del cielo; por
lo que el Señor ha provisto un medio que sirva de base
y cimiento del cielo, y también como nexo de la conjunción entre
el cielo y el hombre. Y este medio es la Palabra. Para comprender el modo en que la Palabra sirve de medio
de conjunción, pueden consultarse numerosos pasajes de Arcana
Coelestia donde se expone el tema, que han sido compilados
en un breve tratado sobre El Caballo Blanco mencionado en el
Apocalipsis; y también en el Apéndice a la Nueva
Jerusa-lem y su Doctrina Celestial (Appendice ad Doctrinam
Caelestem).
(306)
Desde el cielo se me hizo saber que los más
antiguos pueblos conocían la revelación directa, porque
su interioridad estaba orientada hacia el cielo; y así,
en aquellos tiempos se establecía una conjunción entre
el Señor y el género humano. Pero esta época llegó a
su fin, y entonces surgió otra forma de revelación indirecta por
medio de las correspondencias, puesto que en aquella etapa
el culto Divino estaba compuesto exclusivamente de correspondencias;
por eso a las iglesias de este período se las llamó iglesias
representativas. Por aquel entonces, se conocía el sentido
de las correspondencias-y de las representaciones, y se sabía
que todas las cosas que hay sobre la faz de la tierra corresponden
a las cosas espirituales del cielo y la iglesia; o lo que viene
a ser lo mismo: las representan; y por ende, todas las cosas
naturales que configuraban la faz externa de su culto eran medios que
utilizaban para pensar espiritualmente, esto es, para pensar con los ángeles.
Cuando la ciencia de las correspondencias cayó en el olvido,
se compuso una Palabra en la que todos los vocablos y sus
significados son correspondencias, de forma que encierran un sentido
espiritual o interno, en el que habitan los ángeles; por eso cuando
un hombre lee la Palabra, y percibe su sentido literal
o externo, los ángeles captan su sentido interno o espiritual;
porque el pensamiento de los ángeles es espiritual, mientras que
el pensamiento del hombre es natural. Estos dos géneros
de pensamiento parecen diversos; sin embargo son un sola cosa, porque
corresponden. De ahí que cuando el hombre se apartó del cielo,
eliminando los vínculos que lo unían a él, el Señor
proveyó un medio de conjunción entre el cielo y el hombre:
la Palabra.
(307)
Afin de que se comprenda el modo
en que se establece la conjunción entre el cielo y
el hombre, a través de la Palabra, citaremos algunos pasajes ilustrativos. En el Apocalipsis se describe la "Nueva
Jerusalén" en las siguientes palabras:
Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron...
Y yo Juan vi la Santa Ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios... La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña; la longitud, la anchura y la altura de ella son iguales.
Y midió
su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida
de hombre, la
cual es de ángel.
El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio;
Y los
cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra
preciosa.
Las doce puertas eran doce perlas...
Y
la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.
(XXI. 1, 2, 16-19, 21).
Cuando un hombre lee estas palabras las entiende de acuerdo con su sentido meramente literal, es decir, que el cielo visible junto con la tierra han de desaparecer, y que entonces surgirá un nuevo cielo; y sobre la nueva tierra descenderá la santa ciudad Jerusalén, la cual poseerá exactamente las medidas descriptas. Pero los ángeles que acompañan al hombre entienden estas cosas de un modo completamente diferente, es decir, todo lo que el hombre entiende naturalmente, ellos lo entienden espiritualmente. Por "un cielo nuevo y una tierra nueva" ellos entienden una nueva iglesia; por la "Santa Ciudad, la nueva Jerusalén, descendiendo del cielo, de Dios... " ellos entienden: su doctrina celestial revelada por el Señor; por "la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales", y "doce mil estadios", entienden: todos los bienes y verdades de esa doctrina en su conjunto; por "su muro" ellos entienden: todas las verdades que la protegen; por "la medida del muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel", ellos entienden: todas esas verdades tutelares en su conjunto y según su naturaleza; por "sus doce puertas que eran perlas" ellos entienden: verdades introductorias; por "los cimientos del muro, adornados con toda piedra preciosa", entienden: los conocimientos en que se basa esa doctrina; por "el oro puro, semejante al vidrio limpio" (con el que estaban hechos la ciudad y sus calles), entienden: el bien del amor que hace que la doctrina y sus verdades sean transparentes. Así es como perciben los ángeles todas estas cosas; de manera que las perciben de un modo distinto que el hombre. Por consiguiente, las ideas naturales del hombre se tornan en ideas espirituales entre los ángeles, sin que éstos tengan la menor noción sobre el sentido literal de la Palabra, esto es, sobre "un cielo nuevo y una tierra nueva", "la nueva ciudad Jerusalén", "su muro, los cimientos del muro, y sus dimensiones". Y sin embargo los pensamientos de los ángeles y los pensamientos del hombre forman una unidad por correspondencia; así como las palabras de un orador se identifican con lo que capta el oyente cuando éste presta atención al sentido de las palabras y no a las palabras mismas. Todo ello, pone de manifiesto cuál es el modo de conjunción que se establece entre el cielo y el hombre por medio de la Palabra. Tomemos otro ejemplo de la Palabra:
En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiría, y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los egipcios servirán con los asirios a Je-hová.
En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad. (Isaías XIX. 23-25).
Qué es lo que piensa el hombre, y qué es lo que piensan los ángeles al leer estas palabras, puede educirse del sentido literal de la Palabra y de su sentido interno. El hombre, fundándose en el sentido literal, piensa que los egipcios han de convertirse a Dios, siendo entonces aceptos, al igual que los asirios; integrándose ambos a la nación israelita; pero los ángeles, ateniéndose al sentido interno, piensan en el hombre de la iglesia espiritual, el cual es descrito aquí en este sentido; y cuyo nivel espiritual es "Israel"; el natural el "egipcio"; y el racional, que es el intermedio, el "asirio". De cualquier modo, estos dos sentidos son una sola cosa, porque corresponden; de manera que cuando los ángeles piensan espiritualmente y el hombre naturalmente, están en conjunción así como el alma y el cuerpo; de hecho, el sentido interno de la Palabra es su alma, y el sentido literal su cuerpo. Y esto se verifica en la Palabra de principio a fin. Lo cual es una demostración de que la Palabra es un medio de conjunción entre el cielo y el hombre, y de que el sentido literal sirve como base y fundamento.
(308)
También se da una conjunción del cielo por medio
de la Palabra con aquellos que no pertenecen a la iglesia,
y desconocen la Palabra; porque la iglesia del Señor
es universal, y acompaña a todos los que reconocen a
la Divinidad y llevan una vida de caridad. Por lo demás,
estas personas son instruidas por los ángeles después de la muerte,
y reciben las verdades Divinas; pero este tema se verá
en detalle más adelante, en el capítulo relativo a los gentiles.
La iglesia universal en la tierra, ante los ojos del Señor
tiene el aspecto de un solo Hombre, como el cielo (ver Nº 59-72);
pero la iglesia en la que reside la Palabra, mediante
la cual se conoce al Señor, viene a ser como
el corazón y los pulmones de ese Hombre. Es sabido que
todas las vísceras y miembros del cuerpo entero toman su vida del
corazón y los pulmones a través de varias derivaciones;
y así, de igual manera, viven los que pertenecen a la raza
humana y se hallan fuera de la iglesia en la que reside
la Palabra, quienes conforman los miembros de ese Hombre. Asimismo,
la conjunción entre el cielo y los que se mantienen
apartados, por medio de la Palabra, es comparable a una luz que
se difunde desde el centro hacia la periferia. La luz
Divina reside en la Palabra, allí el Señor y el cielo
están presentes, y esa presencia infunde luz a quienes están
apartados; pero el caso sería bien diferente de no existir
la Palabra. Esto puede deducirse con más claridad de lo que
se ha expuesto antes sobre la forma del cielo, según la cual
todos los habitantes del cielo se vinculan y comunican. Si bien
este arcano puede ser comprehendido por quienes viven en la luz espiritual,
no puede ser comprehendido por los que viven solamente en la luz
natural; puesto que los que viven en la luz espiritual ven innumerables
cosas con claridad, que aquellos que viven solamente en la luz natural
no pueden ver, o ven de un modo oscuro e indistinto.
(309)
Si esa Palabra no hubiese sido recibida
en la tierra, el hombre de esta tierra se habría separado
del cielo, perdiendo de tal modo su facultad racional; ya que
la facultad racional del hombre existe por influjo de la luz del
cielo. Por lo demás, el hombre de esta tierra es de tal
condición, que carece de aptitud para recibir revelación directa,
o para ser instruido sobre las verdades Divinas a través
de ella; a diferencia de los habitantes de otras tierras,
que sí poseen ese don. (Sobre éstos puede consultarse
un pequeño tratado en donde se los describe en forma
detallada). El hombre de esta tierra está más inmerso en las
cosas mundanas, esto es, en las cosas externas, que los hombres
de otras tierras, y son los dones internos los que permiten captar
la revelación; si ésta fuese recibida en las cosas externas,
la verdad no sería comprendida. Que la condición de los
hombres de esta tierra es tal, es algo que puede inferirse
claramente de la condición de los miembros de la iglesia,
quienes aun sabiendo por la Palabra todo lo que concierne
al cielo, al infierno y a la vida después de la
muerte, lo niegan en lo íntimo de su corazón; si bien, ;entre
ellos hay algunos que han obtenido una eminente reputación de eruditos,
y que portal razón, pueden ser tenidos por más sabios que los otros.
(310)
En ciertas ocasiones, he hablado con los ángeles
sobre la Palabra, diciéndoles que algunos la menosprecian por
la sencillez de su estilo, y que nadie sabe nada sobre
su sentido interno, de modo que se ignora que encierre
en sí tanta sabiduría. Los ángeles replicaron que aunque el estilo
de la Palabra en su sentido literal es aparentemente sencillo;
en realidad, la excelencia del mismo es incomparable, puesto que
la sabiduría Divina yace oculta no sólo en el sentido general
del texto, sino también en cada palabra; y que esta sabiduría
esplende en el cielo. No quisieron que se pasara por alto que
esta sabiduría es la luz del cielo, puesto que es la verdad Divina; y
la verdad Divina es el esplendor del cielo (ver Nº 132).
Asimismo añadieron que sin esa Palabra la luz del cielo
no llegaría al hombre de nuestra tierra, ni se daría
la conjunción entre él cielo y el hombre; ya que esta
conjunción sólo es posible en la medida en que esa luz ilumine
al hombre, y ello acontece exclusivamente cuando la verdad
Divina le es revelada a través de la Palabra. El hombre desconoce esta conjunción que se establece por
la correspondencia que existe entre el sentido espiritual y
el sentido natural de la Palabra, porque el hombre de esta
tierra ignora todo lo que se refiere al pensamiento
y lenguaje espiritual de los ángeles, que es totalmente distinto
al del hombre; y mientras ignore esto, no podrá saber qué
es el sentido interno, y desconocerá que la conjunción puede
establecerse justamente a través de él. Por último agregaron que
si el hombre conociera este sentido, y al leer la Palabra fuese
capaz de pensar en base a cierto conocimiento del mismo,
accedería a la sabiduría interior, entrando así en una más íntima
conjunción con el cielo, ya que por este medio captaría ideas
semejantes a las de los ángeles.
(35)
Capítulo
XXXV
EL CIELO Y EL INFIERNO
PROCEDEN DE LA RAZA HUMANA
(311)
En el orbe cristiano se ignora por completo
que el cielo y el infierno proceden de la raza humana; puesto
que se cree que los ángeles fueron creados en el principio, dando así
origen al cielo; y que el diablo o Satanás era
un ángel de luz, que habiéndose rebelado fue arrojado al abismo
junto con su turba, originándose así el infierno. Los ángeles
no dejan de maravillarse de que en el orbe cristiano
se profese semejante creencia; sobre todo les sorprende el hecho
de que no se sepa absolutamente nada sobre el cielo, cuando
en realidad, este conocimiento es el principio fundamental de la
iglesia. Pero puesto que impera semejante ignorancia, se complacen
íntimamente al enterarse de que el Señor ha querido
revelarle en nuestros días a la humanidad muchas cosas referentes
al cielo y al infierno, disipando así en la medida de lo
posible las tinieblas, que han ido incrementándose día a día, porque
la iglesia ha llegado a su consumación. Por tal razón, desean
que yo declare —según sus textuales palabras— que en todo
el cielo no hay un sólo ángel creado como tal desde el principio;
ni en "él infierno ningún diablo creado originalmente como ángel
de luz para ser arrojado luego al abismo; ya que todos los
habitantes del cielo y del infierno proceden del género humano. Los
habitantes del cielo son aquellos que en el mundo vivieron en el amor
y en la fe celestiales, los del infierno, aquellos que en el
mundo vivieron en el amor y en la fe infernales; por otra parte,
según dijeron, lo que se denomina Diablo y Satanás es el
infierno en su conjunto; Diablo, es el nombre del infierno posterior,
donde moran los llamados genios malignos; Satanás, el nombre del infierno
delantero, donde habitan los denominados espíritus malignos. En las
próximas páginas se describirá la índole de estos infiernos.
Aseveran los ángeles, que el mundo cristiano ha derivado esas
creencias sobre el cielo, el infierno y sus habitantes,
de la interpretación de ciertos pasajes de la Palabra según su sentido literal, al no ser éste ilustrado y explicado por una
auténtica doctrina de la Palabra; ya que el sentido literal
de la Palabra, en tanto que no sea iluminado por una genui-na
doctrina, provoca desorientación mental; y ello genera ignorancia,
herejías y errores.
(312)
El hombre de la iglesia cree esto, porque a
su vez cree que nadie ingresa al cielo o al infierno hasta
el advenimiento del juicio final; y en este sentido está persuadido
de que en esos tiempos todas las cosas visibles perecerán,
y otras nuevas surgirán a la existencia; y que entonces cada
alma se restituirá a su cuerpo, y que a partir de esa
unión el hombre volverá a vivir como tal. Esta creencia encierra a
la otra —que sostiene que los ángeles fueron creados como tales desde
el principio—, ya que es imposible creer que el cielo y
el infierno proceden del género humano si se cree que ningún hombre
ha de ingresar allí hasta el fin del mundo. Pero a fin
de que el hombre se convenza de que esto no es así,
me ha sido dada la posibilidad de gozar de la
compañía de los ángeles, y de conversar así mismo con aquellos
que están en el infierno, desde hace ya unos años;
a veces en forma ininterrumpida desde la mañana hasta
el crepúsculo, recibiendo así información sobre el cielo y
el infierno. Ello ha sido permitido a fin de que
el hombre deje de aferrarse a su errónea creencia sobre
la resurrección en el momento del juicio, sobre el estado del
alma hasta entonces, sobre los ángeles y el diablo. Como esa creencia
es una creencia que profesa lo que es falso, sume a
la mente en las tinieblas; y entre aquellos que piensan sobre
estas cosas de acuerdo con los dictados de su propia inteligencia,
genera dudas, y por último negación; ya que dicen en lo íntimo
de su corazón: ¿ "cómo puede ser posible que
un cielo tan vasto, poblado de constelaciones, sea aniquilado y
se extinga junto con el sol y la luna ?; ¿ y que
las estrellas del cielo caigan sobre la tierra, siendo más grandes que
ésta ?; ¿ y acaso es posible que cuerpos devorados
por gusanos, consumidos por la corrupción, esparcidos a todos los
vientos, se fundan otra vez con sus almas ?; y el alma,
¿ dónde está mientras tanto, y qué cosa es desprovista
de los sentidos que poseía en el cuerpo ?". Tales
y muchas otras cosas del mismo tenor que no es posible creer por ser
incomprensibles, destruyen la creencia de muchas personas en la
vida del alma después de la muerte, el cielo y el infierno,
y otras cuestiones relativas a la fe de la iglesia. Que esta
creencia ha sido destruida, se manifiesta de manera patente
cuando oímos decir:¿ "Acaso ha venido alguien del cielo
para contarnos cómo es ? ¿ Qué es el infierno ?
¿ Acaso existe tal cosa ? ¿ y qué
es eso de que el hombre padece el tormento del fuego
eternoº ¿ Qué es el día del Juicio ?
¿ Acaso no se lo ha esperado en vano durante
eras ?". Junto con otras expresiones que implican una negación total.
Por tanto, a fin de evitar que los que piensan así—tal es el
caso de muchos que por su sabiduría mundana son tenidos por doctos—
sigan confundiendo y pervirtiendo a los simples de fe
y corazón, sumiéndolos en las tinieblas infernales en lo que
respecta a Dios, el cielo y la vida eterna, y todo
lo que depende de estas cuestiones; la interioridad de mi
espíritu ha sido develada por el Señor, de modo que
me fue dado hablar después de su muerte con todos aquellos que conocí
durante su vida en el cuerpo; con algunos por unos días, con otros
durante meses, y con otros a lo largo de todo
un a-ño; y asimismo con muchos otros, tantos, que
no exageraría si dijese que el total llega a cien mil;
muchos de ellos habitaban en el cielo, otros en el infierno.
He conversado con algunas personas dos días después de su muerte,
haciéndoles saber que se estaban celebrando los funerales y exequias
para su sepelio; a lo que respondieron que consideraban que era una
buena medida desechar el cuerpo que habían tenido en el mundo,
el cual había desempeñado ya sus funciones; y me instaron
a que declarase que no estaban muertos, puesto que vivían como
hombres igual que antes; gozando de intelecto y voluntad,
pensamientos y afectos, sensaciones y deseos tal como en el
mundo; y que solamente habían pasado de un mundo a otro.
La mayoría de los que habían muerto recientemente, viendo que vivían
como hombres igual que antes y que su estado era similar (ya que
después de la muerte el estado vital de cada uno
al principio es tal como el que experimentó en el mundo, si bien
se verifica un cambio gradual que indica un progresión gradual
hacia el cielo o hacia el infierno) sintieron un nuevo
arrebato de júbilo al comprobar que estaban vivos, y expresaron
que ellos jamás hubiesen creído que estas cosas habrían de suceder.
Se mostraron sumamente asombrados al advertir la ignorancia y
la ceguera que habían padecido sobre el estado de su vida
después de la muerte; y sobre todo, ante el hecho de que
incluso el hombre de la iglesia sea víctima de semejante
ignorancia y ceguera acerca del estado de su vida después de la
muerte; cuando en realidad éste debería estar más ilustrado que los demás
en lo que toca a estas cuestiones. Entonces empezaron a darse
cuenta de que la causa de tanta ignorancia y ceguera
estriba en el hecho de que las cosas externas, relativas
al mundo y al cuerpo, han absorbido de tal modo la atención
de su mente que no pueden ser elevados a la luz del cielo para
ahondar en las cuestiones de la iglesia más allá del límite impuesto
por sus doctrinas; ya que cuando se ama lo que pertenece
al cuerpo y el mundo, como ocurre actualmente, la mente
se hunde en las tinieblas si el hombre pretende ir más allá
de esas doctrinas.
(313)
Muchos eruditos procedentes del mundo cristiano,
quedan estupefactos después de su muerte, al advertir que tienen
cuerpo, disponen de vestimenta, y habitan en casas igual que
en el mundo. Y al evocar sus nociones sobre la vida después
de la muerte, el alma y los espíritus, el cielo y
el infierno, se sienten avergonzados y reconocen su fatuidad,
admitiendo que los simples de fe pensaban más juiciosamente que ellos
en este punto. Cuando se examinó la mentalidad de ciertos
eruditos, que habían persistido en sus nociones erróneas, circunscribiendo
todas las cosas al dominio de la naturaleza, se halló que su interioridad
estaba totalmente obliterada y su exterioridad develada; debido a que
no miraban hacia el cielo sino hacia el mundo, y por tanto,
hacia el infierno. Porque en la medida en que
la interioridad del hombre está develada, éste mira hacia el cielo,
pero en la medida en que está obliterada y su exterioridad
develada, mira hacia el infierno; ya que la interioridad del
hombre ha sido conformada para la recepción de todas las cosas
del cielo, y su exterioridad para la recepción de todas las cosas
del mundo; y quienes reciben el mundo sin recibir al mismo
tiempo el cielo, reciben el infierno.
(314)
Que el cielo procede del género humano, puede
deducirse también del hecho de que la mente angélica y la mente
humana son similares; ambas están dotadas de la facultad de entender,
percibir y querer, y ambas están conformadas para la recepción
del cielo; pues la mente humana posee la capacidad de acceder a
la sabiduría al igual que la mente angélica; y si no
alcanza esa sabiduría en el mundo se debe al hecho de que
está encerrada en un cuerpo terrenal. Pero el caso es diferente
cuando la mente se ve liberada de sus vínculos con
el cuerpo; entonces deja de pensar naturalmente y comienza
a pensar espiritualmente; y cuando piensa espiritualmente sus pensamientos
son incomprensibles e inefables para el hombre natural; de ese
modo accede a la sabiduría de los ángeles; lo que demuestra que
la parte interna del hombre, designada su espíritu, es en
su esencia un ángel (véase más arriba, Nº 57);
y cuando se ve liberada de su cuerpo, posee forma humana igual
que un ángel. (Que el ángel posee una perfecta forma humana, puede
verse más arriba, Nº 73-77). Si la parte interna del hombre
no está develada en el nivel superior, sino solamente en el
inferior, después de verse liberada del cuerpo su forma sigue siendo
humana; pero es horrible y diabólica; ya que no puede mirar
hacia arriba, hacia el cielo, sino sólo hacia abajo, hacia
el infierno.
(315)
Por lo demás, cualquiera que haya recibido
instrucción acerca del orden Divino puede comprender que el hombre
ha sido creado para que llegue a ser un ángel, porque
el plano exterior del orden Divino reside en él (Nº 304), y
en él puede plasmarse todo lo relativo a la sabiduría celestial
y angélica, renovándose y multiplicándose. El Orden Divino nunca
se detiene en un nivel intermedio para constituir algo que
no tenga relación con el plano exterior, ya que allí
no puede alcanzar su plenitud y perfección; de forma que
continúa hasta Negar al plano exterior; y al llegar al plano exterior
asume su forma y, por medio de una combinación de los elementos
que allí encuentra, se renueva y se reproduce, lo cual
se lleva a cabo a través de un proceso procreador.
De modo que el seminario del cielo reside en el plano exterior
del orden Divino.
(316)
El Señor resucitó no solo en Su
espíritu, sino también en Su cuerpo, puesto que cuando estuvo en el
mundo glorificó Su Humanidad íntegra, haciéndola Divina; porque
Su alma procedía del Padre y era la Divinidad en Sí Misma,
en tanto que Su cuerpo devino un símil del alma; es decir,
del Padre, y por ende de la Divinidad. Por eso el Señor —a diferencia de cualquier otro hombre— resucitó en cuerpo y alma; y
lo puso de manifiesto ante sus discípulos (que al verlo creyeron
que se trataba de un espíritu), al decir:
Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; paipad y ved: porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo (Lucas XXIV. 36-39);
dando a entender con ello que El era un hombre no sólo en cuanto a su espíritu, sino también en cuanto a Su cuerpo.
(317)
Afin de que se sepa que el hombre vive
después de la muerte, y que en conformidad con la vida que
llevó en el mundo, ingresa al cielo o al infierno, me han
sido reveladas muchas cosas concernientes al estado del hombre después
de la muerte, cuya exposición ofreceré en forma ordenada en las
próximas páginas, al tratar el tema del mundo de los espíritus.
(36)
Capítulo
XXXVI
LOS GENTILES, O LOS PUEBLOS
QUE NO INTEGRAN LA IGLESIA,
EN EL CIELO
(318)
A Es opinión generalizada que los que han nacido
fuera de la iglesia, quienes constituyen las llamadas naciones gentiles,
no pueden alcanzarla salvación, porque al no disponer de la Palabra, desconocen al Señor, y aparte del Señor no hay
salvación posible. Sin embargo, ellos también pueden salvarse, y esto
lo demuestra de manera fehaciente el hecho de que
la misericordia del Señor es universal, es decir, alcanza
a todo individuo; porque los gentiles, al igual que los que integran
la iglesia (quienes en comparación son muy pocos), han nacido
hombres, y si ignoran al Señor no es por culpa suya. Quienquiera
que piense con un mínimo atisbo de luz racional, puede darse cuenta
de que ningún hombre nace para el infierno; porque
el Señor es el amor mismo, y Su amor consiste
en desear la salvación de todos. Por ello ha provisto que
todo hombre tenga una religión, de modo que a través de ella
reconozca a la Divinidad y lleve una vida interior; ya que vivir
de acuerdo con la propia religión es vivir interiormente, porque
entonces uno alza los ojos hacia la Divinidad, y al mirar hacia
la Divinidad a-parta su mirada del mundo, substrayéndose de la
vida mundana, que es u-na vida meramente exterior.
(319)
Que los gentiles se salvan al igual que los
cristianos, es algo que cualquiera puede advertir, siempre y cuando
sepa qué es lo que crea el cielo en el hombre; puesto que
el cielo está dentro del hombre, y quienes tienen el cielo
dentro suyo, ingresan al cielo. El cielo en el hombre consiste
en reconocerá la Divinidad, y en ser guiado por
la Divinidad. El precepto primordial de toda religión
es reconocer a la Divinidad. Una religión que no reconoce a
la Divinidad no es una religión. Los preceptos de toda religión
atañen al culto; es decir, a la forma en que
el hombre debe adorar a la Divinidad para que el culto sea
aceptado por la Divinidad; y cuando esto ha arraigado en su
mente, vale decir, en la medida en que quiera y ame esos
preceptos, entonces es guiado por la Divinidad. Es sabido que
los gentiles, al igual que los cristianos, viven en conformidad con
sus principios morales, y que muchos llevan una vida más virtuosa que los
cristianos. La vida moral puede obedecer a un sentimiento
de reverencia hacia la Divinidad, o bien a las normas
de los hombres en el mundo; pero la vida moral que obedece a
un sentimiento de reverencia hacia la Divinidad, es una
vida espiritual. Ambos géneros de vida son similares en su apariencia
externa, pero internamente son completamente distintos; uno de ellos
conduce a la salvación, el otro no. El hombre que vive una vida
moral por reverencia hacia la Divinidad, es guiado por la Divinidad;
pero quien lleva una vida moral ateniéndose a las normas del hombre
en el mundo, se guía por sí mismo. Procuraremos ilustrar esto
a través de un ejemplo. Aquel que se abstiene de hacer
el mal a su prójimo, porque esto atenta contra su religión,
o sea, contra la Divinidad, se abstiene de hacer
el mal por motivos de índole espiritual; pero quien se abstiene
de hacer el mal por temor a la ley, o de menoscabar
su reputación, honores, o lucro, se abstiene de hacer
el mal por motivos de índole natural, y se guía por
sí mismo. La vida de este último es natural, la del
primero es espiritual. El hombre que lleva una vida moral
de índole espiritual, tiene el cielo dentro suyo, pero el hombre
que lleva una vida moral de índole meramente natural, no tiene
el cielo dentro suyo; debido a que el cielo fluye desde
el nivel superior, develando la interioridad del hombre, y por
esta vía fluye hacia su exterioridad; en cambio el mundo fluye
desde el nivel inferior, develando su exterioridad y no su
interioridad. Dado que no puede darse un influjo del mundo natural
en el espiritual; solamente es posible el influjo del mundo
espiritual en el natural; de manera que si no se recibe
el cielo, la interioridad permanece velada. De esto
se deduce quiénes son los que reciben el cielo dentro suyo,
y quiénes son los que no lo reciben. Pero ocurre que el cielo
es diferente en cada persona. Difiere en cada cual según
su afecto por el bien y la verdad. Quienes viven en el
afecto del bien por reverencia a la Divinidad, aman la verdad Divina,
pues el bien y la verdad se aman mutuamente y desean entrar
en conjunción. Esto explica el hecho de que los gentiles, aunque
no hayan recibido las verdades genuinas en este mundo, las reciben
en la otra vida en virtud de su amor.
(320)
Un espíritu de procedencia gentil, que había
vivido en el mundo en el bien de la caridad según
su religión, al oír a ciertos espíritus cristianos razonando
sobre lo que debe creerse (puesto que los espíritus razonan entre
sí con mayor escrupulosidad y agudeza que los hombres, especialmente
sobre el bien y la verdad) quedó asombrado ante semejantes
controversias, y declaró que no le interesaba lo que decían,
porque sus razonamientos se basaban en apariencias y falacias;
y dirigiéndose a ellos, expresó: "Si soy bueno, puedo reconocer
la verdad a partir del bien mismo, y estoy en condiciones
de captar lo que no sé".
(321)
Se me hizo saber por diversos medios, que los
gentiles que han llevado una vida moral de obediencia, subordinación
y caridad mutua en conformidad con su religión, adquiriendo así
cierta conciencia, son aceptados en la otra vida; y allí los ángeles
los instruyen acerca de los bienes y verdades de la fe con
extrema solicitud; y después de haber recibido instrucción, se comportan
con modestia, inteligencia y sabiduría, y aceptan las verdades
adoptándolas con la mayor presteza. Ellos no se han fabricado falsos
principios, opuestos a las verdades de la fe, que sea necesario
impugnar; ni rumian suspicacias contra el Señor, como
lo hacen muchos cris-tianos que sólo pueden concebir al Señor
como un hombre común y corriente. En cambio los gentiles, cuando
oyen que Dios se hizo hombre, y que a-. sí se manifestó
El Mismo en el mundo, inmediatamente reconocen y adoran
al Señor, expresando que puesto que Dios es Dios sobre el cielo
yja tierra, siendo la raza humana obra Suya, El Mismo quiso
manifestarse plenamente ante los hombres. Es una verdad Divina la que
afirma que aparte del Señor no hay salvación; pero esto debe
entenderse así; toda salvación procede del Señor. En el universo
hay innumerables tierras colmadas de habitantes, y casi todos ellos
ignoran que el Señor asumió forma Humana en nuestra tierra.
Y sin embargo, debido a que adora a la Divinidad bajo una forma
humana, son aceptados por el Señor y guiados por El. Quien
desee saber algo más sobre este tema, puede consultar el pequeño
tratado sobre Las Tierras del Universo (De Telluribus
in Universo).
(322)
Entre los gentiles, al igual que entre los
cristianos, hay sabios y simples. A fin de que pudiese
informarme sobre unos y otros, me fue dado dialogar con ellos;
en ocasiones durante horas y días. Pero actualmente no hay
hombres sabios como los que había en los antiguos tiempos, especialmente
en la Antigua Iglesia, que abarcaba una considerable extensión del orbe
asiático, donde se originó la religión de numerosas naciones.
Con el fin de que pudiese formarme una idea cabal sobre ellos,
me fue dado departir familiarmente con algunos de estos hombres
sabios. Así, tuve ocasión de tratar a un hombre contado entre los más
sabios de su tiempo, y por consiguiente, muy renombrado en el
mundo erudito; con él conversé sobre diversos temas; advirtiendo por
ciertos indicios que se trataba de Cicerón. Puesto que sabía que era
un hombre sabio, hablé con él sobre la sabiduría, la inteligencia,
el orden, la Palabra, y por último sobre el Señor.
Acerca de la sabiduría afirmó que la única sabiduría es la que
emana de la vida, y que la sabiduría no puede relacionarse
con ninguna otra cosa; sobre la inteligencia, que procede de la
sabiduría; sobre el orden, que procede del Dios Supremo, y que vivir
según ese orden es ser sabio e inteligente. En lo que respecta a
la Palabra, después de oír algunos pasajes que le leí, extraídos
de los Libros de los Profetas, sintió un íntimo regocijo;
especialmente por esto: porque cada palabra posee un sentido interior;
y manifestó su asombro ante el hecho de que los hombres
doctos de nuestro tiempo no experimenten el menor deleite
al estudiar la Palabra. Y advertí claramente que
la interioridad de su pensamiento, o de su mente, había sido
develada. Entonces exclamó que le resultaba imposible seguir oyendo,
ya que percibía una bendición mucho más honda de lo que le era
dable resistir; que afectaba las fibras más íntimas de su ser. Por último
hablé con él sobre el Señor, diciéndole que nació como hombre,
siendo concebido por Dios, y que desprendiéndose de Su naturaleza
humana materna, asumió la Divinidad Humana, y que El es quien
rige el universo. A lo que respondió que él tenía ciertas
nociones sobre el Señor, y que a su manera había intuido
que la salvación del género humano sólo sería posible a través
de El. En el Ínterin, ciertos espíritus cristianos procuraron
inocularle pensamientos cavilosos; pero él no les prestó a-tención observando
que no le sorprendía la actitud de los tales, puesto que durante
su vida en el cuerpo habían asimilado concepciones execrables
al respecto, y hasta que no se viesen libres de ellas
no podrían aceptar las ideas que confirman la verdad cosa que
sí pueden hacer los ignorantes.
(323)
También me fue dado hablar con otros hombres que
vivieron en los tiempos antiguos, reputados entre los más sabios.
Primeramente aparecieron ante mí, a una cierta distancia; entonces, les
fue dado percibir la interioridad de mis pensamientos, captando así
muchas cosas en su plenitud; y partiendo de una sola idea
pudieron discernir la serie total, animándola con exquisitos arcanos
de sabiduría matizados de encantadoras representaciones. En base
a esto pude percibir que eran supremamente sabios, y se me hizo saber
que procedían de los antiguos pueblos; cuando se acercaron, les leí
un pasaje de la Palabra, cosa que les produjo un inmenso
deleite. Y percibí que la esencia de su deleite y regocijo
provenía de lo siguíente: todas y cada una de las cosas que oían
mientras les leía la Palabra, representan y significan cosas
celestiales y espirituales. Observaron que en sus tiempos, durante
su paso por el mundo, su modo de pensar, de hablar,
y también su escritura, era de tal naturaleza, y que
mediante esta ciencia perfeccionaban su sabiduría.
(324)
Pero en la actualidad los gentiles no son
tan sabios como antes; en su mayoría, son simples de corazón. Con
todo, aquellos que llevaron una vida regida por la caridad mutua,
en la otra vida acceden a la sabiduría. En relación a esto
citaré aquí un par de ejemplos. En cierta ocasión, mientras leía
los capítulos diecisiete y dieciocho del Libro de los Jueces, (que
trata sobre Micaía, y cómo los hijos de Dan se llevaron
su imagen de talla, los terafines, y el levita) advertí la presencia
de un espíritu gentil que durante la vida del cuerpo había adorado
una imagen de talla. Escuchó atentamente el relato de lo que
aconteció a Micaía; el dolor que lo embargó cuando los hombres
de Dan se llevaron su imagen de talla; y se sintió invadido
por una honda congoja; tan es así, que a causa de su dolor
interior apenas si atinaba a pensar. No sólo percibí
su dolor, sino también su inocencia, que palpitaba en todos sus
afectos. Los espíritus cristianos allí presentes, lo observaban; y
se maravillaban de que un adorador de una imagen
de talla pudiese abrigar tales sentimientos de compasión
e inocencia. Luego, ciertos espíritus benignos hablaron con él, diciéndole
que las imágenes de talla no deben ser adoradas, y que como
hombre, él estaba capacitado para entender esto; y que dejando
de lado las imágenes de talla debía pensar en Dios; Creador
y Soberano universal del cielo y la tierra, y que ese Dios
es el Señor. Mientras le decían estas cosas, me fue dado
percibir el afecto interior que inspiraba su adoración, el cual
me fue comunicado; y era mucho más santo que el de los
cristianos. Ello pone de manifiesto que en nuestros días los gentiles
ingresan al cielo con más facilidad que los cristianos, de acuerdo
con las palabras del Señor en Lucas:
Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros. (Xlll. 29, 30)
Debido al estado que gozaba, a este espíritu se le podían infundir los dones de la fe y podía recibirlos con afecto interior; él sentía la misericordia del amor, y en su ignorancia había inocencia; y cuando se poseen tales dones todas las cosas de la fe se reciben espontánea y jubilosamente. Después de un tiempo fue recibido por los ángeles.
(325)
Una mañana, resonaron a los lejos las
voces de un coro, y a través de las representaciones que
componía el coro, me fue dado saber que eran chinos; y exhibían
una suerte de cabra lanosa; luego, u-na torta de mijo y una
cuchara de ébano, y también la imagen de una ciudad
flotante. Manifestaron que deseaban acercarse; y cuando estuvieron a
mi lado, me dijeron que querían estar a solas conmigo para poder
revelarme sus pensamientos. Pero se les hizo saber que no estábamos solos,
y que algunos se sentían disgustados por su deseo de estar
solos, aunque eran bienvenidos como invitados. Cuando percibieron ese disgusto,
se pusieron a reflexionar si acaso no habrían cometido una
trasgresión contra el prójimo, o si no habrían reclamado para
sí alguna pertenencia ajena. Y como en la otra vida todo
pensamiento se comunica, me fue dado percibir su estado
de agitación mental. Que implicaba el reconocimiento de que tal
vez habían ofendido a quienes se mostraban disgustados;
la vergüenza que por ello sentían, amén de una serie de nobles
afectos: de esta manera se puso de manifiesto que estaban
dotados de caridad. Un poco después hablé con ellos; refiriéndome por
último al Señor. Al pronunciar el nombre
de "Cristo" percibí que experimentaban cierta repugnancia; pero
según me fue revelado, habían contraído esta aprensión en el mundo
al enterarse de que los cristianos llevaban una vida harto más
reprobable que la que ellos llevaban, y que su caridad era nula.
Pero cuando al referirme a El, lo llamé simplemente
"Señor", se sintieron íntimamente conmovidos.
Posteriormente los ángeles les hicieron saber que la doctrina cristiana,
en grado más eminente que cualquier o-tra doctrina en el orbe,
preceptúa el amor y la caridad, aunque observaron que son muy pocos
los que viven en conformidad con ella. Hay gentiles que durante
su vida en el mundo llegaron a darse cuenta —por referencias
y mediante el trato directo— de que los cristianos llevan una
vida reprobable; ya que son adictos al adulterio, al odio,
la riña, la ebriedad y otras cosas semejantes; que les
producen repugnancia porque se contraponen a su religión. Estos
en la otra vida se muestran más renuentes que otros a aceptar
las verdades de la fe; pero los ángeles, les enseñan que
la doctrina cristiana, al igual que la fe, preceptúa una vida
bien distinta; sólo que la vida de los cristianos es más
incompatible con su doctrina que la vida de los gentiles. Una
vez que han reconocido estas cosas, reciben las verdades de la fe,
y adoran al Señor, pero con menos presteza que otros.
(326)
A los gentiles que han adorado a algún Dios
en guisa de imagen o estatua, o cualquier otro objeto
tallado, cuando ingresan a la otra vida, comúnmente se los pone
en contacto con ciertos espíritus que substituyen a sus dioses
o ídolos a fin de que puedan desprenderse de sus fantasías.
Y al cabo de unos días de estar con ellos, sus fantasías
se desvanecen. A quienes han adorado hombres, en ocasiones
se los pone en contacto con ellos, o con otros que hacen las
veces de substitutos tal es el caso de los judíos que adoraron
a Abraham, Jacob, Moisés y David—; pero cuando se dan cuenta
de que son humanos igual que ellos, y que no pueden brindarles
la menor ayuda, se sienten avergonzados, tras lo cual
se los traslada a los sitios que les corresponden de acuerdo con
la vida que han llevado. De los gentiles que hay en el cielo los
predilectos son los africanos; porque reciben los bienes y verdades del
cielo con más facilidad que otros. Prefieren que se los llame obedientes
antes que fieles. Observando, que puesto que los cristianos están
en posesión de la doctrina de la fe, tienen derecho a ser
llamados fieles; en cambio ellos no, a menos que acepten esa
doctrina; o, para citar sus palabras, a menos que estén preparados para
aceptarla.
(327)
He hablado con algunos miembros de la Antigua Iglesia: se denomina Antigua Iglesia a la que se estableció después
del Diluvio, la cual abarcaba numerosos reinos, como ser, Asiría,
la Mesopotamia, Siria, Etiopía, Arabia, Libia, Egipto, Filistea, hasta
llegar a Tiro y Sidón, y la tierra de Canaán incluyendo
ambas márgenes del Jordán. Los hombres de esta iglesia sabían que
el Señor habría de venir, y estaban imbuidos de los
bienes de la fe; sin embargo, renegaron, tornándose idólatras.
A estos espíritus pude divisarlos al frente, hacia la derecha;
en un sitio tenebroso, y en un estado miserable. La sonoridad
de sus palabras era similar a la de una flauta de un solo tono:
como si no encerraran el menor pensamiento racional. Afirmaron haber
permanecido allí por muchos siglos, si bien a veces se les
permitía salir para servir a otros, desempeñando ciertos menesteres
de muy baja categoría. Esto me llevó a pensar en la
condición de muchos cristianos —que si bien no son idólatras
exteriormente, lo son en su fuero íntimo, ya que se adoran
a sí mismos y adoran al mundo, negando en su corazón
al Señor— y en la suerte que les espera en la otra vida.
(328)
Que la iglesia del Señor se extiende
por todo el orbe, siendo a-sí universal; y que está integrada por
todos aquellos que han vivido en el bien de la caridad según
su religión; y que la iglesia donde reside la Palabra
mediante la cual se conoce al Señor, se relaciona
con los que no pertenecen a ella, como el corazón y los
pulmones en el hombre de donde derivan su vida todas las
vísceras y miembros del cuerpo según sus diversas formas, posiciones
y modos de conjunción, puede verse más arriba (Nº 308).
(37)
Capítulo
XXXVII
LOS NIÑOS EN EL CIELO
(329)
Hay quienes creen que los niños nacidos
en el seno de la
iglesia van al cielo pero los que nacen fuera de la iglesia no;
debido a que los niños que son miembros de la iglesia son
bautizados, y por medio del bautismo se los inicia en la
fe de la iglesia. Pero éstos ignoran que nadie recibe el cielo o
la fe a través del bautismo; ya que el bautismo
es meramente un signo recordatorio de que el hombre deber
ser regenerado, y de que la regeneración es posible entre
quienes nacen en el seno de la iglesia; porque disponen de la Palabra donde están las verdades Divinas, mediante las cuales se alcanza
la regeneración; y donde se reconoce al Señor,
de quien la regeneración procede. De modo que
es conveniente que se sepa, que todo niño, donde quiera que
haya nacido, dentro o fuera de la iglesia, de padres píos
o impíos; a morir es recibido por el Señor
y educado en el cielo, y en conformidad con el orden Divino
se le imparte la debida instrucción, y se le infunden afectos
hacia lo que es bueno, y a través de ellos, conocimientos
de lo que es verdadero; luego, al perfeccionar su inteligencia
y sabiduría, accede al cielo, y se convierte en ángel.
Quienquiera que piense racionalmente, puede tener la certeza de que
todos nacen para el cielo y nadie para el infierno; y si un
hombre va al infierno, la culpa es suya; pero los niños
están exentos de culpa.
(330)
Los niños que mueren siguen siendo
niños en la otra vida, y poseen la misma mente infantil,
la misma inocencia e ignorancia, y la misma ternura
en todos los aspectos. Los niños están dotados nada más que
de las aptitudes germinales para llegar a ser ángeles, puesto que los
niños no son ángeles sino que llegan a ser ángeles. Porque
todo aquel que parte de este mundo, al ingresar en el otro
retiene su estado vital, es decir, el infante conserva
su estado de infante, el niño su niñez;
el adolescente, el hombre y el anciano, sus respectivos estados;
aunque posteriormente estos estados se vayan modificando. El estado
de infancia aventaja a todos los demás, porque los niños
pequeños gozan de inocencia, y el mal aún no se
ha arraigado en ellos a través de los actos de su
vida; y en la inocencia, se pueden implantar todos los dones del
cielo, ya que la inocencia es receptáculo de la verdad
de la fe y el bien del amor.
(331)
El estado que gozan los niños en el
cielo, supera notablemente al estado que experimentaban en el mundo,
pues no están revestidos de un cuerpo terrenal, sino que tienen
un cuerpo similar al de los ángeles. El cuerpo terrenal
en sí es basto, y no toma sus primeras sensaciones y sus
movimientos iniciales del mundo interioro espiritual, sino del mundo exterior
o natural; y a consecuencia de ello, en este mundo
a los niños se les debe enseñar a caminar,
a guiar sus movimientos, y a hablar; incluso sus sentidos, como la vista
y el oído, se desarrollan mediante el uso. No ocurre
lo mismo con los niños en la otra vida. Puesto que son
espíritus, su obrar condice con su interioridad desde el primer
momento; aprenden a caminar y a hablar sin adiestramiento alguno;
inspirándose al principio en afectos de orden genérico, mediante
los cuales no disciernen todavía las ideas del pensamiento; aunque
se inician en ellas rápidamente, pues su exterioridad y
su interioridad son homogéneas. El lenguaje de los ángeles
(según puede verificarse más arriba, Nº 234-245) fluye de los
afectos modificados por las ideas del pensamiento, de modo que
su lenguaje condice plenamente con los pensamientos que fluyen de sus
afectos.
(332)
Cuando los niños resucitan, lo cual tiene
lugar inmediatamente después de su muerte, son llevados al cielo;
haciéndose cargo de ellos mujeres angélicas que en la vida del cuerpo
amaron tiernamente a los niños y al Señor.
Y puesto que en el mundo amaron a todos los niños con
maternal ternura, los reciben como suyos; y los niños, por
un impulso instintivo, las aman como a sus propias madres. Cada una
de ellas tiene a su cargo tantos niños como lo desee,
según su afecto maternal espiritual. El cielo correspondiente aparece
adelante, en la región de la frente, en la misma línea
o radio en que los ángeles miran al Señor.
La situación de este cielo está determinada por el hecho
de que todos los niños se hallan bajo los auspicios directos
del Señor; y reciben el influjo del cielo de la
inocencia, que es el tercer cielo.
(333)
La índole de los niños es diversa;
en algunos es semejante a la de los ángeles espirituales,
en otros a la de los ángeles celestiales. Los que poseen dotes
celestiales, aparecen en ese cielo hacia la derecha, y los que
poseen dotes espirituales, hacia la izquierda. En el Hombre Máximo, que
es el cielo, todos los niños habitan en la región de los
ojos; los de índole espiritual en la zona del ojo izquierdo,
y los de índole celestial en la zona del ojo derecho. Debido
a que los ángeles del reino espiritual ven al Señor ante
su ojo izquierdo, y los del reino celestial ante su ojo derecho
(ver más arriba, Nº 118). El hecho de que en el Hombre
Máximo o cielo los niños habiten en la región de los ojos
pone de manifiesto que se hallan a la vista del Señor, y bajo
sus auspicios directos.
(334)
Expondremos brevemente el modo en que son
educados los niños en el cielo. Sus institutrices les
enseñan a hablar. Sus palabras iniciales son meros sonidos del
afecto; que, gradualmente, se tornan distintos y precisos,
a medida que reciben las ideas del pensamiento; ya que las ideas del
pensamiento emanado del afecto, conforman el lenguaje angélico
(lo cual puede verificarse en el capítulo respectivo,
Nº 234-245). En sus afectos, que proceden todos de la
inocencia, se instilan en primer lugar todas las cosas que aparecen
ante sus ojos y les brindan deleite; y como todas estas cosas tienen
un origen espiritual, a través de ellas fluyen todas las cosas
del cielo, develando así su interioridad; de esta manera,
se perfeccionan día a día. Pero pasada su primera edad,
se los traslada a otro cielo donde son instruidos por maestros;
y así sucesivamente.
(335)
A los niños se los instruye
principalmente mediante representaciones adaptadas a su capacidad; que son
tan bellas, y de una sabiduría interior tan sublime, que resultan
literalmente increíbles. Por este medio, la inteligencia, que toma
su alma del bien, les es gradualmente instilada. Describiré ahora las
representaciones que me fue dado contemplar; a partir
de las cuales, puede inferirse la naturaleza de las demás.
Primero se representó la Ascensión del Señor del Sepulcro, y
al mismo tiempo, la unión de Su Humanidad con
Su Divinidad. Esto fue llevado a cabo de un modo tan sabio que
excede los alcances de la sabiduría humana, y al mismo tiempo, con
un toque inocente e infantil. Se representó la imagen
de un sepulcro, y junto con ella una noción del Señor; pero
esto en forma tan remota que apenas si podía percibirse que
se trataba del Señor, salvo de un modo muy lejano;
a causa de que en la noción de un sepulcro, hay algo
de funéreo, que gracias a este recurso se eludía.
Posteriormente, y con el mayor criterio, insinuaron en el
sepulcro una sustancia atmosférica de aspecto similar al de
un tenue vapor; con lo que hacían una alusión, delicadamente remota,
a la vida espiritual en el bautismo. Después vi cómo los ángeles
representaban el descenso del Señor a la región
de los "confinados", y su Ascensión junto con ellos hacia
el cielo, lo cual se llevó a cabo con incomparable
prudencia y piedad. Para complacer la mente infantil, dejaron
caer unos cordeles casi invisibles, sumamente suaves y delicados, mediante
los cuales aligeraban la ascensión del Señor; cuidando siempre con
santo temor, de que en la representación no se deslizase nada
que no tuviera un contenido espiritual y celestial. Hay, además,
otras representaciones, que son algo así como piezas adaptadas a la mente
de los niños; mediante las cuales se los guía hacia los
conocimientos de la verdad y los afectos del bien.
(336)
Asi mismo se hizo ostensible la tierna
calidad de su intelecto. Mientras rezaba la oración del Señor,
percibí el influjo de su intelecto en las ideas de mi
pensamiento; el cual era tan tierno y delicado, que parecía ser puro
afecto; al mismo tiempo, pude percibir que su intelecto se hallaba
develado hasta el grado de ser receptivo al Señor;
puesto que aquello que fluía de ellos, sólo parecía fluir
a través de ellos. Por lo demás, el Señor
fluye en las ideas de los niños pequeños;
principalmente desde lo más íntimo de su ser; pues en ellos
no hay nada que obstruya sus ideas como en el caso de los
adultos; ningún principio falso que obstruya su capacidad
de comprensión de la verdad; ni un vida perversa que obstruya
su recepción del bien. Todo ello pone de manifiesto que los
niños pequeños no gozan de un estado angélico
inmediatamente después de la muerte, sino que son gradualmente conducidos
hacia ese estado por medio de conocimientos del bien y la verdad,
en armonía con el orden celestial; dado que hasta los más
imperceptibles detalles de su naturaleza son conocidos por
el Señor; cosa que permite que se los guíe, de acuerdo
con los movimientos de su natural inclinación, hacia la recepción
de las verdades del bien y los bienes de la verdad.
(337)
También me fue dado presenciar el modo
en que les son instiladas todas las cosas, por medios deleitables
y placenteros compatibles con su índole. Pude contemplar unos
niños deliciosamente ataviados, que portaban unas guirnaldas
de flores esplendentes de bellísimos colores celestiales,
entrelazadas sobre sus pechos y alrededor de sus tiernos brazos; cierta
vez, los vi acompañados de sus institutrices y algunas
doncellas en un jardín paradisíaco, en el que no había muchos
árboles, pero sí enramadas y caminos recubiertos de laurel,
y senderos que conducían a regiones interiores; y cuando los
niños ingresaron, así ataviados, las flores que ornaban la entrada
emitieron un fulgor jubiloso. Ello manifiesta cuál es la naturaleza
de sus deleites, y asimismo el modo en que son guiados
a través de cosas placenteras y deleitables hacia los bienes
de la inocencia y la caridad; bienes que el Señor instila
continuamente en sus deleites y placeres.
(338)
Por un modo de comunicación común
en la otra vida, me fue dado apreciar el carácter de las
ideas que suscitan en los niños los objetos que contemplan. Para
ellos, todos y cada uno de los objetos tienen vida; de forma que
hasta en la más imperceptible de sus ideas palpita la vida. Y
me fue dado percibir que los niños en la tierra tienen ideas
muy similares cuando se entretienen con sus pequeños juegos; pues
a diferencia de los adultos, no tienen noción de que
existan cosas inanimadas.
(339)
Según se ha indicado más arriba, los
niños son de índole celestial o espiritual. Es fácil
distinguir unos de otros. El pensamiento, el lenguaje y los
actos de los niños celestiales posee tal dulzura que parece manar
exclusivamente del amor del bien al Señor y del amor hacia
otros niños. En cambio los que son de índole espiritual,
no son tan dulces; ya que en todo lo que expresan hay una
especie de vibración alada. La diferencia también se evidencia
en sus sentimientos de indignación, y en otras cosas similares.
(340)
Muchos pueden suponer que en el cielo los
niños siguen siendo niños, y que conservan su condición
de tales entre los ángeles. Quienes ignoran qué es un ángel, pueden
haber confirmado su opinión a través de las pinturas
e imágenes que se admiran en los templos, donde los ángeles son
representados como niños. Pero la realidad es bien distinta.
El ángel está hecho de inteligencia y sabiduría; y mientras
los niños no adquieren estás facultades, no son ángeles, por
más que gocen de la compañía de los ángeles. Pero
al llegar a ser inteligentes y sabios, se convierten
en ángeles; y lo que es mucho más admirable, ya no tienen
aspecto de niños, sino de adultos; pues ya no tienen una
disposición infantil, sino una disposición angélica más madura.
La inteligencia y la sabiduría producen tal efecto. Los niños
adquieren un aspecto más adulto, es decir, de adolescentes
y jóvenes, a medida que perfeccionan su inteligencia
y sabiduría; puesto que la inteligencia y la sabiduría
constituyen el alimento espiritual básico; así, las cosas que nutren
su mente, nutren también su cuerpo, y esto en virtud
de las correspondencias. Ya que la forma del cuerpo no es
otra cosa que la forma externa de la interioridad. Pero debe tenerse
en cuenta que los niños en el cielo alcanzan solamente
la primera etapa de la juventud, y en ella permanecen por toda
la eternidad. Para que pudiese cerciorarme de que esto es a-sí,
me fue dado hablar con algunos que fueron criados desde niños
en el cielo, y que crecieron allí; a algunos pude tratarlos
primero siendo niños, y luego cuando ya eran jóvenes;
y ellos me hicieron saber que pasaban de una edad a otra
en el transcurso de su vida.
(341)
Que la inocencia es receptáculo de todas
las cosas del cielo, y que por ende la inocencia de los
niños es terreno propicio para todos los afectos del bien y
la verdad, puede inferirse de lo que se ha expuesto más arriba
(Nº 276-283) acerca de la inocencia de los ángeles del
cielo; esto es, que la inocencia es una propensión a ser guiado
por el Señor, y no por sí mismo; debido a ello,
en la medida en que un hombre goza de inocencia se mantiene apartado de su
naturaleza propia, y en tal medida, se halla en la naturaleza
propia del Señor. La naturaleza propia del Señor es lo
que se designa como Su justicia y Su mérito. Pero
la inocencia de los niños no es genuina inocencia, porque
carece de sabiduría. La genuina inocencia es sabiduría;
ya que cuando alguien es sabio, ama ser guiado por
el Señor; o lo que es igual, cuando alguien
es guiado por el Señor, entonces es sabio. Por tanto, los
niños son guiados por la inocencia externa que gozan
al principio, que se llama inocencia de la infancia, hacia
la inocencia interna, que es la inocencia de la sabiduría. Esta
inocencia es el fin a alcanzar mediante su instrucción
y evolución; por consiguiente, una vez que han alcanzado la inocencia
de la sabiduría, ésta entra en conjunción con la inocencia
de la infancia, que mientras tanto les había servido como plano.
La inocencia de los niños me fue representada por medio
de un objeto de madera, prácticamente desprovisto de vida, que
se va vivificando a medida que ellos se perfeccionan mediante
los conocimientos de la verdad y los afectos del bien. Luego,
la genuina inocencia se representó a través de un
niño bellísimo, desnudo y rebosante de vida; quienes son
auténticamente inocentes, habitan en el íntimo cielo y se hallan más
próximos al Señor, y siempre aparecen ante los ojos
de los demás ángeles bajo el aspecto de niños
pequeños, y algunos de ellos desnudos; puesto que
la inocencia se representa por medio de la desnudez exenta
de vergüenza; como en el caso del primer hombre y su mujer
en el paraíso (Gen. II25);
por eso, cuando perdieron su estado de inocencia, sintieron vergüenza
de su desnudez, y se escondieron (cap. III. 7, 10, 11). En un palabra, cuanto mayor es la sabiduría
de los ángeles, mayor es su inocencia; y cuanto mayor es su
inocencia, más común es que entre ellos adopten el aspecto
de niños. Por eso en la Palabra "infancia" significa inocencia (ver arriba Nº 278).
(342)
Hablando con los ángeles acerca de los
niños pequeños, sugerí que tal vez éstos se hallen exentos
de mal, puesto que no obran deliberadamente como los adultos; a
lo que respondieron que al igual que éstos, también viven en el
mal, que en realidad no son otra cosa que maldad; pero que,
al igual que a los ángeles, el Señor los aparta del mal
y los preserva en el bien; de manera tal que ellos crean qué
están en el bien por sí mismos. Por esa razón, cuando los
niños llegan a la edad adulta en el cielo, y a fin
de que no se forjen una falsa idea sobre sí mismos, figurándose
que su bondad procede de ellos y no del Señor,
en ciertas ocasiones se les permite recaer en sus maldades
hereditarias; y permanecen inmersos en ellas hasta que conocen,
reconocen y profesan la verdad sobre esta cuestión. Cierto individuo,
el hijo de un rey, que murió en su infancia y creció
en el cielo, se aferraba a esa opinión falaz. Por tanto,
se lo dejó recaer en la vida-perversa en la cual había nacido;
entonces, por una emanación de la esfera de su vida, le fue dado
percibir que era proclive a dominar a los demás, y que
no reprobaba el adulterio: tales perversidades había heredado
de sus padres. Pero una vez que hubo reconocido su verdadera índole,
fue admitido nuevamente entre los ángeles, con quienes había . estado
en compañía anteriormente. En la otra vida ninguna persona
es castigada por su maldad hereditaria, puesto que esa maldad
no le pertenece, vale decir, que en este caso no tiene
la culpa si obra indebidamente; se le castiga solamente por
el mal que hace a sabiendas, el cual sí le pertenece:
cuando se apropia de su maldad hereditaria llevándola a la práctica
voluntariamente en su vida. Por consiguiente, cuando los niños
ya se han vuelto adultos, y se los remite al estado de su
maldad hereditaria; no es para castigarlos, sino para que sepan que por
sí mismos no son otra cosa que maldad, y que en virtud de la
misericordia del Señor se los eleva hacia el cielo liberándolos
del infierno que los o-prime; y que si están en el cielo
es gracias al Señor y no a sus propios méritos;
y asimismo para que no se jacten ante los demás del bien que poseen,
pues ello se contrapone al bien del amor mutuo y a
la verdad de la fe.
(343)
Muchas veces, estando en compañía
de un coro de niños que gozaban de un estado
de pureza infantil, al oírlos, percibí un conjunto
de tiernos sonidos dispersos: pues todavía no actuaban al unísono,
como lo hacen más tarde, al llegar a la edad adulta. Para
mi sorpresa, los espíritus que me acompañaban no podían
abstenerse de inducirlos a hablar; éste es un deseo innato
en estos espíritus. Pero cada vez que esto ocurría, advertí que los
niños se resistían, rehusando a hablar por compulsión. Esta
renuencia y repugnancia iba acompañada de una suerte
de indignación, según percibí muchas veces; y cuando tenían
oportunidad de hablar, se limitaban a decir: "No
es así". Se me hizo saber que a los niños
pequeños se los tienta de este modo para que aprendan
a ofrecer resistencia, empezando por rechazar la falsedad y
el mal, y para que aprendan que no deben pensar, hablar
o actuar bajo el influjo de otros. Y para que sepan, por
tanto, que no deben consentir que nadie los guíe, excepto
el Señor.
(344)
En base a lo dicho puede inferirse cuál
es la educación de los niños en el cielo: consiste
en guiarlos por medio de la inteligencia de la verdad y
la sabiduría del bien hacia la vida angélica; que es el amor
al Señor y el amor mutuo, que contienen a la inocencia.
En el siguiente ejemplo puede apreciarse lo diferente que es la
educación de muchos niños en la tierra. Me hallaba
en una calle de una gran ciudad, y de pronto vi unos
niños peleando; en seguida, una turba se agolpó alrededor,
contemplando el espectáculo con la mayor delectación; y se me
hizo saber, que los niños pequeños son instigados por sus propios
padres a entreverarse en este tipo de riñas. Espíritus
benignos y ángeles que veían el episodio a través de mis
ojos, experimentaron tal repugnancia, que su horror llegó
a estremecerme; sobre todo por el hecho de que sean los padres
quienes instigan a los niños a cometer este tipo
de cosas; y observaron que de esa manera extinguen en los
niños desde su más tierna edad los sentimientos de amor mutuo
e inocencia que reciben del Señor, inculcándoles sentimientos
de odio y venganza; de forma que por propia iniciativa privan
a sus hijos del cielo, donde lo único que existe es el amor
mutuo. Por ello, sería aconsejable que los padres que desean el bien
de sus niños, se abstengan de fomentar semejantes
actitudes.
(345)
Indicaremos cuál es la diferencia entre los que
mueren en la niñez y los que mueren en la edad adulta,
Quienes mueren siendo adultos, han adquirido en el mundo terrenal
y material un cierto plano mental que llevan consigo al ingresar
en el otro. Este plano está constituido por su memoria y sus
afectos naturales corporales. El cual permanece fijo, pasando aun estado
de reposo; si bien, después de la muerte, le sirve a
su pensamiento como plano externo, pues el pensamiento fluye
en él. Tal como es este plano, y según la correspondencia
que existe entre su contenido y la facultad racional, así es el
hombre después de la muerte. Pero aquellos que mueren siendo niños,
y son educados en el cielo, no están dotados de ese plano,
ya que no derivan nada del mundo material ni del cuerpo
terrenal, sino que poseen un plano natural espiritual. Portal razón,
no pueden tener ni afectos ni pensamientos crasos, pues todo
lo que tienen proviene del cielo. Por otra parte, estos niños
no saben que nacieron en el mundo; creen haber nacido en el
cielo. No conocen ningún otro nacimiento que el espiritual, que
se origina en los conocimientos del bien y la verdad, y
en la inteligencia y la sabiduría: de donde deriva
el hombre su condición de tal; y como estas cosas proceden
del Señor, ellos creen y aman ser parte de lo que
es propio del Señor. Con todo, no es imposible que
el estado de los hombres que se educan en la tierra alcance
el grado de perfección del estado de los niños que
se educan en el cielo; siempre y cuando aparten de sí los
amores corporales y terrenales, que son el amor de sí mismo y
el amor del mundo, y reciban en su lugar los amores
espirituales.
(38)
Capítulo
XXXVIII
LOS SABIOS
Y LOS SIMPLES EN EL CIELO
(346)
Es creencia generalizada que los sabios en el
cielo gozarán de mayor gloria y eminencia que los simples,
ya que según se lee en el Libro de Daniel:
Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento: y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (XII. 3)
Pero muy pocos saben quiénes son los "entendidos" a los que se hace alusión, ni quiénes son los que "enseñan la justicia a la multitud". Habitual-mente se cree que se alude a las personas reputadas de eruditas y doctas, especialmente a aquellos que ejercieron su magisterio en la iglesia, destacándose por la elocuencia con que impartían su doctrina, y por sus prédicas; y sobre todo aquellos que gestionaron la conversión de muchas personas a la fe. En el mundo éstos tienen fama de inteligentes; sin embargo, ellos no pueden ser de ninguna manera los inteligentes del cielo aludidos en el pasaje citado, a menos que su inteligencia sea celestial. A este tipo de inteligencia nos referiremos ahora.
(347)
La inteligencia celestial es la inteligencia
interior, y tiene su o-rigen en el amor a la verdad;
no persigue la gloria mundana, ni la gloria celestial, sino que
tiene como fin la verdad misma, la cual conmueve y deleita íntimamente
a quienes la buscan. Los que se conmueven y deleitan con
la verdad misma, se conmueven y deleitan en la luz del
cielo; y quienes se conmueven y deleitan en la luz del
cielo, también gozan de la verdad Divina, regocijándose en el
Señor Mismo; puesto que la luz del cielo es la verdad Divina,
y la verdad Divina es el Señor en el cielo (véase más
arriba, Nº 126-140). Esta luz penetra solamente en la
interioridad de la mente; porque ^interioridad de la mente está
adaptada para la recepción de esa luz, y se conmueve
y deleita cuando esa luz Ingresa, ya que todo influjo recibido del
cielo posee en sí la virtud de lo deleitable y placentero.
De ahí proviene el genuino afecto por la verdad, que es un
afecto a la verdad por la verdad misma. Quienes sienten este afecto,
o lo que es igual, este amor, están dotados de inteligencia
celestial, y "resplandecen como el resplandor del
firmamento". Y si resplandecen así, es porque la verdad
Divina alumbra la vastedad del cielo (ver arriba, Nº 132); y
el "firmamento celestial", según las correspondencias, alude a
la facultad intelectual que recibe la luz del cielo; tanto entre los
ángeles como entre los hombres. Pero quienes aman la verdad, teniendo como
fin la gloria mundana o la gloria celestial, no pueden
resplandecer en el cielo, ya que sólo los deleita y afecta
la luz mundana, y no la luz del cielo; y en el cielo,
la luz del mundo sin la luz del cielo, es apenas una densa
tiniebla; en este caso el afán predominante es el de la
propia gloria, puesto que es el fin que se persigue; y al tener
como fin semejante gloria, el hombre se coloca a sí mismo
en primer lugar; y a las verdades que puede emplear para obtener
su gloria, las estima como simples medios para la consecución del
fin: como meros instrumentos útiles. Aquel que ama las verdades Divinas
en provecho de su propia gloria, se contempla a sí mismo
en las verdades Divinas; de manera tal que vuelve la vista
de su intelecto y de su fe hacia el mundo, apartándose del
cielo, y se vuelve hacia sí dándole la espalda
al Señor. Portante los individuos de esta índole reciben
la luz del mundo, pero no reciben la luz del cielo. Por
su aspecto, ante los ojos de los hombres, parecen tan inteligentes
y doctos como quienes reciben la luz del cielo, debido a que
profieren palabras similares; y en ocasiones, a juzgar por
su aspecto exterior, hasta se diría que son más sabios, pues los
aguijonea el amor de sí mismos, y son consumados expertos
en el arte de fingir afectos celestiales; pero en su aspecto
interno, tal como los ven los ángeles, son bien distintos. Todo ello aclara
hasta cierto punto a quiénes se alude al decir que "los
entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento". Ahora
expondremos quiénes son los que "enseñan la justicia a
la multitud", que han de resplandecer como las estrellas, según
consta en el pasaje citado.
(348)
Por quienes "enseñan la justicia a
la multitud" se alude a los que son sabios, y en el
cielo se llama sabios a los que viven en el bien; viven
en el bien quienes llevan las verdades a la práctica
de inmediato; ya que apenas es incorporada a la vida,
la verdad se convierte en bien, pues se incorpora a
la voluntad y al amor, y todo lo perteneciente al amor
y a la voluntad se designa como bien; por consiguiente,
a los que obran de tal modo se los llama sabios, pues
la sabiduría pertenece a la vida. En cambio a aquellos que
no llevan a la práctica las verdades Divinas inmediatamente, sino que
las registran primero en su memoria para hacer uso de ellas
posteriormente, aplicándolas entonces a la vida, se los llama
"inteligentes". Cuál es la diferencia entre los sabios
y los inteligentes, en calidad y magnitud, puede verificarse
en el capítulo que aborda el tema de los dos reinos del cielo,
el celestial y el espiritual (Nº 20-28); y en el
capítulo referente a los tres cielos (Nº 29-40). A quienes
moran en el reino celestial del Señor, se los llama
"justos", pues atribuyen toda justicia al Señor y no a
sí mismos. La justicia del Señor en el cielo es el
bien que procede de El. A éstos se alude aquí por "los que
enseñan justicia"; a ellos también se refiere el Señor,
al decir:
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de Su Padre (Mateo, XIII. 43).
Está dicho que "resplandecerán como el sol" porque moran en el amor al Señor que procede del Señor, y ese amor se significa por medio del "sol" (véase más arriba, Nº 116-125). La luz que ellos reciben es flamígera; y las ideas de su pensamiento llevan la impronta de lo llameante, porque reciben el bien del amor directamente del Señor como sol del cielo.
(349)
Todos los que han asimilado inteligencia y sabiduría
en el mundo son recibidos en el cielo y se convierten
en ángeles, cada cual según la calidad y grado de su
inteligencia y sabiduría. Pues lo que el hombre
ha asimilado en el mundo, perdura después de su muerte, porque
lo lleva dentro suyo; y esto se acrecienta hasta que alcanza
su plenitud; siempre dentro de los límites de su grado
de afectividad, y en conformidad con su deseo de recibir
la verdad y su bien; quienes tienen poca afectividad la reciben
en proporción menor, si bien reciben el máximo que pueden
recibir según su grado; mientras que los que poseen una afectividad más
intensa y deseos más intensos, la reciben en proporción mayor.
El grado de afectividad y deseo es similar a una
medida que se colma, de manera que quien, tiene una medida mayor,
recibe más, y el que tiene una medida menor, recibe menos. Ello
se debe al hecho de que el amor del hombre, al cual
pertenecen el afecto y el deseo, recibe todo lo que armoniza con
él: de manera que el grado de recepción se mide por
el amor. Tal es el sentido de las siguientes palabras del
Señor:
Porque a cualquiera que tiene. se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado (Mateo. XIII, 12; XXV, 29)
... medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo... (Lucas Vl, 38)
(350)
Todos los que amaron la verdad y el bien
por la verdad y el bien mismos, son recibidos en el cielo; por
eso, a quienes amaron mucho se los llama sabios, y a los que
amaron poco se los llama simples. En el cielo, los sabios gozan de plena
luz, los simples reciben menos luz; cada cual según su grado de amor
por la verdad y el bien. Amar la verdad y el bien por
la verdad y el bien mismos, consiste en obrar con veracidad
y bondad; puesto que los que quieren y obran, aman; pero los que
no quieren ni obran, no aman. Los primeros aman
al Señor y son amados por El, pues el bien y
la verdad proceden del Señor. Y en la medida en que
el bien y la verdad proceden del Señor, El reside
en el bien y la verdad; y El habita en aquellos que reciben
el bien y la verdad en su vida, aplicándolos a la vida. Por
otra parte, cuando se considera al hombre, en sí mismo,
se advierte que no es sino su propio bien y su propia
verdad, pues el bien pertenece a su voluntad y la verdad a
su intelecto; el hombre es tal como su intelecto
y voluntad. De ello se desprende que el hombre
es amado por el Señor en la exacta medida en que
su voluntad esté formada por el bien y su intelecto por
la verdad. Ser amado por el Señor es asimismo amar
al Señor, porque el amor es algo recíproco; y a
quien es amado el Señor le concede el don
de amar.
(351)
En el mundo es creencia generalizada que
quienes poseen muchos conocimientos —ya sea sobre las doctrinas de la
iglesia y la Palabra, o relativos a las Ciencias— tienen una
visión más honda y penetrante que los demás; vale decir, que son más
inteligentes y sabios: y así se juzgan ellos a sí mismos.
De manera que procederemos a exponer en qué consiste
la verdadera inteligencia y sabiduría, y en qué la espuria
y falsa. La verdadera inteligencia y sabiduría consiste
en ver y percibir lo que es bueno y verdadero,
y por ende, también lo que es malo y falso; y esto por
u-na intuición y percepción interior. Todo hombre posee facultades
interiores y exteriores; las interiores pertenecen al hombre interno
o espiritual, y las exteriores al hombre externo o natural.
El hombre ve y percibe según la forma de su interioridad;
y según el modo de conjunción de ésta con
su exterioridad. Su interioridad se plasma solamente en el
cielo, mientras que su exterioridad cobra forma en el mundo. Una vez
que su interioridad ha sido forjada en el cielo, las cosas que
ésta contiene fluyen en su exterioridad—que pertenece
al mundo—imprimiéndole una forma que le permita estar en correspondencia y actuar
al unísono con su interioridad; y cuando esto ha ocurrido,
el hombre ve y percibe por influjo interior. La interioridad
se plasma de una sola manera: cuando el hombre alza sus ojos
hacia la Divinidad, ya que—según se ha indicado antes—
la interioridad se forja en el cielo; y el hombre contempla
a la Divinidad cuando cree en ella, y cuando cree que
la verdad y el bien, y por tanto la inteligencia y
la sabiduría, proceden de la Divinidad. Y el hombre cree en la Divinidad cuando quiere ser guiado por la Divinidad. Esta es la
única manera en que la interioridad del hombre es develada.
El hombre que profesa esta creencia, viviendo en conformidad con
ella, posee aptitudes y facultades para comprender y adquirir
sabiduría; pero para ser inteligente y adquirir sabiduría debe aprender
muchas cosas; no sólo relativas al cielo, sino también al mundo;
las relativas al cielo en la Palabra y la iglesia, y las relativas al mundo mediante el estudio de las Ciencias.
Si el hombre se cultiva, y aplica a la vida sus
conocimientos, llega a ser inteligente y adquiere sabiduría, pues
de tal forma la vista interior de su intelecto y el afecto
interior de su voluntad se perfeccionan. Los simples que pertenecen
a esta clase, son los que poseen su interioridad develada; pero
no han sido esclarecidos por medio de verdades espirituales, morales,
civiles y naturales. Estos perciben las verdades apenas las oyen, pero
no las ven dentro suyo. Mientras que los sabios que pertenecen a esta
clase, son los que además de poseer su interioridad develada, han sido
esclarecidos. Estos ven las verdades dentro suyo, además de percibirlas.
Todo ello pone de manifiesto en qué consiste la verdadera
inteligencia y sabiduría.
(352)
La inteligencia y sabiduría espuria no deja
ver ni percibir interiormente qué es la verdad y qué es el
bien, ni por tanto, qué es la falsedad y qué el mal;
y ello por dar crédito a opiniones ajenas que dictaminan qué
es verdadero y bueno y qué es falso y malo, para
confirmarlas posteriormente. Ya que los individuos de esta índole ven
la verdad por mediación de otros y no por la verdad misma;
éstos pueden adherirse a lo que es falso y creer en ello
con la misma facilidad con que reconocen lo verdadero, y pueden
confirmar lo que es falso hasta que parece ser cierto. Puesto que
cualquier cosa que se confirma, adopta la apariencia de la
verdad; y no hay absolutamente nada que no se pueda confirmar.
La interioridad de éstos sólo se halla develada en el plano
inferior; pero su exterioridad está develada en la proporción
en que han confirmado su error. Debido a ello, la luz que
ven no es la luz del cielo, sino la luz del mundo: llamada
luminiscencia natural (lumen); y en esa luz las falsedades brillan como
las verdades; y u-na vez confirmadas revisten un aspecto esplendente,
pero no a la luz del cielo. De los que pertenecen a esta clase,
los menos inteligentes y sabios son los que han confirmado su error,
evidenciando tozudez; y los más inteligentes y sabios, los que han
confirmado su error, pero con menos terquedad. Todo lo cual pone
de manifiesto en qué consiste la inteligencia y sabiduría
espuria. No pertenecen a esta clase aquellos que en la infancia
aceptaron como ciertas las enseñanzas de sus maestros, si al
llegar a la juventud, cuando ya pueden pensar de acuerdo con
su propio intelecto, no continúan aferrados a ellas, sino que
anhelan la verdad; e inspirados por ese anhelo, la buscan; y
al hallarla, sienten una conmoción interior. Como a éstos los
conmueve la verdad; porque aman la verdad en sí misma, la ven
antes de confirmarla. Citaré un ejemplo a modo
de ilustración. Ciertos espíritus, discurrían sobre qué es lo que
determina que los animales posean de manera innata los conocimientos
correspondientes a su naturaleza; a diferencia del hombre, que carece
de ellos; y según concluyeron, la causa estriba en el hecho
de que los animales prosiguen en el orden de su vida; pero
el hombre no; por tanto, debe ser guiado hacia el orden mediante
el conocimiento de las cosas internas y externas. Si el
hombre naciera en armonía con el orden de su vida, que consiste
en amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a
sí mismo, estaría dotado de inteligencia y sabiduría
de manera innata , y al adquirir conocimientos obtendría el don
de creer en la verdad. Espíritus benignos vieron y percibieron
en el acto la veracidad de este aserto, y ello solamente
por la luz de la verdad; en cambio otros espíritus, que habían
confirmado profesar una fe autosuficiente, desechando así el amor y
la caridad, no alcanzaron a comprender nada, porque la luz
de la falsedad que habían confirmado oscurecía la luz de la
verdad.
(353)
La falsa inteligencia y sabiduría es la
inteligencia y sabiduría desprovista del reconocimiento de la Divinidad; puesto que quienes no reconocen a la Divinidad, reconociendo
en su-lugar a la naturaleza, basan su pensamiento en la
sensualidad corporal; y son individuos meramente sensuales, por más que
en el mundo tengan reputación de eruditos y doctos.
Su erudición no trasciende el nivel de las cosas que aparecen
ante sus ojos en el mundo. De manera que retienen en su memoria
los datos respectivos, y los examinan con ojo materialista; cosa que
no impide que quienes son realmente inteligentes se sirvan
de los mismos conocimientos para cultivar su intelecto. Las Ciencias,
incluyen los diversos géneros de conocimiento experimental; como
la Física, la Astronomía, la Química, la Mecánica,
la Psicología, la Filosofía, la Historia de los Reinos
y del Orbe Literario, la Crítica y las Lenguas. Los miembros del
clero que niegan a la Divinidad, son incapaces de elevar sus
pensamientos por encima de las cosas sensuales que percibe el hombre
externo; y consideran las cuestiones de la Palabra con el mismo criterio que consideran las cuestiones relativas a las
Ciencias, ya que no las juzgan como asuntos dilectos del pensamiento
o de la intuición de una mente esclarecida; y esto a causa
de que su interioridad está completamente ocluida, al igual que
el nivel de su exterioridad más próximo a su interioridad. Estos
individuos poseen ocluido su plano interior porque se han apartado
del cielo, trastocando las facultades que les permitían mirar hacia
el cielo; las cuales, según se ha dicho antes, conforman
la interioridad de la mente humana. Por ello no pueden ver nada
que sea verdadero o bueno, puesto que para ellos estas cosas están
en tinieblas; en cambio, sí pueden ver lo que es falso
y maligno; y a plena luz. Sin embargo, los hambres sensuales pueden
razonar, y algunos con más astucia y agudeza que nadie; sólo que
razonan fundándose en datos sensoriales que han confirmado a través
de sus conocimientos; y como pueden razonar de tal modo, vienen
a creer que son más sabios que los demás. El fuego que infunde afecto
a sus razonamientos es el fuego del amor de sí mismo y del
mundo. Estos son aquellos que padecen de falsa inteligencia y sabiduría,
a quienes se refiere el Señor en Mateo:
... porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden (XII113-15)
Y en otro pasaje:
... porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños (XI. 25, 26)
(354)
Me fue dado hablar con muchos eruditos después
de su partida de este mundo; con algunos que gozaron de notable
reputación, llegando a ser célebres por sus escritos en el mundo
literario; y con otros, que si bien no alcanzaron
la celebridad, fueron dueños de una profunda sabiduría.
Aquellos que en lo íntimo de su corazón negaron la Divinidad —no
importa aquí cuál haya sido su profesión— terminaron por volverse tan
estúpidos que a duras penas alcanzan a comprender los asuntos
de índole meramente civil; para no hablar de las cuestiones
de orden espiritual. He podido percibir, e incluso ver, que
la interioridad de su mente estaba ocluida hasta el punto
de parecer negra (dado que en el mundo espiritual estas cosas
se hacen visibles); y en consecuencia, no podían tolerar
un solo rayo de luz celestial, ni admitir el más mínimo
influjo del cielo. La negrura de la interioridad era más densa
y profunda entre aquellos que habían confirmado su oposición a
la Divinidad a través de los conocimientos adquiridos.
En la otra vida estos individuos aceptan la falsedad con suma
delectación, y la absorben como una esponja absorbe el agua;
y repelen la verdad como una substancia ósea elástica repele
lo que la toca. De hecho, se afirma que en quienes han
confirmado su oposición a la Divinidad y su creencia en la Naturaleza, la interioridad se osifica, y su cabeza adquiere un aspecto
calloso semejante al ébano, que abarca la parte de la nariz
inclusive; lo cual es indicio de que su grado
de percepción es nulo. Los individuos que responden a esta
descripción están sumergidos en tierras movedizas semejantes a los
pantanos; allí, sus falsedades se tornan en fantasías, y los
acosan. A éstos, los abrasa un fuego infernal, que es una
ambición de gloria y renombre que los incita a acometerse entre
sí, y los consume el infernal deseo de atormentar a los que
no los adoran como deidades; y efectivamente, se atormentan
mutuamente de manera alternada. En esto degenera toda
la erudición del mundo cuando no ha asimilado la luz del cielo
a través del reconocimiento de la Divinidad.
(355)
Que estos individuos se comportan así —cuando
ingresan en el mundo espiritual después de la muerte— puede inferirse
tomando en cuenta nada más que este hecho: todas las cosas propias
de la memoria natural que están en conjunción inmediata con los
sentidos corporales (como es el caso de los conocimientos mencionados
más arriba), pa-san a un estado de reposo; en ese mundo, sólo
tos principios racionales deducidos de aquellas cosas son útiles
al pensamiento y al lenguaje. Ya que el hombre lleva
consigo su memoria natural completa; pero los datos que contiene están
fuera de su percepción, y no afluyen a su pensamiento como
cuando vivía en el mundo. No puede extraer ningún dato de esa
memoria y exponerlo a la luz espiritual, puesto que esos datos
no son objetos de esa luz. En cambio los datos racionales
e intelectuales que el hombre ha obtenido por medio de sus
conocimientos mientras vivía en el cuerpo, armonizan con la luz
espiritual; por consiguiente, en la medida en que el espíritu
del hombre se ha hecho racional en el mundo, por medio
de conocimientos y a través del estudio de las Ciencias,
en tal medida sigue siendo racional una vez que se ha despojado del
cuerpo; ya que entonces el hombre es un espíritu, y es el
espíritu el que piensa en el cuerpo.
(356)
Pero a los que han adquirido inteligencia
y sabiduría a través de conocimientos y mediante
el estudio de las Ciencias; que son aquellos que le han asignado
a su saber un uso en la vida, además de reconocer a
la Divinidad, amar la Palabra y vivir una vida espiritual
y moral (ver arriba Nº 319), a éstos las Ciencias les han
servido como medios para alcanzar sabiduría, y para corroborar las
cuestiones relativas a la fe. He podido percibir la interioridad
de la mente de estos seres, y su aspecto era de una
luminosa transparencia; de colores blanco destellante, flameante
y cerúleo, similar al de los diamantes, rubíes, y zafiros
translúcidos; y esto de acuerdo con las confirmaciones en favor
de la Divinidad, y las verdades Divinas deducidas del conocimiento
de las Ciencias. Tal es la apariencia que revisten
la inteligencia y sabiduría verdaderas cuando se las ve en
el mundo espiritual. Esta apariencia procede de la luz del cielo;
y esa luz es la verdad que procede del Señor: origen
de la inteligencia y la sabiduría (véase arriba,
Nº 126-133). Los planos sobre los cuales se proyecta esa luz,
y donde se producen variaciones semejantes a las de los
colores, son los niveles de interioridad de la mente; y estas
variaciones se producen por confirmaciones de las verdades Divinas
a través de las cosas que hay en la naturaleza, es decir,
mediante las Ciencias. La mente interior del hombre, examina las cosas
propias de la memoria natural; y a aquellas que pueden servirle como
medios de confirmación, se diría que las sublima por el fuego
del amor celestial; y las separa y purifica hasta que llegan
a ser ideas espirituales. El hombre ignora que esto es así
mientras vive en el cuerpo, ya que entonces no piensa solamente
en forma espiritual, sino también en forma natural, y no percibe
las cosas que piensa espiritualmente, sino sólo aquéllas que piensa
naturalmente. Pero una vez que ha ingresado en el mundo espiritual,
no tiene la menor percepción de lo que pensaba naturalmente
en el mundo; sólo percibe lo que pensaba espiritualmente. Y así
es como el hombre cambia de estado. De ello
se desprende que adquiriendo conocimientos y mediante el estudio
de las Ciencias el hombre llega a ser espiritual, y que
éstos son los medios para alcanzar la sabiduría; pero sólo para aquellos
que han reconocido a la Divinidad en la fe y en la vida. Estos
son admitidos en el cielo antes que los demás, y se ubican entre los
que están en el centro (Nº 43), porque reciben más luz que los
otros. En el cielo, éstos son los inteligentes y los sabios, quienes
"resplandecen como las estrellas" y "resplandecen como
el resplandor del firmamento"; y los simples, son los que han
reconocido a la Divinidad, y amaron la Palabra viviendo una vida
espiritual y moral; pero esto sin haber cultivado la interioridad
de su mente mediante la adquisición de conocimientos y
el estudio de las Ciencias. La mente humana es como
el humus: su calidad depende de la forma en que
se cultive.
(39)
Capítulo
XXXIX
LOS RICOS Y LOS POBRES
EN EL CIELO
(357)
Hay muchas opiniones sobre la admisión
en el cielo. Algunos o-pinan que los pobres son admitidos, pero los ricos
no; otros, que los ricos sólo pueden ser admitidos si resignan sus
riquezas para llevar la misma vida que los pobres. Cualquiera
de estas opiniones puede confirmarse por medio de la Palabra. Pero aquellos que hacen una discriminación —en lo que respecta al cielo—
entre los ricos y los pobres, no comprenden la Palabra.
En su interioridad la Palabra es espiritual, pero en su
sentido literal es natural; por tanto, quienes comprenden la Palabra
solamente según su sentido literal, y no según su sentido
espiritual, se equivocan en demasía; sobre todo en lo que
se refiere a los ricos y los pobres; por ejemplo, cuando leen
que a un rico le es tan difícil entrar al cielo como a
un camello pasar por el ojo de una aguja, y que a los
pobres les resulta fácil por el mero hecho de ser pobres, puesto que
está dicho:
Bienaventurados los pobres..., porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo V. 3; Lucas VI. 20, 21)
En cambio los que poseen cierta noción sobre el sentido espiritual de la Palabra, piensan distinto; saben que el cielo es para todos aquellos que viven una vida de fe y amor, ya sean ricos o pobres. Pero en seguida se verá quiénes son los "pobres" y quiénes los "ricos" a los que se hace alusión en la Palabra. Gracias a las múltiples conversaciones y a la fluida comunicación que mantuve con los ángeles, me fue dado saber con certeza que los ricos entran al cielo con la misma facilidad que los pobres; y que ningún hombre queda excluido del cielo a causa de su riqueza, ni se lo admite en el cielo en virtud de su pobreza. Tanto los ricos como los pobres van al cielo, y muchos ricos gozan de mayor gloria y felicidad que los pobres.
(358)
En primer lugar es conveniente aclarar que
el hombre puede adquirir bienes y acumular riquezas, si se
le presenta la oportunidad, siempre y cuando no recurra
a artificios o fraudes para lograr su cometido; que puede
disfrutar de la exquisitez de la comida y la bebida con tal de que
no viva nada más que para ello; disponer de una residencia palaciega
en conformidad con su condición; comunicarse con otros que tienen
su mismo rango ifrecuentar centros de esparcimiento; disertar sobre
cuestiones mundanas; y que tampoco es cuestión de que ande
de aquí para allá como los devotos, con expresión triste
y plañidera y la cabeza gacha, sino que puede mostrarse alegre
y divertido; tampoco es menester que ceda sus bienes a los
pobres, salvo en el caso en que su afecto se lo dicte.
En una palabra, puede vivir exteriormente igual que un hombre del
mundo; lo cual no representa el más mínimo obstáculo para que
pueda entrar al cielo; siempre y cuando en su fuero interno
piense en Dios como es debido, siendo sincero y justo con
el prójimo. Porque el hombre es tal como su afecto
y pensamiento, o como su amor y su fe, ya que
de ahí toman su vida todos sus actos externos; porque actuar
es querer, y hablar es pensar; la acción emana de la
voluntad y el lenguaje del pensamiento. Por ello en la Palabra, allí donde se lee que el hombre ha de ser juzgado de acuerdo con
sus actos, debe entenderse que ha de ser juzgado y recompensado
de acuerdo con su pensamiento y afecto: los cuales generan sus
actos, o residen en ellos; porque sin estas facultades los actos son
nulos, siendo en realidad tal como ellas son. De lo que
se desprende que la parte externa del hombre no realiza
absolutamente nada, y que todo está a cargo de su parte interna,
que es origen de la externa. Por ejemplo: si un hombre actúa
honestamente y se abstiene de cometer fraude por temor de las
leyes, o porque ello va en contra de su reputación, sus honores,
o su posibilidad de lucrar, de manera que si ese temor
no lo refrenara, cometería fraude a la menor ocasión; en tal
caso, su pensamiento y voluntad son fraudulentos, aunque
exteriormente sus actos puedan parecer honestos; y puesto que en su
fuero interno es deshonesto y fraudulento, lleva el infierno
dentro suyo. En cambio aquel que obra honestamente y se abstiene
de cometer fraude porque va contra Dios y contra
el prójimo, no desearía defraudar a otro aunque tuviese
la posibilidad; su pensamiento y voluntad crean en él una
conciencia, y lleva el cielo dentro suyo. Los actos de estos dos
tipos de persona, exteriormente son similares, pero interiormente son
completamente diferentes.
(359)
Puesto que un hombre puede llevar una vida
exterior similar a la de los demás; enriquecerse; disponer de una
mesa abundante; residir en una mansión elegante, y ataviarse con ropa
escogida según su rango y función; disfrutar de los deleites
y placeres, y dedicarse a los asuntos del mundo en interés
de su profesión y de sus negocios, y para sustentar la vida
de su mente y de su cuerpo; siempre que interiormente reconozca a
la Divinidad y desee el bien de su prójimo, es evidente
que seguir el camino del cielo no es tan difícil como comúnmente
se cree. Lo único realmente difícil es resistir el amor
de sí mismo y del mundo, y evitar que prevalezcan; porque son
la raíz de todo mal. Que no es tan difícil como se cree,
es algo que se da a entender en las siguientes palabras del
Señor:
... y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mateo XI. 29, 30)
El yugo del Señor es fácil y su carga ligera, porque un hombre es guiado por el Señor en la exacta proporción en que resiste las maldades que manan del amor de sí mismo y del mundo; ya que entonces el Señor ofrece resistencia a esas maldades en el interior del hombre y las aparta.
(360)
He hablado después de su muerte con ciertas
personas que durante su vida en el mundo, renunciaron al trato
mundano y se entregaron a una vida solitaria con la intención
de —haciendo abstracción de sus pensamientos mundanos— consagrarse
a meditaciones piadosas, creyendo que por ese camino se ingresa
al cielo. Pero en la otra vida, estos individuos tienen
un carácter melancólico; menosprecian a quienes no son como
ellos, y les indigna que no les haya tocado mejor suerte que
a otros, puesto que se creen merecedores de ella; no se
preocupan de los demás, y desechan los preceptos de caridad,
mediante los cuales se establece la conjunción con el cielo.
Codician el cielo más que nadie; pero cuando se los eleva entre los
ángeles, inducen ansiedad, perturbando la felicidad de los ángeles,
por lo que se procede a expulsarlos. Una vez que han sido
expulsados, se recluyen en lugares desiertos, donde reinciden
en los mismos hábitos de vida que en el. mundo. El hombre
puede ser educado para el cielo únicamente a través del mundo.
En el mundo residen los afectos externos, en los que deben concluir
todos los afectos, ya que a menos que el afecto
se manifieste o difunda en los actos —lo cual tiene lugar
mediante el trato social—, tiende a diluirse, hasta el punto en que
el hombre pierde toda consideración hacia el prójimo, interesándose
solamente en sí mismo. De ello se desprende que llevar una vida
de caridad hacia el prójimo—que consiste en hacer lo que
es justo y recto en toda actividad y ocupación— es lo
que conduce al cielo, y no una vida piadosa desprovista de caridad;
y de este se sigue que el ejercicio de la caridad y
su arraigo en la vida sólo pueden implantarse en la medida
en que el hombre se ocupe de los asuntos propios de la
vida; lo cual es imposible si el hombre se substrae
de tales ocupaciones A este punto me referiré ahora remitiéndome
a la experiencia. Muchos de los hombres de negocio y de los
comerciantes que se enriquecieron en el desempeño de sus
actividades, están en el cielo; no así aquellos que
se enriquecieron abusando de su alta investidura; de estos
últimos, hay muy pocos; ya que debido al lucro y los honores que
obtuvieron dispensando justicia y equidad —y también a causa
de esa misma posición lucrativa y honorable— cayeron en la
tentación de amarse a sí mismos y al mundo, y así fueron
apartando sus pensamientos y afectos del cielo, para dirigirlos hacia sí.
Puesto que en la medida en que el hombre se ama a
sí mismo y al mundo, velando por sí mismo y el mundo
en todas las cosas, termina alienándose de la Divinidad y se a-parta del cielo.
(361)
En cuanto a la suerte de los ricos
en el cielo: viven con mayor opulencia que otros. Algunos habitan
en palacios, y todas las cosas que hay en su interior emiten
un fulgor de oro o de plata. Disponen en gran abundancia
de todas las cosas útiles para la vida, pero no depositan
su corazón en ellas, sino en los usos que proporcionan. Los
usos, se ven nítidamente, como si estuviesen en medio de la
luz, en cambio el oro y la plata se ven relativamente en sombra.
Porque mientras vivían en el mundo, amaron por sobre todo los usos, y
al oro y la plata como meros medios e instrumentos. Lo que
fulgura de tal modo en el cielo son los usos; el bien del u-so
como el oro, y la verdad del uso como la plata. De manera que
la opulencia de los ricos en el cielo depende de los usos
que desempeñaron en el mundo, de lo cual depende también
su deleite y su dicha. Desempeñar buenos usos,
es proveerse de los medios necesarios para la vida;
y asimismo desear obtener riquezas por amor a la patria y por
amor al prójimo, que pueden ser beneficiados por un hombre rico
en mucho mayor medida, y de diversas maneras, que por un hombre
pobre. Se hace mención de los buenos usos porque a través
de ellos el hombre puede substraer su mente de una vida
inactiva que es perniciosa, pues al llevar semejante vida, los
pensamientos del hombre se precipitan al mal por su perversidad
inherente. Tales usos son buenos en la medida en que
la Divinidad esté en ellos; vale decir, en la medida en que
el hombre alce sus ojos hacia la Divinidad y hacia
el cielo, hallando allí su bien, valorando la riqueza solamente
como un bien subordinado.
(362)
Pero la suerte de los ricos que
no creyeron en la Divinidad, apartando de su mente todo
lo relativo al cielo y la iglesia, es diametralmente
opuesta. Estos moran en el infierno, donde pululan la inmundicia,
la miseria y la indigencia; y en tal cosa se convierten las
riquezas cuando son amadas como fin; y no sólo las riquezas, sino también
sus mismos usos; que manan del deseo de vivir en el libertinaje y
la lujuria, buscando la ocasión de entregarse con entera
libertad a ciertos hábitos impúdicos; o de la ambición
de encaramarse por encima de otros, a quienes menosprecian.
Tales riquezas y usos, al no tener nada espiritual, pues su contenido
es meramente terrenal, se vuelven inmundos; porque la finalidad
espiritual en las riquezas y sus respectivos usos viene a ser
como el alma en el cuerpo, o como la luz del cielo
en tierra húmeda; pero esas riquezas se pudren al igual que
un cuerpo sin alma, o la tierra húmeda sin la luz del cielo. Tal
es el carácter de aquellos que fueron desviados y apartados del
cielo por las riquezas.
(363)
El afecto o amor predominante en todo
hombre permanece en él después de la muerte, y no puede ser
extirpado por toda la eternidad; ya que el espíritu del hombre
es igual a su amor en todo; y lo que constituye
un arcano: el cuerpo de cada espíritu y ángel es la
forma de su a-mor, que corresponde exactamente con su forma interna,
que a su vez es la forma de su índole y de su mente; por
eso, la calidad de su espíritu se trasluce en su rostro,
en sus gestos y en su lenguaje. Mientras el hombre vive
en el mundo, sería posible conocer la calidad de su espíritu
si no hubiese aprendido a simular con su rostro, sus gestos y
su lenguaje, cosas que no siente. Todo ello demuestra que
el hombre sigue siendo por toda la eternidad tal como su afecto
o amor predominante. Me ha sido dado hablar con algunos hombres que
vivieron hace diecisiete siglos, cuyas vidas son conocidas por textos de la
época, y pude comprobar que predomina en ellos el mismo amor que
sentían cuando vivieron en la tierra. Lo cual demuestra asimismo que
el a-mor de las riquezas y los usos derivados de ellas
permanece en toda persona por toda la eternidad, y que
es exactamente igual al amor adquirido en el mundo; con
la sola diferencia de que entre aquellos que le asignaron buenos
usos a las riquezas, en el otro mundo, éstas se tornan
en deleites que concuerdan con los usos desempeñados;
en cambio entre los otros, aquellos que asignaron malos usos a sus riquezas,
éstas se tornan en mera inmundicia, y con ellas se deleitan
exactamente igual que en el mundo con las riquezas consagradas a usos
malignos. Estos individuos se deleitan con la inmundicia; porque los
placeres inmundos y los actos impúdicos, que son los usos a los que
consagraron las riquezas; y también la avaricia, que es el a-mor
de las riquezas sin tomar en cuenta el uso, corresponden a
la inmundicia . Esto y no otra cosa es la inmundicia espiritual.
(364)
Los pobres no van al cielo en virtud
de su pobreza, sino en virtud de la vida que llevaron.
La vida que cada cual hizo permanece con él, sin que importe que sea rico
o pobre. No hay una misericordia que sea privativa de unos o
de otros; el que llevó una buena vida es admitido, quien
se entregó a la mala vida es rechazado. Por otra parte
la pobreza desvía y aparta al hombre del cielo en la misma
proporción que la riqueza. Entre los pobres, hay muchos que no se
conforman con su suerte, y ambicionan muchas cosas, suponiendo que
la riqueza es una bendición; y si no la obtienen, montan
en cólera, rumiando pensamientos malignos sobre la providencia
Divina; además, envidian a otros por las buenas cosas que poseen,
exhibiendo una diligencia extrema cuando se les presenta la ocasión
de cometer fraude, o de entregarse a placeres inmundos.
No ocurre así con los pobres que están contentos con su suerte,
quienes son cuidadosos y diligentes en su trabajo; aman
al trabajo antes que al ocio; y son sinceros y leales, llevando
al mismo tiempo una vida cristiana. En ciertas ocasiones
he hablado con labriegos y gente de humilde condición, que
mientras vivieron en el mundo creyeron en Dios, haciendo lo que
es justo y recto en el desempeño de su trabajo.
Puesto que los animaba el afecto de conocer la verdad,
preguntaron qué es la caridad y qué es la fe; manifestando que
habían oído hablar mucho sobre la fe en este mundo, y mucho
sobre la caridad en la o-tra vida. Se les dijo que
la caridad es todo lo perteneciente a la vida, y la fe
todo lo concerniente a la doctrina; y que, en consecuencia,
la candad consiste en querer y hacer lo que es justo
y recto en cada obra, y la fe en pensar con justicia
y rectitud; y que la fe y la caridad están en conjunción
al igual que la doctrina y la vida cuando concuerdan,
o como el pensamiento y la voluntad; y que la fe
se transforma en caridad cuando el hombre quiere y hace
aquello que piensa justa y rectamente, de forma tal que pensamiento
y acto sean una sola cosa. Esto lo entendieron perfectamente, y
se regocijaron, afirmando que en el mundo siempre pensaron que creer
era una cosa viviente.
(365)
Todo ello pone de manifiesto que tanto los ricos
como los pobres van al cielo, y con la misma facilidad unos que
otros. La creencia de que los pobres ingresan al cielo con
facilidad, pero los ricos con dificultad, se debe al hecho
de que no se han comprendido correctamente los pasajes de la Palabra donde se menciona a los ricos y a los pobres. En la Palabra, cuando se nombra a los "ricos", en el sentido espiritual
se alude a quienes poseen abundantes conocimientos del bien y
la verdad, es decir, aquellos que pertenecen a la iglesia donde
está la Palabra; y cuando se menciona a los
"pobres", se alude a los que carecen de tales
conocimientos, quienes, aunque anhelan adquirirlos, se hallan fuera
de la iglesia, donde no se conoce la Palabra. Mediante el.
hombre "rico" vestido de púrpura y lino fino, que fue
arrojado al infierno, se alude a la nación judía, a la que
se califica de rica porque estaba en conocimiento de la Palabra y disponía de gran abundancia de conocimientos del bien y
la verdad derivados de ella; "vestidos de púrpura"
significa conocimientos del bien; y "vestidos de lino
fino", conocimientos de la verdad. En cambio el hombre que
estaba echado a la puerta del hombre rico, ansiando saciarse con las
migajas que caían de su mesa, que fue llevado por los ángeles
al cielo, representa a las naciones que carecen de conocimientos
del bien y la verdad, deseando, no obstante: adquirirlos (Lucas XVI. 19-31). Asimismo por medio de los
ricos convidados a la cena y que se excusaron se alude a
la nación judía, y mediante los pobres que fueron invitados
en su lugar se alude a las naciones que se hallan fuera
de la iglesia (Lucas XIV. 16-24).
Por medio del hombre rico, de quien el Señor dice:
Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. (Mateo XIX. 24)
se alude a los ricos, tanto en el sentido natural como en el sentido espiritual. En el sentido natural, los ricos son aquellos que poseen riquezas en abundancia y depositan su corazón en ellas; pero en el sentido espiritual son a-quellos que poseen conocimientos e instrucción en abundancia: que son riquezas espirituales, quienes, en virtud de su erudición, y basándose en su propia inteligencia, pretenden iniciarse en los arcanos del cielo y de la iglesia. Y como ello se contrapone al orden Divino, se dice que es más "fácil pasar un camello por el ojo de una aguja"; un "camello" en el sentido espiritual significa la facultad de conocer y la instrucción en general; y el "ojo de una aguja" significa la verdad espiritual. Que éste es el sentido de "un camello" y del "ojo de una aguja" es cosa que se desconoce actualmente, porque la ciencia que enseña qué significan en el sentido espiritual las cosas que se refieren en el sentido literal de la Palabra no ha sido revelada hasta la actualidad. El más imperceptible detalle de la Palabra encierra un sentido espiritual y un sentido natural; puesto que la Palabra en su integridad, ha sido compuesta mediante correspondencias entre las cosas naturales y las cosas espirituales, a fin de que pudiera establecerse una conjunción entre el cielo y el mundo, o entre los ángeles y los hombres, puesto que la conjunción directa había dejado de existir. Esto indica con toda claridad a quiénes se alude específicamente en la Palabra al mencionar al "hombre rico". Que en el sentido espiritual mediante los "ricos" se alude a aquellos que gozan de conocimientos del bien y la verdad, mientras que las "riquezas" significan los conocimientos mismos (que son riquezas espirituales), puede cotejarse en numerosos pasajes (como en Isaías. X. 12-14; XXX. 6, 7; XLV. 3; Jeremías XVII. 3; XLVIII. 7; L. 36, 37; Ll. 13; Daniel V. 2-4; Ezequiel XXVI. 7, 12; Oseas XII. 9; Apocalipsis II117, 18; Lucas XIV. 33; y en otras partes). Y también que mediante los "pobres" en el sentido espiritual se denota a los que a pesar de carecer de los conocimientos del bien y la verdad, desean adquirirlos (Mateo XI. 5; Lucas VI. 20, 21; XIV. 21; Isaías XIV. 30; XXIX. 19; XLI. 17, 18; So-fonías III. 12, 13). La explicación del sentido espiritual de estos pasajes puede consultarse en la obra Arcana Coelestia (Nº 10227).
(40)
Capítulo
XL
MATRIMONIOS EN EL CIELO
(366)
Puesto que el cielo procede del género humano;
los ángeles son de ambos sexos; desde la creación la mujer
es para el hombre y el hombre para la mujer, siendo
el uno para el otro; y el amor que sienten es algo innato;
de esto se sigue que en el cielo hay matrimonios igual que
en la tierra. Pero los matrimonios en el cielo son completamente
diferentes de los matrimonios en la tierra. Por tanto, procederemos
a explicar cómo son los matrimonios en el cielo, en qué difieren
de los matrimonios en la tierra, y en qué se asemejan.
(367)
El matrimonio en el cielo es la conjunción
de dos seres en una sola mente. Pero debemos explicar en primer
lugar en qué consiste esta conjunción. La mente está constituida por
dos partes, una de ellas se llama intelecto y la otra voluntad.
Cuando estas dos partes actúan al unísono, se dice que constituyen
una sola mente. En el cielo la función lla-mada intelecto
la desempeña el marido, y la llamada voluntad
la desempe-ña la mujer. Cuando esta conjunción —que
atañe a la interioridad del hombre—desciende a las partes
inferiores del cuerpo, se percibe y se siente como amor, y este
amor es el amor conyugal. Lo cual manifiesta que el amor
conyugal tiene su origen en la conjunción de dos seres
en una sola mente. En el cielo esto se llama cohabitación; y
no se dice de la pareja que son dos seres, sino uno solo. Por eso
en el cielo, cuando se habla de los cónyuges, no se dice
que son dos seres, sino un solo ángel. himmels-engel.de
(368)
Por lo demás, esta conjunción que
se establece entre marido y mujer en la intimidad de sus
mentes, dimana de su misma creación; el varón nace para ser
inteligente, vale decir, para pensar de acuerdo con su inteligencia;
en cambio la mujer nace para ser afectiva, esto es, para pensar
de acuerdo con su voluntad; lo que evidencia la inclinación
o disposición innata de cada uno, cosa que también se manifiesta
en su fisonomía; en la disposición, puesto que el hombre actúa
conforme a la razón y la mujer conforme al afecto; en la
fisonomía, puesto que el varón tiene un semblante más rudo
y menos bello, una voz más grave y un cuerpo más recio; mientras que
la mujer posee un rostro más suave y más bello, una voz más leve
y jn cuerpo más tierno. Y la misma diferencia existe entre
el intelecto y la voluntad, o entre el pensamiento y
el afecto; y la misma entre la verdad y el bien, la fe
y el amor; dado que la verdad y la fe pertenecen
al intelecto, y el bien y el amor a la voluntad. Por eso
en la Palabra, "joven" o "varón", según
el sentido espiritual, significa intelecto de la verdad,
y "virgen" o "mujer" afecto del bien; y por
la misma razón, a la iglesia, debido a su afecto por
el bien y la verdad, se la llama "mujer"
y "virgen"; y asimismo a quienes sienten afecto por
el bien, se los llama vírgenes (como en el Apocalipsis XIV. 4)
(369)
Todo individuo, ya sea hombre o mujer,
posee intelecto y voluntad; pero en el hombre predomina
el intelecto y en la mujer la voluntad, y el carácter está
determinado por aquello que predomina. Sin embargo en los matrimonios
celestiales no hay predominio; ya que la voluntad de la esposa
es también la voluntad del marido, y el intelecto del marido
es también" el intelecto de la esposa; pues cada cual ama
lo que el otro quiere y piensa, y esto en forma mutua
y recíproca. Así establecen conjunción formando un solo ser. Esta
conjunción, es una conjunción real, porque la voluntad de la
esposa entra en el intelecto del marido y el intelecto del marido
penetra en la voluntad de la esposa, cosa que ocurre principalmente
cuando se miran cara a cara; ya que según se ha reiterado
en varias ocasiones, en los cielos, hay una comunión
de pensamientos y afectos; sobre todo entre marido y mujer,
porque los une el amor mutuo. Lo cual pone de manifiesto
en qué consiste la conjunción mental que da forma al matrimonio,
generando el amor conyugal en los cielos: cada cual desea que
lo suyo pertenezca a los otros, y ello en forma recíproca.
(370)
Según me han referido los ángeles, en la
medida en que los cónyuges entran en esa conjunción, gozan del amor
conyugal; y en la misma medida gozan también de inteligencia,
sabiduría y felicidad; pues la verdad Divina y el bien Divino
—que son manantial de toda inteligencia, sabiduría y felicidad—
fluyen principalmente del amor conyugal; por ello, el amor conyugal, por
ser también el matrimonio del bien y la verdad, es el' auténtico
plano del influjo Divino. Ese amor, siendo conjunción de intelecto
y voluntad, es asimismo conjunción del bien y la verdad, pues
el intelecto recibe la verdad Divina y está hecho
de verdades, y la voluntad recibe el bien Divino, y está
formada por bienes. Pues lo que el hombre quiere es bueno para
él, y lo que entiende es verdad para él; por consiguiente, da lo
mismo decir conjunción del intelecto y la voluntad que decir conjunción
de la verdad y el bien. La conjunción de la verdad y
el bien es la que hace al ángel; hace
su inteligencia, sabiduría y felicidad; pues un ángel es un
ángel según el modo de conjunción del bien con la verdad y
de la verdad con el bien en su interior; o lo que
es igual, según el modo de conjunción del amor con la fe y de la
fe con el amor en su interior.
(371)
La Divinidad que procede del
Señor fluye principalmente en el amor conyugal porque el amor
conyugal desciende de la conjunción del bien y la verdad; ya que
es lo mismo —según se ha dicho antes— decir conjunción del intelecto
y la voluntad que conjunción del bien y la verdad. La conjunción
del bien y la verdad tiene su origen en el amor Divino del
Señor hacia todos los habitantes del cielo y de la tierra. Del amor
Divino procede el bien Divino, y el bien Divino es recibido por
ángeles y hombres en la verdad Divina. Como la verdad Divina
es el único receptáculo del bien, quien no viva en la verdad
no puede recibir nada del Señor ni del cielo; por tanto,
en la medida en que las verdades entran en conjunción con
el bien en el hombre, en tal medida el hombre se halla
en conjunción con el Señor y con el cielo. Este es,
pues, el verdadero origen del amor conyugal, y portal razón ese amor
es el auténtico plano del influjo Divino. Esto explica porqué en el
cielo, a la conjunción del bien y la verdad, se le llama,
matrimonio celestial, y porqué en la Palabra se compara al cielo con un matrimonio'; lo cual también explica
que el Señor sea llamado "Novio"
y "Marido", y que al cielo y la iglesia
se los llame "novia" y "esposa".
(372)
El bien y la verdad que están en conjunción
en un ángel u hombre no son dos cosas, sino una sola; entonces
el bien es el bien de la verdad, y la verdad, verdad del
bien. Esta conjunción puede compararse a un hombre que piensa lo que
quiere y quiere lo que piensa, cuando el pensamiento y
la voluntad se identifican conformando así una sola cosa,
es decir, una sola mente; puesto que el pensamiento forma, vale
decir, expresa en forma lo que la voluntad quiere, y la voluntad
por su parte brinda deleite a aquél; de ahí que en el
cielo, cuando se habla de los cónyuges se dice que no son
dos ángeles, sino un solo ángel. Tal es el sentido de las
siguientes palabras del Señor:
... ¿ No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne ?
Así que ya no son más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. (Mat. XIX. 4-6, 11; Marcos X. 6-9; Génesis 11. 24)
Esta es al mismo tiempo una descripción del matrimonio celestial que gozan los ángeles y una descripción del matrimonio del bien y la verdad; "lo que Dios juntó, no lo separe el hombre", significa que el bien no debe ser separado de la verdad.
(373)
Todo esto manifiesta cómo se origina
el verdadero amor conyugal: se forma primero en la mente
de los cónyuges, y de allí desciende y se difunde en el
cuerpo, donde se percibe y se siente como amor; y todo
lo que se siente y percibe en el cuerpo tiene origen
espiritual, porque emana del intelecto y de la voluntad. El intelecto
y la voluntad conforman el hombre espiritual. Lo que desciende
del hombre espiritual hacia el cuerpo, asume en éste otro aspecto,
aunque sea similar y concordante, como lo son el alma y
el cuerpo; o guardan la misma relación que la causa y
el efecto, según puede inferirse de lo que se ha dicho
y expuesto en los dos capítulos dedicados a las
correspondencias.
(374)
Oí a un ángel describir el verdadero amor
conyugal y sus deleites celestiales, del siguiente modo: El amor
conyugal es la Divinidad del Señor en los cielos; es el
bien Divino y la verdad Divina unidos en dos seres, como si no
fuesen dos, sino uno solo. Afirmó también que en el cielo los dos cónyuges
son el amor conyugal, ya que cada cual es su propio bien y
su propia verdad, así en la mente como en el cuerpo, puesto que
el cuerpo es una imagen de la mente al estar hecho a
su semejanza. Y basándose en esto, llegó a la conclusión
de que la Divinidad está reflejada en la pareja que goza del
verdadero amor conyugal; y así como se refleja la Divinidad,
también se refleja el cielo, porque el cielo en su conjunto
está constituido por el bien Divino y la verdad Divina que proceden
del Señor; y por eso, en el amor conyugal están inscriptas
todas las cosas del cielo, incluyendo incalculables bendiciones
y deleites: (indicó el número mediante un término . que
implicaba miríadas de miríadas). Se mostró asombrado de que
el hombre de la iglesia no supiera absolutamente nada
al respecto, a pesar de que es sabido que la iglesia
es el cielo del Señor en la tierra, y que el cielo
es el matrimonio del bien y la verdad. Dijo que le espantaba
pensar que en el seno de la iglesia, y esto en mayor grado
que fuera de ella, se cometiesen adulterios, que incluso llegan
a justificarse; y el deleite del adulterio, en el sentido
espiritual, y por ende en el mundo espiritual, no es otra cosa
que el deleite del amor de la falsedad en conjunción con
la maldad; que es un deleite infernal por ser diametralmente opuesto
al del cielo, que es el deleite del amor de la verdad
en conjunción con el bien.
(375)
Es sabido que dos cónyuges que se aman
se hallan interiormente unidos, y que lo esencial del matrimonio
es la unión de caracteres y mentes. De lo que
se desprende que tal como es esencialmente él carácter y
la mente de cada uno, así es la unión y el amor en la
pareja. La mente está formada exclusivamente por verdades y bienes,
pues todas las cosas del universo se relacionan con el bien y
la verdad, y la consiguiente conjunción que establecen;
de manera que la unión de las mentes es tal como son las
verdades y bienes que contienen; por tanto, la unión más perfecta
es la unión de las mentes que se hallan conformadas por verdades
y bienes genuinos. Sépase que no existe amor mutuo más profundo que
el del bien y la verdad; y por eso el amor conyugal
desciende de ese amor. También se aman el mal y
la falsedad, pero este amor se torna finalmente en un infierno.
(376)
De lo que se ha dicho respecto del origen
del amor conyugal puede inferirse quiénes gozan de ese amor y quiénes
no; vale decir, gozan del amor conyugal quienes viven en el bien Divino
que procede de las verdades Divinas; y el amor conyugal sólo
es genuino en la medida en que Tas verdades que están
en conjunción con el bien también lo sean. Y puesto que
todo bien que entra en conjunción con verdades procede del Señor,
se entiende que ningún individuo puede gozar del verdadero amor conyugal
a menos que reconozca al Señor y Su Divinidad; pues sin
ese reconocimiento el Señor no puede fluir en el hombre
para entrar en conjunción con sus verdades.
(377)
Es evidente, entonces, que quienes viven en las
falsedades, y especialmente los que viven en las falsedades del mal,
no gozan del amor conyugal. Por lo demás, los que viven en la
maldad y en las falsedades derivadas, tienen la interioridad
de su mente ocluida; en los tales, portante no hay ninguna
fuente de amor conyugal; pero en el plano inferior, por debajo
de esa interioridad, en el hombre externo o natural separado del
interno, sí puede darse la conjunción de la falsedad con
el mal, denominada matrimonio infernal. Me ha sido dado observar
en qué consiste este matrimonio entre los que viven en las falsedades
del mal, denominado matrimonio infernal. Estos cónyuges conversan entre sí,
y los une la lascivia, pero interiormente los consume el fuego
de un mortal odio mutuo, de una intensidad tal que resulta
indescriptible.
(378)
El amor conyugal no puede darse entre dos seres
que profesan religiones diversas, puesto que la verdad del uno
no concuerda con el bien del otro; y dos géneros de bien
y verdad disímiles y discordantes no pueden conformar una sola
mente a partir de dos; y en consecuencia el amor entre
ellos no tiene un origen espiritual. Si cohabitan
y congenian es por vínculos meramente naturales. Por eso en los
cielos los matrimonios se conciertan entre miembros de una misma
sociedad, ya que gozan de un mismo género de bien y verdad.
Que todos los miembros de una sociedad gozan de un bien y una
verdad similares, y difieren de los que no forman parte
de ella, puede cotejarse más arriba (Nº 41). Un ejemplo
representativo de ello estuvo dado por la nación israelita en la
cual los matrimonios se concertaban entre miembros de una misma
tribu, y particularmente de una misma familia, y no fuera
de ellas.
(379)
Tampoco es posible el verdadero amor
conyugal entre un marido y varias esposas; dado que
en tal caso, su origen espiritual, que consiste en la formación
de una mente a partir de dos, se destruye; y
en consecuencia se destruye la conjunción interior, que
es la conjunción d'el bien y la verdad, de donde ese amor deriva
su esencia. El matrimonio que se contrae con más de una
mujer es como un intelecto escindido en varias voluntades;
o como un hombre que no es feligrés de una sola iglesia,
sino de varias, de manera que su fe se dispersa y
se vuelve nula. Afirman los ángeles, que casarse con varias mujeres
es totalmente opuesto al orden Divino, y entienden que esto
se debe a diversas razones; una de ellas es que apenas
piensan en el matrimonio con más de una mujer, los ángeles
se ven privados de la bendición interna y la dicha celestial,
sobreviniéndoles una suerte de ebriedad, porque el bien
se separa de su respectiva verdad dentro de ellos. Y puesto
que la interioridad de su mente decae hasta que se encuentran
en semejante estado, con sólo pensar con cierto grado
de concentración sobre el tema, perciben claramente, que el matrimonio
con más de una mujer provocaría la oclusión de su mente interna,
por lo que el amor conyugal sería reemplazado por el amor
lascivo, que es un amor que aparta al hombre del cielo. Dicen,
asimismo, que los hombres a duras penas comprenden esto, debido a que
son contados quienes gozan del genuino amor conyugal, y los que no lo
gozan, desconocen por completo sus deleites interiores; conocen exclusivamente
los deleites lascivos, los cuales dejan de ser deleites para degenerar
en fastidio al poco tiempo de cohabitar; en cambio
el deleite del verdadero amor conyugal, no sólo perdura hasta
la vejez durante esta vida en el mundo, sino que después de la
muerte se torna en deleite celestial; y allí le es
instilado un deleite interior que se perfecciona por toda
la eternidad. Declararon, además, que las variadas bendiciones del
verdadero amor conyugal pueden calcularse en muchos millares; y
ni siquiera una sola de ellas puede ser percibida por un hombre
que no vive en el matrimonio del bien y la verdad que procede
del Señor.
(380)
El amor de ejercer dominio sobre el otro
destruye totalmente el amor conyugal y su deleite celestial,
ya que de acuerdo con lo que se ha dicho antes,
el amor conyugal y su deleite consiste en que la voluntad
de uno sea a su vez la del otro, y ello en forma mutua
y recíproca. Pero el amor de ejercer dominio en el
matrimonio, destruye tal sentimiento, pues el dominador desea que
en el otro sólo su voluntad prevalezca, y que en él,
la voluntad del otro sea nula, cosa que destruye todo sentimiento mutuo,
y por ende, toda comunicación de amor y deleite entre uno
y otro. Y sin embargo, esta comunicación y la conjunción
derivada constituyen el genuino deleite interior llamado bendición
matrimonial. Esta bendición, con todo lo que es celestial
y espiritual en el amor conyugal, se extingue de tal modo
a causa del amor de ejercer dominio, que hasta llega a borrarse
la noción misma de su existencia; y si en este punto, alguien
hiciese referencia al amor conyugal, sería tenido en tal menosprecio
que con sólo mencionar una bendición nacida de ese amor, provocaría
la risa o la ira de quienes lo oyen. Cuando uno quiere
o ama lo que el otro quiere o ama, ambos gozan
de libertad, pues la libertad procede del amor; pero donde
se ejerce dominio, la libertad es nula; uno de ellos
es un sirviente, pero el que domina también, pues obedece servilmente
su ambición de mando. Pero esto no puede ser comprendido
en absoluto por aquel que ignora en qué consiste la libertad del
amor celestial. De cualquier modo, en base a lo que se ha
dicho antes sobre el origen y esencia del amor conyugal, puede
inferirse que cuando entra en acción la voluntad de dominio, Las
mentes no se unen, sino que se dividen. La dominación
es sometimiento, y una mente sometida no tiene voluntad; y mucho
menos una voluntad opositora. Y si carece de voluntad tampoco tiene
amor; y si tiene una voluntad opositora, en vez de amor siente
odio. La interioridad de aquellos que viven en semejante amor
está en pugna y en mutua colisión con la del otro; como suele
ocurrir entre dos oponentes, que exte-riormente se refrenan
y contienen para preservar la tranquilidad. La colisión y
la pugna de la interioridad de unos y otros se revela
después de su muerte; allí se juntan a menudo para pelear como
enemigos, atormentándose mutuamente: entonces proceden según su estado
de interioridad. Con frecuencia me fue dado presenciar cómo
riñen atormentándose mutuamente; a veces llegan a acometerse
con un ánimo vengativo y una sevicia realmente incontenibles. Porque
en la otra vida, la interioridad de todo ser se libera;
ya no se ve coercionada por mecanismos externos,
ni consideraciones mundanas ! entonces, cada cual es tal como
es en su interioridad.
(381)
Aalgunas personas se les permite vivir una
especie de simulacro de amor conyugal. Sin embargo, a menos que
vivan en el amor del bien y la verdad, no pueden gozar del amor
conyugal, sino sólo de un amor que por distintas razones adopta
el aspecto del amor conyugal, como ser: la posibilidad
de agenciarse un buen servicio en la casa; o para verse
exentos de cuidados, disfrutando de la tranquilidad y el ocio;
o bien para ser atendidos en caso de enfermedad o durante
la vejez; o también para que los niños que aman sean
atendidos. A algunas las refrena el temor que les inspira
el cónyuge, o de perder la reputación, u otro tipo de perjuicios
por el estilo, y a otras una lascivia reprimida. Por lo demás,
el amor conyugal difiere en los dos cónyuges; uno puede sentirlo
profundamente, y otro poco y nada; de forma que esta diferencia
puede determinar que el destino de uno de ellos sea el cielo,
y el del otro, el infierno.
(382)
AEn el íntimo cielo se goza del genuino
amor conyugal, dado que allí los ángeles viven en el amor del bien y
la verdad, y también en inocencia. Los ángeles de los
cielos inferiores también disfrutan del amor conyugal, pero sólo en la
medida en que vivan en inocencia; ya que el amor conyugal,
visto en sí mismo, es un estado de inocencia; por eso los
cónyuges que viven en el amor conyugal gozan juntos de los deleites
celestiales, que ante su mente aparecen como juegos de inocencia
similares a los que practican los niños; para su mente, todo
es deleite, pues el cielo y su júbilo fluyen hasta en los
más ínfimos detalles de su vida. Y por la misma razón, el amor
conyugal es representado en el cielo mediante los más bellos objetos.
He visto cómo se lo representaba por intermedio de una virgen
de inexpresable belleza rodeada por una nube de blancura
resplandeciente. Se dice que la belleza de los ángeles del cielo
proviene del amor conyugal. Los afectos y pensamientos que fluyen
de ese amor se representan por medio de auras adamantinas;
escintilantes como carbunclos o rubíes, y que suscitan
un deleite que afecta la interioridad de la mente. En una
palabra, el mismo cielo está representado en el amor conyugal, porque
el cielo y los ángeles establecen la conjunción del bien y
la verdad, y esta conjunción crea el amor conyugal.
(383)
Los matrimonios del cielo difieren de los
de la tierra en que la procreación de criaturas es uno
de los propósitos del matrimonio en la tierra, pero no de los
matrimonios en el cielo, puesto que en el cielo |a procreación del
bien y la verdad ocupa el lugar de la procreación
de criaturas. Aquella forma de procreación ocupa el lugar
de ésta, porque en el cielo el matrimonio es un matrimonio
entre el bien y la verdad (según queda indicado); y como
en este matrimonio, el bien y la verdad y su conjunción son
amados por sobre todas las cosas, bien y verdad es lo que procrean
los matrimonios del cielo. Por eso en la Palabra "nacimientos" y "generaciones" significan nacimientos
y generaciones espirituales, que son nacimientos y generaciones
de bien y verdad; madre y padre, significa verdad
en conjunción con el bien: que es lo que procrea; hijos
e hijas, significa verdades y bienes que son procreados; hijos políticos
e hijas políticas, la conjunción que aque-llos establecen, y así
de lo demás. Todo ello expresa con claridad que los matrimonios en el
cielo no son como los matrimonios en la tierra. En el cielo las
nupcias son espirituales, aunque en realidad no deben ser llamadas
nupcias, sino conjunción de las mentes, dimanada de la conjunción del
bien y la verdad. Pero en la tierra hay nupcias, porque éstas
no son solamente espirituales, sino también carnales. Y como
en el cielo no hay nupcias, allí a los cónyuges no se los
llama marido y mujer, sino que inspirados por la idea angélica
de la unión de dos mentes en una, cada cónyuge designa
al otro por un nombre que significa lo que es de uno,
y ello ep forma mutua y recíproca. Esto indica cómo deben
entenderse las palabras del Señor sobre los que se casan y los
que se dan en casamiento. (Lucas XX. 35, 36).
(384)
También me fue dado presenciar cómo
se conciertan los matrimonios en los cielos. Como en la vastedad
del cielo, quienes son semejantes se hallan unidos y los que son
disímiles están separados, cada sociedad del cielo está constituida por
aquellos que son semejantes. Quienes son semejantes se atraen mutuamente,
pero no por sí mismos, sino por instilación del Señor (ver
arriba, Nº1 41, 43, 44); asimismo, los conyuges cuyas mentes pueden unirse
formando una sola, se encuentran; y entonces se aman
entrañablemente a primera vista; y reconociéndose mutuamente
como cónyuges, se casan. Por eso todos los matrimonios en el cielo,
se conciertan solamente bajo el influjo del Señor. También
se celebran fiestas nupciales, a las que asisten numerosos invitados;
pero estas festividades varían en cada sociedad.
(384)
Los matrimonios en la tierra son eminentemente
sagrados a los ojos de los ángeles, porque son los seminarios del
género humano, y también de los ángeles del cielo (el cielo
procede del género humano, según se ha indicado antes en el capítulo
respectivo); además, puesto que esos matrimonios tienen origen espiritual,
es decir, surgen del matrimonio del bien y la verdad, y
la Divinidad del Señor fluye principalmente en el amor
conyugal. Por otro lado, los ángeles consideran al adulterio como algo
profano, porque se opone al amor conyugal; así como los ángeles
en los matrimonios contemplan el matrimonio del bien y la verdad
que es el cielo, así también en los adulterios contemplan
el matrimonio de la falsedad y el mal, que es el infierno.
Por eso, apenas oyen mencionar el adulterio, se retiran. Y por
la misma razón, cuando el hombre comete adulterio por deleite,
el cielo se cierra para él, y cuando esto sucede, el hombre
deja de reconocer la Divinidad y todo lo que
se refiere a la fe de la iglesia. Que todos los seres infernales
se oponen al amor conyugal, me fue dado percibirlo mediante
la esfera que exhala el infierno, que es un afán incesante por
disolver y violar los matrimonios; lo que indica que el deleite
imperante en el infierno es el deleite del adulterio, y
el deleite del adulterio es el deleite de destruir la conjunción
del bien y la verdad, que es la conjunción que crea el cielo.
De esto se sigue que el deleite del adulterio es un deleite
infernal diametralmente opuesto al deleite del matrimonio, que es un
deleite celestial.
(385)
En base aun hábito adquirido durante su vida
en el cuerpo, ciertos espíritus malignos lograron inocularme
su insidia con singular pericia; y esto por medio de un influjo
como de ondas semejante al de los espíritus benignos; pero
me fue dado percibir la astucia y malignidad que los inducía a seducir
y engañar. Finalmente hablé con uno de ellos, el cual,
según me dijeron, fue comandante de un ejército durante su vida
en el mundo; y al percibir que las ideas de su pensamiento
estaban impregnadas de lascivia, aludí al tema del matrimonio empleando
el lenguaje angélico: que expresa todo lo que uno quiere decir,
e innumerables cosas, en un instante. Al respecto, declaró que
en la vida del cuerpo siempre consideró al adulterio como una
cuestión sin importancia. Entonces me fue dado decirle que
el adulterio es un acto nefando, aunque los que son como él no
lo entiendan a-sí; ya que bajo el influjo del deleite que los
tienta y seduce, llegan incluso a juzgar que es un acto lícito.
Que se trata de algo nefando—agregué—escosa que él podría
inferir del hecho de que los matrimonios son los seminarios del género
humano, y por ende, del reino celestial; de manera que no deben
ser violados bajo ningún concepto, sino que deben ser estimados como algo
sagrado. Y esto él debería saberlo —proseguí—; y no podía
ignorarlo — puesto que se hallaba en el otro mundo gozando
de un estado de percepción— porque el amor conyugal desciende
del Señor atravesando el cielo; y de ese amor, como de un
padre, deriva el amor mutuo: que es el cimiento de los cielos.
Y por la misma razón, cuando los adúlteros se aproximan
a las sociedades celestiales, sienten su propio hedor, de manera
que se precipitan al infierno en el acto. Al menos
—continué— debería saber que la violación de matrimonios atenta
contra las leyes Divinas y contra las leyes civiles de todo reino,
y también contra la genuina luz de la razón, puesto que
se opone tanto al orden Divino como al humano; sin hacer mención
de otras consideraciones. A continuación, replicó que él había
pensado las cosas de o-tro modo durante su vida en el cuerpo.
Quiso argüir sobre el asunto, pero se le hizo saber que
la verdad no admite tales razonamientos; porque los razonamientos
se aducen para defender lo que a uno le deleita es decir, las perversidades y falsedades propias de cada
uno; y que lo primero que debería hacer, es reflexionar sobre
las cosas que había oído, porque eran ciertas; o al menos considerarlas,
en base a un principio bien conocido en el mundo, que dice que
uno no debe hacer a los demás lo que no quiere que los
demás le hagan a uno. Y que pensara seriamente si él
no habría detestado el adulterio si hubiesen seducido a
su esposa, a la cual amó como todo el mundo ama
al principio del matrimonio ¿ Y cuál habría sido
su opinión si hubiese tenido que expresarla durante
el consecuente acceso de ira; y ante una situación semejante,
acaso no habría confirmado su opinión en contra del adulterio
con más firmeza que otros, condenándolo incluso al infierno ?
(386)
Me fue dado presenciar la progresión hacia
el cielo de los deleites del amor conyugal, y la declinación
gradual hacia el infierno de los deleites del adulterio.
La progresión hacia el cielo de los deleites del amor conyugal
conduce a estados de bendición y dicha que se ahondan
incesantemente hasta lo innumerable y lo inefable; y a medida
que se ahondan, más innumerables e inefables son, hasta alcanzar
el genuino estado de bendición y felicidad del íntimo cielo
o cielo de la inocencia, y ello en virtud de una
libertad suprema. Y así como la libertad procede del amor, la libertad
suprema procede del amor conyugal, que es el amor celestial en sí
mismo. Por el otro lado, la degradación del adulterio conduce
al infierno; y en forma paulatina hacia el infierno más hondo,
donde no hay nada que no sea pavoroso y atroz. Tal es la
suerte que les espera a los adúlteros después de su vida en el
mundo. Los adúlteros, son aquellos que se deleitan en el adulterio,
pero no sienten deleite en el matrimonio.
(41)
Capítulo
XLI
LAS OCUPACIONES
DE LOS ÁNGELES EN EL CIELO
(387)
No es posible enumerar las ocupaciones que
desempeñan los ángeles en los cielos, mucho menos describirlas
en detalle; y si algo puede decirse acerca de ellas,
es sólo en sentido genérico, ya que son innumerables
y varían de acuerdo con las funciones de cada sociedad. Cada
sociedad desempeña una función peculiar, pues así como las sociedades
difieren según sus bienes (véase arriba, Nº 41), así también difieren
según sus usos, porque para todo habitante del cielo todos los bienes son
bienes en acto, es decir, usos. Allí todos prestan usos, pues
el reino del Señor es un reino de usos.
(388)
Tanto en los cielos como en la tierra hay
muchas formas de servicio, ya que allí hay asuntos eclesiásticos,
civiles y domésticos. Que hay asuntos eclesiásticos, se desprende
de lo que se ha dicho y expuesto antes, donde se trata
el tema del culto Divino (Nº 221-227); asuntos
civiles, donde se trata el tema de los gobiernos en el
cielo (Nº 213-220); y asuntos domésticos, donde se trata
el tema de las residencias y moradas de los ángeles
(Nº 183-190), y los matrimonios en el cielo
(Nº 366-368); todo lo cual, indica que en cada sociedad
celestial hay numerosas ocupaciones y servicios.
(389)
En el cielo, todas las cosas están organizadas
en base al orden Divino, que está afianzado en todas partes por
los servicios que desempeñan los ángeles; las cuestiones relativas
al bien o uso general, están a cargo de los ángeles más
sabios; y las que atañen a los usos particulares, están
a cargo de los que poseen menos sabiduría, y así sucesivamente.
Los servicios están subordinados exactamente igual que los usos en el
orden Divino; y por tal razón, cada función está investida de una
dignidad acorde con la dignidad de su uso. De cualquier modo,
los ángeles no se adjudican esta dignidad a sí mismos, sino que
asignan toda dignidad al uso; y como el uso es el bien que
ponen por obra, y todo bien procede del Señor, asignan toda
dignidad al Señor. De manera que aquel que piensa en los
honores, primeramente por sí mismo y luego por su uso, y
no primeramente por su uso y luego por sí mismo,
no puede desempeñar oficio alguno en el cielo; pues ello
implica apartar la vista del Señor, volviéndole la espalda
para colocarse uno mismo en primer lugar y relegar al uso
al segundo lugar. Cuando se habla de usos también se hace
referencia al Señor, pues según se ha dicho, el uso es el
bien y el bien procede del Señor.
(390)
En base a lo expuesto, puede inferirse qué
es la subordinación en el cielo, vale decir, que en la medida
en que se ama, estima y honra el uso, en tal medida
se ama, estima y honra a la persona que
lo desempeña; y también que esa persona es amada,
estimada y honrada en la medida en que adscriba el uso que
desempeña al Señor y no a sí mismo; porque en tal
medida es sabio, y los usos que desempeña, los
desempeña en virtud del bien. El amor, la estima y
el honor espiritual no son otra cosa que amor, estima y honor
al uso en la persona; honor conferido a la persona por
el uso que desempeña, y no honor al uso por
la persona que lo desempeña. Por lo demás, así
es como se valora a los hombres cuando se los valora según
la verdad espiritual, ya que entonces se advierte que
un hombre es semejante a otro, y la única diferencia
perceptible es una diferencia de grado en su sabiduría, sin que
cuente su posición; y la sabiduría es amor al uso,
es decir, amor al bien de los conciudadanos, de la
sociedad, de la patria y de la iglesia. En esto consiste
el amor al Señor, porque todo bien que es un bien
de uso procede del Señor; y en esto consiste también
el amor al prójimo, porque por prójimo se entiende el bien
que debe ser amado en un conciudadano, en la sociedad, en la
patria y en la iglesia, el cual debe obrarse en provecho
de todos ellos.
(391)
A sí como todas las sociedades de los
cielos difieren según sus bienes (ver arriba, Nº 41), así también
difieren según sus usos; los bienes son bienes en acto, es decir,
bienes de caridad, que no son otra cosa que usos. Algunas sociedades
se encargan de cuidar a los niños pequeños; otras,
de su enseñanza y educación a medida que crecen; otras,
de instruir y educar, del mismo modo, a los niños
y niñas que han adquirido una buena disposición gracias a
la educación que recibieron en el mundo, debido a lo cual
ingresaron al cielo. Hay otras sociedades en las que se instruye
a las personas buenas y simples que pertenecen al mundo
cristiano, conduciéndolas por la vía que lleva al cielo; y hay
otras en las que se instruye y conduce del mismo modo a los
miembros de las diversas naciones gentiles. Hay algunas sociedades que
protegen a los espíritus novicios —que son los que han llegado
recientemente del mundo— de las inoculaciones que perpetran los espíritus
malignos; y algunas que asisten a los espíritus que se hallan
en la tierra inferior; y también hay algunas sociedades que asisten
a los espíritus que están en los infiernos, apaciguándolos a fin
de que no se atormenten mutuamente más allá de los límites
prescriptos; y asimismo hay o-tras que asisten a los espíritus que
están resuscitando de entre los muertos. En general, en cada
sociedad hay ángeles que son enviados al hombre para que velen por él y lo aparten
de los afectos malignos y sus pensamientos derivados, y a fin
de inspirarle buenos afectos siempre y cuando los reciba libremente;
y a través de estos afectos, también dirigen las acciones
u obras de los hombres, eliminando, en la medida de lo posible,
sus malas intenciones. Cuando los ángeles están con el hombre,
se diría que habitan en sus a-fectos; y se aproximan a
él según el grado de bien de la verdad en que vive,
alejándose de él en la exacta medida en que su vida
se aparta del bien. Pero todas estas ocupaciones de los ángeles son
ocupaciones del Señor que se efectúan a través de los
ángeles, ya que los ángeles las desempeñan por inspiración del
Señor y no por sí mismos. Por tal razón, en el sentido
interno de la Palabra "ángeles" no significa ángeles, sino
algo propio del Señor; y por ello, en la Palabra a los ángeles se los llama "dioses".
(392)
Estas son las ocupaciones generales de los
ángeles, pero cada cual desempeña una función especifica; porque cada
uso general está compuesto de innumerables usos particulares, llamados
usos mediatos, de suministro y de servicio. Todos y cada uno
están coordinados y subordinados entre sí según el orden Divino,
y tomados en su conjunto conforman y perfeccionan el uso
general, que es el bien general.
(393)
En el cielo, se ocupan de los asuntos
eclesiásticos los que en el mundo amaron la Palabra, y buscaron
con ahínco verdades en ella, no teniendo como fin los honores
ni el lucro, sino los usos de la vida, para sí y para los demás.
Estos, en el cielo gozan de esclarecimiento y reciben
la luz de la sabiduría según su amor y deseo
de desempeñar usos. Esta luz de sabiduría, se las imparte
la Palabra que se conoce en el cielo que no es una Palabra
natural como la que se conoce en el mundo, sino una Palabra
de índole espiritual (ver arriba, Nº 259). Ellos son quienes
ofician la prédica y, en concordancia con el orden Divino, gozan
de mayor jerarquía quienes por su esclarecimiento sobrepujan
a los demás en sabiduría. De los asuntos civiles se ocupan
los que en el mundo amaron a su patria y el bienestar general
más que a sí mismos, haciendo lo que es justo y recto por
amor de la justicia y de la rectitud. Dado que estas personas,
acuciadas por el amor, escudriñaron las leyes de la justicia,
adquiriendo así inteligencia, poseen, portante la aptitud requerida para
desempeñar tales funciones en el cielo; y las
desempeñan ocupando el rango o grado adecuado a
su inteligencia, la cual, por su grado, concuerda con su amor
por desempeñar usos en favor del bienestar general. Por
lo demás, en el cielo hay más funciones, servicios y ocupaciones
de lo que es posible enumerar; en cambio en el mundo,
la cantidad es mucho menor. Todos los que desempeñan tales
tareas —sin que importe aquí si son muchos— se deleitan en su
trabajo y en su labor por amor al uso que prestan, y no por amor
de sí mismos y del lucro; y puesto que reciben gratuitamente
todas las cosas indispensables para la vida, no los acucia
el amor del lucro para ganarse la vida. Disponen de alojamiento
gratuito, ropa gratuita y alimento gratuito. Es evidente, entonces,
que aquellos que en el mundo se amaron más a sí mismos que
a los usos, no tienen lugar en el cielo; porque el amor
o afecto de cada uno permanece en él después de la vida
en el cuerpo, y no puede ser extirpado por toda la eternidad
(ver arriba, Nº 563).
(394)
En el cielo, cada cual tiene su ocupación
de acuerdo con las correspondencias, si bien, estrictamente hablando,
la correspondencia no compete a la ocupación, sino al uso
de dicha ocupación (ver arriba, Nº 112); y todas las cosas
tienen su correspondencia (Nº 106). Aquel que
en el cielo tiene la función u ocupación que corresponde
al uso específico que desempeña, goza del mismo estado de vida
que gozó en el mundo; ya que gracias a las correspondencias,
lo espiritual y lo natural conforman u-na sola cosa; con
la diferencia de que ai ingresar en la vida espiritual, que
es una vida interior, el hombre obtiene acceso a un deleite
interior, siendo más receptivo, por tanto, a la dicha celestial.
(42)
Capítulo
XLII
EL JÚBILO Y LA FELICIDAD CELESTIALES
(395)
Actualmente, prácticamente nadie sabe qué es el
cielo o en qué consiste el júbilo celestial. Aquellos que han
reparado en estas cuestiones, se han forjado una noción
extremadamente vaga y crasa al respecto, de forma que
su criterio es virtualmente nulo. Por intermedio de espíritus,
que arribaron a la otra vida procedentes del mundo, pude conocer
cabalmente la noción que tenían sobre el cielo y el júbilo
celestial; ya que cuando éstos se ven librados a su propio
juicio, como ocurría en el mundo, terminan pensando las mismas cosas que
pensaban allí. En lo que atañe al júbilo celestial, cunde
la ignorancia, puesto que los que repararon en el tema, basaron sus
conjeturas en los deleites exteriores del hombre, pues desconocían
la existencia del hombre interior, y por tanto, la naturaleza
de su deleite y su dicha; de manera que aun en el caso
de que quienes gozan del deleite interior espiritual les hubiesen
explicado en qué consiste, nada habrían comprendido; sólo retendrían
conceptos harto imprecisos, ajenos a la percepción, que pasarían
a formar parte del acervo de nociones que el hombre natural
rechaza. Sin embargo, cualquiera puede entender que cuando el hombre deja
de ser hombre exterior, comienza a ser hombre interior
o espiritual, y en consecuencia, a advertir que el deleite
celestial es interno y espiritual, y no externo y natural;
y puesto que es interno y espiritual, es más puro
y exquisito, y afecta a la interioridad del hombre perteneciente
a su alma o espíritu. Con sólo tomar en cuenta estas cosas,
cualquiera puede inferir que su deleite es tal como ha sido
anteriormente el deleite de su espíritu; y que el deleite
del cuerpo, llamado deleite de la carne, comparativamente, no es
celestial; y asimismo que todo lo que contiene el espíritu del
hombre cuando abandona su cuerpo permanece en él después de la
muerte, ya que entonces vive como hombre espíritu.
(396)
Todos los deleites emanan del amor, pues lo que
el hombre ama lo siente como deleitable. Nadie siente un deleite
que tenga otro origen. De ello se sigue que tal como es el amor,
tal es el deleite. Los deleites del cuerpo o de la carne proceden
en su totalidad del amor de sí mismo y del amor del mundo;
se trata, por tanto, de concupiscencias y placeres derivados
de ellas; en cambio los deleites del alma o espíritu manan
en su totalidad del amor al Señor y del amor
al prójimo, de manera que son afectos por el bien y
la verdad y satisfacciones interiores. Estos amores y sus
deleites llegan desde el cielo por influjo del Señor, y por
una vía interna; es decir, proceden del nivel superior y afectan
la interioridad; por su parte los otros amores y sus deleites,
manan de la carne y del mundo por una vía externa, es decir,
proceden del nivel inferior y afectan la exterioridad. Por tanto,
en la medida en que estos dos amores celestiales son recibidos y
se sienten, la interioridad del hombre —que pertenece a su alma
o espíritu, y que mira desde el mundo hacia el cielo — es develada;
mientras que a medida que los dos amores del mundo son recibidos y
se sienten, su exterioridad — que pertenece al cuerpo o
la carne, y que mirando hacia el mundo vuelve la espalda
al cielo — se despliega. Así como los amores fluyen y son
recibidos, así también fluyen los deleites; los deleites del cielo en la
interioridad, y los del mundo en la exterioridad; ya que todo
deleite, según se ha indicado antes, pertenece al amor.
(397)
El cielo, de por sí, está tan colmado
de deleites que visto en sí mismo no es otra cosa que dicha
y deleite; porque el bien Divino que mana del amor Divino del
Señor crea el cielo, en general y en particular,
en cada ser; y el amor Divino es un deseo de lograr
la salvación y la felicidad de todos, íntima y plenamente.
De modo que el cielo y el júbilo celestial, vienen a ser
una misma cosa.
(398)
Los deleites del cielo son inefables
e innumerables; pero aquel que está inmerso en los meros deleites
corporales o carnales no puede sentir el más mínimo de esos
innumerables deleites; ni tampoco creer que existan; dado que su interioridad
—según se ha dicho antes— se aparta del cielo y mira hacia
el mundo, es decir, hacia atrás. Pues aquel que está sumido
en los deleites del cuerpo o de la carne, o lo que viene
a ser lo mismo, en el amor de sí mismo y del mundo,
sólo experimenta deleite en la consecución de honores, en el
lucro, y en los placeres del cuerpo y de los sentidos, los cuales
extinguen y sofocan los deleites interiores que pertenecen al cielo,
llegando incluso a destruir toda creencia en ellos; de manera
que si se le dijera que cuando se dejan de lado los
deleites que proporcionan los honores y el lucro, se perciben nuevos
deleites, no podría salir de su asombro; máxime al enterarse
de que estos deleites celestiales que recibe, y que ocupan
el lugar de aquéllos, son innumerables, y de tal naturaleza, que
resulta imposible compararlos con los deleites del cuerpo y de la carne,
que son principalmente los deleites que proporcionan los honores y
el lucro. Todo ello pone en claro porqué se desconoce qué
es el júbilo celestial.
(399)
Uno puede percibir cuan grande debe ser
el deleite del cielo a partir del hecho de que el deleite
de todos sus habitantes consiste en compartir sus propios deleites
y bendiciones con los demás; y siendo éste el carácter
de los habitantes de los cielos, es evidente que el deleite
del cielo es inconmensurable. Según se ha indicado antes
(Nº 268), en los cielos existe una comunión de todos con
cada uno y de cada uno con todos. Esta comunión mana de los dos
amores del cielo que según se ha dicho, son el amor
al Señor y el amor hacia el prójimo; y la comunión
del deleite es la verdadera naturaleza de estos amores. Tal
es el amor al Señor porque el a-mor del Señor
es el amor de compartir con los demás todo lo que se tiene,
y es el deseo de lograr la felicidad de todos. Quienes aman
al Señor sienten este amor, porque el Señor está
en ellos; y de ahí procede la comunión de deleites entre
los ángeles. Tal es la naturaleza del amor hacia el prójimo, como
se verá a continuación. Todo lo cual, demuestra que la naturaleza
de estos amores consiste en compartir sus deleites. El amor
de sí mismo substrae y priva a los demás de todo deleite,
reteniéndolo para sí, puesto que sólo desea su propio bien; mientras que
el amor del mundo quiere apropiarse de lo que pertenece
al prójimo. De manera que estos amores son destructivos del deleite
ajeno; y si comparten algo, es en provecho propio y no de los
demás. Así que en lo que atañe al prójimo, estos amores
no tienden a compartir, sino a despojar; salvo en el caso
de que los deleites de los demás satisfagan su egoísmo. Que ésta
es la índole de los amores de sí mismo y del mundo, cuando
prevalecen, es algo que me fue dado percibir mediante experiencia
directa. Cada vez que los espíritus que sintieron esos amores cuando vivían como
hombres en el mundo, se aproximaban, mi deleite cesaba, y
se extinguía; y pude saber que cada vez que los tales
se aproximan a alguna sociedad celestial, el deleite de sus
miembros se atenúa gradualmente a medida que se acercan; y
lo que es verdaderamente asombroso: entonces, los espíritus malignos
obtienen su deleite. Todo ello arroja luz sobre el estado
de espíritu de semejante tipo de persona mientras habita
en su cuerpo, que es el mismo que experimenta después de desprenderse
del cuerpo: anhela y codicia los deleites o bienes ajenos.
Lo cual pone de manifiesto que los amores de sí mismo y del
mundo tienden a destruir el júbilo celestial; siendo, por tanto,
diametralmente opuestos a los amores celestiales, que lo que desean
es compartir.
(400)
Pero es preciso entender que el deleite que
obtienen los que gozan del amor de sí mismo y del amor del mundo
cuando se aproximan a alguna sociedad celestial, es el deleite
de su concupiscencia, a-sí que es diametralmente opuesto
al deleite del cielo. Los tales, obtienen e-se deleite concupiscente
privando y despojando del suyo a quienes gozan del deleite celestial.
Cuando no privan ni despojan a éstos de su deleite
celestial, la situación cambia, ya que entonces ni siquiera
pueden acercarse; en cuanto lo intentan, les sobreviene una angustia
y un dolor, de manera que rara vez se atreven a hacerlo.
Esto también me fue dado comprobarlo mediante una larga experiencia; sobre
este punto, desearía hacer una acotación. Los espíritus que parten de este
mundo hacia la otra vida aspiran introducirse en el cielo por sobre
todas las cosas. Casi todos, procuran hacerlo convencidos de que para
introducirse en el cielo, basta con ser admitido y recibido. Para
satisfacer su deseo, se los conduce a una sociedad del cielo
inferior; pero a los que se regocijan en el amor de sí
mismos y en el amor del mundo, apenas se aproximan al primer
umbral del cielo, los invade una angustia y un suplicio interior tan
hondos, que sienten el infierno dentro suyo y no el cielo; por
lo que huyen de allí precipitadamente, y hasta que no se
encuentran en el infierno con sus congéneres, no hallan sosiego.
A menudo, estos espíritus han sentido deseos de conocer
el júbilo celestial, y habiendo oído que habita en la
interioridad de los ángeles, pretendieron participar de él.
Lo cual les fue concedido, puesto que a un espíritu que aún
no ha ingresado ni al cielo ni al infierno se le concede
todo lo que desea; siempre que sea provechoso para él. Pero apenas
se les comunicó ese júbilo, sintieron un suplicio; y a causa del
dolor, comenzaron a retorcer su cuerpo convulsivamente. Vi como
inclinaban la cabeza hacia abajo, hacia los pies, arrojándose
al suelo de inmediato, y allí se enroscaban como
serpientes; todo ello a causa del íntimo suplicio que experimentaban. Tal
es el efecto que produce el júbilo celestial a quienes están
inmersos en el amor de sí mismo y el amor del mundo; debido
a que estos amores son diametralmente opuestos a los amores
celestiales, y cuando los opuestos se enfrentan, la consecuencia
es el dolor. Puesto que como el deleite celestial llega por una vía
interior y fluye hacia el deleite opuesto, la interioridad, que
está inmersa en este deleite, se trastorna, adoptando una posición
antagónica: de ahí los tormentos descriptos. Se trata de deleites
opuestos por lo que se ha expresado más arriba: el amor
al Señor y el amor al prójimo desean compartir todo
lo suyo con los demás, pues en ello reside su deleite, pero
el amor de sí mismo y el amor del mundo pretenden despojar
a los demás y apoderarse de lo ajeno; y en la proporción
en que logran su cometido, obtienen su deleite. A partir
de lo cual puede inferirse qué es lo que separa al infierno del
cielo; puesto que todos los moradores del infierno, durante su vida
en el mundo estuvieron inmersos en los deleites del cuerpo y
de la carne por amor de sí mismos y del mundo; mientras que los
habitantes del cielo, durante su paso por el mundo sintieron los
deleites del alma y del espíritu por amor al Señor y por
amor al prójimo; y como estos amores se oponen, los infiernos
y los cielos están totalmente separados; y tan cierto es esto,
que un espíritu habitante del infierno no se anima a poner
un solo dedo fuera de allí, ni a asomar la cabeza;
ya que en cuanto lo hace, le sobreviene un dolor y
un tormento. Cosa que también pude presenciar.
(401)
El que está inmerso en el amor de sí mismo
y en el amor del mundo, durante su vida en el cuerpo percibe una
sensación deleitable en estos amores y en los placeres específicos
derivados de estos amores. Pero quien vive en el amor
al Señor y en el amor hacia el prójimo, durante
su vida en el cuerpo no experimenta ninguna sensación
de deleite en estos amores o en los buenos afectos derivados
de ellos, sino una suerte de bendición que apenas si se percibe,
puesto que yace latente en la interioridad, se halla velada por
la exterioridad perteneciente al cuerpo y se ve atenuada por los
afanes del mundo. De todas maneras después de la muerte
se produce una mutación total en el estado de estas personas.
Los deleites del amor de sí mismo y del amor del mundo, degeneran
en algo doloroso y atroz; se transforman en el llamado
fuego infernal, y a través de mutaciones, se tornan
en cosas sucias y sórdidas que corresponden a sus placeres
inmundos; y lo que es realmente asombroso: se deleitan con
ellas. En cambio el levísimo deleite y la casi imperceptible
bendición que experimentaban aquellos que durante su vida en el mundo
amaron al Señor y al prójimo, se tornan en deleite
celestial; y se percibe y se siente a plenitud, ya que
entonces la bendición latente, que permanecía relegada a
su interioridad cuando vivían en el mundo, es develada, y
se manifiesta claramente en la sensación; puesto que así había sido
el deleite de su espíritu; y en el otro mundo, están en el
espíritu.
(402)
Todos los deleites del cielo confluyen y
se manifiestan en los usos, porque los usos son los bienes
de amor y caridad en que viven los ángeles; de manera que
los deleites de cada cual, concuerdan con los usos que desempeña,
y con el grado de su afecto por el uso. Que todos los
deleites del cielo, son deleites de uso, puede inferirse de una
comparación con los cinco sentidos. A cada sentido le es inherente
un deleite que armoniza con su uso; la vista, el oído,
el olfato, el gusto, y el tacto, poseen cada cual su propio
deleite; la vista brinda un deleite que emana de la belleza;
el deleite del oído emana de los sonidos armoniosos; el del
olfato, de los o-lores gratos; el del gusto, de los sabores
exquisitos. Quienes se dedican al estudio del tema, conocen los usos
específicos que desempeñan los sentidos; en especial aquellos que
están familiarizados con la ciencia de las correspondencias.
El deleite de la vista, procede del uso que brinda al intelecto:
la vista interior; el deleite del oído, procede del uso que presta tanto
al intelecto como a la voluntad: la atención; el deleite
del olfato, del uso que presta al cerebro, y asimismo a los
pulmones; el del gusto, del uso que presta al estómago, y por
ende a todo el cuerpo, mediante la nutrición. El deleite
del amor conyugal, que es algo así como un sentido del tacto (aunque
más puro y exquisito), sobrepuja a todos los demás por su uso,
que es la procreación del género humano, y por tanto, de los
ángeles del cielo. Estos deleites son inherentes a los sentidos por
influjo del cielo; donde todo deleite se relaciona con su uso,
y depende del mismo. angeles-luz.es
(403)
Ciertos espíritus, fundándose en una opinión
adquirida en el mundo, suponían que la dicha celestial consiste
en una vida ociosa en la que uno es servido por los demás; pero
se les hizo saber que la felicidad no consiste
en abstenerse de trabajar, obteniendo satisfacción por ello.
De ser así, todos desearían retener para sí la felicidad de los
demás; pero si esto es deseado por todos, no es asequible
a nadie. Tal tipo de vida, sería ociosa e inactiva,
y paralizaría las energías vitales. Y es cosa sabida que sin una vida
activa no hay felicidad posible, y que el reposo es nada
más que una recreación para poder retomar las actividades con más vigor. Luego,
se les hizo ver a estos espíritus —y ello de distintas maneras—
que la vida angélica consiste en hacer buenas obras de caridad,
que en realidad son usos; y que en el uso, los ángeles hallan
toda su felicidad: en el uso, por el uso y según
el uso. A los que suponían que el júbilo celestial consistía
en llevar u-na vida ociosa, aspirando bocanadas de eternal deleite
en la letargía, les fue dado percibir a qué se reduce ese tipo
de vida; para que se avergonzaran de sus suposiciones; entonces,
percibieron que en ella todo goce se extingue, cosa que al poco
tiempo produce fastidio y repugnancia.
(404)
Ciertos espíritus, que se consideraban más
instruidos que los demás, afirmaron que durante su vida en el mundo,
habían supuesto que el júbilo celestial consistiría exclusivamente
en alabar y loar a Dios, y que eso sería llevar una vida
activa. Pero a éstos se les informó que alabar y cantar loas
a Dios no es en absoluto una vida activa, puesto que Dios
no necesita de alabanzas y loas; y que lo que
El desea es que los hombres desempeñen usos, vale decir, que
realicen las buenas obras llamadas bienes de caridad. Pero basándose
en los bienes de caridad, a estos espíritus les resultaba
imposible concebir la menor noción acerca del júbilo celestial, sólo
captaban el concepto de servidumbre; sin embargo, según
el testimonio de los ángeles, se trata de un júbilo
eminentemente libre, pues emana de un afecto interior, y está unido a
un deleite inefable.
(405)
Casi todos los que pasan a la otra vida, suponen
que el infierno es igual para todos, lo mismo que el cielo;
sin embargo, en ambos casos la variedad y diversidad son
infinitas; jamás el cielo o el infierno son exactamente iguales para
una y otra persona; del mismo modo que es imposible que
un hombre, espíritu o ángel, sea exactamente igual a otro;
ni siquiera en lo que respecta al rostro. Ante la sola idea
de que dos seres fuesen símiles exactos o idénticos, los ángeles
se horrorizaron, observando que toda unidad está formada por la combinación
armónica de muchas cosas, y que la unidad es tal como
es la combinación; y que de esa forma, una entera sociedad
celestial, conforma una unidad; y que ello procede solamente del
Señor a través del amor. En los cielos, se da asimismo
una total variedad y diversidad de usos, y jamás el uso que
presta una persona es idéntico al que desempeña otra,
ni la dicha de una, idéntica a la de la otra. Por otra
parte, los deleites que brinda cada uso son innumerables, y estos
innumerables deleites son también variados; sin embargo, la conjunción que
establecen entre sí es tan ordenada que se complementan como los usos
de cada miembro, órgano y víscera en el cuerpo; especialmente
como los usos de cada vaso y fibra en cada miembro, órgano
y víscera; ya que todos ellos se hallan vinculados entre
sí de modo tal que el bien del otro es su propio bien, viendo
a-sí el bien de cada uno en todos, y el de todos
en cada uno. Y en virtud de este aspecto universal
e individual, actúan como un solo ser.
(406)
Algunas veces, he hablado con ciertos espíritus
recién llegados del mundo sobre la condición de la vida eterna,
afirmando al respecto, que es muy importante saber quién es el
Señor del Reino, qué clase de gobierno hay en él, y cuál
es su forma. Pues si al ingresar a un reino en el mundo,
lo más importante es saber quién y cómo es el rey, cuál
es el tipo de gobierno vigente, y otros detalles referentes
al reino, con mayor razón lo será al ingresar en este
Reino, en donde se ha de vivir por toda la eternidad.
Agregué, por tanto, que sería conveniente que supiesen que él que rige
el cielo y el universo es el Señor, pues quien rige
a uno rige al otro; y que habían ingresado al Reino del
Señor; y que las leyes del Reino son verdades eternas, y que
todas ellas están fundadas en la ley que preceptúa amar
al Señor por sobre todas las cosas y al prójimo como a
sí mismo; y todavía más, puesto que si han de ser como los
ángeles, deben amar al prójimo más que a sí mismos. Al oír esto
no atinaron a responder nada, ya que a pesar de ha-ver
oído algo similar durante su vida en el cuerpo, jamás le dieron
crédito; entonces se preguntaban: ¿ cómo era posible semejante
amor en el cielo, y quién sería capaz de amar a su prójimo
más que así mismo ? Pero se les hizo saber que en la otra vida
todo bien crece inconmensurablemente, y que si bien durante
su vida en el cuerpo, no pueden ir más allá de amar
al prójimo como a sí mismos porque están inmersos en las cosas
del cuerpo, cuando se desprenden del mismo, su amor se purifica
hasta tornarse angélico; y el amor angélico consiste en amar
al prójimo más que a sí mismo. Dado que en el cielo se goza
haciendo el bien a los demás, en cambio no se halla ningún
goce en el beneficio propio si ello no redunda en provecho
de los demás, es decir, en interés de los semejantes.
En esto consiste amar al prójimo más que a sí mismo. Se les
hizo saber que ese amor existe en estado latente en el mundo,
y que se manifiesta en el amor conyugal, el cual
ha impulsado a algunos a ofrendar su vida para proteger a
su pareja ante un peligro; en el amor de los padres por sus
hijos: como en el caso de una madre que prefiere pasar hambre antes
de permitir que su hijo la padezca; en la amistad sincera,
por la que un amigo puede exponerse para librar a otro
de un riesgo; e incluso en la amistad mundana y fingida,
que es un simulacro de la verdadera amistad, cuando se ofrecen
las mejores cosas a quienes aparentemente se desea el bien, por
más que esa buena voluntad quede nada más que en los labios, sin llegar
al corazón; y por último, en la naturaleza misma del amor, que
se regocija sirviendo a los demás, y no en provecho propio, sino
de los demás. Pero todo esto resultó incomprensible a quienes
se amaron a sí mismos más que a los demás, y en la vida del
cuerpo sintieron avidez de lucro; y muy especialmente a los
avaros.
(407)
Cierto espíritu, que en la vida del cuerpo había
ejercido poder sobre otros, retenía en la otra vida la voluntad
de regir; pero se le hizo saber que ahora se encontraba
en otro reino, que era eterno, y que su poder en la tierra
ya había fenecido; y que en el sitio en que
se encontraba actualmente solamente sería estimado según su bondad
y veracidad, y según la misericordia recibida del Señor
durante su vida en el mundo; y que en este reino ocurría lo mismo
que en el mundo, donde los hombres son estimados por su riqueza
y por el favor que los príncipes les dispensan; sólo que aquí,
la riqueza está constituida por el bien y la verdad; y
el favor dispensado por los príncipes, es la misericordia que
el hombre recibe del Señor de a-cuerdo con la vida que
haya hecho en el mundo. Y que cualquier deseo de regir por otros
medios haría de él un rebelde, ya que ahora se encontraba
en otro reino. Al oír esto, se sintió sumamente avergonzado.
(408)
He hablado con ciertos espíritus que suponían que
el cielo y el júbilo celestial consistían en la preeminencia;
pero a éstos se les informó que en el cielo el más humilde
es superior a los demás, puesto que se llama humilde
a quien no tiene, ni desea tener, ningún poder o sabiduría
por sí mismo, sino sólo bajo el influjo del Señor;
y quien es más humilde en tal sentido, goza de la felicidad
suprema; y puesto que goza de la felicidad suprema, se desprende
que es superior a los demás, porque recibe todo su poder del
Señor y sobrepuja a los demás en sabiduría.
¿ Y qué es ser superior a los demás, sino
es ser el más feliz de todos ? Porque la felicidad
suprema es lo que buscan los poderosos a través del poder y los
ricos a través de las riquezas. Por lo demás, se les hizo
saber que el cielo tampoco consiste en procurar ser el más
humilde para poder ser superior a los demás, pues ello implicaría que uno
aspira y codicia ser superior a los demás, sino que consiste
en desear de corazón el bien de los demás antes que
el propio, y en servir a los demás procurando su felicidad;
no con afán de recompensas, sino por amor.
(409)
El júbilo celestial en sí mismo, tal como
es en su esencia, es indescriptible, porque reside en lo
más íntimo de la vida de los ángeles, y se disemina
en todos sus pensamientos y afectos; y a partir de ellos,
en todos los detalles de su lenguaje y de sus actos.
Es como si su interioridad estuviese plenamente develada
y despejada para poder recibir de-leites y bendiciones que
se difunden por todas las fibras, es decir, por doquier. Así,
la percepción y sensación de júbilo es tan inmensa que
resulta indescriptible, pues aquello que emerge de lo más íntimo fluye
hasta en sus más imperceptibles derivaciones, difundiéndose en forma
creciente hacia la exterioridad. Espíritus benignos que aún no han sentido
ese júbilo, porque no han sido elevados al cielo; apenas perciben
un vislumbre de esa sensación de júbilo que brota de la
esfera de los ángeles, son arrebatados por un deleite tan inmenso,
que entran en una especie de trance de placer. Esto les acontece
a veces a quienes desean saber qué es el júbilo celestial.
(410)
Aciertos espíritus, que también deseaban conocer
el júbilo celestial, les fue concedido percibirlo hasta un punto
en que ya no pudieron resistirlo; con todo, no se trataba del
pleno goce angélico; era angélico, pero en ínfimo grado; cosa que pude
percibir pues me fue dado compartirlo, y en realidad era tan leve que
resultaba prácticamente insípido; sin embargo aseguraban que era celestial
en grado supremo, porque para ellos era un íntimo júbilo. Ello
me permitió comprender no sólo que existen grados de júbilo
celestial, sino que el íntimo júbilo de una persona, apenas
si alcanza el nivel del más exterior o del intermedio
de otra; y asimismo que cuando uno recibe su propio íntimo
júbilo, accede a su júbilo celestial, no pudiendo ya resistir
un grado más interior, pues se torna en algo doloroso.
(411)
Ciertos espíritus, que no eran malignos, y
se hallaban sumidos en un estado de reposo similar
al sueño, fueron transportados al cielo en cuanto a
la interioridad de su mente; debido a que antes de que
su interioridad esté develada, los espíritus pueden ser elevados
al cielo, e instruirse acerca de la felicidad de sus
habitantes. Los observé en ese estado de reposo durante aproximadamente
media hora; luego, recayeron en su exterioridad —su estado anterior—
y evocaron lo que habían visto. Afirmaron haber estado en medio
de los ángeles del cielo, donde habían visto y percibido cosas
maravillosas; todas ellas esplendentes, como si fuesen de oro, plata
y piedras preciosas; y de admirable hechura y variedad;
señalando que a los ángeles, las cosas externas en sí mismas
no les producían ningún deleite, obteniéndolo en cambio de las
cosas internas que aquéllas representan; las cuales eran Divinas en grado
inefable, y encerraban una sapiencia infinita, y que en ellas
hallaban su júbilo; amén de innumerables cosas más que las lenguas
humanas no podrían describir ni en una diezmilésima parte, y que
tampoco pueden ser captadas por medio de nociones que participan
de lo material.
(412)
Casi todos los que ingresan en la otra vida
ignoran en qué consisten la bendición y la felicidad
celestiales, porque no saben qué es el júbilo interno;
la percepción que tienen al respecto, deriva exclusivamente del goce y regocijo
mundanos; para ellos, aquello que ignoran es como si no existiese;
aunque en realidad, el regocijo corporal y mundano, sea
comparativamente nulo. A fin de que los espíritus probos, que ignoran
qué es el júbilo celestial, puedan conocer y comprender
su naturaleza, se los lleva en primer lugar a una región
paradisíaca que trasciende todo lo que la imaginación pueda concebir.
Entonces, suponen que han arribado al paraíso celestial; pero se les
hace saber que la verdadera dicha celestial no reside allí; y les
es dado captar los estados de júbilo interiores perceptibles
en el más íntimo grado; entonces, entran en un estado de paz que
se difunde hasta en lo más íntimo de su ser; en ese
instante, confiesan que lo que sienten es inexpresable e inconcebible.
Finalmente acceden a un estado de inocencia, en su grado más
íntimo. Y así les es concedido saber en qué consiste
el auténtico bien espiritual y celestial.
(413)
Para que pudiese comprender la naturaleza del
cielo y del júbilo celestial, el Señor me ha concedido
el don de percibir, con frecuencia y durante mucho tiempo, los
deleites y regocijos celestiales; pero aunque haya podido experimentarlos
directamente, de ninguna manera puedo describirlos. Con todo, y para
que sea posible al menos formarse una noción al respecto,
me referiré brevemente al tema. El júbilo celestial, es un
afecto compuesto de innumerables deleites y goces que, tomados
en su conjunto, ofrecen el aspecto de un conglomerado;
y este conglomerado, es decir, este afecto general, está compuesto
de innumerables armonías afectivas que no llegan a la percepción
nítidamente, sino en forma obscura; dado que la percepción
es una facultad sumamente general. No obstante, me fue dado
percibir que contiene innumerables cosas ordenadas en una disposición
indescriptible, debido a que fluyen del orden del cielo. Hasta los más
ínfimos detalles particulares de cada afecto, aparecen y son
percibidos como una sola cosa extremadamente general, según la capacidad
de cada individuo. En una palabra, cada afecto general contiene
infinitos afectos dispuestos en forma supremamente ordenada;
no incluyendo nada que no sea vida, y que no afecte
a todos y a cada uno desde lo más íntimo: porque los goces
celestiales fluyen de lo más íntimo. Percibí también que el júbilo y
el éxtasis parecía provenir del corazón, difundiéndose con sublime
suavidad por todas las fibras más íntimas; y por medio de éstas,
en todos los grupos de fibras; suscitando una sensación tal
de deleite que se diría que cada fibra no es o-tra cosa que
júbilo y éxtasis; y toda percepción y toda sensación, parecían
vivificarse por la felicidad en sí misma. Comparado con estos goces,
el goce que proporcionan los placeres corporales es como una mota
de polvo crasa y áspera en relación a un aura pura
y levísima. Asimismo he notado que cuando quería transferir
mi deleite a otra persona, fluía continuamente un deleite más
interior y más pleno en su lugar; y cuanto más lo deseaba,
más intenso se hacía; y pude percibir que éste era un don que
procedía del Señor.
(414)
Quienes están en el cielo se acercan perpetuamente
a la primavera de la vida, y su proximidad a una primavera
jubilosa y feliz es mayor según los millares de años que
viven; y esto por toda la eternidad y en forma creciente según
la intensidad y grado de su amor, caridad y fe. Las mujeres
que han muerto en la vejez, marchitadas por la edad, si vivieron
en la fe al Señor, en la caridad hacia el prójimo y
en el amor conyugal con su marido, con el paso de los
años, se acercan cada vez más a la flor de la juventud
y a la adolescencia femenina, adquiriendo una belleza tal que excede
toda beldad vista en al tierra. La bondad y la caridad confieren
esa forma, manifestando así su propio símil; haciendo que el júbilo y
la hermosura de la caridad resplandezcan hasta en la más ínfima
partícula de su rostro, determinando que sean las efigies vivientes
de la caridad. Quienes pudieron contemplarlas, quedaron maravillados.
La forma viviente de la caridad que se hace visible en el
cielo, es la caridad en sí misma; que da forma y
es formada; y ello hasta tal punto que se diría que
el ángel en su integridad es una efigie viviente de la
caridad; sobre todo su rostro. Esto se ve y se percibe
nítidamente. Cuando esta forma se contempla, su indecible hermosura
suscita caridad en las fibras vitales más íntimas de la mente.
En una palabra, en el cielo, envejecer es rejuvenecer. Quienes
vivieron en el amor al Señor y en la caridad hacia
el prójimo, en la otra vida se transfiguran en tales formas
o bellezas. Los ángeles son esas formas, plasmadas en variedad
infinita; y por ellos el cielo está conformado.
(43)
Capítulo
XLIII
LA INMENSIDAD DEL CIELO
(415)
La inmensidad del cielo se evidencia
en muchas de las cosas que se han dicho y expuesto
en los capítulos precedentes; especialmente en esto: el cielo
procede del género humano (Nº 311 -317); tanto de aquellos
nacidos dentro de la iglesia como de aquellos nacidos fuera
de ella (Nº 318-328); de manera que está constituido por
todos aquellos que llevaron una buena vida desde que ésta surgió en la
tierra. Quienquiera que posea alguna noción acerca de las zonas, regiones
y reinos en que está dividida la tierra, puede colegir cuan
grande es la multitud de hombres que pueblan este mundo. Haciendo
un cálculo, hallará que cada día mueren varios millares de hombres,
es decir, unas miríadas de millones por año; y ello desde
los primeros tiempos; tras los cuales han transcurrido unos cuantos miles
de años. Todos ellos después de la muerte han pasado
al otro mundo, llamado mundo espiritual; y a él siguen llegando
constantemente. Cuántos de entre éstos han llegado a ser ángeles,
o llegarán a serlo, es cosa imposible de precisar. Esto
es lo que pude saber: en los tiempos antiguos el número era muy
grande; ya que entonces los hombres pensaban de un modo más interior
y espiritual, y en virtud de ese modo de pensar, poseían
una afectividad celestial; pero en las épocas subsiguientes ese número fue
disminuyendo, porque con el paso del tiempo los hombres se tornaron
más exteriores y comenzaron a pensar más naturalmente; y a causa
de este modo de pensar, contrajeron una afectividad terrenal. Todo
lo cual, evidencia cuan inmenso es el cielo; y ello basándose
nada más que en los habitantes de esta tierra.
(416)
La inmensidad del cielo del Señor, también
se desprende de lo siguiente: todos los niños, ya sea
nacidos dentro de la iglesia, ya fuera de ella, son adoptados
por el Señor y se tornan en ángeles; y su número
abarca la cuarta o quinta parte de todo el género humano
que habita en la tierra. Que todo niño, dondequiera que haya
nacido, ya sea dentro o fuera de la iglesia, de padres píos
o impíos, es recibido por el Señor al morir, y
se le instruye y se le instilan los afectos del bien, y a través
de éstos los conocimientos de la verdad, en armonía con
el orden Divino; y que a medida que se perfecciona
en inteligencia y sabiduría se lo conduce al cielo y
se torna en ángel, puede cotejarse más arriba (Nº 329-345).
A partir de ello puede inferirse cuan grande es la multitud
de ángeles que pueblan el cielo; tomando en cuenta nada más que
a los de esta procedencia desde el principio de la creación
hasta nuestros días.
(417)
La inmensidad del cielo del Señor,
se evidencia asimismo en lo siguiente: Todos los planetas visibles
de nuestro sistema solar son tierras; el universo entero está poblado
de innumerables tierras, todas ellas colmadas de habitantes. Este
tema ha sido examinado especialmente en un pequeño tratado
acerca de las tierras del universo, del que extraeré el siguiente
pasaje:
"Es cosa notoria en la otra vida que hay numerosas tierras habitadas por hombres que devienen espíritus y ángeles; allí, a cualquiera que, inspirado por el amor a la verdad y al uso, desee hablar con espíritus de otras tierras, se le concede hacerlo, de forma que pueda cerciorarse de que existe una pluralidad de mundos, y enterarse de que el género humano no procede de una sola tierra, sino de innumerables tierras. Con frecuencia he conversado sobre el tema con espíritus de nuestra tierra, quienes me di-jieron que cualquier persona inteligente debería saber, por múltiples razones, que es evidente que hay numerosas tierras habitadas por hombres; ya que es razonable concluir, que esos cuerpos inmensos, llamados planetas, no son moles vacías creadas al sólo efecto de ser impelidas por el espacio; girando alrededor del sol; emitiendo su leve luz en beneficio de u-na sola tierra, sino que deben estar destinadas a un uso más excelente. Quien crea, como corresponde, que la Divinidad creó el universo con la finalidad de que el género humano pudiese existir (y el cielo a partir de él, ya que el género humano es el seminario del cielo), debe creer necesaria-mente que allí donde hay una tierra, allí hay hombres. Que aquellos planetas que son visibles a nuestros ojos, puesto que se hallan dentro de los límites del sistema solar, son tierras, se evidencia en el hecho de que son cuerpos compuestos de materias terrestres, dado que reflejan la luz del sol; y cuando se los observa con telescopios, no se distingue un resplandor flameante como en las estrellas, sino que ofrecen el aspecto de tierras; con zonas más oscuras que otras; al igual que nuestra tierra, giran alrededor del sol y siguen la vía del zodíaco, suscitando así los años y las estaciones; además, como nuestra tierra, rotan alrededor de su eje, produciendo los días y las horas del día: la mañana, el mediodía, el crepúsculo y la noche; algunos de ellos tienen lunas, denominadas satélites, que giran alrededor de su respectiva tierra por períodos regulares, como lo hace la luna alrededor de nuestra tierra; mientras que el planeta saturno, que se encuentra a una mayor distancia del sol, está circundado por un anillo luminoso que le proporciona abundante luz, aunque se trate de una luz reflejada. ¿ Quién que sepa todo esto, y sea capaz de pensar racionalmente, puede aseverar que los planetas son cuerpos vacíos ? Asimismo, hablando con los espíritus, les he dicho que el hombre podría inferir que en el universo hay más de una tierra, de la inmensidad del cielo sideral; el cual está poblado de innumerables estrellas; siendo cada una de ellas un sol, dentro de su ámbito o sistema, similar al nuestro, aunque de magnitud diferente en cada caso. Quienquiera que considere atentamente esta cuestión, arribará a la conclusión de que un todo tan inmenso necesariamente tiene que ser un medio para la consecución de un fin; y este fin es el Reino Celestial; morada de la Divinidad, de los ángeles y de los hombres. Ya que el universo visible, o el cielo, iluminado por innumerables estrellas (que son otros tantos soles), es nada más que un medio cuya finalidad es la existencia de tierras habitadas por hombres, de quienes el Reino Celestial procede. A partir de ello, un hombre racional debe extraer necesariamente la conclusión de que un medio tan inmenso para un fin supremo, no puede haber sido creado en beneficio de los hombres de una sola tierra. ¿ Qué habría de significar esto para una Divinidad infinita, ante quien miles e incluso miríadas de tierras —todas ellas colmadas de habitantes— son poco menos que nada ? Hay espíritus cuyo único propósito es adquirir conocimientos; por lo que les es dado peregrinar, e incluso transportarse de nuestro sistema solar a otros para poder adquirir conocimientos. Estos espíritus, que proceden del planeta Mercurio, me informaron que hay tierras habitadas por hombres no sólo en este sistema solar, sino también fuera de él; en el cielo sideral, y que su número es inmenso. Si se calcula que hay un millón de tierras en el universo, y en cada una de ellas trescientos millones de hombres, y doscientas generaciones en seis mil años, y un espacio de tres anas cúbicas a disposición de cada hombre o espíritu, la suma total de esa multitud de hombres o espíritus no colmaría el espacio de esta tierra; apenas si rebasaría el espacio de uno de los satélites en órbita alrededor de cada planeta; espacio tan minúsculo en la vastedad del universo, que resulta prácticamente imperceptible; ya que un satélite a duras penas puede divisarse por el ojo desnudo. ¿ Qué ha de ser esto para el Creador del universo ?, sería lo mismo que nada, aun si el universo estuviese totalmente colmado, ya que El es infinito. He conversado sobre el tema con los ángeles, quienes afirmaron poseer una idea similar acerca de la exigüidad del género humano en comparación a la infinitud del Creador. Si bien, el pensamiento de los ángeles deriva de los estados espirituales, y no participa del espacio; y según su concepción, varias miríadas de tierras no serían absolutamente nada a los ojos del Señor".
Las tierras del universo, sus habitantes y los espíritus y ángeles que proceden de ellos, se examinan en la obra mencionada más arriba. Lo que allí se relata me ha sido revelado y manifestado a fin de que se sepa que el cielo del Señor es inmenso, y que procede en su integridad del género humano; y que asimismo nuestro Señor es reconocido en todas partes como Dios del cielo y de la tierra.
(418)
Por otra parte la inmensidad del cielo del
Señor se manifiesta en lo siguiente. El cielo en su
conjunto refleja a un solo Hombre, estando en correspondencia con
todas y cada una de las cosas del hombre; correspondencia que
no se ha de agotar jamás, puesto que no se limita solamente
a los miembros, órganos y vísceras del cuerpo en general, sino
que se extiende también a todas y cada una de las pequeñas
vísceras y pequeños órganos que hay dentro de aquéllos; hasta
la más ínfima partícula, incluyendo cada vaso y cada fibra; y
no se detiene aquí, pues comprende también a las substancias
orgánicas que reciben el influjo del cielo por vía interior, de donde
proceden las actividades interiores del hombre que son útiles a las
operaciones de su mente. Puesto que aquello que existe interiormente
en el hombre, existe bajo la forma de substancia: nada existe
sino en una substancia como su propio agente. Hay una correspondencia
de todas estas cosas con el cielo, según puede comprobarse en el
capítulo relativo a la correspondencia de todas las cosas del cielo
con todas las cosas del hombre (Nº 87-102). Esta correspondencia
jamás puede agotarse, pues cuanto más nutridas son las congregaciones angélicas
que corresponden a cada miembro, más perfecto es el cielo; porque
en los cielos, toda perfección se acrecienta, a medida que
se acrecienta su número. Y la causa de ello es que
en el cielo existe un solo fin, y todos sus habitantes
lo persiguen en forma unánime; ese fin es el bien común;
y cuando éste reina, el bien de cada individuo deriva del bien
común; y del bien de cada individuo, deriva el bien de la
comunidad. Esto es así porque el Señor dispone que todos los
habitantes del cielo se vuelvan hacia El (ver arriba,
Nº 123), determinando que haya unanimidad en El. Que
la unanimidad y la concordia entre muchos, sobre todo teniendo tal
origen y tal vínculo, produce la perfección, es cosa que
cualquier persona de disposición racional medianamente esclarecida puede
advertir claramente.
(419)
Asi mismo me ha sido dado contemplar
la extensión del cielo habitado e inhabitado; y la extensión del
cielo inhabitado aparentemente era tan vasta que no podría llegar
a colmarse por toda la eternidad; incluso en el caso de que
hubiesen miríadas de tierras, y en cada tierra una multitud
de hombres tan numerosa como la de nuestra tierra. (Sobre este punto
véase el tratado acerca de las Tierras del Universo, Nº 168).
(420)
Que el cielo no es inmenso, sino
de una extensión limitada, es una conclusión que algunas personas han
extraído de ciertos pasajes de la Palabra comprendidos según su sentido literal; por ejemplo, de aquellos donde se afirma que
en el cielo sólo los pobres son admitidos; o sólo los elegidos;
o los miembros de la iglesia, pero no quienes no pertenecen
a ella; o exclusivamente aquellos por quienes intercede
el Señor; que el cielo ha de clausurarse una vez colmado,
y que esa fecha está prefijada. Pero estos individuos ignoran que
es imposible que el cielo sea clausurado, y que no hay
fecha prefijada, ni una admisión limitada; pues se designa como
"elegidos" a quienes viven en el bien y la verdad; y
se llama "pobres" a los que, a pesar de no tener
conocimientos del bien y la verdad, desean adquirirlos; a quienes,
a causa de tal deseo, también se los llama
"hambrientos". Aquellos que se han forjado la noción
de un cielo de proporciones limitadas (por no comprender
la Palabra), suponen que el cielo está en un lugar determinado,
en el cual se congregan todos sus habitantes; pero la realidad
es que está constituido por innumerables sociedades (ver arriba,
Nº 41, 50). Los tales se imaginan que el cielo le es
concedido a cada cual por misericordia inmediata; como si la admisión
y recepción fuese una cuestión de mero beneplácito; no alcanzan
a comprender que el Señor guía a todo aquel que
lo acepta, por misericordia; y lo acepta quien rige su vida por
las leyes del orden Divino, que son los preceptos del amor y la fe;
y que el significado de esta misericordia es ser guiado por
el Señor desde la infancia hasta la última etapa
de la vida en el mundo; y después, por toda la eternidad.
Es conveniente, por tanto, que se sepa que todo hombre nace para
el cielo, en donde es admitido aquel que recibe el cielo
en sí mismo durante su vida en el mundo, quedando excluido aquel
que no lo recibe.
(II)
EL MUNDO
DE LOS ESPÍRITUS,
el estado del hombre
después de la Muerte
(44)
Capítulo
XLIV
QUÉ ES EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS
(421)
El mundo de los espíritus no es
el cielo ni es el infierno, sino un sitio o estado
intermedio entre los dos; éste es el primer lugar al que arriba
el hombre después de la muerte; de donde, luego
de transcurrido cierto tiempo, parte para ser elevado hacia el cielo
o para ser arrojado al infierno; según la vida que haya llevado
en el mundo.
(422)
El mundo de los espíritus es un lugar
intermedio entre el cielo y el infierno, siendo asimismo
un estado intermedio que experimenta el hombre después de la
muerte. Según me fue dado observar, no sólo se trata de un
sitio intermedio —debajo del cual se hallan los infiernos, estando los
cielos por encima del mismo— sino que es asimismo un estado
intermedio, puesto que mientras el hombre se encuentra en él,
no está ni en el cielo ni en el infierno.
El estado del cielo en el hombre, lo establece
la conjunción del bien y la verdad dentro suyo; y el estado del
infierno, la conjunción de la maldad y la falsedad dentro suyo.
Cuando el bien entra en conjunción con la verdad en un
hombre espíritu, éste ingresa al cielo, porque esa conjunción —según
se ha dicho recién— es el cielo dentro suyo; pero cuando
la maldad entra en conjunción con la falsedad en un hombre
espíritu, éste se introduce en el infierno, porque esa conjunción
es el infierno dentro suyo. Dicha conjunción se establece en el
mundo de los espíritus, mientras el hombre se encuentra
en un estado intermedio. Da exactamente lo mismo decir
conjunción del intelecto y la voluntad que conjunción del bien y
la verdad. angely-sveta.ru
(423)
Primero nos referiremos a la conjunción del
intelecto y la voluntad, que viene a ser lo mismo que conjunción
del bien y la verdad, conjunción que se establece en el mundo
de los espíritus. El hombre está dotado de intelecto
y voluntad. El intelecto recibe verdades y cobra forma
a través de ellas, y la voluntad recibe bienes y cobra
forma a través de ellos; de modo que a aquello que
el hombre entiende y piensa según su intelecto lo llama
verdadero; y a aquello que el hombre quiere y piensa según su voluntad,
lo llama bueno. Según su intelecto el hombre puede pensar y, por
ende, percibir, tanto lo que es verdadero como lo que
es bueno; y sin embargo, piensa lo que es verdadero
y bueno según su voluntad únicamente cuando lo quiere y
lo hace. Cuando quiere hacer algo, y lo lleva a la práctica
mediante la voluntad; entonces ese algo está en su intelecto y
en su voluntad, y por tanto en el hombre. Porque ni el
intelecto ni la voluntad por sí solos hacen al hombre, sino
el intelecto y la voluntad juntos; por consiguiente, lo que está
en los dos, está en el hombre y pasa a formar parte
de él. Aquello que sólo está en el intelecto, si bien está
en él, no es real; es nada más que un objeto de su
memoria, o un mero dato recogido por su memoria, en el cual
puede pensar exteriormente, cuando se halla acompañado, pero
no interiormente cuando está a solas; vale decir, sobre el cual
puede discurrir y argüir simulando afectos y gestos compatibles.
(424)
Esta aptitud para pensar según su intelecto sin
hacerlo al mismo tiempo según su voluntad le ha sido dada
al hombre a fin de que pueda reformarse; dado que el hombre
se reforma por medio de verdades, y las verdades pertenecen
al intelecto, como recién se ha dicho. Puesto que en lo que a
su voluntad se refiere, el hombre posee una propensión innata
a todo género de maldades; de modo que por sí mismo,
no desea el bien a nadie, sino solamente el propio;
y quien desea exclusivamente el bien propio, se deleita con
la desgracia ajena, sobre todo cuando redunda en su provecho;
su máximo anhelo reside en acaparar para sí todos los bienes de los
demás, ya sean honores o riquezas; y en la medida en que
logra su designio, se regocija íntimamente. A fin de que
la voluntad del hombre se enmiende y reforme, a éste
le es dada la aptitud de entender verdades, y
de domeñar por medio de ellas los afectos malignos que manan
de la voluntad. Por eso el hombre posee la aptitud
de pensar verdades con su intelecto, y de expresarlas
y llevarlas a la práctica. Pero el hombre no es capaz
de pensar según su voluntad hasta haber templado su carácter
al punto de que cuando quiere una verdad la pone por obra
de por sí, es decir, de corazón. Cuando el hombre llega
a ser de tal carácter, todo lo que piensa según
su intelecto pertenece a su fe, y todo lo que piensa según
su voluntad pertenece a su amor. Y por consiguiente, su fe
y amor, así como su intelecto y voluntad, entran
en conjunción dentro suyo.
(425)
En la medida, por tanto, en que las
verdades del intelecto y los bienes de la voluntad entran
en conjunción, vale decir, en la medida en que el hombre
quiere las verdades y las pone por obra por medio de su voluntad,
en tal medida posee el cielo dentro suyo, ya que
la conjunción del bien y la verdad —según se ha dicho antes—
es el cielo. Por otra parte, en la medida en que las falsedades
del intelecto y las maldades de la voluntad entran
en conjunción, en tal medida posee el infierno dentro suyo,
puesto que la conjunción de la falsedad y la maldad es el
infierno. Pero hasta que las verdades del intelecto y los bienes de la
voluntad no entren en conjunción, el hombre se encuentra
en un estado intermedio. Actualmente, casi todos los que
se encuentran en ese estado poseen algún conocimiento de las
verdades; y a partir de su conocimiento y comprehensión,
reflexionan sobre las mismas; adaptándose a ellas mucho, poco, o nada;
o actuando contra ellas por amor del mal y la falsa fe derivada.
A fin de que el hombre pueda tener dentro suyo el cielo o
el infierno, después de la muerte se lo conduce primeramente
al mundo de los espíritus; allí, la verdad y el bien entran
en conjunción en quienes han de ser elevados al cielo, y
el mal y la falsedad en quienes han de ser arrojados
al infierno. Puesto que, así en el cielo como en el infierno,
a nadie se le permite tener una mente dual, esto es, entender una
cosa y querer otra; sino que cada cual debe entender lo que quiere,
y querer lo que entiende. De manera que en el cielo quien
quiere el bien entiende la verdad; mientras que en el infierno,
el que quiere el mal, entiende la falsedad. Debido a
lo cual en el estado intermedio, las falsedades de los buenos
son suprimidas, y reciben verdades que concuerdan y armonizan con
su bondad; y las verdades de los malos son suprimidas,
y reciben a cambio falsedades que concuerdan y armonizan con su maldad.
Todo ello pone de manifiesto qué es el mundo de los espíritus.
(426)
En el mundo de los espíritus hay multitud
de seres, porque el primer punto de reunión de todos
es allí; donde se lleva a cabo la exploración
y preparación de todos. El tiempo de permanencia
en este mundo no es fijo; a algunos, se los lleva
al cielo o se los arroja al infierno tan pronto como ingresan;
otros permanecen solamente unas pocas semanas; otros unos cuantos años,
aunque nunca más de treinta. Estas diferencias en el tiempo de permanencia
dependen de la correspondencia, o de la falta de ella, entre
la interioridad y la exterioridad del hombre. A continuación,
referiremos de qué modo el hombre es conducido de un estado
a otro en ese mundo, y cómo se lleva a cabo
su preparación.
(427)
Después de la muerte, en cuanto los hombres
ingresan al mundo de los espíritus, el Señor establece
una clara distinción entre ellos: los malignos entran inmediatamente
en contacto con la sociedad infernal a la cual estuvieron
vinculados en el mundo a través de su amor predominante;
y los buenos entran inmediatamente en contacto con la sociedad
celestial a la cual estuvieron vinculados en el mundo a través
de su amor, caridad y fe. Y a pesar de estar así divididos,
todos aquellos que han sido amigos y allegados durante la vida del
cuerpo; especialmente esposas y esposos, así como hermanos
y hermanas, se reúnen y conversan cuando así lo desean.
He visto a un padre conversar con sus hijos, a quienes
reconoció; y he visto a muchos otros en compañía
de sus parientes y amigos; pero como por el tipo de vida
que llevaron en el mundo, su índole es diversa, después
de un breve período se separan. En cambio aquellos que,
procedentes del mundo de los espíritus, han pasado al cielo o
al infierno, dejan de verse o ya no se reconocen;
a menos que posean una disposición similar derivada de un amor
similar. En el mundo de los espíritus pueden verse unos a otros,
pero no en el cielo o en el infierno, porque aquellos que están
en el mundo de los espíritus pasan sucesivamente por estados
similares a los que experimentaron en la vida del cuerpo,
si bien, más tarde, todos arriban a un estado permanente que
concuerda con su amor predominante; y en ese estado, uno reconoce
a otro exclusivamente por afinidad de amor; ya que entonces,
la similitud une, en cambio la disimilitud separa (ver arriba,
Nº 41-50).
(428)
Como el mundo de los espíritus es un
estado intermedio entre el cielo y el infierno, por el cual pasa
el hombre, es asimismo una región intermedia; por debajo de ella
se encuentra el infierno, y encima está el cielo. Todas las
vías de acceso de los infiernos a ese mundo permanecen cerradas;
sólo se ven unas aberturas, como cavidades o grietas, similares
a las que hay en las rocas; y ciertas brechas espaciosas que
se hallan rigurosamente vigiladas, al extremo que nadie puede
trasponerlas sin permiso, el cual es concedido únicamente
en casos de apremiante necesidad (a este punto nos referiremos
enseguida). El cielo también está cerrado por todas partes;
no habiendo ningún paso franco hacia ninguna sociedad celestial, salvo por
una vía estrecha cuya entrada también está custodiada. A estas salidas
y entradas en la Palabra se las denomina portales y puertas
del infierno y del cielo.
(429)
El mundo de los espíritus tiene el aspecto
de un valle situado entre montañas y peñas, con recodos
y elevaciones aquí y allá. Los portales y puertas de las
sociedades celestiales son visibles sólo para aquellos que están preparados
para el cielo; los demás no pueden divisarlas. En el mundo
de los espíritus hay una entrada hacia cada sociedad celestial,
a través de una vía que en su ascenso se ramifica
en varias. Del mismo modo, los portales y las puertas del infierno
sólo son visibles para los que están listos para ingresar en él, ante
quienes se abren de par en par. Al abrirse, se divisan
como unos antros tenebrosos y caliginosos, que descienden oblicuamente
hacia el abismo; donde también hay numerosas puertas. De estos antros
emanan hedores nauseabundos y fétidos, de los que huyen los espíritus
benignos, puesto que les producen repugnancia; en cambio los espíritus
malignos se sienten atraídos por ellos, porque les producen deleite.
Ya que así como en el mundo cada cual se deleitó con
su propia maldad, así también después de la muerte cada cual
se deleita con el hedor que corresponde a dicha maldad.
En este sentido, los seres malignos pueden compararse a las aves
rapaces y a las bestias: como los cuervos, lobos y cerdos, que vuelan
y corren hacia la carroña y el estiércol apenas perciben
su hedor. Oí a cierto espíritu profiriendo alaridos, como
si fuese víctima de una íntima tortura, al percibir
un efluvio celestial; sin embargo se tranquilizó y se sintió
regocijado apenas percibió un efluvio infernal.
(430. Para todo hombre hay dos puertas; una que conduce al infierno, y se abre hacia el mal y su falsedad; otra que conduce al cielo, y se abre hacia el bien y su verdad. Los que viven en el mal y su falsedad, dentro suyo tienen abierta la puerta que da al infierno; y solamente a través de resquicios en el nivel superior les llega un haz de luz celestial, y gracias al influjo de esta luz pueden pensar, razonar y hablar; pero la puerta que da al cielo está abierta para quienes moran en el bien y la verdad. Ya que hay dos vías que conducen a la mente racional del hombre; una superior o interna, por donde ingresan el bien y la verdad del Señor, y otra inferior o externa, por donde se introduce el mal y la falsedad infernal. La mente racional propiamente dicha se halla en un punto intermedio en el que estas dos vías confluyen. De modo que en la medida en que recibe la luz del cielo, el hombre es racional, pero en la medida en que no la recibe no lo es, por más que así lo considere. Esto ha sido dicho a fin de que se sepa en qué consiste la correspondencia que se establece entre el hombre, el cielo y el infierno. Mientras que la mente racional del hombre está en formación, se halla en correspondencia con el mundo de los espíritus; lo que está por encima de ella, se halla en correspondencia con el cielo, y lo que está por debajo, con el infierno. En quienes están preparándose para el cielo, los niveles situados por encima de la mente racional, se develan, pero los que están por debajo se cierran al influjo del mal y la falsedad; en cambio en aquellos que están preparándose para el infierno, los niveles que están por debajo de la mente racional, se develan, y los que están por encima se cierran al influjo del bien y la verdad. De manera que estos últimos sólo pueden mirar hacia lo que está por debajo de ellos, es decir, hacia el infierno; mientras que los anteriores, sólo pueden mirar a lo que está por encima de ellos, esto es, hacia el cielo. Mirar hacia arriba es mirar al Señor, porque es el centro común hacia el cual tienden todas las cosas del cielo; en cambio mirar hacia abajo es darle la espalda al Señor, mirando hacia el centro opuesto, hacia el cual tienden todas las cosas del infierno, (ver arriba, Nº 123, 124).
(431)
Cada vez que en las páginas precedentes
se hace mención de los espíritus, se alude a quienes
residen en ese mundo; pero cuando se menciona a los ángeles,
se alude a los habitantes del cielo.
(45)
Capítulo
XLV
INTERIOMENTE TODO HOMBRE
ES UN ESPÍRITU
(432)
Quién que examine detenidamente esta cuestión, puede
advertir que no es el cuerpo el que piensa —puesto que
es material— sino el alma, que es espiritual. El alma del
hombre, sobre cuya inmortalidad tanto se ha escrito, es su espíritu,
ya que éste es inmortal en todas y cada una de sus
partes. El es quien piensa en el cuerpo, porque es espiritual; y
lo que es espiritual recibe a lo espiritual y vive
espiritualmente, que no es otra cosa que pensar y querer.
De manera que toda la vida racional que se manifiesta en el
cuerpo, pertenece al alma y no al cuerpo; porque el cuerpo
—según se ha dicho recién— es material; y lo material, que
es propio del cuerpo, está añadido y en apariencia cuasi
ligado al espíritu, a fin de que el espíritu del hombre
pueda vivir y desempeñar usos en el mundo natural, en el
cual todas las cosas son materiales y están desprovistas de vida.
Y como sólo lo espiritual tiene vida, ya que lo material
carece de ella, es evidente que lo que vive en el hombre
es su espíritu, el cual se sirve del cuerpo así como una fuerza
viviente que tiene moción se sirve de algo instrumental.
Y efectivamente, se dice que un instrumento opera, se mueve,
o golpea; pero creer que éstos son actos del instrumento y no de
quien opera, mueve o golpea a través del instrumento, es caer
en una falacia.
(433)
Como todo aquello que tiene vida en el cuerpo,
y que gracias a esa vida actúa y siente, pertenece exclusivamente
al espíritu, ya que el cuerpo carece de. ella, de ello
se sigue que el espíritu es el hombre mismo; o lo que viene
a ser igual: el hombre, considerado en sí mismo, es un
espíritu dotado de forma humana; puesto que todo lo que vive
y siente en el hombre pertenece a su espíritu; y todas
y cada una de las partes del hombre, de la cabeza a los
pies, viven y sienten; en consecuencia, cuando el cuerpo
se separa de su espíritu, se dice que el hombre muere; pero
sigue siendo hombre, y está vivo. He oído decir en el cielo, que
ciertas personas que mueren, mientras yacen en el féretro antes
de resuscitar, en su cuerpo inerte siguen pensando, creyendo que aún
están vivos; sólo que no pueden mover \a menor partícula material
del cuerpo.
(434)
Si el hombre no fuese un agente, que
es substancia y sirve como fuente y receptáculo, no podría
ni pensar ni querer. Toda cosa que se supone que existe aparte
de un agente substancial, nada es. Esto se desprende del hecho
de que el hombre es incapaz de ver sin el órgano que
es el agente de su vista, o de oír sin el órgano que
es el agente de su facultad auditiva. Aparte de estos órganos,
la vista y el oído son nulos; no existen. Lo mismo sucede
con el pensamiento, que es la vista interior, y con
la percepción, que es el oído interior; de no residir
en substancias, que son formas orgánicas y agentes,
su existencia sería nula. Todo lo cual indica que su espíritu
—al igual que su cuerpo— tiene una forma, que es la forma humana; y que
al separarse del cuerpo, goza de órganos sensoriales
y sensibilidad del mismo modo que cuando estaba unido a él;
y que toda la vida del ojo y toda la vida del oído,
en suma, toda la vida sensorial del hombre, no pertenece a
su cuerpo, sino a su espíritu, que habita hasta en las más
imperceptibles partículas de dichos órganos. Por eso los espíritus ven,
oyen y sienten, al igual que los hombres. Dado que una vez que
el espíritu se ha desprendido del cuerpo, los sentidos
se ejercitan en el mundo espiritual y no en el' mundo natural.
Las sensaciones naturales que el espíritu percibía mientras residía
en el cuerpo derivan de la parte material adherida a él; pero
entonces también tenía sensaciones espirituales en su pensamiento
y voluntad.
(435)
Todo esto se ha dicho para que el hombre
racional pueda cerciorarse de que —considerado en sí mismo—
el hombre es un espíritu; y que la parte corpórea. que
le ha sido añadida a fin de que pueda desempeñar
sus funciones en el mundo natural y material, no es
el hombre, sino sólo un instrumento de su espíritu. Pero
el testimonio de la experiencia es más elocuente, puesto que hay
muchas personas que no pueden comprender argumentos racionales; y los
que se aterran al punto de vista opuesto, ponen en duda
tales argumentos mediante argucias fundadas en las falacias de los
sentidos. Quienes se aterran al punto de vista opuesto, están
habituados a pensar que las bestias viven y sienten igual que
el hombre, y que, por tanto, están dotadas de una parte
espiritual igual que el hombre, aunque esa parte muera con el cuerpo.
Pero el factor espiritual no es el mismo en las bestias que
en el hombre; puesto que el hombre posee algo que no tienen las
bestias: un nivel íntimo hacia el cual fluye la Divinidad,
elevando al hombre hacia sí y determinando que entre
en conjunción Consigo. Por eso el hombre, a diferencia
de las bestias, puede pensar acerca de Dios y las cosas Divinas
del cielo y la iglesia, y amar a Dios en virtud y a
través de ellas, para establecer así una conjunción con El. Aquello que
establece conjunción con la Divinidad no se extingue, pero
lo que no entra en conjunción con la Divinidad
se extingue. A ese algo íntimo que el hombre posee,
a diferencia de las bestias, nos hemos referido anteriormente
(Nº 39); y lo que entonces señalamos, lo repetimos
ahora, ya que es necesario disipar las falacias que pululan
en la mente de muchas personas, quienes por falta
de conocimientos y desidia intelectual son incapaces de extraer
conclusiones racionales al respecto. Transcribimos el párrafo textualmente:
"referiremos un arcano relativo a los ángeles de los tres
cielos, que jamás ha sido penetrado por el hombre, puesto que
la distinción de grados no se ha sabido comprender.
En todo ángel así como en todo hombre hay un grado íntimo
o supremo hacia el cual fluye la Divinidad del Señor originariamente,
o de manera más próxima; y a partir del cual, dispone los otros
niveles de interioridad del ser, que se suceden según los grados del
orden. Este grado íntimo o supremo puede designarse como el ingreso
del Señor en el ángel o hombre, y como Su propia
morada en ellos. Es en virtud de este algo íntimo o supremo
que el hombre es hombre y se distingue de las bestias,
ya que éstas no lo poseen. A esto se debe que
el hombre, a diferencia de los animales, sea capaz —en
lo que concierne a la interioridad de su mente
y disposición— de ser elevado por el Señor hacia El,
de creer en el Señor, de amar al Señor,
de contemplarlo a El, de recibir inteligencia y sabiduría,
y de expresarse según los dictados de la razón. Y por eso puede
disfrutar de la vida eterna. Pero qué es lo que dispone y provee
el Señor en esta íntima interioridad, es algo que ningún
ángel puede percibir claramente, puesto que está más allá de su alcance
intelectual y trasciende su sabiduría. "
(436)
Que en lo que se refiere a su interioridad
el hombre es un espíritu, me ha sido dado comprobarlo
a través de una larga experiencia; y si deseara describirla
en su integridad, llenaría (para utilizar una expresión común)
interminables volúmenes. He hablado con espíritus como espíritu, y
he hablado con ellos como hombre que habita en el cuerpo;
y cuando lo hacía en calidad de espíritu, descontaban que
yo era un espíritu dotado de forma humana al igual que
ellos. Así, mi interioridad se presentaba ante ellos; pero mientras
conversábamos, mi cuerpo material no era visible para ellos.
(437)
Que en lo que a su interioridad
se refiere, el hombre es un espíritu, se desprende del
hecho de que después de la separación del cuerpo, cosa que ocurre
cuando muere, continúa viviendo como hombre igual que antes. A fin
de que pudiese cerciorarme de ello, me fue dado hablar con todos
aquellos que conocí durante su vida en el cuerpo; con algunos por
unas horas, con otros durante semanas y meses, y con otros por
algunos años; y esto principalmente para que pudiese estar seguro,
y ofrezca un testimonio.
(438)
Alo que puede agregarse que todo hombre, en lo
que a su espíritu se refiere, incluso durante su vida en el
cuerpo se halla en compañía de espíritus en alguna
sociedad; por más que no lo sepa. Si es un buen hombre,
se vincula con alguna sociedad angélica a través de espíritus;
si es maligno, con una sociedad infernal; y después de la muerte
pasa a integrar esa misma sociedad. Esto se explica y manifiesta
con frecuencia a quienes se reúnen con espíritus después de la
muerte. El hombre no se presenta como espíritu en dicha sociedad
mientras vive en el mundo, ya que entonces piensa naturalmente; salvo
que cuando una persona piensa abstrayéndose del cuerpo, ocasionalmente puede
aparecer en la sociedad a la cual pertenece, pues en este caso
está en el espíritu; y en cuanto aparece allí, se lo distingue
fácilmente de los demás espíritus presentes, porque deambula meditabundo
y silencioso sin mirar a los demás; como si no los viera;
y apenas algún espíritu se dirige a él, desaparece.
(439)
A fin de esclarecer que en lo que
atañe a su interioridad el hombre es un espíritu,
relataré una experiencia que ilustra lo que le ocurre al hombre
cuando se separa del cuerpo, y qué es ser transportado
en espíritu a otra parte.
(440)
Primeramente nos referiremos a la separación del
cuerpo, la cual se verifica del siguiente modo: el hombre entra
en cierto estado intermedio entre el sueño y la vigilia;
cuando se halla en ese estado, se figura que está totalmente
despierto; ya que todos sus sentidos están perfectamente despejados, como
en plena vigilia corporal; tanto la vista como el oído, y
lo que es más admirable, el sentido del tacto también,
el cual es mucho más exquisito que cuando el cuerpo está
despierto. En este estado los espíritus y los ángeles han sido vistos
en forma vivida; se los ha oído, y lo que
es maravilloso: se los ha podido tocar sin que interviniese
la menor parte del cuerpo. Este estado se denomina estado
de separación del cuerpo, en el cual el hombre no sabe
si está dentro o fuera del cuerpo. Me fue dado acceder
a este estado nada más que en tres o cuatro oportunidades,
a fin de que estuviese en condiciones de percibir
su naturaleza, y para que me percatara de que los espíritus
y los ángeles disfrutan de todos los sentidos, y que
lo mismo ocurre con el hombre cuando se separa del cuerpo.
(441)
En lo que se refiere a ser
transportado en espíritu a otra parte, me fue dado saber qué
es por experiencia directa, y también cómo se lleva a cabo,
pero ello solamente en dos o tres ocasiones. Citaré un ejemplo.
Caminando por las calles de una ciudad, y a través del campo;
mientras departía con espíritus, tuve la plena certeza de estar
perfectamente despierto, y en posesión del sentido de la vista igual
que siempre. Así, proseguí mi caminata sin desviarme, gozando en todo
momento de una visión nítida; contemplando arboledas, ríos, palacios,
casas, hombres y muchas cosas más. Pero luego de andar así por unas
horas, súbitamente advertí que me encontraba en otra parte. Quedé
pasmado al darme cuenta que había pasado por el mismo estado que
experimentan aquellos de quienes se dice que fueron transportados
en espíritu a otra parte. Puesto que en tal estado no se
tiene noción de distancia, aunque se hayan recorrido muchas millas;
ni de tiempo, por más que transcurran muchas horas o días; tampoco
se siente fatiga; y uno es conducido certeramente por vías
ignoradas hasta arribar al lugar señalado.
(442)
Estos dos estados por los que pasa el hombre,
que son los estados que experimenta cuando esta en su interioridad, o
lo que es igual, cuando está en su espíritu, son
extraordinariamente inusuales; pero como se trata de estados
ya conocidos dentro de la iglesia, me fueron exhibidos con
el solo objeto de que pudiese conocer su naturaleza.
Si bien, desde hace ya unos cuantos años, me ha sido dado
hablar con los espíritus, y alternar con ellos como uno más, incluso
en plena vigilia del cuerpo.
(443)
Que en cuanto a su interioridad
el hombre es un espíritu, puede verificarse con más amplitud
en lo que se ha dicho y expuesto más arriba (Nº 311
-317), donde se explica que el cielo y el infierno proceden del
género humano.
(444)
Que el hombre es un espíritu en cuanto
a su interioridad significa que lo es en cuanto a
su pensamiento y voluntad, pues estas facultades constituyen
la interioridad que determina que el hombre sea hombre, dependiendo
su índole de dicha interioridad.
(46)
Capítulo
XLVI
LA RESURRECCIÓN DEL HOMBRE
DE ENTRE LOS MUERTOS
Y SU INGRESO EN LA VIDA ETERNA
(445)
Cuando el cuerpo ya no puede desempeñar
sus funciones en el mundo natural, funciones que corresponden a los
pensamientos y afectos propios del espíritu (que éste recibe del mundo
espiritual); entonces, se dice que el hombre muere. Lo cual
sobreviene cuando la respiración pulmonar cesa y el corazón deja
de latir. Sin embargo el hombre no muere, sino que
se desprende de la parte corpórea que le fue útil en el
mundo; pero él mismo sigue viviendo como hombre. Se dice que
el hombre mismo sigue viviendo porque el hombre no es hombre por
su cuerpo, sino por su espíritu; pues el pensamiento
es función del espíritu del hombre, y el pensamiento junto con
el afecto hacen al hombre. De lo que se desprende que
la muerte del hombre no es nada más qué su paso de un mundo
a otro. Por eso en el sentido interno de la Palabra, "muerte" significa la resurrección y la continuación de la
vida.
(446)
Existe una íntima comunicación del espíritu con
la respiración y los latidos del corazón: de su pensamiento con
la respiración, y de su afecto, que emana del amor, con
el corazón. En consecuencia, cuando la moción de ambos
en el cuerpo cesa, se verifica en el acto una separación. Estos
dos movimientos, la respiración de los pulmones y los latidos
del corazón, son los nexos vitales, y una vez disueltos, el espíritu
queda librado a sí mismo; y el cuerpo, al verse privado
de la vida de su espíritu, se enfría y se pudre. Esta
íntima comunicación del espíritu del hombre se establece con
la respiración y con e| corazón porque de ellos dependen todas
las mociones vitales; no sólo en general, sino también en cada
singular detalle.
(447)
Después de verificada dicha separación,
el espíritu del hombre permanece en el cuerpo durante un breve
período, que se prolonga hasta que el funcionamiento del corazón cesa
definitivamente; cosa que ocurre en forma variada según la afección
que determina la muerte; en algunos la moción cardiaca persiste
por un tiempo, en otros el lapso es más breve.
En cuanto esta moción cesa, el hombre resuscita; pero ello
es obra exclusiva del Señor. La resurrección es el
desprendimiento del espíritu del cuerpo y su introducción en el
mundo, espiritual. Esto es lo que comunmente se designa como
resurrección. El espíritu no se separa del cuerpo hasta que cesa
la moción cardiaca debido a que el corazón corresponde
al afecto del amor, el cual constituye la vida misma del hombre,
puesto que todo ser deriva su calor vital del amor; por tanto, mientras
dura esta conjunción, la correspondencia se mantiene, y la vida
del espíritu en el cuerpo prosigue.
(448)
No sólo se me explicó cómo se verifica esta
resurrección, sino que también me fue dado comprobarlo por experiencia
directa. Experiencia a la que se me permitió acceder a fin
de que pudiese formarme un concepto cabal del proceso.
(449)
Entré en una suerte de estado de insensibilidad
en lo que a los sentidos corporales se refiere, es decir,
un estado bastante similar al de los moribundos; aunque debo destacar
que la vida interior y el pensamiento permanecían intactos, a fin
de que percibiera y retuviera en la memoria las cosas que
me habrían de ocurrir, que son las mismas que experimentan quienes
resuscitan de entre los muertos. Pude percibir que la respiración del
cuerpo se extinguía en forma casi total; mientras que
la respiración interior del espíritu proseguía, en conjunción con una
tácita respiración corporal. Entonces se estableció la primera
comunicación del pulso cardíaco con el reino celestial, debido a que
ese reino corresponde al corazón del hombre. Enseguida pude observar
a los ángeles de ese reino; algunos a lo lejos, y dos que
estaban sentados a mi cabecera. De modo que me vi eximido
de mi propia afectividad, si bien mi pensamiento
y percepción permanecían intactos. Permanecí en tal estado durante
algunas horas. Hasta que los espíritus que se encontraban a mi alrededor,
decidieron apartarse, presumiendo que yo estaba muerto; en ese
instante, percibí un aroma grato, similar al de un cuerpo
embalsamado: ello se debe al hecho de que en cuanto
aparecen los ángeles celestiales, todo lo que rodea al cadáver
se percibe como un aroma grato; y apenas los espíritus
lo perciben, se abstienen de aproximarse. Así es como
se mantiene apartados a los espíritus malignos del espíritu del
hombre cuando éste hace su ingreso en la vida eterna. Los ángeles
sentados a mi cabecera permanecían en silencio, limitándose
a comunicarse mentalmente conmigo; puesto que una vez que sus pensamientos
son captados, los ángeles advierten que el hombre se encuentra
en un estado propicio para iniciar su desprendimiento del cuerpo.
Para comunicarme sus pensamientos me miraban cara a cara, pues tal
es el modo de comunicación de pensamientos en el cielo.
Y como yo conservaba mientras tanto mi capacidad de pensar
y percibir, lo cual me había sido dado a fin de que
pudiese saber y recordar cómo sobreviene la resurrección, percibí que
los ángeles procuraban desentrañar mis pensamientos; pues querían
comprobar si se asemejaban a los de los moribundos, que suelen
centrarse en la vida eterna; y porque deseaban que no apartara
de mi mente esos pensamientos. Más tarde se me hizo saber que
el espíritu del hombre queda unido a su último pensamiento cuando
el cuerpo expira, hasta que vuelve a retomar los pensamientos propios
de su afecto general predominante en el mundo. Me fue dado
percibir y sentir muy especialmente una fuerza de atracción que
arrebataba, por a-sí decirlo, la interioridad de mi mente (de
mi espíritu) del cuerpo; y se me hizo saber que procede del
señor, y que tal es el modo en que acontece la resurrección.
(450)
Los ángeles celestiales que acompañan
al hombre cuando re-suscita, no se alejan de él, puesto que aman
a todos los seres; sin embargo, cuando un espíritu entra en un
estado tal que ya no puede tolerar la compañía de los
ángeles celestiales, procura apartarse de ellos. Entonces llegan los ángeles
del reino espiritual, por medio de los cuales accede al disfrute
de la luz; ya que antes de que esto ocurra, el espíritu
está privado de su vista, limitándose exclusivamente a pensar.
Me fue dado presenciar el modo en que esto se lleva
a cabo. Darla impresión de que los ángeles desplegaran, por así
decirlo, uno de los párpados del ojo izquierdo hacia el puente nasal,
para que el ojo se abra y la persona pueda ver. Esto
es nada más que una apariencia, pero al espíritu le parece que
es algo real. Después de que el párpado aparentemente
ha sido desplegado, se percibe una leve sensación de luz, pero
muy opaca, como la que se percibe a través de los párpados
cuando uno empieza a despertarse. A mis ojos esta luz opaca adquirió
una tonalidad celestial, si bien posteriormente se me hizo saber que
ese color varía. Luego, se siente como si se quitara suavemente
un velo del rostro, y cuando esto acontece, el pensamiento
espiritual despierta. El acto de develar el rostro, también
es una apariencia, que representa el paso del espíritu del
pensamiento natural al pensamiento espiritual. Los ángeles ponen
particular celo a fin que de aquellos que resucitan procedan
exclusivamente ideas inspiradas por el amor. Entonces le comunican
que ya es un espíritu. V cuando éste ha sido iniciado en el goce de la luz,
los ángeles espirituales proveen todos los servicios que el espíritu
novicio requiere en tal estado; instruyéndolo en lo que respecta
a las cosas de la otra vida de acuerdo con su grado
de receptividad. Pero si el espíritu no desea ser instruido,
entonces procura evitar la compañía de los ángeles. Con todo,
los ángeles no lo abandonan, sino que es él quien se aparta
de ellos; puesto que los ángeles aman a todo el mundo;
y por sobre todas las cosas desean prestar servicios, instruir
y conducir a los demás al cielo, pues en ello reside
su deleite supremo. Una vez que el espíritu se ha alejado
de los ángeles, lo reciben los espíritus benignos , y mientras
permanece en su compañía hacen todo lo que está a
su alcance por ayudarlo. Pero si en el mundo ha llevado una
vida de características tales que le impidan disfrutar de la
compañía de los buenos, entonces procura evitar su presencia;
y esta experiencia se reitera hasta que termina confabulándose con
quienes congenian con el tipo de vida que hizo en el mundo; y
en su compañía halla su propia vida, y, lo que
es asombroso, entonces lleva exactamente el mismo tipo de vida
que en el mundo.
(451)
Este estado inaugural de la vida del hombre
después de la muerte, dura unos pocos días. Enseguida explicaremos
de qué manera es conducido posteriormente de un estado
a otro, hasta que por último arriba al cielo o al infierno.
Esto, también, me fue dado comprenderlo a través de una larga
experiencia.
(452)
He hablado con algunas personas tres días después
de su deceso, una vez que el proceso descripto más arriba hubo
concluido (Nº 449-450), especialmente con tres de ellas,
a quienes había conocido en el mundo, haciéndoles saber que
se estaban celebrando las exequias para su sepelio; ante la sola
mención de estas últimas palabras, se llenaron de estupor,
afirmando que lo que estaban sepultando era aquello que les había servido
como instrumento para desempeñar sus funciones en el mundo,
y que ellos estaban vivos. Después declararon que les asombraba
el hecho de no haber creído en la vida después de la muerte
durante su vida en el cuerpo, y sobre todo ante el hecho
de que nadie creyese en ella en el seno de la iglesia.
Quienes no creyeron en el mundo en la vida del alma después
de la vida del cuerpo, al darse cuenta que están vivos,
se avergüenzan enormemente. Pero aquellos que han confirmado
su incredulidad, se confabulan con sus congéneres, manteniéndose
apartados de quienes han tenido fe. Estos —las más de las veces—
se vinculan con alguna sociedad infernal, ya que también han negado a
la Divinidad, abominando de las verdades de la iglesia; porque
en la medida en que uno confirma su incredulidad en la vida
eterna de su alma, también confirma su contraposición hacia todo
lo que concierne al cielo y la iglesia.
(47)
Capítulo
XLVII
EL HOMBRE DESPUÉS
DE LA MUERTE EL HOMBRE POSEE
UNA PERFECTA FORMA HUMANA
(453)
Ya se ha señalado en varios
artículos previos que la forma del espíritu del hombre es la forma
humana; y que el espíritu es un hombre, incluso en su
forma; muy especialmente allí donde se pone de manifiesto que todo
ángel posee una perfecta forma humana (Nº 73-77); y que —en
cuanto a su interioridad— todo hombre es un espíritu
(Nº 432-444); y que los ángeles que pueblan el cielo,
proceden del género humano (Nº 311 -317). Esto se hace aún más
patente en el hecho de que el hombre es hombre
en virtud de su espíritu, y no por su cuerpo; y en que
la forma corpórea se asimila al espíritu en conformidad con
la forma de éste, y no al revés; ya que el espíritu
se reviste de un cuerpo compatible con su propia forma.
De manera que la operación del espíritu del hombre se verifica
en todas las partes del cuerpo, incluso en las más ínfimas; tan
es así, que si alguna de ellas no es activada por
el espíritu, o carece de actividad espiritual, su vida
es nula. Es fácil advertir que ello es así, tomando
en cuenta nada más que este hecho: El pensamiento y la voluntad
operan en todas y cada una de las cosas del cuerpo, y esto
en forma tan consumada que todos sus componentes operan al unísono
bajo su mandato; cualquier elemento discordante es algo ajeno
al cuerpo, siendo desechado como una cosa inerte. Un espíritu que
se ha desprendido del cuerpo, o el espíritu de otro hombre, no se
hacen visibles en forma humana ante el hombre, porque el órgano
de la vista corporal (el ojo), en tanto que ve las cosas
en el mundo, es un órgano material, y lo material no ve
sino lo que es material; en cambio lo espiritual ve a
lo espiritual. Por tanto, cuando la parte material del ojo comienza
a velarse, viéndose privada de su cooperación con la parte
espiritual, los espíritus se hacen visibles en su propia forma, que
no es otra que la forma humana; y no sólo se hacen visibles
los espíritus que habitan el mundo espiritual, sino que también es posible
ver al espíritu de otro hombre cuando aún está en su cuerpo.
(454)
La forma del espíritu es la forma humana porque
el hombre ha sido creado —en cuanto a su espíritu— según
la forma del cielo, puesto que todas las cosas propias del cielo y
su orden confluyen en la constitución de la mente humana:
de ahí proviene su facultad de recibir inteligencia
y sabiduría. La facultad de recibir inteligencia
y sabiduría y la facultad de recibir el cielo vienen
a ser la misma cosa, según se desprende de lo expuesto
acerca de la luz y el calor del cielo (Nº 126-140);
la forma del cielo (Nº 200-212); la sabiduría de los
ángeles (Nº 265-275); y del capítulo donde
se indica que la forma del cielo —en su conjunto y en sus
partes— refleja a un Solo Hombre (Nº 57-77); y ello
en virtud de la Divinidad Humana del Señor: origen del cielo y
su forma (Nº 78-86).
(455)
Un hombre racional puede comprender lo que
se ha dicho recién, ya que puede deducirlo de la relación
causal, y de la disposición de las verdades según su orden; pero
un hombre que no es racional, no lo puede comprender;
y esto por diversas razones, la principal de ellas es que
no desea comprender aquello que se contrapone a las falsedades
que él ha erigido en sus verdades; y quien por tal razón
se niega a comprender, le cierra a su facultad racional
la vía al cielo; si bien ésta puede volver a abrirse cuando
la resistencia de la voluntad cesa (ver arriba, Nº 424).
Que el hombre puede comprender verdades y ser racional, cuando así
lo desea, es algo que me fue dado comprobar a través
de una larga experiencia. A ciertos espíritus malignos, que perdieron
su facultad racional en el mundo a fuerza de negar
la Divinidad y las verdades de la iglesia, habiendo confirmado su repulsa
en numerosas ocasiones, se los indujo, por influjo Divino,
a volverse hacia los que se hallan en la luz de la verdad;
entonces comprendieron todas las cosas como los ángeles, admitiendo que eran
ciertas, y que asimismo eran capaces de comprenderlas en su
totalidad. Pero en cuanto recayeron en su propio yo; reincidieron
en el amor de su voluntad, su capacidad de comprensión
se tornó nula, y aseveraron estrictamente todo lo contrario a
la verdad. He oído, asimismo, a ciertos moradores del infierno decir
que ellos sabían y percibían que lo que hacían estaba mal, y que
lo que pensaban era falso; pero les resultaba imposible resistir
el deleite de su amor, esto es, de su voluntad; la cual
induce a su pensamiento a considerar bueno lo malo,
y verdadero lo falso. Es evidente, entonces, que quienes viven en la
falsedad del mal, si bien pueden comprender y ser racionales,
de todos modos no lo desean; y si no lo desean
es porque han amado a las falsedades más que a las verdades,
ya que estas concuerdan con la maldad en que están sumidos. Amar
y querer es la misma cosa, ya que el hombre ama lo que
quiere, y quiere lo que ama. Y como por su condición los
hombres pueden comprender las verdades si así lo desean, me ha
sido concedido confirmar verdades espirituales, concernientes al cielo y
la iglesia, también a través de razonamientos; y ello
a fin de que las falsedades, que obstruyen la capacidad racional
de tantas personas, sean refutadas por medio de razonamientos,
posibilitando así que abran un poco los ojos; puesto que a todos
aquellos que viven en las verdades, les es permitido confirmar
verdades espirituales por la vía del razonamiento. ¿ Quién
podría entender la Palabra partiendo de su sentido literal
a menos que captase las verdades que encierra en virtud de la
luz de su facultad racional ? ¿ O no es acaso
la carencia de esta luz racional el germen de tantas
herejías derivadas de esa misma Palabra ?
(456)
Que el espíritu del hombre, una vez que
se ha desprendido del cuerpo, sigue siendo un hombre y está
dotado de la misma forma que antes, es cosa que me ha sido dado
comprobar por experiencia cotidiana durante muchos años; puesto que
he visto y oído miles de veces a quienes pasan por este
trance; y he conversado con ellos, haciéndoles notar que los hombres
en el mundo no creen que los espíritus también son hombres;
y que en cambio quienes sí lo creen, son motejados
de simples por los eruditos. Los espíritus lamentan de todo corazón
que semejante ignorancia aún cunda en el orbe; máxime dentro de la
iglesia. Pero esta creencia, afirmaron, fue inducida principalmente por los
eruditos, quienes pensaron acerca del alma basándose en nociones derivadas
de los órganos sensoriales del cuerpo; y partiendo de tales
nociones, arribaron a la conclusión de que el alma era
un mero producto del pensamiento; y cuando ésta es considerada
como una cosa aparte de algún sujeto, en el cual reside y del
cual procede, es nada más que un hálito fugaz de puro éter que
con la muerte del cuerpo necesariamente debe desaparecer. Pero como los
miembros de la iglesia, basándose en la Palabra, creen en la inmortalidad del alma, se ven compelidos a atribuirle
cierto rasgo vital; no obstante ello, niegan que esté dotada
de sensibilidad —tal como la que el hombre posee— hasta tanto
no se haya restituido al cuerpo. En esta opinión se funda
la doctrina sobre la resurrección, en la creencia de que
el alma y el cuerpo se unirán nuevamente el día del juicio
final. Por eso, cuando una persona piensa acerca del alma basándose en tal
doctrina y en tales conjeturas, le es imposible concebir que
es un espíritu y que está dotada de forma humana. Por
lo demás, en nuestros días prácticamente nadie sabe qué es lo
espiritual, y mucho menos que los seres espirituales —que es lo que
son todos los espíritus y los ángeles— tienen forma humana.
En consecuencia, la mayoría de los que arriban procedentes del
mundo, se asombran enormemente al darse cuenta que están vivos,
y que son hombres igual que antes; y que ven, oyen y hablan;
y que su cuerpo goza del sentido del tacto igual que antes, sin
diferencia de ningún tipo (ver más arriba, Nº 74). Y cuando
salen de su asombro, caen en un asombro mayor todavía ante
el hecho de que la iglesia no sepa absolutamente nada sobre
el estado del hombre después de la muerte, sobre el cielo y
el infierno; cuando en realidad todos los que pasaron por
el mundo se hallan en la otra vida, y viven como hombres. Y
al tiempo de que se maravillaban de que esto
no hubiese sido revelado al hombre en visiones, siendo, como es,
una cuestión esencial a la fe de la iglesia, se les informó
desde el cielo que si bien ello podría haber ocurrido, puesto que
nada es más fácil cuando se cuenta con el beneplácito del
Señor, de todos modos, quienes han confirmado su adhesión
a las falsedades opuestas, no lo creerían; aun cuando lo viesen
con sus propios ojos; sin contar que es peligroso confirmar algo por medio
de visiones cuando los hombres están inmersos en la f asedad.
Porque primero creerían en ello para después negarlo, profanando así
la verdad, puesto que creer y después negar es profanar;
y los que profanan las verdades son arrojados al infierno más hondo
y atroz. A este peligro alude el Señor
al decir:
Cegó los ojos de ellos y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y los sane. (Juan XII. 40)
Que aquellos que están sumidos en la falsedad no creerían —aun recibiendo testimonio en visiones— se da a entender en las siguientes palabras:
Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.
Más Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos. (Lucas XVI. 29-31)
(457)
Cuando el espíritu del hombre hace
su entrada en el mundo de los espíritus —lo que ocurre
inmediatamente después de su resurrección, según se ha descripto
anteriormente —su cara y su tono de voz son semejantes a la cara
y tono de voz que tenía en el mundo, pues entonces se halla
en un estado de exterioridad, dado que su interioridad aún
no ha sido develada. Este es el primer estado del hombre después de la muerte. Luego
su rostro se modifica, y se transfigura totalmente reflejando
su afecto o amor predominante; con el cual concordaba
la interioridad de su mente mientras vivía en el mundo, y
su espíritu cuando habitaba en el cuerpo. Debido a que
el rostro del espíritu del hombre es completamente diferente del
rostro de su cuerpo. Su rostro corporal procede de los padres,
pero el rostro de su espíritu emana de su afecto, siendo una
imagen del mismo. Una vez que la vida del espíritu en el cuerpo cesa,
y se desprende de su exterioridad para develar su interioridad,
el hombre asume ese afecto. Este es su segundo estado. He visto
a algunas personas recién llegadas del mundo, y he podido
reconocerlas por su rostro y su manera de hablar; pero cuando
las volví a ver un tiempo después, me resultó imposible
reconocerlas. Quienes tenían afectos benignos, exhibían bellos rostros, pero
los de afectos malignos, tenían rostros deformes; debido a que
el espíritu del hombre —visto en sí mismo— no es otra cosa que
afecto, y el rostro es su forma externa. Hay todavía otra razón que
determina que los rostros se transfiguren: en la otra vida a nadie
le es permitido simular afectos que no siente, ni asumir
un semblante que contradiga su amor. En la otra vida todos pasan
por un estado en el cual deben decir lo que piensan, reflejando
en la mirada y en los gestos la intención de su voluntad.
De ahí, pues, que los rostros de todos pasen a ser imágenes
y efigies de sus afectos; y de ahí, también, que los que
se conocieron en este mundo se reconozcan en el mundo
de los espíritus, pero no en el cielo o en el infierno
(según se ha dicho antes, Nº 427).
(458)
Los rostros de los hipócritas se transfiguran
más lentamente que los de los demás, ya que, a fuerza
de práctica, contrajeron el hábito de componer
su interioridad para simular buenos afectos; por ello, durante
un tiempo considerable su aspecto no es desagradable. Pero como
poco a poco se van desenmascarando, y la interioridad de su
mente asume una fisonomía que concuerda con la forma de sus afectos;
después de un tiempo, adquieren un aspecto monstruoso. Los hipócritas
son esas personas que si bien tienen la costumbre de hablar como
los ángeles, no reconocen a la Divinidad, sino sólo a
la naturaleza, negando de este modo todo lo relativo
al cielo y la iglesia. angely-sveta.ru
(459)
Es conveniente que se sepa que la forma
humana de todo hombre después de la muerte es más bella
en la medida en que haya amado interiormente las verdades Divinas,
viviendo en conformidad con ellas; puesto que la interioridad
de cada cual, se devela y cobra forma de acuerdo con
su amor y su vida; de manera que cuanto más hondo es el
afecto, más se parece al cielo, y más bello es el rostro
que se posee. De ahí que los ángeles del íntimo cielo estén dotados
de suprema belleza, siendo formas de amor celestial. En cambio
quienes han amado las verdades Divinas más superficialmente, habiendo vivido
en conformidad con ellas una vida más exterior, son menos bellos; porque
sus rostros sólo reflejan afectos externos; en ellos no resplandece
el amor celestial interior; ni se trasluce la forma del cielo
tal como es en sí misma. En el rostro de éstos
se percibe algo relativamente oscuro, ya que no se halla
vivificado por la diafanidad que infunde la vida interior.
En una palabra, toda perfección se ahonda hacia la interioridad
y decrece hacia la exterioridad, y toda belleza aumenta o disminuye
de acuerdo con el grado de perfección. He visto rostros
angélicos del tercer cielo incomparablemente radiantes; ningún pintor
recurriendo a todo su arte podría infundir semejante luz a sus
colores, ni igualar siquiera en una milésima parte el esplendor
y la vida que irradiaban aquellos semblantes. En cambio los rostros
de los ángeles del cielo inferior pueden, en cierta medida, admitir
alguna comparación.
(460)
Por último revelaré un arcano hasta hoy
ignorado. Todo bien y verdad que proceden del Señor constituyendo
el cielo tienen forma humana; y ello no sólo en lo que
respecta al conjunto y a las cosas máximas, sino también en lo
que atañe a cada parte y á las cosas mínimas; esta forma,
asimismo, afecta a todo aquel que recibe el bien y la verdad del
Señor, determinando que todo habitante del cielo esté dotado
de forma humana de acuerdo con su recepción del bien y
la verdad. A esto se debe que el cielo sea semejante a
sí mismo en general y en particular, y que la forma
humana sea la forma del conjunto, de cada sociedad y de cada
ángel (según se ha indicado en cuatro capítulos, desde
el Nº 59 al 86); a lo que puede agregarse que ésta
es la forma de los componentes mínimos del pensamiento que emana del
amor celestial de los ángeles. Ningún hombre, de todos modos, puede
comprender fácilmente este arcano; pero los ángeles lo comprenden con
la mayor claridad, porque reciben la luz del cielo.
(48)
Capítulo
XLVIII
DESPUÉS DE LA MUERTE EL HOMBRE
GOZA DE TODOS SUS SENTIDOS;
ESTÁ DOTADO DE MEMORIA,
PENSAMIENTO Y AFECTOS,
Y DE TODAS LAS FACULTADES
QUE DISFRUTÓ EN EL MUNDO,
ABANDONANDO SOLAMENTE
SU CUERPO TERRENAL
(461)
Me fue dado comprobar a través de una larga
experiencia que cuando el hombre pasa del mundo natural al mundo
espiritual, como lo hace al morir, lleva consigo todos sus dones;
todo lo que como hombre le pertenece, salvo su cuerpo Terrenal.
Puesto que cuando el hombre accede al mundo espiritual, o a
la vida después de la muerte, habita en un cuerpo igual que
en el mundo, sin que se note la menor diferencia, ya que
no ve ni percibe ninguna diferencia. Sin embargo, ahora
su cuerpo es espiritual, puesto que sé ha separado
o purificado de todo lo terrenal. Y cuando
lo espiritual toca y ve a lo que es espiritual,
es exactamente lo mismo que cuando lo natural toca y ve a
lo que es natural. De modo que cuando el hombre se ha
transformado en espíritu, supone que habita en el mismo cuerpo que
poseía en el mundo, y por ende, ignora que está muerto. Por
lo demás, el espíritu de un hombre disfruta de todos los sentidos
—externos e internos — que disfrutaba en el mundo; ve igual
que antes, oye y habla igual que antes, huele y percibe sabores;
y cuando lo tocan, siente el tacto igual que antes; también
apetece, desea, anhela, piensa, reflexiona, se conmueve, ama, quiere, tal
como antes lo hacía; y aquel que se deleita en los
estudios, lee y escribe igual que antes. En una palabra, cuando
un hombre pasa de una vida a otra, o de un mundo
a otro, es como si pasara de un lugar a otro; llevando
consigo todos los dones que como hombre poseía; de manera que
al sobrevenir la muerte, que es nada más que la muerte del
cuerpo terrenal, no puede decirse que el hombre pierda algo realmente
suyo. Por otra parte, lleva consigo su memoria natural, reteniendo todo
lo que ha oído, visto, leído, aprendido o pensado en el
mundo desde su primera infancia hasta el final de su vida;
si bien los objetos naturales captados por su memoria como
no pueden ser reproducidos en el mundo espiritual, pasan a
un estado de reposo, tal como sucede cuando uno no piensa
en ellos. Con todo, pueden ser reproducidos cuando el Señor
así lo desea. Pero enseguida acotaremos algo más sobre esta memoria y
su estado después de la muerte. A un hombre sensual
le resulta imposible creer que tal es el estado del hombre después
de la muerte, porque es algo que escapa a su alcance
intelectual; dado que el hombre sensual sólo puede pensar naturalmente
sobre las cosas espirituales; de manera que niega la existencia
de todo aquello que no capta a través de sus sentidos, esto
es, todo aquello que no ve con sus ojos corporales ni toca con sus
manos (como se dice de Tomás, Juan XX. 25, 27, 29). (Qué es el hombre sensual, puede verse más
arriba en el artículo Nº 267).
(462) a)
Sin embargo, existe una gran diferencia entre
la vida del hombre en el mundo espiritual y su vida en el mundo
natural, tanto en lo que se refiere a sus sentidos externos
y afectos, como a sus sentidos internos y afectos. Quienes están
en el cielo gozan de una sensibilidad más exquisita; es decir,
poseen una vista y un oído más finos, y un pensamiento más penetrante
que cuando vivían en el mundo; ya que ellos ven en la luz del
cielo, que sobrepasa en muchos grados a la luz del mundo (ver arriba,
Nº 126); y oyen gracias a la atmósfera espiritual, que
también sobrepasa en muchos grados a la atmósfera terrenal. Esta
diferencia en cuanto a los sentidos externos es como
la diferencia que hay entre la claridad de la luz del sol y
la oscuridad neblinosa, o entre la luz del mediodía y las
sombras del crepúsculo. La luz del cielo, por ser la verdad Divina,
permite a los ojos de los ángeles ver y percibir hasta las más
ínfimas cosas; además, su vista externa corresponde a su vista
interna o intelecto, pues entre los ángeles una vista fluye en la
otra, actuando al unísono; y ello es lo que les otorga
su penetrante capacidad de visión. Asimismo, su oído corresponde
a su percepción, que atañe tanto a su intelecto como a
su voluntad, lo que les permite percibir en el tono de voz
y en las palabras de una persona los más ínfimos detalles de su
afecto y pensamiento; en el tono de voz, todo lo que
concierne a su afecto, y en las palabras todo lo que concierne a
su pensamiento (ver arriba, Nº 234-245). En cambio los
demás sentidos de los ángeles no son tan exquisitos como la vista
y el oído; debido a que la vista y el oído sirven a su inteligencia
y sabiduría, pero los demás sentidos no; puesto que si los demás
sentidos fuesen igualmente exquisitos, desecharían la luz y el goce
de la sabiduría, y se entregarían al goce voluptuoso de los
diversos apetitos y del cuerpo; y en la medida que estos prevalecen,
obnubilan y debilitan el entendimiento. Esto les ocurre a los
nombres en el mundo, donde se vuelven sumamente crasos
y estúpidos en lo que se refiere a las verdades
espirituales, al regodearse en el sentido del gusto y sucumbir
a las tentaciones del sentido del tacto. De lo que se ha dicho
en (Nº 265-275) se desprende que también los sentidos internos
de los ángeles —que atañen a su pensamiento y afecto— son
más perfectos que los que poseían en el mundo. Aunque también hay
diferencias entre el estado que experimentan los moradores del infierno y
el de los habitantes del mundo, dado que así como la perfección
y excelencia de los sentidos externos e internos de los
ángeles en el cielo es inmensa, así también lo es el grado
de imperfección de los moradores del infierno. Pero el estado
qué experimentan éstos será examinado más adelante.
(462) b)
Que cuando el hombre abandona el mundo,
lleva consigo su memoria, es algo que me fue manifestado
de diversas maneras; y algunas de las cosas que he visto
y oído son dignas de mención, de modo que procuraré referirlas
ordenadamente. Ciertos espíritus, negaban los crímenes y atrocidades que
habían cometido en el mundo; en consecuencia, y a fin
de que no se los tuviese por inocentes, todos sus actos se pusieron
al descubierto, siendo tomados de su memoria ordenadamente; desde sus
primeros años hasta los últimos: se trataba principalmente
de adulterios y actos lascivos. Algunos habían engañado
a otros por medio de artificios malignos, perpetrando asimismo fraudes.
Sus ardides y fraudes también fueron enumerados en detalle, muchos
de los cuales sólo fueron conocidos en el mundo por ellos. Tuvieron
que confesar sus tropelías, al ser expuestas a plena luz; incluyendo
todos los pensamientos, intenciones, deleites y temores que ocupaban
su mente en el momento de su ejecución. Vi a otros que
habían sido sobornados y que pronunciaron fallos venales, quienes también
fueron explorados en base a los datos aportados por su memoria;
gracias a los cuales, fue posible recapitular su desempeño
en el ejercicio de sus funciones, de principio a fin. Los
pormenores relativos a qué y cuánto habían recibido, así como también
las fechas, el estado de su mente y la intención que los
animaba, acudieron a su memoria, haciéndose visibles claramente
en número de varios centenares. Esto se llevó a cabo con
unos cuantos; y lo que es admirable, en algunos casos sus
diarios, en los que habían registrado todas estas cosas, fueron abiertos
y leídos ante ellos página por página. Otros que habían pervertido
vírgenes, cometiendo estupro, o que habían violado mujeres castas, fueron
llamados a juicio del mismo modo; y todos los pormenores de sus
crímenes fueron extraídos de su memoria y recapitulados
minuciosamente. Los mismos rostros de las vírgenes y mujeres fueron
exhibidos tal como si estuviesen presentes; así como los lugares, las
palabras empleadas y las intenciones; y ello en forma súbita,
como cuando algo acontece imprevistamente ante nuestros ojos. Estas representaciones,
muchas veces se prolongaban durante horas. Vi a otro individuo que
no reparaba en calumniar a los demás; y me fue dado oír
cómo se recapitulaban ordenadamente sus calumnias y difamaciones, con
las mismas palabras que usó, con la identificación de las personas
aludidas, y de aquellas ante quienes fueron proferidas; todo lo cual
fue puesto al descubierto y exhibido vividamente, a pesar
de que durante su vida en el mundo había ocultado
escrupulosamente todas estas cosas. También estaba presente otro individuo que
había despojado a un pariente de su herencia aduciendo pretextos
dolosos; el cual fue igualmente penado y juzgado; y lo que
es más admirable, las cartas y documentos que intercambiaron
se leyeron en mi presencia, y se comprobó que no faltaba
ni una sola palabra. Esta misma persona, un poco antes de su
muerte, también había envenenado secretamente a su vecino. Esto
se puso de manifiesto de la siguiente manera: se lo veía
cavando una fosa, de la cual se levantaba un hombre que parecía
salir de un sepulcro, clamando: "¿ Qué me has
hecho ?". Tras lo cual todo fue revelado; la forma amistosa
en que el envenenador había conversado con él, habiéndole alcanzado
incluso la copa; todo lo que había acontecido previamente;
y todo lo que tuvo lugar después. Cuando todo esto salió a la luz,
fue sentenciado al infierno. En una palabra, todas las maldades,
infamias, latrocinios, artificios y fraudes de un espíritu maligno
quedan al descubierto al salir a luz los datos tomados
de su propia memoria, lo que permite determinar plenamente su culpabilidad;
y no hay lugar a una negación, puesto que todas las circunstancias
son exhibidas simultáneamente. Por otra parte, examinando la memoria
de un hombre, que se hallaba a la vista de los ángeles
y custodiado por ellos, me fue dado recapitular todo lo que
había pensado durante un mes, día tras día; y ello sin el menor
error. Esta recapitulación incluía minuciosamente todos sus pensamientos tal
como habían sido concebidos día tras día. De estos ejemplos
se desprende que un hombre lleva consigo su memoria; y que
no hay nada que, habiéndose ocultado en el mundo, no sea
revelado después de la muerte; lo cual tiene lugar ante
la presencia de muchas personas, según las palabras del Señor:
Porque no hay nada encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto que no haya de saberse.
Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas. (Lucas XII. 2, 3).
(463)
Al develar los actos de un hombre después
de la muerte, los ángeles que tienen la función de indagar,
lo miran cara a cara; la inspección comprende todo
el cuerpo, comenzando por los dedos de cada mano para extenderse
luego al cuerpo en su conjunto. Como no podía salir de mi
asombro, se me explicó que si esto ocurría así, era porque todas las
cosas del pensamiento y la voluntad están inscriptas en el cerebro,
pues allí están sus raíces; estando asimismo inscriptas en todas las
partes del cuerpo, dado que todas las cosas del pensamiento y de la
voluntad se difunden por todo el cuerpo partiendo de sus raíces,
terminando en él como en su plano externo. Debido a lo cual,
todas las cosas que están inscriptas en la memoria y que proceden
de la voluntad y el pensamiento derivado de ella, no sólo
están inscriptas en el cerebro, sino también en todo el hombre;
y allí existen ordenadamente según el orden de las partes del
cuerpo. De tal modo se hizo patente que el hombre es —en
su conjunto— tal como su voluntad y pensamiento; hasta
el extremo de que un hombre maligno es su propia maldad, y
un hombre bueno, su propia bondad. Esto aclara el significado
del Libro de la Vida del hombre, sobre el cual se habla en la Palabra: todas las cosas que el hombre ha hecho y pensado están inscriptas
en él, y al ser tomadas de su memoria, da la impresión
de que fuesen leídas en un libro, y aparecen como en efigie
cuando el espíritu es visto a la luz del cielo. Sobre este punto
deseo agregar algo memorable, que se refiere a la permanencia
de la memoria después de la muerte, lo cual me permitió cerciorarme
de que no sólo los datos más generales, sino también los más ínfimos
detalles captados por la memoria, perduran indeleblemente. He visto
libros que contenían escrituras similares a las que se ven en el
mundo, y me fue dado saber que pertenecían a la memoria
de ciertos escritores, y que en ellos no faltaba
ni una sola palabra de todas las que habían incluido en libros
que habían escrito en el mundo; de manera que me fue dado
comprobar que hasta los más imperceptibles detalles, pueden ser tomados de la
memoria de cada uno, incluyendo aquellos que se han olvidado
en el mundo. Asimismo se me explicó porqué ocurría esto:
el hombre posee una memoria externa y una interna; la externa
pertenece al hombre natural; la interna, al hombre espiritual.
Y todas y cada una de las cosas que el hombre pensó, quiso,
habló, hizo; e incluso las que oyó y vio, están inscriptas en su
memoria interna o espiritual; y todo lo que hay inscripto allí
es indeleble, ya que también está inscripto en su propio
espíritu y en los miembros de su cuerpo, según se ha dicho
antes; y en consecuencia el espíritu se plasma según los
pensamientos y actos de su voluntad. Sé que esto puede sonar
paradójico, y que resulta difícil de creer; y sin embargo,
es así. Que nadie suponga, por tanto, que existe algo que el hombre
haya pensado para sí, o cometido subrepticiamente, que pueda permanecer
encubierto después de la muerte; es conveniente, en cambio, que
se sepa que entonces, todas las cosas serán expuestas como a la luz
del día.
(464)
Si bien el hombre conserva su memoria
externa o natural después de la muerte, las cosas meramente naturales
que ha captado no se reproducen en la otra vida, sino sólo las
cosas espirituales unidas a las naturales por correspondencias;
no obstante lo cual, cuando éstas se hacen visibles, aparecen
exactamente en la misma forma que en el mundo; puesto que todas las
cosas que hay en los cielos tienen la misma apariencia que las del
mundo, si bien en su esencia no son naturales, sino espirituales
(como puede verse en el capítulo referente a las Representaciones
y Apariencias en el Cielo, Nº 17O-176). Pero
la memoria externa o natural, en lo que atañe a sus
datos derivados de lo que es material, del tiempo y del espacio,
y de otras propiedades de la naturaleza, no le es útil
al espíritu tal como lo fue en el mundo; pues en el mundo,
cuando el hombre piensa según su sensibilidad externa, haciendo caso
omiso de su sensibilidad interna, está pensando natural y
no espiritualmente; pero en la otra vida, cuando es un espíritu
que habita en el mundo espiritual, ya no piensa natural sino
espiritualmente, y pensar espiritualmente es pensar en forma
intelectual o racional. Por eso la memoria externa o natural,
en lo que se refiere a su contenido material, se halla
entonces en estado de reposo; y solamente tienen uso aquellos
datos que el hombre asimiló en el mundo, tomándolos de cosas
materiales para procesarlos racionalmente. La memoria externa entra
entonces en un estado de reposo, en lo que se refiere
a las cosas materiales, porque éstas no pueden ser reproducidas,
puesto que los espíritus y los ángeles hablan según afectos
y pensamientos que condicen con su conformación mental; siendo, por
ende, incapaces de pronunciar una sola palabra que no condiga con sus
afectos y pensamientos; según se desprende de lo que se ha
dicho sobre el lenguaje de los ángeles en el cielo, y
su lenguaje cuando hablan con el hombre (Nº 234-257).
De ahí que después de la muerte el hombre sea racional; pero
no según su erudición en Lenguas y Ciencias, sino según
el grado de racionalidad que adquirió a través de tales
conocimientos. He hablado con muchas personas que en el mundo tenían
reputación de eruditas, debido a que estaban familiarizadas con las
Lenguas Antiguas; como ser el hebreo, el griego y el latín;
quienes, sin embargo, no habían cultivado su facultad racional por
medio de lo que estaba escrito en esas lenguas. Muchos de estos
individuos tenían todo el aspecto de ser tan simples como aquellos
que no sabían nada de Lenguas; algunos, parecían incluso estúpidos,
si bien seguían presumiendo que eran más sabios que los demás. Asimismo
he dialogado con otros que durante su paso por el mundo llegaron
a suponer que eran más sabios que los demás, debido a que retenían
mayor cantidad de datos en la memoria; de manera que acopiaron
en su memoria gran cantidad de datos, y al hablar,
se basaban exclusivamente en ella; de lo que se desprende
que no hablaban por sí mismos sino por boca de otros, y que
su racionalidad no fue perfeccionada en absoluto mediante los datos
retenidos por su memoria. Algunos de ellos eran estúpidos, otros
fatuos; incapaces de discernir si una verdad es tal o no lo
es, se adherían en cambio a todas las falsedades que los
autodenominados eruditos hacen pasar por verdades; por sí mismos son incapaces
de distinguir si algo es cierto o no, siendo por tanto
incapaces de la menor percepción racional cuando oyen hablar a otros.
Asimismo he hablado con algunos que han escrito abundantemente sobre
asuntos científicos de toda índole, habiendo adquirido así una reputación
de eruditos a nivel mundial. Algunos de éstos en efecto,
poseían la facultad de razonar sobre las verdades, y
de discriminar si efectivamente lo eran o no; y a
algunos incluso les fue dado captar que las verdades son tales, cuando se volvieron
hacia la luz de la verdad; pero como no los animaba el afán
de comprenderlas, al retomar sus falsedades o al reasumirse a
sí mismos, las negaban. Algunos de ellos no poseían más
sabiduría que la gente vulgar e inculta. De manera que
se diferenciaban entre sí según el grado en que habían
cultivado su facultad racional a través de los conocimientos
sobre los cuales habían escrito, o a los que se habían referido;
quienes se oponían a las verdades de la iglesia, concibiendo sus
pensamientos en base a meros conocimientos, confirmando así
su creencia en falsedades, no habían cultivado su facultad
racional; sólo habían cultivado cierta aptitud para razonar, que en el
mundo pasa por racionalidad. Pero esta aptitud nada tiene que ver con
la racionalidad; más bien se trata de una cierta maña
para probar lo que a uno le viene en gana, y de ver
falsedades y no verdades partiendo de principios preconcebidos
y falaces. No es posible inducir a estos individuos
a reconocer verdades, pues las verdades no pueden derivar
de falsedades; en cambio las falsedades sí pueden derivar
de verdades. La facultad racional del hombre es semejante a
un huerto o jardín, o como un terreno fértil;
la memoria es el humus, las verdades aprendidas y los
conocimientos son las semillas, y la luz y el calor del cielo las
hacen germinar; sin luz y calor no hay germinación; y lo mismo
ocurre con la mente cuando la luz del cielo , que es la
verdad Divina, y el calor del cielo, que es el amor Divino,
no son recibidos: la racionalidad deriva exclusivamente de estas
cosas. Los ángeles se lamentan grandemente de que la mayoría
de los eruditos atribuyan todas las cosas a la naturaleza,
obstruyendo la interioridad de su mente hasta el punto
de ser incapaces de ver nada que sea cierto a la luz de la
verdad, que es la luz del cielo. Por eso en la otra vida estos
individuos se ven privados de su facultad racional, de manera
que no puedan diseminar falsedades entre los buenos de corazón,
descamándolos; y se los destierra a lugares desiertos.
(465)
Cierto espíritu manifestaba su indignación por
no poder recordar muchas de las cosas aprendidas durante su vida
en el cuerpo, lamentándose por los placeres perdidos que tanto había
disfrutado, pero se le hizo saber que no había perdido absolutamente
nada, y que todavía retenía todas y cada una de las cosas que
había aprendido; a pesar de que en el mundo en el cual
se encontraba ahora, a nadie le era dado recordar tales cosas;
y que debería contentarse con saber que ahora podía pensar y hablar
mucho mejor y con un grado de perfección superior al de
antes; su facultad racional ya no estaba inmersa como antes
en la densa oscuridad de las cosas materiales y corporales, que
en el mundo al que había arribado, de nada servían. Ahora
se hallaba en posesión de todo lo conducente a los
usos de la vida eterna, según se le hizo saber, y éste
es el único modo de alcanzar la bienaventuranza y
la felicidad; de manera que es crasa ignorancia suponer que
en este reino la inteligencia perece junto con la separación,
o transición a estado de reposo, de los factores materiales
de la memoria; ya que, en realidad, en la medida
en que la mente se mantiene apartada de las cosas
sensoriales pertenecientes al hombre externo o al cuerpo, en tal
medida puede elevarse hacia las cosas espirituales y celestiales.
(466)
En qué consisten estos dos tipos de memoria,
es algo que a veces se hace visible en la otra vida
de una forma nunca vista en otra parte; puesto que muchas cosas, que
el hombre concibe bajo la forma de ideas, allí
se manifiestan como objetos visibles. La memoria externa adopta una
apariencia callosa, y la interna tiene el aspecto de una
substancia medular semejante a la del cerebro humano; de ello puede
inferirse en qué consisten una y otra. En aquellos que durante
su vida en el cuerpo se consagraron a cultivar solamente
su memoria, no haciendo lo mismo con su facultad racional,
la callosidad es algo dura y presenta en su interior unas
especies de estrías en forma de tendones. En quienes
atiborraron su memoria de falsedades, asume una apariencia pilosa
e hirsuta, debido al caótico revoltijo de datos que contiene.
En aquellos que cultivaron su memoria bajo el influjo del amor
de sí mismos y del mundo, asume el aspecto de una masa
conglutinada y osificada. En los que pretendieron penetrar los
arcanos Divinos por medio de su erudición —principalmente de corte
filosófico—, rehusando creer hasta no arribar al convencimiento
mediante pruebas filosóficas, la memoria ofrece el aspecto
de una substancia negruzca, de tal naturaleza, que absorbe los rayos
de luz tornándolos en tinieblas. En aquellos que han practicado
el embuste y la hipocresía tiene un aspecto duro y óseo
como el del ébano, que refleja los rayos de luz. Pero en quienes
vivieron en el bien del amor y en las verdades de la fe no
presenta ese aspecto calloso, porque su memoria interior transmite los
rayos de luz hacia la exterior; y en sus objetos o ideas,
como en su base o cimiento, los rayos concluyen su trayecto
hallando deleitables receptáculos; debido a que, la memoria externa
es el plano exterior del orden, en el cual, cuando encierrra bienes
y verdades, las cosas espirituales y celestiales tienen
su delicada terminación y hallan su asiento.
(467)
Los hombres que en el mundo viven en el
amor al Señor y en el amor al prójimo, llevan consigo,
y dentro suyo, la inteligencia y sabiduría angélica,
la cual permanece entonces relegada a lo más recóndito de su
memoria interior; ellos no tienen la menor consciencia de que
poseen esta facultad hasta tanto no se desprenden de las cosas
corpóreas. Cuando ello sucede, la memoria natural se adormece
y despiertan a la memoria interior y, poco a poco, acceden a
la memoria angélica propiamente dicha.
(468)
Asi mismo referiremos en unas pocas palabras
cómo puede cultivarse la facultad racional. La genuina facultad
racional deriva de verdades y no de falsedades; todo aquello que
deriva de falsedades no es racional. Las verdades son de tres
géneros: civiles, morales y espirituales. Las verdades civiles están
referidas a asuntos relativos al juicio y gobierno de los
reinos; y en sentido general, a lo que es justo
y equitativo en los mismos. Las verdades morales están referidas
a los asuntos relativos a la vida de cada cual,
a cuestiones de camaradería y relación social; en sentido
general, a lo que es sincero y recto, y en particular
a las virtudes de todo tipo. Pero las verdades espirituales
atañen a los asuntos del cielo y la iglesia; y en un
sentido general al bien del amor y la verdad de la fe. En todo
hombre hay tres grados vitales (véase arriba, Nº 267).
La facultad racional se devela en el primer grado mediante las
verdades civiles; en el segundo grado mediante las verdades morales; y
en el tercer grado mediante las verdades espirituales. Pero debe
entenderse bien que la facultad racional derivada de estas verdades
no se conforma y devela según el hombre las sepa, sino según
viva en conformidad con ellas; y vivir en conformidad con ellas
significa amarlas con afecto espiritual; y amar verdades con afecto
espiritual es amar lo que es justo y equitativo porque
es justo y equitativo, y lo que es sincero y recto
porque es sincero y recto, y lo bueno y verdadero porque
es bueno y verdadero; mientras que vivir en conformidad con
ellas y amarlas según el afecto corporal, es amarlas
en provecho personal, en aras de la propia reputación,
de honores, o lucro. Por eso, en la medida en que
el hombre ama estas verdades según el afecto corporal, en tal
medida se ve imposibilitado de tornarse racional, puesto que no ama
dichas verdades, sino a sí mismo; y las verdades quedan a
su servicio como los sirvientes al de su señor;
y cuando las verdades vienen a ser como sirvientes, no ingresan
en el hombre ni develan ningún grado vital en él;
ni siquiera el primero, sino que yacen en la memoria como
conocimientos de corte materialista, y allí entran en conjunción
con el amor de sí mismo que es un amor corporal. Todo ello
indica cómo llega el hombre a ser racional; esto es, llega a ser
racional en el tercer grado por a-mor espiritual del bien y la verdad
del cielo y la iglesia; llega a ser racional en el segundo grado
por amor de lo que es sincero y recto; y en primer grado
por amor de lo que es justo y equitativo. Estos dos últimos
amores también se convierten en espirituales por amor espiritual del
bien y la verdad; ya que este amor fluye en ellos,
y establece conjunción con ellos, imprimiéndoles su propia semblanza.
(469)
Los espíritus y los ángeles, al igual que
los hombres, están dotados de memoria; todo lo que ven oyen, ven,
piensan, quieren y obran, permanece en ellos; de manera que
cultivan continuamente su facultad racional por toda la eternidad.
Así, los espíritus y los ángeles, igual que los hombres, perfeccionan
su inteligencia y sabiduría por medio de conocimientos del bien
y la verdad. Que los espíritus y los ángeles poseen memoria,
es cosa que me fue dado comprobar mediante una larga experiencia;
siéndome dado ver todo lo que pensaron e hicieron, tanto
en público como en privado, al ser exhumado de su memoria
mientras se hallaban en compañía de otros espíritus; y
he presenciado cómo eran elevados hacia el cielo quienes
se afirmaban en alguna verdad por simple bondad de corazón,
luego de serles infundidos conocimientos, y por tanto, inteligencia.
Pero debe entenderse bien que a éstos no se les infunden
conocimientos, y por ende, inteligencia, más allá del grado de afecto
por el bien y la verdad que sintieron en el mundo; pues
el afecto que permanece en el espíritu o ángel es el mismo
que sintió en el mundo, en calidad y cantidad; posteriormente
este afecto se perfecciona, colmándose, lo cual prosigue por toda
la eternidad. Puesto que toda cosa es pasible de colmarse por
toda la eternidad, siendo pasible de infinitas variaciones, y
de enriquecerse de numerosas formas, pudiendo, por tanto,
multiplicarse y fructificar. Para todo lo bueno no hay límite
alguno, pues deriva de lo Infinito. Que los espíritus y los ángeles
se perfeccionan continuamente en inteligencia y sabiduría
mediante los conocimientos del bien y la verdad, es algo que puede
verse más arriba en los artículos respectivos a la sabiduría
de los ángeles del cielo (Nº 265-275); a los gentiles
o pueblos que no integran la iglesia en el cielo
(Nº 318-328); y a los niños en el cielo
(Nº 329-345); y que esto se lleva a cabo
de acuerdo con el grado de afectividad hacia el bien y
la verdad que sintieron en el mundo, y nunca más allá
de ese punto, puede verificarse en el art. Nº 349.
(49)
Capítulo
XLIX
EL HOMBRE DESPUÉS
DE LA MUERTE, CINTMÚA SIENDO
EL MISMO QUE HA SIDO EN ESTA VIDA
(470)
Todo cristiano sabe por la Palabra que las
consecuencias de la vida que uno ha hecho lo aguardan después
de la muerte; ya que en numerosos pasajes puede leerse que
el hombre ha de ser juzgado y retribuido de acuerdo con sus
acciones y sus obras; y nadie que piense ateniéndose al bien
y a la verdad genuina puede dejar de advertir que aquel que
lleva una buena vida, va al cielo, y aquel que lleva una mala vida,
va al infierno. Sólo que el hombre maligno, no desea creer que
su estado después de la muerte depende de la vida que haya hecho
en el mundo; prefiere pensar, sobre todo cuando está enfermo, que
a todo el mundo se le dispensa acceso al cielo por pura
misericordia, sin que cuente la vida que haya llevado, y que esto
es obra de su fe, a la cual considera como algo aparte
de la vida.
(471)
Que el hombre es juzgado y retribuido
de acuerdo con sus acciones y obras, está expresado en numerosos
pasajes de la Palabra, algunos de los cuales citaré aquí:
Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. (Mateo XVI. 27)
Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen (Apocalipsis XIV. 13).
... y os daré a cada uno según vuestras obras (Apoc. ll. 23)
Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie
ante Dios; y los libros fue
ron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro
de la vida; y fueron
juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, se
gún sus obras.
Y el mar entregó los muertos que había en él; y
la muerte y el Hades en
tregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno
se
gún sus obras (Apoc. XX. 12, 13)
He aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra (Apoc. XXII. 12)
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente...
Pero cualquiera, que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato (Mateo Vil. 24, 26)
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿ no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fueran demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros ?
Y entonces
les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de
maldad (Mateo VII. 21-23)
Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste (Lucas XIII. 26-27)
... y yo les pagaré conforme a sus hechos, y conforme a la obra de sus manos (Jeremías XXV. 14)
... porque tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras (Jeremías XXXII. 19)
... le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras (Oseas IV. 9)
... Como Jehová de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo con nosotros (Zacarías 1. 6)
Al predecir el juicio final el Señor no toma en cuenta sino las obras, señalando que quienes han obrado bien, accederán a la vida eterna, y los que han obrado mal, serán condenados, como se lee en Mateo (XXV. 32-46) y en muchos otros pasajes que versan sobre la salvación y la condenación del hombre. Es evidente que las obras y las acciones conforman la vida externa del hombre, y que la calidad de su vida interna se pone de manifiesto en ellas.
(472)
Pero al mencionar las acciones y las obras
se alude a su contenido, y no a su aspecto exterior;
ya que, como todo el mundo sabe, toda acción y toda obra emanan
de la voluntad y el pensamiento del hombre; de no ser así,
serían meros movimientos, como los qué ejecuta un autómata o simulacro.
De manera que una acción o una obra, vistas en sí mismas, son
nada más que un efecto que toma su alma y su vida de la
voluntad y el pensamiento, hasta el punto que no son otra cosa
que voluntad y pensamiento en efecto; siendo, por tanto voluntad
y pensamiento en forma externa. De lo que se sigue que
la calidad de una acción o una obra es tal como
la voluntad y el pensamiento que la producen. Si el
pensamiento y la voluntad son buenos, entonces las acciones y las
obras son buenas; pero si el pensamiento y la voluntad son malos, las
acciones y las obras son malas, aunque por su apariencia sean
similares. Mil hombres pueden actuar de un modo similar, esto es, ejecutar
actos similares; tan similares en apariencia, que resulte imposible
distinguirlos, aunque considerados en sí mismos sean diferentes, porque
proceden de voluntades disímiles. Así, cuando se actúa honesta
y justamente con un compañero, una persona puede hacerlo con
el designio de parecer honesta y justa por amor de sí misma
y de los honores; otra, por amor del mundo y del lucro; una tercera,
con el afán de ser recompensada y de sobresalir por sus méritos;
una cuarta, por amor de la amistad; una quinta por temor de la ley y
la pérdida de reputación o empleo; una sexta, para tener
a alguien de su parte incluso cuando no tiene razón; una séptima
para poder engañar; y otras por diversos motivos. En todos los
casos citados, si bien en apariencia se trata de buenos
actos, puesto que es bueno actuar honesta y justamente con
un compañero, de todas maneras son malos actos, porque
no se llevan a cabo por amor de la honestidad y
la justicia, sino por amor de sí mismo y del mundo; y
la honestidad y la justicia se ponen al servicio
de dicho amor como sirvientes al de su Señor, a quienes
éste vilipendia y despide si no le sirven. A juzgar por las
apariencias, actúan de la misma forma quienes obran honesta
y justamente con un compañero por amor de lo que
es honesto y justo. Entre éstos, hay quienes actúan inspirados por
la verdad de la fe o por obediencia porque así lo preceptúa
la Palabra; hay quienes lo hacen inspirados por el bien
de la fe o por conciencia, porque obedecen a un sentimiento
religioso; otros, por el bien de la caridad hacia el prójimo,
porque debe velarse por su bienestar; algunos, por el bien del amor
al Señor, porque debe. hacerse el bien por amor del bien, así
como debe procederse con honestidad y justicia por amor de la
honestidad y la justicia; y todos ellos aman actuar de este modo
porque lo hacen bajo la inspiración del Señor, y porque
la Divinidad que procede del Señor reside en este modo
de proceder, el cual, considerado en su propia esencia,
es Divino. Las acciones o las obras de éstos son buenas
interiormente; puesto que, según se ha señalado antes, las acciones
u obras son, por su calidad, tales como el pensamiento y
la voluntad de los cuales derivan, y aparte del pensamiento y
la voluntad no son ni acciones ni obras, sino meros
movimientos inanimados. Todo ello explica qué se entiende en la Palabra por "acciones" y "obras".
(473)
Puesto que las acciones y las obras emanan
de la voluntad y el pensamiento, derivan, portante del amor y
la fe; de modo que son tales como el amor y la fe;
ya que hablar del amor o de la voluntad de u-na persona
es la misma cosa; y hablar de la fe de una persona
es lo mismo que hablar de su pensamiento establecido; porque
el hombre quiere lo que ama, y piensa lo que cree;
y cuando un hombre ama lo que cree, también lo quiere; y
si puede, lo lleva a la práctica. Cualquiera puede advertir que
el a-mor y la fe están dentro de la voluntad y
el pensamiento del hombre, y no fuera de estas facultades,
porque lo que enciende la voluntad es el amor, y
el pensamiento esclarece las cuestiones de fe; de modo que sólo
aquellos que piensan sabiamente son esclarecidos; y según su grado
de esclarecimiento, piensan lo que es verdadero y
lo quieren, o lo que viene a ser lo mismo, creen
lo que es verdadero y lo aman. anges-lumiere.fr
(474)
Pero debe entenderse que es la voluntad
lo que hace al hombre, en cambio el pensamiento hace
al hombre sólo en la medida en que procede de la voluntad;
y las acciones y las obras proceden de ambos; o lo que
viene a ser la misma cosa, el amor hace al hombre, y
la fe sólo en la medida en que procede del amor; y las
acciones y las obras proceden de ambos. De lo que se sigue
que la voluntad o amor es el hombre mismo, ya que todo
lo que procede, pertenece a aquello de lo cual procede. Algo que
procede es algo que se pone de manifiesto y se hace
presente de forma tal que pueda percibirse y verse. Todo ello pone
en claro que la fe, cuan-do se separa del amor, no es otra
cosa que una fe nula; mero conocimiento, carente de vida espiritual;
y lo mismo pasa con una acción o una obra desprovista de amor,
vale decir, no es una acción o una obra de vida, sino
un acto o una obra de muerte, que asume la apariencia
de vida bajo el influjo de un amor maligno, y en base
a una creencia en lo que es falso. Esta apariencia de vida,
lleva el nombre de muerte espiritual.
(475)
Asimismo debe comprenderse que en las acciones o
en las obras el hombre entero está presente, y que
su voluntad y pensamiento, o su amor y fe, que conforman
su interioridad, son incompletos hasta tanto no existan en las
acciones o en las obras, porque éstas son el plano exterior en el
cual la voluntad y el pensamiento tienen su terminación,
y sin tal terminación, quedan inconclusos; es como si no
tuviesen existencia, vale decir, todavía no están arraigados en el
hombre. Pensar y querer, sin obrar cuando se presenta
la oportunidad, es lo mismo que una llama que, en cerrada
en un recipiente, se extingue; o como una semilla arrojada
en la arena, que no germina; de forma que perece junto con
su potencia prolífica. Pero pensar y querer, y en conformidad
con ello obrar, es como una llama que brinda calor y luz a
lo que la rodea; o como una semilla en tierra fértil, que
se convierte en árbol o flor, y cobra vida. Cualquiera
puede darse cuenta que querer y no obrar cuando ello es posible,
no es amar; es apenas pensar que uno quiere y ama: se trata
de un pensamiento separado de la acción, que se desvanece y
se disipa. El amor y ia voluntad constituyen el alma misma
de una acción o de una obra, y se corporizan en las cosas
honestas y justas que hace el hombre. He aquí el origen del
cuerpo espiritual del hombre, o cuerpo de su espíritu; el cual
está configurado solamente por las cosas que el
hombre hace de acuerdo con su amor o voluntad (ver arriba,
Nº 463). En una palabra, todas las cosas del hombre y
su espíritu están contenidas en sus acciones o en sus obras.
(476)
Todo ello devela qué es la vida que aguarda
al hombre después de la muerte: su amor y la fe derivada;
no sólo en potencia sino también en acto; de manera que
está conformada por sus acciones o sus obras, porque ellas encierran todas
las cosas del amor y la fe del hombre.
(477)
Lo que espera al hombre después de la
muerte es su amor predominante, el cual permanece inmutable por toda
la eternidad. Toda persona siente diversos amores; pero todos ellos,
se relacionan con su amor predominante, estando unidos a él;
o entran conjuntamente en su composición. Todas las cosas de la
voluntad que armonizan con el amor predominante llevan el nombre
de amores: porque son amadas. Estos amores son internos y externos;
algunos entran en conjunción directa; otros, en conjunción indirecta;
algunos tienen una afinidad íntima; otros, remota; todos ellos se hallan
subordinados de múltiples maneras. Tomados en su conjunto constituyen
algo así como un reino, según el orden que tienen en el hombre;
por más que el hombre nada sepa acerca de ese orden. Con todo, algo
de ello se deja traslucir en la otra vida, dado que allí
la difusión de su pensamiento y afecto depende del orden
de sus amores; su pensamiento y afecto se extienden hacia
las sociedades celestiales cuando su amor predominante está hecho
de amores celestiales, y hacia las sociedades infernales cuando está
hecho de amores infernales. Que todo pensamiento y afecto
de espíritus y ángeles se extiende a las distintas
sociedades, puede verse más arriba, en los artículos respectivos a
la sabiduría de los ángeles del cielo, y a la forma del
cielo, que determina las afiliaciones y comunicaciones que allí
se establecen.
(478)
Pero lo que se ha dicho hasta ahora puede
ser captado solamente por el pensamiento racional. Para que también pueda
ser captado por la percepción sensorial, añadiré aquí algunas
experiencias a modo de ilustración y confirmación. Primero: Después
de la muerte el hombre es su propio amor o su propia
voluntad. Segundo: El hombre es tal como es su voluntad o
su amor predominante por toda. la eternidad. Tercero: El hombre
que siente amor celestial y espiritual va al cielo, en cambio
el hombre que experimenta amor corporal y mundano, y no siente
amor, celestial y espiritual, va al infierno. Cuarto: La fe
no permanece en el hombre a menos que proceda del amor
celestial. Quinto: El amor en acción es lo que permanece,
vale decir, la vida del hombre.
(479)
Después de la muerte el hombre
es su propio amor o su propia voluntad. Esto me fue dado verificarlo mediante múltiples experiencias.
El cielo entero está dividido en sociedades según las diferencias
en el bien del amor; y todo espíritu que es elevado
al cielo, después de convertirse en ángel, es conducido a
la sociedad propia de su amor; y al llegar allí, se siente
como en su hogar, y en su casa natal; y el ángel percibe esto, y
se relaciona con aquellos que son semejantes a él. Al partir
hacia otro lugar, siente constantemente una especie de resistencia,
y ansía volver junto a quienes son como él, es decir, a
su amor predominante. Así se estable-cen las relaciones en el
cielo; y lo mismo acontece en el infierno, donde todos se hallan
confabulados de acuerdo con amores contrapuestos a los celestiales.
Ya se ha indicado antes (Nº 41 -50 y 200-212) que
tanto el cielo como el infierno están constituidos por sociedades,
y que todas ellas se distinguen entre sí según su amor. Que
el hombre después de la muerte es su propio amor, también puede
inferirse del hecho de que entonces es separado (y casi
se diría que le es extirpado) de todo aquello que
es incompatible con su amor. A aquel que es bueno
le es separado, y se diría que se le extirpa, todo lo que
es discordante e inarmónico con su amor, y así, le es
dado entregarse a su propio amor. Lo mismo sucede con
un espíritu maligno; la única diferencia es que al maligno
le son quitadas las verdades, y a los buenos se les extirpan las
falsedades; y este proceso continúa hasta que cada cual se convierte
en su propio amor. Ello se lleva a cabo .cuando el hombre
espíritu entra en su tercer estado, el cuál será descripto más adelante.
Una vez que esto ha ocurrido, vuelve su rostro para siempre hacia
su propio amor, al que tiene permanentemente ante sus ojos,
cualquiera sea la dirección en que mire (ver arriba,
Nº 123, 124). Todo espíritu, toda vez que se fomenta
su amor predominante, puede ser conducido hacia donde se quiera sin
que pueda ofrecer la menor resistencia; por más que se percate
claramente del manejo, y aunque desee resistirse. A menudo,
se le permite resistirse a su amor predominante; pero no hay
caso, su amor es una suerte de ligadura o soga que
lo aferra, mediante la cual se lo puede conducir sin que pueda
desprenderse de ella. Lo mismo acontece con los hombres en el
mundo, que también se guían por su amor o son conducidos por
otros mediante su amor; pero esto es más notorio cuando ya son
espíritus, porque entonces no les es dado aparentar que sienten
ningún otro amor, o simular lo que no sienten. Que
el espíritu del hombre es su amor predominante, se evidencia
en el género de comunicación que se establece en la otra vida,
puesto que cuando uno obra o habla en consonancia con el amor
de otra persona, ésta se hace presente de forma manifiesta; con
semblante pletórico, alegre, vivaz; pero cuando uno habla o actúa
en oposición al amor de otra, su semblante empieza
a alterarse; se obscurece, tornándose indiscernible, hasta que por
último desaparece totalmente, como si no estuviese allí. A menudo
me he preguntado cómo es posible tal cosa, ya que esto
no ocurre en el mundo; pero se me hizo saber que lo mismo
pasa con el espíritu en el hombre, que al apartarse de otro
deja de estar bajo su mirada. Que todo espíritu es su amor
predominante, también lo prueba el hecho de que cada espíritu
se apodera y apropia de aquellas cosas que están en armonía
con su amor; y rechaza y desecha las que no lo están.
El amor de cada cual es como una madera esponjosa y porosa,
que absorbe aquellos fluidos que promueven su crecimiento, repeliendo
a los otros. O como los animales de diverso género, que saben
cuál es el alimento apropiado para ellos, y apetecen aquellas cosas
que concuerdan con su naturaleza, evitando las discordantes; puesto que
todo amor se nutre de lo que le es propio; el amor maligno,
de falsedades; y el benigno, de verdades. En ciertas ocasiones
me fue dado ver a espíritus simples y benignos que procuraban
instruir a los malignos en la verdad y el bien; pero apenas
se les ofreció instrucción, huyeron bien lejos; y cuando
se hallaron entre sus congéneres, asumieron con extrema delectación las
falsedades compatibles con su amor. También he visto espíritus
benignos departiendo entre sí sobre las verdades; los buenos que estaban
presentes, oían atentamente la conversación; no así los malignos,
quienes no prestaban la menor atención: lo mismo que si no
oyesen nada. En el mundo de los espíritus pueden divisarse distintos
caminos; algunos conducen al cielo; otros, al infierno; cada uno
de ellos a una sociedad específica. Los espíritus benignos van
solamente por aquellos caminos que conducen al cielo y precisamente
a tasociedad correspondiente al bien de su amor; los caminos que
conducen a otra parte, no los ven. Por su lado, los espíritus
malignos van solamente por aquellos caminos que conducen al infierno;
y exactamente hacia la sociedad correspondiente a la maldad
de su amor; a su vez, tampoco ven los caminos que conducen
a otra parte; y si acaso los ven, no sienten deseos
de internar-se en el]os. En el mundo espiritual, estos caminos
son apariencias reales, que corresponden a verdades
y falsedades. Por tal razón, en la Palabra, los caminos tienen esta misma significación. Mediante este testimonio tomado de la experiencia,
lo que se ha dicho antes, en base a argumentos racionales,
se ve confirmado; esto es, que todo hombre después de la muerte
es su propio amor y su propia voluntad. Se dice su propia
voluntad, porque la voluntad de cada cual, es su amor.
(480)
El hombre después de la muerte es tal
como su voluntad o amor predominante por toda la eternidad. Esto también ha sido confirmado por medio de una amplia
experiencia. Me ha sido dado hablar con algunas personas que vivieron dos
mil años atrás, cuyas vidas están inscriptas en la historia, siendo
por tanto notoriedades; y hallé que proseguían siendo tal como se las
describe; es decir, en cuanto al amor en base al cual
y según el cual conformaron sus vidas. Asimismo pude tratar
a otros que figuran en la historia y vivieron diecisiete siglos
atrás, a otros que vivieron cuatro siglos atrás; a otros que
lo hicieron hace tres siglos, y así sucesivamente, con quienes
me fue dado conversar; y hallé que en ellos el mismo afecto
seguía prevaleciendo; con la única diferencia de que los deleites
de su amor se habían convertido en cosas correspondientes
a los mismos. Los ángeles aseguran que la vida del amor predominante
en cada cual no se modifica en toda la eternidad;
ya que cada persona es su propio amor; por lo que cambiar
el amor de un espíritu, sería despojarlo de su vida
o provocar su extinción; y ello se debe al hecho
de que después de la muerte, el hombre no puede ser
reformado mediante la instrucción, como ocurre en el mundo; porgue
su plano más externo, que está compuesto de conocimientos naturales
y afectos, entra entonces en un estado de reposo, y como
no es espiritual, no puede ser develado (véase arriba,
Nº 464). Sobre ese plano descansa la interioridad de la
mente y disposición, como una casa sobre sus cimientos; de ahí que
cada cual prosiga siendo por toda la eternidad tal como fue la vida
de su amor en el mundo. Los ángeles se asombran enormemente al enterarse
de que el hombre no sabe que cada cual es tal como
es su amor predominante y de que muchos supongan que pueden ser
salvados por misericordia inmediata; o exclusivamente por la fe, sin
que cuente la vida que han llevado; y que ignoran que la misericordia
Divina es mediata; lo cual consiste en que el hombre
es guiado por el Señor, tanto en este mundo como en'
el otro, por toda la eternidad; y que quienes no viven
en el mal son guiados por la misericordia Divina; y por último,
que la fe es afecto por la verdad emanada del amor celestial que
procede del Señor.
(481)
El hombre que siente amor celestial
y espiritual va al cielo; en cambio el hombre que
no siente amor celestial y espiritual, sino corporal y mundano,
va al Infierno. Esto se hizo evidente
para mí al ver a muchos seres que eran elevados al cielo
o arrojados al infierno. La vida de los que fueron elevados
al cielo, emanaba de un amor celestial y espiritual, y
la de quienes fueron arrojados al infierno, de un amor corporal
y mundano. El amor celestial consiste en amar lo que
es bueno, honesto y justo; porque es bueno, honesto
y justo; y en ponerlo en práctica por a-mor: quienes sienten
este amor, llevan una vida de bondad, honestidad y justicia, que
es la vida celestial. Quienes aman lo que es bueno, honesto
y justo como un fin en sí mismo, y de acuerdo con ello
obran y viven, aman al Señor por sobre todas las cosas, puesto
que estos dones proceden del Señor; aman asimismo al prójimo,
ya que estos dones residen en el prójimo que debe ser amado. Pero
el amor corporal consiste en amar lo que es bueno, honesto
y justo; no como un fin en sí mismo, sino en provecho
propio, ya que mediante este proceder se obtiene reputación, honores
y lucro. Los tales, en lo que es bueno, honesto y justo,
no toman en cuenta al Señor ni al prójimo, sino a
sí mismos y al mundo; y se deleitan en el fraude; y
la bondad, honestidad y justicia inspiradas por el fraude
no son sino malignidad, deshonestidad e injusticia; y esto
es lo que aman tales individuos al servirse de la bondad,
la honestidad y la justicia. Como la vida de cada cual está
determinada por estos diferentes géneros de amor; después de la
muerte, apenas el hombre penetra en el mundo de los espíritus,
es explorado para detectar la calidad de su amor, tras
lo cual se lo vincula con aquellos que sienten un amor similar;
los que sienten amor celestial, con los que habitan en el cielo;
y los que experimentan amor corporal con los que moran en el
infierno. Y luego de que han atravesado su primer y segundo
estado, se separan, hasta el punto que ya no se ven más, o
se desconocen. Ello se debe al hecho de que cada cual
es su propio amor; tanto en lo que respecta a la interioridad
de su mente, como en lo que toca a la exterioridad relativa a
su rostro, cuerpo y lenguaje; ya que cada cual se convierte
en la efigie de su propio amor; incluso en su exterioridad.
Quienes encarnan amores corporales, tienen un aspecto craso, tenebroso,
negro y deforme; mientras que los que encarnan amores celestiales, tienen
un aspecto exuberante, diáfano, bello e inmaculado. Asimismo por
su calidad mental y pensamientos, difieren totalmente; los que
encarnan amores celestiales, son inteligentes y sabios, pero los que
encarnan amores corporales son estúpidos y fatuos. Cuando es dado
contemplar la interioridad y exterioridad del pensamiento
y afecto de quienes viven en el amor celestial,
su Interioridad aparece como una luz, y en algunos como una luz
flameante, y la exterioridad se manifiesta en diversos colores
bellos como los del arco iris. Pero la interioridad de los que viven
en el amor corporal se muestra negra, porque está ocluida; y
la interioridad de algunos que ejercitaron íntimamente el fraude
maligno, tiene el aspecto de un juego tenebroso; en cambio
su exterioridad es de un color sórdido, desagradable a
la vista. (La interioridad y exterioridad de la mente
y disposición se hacen visibles en el mundo espiritual toda vez
que el Señor así lo desea). Los que están inmersos en el
amor corporal, a la luz del cielo, no ven nada; para ellos
la luz del cielo es densa oscuridad; pero la luz infernal, que
es como la luz que despide el carbón ardiente, para ellos
es una luz diáfana. Por lo demás, a la luz del cielo,
su vista interior se obnubila de tal modo que se vuelven
insanos; por lo que huyen de esa luz y se ocultan en antros
y cavernas tan profundas como la falsedad del mal que padecen. Por
otra parte, aquellos que viven en el amor celestial, cuanto más íntima
y hondamente penetran en la luz del cielo, más nítidas y bellas
son todas las cosas ante sus ojos, y perciben las verdades con mayor
inteligencia y sabiduría. Del mismo modo, a los que están inmersos
en el amor corporal les resulta imposible vivir en el calor del
cielo, porque el calor del cielo es amor celestial; pero
sí pueden vivir en el calor del infierno, que es el amor
de encarnizarse con aquellos que no lo favorecen a uno. Los
deleites de ese amor son el desprecio hacia los demás,
la animadversión, el odio y la venganza; y cuando están
inmersos en tales deleites, disfrutan de su vida, y no tienen
la menor noción de lo que es hacer el bien a los demás
en virtud del bien y por el bien mismo, puesto que sólo saben
hacer el bien en virtud del mal y por amor del mal. Los que
están sumidos en el a-mor corporal no pueden respirar en el
cielo. Cuando algún espíritu maligno es conducido al cielo, respira
como quien se debate en un conflicto; mientras que los que viven
en el amor celestial, gozan de una respiración más libre y
de una vida más plena a medida que se adentran en el cielo.
Todo ello demuestra que el cielo en el hombre es amor celestial
y espiritual, ya que en e-se amor están inscriptas todas las
cosas del cielo; y que el infierno en el hombre es el amor
corporal y mundano carente de amor celestial y espiritual,
porque en ese amor están inscriptas todas las cosas del infierno.
Es evidente, entonces, que aquel que siente amor celestial
y espiritual, accede al cielo, y que aquel que experimenta amor
corporal y mundano, sin sentir amor celestial y espiritual, penetra
en el infierno.
(482)
La fe no permanece en el hombre
a menos que proceda del amor celestial. Lo cual
me fue dado comprobar por experiencia directa; tantas veces, que
de citar todo lo que he visto y oído al respecto,
llenaría un volumen entero. Lo que puedo testimoniar es que
la fe de los que están inmersos en el amor corporal
y mundano, sin sentir amor celestial y espiritual,
es completamente nula; son incapaces de sentir fe; sólo poseen
el conocimiento o la persuasión de que una cosa es cierta
cuando sirve a su amor. Algunos de los que alegaban sentir
fe fueron conducidos hasta donde se hallaban los que sentían fe; y
al comunicarse con ellos, percibieron que carecían totalmente de fe;
más adelante confesaron que limitarse a creer lo que es cierto,
y a creer en el Texto de la Palabra, no es tener fe, dado que la fe es amar la verdad por amor celestial, y quererla
y llevarla a la práctica por afecto interior. Por otra parte,
se les demostró que la persuasión que llamaban fe era similar a
la luz de invierno; bajo la cual, debido a que está
desprovista de calor, todas las cosas de la tierra se cubren
de escarcha, se sumen en el letargo, y yacen sepultadas por
la nieve. De manera que a-penas un rayo de la luz del
cielo, roza la luz persuasiva que hay en ellos; ésta, no sólo
se extingue, sino que se torna en tinieblas, en donde nadie
puede verse siquiera a sí mismo. Al mismo tiempo,
su interioridad se obscurece; tanto, que se vuelven incapaces
de comprender absolutamente nada; y por último, caen en la
insania que emana de las falsedades. En consecuencia, estos
individuos se ven privados de todas las verdades que han aprendido
en la Palabra y por la doctrina de la iglesia; a las
que anteriormente habían llamado verdades de su fe; y en su lugar,
asimilan toda falsedad que concuerde con la perversidad de su vida;
ya que todos ellos quedan librados al influjo de sus amores y
de sus falsedades correspondientes; entonces, sienten odio, aborrecimiento
y rechazo hacia las verdades; porque son incompatibles con las falsedades
del mal en el que están inmersos. En virtud de mi experiencia acerca
del cielo y el infierno, puedo atestiguar que todos aquellos que por
su doctrina han profesado la fe exclusivamente, llevando una vida
maligna, están en el infierno. (Sobre éstos véase el tratado relativo
al Juicio Final y La Destrucción de Babilonia).
(483)
El amor en acto, esto es, la vida
del hombre, es lo que permanece. Esto
se desprende como conclusión de lo que se ha expuesto recién
en base a la experiencia, y de lo que se ha dicho sobre las
acciones y las obras. El amor en acto es obra y acción.
(484)
Debe entenderse que todas las obras y acciones
pertenecen a la vida moral y civil, y que conciernen, por tanto,
a lo que es honesto y recto, y a lo que es justo
y equitativo; lo que es honesto y recto compete a
la vida moral, y lo que es justo y equitativo a
la vida civil. El amor por el cual se realizan las
acciones, es celestial o infernal. Las obras y las acciones
de la vida moral y civil, cuando se realizan por amor celestial,
son celestiales; puesto que lo que se hace por amor celestial,
se hace por inspiración del Señor, y todo lo que está
inspirado por el Señor es bueno. Pero cuando las acciones
y las obras de la vida moral y civil se ejecutan por amor
infernal, son infernales; porque lo que se hace bajo el influjo
de este amor, que es el amor de sí mismo y del mundo,
se hace por inspiración del hombre mismo, y todo lo que
se hace por inspiración del hombre es maligno en sí mismo;
puesto que considerado en sí mismo, vale decir, en lo que le es
propio, el hombre no es otra cosa que maldad.
(50)
Capítulo
L
LOS DELEITES DE LA VIDA
DE CADA CUAL SE TRANSFORMAN
DESPUÉS DE LA MUERTE
EN COSAS CORRESPONDIENTES
(485)
Según se ha expuesto en el capítulo previo,
el afecto imperante o amor predominante en cada persona,
permanece por toda la eternidad. Ahora explicaremos cómo los deleites
de ese afecto o amor se transforman en cosas
correspondientes. Que se transforman en cosas correspondientes,
quiere decir que se transforman en cosas espirituales que
corresponden a las naturales. Que se transforman en cosas
espirituales, se desprende del hecho de que mientras el hombre
está en su cuerpo terrenal, está en el mundo natural; pero
al abandonar ese cuerpo, ingresa en el mundo espiritual y
se reviste de un cuerpo espiritual. Ya se ha indicado antes
que los ángeles —y los hombres después de la muerte— poseen una perfecta
forma humana, y que los cuerpos de que están revestidos, son cuerpos
espirituales (Nº 73-77 y 453-460); y cuál es la
correspondencia entre las cosas espirituales y las naturales
(Nº 87-115).
(486)
Todos los deleites del hombre pertenecen a
su amor predominante, ya que nada siente como deleitable salvo
aquello que ama; y muy especialmente aquello que ama por sobre todas las
cosas. Estos deleites son diversos. En general, hay tantos como amores
predominantes hay; por consiguiente tantos como hombres, espíritus
y ángeles; puesto que el amor predominante de uno nunca
es igual al de otro en todos sus aspectos. Por la misma
razón, nadie tiene el rostro exactamente igual al de otro; dado que
el rostro de cada cual es la imagen de su mente; y
en el mundo espiritual es la imagen de su amor predominante.
En particular, los deleites de cada cual son de una variedad
infinita. Es imposible que un deleite sea exactamente igual
o idéntico a otro, ya sean sucesivos, ya simultáneos, jamás
se da que uno sea igual a otro. De cualquier modo, los deleites
particulares de cada cual dependen de su amor primordial, que
es su amor predominante; ya que todos ellos entran en su composición,
haciendo con él una sola cosa. Asimismo todos los deleites en general
dependen de un amor predominante universal, que en el cielo
es el amor al Señor, y en el infierno el amor
de sí mismo.
(487)
Solamente en base a la ciencia de las
correspondencias puede saberse en qué deleites espirituales se transforman
los deleites naturales de cada cual después de la muerte, y qué
género de deleites son éstos. En general, esta ciencia enseña
que nada natural puede existir sin su correspondencia espiritual. En particular,
enseña qué cosa es aquella con la que se establece
la correspondencia, y de qué género es. Por tanto, quienquiera que
conozca esta ciencia puede determinar y saber cuál será su estado
después de la muerte: con sólo saber cómo es su amor, y cuál es su
relación con los amores universales predominantes de los que se habló
más arriba, con los que todos los demás amores se relacionan. Pero
a quienes están inmersos en el amor de sí mismos les resulta
imposible saber cuál es su amor predominante, porque aman lo que les
es propio, y llaman bienes a sus perversidades; y a las
falsedades, hacia las que propenden, y mediante las cuales confirman sus
perversidades, las llaman verdades. Y sin embargo, si así
lo desearan, podrían saberlo por vía de otros que poseen sabiduría
y ven lo que ellos no ven. De todas maneras esto
es imposible para quienes están tan subyugados por el amor de sí
mismos que llegan a menospreciar las enseñanzas de los sabios.
En cambio aquellos que viven en el amor celestial, aceptan la instrucción,
y apenas les es dado experimentar sus perversidades innatas, las
reconocen basándose en las verdades, ya que éstas ponen
al descubierto las perversidades. Partiendo de la verdad que emana
del bien cualquiera puede ver el mal y su falsedad; pero partiendo
del mal nadie puede ver lo que es bueno y verdadero; ello
se debe a que las falsedades del mal son tenebrosas
y corresponden a las tinieblas; por eso quienes están inmersos
en las falsedades del mal, son como ciegos, que no ven las cosas
expuestas a la luz, sino que huyen de ellas como aves nocturnas. Por
su parte las verdades del bien, por ser luminosas, corresponden a
la luz (ver arriba, Nº 126-34); y quienes viven en las
verdades del bien, son videntes; tienen los ojos bien abiertos,
y disciernen las cosas que están a la luz de las que están a
la sombra. Esto es algo que me fue dado verificar mediante
la experiencia. Los ángeles del cielo ven y perciben las
perversidades y falsedades que a veces ellos mismos padecen, así como
también las de espíritus que ha-bitan en el mundo de los
espíritus y están en conexión con el infierno, si bien
estos espíritus no pueden ver por sí mismos sus propias perversidades
y falsedades. No saben qué es el bien del amor celestial,
ni la conciencia, ni la honestidad y la justicia; salvo que
redunden en su propio beneficio; tampoco tienen noción de lo que
es ser guiado por el Señor. Declaran que tales cosas
no existen, y que, por tanto, su importancia es nula. Todo
esto se ha dicho a fin de que el hombre se explore a
sí mismo, y por medio de sus deleites, detecte cuál es su
amor; de manera que en base a un conocimiento de las
correspondencias pueda saber cuál será su estado después de la
muerte.
(488)
Cómo se transforman después de la muerte
los deleites de cada cual en cosas correspondientes, es algo que
puede saberse en base a la ciencia de las correspondencias; pero
dado que dicha ciencia carece de divulgación hoy en día, procuraré
arrojar alguna luz sobre esta cuestión citando ciertos ejemplos tomados
de la experiencia. Todos los que están inmersos en el mal, y que
han asumido las falsedades opuestas a las verdades de la iglesia;
sobre todo aquellos que han rechazado la Palabra, huyen de la luz del
cielo y buscan guarida en unos antros que, a juzgar por sus
aberturas, son tenebrosos; y también en ciertas hendiduras
de las rocas, ocultándose allí; y esto porque amaron las falsedades,
aborreciendo las verdades; pues tales antros y hendiduras de las
rocas, al igual que las tinieblas, corresponden a las falsedades,
como la luz corresponde a las verdades. Morar en sitios
semejantes constituye su deleite, y les repugna habitar en campo
abierto. Lo mismo ocurre con quienes se deleitaron urdiendo
clandestinamente insidias y maquinaciones dolosas. También éstos moran
en dichos antros, y suelen penetrar en ciertos recintos tan
oscuros que no pueden verse entre sí; y una vez allí, cuchichean
en los rincones. En esto degenera el deleite de su amor.
Quienes estudiaron ciencias con el sólo fin de ser tenidos por
doctos, sin haber cultivado su facultad racional a través de sus
estudios, regodeándose en cambio en los datos de la memoria por
mera vanagloria, aman los parajes arenosos; ya que prefieren estos sitios
a los campos y jardines, porque los parajes arenosos corresponden
a semejantes estudios. Quienes son peritos en las doctrinas
de su iglesia y de las otras, pero no han aplicado sus
conocimientos a la vida, eligen para sí ciertos parajes rocosos
y hacen su morada allí entre montones de piedras, huyendo
de los terrenos cultivados porque les producen repugnancia. Quienes todo lo a-tribuyen
a la naturaleza, así como aquellos que atribuyen todo a su propia
prudencia, y que por diversos artificios obtuvieron honores
y riquezas, en la otra vida se consagran al estudio
de las artes mágicas, que son abusos del orden Divino, y en estas
actividades hallan su deleite vital. Los que acomodaron las verdades
Divinas a sus propios amores, adulterándolas, aman las cosas relativas
al orín; porque estas cosas corresponden a tales amores. Quienes
fueron sórdidamente avaros, moran en celdas, y aman las inmundicias
nauseabundas y cierto tipo de hedores como los que despide
la comida indigesta en el estómago. Aquellos que entregaron
su vida a la mera voluptuosidad, y vivieron rodeados
de delicadezas, satisfaciendo su gula y su estómago;
y amaron tales cosas como los máximos bienes que la vida puede
brindar; en la otra vida, aman las cosas excrementicias y las
letrinas; en ello encuentran su deleite; porque tal género
de deleites es inmundicia espiritual. Sin embargo huyen de los
lugares limpios en los que no hay inmundicias, ya que les
producen repugnancia. Quienes se deleitaron en el adulterio, pasan
su tiempo en lupanares, donde todo es vil e inmundo; aman
estas cosas, pero huyen de los hogares castos; y apenas entran
en uno de ellos, caen desmayados. Nada les resulta más deleitable que
destruir matrimonios. Los que se caracterizaron por su espíritu
vengativo, siendo, por tanto, de naturaleza salvaje y cruel, aman
la carroña y moran en infiernos de índole semejante.
Y así sucesivamente.
(489)
Por otro lado, los deleites vitales de aquellos
que en el mundo vivieron en el amor celestial, se transforman
en cosas correspondientes, tales como las que existen en los cielos,
las cuales emanan del sol del cielo y su luz; esta luz, pone
de manifiesto aquellas cosas que encierran algo Divino en su parte
más recóndita. Las cosas que aparecen bajo e-sa luz, conmueven
la interioridad de los ángeles, así como la exterioridad
perteneciente a su cuerpo; y como la luz Divina, que es la
verdad Divina procedente del Señor, fluye en sus mentes develadas
por el amor Divino, manifiesta en forma externa aquellas cosas que
corresponden a los deleites de su a-mor. Ya se ha indicado
antes, en el capítulo relativo a la sabiduría de los ángeles
(Nº 265-275), y en 3l que trata sobre las Representaciones
y Apariencias en el cielo (Nº 170-176), que las cosas que
se ven en los cielos corresponden a la interioridad de los
ángeles, o a las cosas concernientes a su fe y amor; y por
ende, a su inteligencia y sabiduría. Habiendo comenzado ya
a aclarar este punto mediante ejemplos tomados de la experiencia;
para ilustrar aún más lo que se ha expuesto anteriormente según
la relación causal, deseo referir algunos detalles acerca de las
deleitables cosas celestiales en que se transforman los deleites
naturales de quienes en el mundo han vivido en el amor
celestial. Los que amaron las verdades Divinas y la Palabra por afecto
interior; o por afecto hacia la verdad misma, en la otra vida
moran en la luz; en elevaciones que parecen montañas, donde
disfrutan continuamente de la luz del cielo. No saben lo que son
las tinieblas, como las que cubren la noche en el mundo; viven
en una temperatura primaveral; ante sus ojos a-parecen campos repletos
de siembra y viñedos; en sus hogares todo
es refulgente como las piedras preciosas; y mirar por las ventanas
es como mirar a través del cristal puro. Tales son los deleites
de su vista; pero estas mismas cosas son interiormente deleitables, porque
son correspondencias de cosas Divinas celestiales: las verdades de la Palabra que han amado corresponden a los sembradíos, viñedos, piedras preciosas,
ventanas y cristales. Quienes han aplicado inmediatamente a la vida
los conocimientos doctrinarios de la iglesia - que proceden de la Palabra - están en el íntimo cielo, y sobrepasan a todos los demás
en sus deleites de sabiduría. En cada objeto ven algo Divino;
los objetos, son vistos realmente por sus ojos; pero las correspondencias
Divinas afluyen inmediatamente a su mente colmándola de una bendición
que afecta todos sus sentidos. Así, a sus ojos, todas las cosas parecen
reír, jugar y vivir (ver arriba, Nº 270). Aquellos que han amado
los conocimientos, y cultivando por medio de ellos su facultad
racional, adquirieron inteligencia; reconociendo asimismo a la Divinidad;
en la otra vida se regocijan en los conocimientos, y
su deleite racional se vuelve deleite espiritual, que es el
deleite de conocer el bien y la verdad. Tienen su morada
en jardines, donde se ven arriates y prados pulcramente
delineados, con hileras de árboles a su alrededor y enramadas
y senderos; los árboles y las flores cambian cotidianamente.
El paisaje en su conjunto infunde deleite a su mente
en sentido general, y las variedades particulares renuevan constantemente
su deleite; y como todo lo que hay allí corresponde a algo
Divino, y ellos son expertos en la ciencia de las
correspondencias, adquieren continuamente nuevos conocimientos mediante los
cuales perfeccionan su facultad racional espiritual. Así son sus deleites,
porque los jardines, arriates, prados y árboles corresponden a las
ciencias, a los conocimientos y a la inteligencia derivada
de ellos. Quienes todo lo han atribuido a la Divinidad,
considerando a la naturaleza como algo sin vida; meramente subordinado a
lo espiritual, y asumieron esa convicción, gozan de la luz
espiritual; todas las cosas se transparentan bajo esa luz, y
su transparencia ofrece innumerables variaciones de luz, y
su vista interna las detecta en forma casi inmediata, lo que les
permite experimentar deleites interiores. Las cosas que se ven en las
casas son como adamantinas, y presentan las mismas variaciones
de luz. Las paredes de las casas —según se ha dicho antes— son
cristalinas; de manera que son también transparentes, y en ellas se distinguen
formas representativas de cosas celestiales que parecen fluir
en perpetua variedad; ya que esa transparencia, corresponde
al intelecto esclarecido por el Señor; cuando las sombras que
arroja la creencia y el amor hacia las cosas naturales, ya han
sido disipadas. A éstas, e infinidad de otras cosas,
se refieren quienes han estado en el cielo, al decir que vieron
cosas jamás vistas, y que, gracias a una percepción de las cosas
Divinas que les fue comunicada por sus habitantes, oyeron cosas que nunca oyó
oído alguno. Quienes no obraron clandestinamente, sino que
se mostraron dispuestos a declarar todos sus pensamientos en la
medida en que las normas de la vida civil así lo permitiesen,
puesto que sus pensamientos siempre coincidieron con la honestidad y la justicia
emanadas de la Divinidad; éstos, en el cielo tienen un rostro
luminoso en virtud de una luz que expresa en su rostro algo así
como la efigie de sus más imperceptibles afectos y pensamientos;
del mismo modo, en su lenguaje y acciones se representan sus
afectos como en efigie. Estos, por tanto, inspiran un amor supremo.
Mientras están hablando, su rostro se oscurece un tanto; pero
apenas han terminado de hablar, lo que han dicho se manifiesta
plena e inmediatamente en su rostro. Y como los objetos que
se ven a su alrededor, corresponden a su interioridad, ésta
asume una apariencia que permite a los demás discernir qué representa
y significa. Los espíritus que hallaron deleite en las acciones
clandestinas, apenas ven desde lejos a quienes son así, huyen de su
presencia, y al alejarse, da la impresión de que
se arrastraran como serpientes. Quienes consideraron al adulterio
como algo abominable, y vivieron en la castidad del amor conyugal,
armonizan más que nadie con el orden y la forma del cielo; por
lo que gozan de la beº lleza en su plenitud,
permaneciendo perpetuamente en la flor de la juventud. Los deleites
de su amor son inefables, y se ahondan por toda la eternidad;
ya que en ese amor fluyen todos los deleites y goces del cielo,
porque ese amor desciende de la conjunción del Señor con
el cielo y la iglesia; en general, de la conjunción del
bien y la verdad, conjunción que es el mismo cielo en su
conjunto; y en particular, de cada ángel, (ver arriba
Nº 366-386). Es imposible describir en vocablos humanos
cómo son sus deleites externos. Estas son apenas algunas de las cosas que
me han sido referidas sobre las correspondencias de quienes viven
en el amor celestial.
(490)
Todo lo cual pone en evidencia que los
deleites de cada uno se convierten en correspondencias después
de la muerte, mientras que el amor en sí mismo prosigue por toda
la eternidad. Esto es cierto en lo que respecta al amor
conyugal, al amor de la justicia, la honestidad, la bondad
y la verdad; al amor por la inteligencia y la sabiduría,
la ciencia y los conocimientos, y todos los demás valores.
De estos amores los deleites brotan como torrentes de un manantial; y
se arraigan en el ser; pero cuando ascienden de deleites
naturales a espirituales, se elevan a un grado superior.
(51)
Capítulo
Ll
EL PRIMER ESTADO
DEL HOMBRE DESPUÉS
DE LA MUERTE
(491)
Después de la muerte el hombre atraviesa
por tres estados antes de ingresar al cielo o al infierno.
El primero es el estado de su exterioridad; el segundo,
el estado de su interioridad; y el tercero es el estado
de su preparación. El hombre pasa por estos estados en el mundo
de los espíritus. Hay algunas personas, sin embargo, que no pasan por
ellos; sino que son elevados al cielo o arrojados al infierno
inmediatamente después de la muerte. Quienes son elevados inmediatamente
al cielo son aquellos que han sido regenerados en el mundo; estando,
por tanto, preparados para ingresar al cielo. Los que han sido regenerados
y preparados de modo que sólo necesitan desprenderse
de impurezas naturales junto con el cuerpo, son elevados al cielo
de inmediato por los ángeles. Y he visto cómo eran llevados
al cielo unos instantes después de la hora de su muerte. Por
otra parte, los que fueron íntimamente perversos; al tiempo que
aparentaban bondad exteriormente; habiendo llegado, por tanto, al colmo
de la perversidad por medio de artificios; sirviéndose de la
bondad para cometer acciones dolosas; éstos, son arrojados al infierno
inmediatamente después de la muerte; los más tramposos con la cabeza
hacia abajo y los pies para arriba; y otros de diversas maneras.
Hay algunos que son arrojados en cavernas inmediatamente después
de la muerte, siendo apartados de aquellos que están en el mundo
de los espíritus; de donde se los hace salir, y adonde
se los envía nuevamente, por turnos. Estos son los que bajo pretextos
civiles, se comportaron maliciosamente con el prójimo. Pero éstos son
pocos en comparación con los que son retenidos en el mundo
de los espíritus; a quienes, después de una etapa
de preparación, se los envía al cielo o al infierno.
(492)
En cuanto al primer estado, que es el
estado de su exterioridad, es aquel que atraviesa el hombre
inmediatamente después de la muerte. Todo hombre, en lo que
se refiere a su espíritu, está dotado de exterioridad y
de interioridad. La exterioridad de su espíritu está constituida
por aquellas cosas mediante las cuales el hombre se sirve de su
cuerpo para establecer relación con los demás; especialmente el rostro,
el lenguaje y los gestos; mientras que la interioridad
de su espíritu pertenece a su propia voluntad y al pensamiento
derivado de ella; y esto es algo que rara vez se manifiesta
en el rostro, el lenguaje o los gestos. Ya que
el hombre está habituado desde la infancia a exhibir
un semblante amistoso, benevolente y sincero; y a disimular los
pensamientos de su propia voluntad, habiéndose acostumbrado por tanto
a llevar una vida moral y civil exteriormente; sin que importe
su índole interior. A causa de esta costumbre, el hombre
prácticamente desconoce su interioridad, y piensa muy poco acerca
de ella.
(493)
El primer estado del hombre después de la muerte
es similar al estado que experimentaba en el mundo, ya que
entonces, también se halla en su exterioridad; tiene un rostro
similar; su lenguaje es similar, igual que su disposición;
lo que determina que su vida civil y moral también sea similar;
de manera que se da cuenta que ya no está en el mundo sólo
al observar las cosas que encuentra a su paso; y porque los
ángeles le han dicho al resuscitar que ya es un espíritu
(Nº 450). Así, una vida es continuación de la otra; y
la muerte, meramente una transición. anges-lumiere.fr
(494)
Siendo así el estado del espíritu del hombre
inmediatamente posterior a su vida en el mundo; sus amigos
lo reconocen, al igual que aquellos con quienes trabó relación
en el mundo; ya que esto es algo que los espíritus perciben
no sólo en el rostro y lenguaje, sino también en la esfera
de vida que emana de cada uno cuando está cerca. En la otra
vida, cada vez que alguien piensa en otro, proyecta ante sí su rostro
mentalmente; al mismo tiempo que muchos detalles de su vida;
y cuando esto ocurre, el otro se hace presente; como si lo
enviaran o acudiese a un llamado. Esto sucede en el mundo
espiritual porque allí los pensamientos se comparten, y no hay
espacio como en el mundo natural (ver arriba, Nº 191-199). Así,
todos, apenas ingresan a la otra vida, son reconocidos por sus amigos,
parientes, y por aquellos que de una u otra forma entablaron
relación con ellos; y conversan entre sí, y luego establecen relación
de acuerdo con el tipo de amistades que frecuentaron en el
mundo. A menudo he oído decir que aquellos que arriban del mundo,
se regocijan al ver otra vez a sus amigos, y que sus
amigos, por su parte, se alegran al verlos llegar. Es muy
común ver a un marido que se reencuentra con su esposa;
y luego de congratularse mutuamente, prosiguen su vida juntos;
y esto por un período largo o breve según el deleite que
sentían mientras cohabitaban en el mundo. Pero si no estuvieron
unidos por el verdadero amor conyugal —que es conjunción mental por
amor celestial —después de permanecer un tiempo juntos,
se separan. O si entre ellos hubo discordancia afectiva
e intelectual, y experimentaban una íntima aversión mutua, surge
entre ellos una enemistad declarada, y a veces, hasta llegan
a reñir; a pesar de lo cual no se separan antes
de entrar en su segundo estado, al que nos referiremos
enseguida.
(495)
Puesto que la vida de los espíritus recién
llegados del mundo no difiere de su vida en el mundo natural,
y como ignoran todo lo respectivo al estado vital después
de la muerte, y al cielo y al infierno, excepto lo que
aprendieron del sentido literal de la Palabra y la prédica inspirada en ella; al principio se sorprenden de habitar en un
cuerpo, y de estar dotados de todos los sentidos que gozaron
en el mundo, viendo las mismas cosas que allí; y se sienten acuciados
por el ansia de saber qué es el cielo, . qué
el infierno, y dónde están. Entonces sus amigos los instruyen sobre
los estados que se experimentan en la vida eterna, y los
conducen a diversos lugares; y algunas veces a ciudades,
jardines y parques; mostrándoles principalmente aquellas cosas que por
su magnificencia deleitan su exterioridad; en la cual
se hallan inmersos. Luego les es dado; en forma alternada,
evocar aquellas nociones sobre el estado de su alma después
de la muerte; sobre el cielo y el infierno, que concibieron
durante su vida en el cuerpo; hasta que sienten indignación por
su total ignorancia al respecto; y asimismo por la ignorancia
que prevalece en la iglesia en este sentido. Casi todos ansían saber
si irán al cielo. La mayoría piensa que así ha de ser, pues
en el mundo llevaron una vida moral y civil; sin consideraren ningún
momento que, exteriormente, los buenos y los malos llevan una vida
similar; haciendo el bien a los demás del mismo modo; frecuentando
templos, oyendo sermones y o-raciones; sin tomar en cuenta
en absoluto que las acciones externas y los actos externos
de culto, no tienen valor alguno, sino es por
la interioridad de la cual procede la exterioridad. A duras
penas puede encontrarse a uno; entre millares, que sepa que es la
interioridad; y sin embargo, allí es donde el hom-bre debe
buscar el cielo y la iglesia; y casi nadie sabe que los actos
externos son tales como las intenciones, los pensamientos, y el amor y
la fe que encierran, y de donde proceden. Inclusive cuando
se les instruye al respecto, no alcanzan a comprender que
el pensamiento y la voluntad tienen algún valor, pues sólo toman
en cuenta el lenguaje y los actos. Así son, en su gran
mayoría, quienes parten del orbe cristiano hacia la otra vida
en nuestros días.
(496)
Estos, de cualquier modo, son explorados por
buenos espíritus para saber cómo son, lo cual se lleva a cabo
de diversas maneras; ya que en este primer estado los espíritus
malignos, al igual que los benignos, expresan verdades y realizan
buenos actos; y esto a causa de lo que se ha dicho antes:
que, al igual que los buenos, exteriormente, llevaron una vida moral;
puesto que vivieron bajo un régimen gubernamental, bajo el imperio
de las leyes; adquiriendo, por tanto, renombre de justos
y sinceros; fueron loados, enaltecidos a posiciones de honor;
y lucraron. Pero los espíritus malignos se distinguen de los
espíritus benignos principalmente en esto: los malignos prestan una voraz
atención a lo que se dice sobre las cosas externas,
y prácticamente ninguna atención a lo que se dice sobre las
cosas internas, que son las verdades y bienes de la iglesia y
el cielo. No es que no escuchen, sino que lo hacen sin
atención ni deleite. Estos dos géneros de espíritus también
se distinguen por su forma de girar repetidamente en cierta
dirección; y por tomar los caminos que van en esa dirección, cuando
se los abandona a sus impulsos. Por su manera de volverse
hacia determinadas regiones, y tomar ciertos caminos, puede detectarse
cuál es el amor que los rige.
(497)
Todos los espíritus que arriban procedentes del
mundo, están ligados a alguna sociedad del cielo o del infierno; pero
esto solamente en cuanto a su interioridad; y su interioridad
no se manifiesta ante nadie mientras están inmersos en su
exterioridad, porque la exterioridad disimula y oculta
la interioridad; máxime entre aquellos que están inmersos en la
perversidad interior. Sin embargo, posteriormente, cuando entran en el
segundo estado, sus maldades se hacen patentes; ya que entonces
su interioridad se devela, y su exterioridad pasa a
un estado de reposo.
(498)
Este primer estado del hombre después de la
muerte prosigue en algunos casos durante días; en otros, durante
meses, y en otros a lo largo de un año; pero es muy
raro que se prolongue por más de un año. Esto se da
en cada cual según la concordia o discordia entre
su interioridad y su exterioridad; debido a que en cada
cual, interioridad y exterioridad deben formar una sola cosa;
y corresponderse. En el mundo espiritual a nadie le es dado
pensar y querer de una manera y hablar y actuar
de otra. Allí cada uno debe ser la efigie de su afecto
y amor; de manera que uno debe ser exteriormente tal cual
es interiormente; por eso la exterioridad de un espíritu
es develada y reducida al orden en primerísimo lugar,
de forma que pueda servir a la interioridad como plano
correspondiente.
(52)
Capítulo
Lll
EL SEGUNDO ESTADO DEL HOMBRE
DESPUÉS DE LA MUERTE
(499)
El segundo estado del hombre después de la muerte
se designa como estado de interioridad, porque entonces le es
dado a-sumir la interioridad de su mente, de su voluntad
y pensamiento; en tanto que su exterioridad, la cual había
asumido durante su primer estado, permanece en reposo. Quienquiera
que observe un poco el desarrollo de la vida del hombre,
su lenguaje y acciones, puede advertir que toda persona está dotada
de interioridad y exterioridad; o sea, pensamientos
e intenciones, exteriores e interiores. Esto se hace patente
en el hecho de que en la vida civil u-no piensa sobre los demás
según lo que ha oído y advertido por comentarios, o a
través de la conversación; pero no habla con ellos de acuerdo
con su pensamiento, y los trata con urbanidad aunque sean perversos.
Que ello es a-sí es particularmente notable en los farsantes
y aduladores, quienes hablan y actúan de un modo, pero quieren
y piensan de otro completamente distinto. Otro caso semejante
es el de los hipócritas, quienes hablan sobre Dios, el cielo,
la salvación de las almas, las verdades de la iglesia, y
el bien de su patria y de su prójimo, como si estuviesen
inspirados por la fe y el amor; aunque lo que sienten en su
corazón es bien diferente, puesto que se aman exclusivamente a sí mismos.
Todo lo cual pone de manifiesto que hay dos clases
de pensamiento: uno exterior y otro interior; y que hay quienes
hablan según su pensamiento exterior, abrigando en su pensamiento
interior sentimientos bien distintos; y que estas dos clases
de pensamientos se mantienen separados, ya que se pone
especial cautela a fin de evitar que el interior afluya
al exterior, y se hace patente de algún modo. Desde
la creación el hombre fue configurado de forma tal que
su pensamiento exterior y el interior constituyan una sola cosa
de acuerdo con las correspondencias; y efectivamente conforman una
sola cosa en aquellos que viven en el bien, pues éstos piensan
y hablan nada más que lo que es bueno. En cambio
en quienes viven en el mal, el pensamiento interior y el exterior
no son una sola cosa; porque éstos piensan perversamente, y hablan
sobre lo que es bueno. Con éstos se da una inversión del orden,
porque en ellos la bondad está por fuera, y la maldad por
dentro; y por eso el mal prevalece sobre el bien, sojuzgándolo como
a un sirviente, para usarlo como un medio en la consecución
de sus fines, que son de la misma índole que su amor. Siendo tal
el contenido del bien que procuran y hacen, es evidente que
su bondad no es bondad, pues está contaminada de maldad; aunque
por su aspecto exterior parezcan bondadosos a los ojos de quienes
no están al tanto de su interioridad. El caso
es distinto con quienes viven en el bien. Entre ellos no se
hadado una inversión del orden, y el bien del pensamiento interior fluye
en el pensamiento exterior, llegando así a su palabra y a sus
acciones. Este es el orden según el cual el hombre ha sido
creado; y en el cielo, y a la luz del cielo,
su interioridad reviste dicho orden. Como la luz del cielo es la
verdad Divina que procede del Señor; siendo, por tanto
el Señor en el cielo (Nº 126-149); quienes responden
a estas características, son guiados por el Señor. Todo esto
se ha dicho a fin de que se sepa que todo hombre posee
un pensamiento interior y un pensamiento exterior, y que éstos
se distinguen entre sí. Cuando se dice pensamiento también se dice
voluntad, porque el pensamiento emana de la voluntad, y
el pensamiento es nulo sin la voluntad. Todo lo cual
explica a qué se hace referencia cuando se habla de los
estados de exterioridad e interioridad por los que pasa
el hombre.
(500)
Cuando se habla de la voluntad y
el pensamiento; la voluntad implica afecto y amor, y todo
el deleite y el placer emanados del afecto y el amor,
ya que éstos dependen de la voluntad como agente; porque lo que
el hombre quiere, eso ama; sintiendo deleite y voluptuosidad; por
otra parte, lo que el hombre ama, sintiendo deleite
y voluptuosidad, eso quiere. En cambio el pensamiento implica
todo aquello mediante lo cual se confirma el afecto y
el amor; ya que el pensamiento es nada más que
la forma de la voluntad, o aquello que pone a la luz
lo que se quiere. Esta forma se hace aparente mediante diversos
análisis racionales, que se originan en el mundo espiritual
y son propios del espíritu del hombre.
(501)
De manera que debe entenderse que el hombre
es tal como su interioridad, y no como su exterioridad
aparte de su interioridad. Esto se debe al hecho de que
su interioridad pertenece a su espíritu, y la vida del hombre
es la vida de su espíritu, ya que éste da vida
al cuerpo; y por eso el hombre continúa siendo por toda la eternidad
tal como es su interioridad. Pero puesto que la exterioridad
pertenece al cuerpo, después de la muerte se desprende;
si bien existe un cierto nivel de exterioridad que se halla
adherido al espíritu, que permanece en estado de reposo,
sirviendo meramente como plano a la interioridad, según se ha
indicado más arriba al examinar la memoria del hombre que perdura
después de la muerte. Ello pone de manifiesto qué es lo que
es propio del hombre, y qué lo que no le es propio,
vale decir, que con el hombre maligno, nada de lo que pertenece a
su pensamiento exterior; según el cual habla, o a
su voluntad exterior; según la cual actúa, es propiamente suyo,
sino solamente aquello que pertenece a su pensamiento y voluntad
interior.
(502)
Luego de pasar por el primer estado —que
es el estado de exterioridad examinado en el capítulo previo—
al hombre espíritu le es dado entrar en el estado de su
interioridad, o en el estado de su voluntad interior y
su pensamiento derivado, que es el que experimentaba en el mundo
cada vez que podía pensar libremente y sin restricciones. A este
estado se abandona inconscientemente; así como en el mundo, cuando
a-calla sus pensamientos más próximos al habla —es decir, aquellos que
inspiran sus palabras— para refugiarse en su pensamiento interior.
De ahí que en éste, que es el estado de su interioridad,
el hombre espíritu está en sí mismo y en su propia vida;
ya que pensar libremente según su propio afecto es la vida misma
del hombre, y su propio ser.
(503)
En este estado el espíritu piensa según
su propia voluntad, vale decir, según su propio afecto, o según
su propio amor; entonces el pensamiento y la voluntad conforman
una sola cosa, y ello de manera tal que casi no parece pensar,
sino solamente querer. Cuando habla, sucede prácticamente lo mismo, salvo
que lo hace con algún temor de que los pensamientos de su
voluntad aparezcan sin tapujos, ya que a causa de su trato
social en el mundo, este recelo se ha convertido ya en
un hábito de su voluntad.
(504)
A todo hombre, sin excepción, le es dado entrar
en este estado después de la muerte, porque es el estado propio
de su espíritu. El estado anterior refleja el espíritu del
hombre mientras éste se hallaba en compañía de los demás;
y ése no es su propio estado. Que este estado, vale decir,
el estado de exterioridad que experimenta el hombre
en primer lugar después de la muerte (según se ha
señalado en el capítulo previo), no es su propio estado,
es algo que se hace patente de muchas maneras; como por ejemplo
en el hecho de que los espíritus no sólo piensan sino que
también hablan según su afecto, pues su lenguaje emana de su
afecto (según queda dicho y expuesto en el capítulo relativo
al lenguaje de los ángeles, Nº 234-35). Así es como
pensaba el hombre en el mundo, al pensar para sus adentros,
ya que entonces su pensamiento no procedía de sus palabras
corporales; veía mentalmente las cosas, captando en un minuto mucho más
de lo que podría expresar después en media hora. Que el estado
de exterioridad no es el estado propio del hombre o de su espíritu,
también se manifiesta en el hecho de que cuando se halla
en compañía de otros en el mundo, habla según las reglas
morales y civiles de vida; y en tales ocasiones,
el pensamiento interior rige al exterior; así como una persona
a otra, para impedir que se traspasen los límites del decoro y
la decencia. Esto también se hace patente en el hecho
de que cuando un hombre piensa para sus adentros, piensa cómo debe
hablar y actuar para complacer y obtener la amistad,
el beneplácito y la preferencia; adoptando para ello un aire
artificial, es decir, ajeno a su propia voluntad. Todo lo cual
demuestra que el estado de interioridad que le es dado
experimentar al espíritu es su propio estado; el cual fue asimismo
su propio estado mientras vivió en el mundo como hombre.
(505)
Cuando el espíritu se halla en su
estado de interioridad, se pone claramente de manifiesto cómo
era el hombre en sí mismo cuando residía en el mundo, pues
entonces actúa de acuerdo con su propia naturaleza. Quien en el
mundo vivió interiormente en el bien, actúa racional y sabiamente,
mucho más sabiamente incluso que en el mundo, porque ya ha sido
liberado de toda ligazón con el cuerpo, y por tanto
de aquellos factores terrenales que obscurecían su visión,
interponiéndose como si fuesen nubes. Pero aquel que en el mundo
vivió en el mal, se comporta entonces como un estúpido y
un insano, porque ahora está suelto y nada hay que lo refrene.
Cuando vivía en el mundo, parecía sano a juzgar por su aspecto
externo, ya que por este medio fingía ser un hombre racional; pero
una vez despojado de las apariencias externas, su demencia
se hace patente. Un hombre maligno que exteriormente adopta
la expresión de un hombre bueno, puede compararse aun recipiente
bruñido y pulido; provisto de una tapa, que en su interior
contiene todo tipo de inmundicias, de acuerdo con las palabras del
Señor:
... porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que poríuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia (Mateo XXIII 27).
(506)
Los que han llevado una buena vida en el mundo,
actuando según su conciencia; que son aquellos que reconocieron a
la Divinidad y amaron las verdades Divinas; sobre todo quienes las
aplicaron a la vida, sienten la misma sensación, al entrar
en su estado de interioridad, que aquel que despierta de un
sueño para disfrutar de la más plena vigilia; o que aquel que
emerge de las sombras para entrar en la luz. Entonces piensan según
la luz del cielo, es decir, según la sabiduría interior,
y obran inspirados por el bien, esto es, por afecto interior.
El cielo fluye en sus pensamientos y afectos infundiéndoles una
bendición y un deleite interior que antes no habían conocido; debido
a que establecen comunicación con los ángeles del cielo. Entonces
reconocen al Señor y lo adoran desde el fondo de su
corazón, ya que al hallarse en el estado de su
interioridad, encuentran su propia vida (según se ha dicho recién,
Nº 505); y como la libertad es inherente
al afecto interior, reconocen y adoran al Señor
en libertad. Asimismo se despojan de la beatitud exterior
y penetran en la beatitud interior que es la esencia misma del
culto. Tal es el estado de los que han llevado una vida cristiana
en conformidad con los preceptos de la Palabra. Pero el estado de quienes en el mundo llevaron una vida perversa y,
por carecer de conciencia, negaron a la Divinidad,
es diametralmente opuesto. Debido a que aquel que lleva una vida
perversa, íntimamente niega a la Divinidad; por más convencido que esté,
cuando se guía por su pensamiento exterior, que reconoce a
la Divinidad, y que no niega al Señor. Porque
reconocer a la Divinidad y llevar una vida perversa, son cosas
opuestas. Cuando los tales, en la otra vida, entran en su estado
de interioridad; y se los oye hablar y se los ve actuar,
dan la impresión de ser fatuos; ya que debido a
su concupiscencia, se entregan desenfrenadamente a todo género
de actos abominables; menosprecian al prójimo, hacen escarnio
de él, sienten odio y son vengativos; maquinan intrigas; algunos con
tal astucia y malignidad, que resultan prácticamente inconcebibles
en un ser humano. Pues entonces se hallan en estado
de libertad para actuar según los pensamientos de su voluntad;
despojados de las condiciones exteriores que los detenían
y refrenaban cuando habitaban en el mundo. En una palabra,
se ven privados de su racionalidad, porque a su paso por
el mundo, su facultad racional no residió en su
interioridad sino en su exterioridad; no obstante lo cual,
estaban convencidos de ser más sabios que los demás. A causa
de su carácter, cuando están en el segundo estado se los remite
durante breves intervalos a su estado de exterioridad;
y entonces se les recuerdan los actos que cometían cuando
se hallaban en su estado de interioridad; algunos de ellos
sienten vergüenza y confiesan haber sido insanos; otros no sienten
vergüenza alguna; y otros se muestran indignados de que
no se les permita permanecer continuamente en su estado
de exterioridad. Pero a éstos se les hace ver que
de continuar en ese estado, intentarían consumar clandestinamente sus
designios perversos; y adoptando un aire de bondad, honestidad
y justicia, embaucarían a los simples de corazón y de fe;
provocando así su propia perdición de forma irreparable; puesto que a
la larga, su exterioridad habría de arder con el mismo
fuego que su interioridad, lo cual consumiría su vida
en forma absoluta.
(507)
Al hallarse en este segundo estado, los
espíritus manifiestan abiertamente su verdadera índole, de acuerdo
con su comportamiento en el mundo; y todo lo que entonces
hicieron y dijeron a escondidas, ahora se divulga; ya no
se ven refrenados por consideraciones externas; y lo que antes decían
y hacían a escondidas, ahora lo dicen, y procuran hacerlo,
abiertamente; porque no sienten ningún temor de perder la reputación
que tenían en el mundo. También se los reduce a sus diversos
estados de perversidad, para que su índole se ponga
al descubierto ante los ángeles y los espíritus benignos. Así
se descubre lo que está encubierto y se revela lo que está
oculto, de acuerdo con las palabras del Señor:
Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas. (Lucas XII. 2, 3)
Y en otra parte:
Mas yo os digo que toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ellas dará cuenta en el día del juicio (Mateo XII. 36)
(508)
No es posible describir en unas pocas
palabras la índole de los espíritus malignos en este estado,
ya que cada uno de ellos es insano según sus propias
perversidades; y éstas son diversas; de manera que me limitaré
a citar algunos casos, en base a los cuales se pueden
inferir conclusiones respecto a los demás. Quienes se amaron a
sí mismos por sobre todas las cosas, y en el desempeño
de su ocupación y funciones tuvieron en cuenta nada más que
la obtención de honores; y al prestar servicios,
se deleitaron en ellos, pero no por amor al uso, sino por
amor de la reputación; para ser estimados por encima de los demás
gracias a ellos; regodeándose así con su propia fama y honores;
en este segundo estado son supremamente estúpidos; puesto que aquel que
se ama a sí mismo, se separa del cielo, y al separarse del
cielo, se aparta de la sabiduría. Por su parte aquellos que,
además de amarse a sí mismos, fueron arteros; y mediante
artimañas obtuvieron honores; se confabulan con pésimos espíritus,
y aprenden artes mágicas, que son transgresiones del Orden Divino; y sirviéndose
de ellas, acosan y contaminan a quienes no les rinden
pleitesía; tienden celadas, fomentan el odio, son ardientemente
vengativos, y procuran saciar su furor con aquellos que no se
someten a su arbitrio. Y en la medida que son secundados por la maligna
turba que los sigue, se entregan desenfrenadamente a este tipo
de tropelías. Por último, meditan cómo han de ascender al cielo;
para arrasarlo, o bien para ser adorados allí como dioses. A tal
límite llega su carácter vesánico. Los papistas de este género son
los más insanos de todos, porque pretenden tener potestad sobre
el cielo y el infierno, y que pueden perdonar pecados
a gusto; y reivindicando para sí todo lo que
es Divino, se arrogan el nombre de Cristo. Esta persuasión
reviste tales características, que su influjo perturba la mente,
genera tinieblas, e incluso dolor. Estos se comportan similarmente
en el primer y en el segundo estado; sólo que en el segundo
ya no tienen racionalidad. Sobre su insania, y la suerte que les
espera después de este estado, se expondrán algunos detalles
en el tratado De Ultimo Judicio et Babilonia Destructa. Quienes
atribuyeron la Creación a la Naturaleza, habiendo negado por tanto a
la Divinidad, sino con sus labios, al menos en su corazón;
haciendo lo mismo con todas las cosas del cielo y la iglesia, en este
segundo estado se confabulan con sus congéneres y llaman Dios
al que se destaca por su astucia, a quien llegan incluso
a rendirle tributo Divino. He visto a éstos reunidos, adorando
aun mago; debatiendo sobre la Naturaleza, y comportándose estúpidamente:
como bestias de a-pariencia humana; si bien, entre ellos, había
algunos que en el mundo disfrutaron de posiciones de honor,
y otros que fueron reputados de doctos y sabios. Y lo mismo
acontece con otros que pasan por distintos estados. En base a estos
pocos ejemplos puede inferirse cómo son aquellos que tienen
la interioridad de su mente velada en lo que respecta
al cielo, cosa que acontece con todos los que no han recibido influjo
del cielo; porque no han reconocido a la Divinidad, ni han
llevado una vida de fe. Cualquiera puede juzgar por sí mismo cómo
habría de actuar si, siendo como es, pudiese actuar sin temor de las
leyes, ni de perder su vida; sin ningún tipo de restricciones
externas, como el temor de menoscabar su propia reputación; o
la pérdida de los honores, y el lucro y los placeres
derivados. De todas maneras, la insania de los tales
es refrenada por el Señor a fin de que
no traspongan los límites del uso; ya que incluso estos espíritus
desempeñan algún uso. Los espíritus benignos, a través
de ellos, se dan cuenta qué es el mal, cuál su naturaleza
y cómo es el hombre cuando no es guiado por
el Señor. Otro de los usos que desempeñan es el
de congregar espíritus malignos semejantes a ellos, separándolos
de los buenos; otro, que los malignos se despojan de las
verdades y bienes que profesaron y simularon exteriormente, siendo
reducidos a las perversidades de su vida y a las falsedades
de su maldad, preparándose así para penetrar en el infierno. Ya que
nadie penetra en el infierno hasta que no se halla inmerso en su
propia maldad; allí, nadie puede tener una mente dual, es decir, pensar
y decir una cosa y querer otra. Allí, todo espíritu debe pensar
lo que es falso por maldad, y hablar inspirado por la falsedad
del mal; ambas cosas según su voluntad, vale decir, de acuerdo con
su propio amor, deleite y voluptuosidad; del mismo modo que pensaba
en el mundo cuando se hallaba en su espíritu; cuando pensaba
para sí bajo el influjo de su afecto interior. Esto se debe
al hecho dé que la voluntad es el hombre mismo; no así
el pensamiento, salvo que participe de la voluntad, pues ésta
es la naturaleza misma o índole del hombre. Por tanto, cuando
al hombre le es dado asumir su voluntad, también le es dado
asumir su naturaleza o índole, y asimismo su propia vida;
porque a lo largo de su vida el hombre asume cierta naturaleza,
después de la muerte, conserva esa naturaleza que adquirió durante
su vida en el mundo; y entre los malignos, esa naturaleza
no puede enmendarse ni modificarse por obra del pensamiento o mediante
la comprensión de la verdad.
(509)
Cuando los espíritus malignos se encuentran
en este segundo estado, si bien se apresuran a cometer todo
género de maldades, suelen por otra parte recibir castigos frecuentes
y severos. En el mundo de los espíritus hay castigos
de diverso género; y allí no hay acepción de personas; poco
importa si en el mundo uno ha sido rey o sirviente. Toda
maldad lleva implícito su castigo: son una sola cosa; por consiguiente
quien incurre en una maldad incurre también en el castigo de esa
maldad. Y sin embargo, en el otro mundo nadie es castigado por
las maldades que cometió en éste, sino solamente por aquellas que entonces
comete; si bien da lo mismo, y es la misma cosa, decir que los hombres
son castigados por las maldades que cometen en el mundo, o que son
castigados por las maldades que cometen en la otra vida, porque después
de la muerte cada uno retorna a su propia vida y, por ende,
a las mismas maldades, y el hombre sigue siendo el mismo que fue
en la vida del cuerpo (Nº 470-484). A los hombres
se los castiga porque en dicho estado el temor del castigo
es el único expediente para refrenar las maldades; de nada sirven las
exhortaciones, ni las instrucciones, ni el temor de la ley o
la pérdida de reputación; cada cual actúa de acuerdo con
su naturaleza, y ésta no admite coerción, ni se
la puede erradicar sino es a través del castigo. Pero a los
espíritus benignos nunca se los castiga; aunque hayan cometido maldades
en el mundo, porque sus maldades no reaparecen. Por otra parte,
me fue dado saber que sus maldades eran de otro tipo o
de distinta naturaleza; no fueron consumadas para atentar
deliberadamente contra la verdad; ni por perversidad de corazón;
salvo en lo que toca a aquella cuota hereditaria recibida de los
padres, a la que sucumbían impelidos por una ciega voluptuosidad, cuando
ejercían sus facultades externas independientemente de las internas.
(510)
Todo hombre arriba a su propia sociedad,
en la cual estuvo su espíritu en el mundo; puesto que todo
hombre, en lo que concierne a su espíritu, está en conjunción
con alguna sociedad infernal o celestial; el hombre maligno con una
sociedad infernal, y el hombre bueno con una sociedad celestial; y a
esa sociedad es conducido después de la muerte (ver
Nº 438). El espíritu es conducido gradualmente hacia
su propia sociedad, hasta que por último ingresa en ella. Cuando
un espíritu maligno se halla en su estado de interioridad,
avanza gradualmente hacia su propia sociedad, hasta que por último, antes
de que ese estado concluya, se introduce directamente en ella;
una vez concluido, el espíritu maligno se precipita en el
infierno, donde moran sus congéneres. Él aspecto de un espíritu
en el momento de precipitarse en el infierno, es semejante
al de un hombre que cae a pique con la cabeza para abajo
y los pies hacia arriba. Esta apariencia se debe al hecho
de que el espíritu en cuestión ha subvertido el orden
de su vida, pues amó las cosas infernales, rechazando las celestiales.
En este segundo estado, algunos espíritus malignos entran y salen del
infierno en forma alternada; pero éstos no parecen caer cabeza abajo
como aquellos que están completamente devastados. Por otra parte, cuando están
en su estado de exterioridad, la sociedad a la cual pertenecieron
en espíritu durante su estadía en el mundo, les
es exhibida; para que sepan que ya se hallaban en el infierno
en vida del cuerpo, aunque no en el mismo estado que los
moradores del infierno, sino en un estado similar a los que residen
en el mundo de los espíritus. A este estado, comparándolo con
el de los seres infernales, nos referiremos enseguida.
(511)
En este segundo estado tiene lugar la separación
de los espíritus malignos de los benignos, porque durante
el primer estado están juntos, pues mientras el espíritu está
en su exterioridad es tal como fue en el mundo; de ahí que
los malos estén con los buenos, y los buenos con los malos; pero
el caso es bien diferente cuando se lo reduce a
su interioridad y se lo deja librado a su propia naturaleza
o voluntad. La separación de los espíritus benignos de los
malignos se realiza de varios modos; comúnmente se los conduce
hacia aquellas sociedades con las que establecieron comunicación en su
primer estado mediante sus buenos pensamientos y afectos, es decir,
con aquellas sociedades a cuyos miembros embaucaron encubriendo
su malignidad con las apariencias. Usualmente, hacen recorridas guiadas,
entrando así en contacto con vastos círculos; y dondequiera que vayan
su verdadera índole se pone al descubierto a los ojos
de los espíritus benignos. Ante su sola presencia, los espíritus
benignos desaparecen; al mismo tiempo, los espíritus malignos que están
siendo conducidos, dan la espalda a los benignos para mirar hacia
la región donde está ubicada su sociedad infernal; en la cual,
están a punto de ingresar. Omitimos aquí la mención
de otros métodos de separación, por ser muchos.
(53)
Capítulo
Llll
EL TERCER ESTADO
DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE,
EN EL CUAL SE INSTRUYE
A QUIENES VAN A INGRESAR AL CIELO
(512)
El tercer estado del hombre, o de su espíritu,
después de la muerte, es un estado de instrucción. Este estado
lo experimentan quienes van al cielo, y llegan a ser
ángeles; pero no pasan por él los que van al infierno, dado que
éstos no pueden recibir instrucción; de forma que su segundo
estado es asimismo el tercero, el cual concluye así: estos
individuos se inclinan totalmente hacia su propio amor; hacia
la sociedad infernal que está inmersa en un amor similar. Cuando ello
ha sobrevenido, quieren y piensan según ese amor; y como ese
amor es infernal, lo que quieren no es otra cosa que maldad; y
lo que piensan, falsedad; y en tales pensamientos y deseos
hallan su deleite, pues éste pertenece a su amor; a consecuencia
de ello, rechazan todas las cosas buenas y verdaderas, de las
que se habían servido previamente como medios útiles para saciar
su amor. Por su parte los espíritus benignos son conducidos del
segundo estado al tercero, que es un estado de preparación para
el cielo mediante la instrucción. Ya que sólo es posible
adquirir la preparación necesaria para ingresar al cielo
a través de conocimientos del bien y la verdad, vale decir,
exclusivamente a través de la instrucción: sólo puede saberse qué
es el bien y la verdad espiritual, y qué el mal y
la falsedad, que son sus opuestos, por medio de la instrucción.
En qué consisten el bien y la verdad civil y moral, que
llevan la designación de justicia y honestidad, es algo que
puede aprenderse en el mundo; porque en él hay leyes civiles que enseñan
qué es la justicia, y mediante el trato con los demás
el hombre aprende a vivir en conformidad con las leyes morales,
referidas todas ellas a lo que es honesto y justo. Pero
la noción del bien y la verdad espiritual se recibe del cielo, y
no del mundo. Puede tomarse de la Palabra y de la doctrina de la iglesia inspirada en el Palabra; y a pesar de ello,
a menos que en la interioridad de su mente el hombre esté
en el cielo, el bien y la verdad espiritual no pueden fluir
en su vida; y el hombre está en el cielo cuando reconoce a
la Divinidad, actuando al mismo tiempo justa y honestamente;
porque eso es lo que debe hacer, ya que así está preceptuado en la Palabra. Esto es vivir justa y honestamente por amor a la Divinidad sin tener
como fines el amor de sí mismo y del mundo. Pero nadie puede
obrar de tal manera si no ha sido instruido previamente; por
ejemplo: si no sabe que hay un Dios, que hay un cielo y
un infierno; y que hay otra vida después de la muerte, que
a Dios hay que amarlo por sobre todas las cosas, y al prójimo como a
sí mismo; y que es conveniente creer lo que
se enseña en la Palabra, pues la Palabra es Divina.
Sin conocer y reconocer estas cosas, el hombre no puede pensar
espiritualmente; y si no tiene una noción acerca de ellas, tampoco
puede quererlas, porque el hombre no puede pensar lo que ignora,
ni querer lo que no piensa. Por eso cuando el hombre quiere
estas cosas, el cielo fluye en su vida, vale decir,
el Señor a través del cielo; porque el Señor fluye
en la voluntad y a través de ella en la inteligencia
y a través de ambas en la vida misma: de ahí procede
la plenitud en la vida del hombre. Todo lo cual pone
de manifiesto que la instrucción del bien y la verdad espiritual
se recibe del cielo, y no del mundo; y que nadie puede adquirir
la preparación necesaria para ingresar al cielo, salvo que
lo haga a través de dicha instrucción. Por lo demás,
en la medida en que el Señor fluye en la vida
de una persona, en tal medida la instruye; porque enciende
en su voluntad el amor de conocer la verdad, e ilumina
su pensamiento para que pueda conocerla; y según esto sucede,
la interioridad del hombre se devela y el cielo se implanta
en él; por otra parte, lo Divino y celestial fluye en las
cosas honestas de la vida moral y en las cosas justas de la vida
civil, imprimiéndoles un carácter espiritual; entonces el hombre hace
estas cosas bajo el influjo de la Divinidad, es decir, las hace por amor a la Divinidad. Puesto que las cosas
honestas y justas relativas a la vida moral y civil constituyen
los efectos esenciales de la vida espiritual; y el efecto, deriva
su existencia de la causa eficiente, porque el efecto
es tal como es la causa.
(513)
La instrucción es impartida por ángeles
de múltiples sociedades; especialmente por los habitantes de las
regiones norte y sur, porque esas sociedades angélicas viven en inteligencia
y sabiduría gracias a su conocimiento del bien y la verdad. Los
centros de instrucción están situados hacia el norte, y son
diversos; están distribuidos y se distinguen entre sí según los
géneros y especies de bienes celestiales, de forma que todos
y cada uno puedan recibir instrucción de acuerdo con su índole
y facultad receptiva; estos centros se extienden a lo largo
y a lo ancho abarcando vastas distancias. Los espíritus benignos que
van a recibir instrucción son conducidos por el Señor hasta
estos centros cuando ya han completado su segundo estado en el
mundo de los espíritus; aunque no van todos, ya que hay algunos
que recibieron instrucción en el mundo, habiendo sido preparados allí por
el Señor para acceder al cielo; éstos son elevados al cielo
por o-tra vía; algunos, inmediatamente después de la muerte; otros, luego
de una breve estadía entre los espíritus benignos, donde el nivel más
craso de sus pensamientos y afectos, contraído a causa
de los honores y riquezas que obtuvieron en el mundo, les
es suprimido; siendo así purificados. Otros pasan primeramente por
períodos de devastación, lo cual se lleva a cabo
en lugares situados bajo la planta de los pies, en la
región denominada tierra inferior; allí, algunos sufren severamente.
Se trata de aquellos individuos que confirmaron sus falsedades
a pesar de haber llevado una buena vida; debido a que una vez
que las falsedades han sido confirmadas, se arraigan vigorosamente;
y hasta que no se disipan, las verdades no pueden divisarse, por
lo cual, tampoco pueden ser aceptadas. Pero estos períodos
de devastación, y la forma en que sobrevienen, ya han sido
tratados en la obra Arcana Co-elestia.
(514)
Quienes se hallan en centros
de instrucción, residen aparte; ya que en lo que respecta a
su interioridad, cada uno tiene conexión con la sociedad del cielo
en la cual está a punto de ingresar; según se ha dicho (ver
arriba, Nº 200-212), el orden de las sociedades celestiales
concuerda con la forma del cielo; lo mismo ocurre, pues, con los
centros de instrucción; por eso cuando estos centros son contemplados
desde el cielo, se divisa una especie de cielo en forma
menor. Su longitud va de este a oeste, y su anchura
de sur a norte, pero la anchura parece ser menor que
la longitud; y su disposición general es la siguiente.
Al frente se ubican aquellos que murieron en la infancia;
quienes son educados en el cielo hasta alcanzar sus primeros años
de juventud, y después de pasar por su estado infantil
junto a sus educadoras, son guiados e instruidos por
el Señor. Detrás de éstos se hallan los centros donde
reciben instrucción quienes murieron en la edad a-dulta, habiendo
experimentado en el mundo un afecto por la verdad emanado del
bien de la vida. Asimismo detrás de ellos se ubican quienes
en el mundo fueron adictos a la religión mahometana; llevando una
vida moral y reconociendo a la Divinidad y al Señor como
Profeta por antonomasia. Cuando éstos se apartan de Mahoma, luego
de percatarse de que no puede brindarles la menor ayuda,
se acercan al Señor; lo adoran, y reconocen
su Divinidad; entonces se les enseña la religión
cristiana. Aún detrás de éstos, más hacia el norte,
se encuentran los centros de instrucción de diversos pueblos
gentiles; los cuales llevaron en e1 mundo una buena vida
en conformidad con su religión, habiendo adquirido así una especie
de conciencia; haciendo lo que es justo y recto
no tanto por atenerse a las leyes gubernamentales, sino más bien por
atenerse a las leyes de su religión; al creer que éstas debían
observarse sacrosantamente, sin poder violarlas bajo ningún concepto
en sus actos. Una vez que han recibido instrucción, todos ellos llegan
a reconocer al Señor sin el menor reparo; porque
en sus corazones está escrito que Dios no es invisible, sino que
es visible, y que tiene forma humana. Estos sobrepasan a los
demás por su gran número; entre ellos, los mejores son los africanos.
(515)
Pero no todos reciben el mismo tipo
de instrucción, ni ésta les es impartida por las mismas
sociedades del cielo. Quienes fueron educados en el cielo desde
la infancia, y no asimilaron falsedades derivadas de la
religión; ni mancillaron su vida espiritual con la hez
de los honores y de las riquezas en el mundo, son instruidos por
los ángeles de los cielos interiores; mientras que aquellos que han muerto
en la edad adulta, son instruidos principalmente por los ángeles del cielo
inferior; porque estos ángeles son más compatibles con ellos que los ángeles
de los cielos más interiores; quienes gozan de una sabiduría interior
que ellos no están en condiciones de captar. Por su lado
los mahometanos, son instruidos por ángeles que, luego de haber profesado
la misma religión que ellos, se convirtieron al cristianismo.
Los gentiles, también son instruidos por ángeles de su misma procedencia.
(516)
La instrucción que allí se imparte procede
de la doctrina tomada de la Palabra; mas no de la Palabra aparte de la doctrina. A los cristianos se los instruye según
la doctrina celestial que concuerda plenamente con el sentido interno
de la Palabra. A todos los demás, como en el caso de los
mahometanos y los gentiles, se los instruye mediante doctrinas que
están dentro de su poder de captación; las cuales, difieren
de la doctrina celestial en una sola cosa: la vida espiritual
se les inculca por medio de una moral de vida concordante con
los buenos dogmas de su religión que pautaron su vida en el
mundo.
(517)
LLa instrucción en los cielos difiere de la
instrucción en la tierra, en que los conocimientos no se
incorporan a la memoria, sino a la vida; dado que la memoria
de los espíritus reside en su propia vida; reciben y asimilan
todo lo que armoniza con su vida, y rechazan, y no pueden
asimilar, lo que es incompatible con ella; porque los espíritus son
afectos, estando dotados, por tanto, de una fisonomía semejante a sus
afectos. Siendo esto así, los impulsa permanentemente un afecto por
la verdad aplicado a los usos de la vida; pues
el Señor provee que cada cual ame los lisos apropiados a
su naturaleza; y ese amor se ve exaltado por la esperanza
de llegar a ser ángel. Y como todos los usos del cielo están
referidos a un uso general, que es el bien del reino del Señor
(que en el cielo es la patria), y puesto que todos los usos
especiales y particulares tienen más valor cuanto más íntima y plenamente
se asimilan al uso general, todos estos usos especiales
y particulares, que son innumerables, son buenos y celestiales; por
consiguiente, en cada cual hay un afecto por la verdad
en íntima conjunción con un afecto por el uso, de manera
que entre ambos hacen uno solo; y por ello, la verdad se halla
tan implantada en el uso que las verdades que asimilan son verdades
de uso. Así, los espíritus angélicos, reciben su instrucción
y preparación para ingresar al cielo. El afecto por
la verdad apropiada al u-so es instilado por diversos medios,
la mayoría de ellos desconocidos en el mundo; principalmente
mediante representaciones de usos, que en el mundo espiritual
se exhiben de mil maneras distintas, suscitando tales deleites
y placeres, que traspasan el espíritu desde la interioridad
de su mente hasta la exterioridad de su cuerpo, afectándolo
en su integridad; de forma que se diría que su espíritu
se transforma en su propio uso; así que cuando arriba a
su sociedad, en la cual es iniciado mediante
la instrucción, se halla en su vida porque desempeña su uso.
Todo lo cual pone en claro que los conocimientos, que son verdades
externas, no determinan que nadie vaya al cielo, sino la vida
misma: una vida en la cual se prestan usos, que se implantan
a través de conocimientos.
(518)
Ciertos espíritus, a fuerza de pensar sobre
la cuestión en el mundo, llegaron a convencerse de que
habrían de ir al cielo, siendo recibidos allí antes que los demás,
a causa de su erudición, y en honor a sus vastos conocimientos
sobre la Palabra y las doctrinas de sus respectivas iglesias;
los tales, en consecuencia, se tenían por sabios, como a-quellos
de quienes se dice:
Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento... (Daniel XII. 3)
Pero éstos fueron examinados para sondear si sus conocimientos residían en su memoria, o si efectivamente los habían aplicado a la vida. Entre ellos, los que sintieron un afecto genuino por la verdad, es decir, quienes desempeñaron usos sin tomar en cuenta lo meramente corporal y terrenal como fin: usos de tipo esencialmente espiritual; luego de recibir instrucción, fueron admitidos en el cielo; entonces les fue dado saber qué es lo que resplandece en el cielo: la verdad Divina —que es la luz del cielo— en el uso, que es un plano que recibe los rayos de esa luz, tornándola en resplandores de matiz diverso. Pero los que relegaron sus conocimientos a la memoria, habiendo adquirido así cierta habilidad para razonar sobre las verdades para confirmar principios ya aceptados de antemano; éstos, como a pesar de no recibir la menor luz del cielo, y de la presunción inherente a los de su calaña intelectual, creían ser más sabios que los demás, y que portal razón tendrían acceso al cielo, donde serían servidos por ángeles; éstos por tanto, a fin de disipar sus fatuas creencias, fueron elevados al cielo primero o externo, donde iban a ser introducidos a una sociedad angélica. Pero en cuanto pisaron el umbral, el influjo de la luz del cielo empezó a obnubilar sus ojos y a perturbar su mente, hasta que por último empezaron a boquear como los moribundos; y apenas sintieron el calor del cielo, que es el amor celestial, comenzaron a experimentar una íntima tortura. De forma que de allí fueron expulsados; después se les enseñó que no son los conocimientos los que hacen al ángel, sino la vida misma regida a través de los conocimientos; puesto que los conocimientos, en sí mismos, son ajenos al cielo; en cambio una vida regida a través de los conocimientos, sí pertenece al cielo.
(519)
Cuando los espíritus ya han recibido
su preparación para ingresar al cielo, mediante la instrucción
impartida en los centros descriptos; cosa que se lleva a cabo
en un período relativamente breve, debido a que las ideas que
conciben son espirituales, y éstas, comprenden infinidad de detalles
a un mismo tiempo; entonces, llevan vestiduras angélicas de un blanco
resplandeciente, que parecen hechas de lino fino, y son conducidos
por una vía que asciende al cielo; allí se hacen cargo de ellos
ángeles guardianes, siendo recibidos después por otros ángeles, quienes los
presentan en sociedades donde disfrutan de innumerables bendiciones.
Más adelante, cada uno es guiado por el Señor a su propia
sociedad; lo cual se lleva a cabo por diversas vías;
a veces incluso por vías sinuosas. Estas vías no son conocidas por
ningún ángel, sino sólo por el Señor. Y cuando arriban a
su propia sociedad, su interioridad es develada; y puesto
que ésta condice con la interioridad de los ángeles que integran esa
sociedad, son reconocidos de inmediato, y recibidos jubilosamente.
(520)
Agregaré aquí un hecho memorable acerca
de las vías que van desde los centros de instrucción hacia
el cielo, por las que son guiados los ángeles novicios. Hay ocho vías;
de cada centro de instrucción parten dos, una de ellas asciende
hacia el este, la otra hacia el oeste. Quienes ingresan
al reino celestial del Señor son introducidos por la vía del
este; en cambio los que van al reino espiritual, son introducidos por
la vía occidental. Las cuatro vías que conducen al reino celestial
del Señor están ornadas con olivares y árboles frutales
de diverso género; en cambio aquellas que conducen al reino
espiritual del Señor aparecen ornadas con viñas y laureles.
Y esto en virtud de las correspondencias, porque las
viñas y los laureles corresponden al afecto por la verdad
y sus usos, mientras que los olivos y las frutas corresponden
al afecto del bien y sus usos.
(54)
Capítulo
LIV
NADIE INGRESA AL CIELO
SINO ES POR MISERICORDIA,
PERO LA MISERICORDIA OPERA
A TRAVÉS DE CIERTOS MEDIOS
(521)
Quienes no han recibido instrucción acerca del
cielo y las vías que conducen al cielo, ni sobre la vida
del cielo en el hombre, suponen que la recepción en el cielo
es exclusivamente una cuestión de misericordia concedida
a aquellos que tienen fe, por quienes el Señor intercede, vale
decir; se trataría meramente de una admisión por gracia;
de forma que todos los hombres sin excepción podrían salvarse
si contasen con el beneplácito del Señor; y hay quien
llega a opinar que todos los moradores del infierno podrían salvarse
mediante este recurso. Pero nada saben sobre el hombre quienes piensan
así; ignoran que éste es tal como su vida, y su vida tal como
su amor; tanto en la interioridad de su voluntad
e intelecto como en la exterioridad relativa a su cuerpo;
y que su forma corpórea es nada más que la forma externa
en que se manifiesta en efecto la interioridad, y que,
por tanto, el hombre en su integridad es el amor que siente (ver
arriba, Nº 363). Tampoco saben que el cuerpo no vive por
sí mismo, sino gracias a su espíritu; y que el hombre
espíritu es su afecto esencial, y que su cuerpo espiritual
no es otra cosa que su afecto en forma humana, y que ésa
es su fisonomía después de la muerte (ver arriba,
Nº 453-460). En tanto el hombre ignore estas cosas, puede
ser inducido a creer que la salvación consiste exclusivamente
en el beneplácito del Señor, designado como misericordia
y gracia.
(522)
Pero consideremos en primer lugar qué es la
misericordia Divina. La misericordia Divina es pura misericordia
hacia todo el género humano, para su salvación; la cual llega incesantemente
a todo hombre: de ella, nadie se ve privado jamás. De forma
que todo aquel que puede ser salvado, se salva. Y sin embargo nadie
puede ser salvado sino es por medios Divinos, medios que
el Señor revela en la Palabra. Estos medios reciben la designación de verdades Divinas,
y enseñan cómo debe vivir el hombre para alcanzar
la salvación. Por medio de estas verdades el Señor
conduce al hombre al cielo, y a través de ellas implanta en él
la vida del cielo. El Señor hace esto con todos. Pero
la vida del cielo no puede ser implantada en nadie que
no se abstenga de hacer el mal, porque el mal es un
obstáculo. Por tanto, en la medida en que el hombre
se abstiene de hacer el mal, es guiado por
el Señor por medios Divinos por pura misericordia, y ello desde
su infancia hasta la culminación de su vida en el mundo,
y luego por toda la eternidad. Esto es lo que se entiende
por misericordia Divina. De ello se desprende que
la misericordia del Señor es pura misericordia, pero
no opera sino a través de ciertos medios, vale decir, que
no consiste en salvar a todos por mero beneplácito, sin que
cuente cómo hayan vivido. angelo-luce.it
(523)
El Señor jamás obra en contra del orden,
porque El Mismo es Orden. La verdad Divina que procede del
Señor es lo que constituye el orden; y las verdades
Divinas son las leyes del orden. De acuerdo con estas leyes
el Señor guía al hombre. De manera que la salvación
del hombre por misericordia, aparte de los medios conducentes, sería algo
o-puesto al orden divino; y lo que se opone al orden
Divino, va contra la Divinidad. El orden Divino es el cielo
en el hombre, cosa que el hombre ha subvertido al llevar
una vida opuesta a las leyes del orden, que son las verdades Divinas. El hombre
es restituido a este orden por el Señor por pura
misericordia a través de las leyes del orden; y en la medida
en que es restituido a este orden, recibe el cielo dentro
suyo; y quien recibe el cielo dentro suyo, ingresa al cielo.
Lo cual pone de manifiesto que la misericordia Divina del
Señor es pura misericordia, salvo que esta misericordia, opera sólo
a través de ciertos medios.
(524)
Si los hombres pudiesen salvarse por misericordia sin
tomar en cuenta los medios, todos alcanzarían la salvación; incluso
los moradores del infierno; en realidad, no existiría
el infierno, ya que el Señor es la misericordia
misma; el amor mismo; la bondad misma. De ahí que sea
incompatible con Su divinidad aseverar que El puede salvar
a todos sin que importen los medios, aunque no los salve.
Se sabe por la Palabra que el Señor desea
la salvación de todos, y que no desea que nadie sea
condenado.
(525)
La mayoría de los que llegan a la otra vida
procedentes del mundo cristiano, traen consigo la creencia de que
pueden ser salvados por misericordia sin que cuenten los medios; e imploran
esta misericordia; pero en cuanto se los explora un poco,
se nota que ellos creen que para ingresar al cielo basta con
la admisión, y que los que ingresan disfrutan del júbilo celestial.
Pero como ignoran totalmente qué es el cielo y qué el júbilo
celestial, se les hace saber que el Señor no niega
la entrada al cielo a nadie; que pueden entrar y permanecer
allí si así lo desean. Quienes mostraron deseos de hacerlo,
fueron admitidos; pero apenas pisaron el umbral del cielo, les llegó una
ráfaga de calor celestial —que es el amor que sienten los ángeles— y
un influjo de luz Divina, y esto les produjo tai congoja, que
sintieron dentro de sí mismos tormentos infernales en vez
de júbilo celestial; y en medio de la mayor consternación
se precipitaron al suelo cabeza abajo. Así aprendieron por
experiencia personal que nadie puede recibir el cielo por pura
misericordia; haciendo caso omiso de los medios.
(526)
En algunas ocasiones he conversado con los
ángeles sobre el tema, y les he dicho que la mayoría de los
que viven sumidos en la maldad en el mundo, cuando hablan sobre
el cielo y la vida eterna sostienen que ingresar al cielo
no es otra cosa que ser admitido por misericordia exclusivamente.
Y así lo creen especialmente aquellos que hacen de la fe el
único medio de salvación. Ya que éstos, basándose en los
principios de su religión, no toman en cuenta la vida;
ni los actos de amor que conforman la vida; ni ninguno
de los otros medios mediante los cuales el Señor implanta
el cielo en el hombre, permitiéndole así recibir el júbilo
celestial; y como niegan todo tipo de mediación real, deducen, como
conclusión necesaria del principio establecido, que el hombre accede
al cielo por misericordia exclusivamente; misericordia supuestamente
suscitada en Dios Padre por intercesión del Hijo. Al oír esto, los
ángeles replicaron que de la suposición de que el hombre
se salva exclusivamente por la fe deriva necesariamente semejante
dogma; y puesto que ese dogma es la cabeza de todos los demás, a
él no puede llegar el influjo de la luz del cielo, porque
no es genuino; de él procede la ignorancia que prevalece
actualmente en la iglesia acerca del Señor, el cielo,
la vida después de la muerte, el júbilo celestial, la esencia
del amor y la caridad, y en general, sobre el bien y
su conjunción con la verdad; en consecuencia, sobre la vida
del hombre: de dónde proviene, y qué es. Cuando en realidad
debería saberse que no es el pensamiento lo que constituye
la vida de cada uno, sino la voluntad y los actos
derivados; y que la vida no e-mana del pensamiento si éste
no emana de la voluntad; ni de la fe, si ésta
no procede del amor. A los ángeles les duele que estas personas
no sepan que la fe por sí sola es imposible; dado que
la fe desligada de su origen, que es el amor, es un mero conocimiento;
y en algunos, tan sólo una suerte de persuasión disfrazada de fe
(ver arriba, Nº 482). Esta persuasión no está afincada
en la vida del hombre, sino que es ajena a ella; puesto que
no tiene arraigo en el hombre si no concuerda con su amor.
Los ángeles acotaron que quienes se aterran a este principio,
en lo que atañe a los medios esenciales para la salvación
del hombre, deben creer necesariamente en la misericordia haciendo caso
omiso de los medios; dado que perciben, tanto por la luz natural como
por experiencia ocular, que la fe por sí sola no constituye
la vida del hombre; porque los que llevan una vida perversa pueden pensar
y persuadirse igual que los demás; de donde proviene la creencia
de que los malvados pueden salvarse igual que los buenos, siempre
y cuando a la hora de la muerte, profieran un voto
de confianza en la intercesión, y en la misericordia concedida
a través de la intercesión. Los ángeles declararon no haber
visto jamás a nadie que, habiendo llevado una vida perversa, fuese admitido
en el cielo por misericordia exclusivamente, prescindiendo de los
medios; por más asenso y confianza (tal es la fe en
su sentido eminente) que haya protestado en el mundo. Cuando
se les preguntó si acaso Abraham, Isaac, Jacob, David y los
apósteles, no fueron recibidos en el cielo por misericordia sin tomar
en cuenta los medios, los ángeles respondieron que ninguno de ellos
fue recibido de ese modo, sino que cada cual fue recibido de acuerdo
con la vida que hizo en el mundo; y que sabían dónde
se hallaban; y que allí no gozaban de mayor estimación que
otros. Afirmaron que si en la Palabra se los honra, se debe
al hecho de que en el sentido interno a través
de ellos se a-lude al Señor; a través
de Abraham, Isaac y Jacob, al Señor en cuanto a
Su Divinidad y a su Divinidad Humana; a través
de David, al Señor en cuanto a Su Divinidad Regia;
y a través de los apóstoles, al Señor en lo que
atañe a las verdades Divinas; añadieron que cuando algún
hombre lee la Palabra, los ángeles no tienen la menor percepción
sobre tales personalidades, porque sus nombres no llegan al cielo;
perciben en cambio al Señor según la descripción que
se ha hecho recién; por consiguiente, en la Palabra que se conoce en el cielo (ver arriba, Nº 259) no figuran
los nombres mencionados, pues e-sa Palabra es el sentido interno de la Palabra que se lee en el mundo.
(527)
Puedo testimoniar, en base a un larga
experiencia, que es imposible implantar la vida del cielo
en aquellos que en el mundo llevaron una vida opuesta a la vida
del cielo. Ciertas personas, suponían que les resultaría fácil aceptar
y creer las verdades Divinas después de la muerte, cuando las oyesen
por boca de los ángeles; iniciando entonces una vida distinta que habría
de redundar en su admisión en el cielo. Lo cual
se puso a prueba con unos cuantos; si bien, esto se limitó
a quienes eran de la misma opinión; y por permisión,
en este caso, se les hizo saber que el arrepentimiento
no es posible después de la muerte. Algunos de los que pasaron
por esta experiencia entendieron las verdades, aceptándolas aparentemente; pero
en cuanto volvieron a la vida de su amor, las rechazaron;
llegando incluso a impugnarlas verbalmente. Otros, las rechazaron
en el acto; ni siquiera quisieron oírlas. Otros pretendían que
se los librara de la vida del amorque habían contraído en el
mundo; y que en su lugar, se les infundiese la vida
angélica, o vida del cielo; pero apenas se les substrajo la vida
de su amor, cayeron tendidos exánimes, sin fuerza alguna. Mediante éstas
y otras experiencias similares a las personas de bondad sencilla
se les enseñó que bajo ningún concepto es posible que
la vida de individuo alguno sea modificada después de la muerte;
y que una vida perversa jamás podrá tornarse en una buena vida,
ni una infernal en una angélica, porque todo espíritu es tal
como su amor de arriba abajo; y que transmutar su vida
en lo que le es opuesto no es otra cosa que aniquilar
al espíritu. Aseguran los ángeles que sería mucho más fácil convertir a una
lechuza en paloma, o a un búho en ave del paraíso, que
en ángel del cielo a un espíritu infernal. Que después de la
muerte el hombre sigue siendo tal como fue en vida en el mundo,
puede verse más arriba en el capítulo respectivo (Nº 470-484).
De todo ello se desprende que nadie puede ser recibido en el
cielo por misericordia exclusivamente, prescindiendo de los medios.
(55)
Capítulo
LV
VIVIR LA VIDA QUE CONDUCE
AL CIELO NO ES TAN DIFÍCIL
COMO SE SUELE CREER
(528)
Algunas personas creen que llevar la vida que
conduce al cielo—llamada vida espiritual—es difícil, porque han oído que
el hombre debe renunciar al mundo privándose de sus
concupiscencias —llamadas concupiscencias corporales y carnales—para vivir
una vida espiritual; y esto lo interpretan en el sentido de que
deben desechar las cosas mundanas, que consisten principalmente
en riquezas y honores; ocupando en cambio su tiempo
en meditaciones piadosas acerca de Dios, la salvación y
la vida eterna; consagrando su vida a la oración y a la lectura
de la Palabra y otros libros píos. En esto consiste para ellos
renunciar al mundo, y vivir en el espíritu y no en
la carne. Pero la realidad es bien distinta, cosa que
me fue dado comprobar mediante una larga experiencia y el diálogo con
los ángeles. En resumen lo que he aprendido, es que quienes
renuncian al mundo para vivir en el espíritu de la manera
referida, se sumen en una vida triste, que no es receptiva del
júbilo celestial, pues la vida de cada uno sigue siendo la misma
después de la muerte. Muy por el contrario, para que el hombre
reciba la vida del cielo, debe necesariamente vivir en el mundo,
haciéndose, cargo de sus negocios y ocupaciones y a través
dé una vida moral y civil recibir la vida espiritual.
De ningún otro modo puede forjarse la vida espiritual en el
Hombre, o la preparación de su espíritu para el cielo; pues
tener una vida íntima sin hacer al mismo tiempo una vida externa
es como residir en una casa que no tiene cimientos, la cual
se hunde poco a poco; o se agrieta y se parte; o tambalea
hasta desmoronarse.
(529)
Cuando la vida del hombre es contemplada
y explorada con clarividencia racional, se advierte que
es triple: espiritual, moral y civil; tres géneros de vida
perfectamente distintos entre sí. Puesto que hay hombres que viven una vida
civil, que no es ni moral ni espiritual; hay otros que viven una
vida moral que no es espiritual; y hay quienes viven una vida civil
que es moral y espiritual al mismo tiempo. Estos viven
la vida del cielo; en cambio los otros viven la vida del mundo
desligada de la vida del cielo. Lo cual indica, en primer lugar,
que la vida espiritual no es una vida ajena a la natural,
o a la vida del mundo, sino que está ligada a ella como
el alma al cuerpo; y si estuviera separada de ella sería,
según se dijo recién como residir en una casa que carece
de cimientos. Porque la vida moral y civil es el plano
activo de la vida espiritual; ya que la vida espiritual consiste
en querer el bien, y la vida moral y civil,
en hacerlo; y si esta última se desliga de la primera
la vida espiritual se reduce a meros pensamientos y palabras;
y la voluntad, al carecer de base, pierde su vigor;
y sin embargo, la voluntad es la médula espiritual del hombre.
(530)
Que no es tan difícil como algunos creen vivir
la vida que conduce al cielo, se verá enseguida.
¿ Quién no puede vivir una vida moral y civil ?
Desde la infancia todo hombre se inicia en ella, y sabe
en qué consiste, por vivir en el mundo. Por lo demás, todos,
ya sean buenos o malos, llevan esa vida; ¿ pues quién
desea que no lo llamen honesto, y quién que no lo llamen
justo ? Casi todos se conducen con honestidad y justicia
exteriormente, lo suficiente como para parecer honestos y justos
de corazón, o dar la impresión de que actúan realmente
inspirados por la honestidad y la justicia. Así debe vivir
el hombre espiritual, y puede hacerlo con la misma facilidad que
el hombre natural; con esta sola diferencia: el hombre espiritual
cree en la Divinidad, y actúa honesta y justamente no sólo
porque ello condice con las leyes civiles y morales, sino porque también
armoniza con las leyes Divinas. Y como en todo lo que hace
piensa en las cosas Divinas, tiene comunicación con los ángeles del cielo;
y en la medida en que esto acontece, entra en conjunción con
ellos; de esta forma se devela el hombre interno que,
considerado en sí mismo, es el hombre espiritual. Cuando
el hombre entra en este estado, es adoptado y guiado por
el Señor, aunque él no lo sepa; entonces, todos los actos
honestos y justos que realiza, relativos a su vida moral
y civil, tienen inspiración espiritual; y hacer lo que
es honesto justo por influjo espiritual, es obrar verdaderamente con
honestidad y justicia, o hacerlo de corazón. Su justicia
y honestidad, aparentemente, es exactamente igual a la justicia
y honestidad del hombre natural, o incluso del infernal; pero
en su forma interna es completamente diferente. Porque los hombres
malignos actúan justa y honestamente nada más que por amor de sí
mismos y del mundo; de modo que si no tuviesen temor de las
leyes y las penalidades, o de perder la reputación, los honores,
el lucro, o la vida, procederían deshonesta e injustamente
en todo sentido, ya que no tienen temor de Dios ni de
ninguna ley Divina; de ahí que carezcan de un vínculo interno que los
refrene; de forma que aprovecharían la menor oportunidad para cometer
fraude, saquear y expoliar; y esto por puro deleite. Que
su índole interna es así, se manifiesta claramente
al contemplar a sus congéneres en la otra vida; donde todos
se desprenden de su exterioridad para develar su interioridad,
en la cual han de vivir por toda la eternidad (ver arriba,
Nº 499-511). Corno éstos actúan entonces sin ningún freno externo,
tales como, según se dijo recién, el temor de la ley,
la pérdida de la reputación, del honor, el lucro o la vida,
se comportan demencialmente, riéndose de la honestidad y
la justicia. En cambio aquellos que actuaron honesta
y justamente ateniéndose a las leyes Divinas, cuando se despojan
de su exterioridad para entrar en su interioridad, actúan sabiamente,
porque están en conjunción con los ángel del cielo, quienes les comunican
sabiduría. De todo esto se desprende, en primer lugar, que
cuando el hombre interno, es decir, la voluntad y
el pensamiento, están en conjunción con la Divinidad,
la vida civil y moral del hombre espiritual puede ser prácticamente
la misma que la vida civil y moral del hombre natural (ver
arriba, Nº 358-360).
(531)
Por lo demás, las leyes de la vida
espiritual, las leyes de la vida civil y las leyes de la vida
moral están formuladas en los diez mandamientos del Decálogo; en los
tres primeros las leyes de la vida espiritual en los cuatro
siguientes las leyes de la vida civil, y en los tres últimos las
leyes de la vida moral. A juzgar por las apariencias externas
el hombre meramente natural vive de acuerdo con tales preceptos,
al igual que el hombre espiritual; ya que, al igual que él,
adora a la Divinidad, asiste a la iglesia, oye las prédicas, y
se abstiene de cometer asesinato, adulterio y fraude; a-sí como
de prestar falso testimonio, o despojar a sus compañeros
de sus bienes. Pero todo esto lo hace nada más que por amor
de sí mismo y del mundo; para guardar las apariencias: interiormente
los individuos de esta clase son exactamente lo contrario de lo
que aparentan ser exteriormente; puesto que en lo íntimo de su
corazón niegan a la Divinidad: su devoción es la del hipócrita;
y cuando piensan para sí, se ríen de las cosas santas de la
iglesia, creyendo que sirven nada más que para refrenar a la mera turba.
De ahí que un hombre de tales características, se halle
totalmente desligado del cielo, y al no ser un hombre espiritual,
tampoco es un hombre moral ni un hombre civil. Pues si bien
se abstiene de cometer asesinato, odia a todo aquel que
se le opone, y ese odio le inspira ardientes ansias
de venganza; de forma que si no lo refrenasen las leyes
civiles y los vínculos externos — cosas que teme — cometería
asesinato; y como ansia hacerlo, de ello se sigue que
continuamente está cometiendo asesinato. Y aunque no comete
adulterio; como cree que se trata de algo lícito, es un perpetuo
adúltero; dado que cometería adulterio a la menor ocasión. Por más que
no robe; codicia los bienes ajenos, y no considera que el fraude
y las malas artes atenten contra lo que es lícito; de modo
que su intención permanente es la del ladrón. Lo mismo
es cierto en lo que atañe a los mandamientos relativos a
la vida moral; que prohiben prestar falso testimonio y codiciar los
bienes ajenos. Así es el hombre que niega a la Divinidad, y que
carece de una conciencia de inspiración religiosa. Que ello
es así se manifiesta con claridad en quienes son de la
misma índole cuando, en la otra vida, se los despoja de su
exterioridad y les es dado entrar en su interioridad. Como
entonces se hallan desligados del cielo, actúan al unísono con
el infierno; y en consecuencia, establecen relación con los moradores
del infierno. El caso es distinto con los que en lo íntimo
de su corazón han reconocido a la Divinidad, y respetaron las
leyes Divinas en los actos de su vida; habiendo vivido de acuerdo
tanto con los tres primeros mandamientos del Decálogo como con los restantes.
Cuando la exterioridad de éstos es removida, y les
es dado entrar en su interioridad, llegan a ser más sabios que
en el mundo; ya que cuando entran en su interioridad es como
si pasasen de la oscuridad a la luz; o de la ignorancia a
la sabiduría; o de una vida triste a una vida feliz, porque
entonces se hallan en la Divinidad, es decir, en el cielo.
Esto ha sido dicho a fin de que se sepa cómo
se diferencian unos hombres de otros, por más que exteriormente hayan
llevado una vida similar.
(532)
Cualquiera puede advertir que los pensamientos
dependen y están determinados por las intenciones, vale decir, aquello que
uno procura hacer; debido a que el pensamiento del hombre es su
vista interna y se parece a la vista externa en lo siguiente:
se dirige hacia el punto hacia el cual se vuelve o
se orienta, y allí se detiene. De modo que cuando
la vista interna, o pensamiento se vuelve hacia el mundo,
para posarse allí el pensamiento se torna mundano; cuando
se vuelve hacia sí mismo, en pos de honores personales,
se torna corporal; pero cuando se vuelve hacia el cielo,
se torna celestial. Del mismo modo, al volverse hacia el cielo,
se e-leva, pero cuando se vuelve hacia sí mismo, desciende del
cielo para sumirse en lo meramente corporal; y al volverse hacia
el mundo desciende asimismo del cielo para posarse en aquellos
objetos que aparecen ante nuestra vista natural'. El amor del hombre
conforma su intención y dirige su vista interna
o pensamiento hacia sus objetos; así, el amor de sí mismo
la fija en el propio yo y sus objetos; el amor del mundo
en los objetos mundanos; y el amor del cielo en los objetos
celestiales. Y cuando se sabe el tipo de amor que
se siente, también puede saberse cuál es el estado
de interioridad de la mente del hombre; la interioridad
de quien ama el cielo, se eleva hacia el cielo y está
develada en su nivel superior; en cambio la interioridad
de aquel que a-ma al mundo, o a sí mismo, está obstruida
en el nivel superior y develada exteriormente. De ello
se sigue que cuando los dones eminentes de la mente están obstruidos
en su nivel superior, el hombre pierde de vista los objetos
relativos al cielo y la iglesia; para él, pasan a estar
en tinieblas; y aquello que está en las tinieblas, o bien
se niega, o no se entiende. Por eso quienes aman al mundo
y a sí mismos por sobre todas las cosas, en su corazón niegan
las verdades Divinas, porque las facultades superiores de su mente
se hallan obstruidas; y si hacen referencia a dichas verdades
basándose en los datos extraídos de su memoria, de todas maneras
no alcanzan a comprender su significado. Por otra parte, las
evalúan con el mismo rasero que a las cosas mundanas
y corporales. Y quienes son así, sólo pueden fijar su atención
en las cosas que perciben por medio de los sentidos corporales,
ya que solamente en ellas encuentran su deleite. Entre éstas,
hay unas cuantas que son inmundas, obscenas, profanas y malignas; las
cuales no pueden ser removidas, porque el influjo del cielo
no llega a la mente de tales individuos: su nivel superior
está obstruido, según se ha dicho recién. La intención del hombre,
que determina su vista interna o pensamiento, es su voluntad;
puesto que lo que el hombre quiere, lo intenta; y lo que
intenta, lo piensa. Así que cuando su intención tiende hacia
el cielo, su pensamiento se orienta hacia el cielo;
y con él, toda su mente, que de tal modo se halla
en el cielo; y desde allí, contempla las cosas del mundo que están
debajo como quien observa desde el techo de una casa. Así,
el hombre que posee la interioridad de su mente develada, puede
ver sus maldades y falsedades; porque están por debajo de su mente
espiritual. Por otra parte, quien no posee su interioridad develada,
no puede verlas, ya que está sumido en ellas, y no por
encima de ellas. En base a lo expuesto, es posible inferir
de dónde proviene la sabiduría del hombre, y de dónde
su locura; cuál es el porvenir del hombre después de la muerte;
cuando le es dado querer y pensar, obrar y expresarse,
de a-cuerdo con su interioridad. Todo esto ha sido dicho,
asimismo, para que se sepa cuál es la naturaleza interior del hombre;
por más que exteriormente a-parente otra cosa.
(533)
Que vivir la vida que conduce al cielo
no es tan difícil como algunos creen, se desprende de lo
siguiente: cuando a un hombre se le presenta la ocasión
de hacer algo que él sabe que es deshonesto e injusto; por
más tentado que esté, le basta con pensar que no debe hacerlo porque
atenta contra los preceptos Divinos. Si un hombre se habitúa
a pensar así; y en base a esa costumbre, se forja una
disciplina intelectual, entra gradualmente en conjunción con
el cielo; y en la medida en que establece conjunción con
el cielo, los dones superiores de su mente, se develan; y
en cuanto esto acontece, advierte qué cosas son deshonestas e injustas;
y al advertir estas perversidades, tiene la posibilidad
de suprimirlas; debido a que las perversidades no pueden ser
suprimidas hasta que no se advierten. El hombre arriba a este
estado gracias a su libertad; ¿ o acaso no es
posible pen-sar así si se goza de libertad ? Y una vez que
el hombre ha dado el paso inicial, entonces el Señor
vivifica todo lo bueno que hay en él; pero no se limita
a hacerle notar que las maldades son tales, sino que lo impulsa
a abstenerse de querer cometerlas; y por último, a que
experimente aversión hacia ellas.. Tal es el sentido de las
siguientes palabras del Señor:
Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mat. XI, 30).
Pero debe comprenderse que es más difícil pensar así, y resistir el mal, cuando el hombre comete maldades deliberadamente, puesto que en este caso llega a habituarse a ellas, hasta el punto de pasar inadvertidas; por último, las ama, y las justifica por el deleite de su amor; y las confirma, aduciendo todo género de falacias; sosteniendo que son lícitas y benignas. Este es el destino de aquellos que desde la más tierna juventud perpetran todo género de maldades desenfrenadamente, rechazando las cosas Divinas de todo corazón.
(534)
En cierta ocasión, el camino que conduce
al cielo y el camino que conduce al infierno me fueron
representados. Veía un camino amplio que conducía hacia la izquierda,
o al norte, por el que marchaban muchos espíritus; a lo lejos,
se divisaba una enorme piedra señalando el final del camino.
A partir de esa piedra el camino se dividía en dos;
uno hacia la izquierda y el otro en dirección opuesta, hacia
la derecha. El de la izquierda era angosto o estrecho,
y atravesando la región occidental conducía al sur,
es decir, hacia la luz del cielo; en cambio el camino
de la derecha era amplio y espacioso, y descendía oblicuamente
hacia el infierno. Al principio, todos parecían marchar en la
misma dirección; hasta que arribaron a la gran piedra donde el camino
se bifurcaba: una vez allí, se separaron; los buenos tomaron hacia
la izquierda, por el camino estrecho que conducía al cielo; pero
los malos, al no ver la piedra donde el camino
se bifurcaba, se la llevaron por delante, lastimándose; una vez
recuperados, se lanzaron por el camino espacioso de la derecha,
que conducía al infierno. Luego se me explicó qué simbolizaba todo
esto. El primer camino, que era amplio; por el que marchaban juntos
los buenos y los malos como si fuesen amigos — pues
no había ninguna diferencia ostensible entre ellos —, representaba
a aquellos que ex-teriormente llevan una vida similar a la de los que
son honestos y justos: sin que se note la menor diferencia entre
unos y otros. La piedra situada en la bifurcación del camino, o
en ángulo, que los malos se llevaron por delante para después
lanzarse por el camino que conducía al infierno, representaba
la verdad Divina; que es rechazada por quienes miran hacia
el infierno; y en su sentido supremo esta piedra significaba
la Divinidad Humana del Señor. En cambio los que reconocieron
la verdad Divina, junto con la Divinidad del Señor, tomaron
el camino que conducía al cielo. De esta forma se puso
de manifiesto que exteriormente los malos llevan el mismo tipo
de vida que los buenos, o que van juntos por el mismo camino, vale
decir, con la misma disposición unos y otros; no obstante
lo cual, quienes reconocen a la Divinidad de corazón,
y especialmente los miembros de la iglesia que reconocen
la Divinidad del Señor, van al cielo; pero aquellos que
no lo hacen, son conducidos al infierno. Los pensamientos del hombre
que proceden de su intención o voluntad, en la otra vida son
representados por medio de caminos; estos caminos se hacen visibles
de forma tal que concuerdan exactamente con los pensamientos de la
intención; y según los pensamientos de su intención, cada cual toma
su camino. De ahí que la índole de los espíritus y sus
pensamientos, se conozcan por los caminos que toman. Lo cual aclara
asimismo el sentido de las siguientes palabras del Señor:
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. (Mateo Vil 13, 14).
El camino que conduce a la vida es estrecho que no quiere decir que sea difícil de transitar, sino que hay pocos que lo encuentran, como lo indica este pasaje. La piedra situada en el ángulo donde remataba el camino amplio y compartido; desde la cual partían otros dos caminos en direcciones o-puestas, aclara el sentido de las siguientes palabras del Señor:
Pero él, mirándolos, dijo: ¿ Qué, pues, es lo que está escrito ? La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. Todo el que cayere sobre ella, será quebrantado... (Lucas XX. 17, 18).
"Piedra" significa verdad Divina, y la "piedra de Israel" el Señor en cuanto a Su Divinidad Humana; los "edificadores" son los miembros de la i-glesia; "la cabeza del ángulo" es la bifurcación del camino; "caer" y "ser quebrantado " es negar y perecer.
(535)
En la otra vida me fue dado conversar con
algunas personas que se habían apartado de los asuntos mundanales
a fin de llevar una vida pía y santa; y asimismo con otros
que se habían atormentado a sí mismos de diversas maneras,
porque creían que así renunciaban al mundo, refrenando las concupiscencias
de la carne. Pero como la mayoría de éstos, lo que
consiguieron de esa manera fue hacer una vida triste, apartándose
de una vida de caridad, ya que esta vida sólo puede vivirse
estando inmerso en los asuntos del mundo, no pueden relacionarse con
los ángeles; porque la vida de los ángeles es jubilosa, debido a
su beatitud: que consiste en hacer el bien realizando obras
de caridad. Por lo demás, a los que han llevado una vida
apartada de las ocupaciones del mundo los consume el fuego del mérito
personal; están codiciando el cielo continuamente; y piensan
en el júbilo celestial como si fuese una suerte de recompensa,
debido a que ignoran totalmente en qué consiste. Cuando estos individuos
son recibidos por los ángeles, y sienten su júbilo, que nada tiene
que ver con el mérito, pues consiste en realizar obras concretas,
prestando servicios de utilidad práctica, y en una cierta bendición
nacida del bien ya realizado; quedan pasmados, como quien descubre algo
ajeno a sus creencias; y como no son receptivos a ese
júbilo, se marchan, para confabularse con sus congéneres; que son aquellos
que en el mundo hicieron una vida semejante a la suya. Por
su parte aquellos que llevaron una vida exteriormente beata, asistiendo
permanentemente a la iglesia para orar y mortificar su alma;
convencidos de que por esto habrían de ser estimados y honrados
por encima de los demás; y que por último, después de la muerte,
serían tenidos por santos; éstos, en la otra vida no están en el
cielo, porque hicieron todo ese alarde por amor de sí mismos. Y como
adulteraron las verdades Divinas por estar inmersos en el amor de sí
mismos, algunos de ellos son tan insanos que llegan a creer que son
dioses; por lo que habitan en el infierno junto a sus congéneres.
Algunos son arteros y tramposos, y moran en los infiernos
de los tramposos; éstos son los que mediante maquinaciones
y artimañas simularon ser píos, induciendo al vulgo
a creer que estaban dotados de Divina beatitud. De ésta índole
son muchos de los santos de la religión Pontificia. Con algunos
de éstos me fue dado hablar, y la calidad de su vida
se hizo patente: tal como fue en el mundo, y tal como fue
después. Todo esto ha sido dicho a fin de que se sepa que
la vida que conduce al cielo no es una vida apartada del mundo,
sino una vida inmersa en el mundo; y que una vida piadosa desprovista
de caridad —que sólo puede darse en el mundo— no conduce
al cielo; pero sí u-na vida de caridad, la cual consiste en ser
honesto y justo en toda ocupación, negocio o actividad, por una
inspiración interior o celestial; y esa inspiración cobra vida cada
vez que el hombre actúa honesta y justamente porque así
lo preceptúan las leyes Divinas. Llevar esa vida no es difícil. Pero
hacer u-na vida pía que no sea al mismo tiempo una vida
de caridad, es penoso; y tanto más aparta del cielo, cuanto más
se cree que conduce al cielo.
(III)
EL INFIERNO
(56)
Capítulo
LVI
EL SEÑOR RIGE LOS INFIERNOS
(536)
Más arriba al hacer referencia al cielo,
se ha expuesto una y otra vez (sobre todo en Nº 2-6) que
el Señor es el Dios del cielo, de lo que se sigue
que el gobierno de los cielos en su integridad pertenece
al Señor. Y como la relación que existe entre cielo e infierno,
e infierno y cielo, es semejante a la que media entre dos
opuestos que se contraponen mutuamente, derivando del proceso
de acción y reacción que se establece entre ambos un estado
de equilibrio que confiere permanencia a todas las cosas surgidas
en dicho proceso; es necesario que quien rige a uno, rija
al otro; puesto que si el mismo Señor no mantuviese
a raya las rebeliones de los infiernos, cesaría el equilibrio;
y junto con él, todo lo demás.
(537)
En primer lugar haremos una referencia a dicho
equilibrio. Es notorio que cuando dos cosas se oponen mutuamente, una
reacciona y resiste, mientras la otra actúa e impele; y
si la potencia de ambas es igual, su efecto recíproco
es nulo, pudiendo entonces una tercera actuar libremente sobre ambas;
ya que cuando la fuerza de las dos se ve neutralizada por
una idéntica oposición, el efecto de una tercera sobre ellas
es pleno; y opera con la misma facilidad que si no hubiese
oposición. Tal es el equilibrio que hay entre el cielo y
el infierno; sin embargo no es un equilibrio como el que
se da entre dos contendientes corpóreos que poseen la misma fuerza;
dado que se trata de un equilibrio espiritual, es decir, del
equilibrio resultante de la pugna entre la falsedad y la verdad,
y entre el mal y el bien. Del infierno mana continuamente
la falsedad del mal, y del cielo, la verdad del bien. Este
equilibrio espiritual determina que el hombre piense y quiera
en libertad; ya que lo que el hombre piensa y quiere,
o se refiere al mal y la falsedad derivada, o al bien y
la verdad derivada. De manera que cuando está en equilibrio,
está en libertad de admitir o recibir el mal y
la falsedad que manan del infierno, o de admitir o recibir
el bien y la verdad que proceden del cielo. El Señor
mantiene a todo hombre en tal equilibrio, porque el Señor
rige así en el cielo como en el infierno. Pero porque
se mantiene el hombre en libertad mediante este equilibrio, sin
que le sean extirpados el mal y la falsedad, para implantar
en su lugar el bien y la verdad, en virtud de la
potestad Divina, es algo que abordaremos más adelante en el capítulo
respectivo.
(538)
Con frecuencia me fue dado percibir
la esfera de la falsedad del mal que mana del infierno.
Se trataba de una especie de esfuerzo perpetuo por destruir todo
lo bueno y verdadero, en conjunción con cierta ira rayana
en el furor ante la imposibilidad de consumar tales designios;
pero por sobre todo consistía en un esfuerzo por aniquilar y destruir
la Divinidad del Señor; y ello a causa de que todo
bien y toda verdad proceden de El. Asimismo me fue dado percibir
la esfera de la verdad del bien que manaba del cielo, refrenando
el furor del esfuerzo que ascendía del infierno. Como resultado,
se estableció un equilibrio. Pude percibir que la esfera del
cielo procedía sólo del Señor, aunque parecía provenir de los
ángeles del cielo; pero procede exclusivamente del Señor, y no de
los ángeles; y en el cielo todo ángel reconoce que ni un ápice
de bien y verdad procede de él, pues todo procede del
Señor.
(539)
En el mundo espiritual todo poder emana
de la verdad del bien; y el poder de la falsedad del mal
es totalmente nulo. Esto se debe al hecho de que en el
cielo la Divinidad misma es el bien Divino y la verdad Divina, y
el poder absoluto pertenece a la Divinidad. El poder de la
falsedad del mal es nulo, porque todo poder emana de la verdad del
bien, y en la falsedad no hay ni un ápice de la verdad del
bien. De manera que el poder del cielo es absoluto, mientras que
el del infierno es nulo; en el cielo todos viven en la
verdad del bien, y en el infierno todos están inmersos en la falsedad
del mal: nadie es admitido en el cielo hasta que no vive
en la verdad del bien; y nadie es arrojado al infierno,
hasta que no se halla inmerso en la falsedad del mal. (Lo cual
puede verificarse en los artículos respectivos al primer, segundo
y tercer estado del hombre después de la muerte, Nº 491
-520); y que todo poder pertenece a la verdad del bien, puede verse
en el capítulo referente al poder de los ángeles del cielo.
(Nº 228-233)
(540)
Tal es, pues, el equilibrio establecido entre
el cielo y el infierno. Quienes habitan en el mundo de los
espíritus, se mantienen en ese equilibrio, porque el mundo
de los espíritus está situado entre el cielo y el infierno.
Y bajo el mismo influjo se mantienen en equilibrio los
hombres en el mundo; ya que los hombres que residen en el mundo,
están regidos por el Señor a través de espíritus que
habitan en el mundo de los espíritus, como se verá más adelante
en el capítulo respectivo. Pero este equilibrio no podría darse,
si el Señor no rigiese tanto el cielo como
el infierno, regulando ambas partes. De lo contrario, las falsedades
del mal prevalecerían, afectando a los espíritus de bondad simple que
habitan en la periferia del cielo, quienes son más fáciles
de pervertir que los ángeles propiamente dichos; de ocurrir esto,
cesaría el equilibrio, y junto con el equilibrio,
la libertad del hombre.
(541)
EL infierno, al igual que el cielo, está
constituido por distintas sociedades; tantas como hay en el cielo: cada
sociedad del cielo tiene su sociedad opuesta en el infierno,
en razón del equilibrio. Las sociedades del infierno se distinguen
entre sí según los géneros de maldad y sus falsedades derivadas,
así como las sociedades del cielo se distinguen entre sí según los
géneros de bien y sus verdades derivadas. Que a cada bien
corresponde un mal opuesto, y a cada verdad una falsedad opuesta,
se desprende de lo siguiente: no hay nada que exista sin tener
una relación con su opuesto, y la naturaleza de todo aquello que
existe puede conocerse, en género y grado, a partir de su
opuesto; tal es la fuente de toda percepción y de toda
sensación. Por eso el Señor provee de manera constante que
cada sociedad del cielo tenga su sociedad opuesta en el infierno,
y que se establezca un equilibrio entre ambas.
(542)
Como en el infierno hay el mismo número
de sociedades que en el cielo, allí hay tantos infiernos como
sociedades hay en el cielo; puesto que así como cada sociedad del cielo
es un cielo en forma menor (ver más arriba Nº 51-58), así
también cada sociedad infernal es un in-, infierno en forma menor.
Y así como, en sentido genérico, hay tres cielos, así también,
en sentido genérico, hay tres infiernos; un infierno inferior,
opuesto al tercero íntimo cielo: otro intermedio, opuesto al cielo
intermedio o segundo; y otro superior, opuesto al cielo externo
o primero.
(543)
En seguida explicaremos de qué modo rige
el Señor los infiernos. En general, los infiernos son regidos
por una efusión general de bien Divino y verdad Divina que emana
de los cielos, mediante la cual, el esfuerzo general que emana
del infierno, es refrenado y contrarrestado; y asimismo por una
efusión específica que emana de cada cielo y de cada sociedad.
En particular, los infiernos son regidos por ángeles, a quienes les
es dado mirar a los infiernos, apaciguando así la insania
y los disturbios imperantes; y en algunas ocasiones ángeles emisarios
llegan hasta a-Ilí, para moderar la insania y los disturbios mediante
su presencia. En general, todos los moradores del infierno son
regidos por medio de sus temores. Algunos son regidos por temores
ya implantados en el mundo que todavía llevan dentro suyo; pero como
estos temores no bastan, pues poco a poco van disipándose/son regidos
mediante el temor del castigo; esto, principalmente, es lo que los
disuade de hacer el mal. Las penas que se imponen en el infierno
son múltiples; leves o graves, según el género de maldad
cometido. Generalmente los más perversos son colocados en las posiciones
de mando, porque son más arteros y mañosos que los demás;
y están en condiciones de someter a los otros,
reduciéndolos a un estado de servidumbre mediante el castigo y
el terror derivado; pero éstos regentes no pueden propasarse
de los límites prescriptos. Es necesario comprender que el único
medio para refrenar la violencia y el furor de los habitantes
del infierno, es el temor del castigo. Y no hay ningún otro
expediente.
(544)
En el mundo se ha creído hasta hoy que hay
un Diablo que preside los infiernos; el cual habría sido creado como
ángel de luz, pero, después de haberse rebelado, fue arrojado
al infierno junto con sus secuaces. Semejante creencia ha cundido
porque en la Palabra, el Diablo, Satanás y asimismo Lucifer, son
mencionados por su nombre, y los pasajes de la Palabra donde ello ocurre han sido interpretados según su sentido literal. Pero
el "Diablo" y "Satanás" significan
el infierno; el "Diablo", el infierno posterior, donde
moran los peores de todos, los llamados genios malignos;
"Satanás", el infierno anterior, donde habitan aquellos que
no son tan perversos, los llamados espíritus malignos;
y "Lucifer", los que pertenecen a Babel o Babilonia,
quienes anhelan extender sus dominios hasta el mismo cielo. Que
no hay un diablo que rija los infiernos, se desprende también
del hecho de que todos los habitantes del infierno, al igual que los
del cielo, proceden del género humano (ver Nº 311-317); y de que
ya suman miríadas de miríadas los que han ingresado allí desde
el principio de la Creación; siendo ca-, da uno de ellos
un diablo, según su oposición a la Divinidad durante
su vida en el mundo (ver más arriba, Nº 311-312).
(57)
Capítulo
LVII
EL SEÑOR NO ARROJA
A NADIE AL INFIERNO;
ES EL ESPÍRITU MISMO
EL QUE SE PRECIPITA
EN EL INFIERNO
(545)
Entre ciertas personas prevalece la opinión
de que Dios aparta su rostro del hombre; lo arroja
al infierno; se encoleriza con él a causa de su maldad;
y hay quienes llegan a opinar que Dios castiga al hombre,
haciéndole daño. Y confirman su criterio recurriendo
al sentido literal de la Palabra, citando aquellos pasajes donde
se declaran este tipo de cosas; ignorando que el sentido
espiritual de la Palabra, mediante el cual se a-clara
el sentido literal, es completamente distinto; y que, por tanto,
la genuina doctrina de la iglesia, emanada del sentido espiritual
de la Palabra, ensena otra cosa; vale decir, que Dios jamás aparta
su rostro del hombre; ni lo arroja lejos de sí; que
no arroja a nadie al infierno, ni se encoleriza. Por
lo demás, quienquiera que esté dotado de una mentalidad esclarecida,
puede advertir que ello es así, por la sencilla razón de que
Dios es el Bien mismo, el Amor mismo, y la Misericordia misma; y
el Bien mismo a nadie puede hacerle mal; y el Amor mismo y
la Misericordia misma, no pueden arrojar al hombre lejos
de sí, porque esto atenta contra la esencia misma de la
misericordia y el amor; y aun de la misma Divinidad.
De modo que aquellos que gozan de una mente esclarecida, al leer
la Palabra, perciben claramente que Dios jamás se aparta del hombre;
y como El jamás se aparta del hombre: lo trata con bondad,
amor y misericordia; desea su bien, lo ama y es misericordioso
con él. De lo que se desprende que el sentido literal de la Palabra, en el que se declaran tales cosas, encierra un sentido espiritual
recóndito; y que las expresiones empleadas en el sentido literal, que
se ajustan a lo que el hombre puede aprehender, y a sus
ideas primarias y generales, deben ser explicadas a través de su
sentido espiritual.
(546)
Por otra parte, quienes son esclarecidos, advierten
que el bien y el mal son dos cosas opuestas; que se contraponen
como el cielo y el infierno, y que todo bien mana del cielo
y todo mal del infierno; y como la Divinidad del Señor
es lo que crea el cielo (Nº 7-12), solamente
el bien fluye del Señor hacia el hombre, pero del infierno,
solamente el mal; por consiguiente, el Señor siempre aparta
al hombre del mal, guiándolo hacia el bien, mientras que
el infierno, continuamente lo conduce al mal. Y si el
hombre no se hallase entre uno y otro, no tendría
ni pensamiento ni voluntad; y mucho menos libertad
o facultad de elegir: el hombre goza de estos dones
en virtud del equilibrio establecido entre el bien y el mal;
de forma que si el Señor se alejara del hombre, dejándolo
bajo el poder exclusivo del mal, el hombre perdería su condición
de tal. Todo ello indica que el Señor fluye en cada
hombre instilándole el bien: así en el hombre maligno como en el
benigno, con la única diferencia de que el Señor aparta
continuamente del mal al hombre maligno, y guía continuamente hacia
el bien al hombre bueno; diferencia que por otra parte radica
en el hombre mismo, ya que él es el receptor.
(547)
Lo cual pone de manifiesto que el hombre
hace el mal bajo el influjo del infierno, y el bien, por influjo
del Señor. Pero como el hombre supone que lo que hace,
lo hace por sí mismo; el mal cometido se adhiere a
él como si fuese suyo: de ahí que la raíz del mal esté
en el hombre, y de ninguna manera en el Señor.
El mal en el hombre es el infierno dentro suyo; puesto que decir
el mal o el infierno, viene a ser la misma cosa.
Y como el hombre es la causa de su propia maldad,
es él mismo quien se conduce al infierno, y no el
Señor. Por el contrario, tan lejos está el Señor
de conducir al hombre al infierno, que El es quien libra
al hombre del infierno, siempre y cuando el hombre no desee
ni ame estar inmerso en su propia maldad. Porque la voluntad y
el amor del hombre permanecen en él después de la muerte
(Nº 470-484). Aquel que quiere y ama el mal en el
mundo, quiere y ama el mal en la otra vida; pero entonces
ya no se lo aparta del mal como antes. Por eso un hombre inmerso
en el mal, está ligado al infierno: en realidad su espíritu
está allí; y después de la muerte anhela por sobre todas las cosas
sumirse en su propia maldad. Por consiguiente, es el hombre mismo
el que se arroja al infierno después de la muerte, sin que
intervenga el Señor.
(548)
En seguida explicaremos el modo en que esto
sobreviene. Cuando el hombre ingresa en la otra vida,
es recibido en primer lugar por ángeles; quienes lo atienden
solícitamente, instruyéndolo sobre el Señor, el cielo,
la vida angélica, y todas las cosas buenas y verdaderas. Pero
si el hombre, que entonces ya es un espíritu, es uno
de aquellos que aun sabiendo estas cosas en el mundo, las negaron con
desprecio en su corazón; después de unos breves circunloquios, ansían
y procuran alejarse de estos ángeles. En cuanto los ángeles
se percatan de ello, se apartan. Los individuos de esta
índole, luego de entrar en contacto con otros espíritus, terminan
confabulándose con los que están inmersos en su mismo género
de maldad (ver arriba, Nº 445-452). Una vez que esto
ha acontecido, dan la espalda al Señor, volviendo
su rostro hacia el infierno; con el cual establecieron
conjunción durante su estadía en el mundo, y donde moran quienes
están sumidos en un mismo género de amor del mal. Lo cual pone
de manifiesto que el Señor atrae hacia Sí a todo espíritu
por medio de los ángeles, y a través del influjo del cielo; sólo que
los espíritus inmersos en el mal se resisten de manera tajante;
como si se desprendieran del Señor, siendo arrastrados hacia
el infierno por su propia maldad como con una soga. Y debido
a que se dejan arrastrar; puesto que inspirados por el amor del
mal, se muestran ansiosos de obedecer su impulso,
es evidente que ellos mismos se arrojan libremente al infierno.
En el mundo nadie puede creer que esto sea así, a causa de las
nociones establecidas acerca del infierno. Y en realidad, en la otra
vida, no es algo aparente para quienes habitan fuera del infierno, sino
sólo para aquellos que se precipitan al infierno; porque éstos,
se introducen allí espontáneamente. Quienes se introducen bajo
la inspiración de un ardiente amor del mal; al hacer
su entrada, parece que se arrojaran de cabeza, con los pies para
arriba y la cabeza hacia abajo. Esta apariencia suscita la impresión
de que son arrojados al infierno por obra Divina (Sobre este punto
nos extenderemos más adelante, Nº 574). De ello puede
colegirse que el Señor no arroja a nadie
al infierno: cada cual lo hace por su cuenta; no sólo
mientras vive en el mundo, sino también después de la muerte; cuando
habita entre los espíritus.
(549)
El Señor no puede tratar a todos los
hombres del mismo modo en virtud de Su Esencia Divina: que es la
bondad, el amor y la misericordia, porque la maldad y sus
falsedades derivadas lo impiden; ya que no sólo apagan su influjo,
sino que incluso lo rechazan. La maldad y sus falsedades
derivadas, son como nubes negras que se interponen entre el sol y
el ojo del hombre, ocultando el esplendor del sol y la serenidad
que su luz otorga; no obstante, el esfuerzo del sol por disipar
las nubes interpuestas es incesante; ya que prosigue operando detrás
de ellas, mientras emite una luz opaca que llega al ojo del hombre
por diversas vías indirectas. Lo mismo acontece en el mundo
espiritual. Allí el sol es el Señor y el amor Divino
(Nº 116-140); y la luz es la verdad Divina
(Nº 126-140); las nubes negras son las falsedades del mal; y
el ojo es el intelecto. Cada vez que allí hay alguien inmerso
en las falsedades del mal, lo envuelve una de esas nubes; que
es negra y densa según el grado de su maldad. De esta
comparación se infiere que el Señor está siempre presente
en todo ser; pero el modo en que es recibido, varía
en cada cual.
(550)
Los espíritus malignos son severamente castigados
en el mundo de los espíritus, a fin de que el castigo
los disuada de hacer el mal. Expediente que también parece inducido
por el Señor; y sin embargo, ningún castigo es impuesto
por el Señor; sino por la misma maldad; puesto que existe una
conjunción tan íntima entre la maldad y el castigo que conlleva, que resultan
inseparables. Pues la turba infernal ansia y ama por sobre todas las
cosas hacer el mal; especialmente infligir castigos y torturar
a los demás; de ahí que maltraten e inflijan castigos
a quienes no están bajo el amparo del Señor. Por eso
cuando se comete el mal por maldad de corazón,
el trasgresor pierde totalmente el amparo del Señor, quedando
así a merced de los espíritus malignos, quienes se abalanzan
sobre él, y lo castigan. Esto puede ilustrarse con las maldades y sus
respectivos castigos en el mundo, donde también ambas cosas van juntas.
Puesto que en el mundo las leyes prescriben penas para cada maldad;
de modo que quien se precipita en el mal, se precipita
asimismo en la penalidad del mal. Con la sola diferencia de que
en el mundo la maldad puede disimularse, pero en la otra vida
no. De lo que se desprende que el Señor no hace mal
a nadie; algo similar ocurre en el mundo; ni el rey, ni el
juez, ni la ley son la causa que determina el castigo del reo;
ya que no son los causantes de la maldad del malhechor.
(58)
Capítulo
LVIII
TODOS LOS QUE MORAN
EN LOS INFIERNOS VIVEN EN EL MAL
Y EN SUS RESPECTIVAS FALSEDADES:
DERIVADAS DEL AMOR DE SÍ MISMO
Y DEL MUNDO
(551)
Todos los moradores de los infiernos están
inmersos en el mal y sus respectivas falsedades; allí, no hay
nadie que asuma al mismo tiempo maldades y verdades. En el
mundo, la mayoría de los hombres malignos conocen las verdades
espirituales; que son las verdades de la iglesia; por haberlas oído desde
la infancia; luego, a través de la prédica y la lectura
de la Palabra; y por último, por haber hablado sobre ellas. Algunos
de ellos llegaron incluso a convencer a los demás de que
eran cristianos de corazón; porque sabían simular afecto por
la verdad en sus disertaciones; y comportarse con probidad como
si estuviesen inspirados por la fe espiritual. Pero los individuos
de esta índole, para sus adentros son refractarios a estas verdades;
y si se abstuvieron de cometer las maldades afines a
su pensamiento, fue sólo en atención de las leyes civiles;
o por resguardar su reputación, los honores y el lucro;
ya que todos ellos son malvados de corazón; y si asumen
la verdad y el bien, lo hacen de manera meramente corporal
y no espiritual; por tanto cuando en la otra vida se los despoja
de su exterioridad, se revela la interioridad de su
espíritu, y aparecen sumidos en el mal y en la falsedad; sin
la menor traza de verdad ni bondad. De ello
se desprende que las verdades y bienes que asumieron, estaban
relegados exclusivamente a su memoria, como meros datos
de información que sacaban a relucir en sus conversaciones;
simulando una expresión bondadosa , aparentemente inspirada en el
amor y en la fe espiritual. Cuando a éstos les es dado
asumir su interioridad, y por tanto, sus maldades, ya no pueden
pronunciar más verdades, sino solamente falsedades; porque sus palabras están
bajo el influjo del mal; y decir verdades bajo el influjo del
mal, es imposible: en este trance, el espíritu no es otra
cosa qué su propia maldad; y de la maldad mana sólo falsedad. Todo espíritu
maligno se ve reducido a este estado antes de ser arrojado
al infierno (ver más arriba, Nº 499-512); este proceso
se llama devastación de verdades y bienes; y la devastación
no es otra cosa que la inmersión de cada cual en su propia
interioridad vale decir, en la naturaIeza propia de su espíritu
"(ver mas arriba, Nº 425).
(552)
Después de la muerte, cuando el hombre
entra en este estado, deja de ser un hombre espíritu, cómo
lo era durante su primer estado (sobre el cual véase más arriba
, Nº 491-98), y comienza a ser un espíritu propiamente
dicho: realmente es un espíritu; dotado de un rostro y un cuerpo
que corresponde a la interioridad de su mente; su aspecto
externo, es el tipo o efigie de su interioridad. Tal es el
espíritu luego de haber pasado por el primer y segundo estados
mencionados más arriba. De modo que al verle su carácter
se reconoce en el acto; no sólo por su rostro y
su cuerpo, sino también por sus palabras y sus gestos; y puesto
que ahora ya está inmerso en sí mismo, sólo tiene sitio entre sus
congéneres. En el mundo espiritual existe una comunión absoluta
de afectos y pensamientos; debido a ello el espíritu
se ve transportado hacia donde están sus congéneres de manera casi
automática, pues concuerda con su afecto y deleite. En realidad,
él mismo se vuelve en esa dirección; porque esto le permite
inhalar su propia vida, o respirar libremente, cosa que
no sucede cuando se vuelve hacia otro lado. Debe entenderse que
en la otra vida la comunicación con otros se establece
de acuerdo con la orientación del rostro, y que cada cual tiene
constantemente ante su rostro a los que viven en un amor similar
al suyo, y esto en cada giro del cuerpo (ver más arriba
Nº 151). Por eso todos los espíritus infernales vuelven
su espalda al Señor, y miran hacia el cuerpo
tenebroso y hacia el cuerpo oscuro que ocupan el lugar del sol y
la luna en este mundo; en cambio todos los ángeles del cielo
se vuelven hacia el Señor como sol y luna del cielo (ver arriba,
Nº 123, 143, 144, 151). De lo cual se infiere que todos los
moradores de los infiernos están inmersos en el mal y en las
falsedades derivadas; y que todos ellos tienen la vista puesta
en su propio amor.
(553)
Todos los espíritus infernales, a la luz del
cielo, aparecen bajo la forma de su maldad; porque en el
infierno cada cual es la e-figie de su maldad: su interioridad
y exterioridad vienen a ser una misma cosa; su interioridad
se hace visible en la exterioridad, constituida por el rostro,
el cuerpo, el lenguaje y los gestos; de manera que
el carácter del espíritu se reconoce a simple vista. En un
sentido genérico, los espíritus malignos son efigies del desprecio hacia los
demás, y de amenaza para quienes no les rinden pleitesía; son
asimismo efigies de diversos géneros de odio, y de diversos
géneros de venganza. En estas efigies se transparenta
la sevicia y la crueldad de su interioridad. Sin embargo, cuando
son loados, venerados y a-dorados por los demás, su rostro
se suaviza, y adoptan una expresión jovial que emana del deleite.
Es imposible describir en unas pocas palabras el aspecto
de todas estas efigies, ya que no hay una que sea igual
a otra; si bien es cierto que se da una similitud general
entre los que están inmersos en un mismo género de maldad, quienes
son miembros de la misma sociedad infernal; en base a lo cual,
partiendo de un mismo plano original, los rostros de todos ellos
derivan cierta similitud. Por regla general sus rostros son atroces
y exentos de vida como los de los cadáveres; los rostros
de algunos son negros; hay otros cuyos rostros llamean como antorchas;
otros los tienen desfigurados, con pústulas, verrugas y úlceras enormes;
algunos no parecen tener rostro: en su lugar se observa una cosa
pilosa y ósea; hay otros en los que sólo se distinguen los
dientes. Sus cuerpos también son monstruosos; y su lenguaje, es el
lenguaje de la ira, del odio y la venganza; pues las palabras que
profieren manan de su falsedad; y el tono de su voz proclama
su maldad. En fin, todos ellos son la viva imagen de su
propio infierno. No me fue dado observar cómo es el infierno
en su forma general; con todo, se me hizo saber que así como
el cielo en su conjunto refleja a un solo Hombre, a-sí también
el infierno en su conjunto refleja a un solo Diablo; y puede
ser representado en la efigie de un solo Diablo (ver arriba, Nº 544).
Lo que sí me fue dado observar con frecuencia, es la forma
particular de los infiernos, o sociedades infernales; ya que a
su entrada, donde están las llamadas puertas infernales, aparece
un monstruo que representa en sentido general la forma
de los que están adentro. La sevicia de sus moradores,
es representada así mismo de maneras horribles y atroces que
renuncio a describir. Pero de-be tenerse en cuenta que esta
es la forma en que aparecen los espíritus infernales a la luz
del cielo; entre ellos, aparecen bajo el aspecto de hombres. EÍIo
es obra de la misericordia del Señor; para que entre ellos
su aspecto no sea tan repugnante como el que asumen ante los
ojos de los ángeles. Pero se trata de una apariencia falaz;
ya que en cuanto el menor rayo de luz celestial
se filtra en el infierno, su forma humana se torna
monstruosa; tal como es en sí misma (según se ha descripto más
arriba). Porque en el cielo todas las cosas aparecen tal como son en sí
mismas. De ahí que los seres infernales huyan de la luz del cielo
para sumergirse en su propia luz; que es similar a la que
despiden las brasas de carbón, y a veces, a la que arroja
el sulfuro ardiente. Por lo cual se dice que los infiernos están
sumidos en las tinieblas y en la oscuridad; y por la misma
razón, "tinieblas" y "oscuridad" significan falsedades
derivadas del mal; tales como las que se divulgan en el infierno.
(554)
En base a una inspección de estas formas
monstruosas —las cuales, según queda dicho, son todas ellas efigies
de desprecio por los demás, y de amenaza para quienes no les
rinden tributo y pleitesía, y así mismo efigies de odio
y venganza contra quienes no los favorecen— se hizo patente que,
en general, todos ellos son formas del amor de sí mismos y del
amor del mundo; y que las maldades, cuyas formas específicas encarnan,
derivan de estos amores. Por lo demás, se me informó desde
el cielo, y me fue dado comprobarlo a través de una larga
experiencia, estos dos amores, el amor de sí mismo y el amor del
mundo, rigen y conforman los infiernos; así corno el amor
al Señor y el amor al prójimo, rigen y conforman
tos-cielos; por otra parte, los dos amores infernales y los dos amores del
cielo son diametralmente opuestos entre sí.
(555)
Al principio me asombraba que el amor
de sí mismo y el amor del mundo fuesen tan diabólicos, y que
quienes están inmersos en dichos amores, tuviesen un aspecto tan
monstruoso; porque en el mundo, no se toma en cuenta
el amor de sí mismo, sino solamente ese estado de elación
mental, meramente externo, denominado soberbia; y esto, exclusivamente,
es lo que se entiende por amor de sí mismo, por ser notorio
a ojos vista. Por lo demás, cuando se tiene la discreción
de no alardear, en el mundo se considera al amor de sí
mismo como el fuego esencial de la vida; que incita al hombre
a buscar una ocupación y a desempeñar un uso; y
se piensa que si por estos medios el hombre no obtuviese
ni honores ni gloria, su mente se sumiría en el
letargo. Ya que comúnmente se oye decir: "¿ Quién
ha realizado una obra digna, útil y notable, con otro propósito que
el de ser alabado y honrado por los demás, o de obtener
celebridad y honra ? ¿ Y de dónde procede esto sino
del fuego del amor por la gloria y los honores, y por ende, del
amor de sí mismo ?" Por tal razón, en el mundo se ignora
que el amor de sí mismo —conforme a su naturaleza— es el
amor que rige en el infierno, constituyendo el infierno en el
hombre. Siendo esto así, indicaré en primer lugar qué es el amor
de sí mismo, para después poner de manifiesto que todas las maldades,
y las falsedades derivadas, brotan de ese amor.
(556)
El amor de sí mismo consiste en desear
el bien solamente a uno mismo; y a los demás, sólo si esto
redunda en provecho propio; así se trate de la iglesia,
de la patria, o de la sociedad humana; consiste asimismo
en hacer el bien nada más que por amor de la propia reputación,
dejos honores y la gloria; este tipo de individuo, si ve que
no puede sacar provecho de los usos que desempeña
en beneficio de otros, se pregunta para sus adentros,
"¿ Qué interés tengo yo en esto ? ¿ Por
qué habría de hacerlo ? ¿ Qué voy a ganar con
ello ? " Y en consecuencia, se abstiene de obrar.
De lo que se desprende que quien está inmerso en el amor
de sí mismo no ama a la iglesia, ni a la patria, ni a
la sociedad, ni a los usos, sino solamente a sí mismo.
Su único deleite es el amor de sí mismo; y como
el deleite emanado del amor, es lo que constituye la vida del
hombre, su vida es una vida egoísta; y una vida egoísta
es una vida que mana de la naturaleza propia del hombre; y
la naturaleza propia del hombre, considerada en sí misma, no es
otra cosa que maldad. Quien se ama a sí mismo, también ama a los
suyos; en particular a sus hijos y nietos, y en general
a todos aquellos que se identifican con él, a quienes llama
suyos. Pero al amar a éstos se ama a sí mismo, dado que
prácticamente los ve dentro suyo, reconociéndose a sí mismo
en ellos. Entré los que él llama suyos están aquellos que
lo alaban, le tributan honores y le rinden pleitesía.
(557)
Se comprende fácilmente qué es el amor
de sí mismo si se lo compara con el amor celestial.
El amor celestial consiste en a-mar los usos porque son usos,
y los bienes porque son bienes; los cuales el hombre lleva
a cabo en beneficio de la iglesia, de su país, de la
sociedad humana y de sus conciudadanos; en esto consiste el amor
al Señor y el amor al prójimo, ya que todos los usos
y bienes espirituales proceden del Señor y configuran
el prójimo que debe ser amado. Pero aquel que ama estas cosas por
sí mismo, las ama como a su sirviente; porque le resultan
útiles; de lo que se sigue que quien se ama a sí mismo
desea que la iglesia, su patria, la sociedad humana y sus
conciudadanos estén a su servicio, y no al revés; porque se coloca
a sí mismo por encima de estas cosas, y no a la inversa.
De ahí que quien se halla inmerso en el amor de sí mismo,
se aparta del cielo, dado que se aparta del amor celestial.
(558) a)
Por lo demás, en la medida en que uno
vive en, el amor celestial, lo cual consiste en amar los usos
y los bienes espirituales, regocijándose de corazón
al aplicarlos por amor de la iglesia, de la patria, de la
sociedad humana y de los conciudadanos; en tal medida es guiado
por el Señor, pues en ese amor está El, y de El procede.
Pero en la medida en que uno está inmerso en el amor de sí
mismo, lo cual consiste en desempeñar usos y realizar
buenas obras en provecho propio; en tal medida se guía por
sí mismo; y en este caso, no puede ser guiado por
el Señor. De lo que se sigue que en la medida
en que uno se ama a sí mismo, se aparta de la Divinidad, y al mismo tiempo del cielo. Guiarse por sí mismo, es dejarse
llevar por la naturaleza propia; la naturaleza propia no es otra
cosa que maldad; y la maldad hereditaria del hombre consiste
en amarse a sí mismo más que a Dios, y al mundo más que
al cielo. Cada vez que el hombre se contempla a sí mismo
en el bien que hace, recae en su naturaleza propia, vale decir,
en su maldad hereditaria. Entonces contempla al bien desde
sí mismo en vez de contemplarse a sí mismo desde
el bien; de manera que en el bien que hace, proyecta
la imagen de sí mismo, y no la imagen de la Divinidad. Que esto es así, también me fue dado comprobarlo por experiencia
directa. Hay ciertos espíritus malignos que tienen morada en la región
intermedia —ubicada entre el norte y el oeste bajo los cielos—
quienes son diestros en hacer recaer a los espíritus probos
en su naturaleza propia, y por ende, en maldades de diverso
género. Esto lo consiguen induciéndolos a pensar en sí mismos;
ya sea a-biertamente, recurriendo a la alabanza y
la obsequiosidad; o bien en forma solapada, orientando
su afectividad hacia sí mismos; y una vez que han logrado
su propósito, desvían el rostro de los espíritus probos del
cielo, al tiempo que obnubilan su intelecto, despertando las maldades
de su naturaleza propia.
(558) b)
Que el amor de sí mismo es el polo
opuesto del amor del prójimo, se desprende del origen y esencia
de ambos. El amor del prójimo de quien está inmerso en el
amor de sí mismo comienza con la propia persona, puesto que arguye
que todos son su prójimo, y partiendo de él como centro,
se proyecta en todos los que se identifican con él;
en menor o mayor medida según el grado de conjunción
establecida por su amor. Los que no pertenecen a su círculo,
no cuentan; y quienes se oponen a sus miembros, y a
las maldades que cometen, son tenidos por enemigos; sin que importe
su índole; por más que sean sabios, probos, honestos y justos.
En cambio el amor espiritual del prójimo procede del Señor,
y partiendo desde El como centro, fluye hacia todos los que
establecen conjunción con El a través del amor y la fe, difundiéndose
en cada cual de acuerdo con su grado de amor y fe.
De ahí que el amor al prójimo originado en el hombre sea
opuesto al amor al prójimo suscitado por el Señor;
ya que el primero mana del mal, porque mana de la naturaleza
propia del hombre; mientras que el segundo procede del Señor, que
es el bien en si mismo. De lo que se desprende que
el amor al prójimo que mana del hombre y de su naturaleza
propia, es corporal; mientras que el amor al prójimo que procede
del Señor es celestial. En una palabra, el amor
de sí mismo, en el hombre en el cual predomina, constituye
la cabeza; y el amor celestial, los pies. Sobre este amor se afirma;
y si ño puede servirse de él, lo pisotea. Por eso quienes
son arrojados al infierno, caen aparentemente con la cabeza para
abajo: hacia el infierno; y con los pies para arriba: hacia
el cielo (ver arriba, Nº 548).
(559)
Por otra parte, el amor de sí mismo
es de tal índole que apenas se le da rienda suelta, esto es,
en cuanto se ve liberado de las ataduras externas —
el temor de la ley y sus respectivas penalidades, el temor
al menoscabo de la reputación, los honores, el lucro,
el empleo y la vida —, se desmanda; hasta que por último
no sólo anhela imperar sobre el mundo entero, sino también sobre
el cielo en su conjunto y sobre la misma Divinidad;
desconociendo todo límite o freno. Esta inclinación yace latente
en aquel que está inmerso en el amor de sí mismo; si bien
no se manifiesta a los ojos del mundo, donde se ve refrenada por
las ataduras recién mencionadas. Que ello es así, se hace patente
en ciertos potentados y reyes que no se hallan sujetos
a tales frenos y ataduras; puesto que se desmandan
y sojuzgan provincias y reinos siempre que el éxito los acompañe;
ambicionando el poder y la gloria más allá de todo límite.
Lo cual es más notorio en la Babilonia de nuestros días, que ha extendido su dominio al mismo
cielo, arrogándose toda la potestad Divina del Señor;
codiciando siempre más y más. Que esta clase de individuos,
cuando arriban a la otra vida después de la muerte, se oponen
totalmente a la Divinidad y al cielo; siendo proclives
al infierno, puede verificarse en el opúsculo De Ultimo
Judicio et de Babylonia des-tructa.
(560)
Procure el lector imaginar una sociedad
compuesta por seme-antes individuos, quienes se aman exclusivamente a
sí mismos; y no aman a nadie más, salvo en el caso
de que se identifiquen con ellos; fácilmente echará de ver
entonces que el amor que experimentan es como el amor que une
a los ladrones; mientras son cómplices, se abrazan y son amigos;
pero cuando cesa su complicidad, y se desligan de su dependencia
mutua, se abalanzan unos sobre otros; y se masacran. Cuando
la interioridad de su mente es explorada, resalta
la plenitud del encarnizado odio mutuo que los anima; se advierte que
en su corazón se ríen de la honestidad y la justicia, así
como de la Divinidad, a la que desechan como una nadería. Ello
es todavía más notable en las sociedades correspondientes
a éstos en los infiernos; a las cuales nos referiremos más
adelante.
(561)
La interioridad relativa a los pensamientos
y afectos de quienes se aman a sí mismos por sobre todas
las cosas, se vuelve hacia ellos, y hacia el mundo, dando
la espalda al Señor y al cielo; de ahí que se hallen
obsedidos por maldades de todo género, sin que sea posible que
la Divinidad fluya en ellos; puesto que al percibir
el menor influjo, lo diluyen en el acto con pensamientos acerca
de sí mismos, y lo corrompen, mezclándolo con las maldades que manan
de su naturaleza propia. Por eso en la otra vida estos individuos dan
la espalda al Señor, y miran hacia la tiniebla que
ocupa el lugar del sol del mundo; la cual se halla
en posición diametralmente opuesta al sol del cielo, que es el
Señor (ver arriba, Nº 123). "Tiniebla" significa
maldad; y "sol del mundo", amor de sí mismo.
(562)
Las maldades de quienes están inmersos
en el amor de sí mismos, en sentido general, emanan del
desprecio por los demás, la envidia, la animadversión hacia aquellos
que no los favorecen, la hostilidad derivada, los diversos géneros
de odio, la venganza, las maquinaciones, el fraude,
la falta de misericordia y la crueldad. En lo que respecta
a las cuestiones religiosas, no sólo sienten desprecio por
la Divinidad y las cosas Divinas —que son las verdades y bienes
espirituales de la iglesia— sino que también manifiestan
su animadversión hacia ellas; animadversión que se convierte
en odio cuando el hombre llega a ser un espíritu. Entonces,
no sólo no puede oír mencionar estas verdades y bienes
espirituales, sino que siente un odio flagrante contra todos los que
reconocen y adoran a la Divinidad. Una vez hablé con cierto espíritu
que en el mundo fue un hombre poderoso, quien se amaba a
sí mismo en grado superlativo; ante la sola mención de la Divinidad, especialmente al oír mencionar al Señor, se encendió
en él un odio furibundo; hasta el punto de experimentar
ardientes deseos de matar; y cuando se le dio rienda suelta a
su amor, ambicionó ser ei mismo Diablo, para poder, en virtud
de su amor, infestar constantemente al cielo. Tal es la ambición
de ciertos individuos que profesan la religión papista, cuando,
en la otra vida, advierten que la postestad del Señor
es absoluta; y la de ellos, nula.
(563)
Al sur de la región occidental, advertí
la presencia de ciertos espíritus, quienes decían haber gozado
en el mundo de posiciones de elevado rango; de la más alta
estimación en virtud de sus méritos, y de la facultad
de imperar sobre los demás. Su índole interior fue explorada por los
ángeles, y se halló que en el desempeño de sus funciones
en el mundo, no habían reparado en el uso que debían prestar,
sino sólo en sí mismos; anteponiendo su propia persona a
la prestación de usos. Como porfiaban a-fanosamente por obtener una
posición de mando, les fue dado entrar en contacto con ciertos
espíritus que deseaban consultar cuestiones de capital importancia; pero
enseguida se hizo notorio que eran incapaces de prestar la menor
atención al asunto que se les planteaba, o de considerar las
cosas tal como son en sí mismas, o de referirse ai uso
de las cosas; lo único que estaban en condiciones de hacer
era hablar de sí mismos, pretendiendo actuar según su conveniencia
en base a privilegios. De manera que fueron relevados
de esa ocupación, quedando en libertad de buscar empleo
en alguna otra parte. Tras lo cual se alejaron, dirigiéndose a
la región occidental; donde se los recibió aquí y allá, pero
en todas partes se les hizo notar que no hacían más que pensar
en sí mismos, desconociendo todo otro asunto que no se refiriese
a ellos; razón por la cual se los calificó de estúpidos,
como espíritus sensuales meramente corporales. Así, dondequiera que fuesen,
se los rechazaba. Un tiempo después, fueron vistos en una
condición lamentable, pidiendo limosna. De tal modo se hizo patente
que quienes están inmersos en el amor de sí mismos, por más que
hablen con aparente sabiduría ante el mundo, recitan sus palabras
de memoria atizados por el fuego del amor de sí mismos; sin
el menor atisbo de luz racional. Por ello en la otra vida,
cuando ya no les es dado reproducir los datos de la memoria
natural, es evidente que son más estúpidos que los demás; y la causa
de esto, es que están separados de la Divinidad.
(564)
Hay dos géneros de dominio; uno deriva del amor
al prójimo, y el otro del amor de sí mismo. Estos dos tipos
de dominio son diametralmente opuestos por su esencia. Aquel que rige
por amor al prójimo, desea el bien de todos, y ama prestar
usos por sobre todas las cosas, es decir, servir a los demás;
lo cual consiste en desear el bien de los demás y
en desempeñar usos; ya sea en provecho de la
iglesia, de la patria, de la sociedad, o del conciudadano. Tal
es su amor, y el deleite de su corazón. Por o-tra parte,
en la medida en que es exaltado por sobre los otros, siente
regocijo; pero no por la posición obtenida, sino porque entonces
puede prestar u-sos en mayor abundancia y grado. Este tipo
de dominio se da en el cielo. En cambio aquel que
se ama a sí mismo, no desea el bien de nadie, sino
sólo el propio. Si presta usos es para ser servido; para que
se le tributen honores y para ejercer dominio; si aspira
a posiciones de honor, no es por los buenos servicios que puede
prestar a su patria y a la iglesia, sino para obtener
preeminencia y gloria; y en esto reside el deleite de su
corazón. Por lo demás el amor del dominio persiste en cada cual
después de la vida en este mundo. Quienes rigieron por amor
al prójimo son investidos de autoridad en los cielos;
si bien quienes rigen no son ellos, sino los usos que aman; y
al regir los usos, quien rige es el Señor. Pero los que
ejercieron su dominio en el mundo por amor de sí mismos, están
en el infierno; y allí son viles esclavos. He visto
a aquellos que detentaron poder en el mundo —habiendo ejercido
su dominio por amor de sí mismos— en el momento en que eran
arrojados junto a los más viles de todos; algunos de ellos,
junto a los que moran en páramos excrementicios. anioly-nieba.pl
(565)
En cuanto al amor del mundo, se trata
de un amor que se opone en menor grado al amor celestial
que el amor de sí mismo; ya que las maldades latentes en él
son menos graves. El amor del mundo consiste en pretender apoderarse
de la riqueza ajena recurriendo a todo género de maniobras, y
en depositar el corazón en las riquezas permitiendo que
el mundo nos aparte y desvíe del amor espiritual; separándonos así
del cielo y de la Divinidad. Pero este amor tiene múltiples variedades.
Hay un amor de las riquezas cuyo objeto es la obtención
de honores. Hay un amor de los honores y el rango que tiene
como fin el incremento de las riquezas. Hay un amor de las
riquezas cuya finalidad son los diversos usos que brindan deleite
al mundo. Hay un amor de las riquezas por las riquezas
en sí mismas; tal es el amor de los avaros; y así
sucesivamente. El fin por el cual se procura la riqueza
es lo que se define como su uso; y es precisamente este fin
o u-so el que le confiere su calidad al amor;
ya que el amor es tal como el fin que se persigue,
y todas las otras cosas le sirven como medios.
(59)
Capítulo
LIX
QUÉ ES EL FUEGO INFERNAL,
Y EN QUÉ CONSISTE EL CRUJIR DE DIENTES
(566)
Qué es el fuego eterno y qué el crujir
de dientes, mencionados en la Palabra en alusión a aquellos que habitan en el infierno, es algo que prácticamente
se ignora todavía, debido a que el texto de la Palabra sólo se ha considerado desde un punto de vista materialista; sin que
se sepa nada acerca de su sentido espiritual. De modo que hay
quienes entienden que 'luego" significa fuego material; otros, tormento
en sentido general; otros, remordimiento de conciencia; y hay
quienes sostienen que se menciona nada más que para atemorizar a los
malvados. Asimismo otros han supuesto que "crujir de dientes"
significa realmente crujir de dientes; otros, un mero horror, tal
como el que se experimenta al oír un rechinar
de dientes. Sin embargo aquel que está al tanto del sentido
espiritual de la Palabra, puede saber qué es el luego eterno"
y qué el "crujir de dientes"; ya que cada
vocablo, y el sentido de cada uno de los vocablos empleados
en la Palabra, encierra un sentido espiritual; porque la Palabra
en su seno es espiritual; y lo que es espiritual sólo puede
manifestarse ante el hombre mediante formas de expresión naturales,
dado que el hombre habita en el mundo natural, y piensa
en base a las cosas que hay en ese mundo. Por consiguiente
procederemos a explicar qué significa el "fuego eterno"
y qué el "crujir de dientes" que experimentan los
espíritus de los hombres malignos; o que padecen sus espíritus cuando
ya son habitantes del mundo espiritual.
(567)
Hay dos fuentes de calor; una de ellas
es el sol del cielo, que es el Señor; y la otra,
el sol del mundo. El calor que emana del sol del cielo,
es decir, del Señor, es calor espiritual, que en su
esencia es amor (ver arriba, Nº 126-140); pero el calor que
emana del sol del mundo es calor natural, que por su esencia
no es amor, sino que sirve como receptáculo del calor espiritual
o amor. Es evidente que el amor en su esencia
es calor; ya que el amor, según su grado y calidad,
brinda calor a la mente y al cuerpo; y el hombre siente este
calor tanto en invierno como en verano. El calor de la
sangre tiene el mismo origen. Que el calor natural que emana del
mundo sirve de receptáculo al calor espiritual, es algo que
se pone de manifiesto en el calor del cuerpo; el cual
es suscitado por el calor de su espíritu, siendo una especie
de substituto de éste en el cuerpo. Ello es ostensible
sobre todo durante el período de calor vernal y estival que
experimentan los animales de todo género, al renovar anualmente sus
amores. El calor natural no les produce tal efecto, sino que adapta
sus cuerpos para que reciban el calor que afluye a ellos desde
el mundo espiritual; puesto que el mundo espiritual fluye en el
natural como la causa en el efecto. Quien crea que el calor
natural produce estos amores, está muy equivocado, porque hay un influjo
del mundo espiritual en el natural, pero no del mundo natural
en el espiritual; y todo amor pertenece a la vida misma, siendo,
por tanto, espiritual. Del mismo modo, quien crea que algo puede existir sin
un influjo del mundo espiritual, está equivocado; ya que todo aquello
que es natural existe y subsiste en virtud de lo que
es espiritual. Por otra parte, los entes del reino vegetal derivan
su germinación de un influjo del mundo espiritual. El calor
natural, durante la primavera y el verano, sólo dispone las semillas
en sus formas naturales; expandiéndolas y abriéndolas para que
el influjo del mundo espiritual opere en ellas a modo
de causa. Hemos referido estas cosas para poner en claro que Hay dos
géneros de calor: uno espiritual y el otro natural; y que
el calor espiritual emana del sol del cielo, y el calor natural del
sol del mundo; y que el influjo y la cooperación derivada
producen los efectos que aparecen ante nuestros ojos en el mundo.
(568)
El calor espiritual del hombre es su
calor vital; ya que, según se ha dicho más arriba, en su esencia
es amor. Este calor es lo que se entiende por "fuego"
en la Palabra; amor al Señor y amor al prójimo por
'fuego celestial' y amor de sí mismo y amor del mundo por
"fuego infernal".
(569)
El fuego o amor infernal tiene el mismo
origen que el fuego o amor celestial: el sol del cielo, o
el Señor; pero lo tornan infernal quienes lo reciben.
Porque todo influjo del mundo espiritual varía según su recepción,
de acuerdo con las formas receptoras, tal como sucede con el calor y
la luz del sol en el mundo. Bajo el influjo del calor del sol,
brotan arbustos y flores, derramando aromas gratos y suaves; sin
embargo ese mismo calor, al fluir en substancias excrementicias
y corrompidas, genera putrefacción y olores fétidos
y nauseabundos. Así, la luz del mismo sol, produce en algunos
objetos colores bellos y agradables, y en otros colores feos
y desagradables. Lo mismo ocurre con el calor y la luz del
sol del cielo, que es amor; cuando el calor o amor de ese
sol fluye en lo que es bueno, como en el caso de los
hombres y espíritus buenos y los ángeles, determina que el bien
fructifique; en cambio al fluir en lo que es malo, produce
un efecto inverso, pues el mal lo sofoca y lo pervierte.
Del mismo modo la luz del cielo al fluir en las verdades del
bien infunde inteligencia y sabiduría; pero cuando fluye en las
falsedades del mal, degenera en locuras y fantasías de toda
índole. De manera que, en todos los casos, el resultado depende
de la recepción.
(570)
El fuego infernal, que es el amor de sí
mismo y del mundo, es asimismo cada una de las concupiscencias
de esos amores, porque la concupiscencia es el amor en su
continuidad; puesto que lo que el hombre ama excita continuamente
su concupiscencia. Por otra parte el amor infernal es deleite;
pues cuando el hombre obtiene aquello que excita su amor
y concupiscencia, experimenta deleite. De ahí proviene
el deleite que siente el hombre en su corazón. El fuego
infernal, por tanto, es la concupiscencia y el deleite que brotan
de estos dos amores como de un manantial. Las maldades que brotan
de estos amores son el desprecio por los demás, la animadversión
y hostilidad hacia quienes no les favorecen; la envidia,
el odio y la venganza; la sevicia y la crueldad derivadas.
Las maldades específicamente referidas a la Divinidad son:
la negación y el desprecio derivado, la mofa y la blasfemia
de las cosas sagradas de la iglesia; y más allá de la
muerte, cuando el hombre se torna en espíritu, estas maldades
degeneran en furor y odio contra estas cosas sagradas (ver arriba
Nº 562). Y como estas maldades alientan continuamente
la destrucción y la muerte de aquellos que tiene por enemigos,
contra quienes abriga ardientes sentimientos de odio y venganza,
su deleite vital consiste en destruir y matar; y si no
puede lograr esto, desea al menos inferir daño, herir
y ejercitar su crueldad. Tal es el sentido
de "fuego" en la Palabra, en aquellos pasajes donde
se habla de los malignos y de los infiernos, por lo que
citaré aquí algunos de ellos a modo de confirmación:
... porque todos son falsos y malignos y toda boca habla despropósitos.... Porque la maldad se encendió como fuego, cardos y espinos devorará; y se encenderá en lo espeso del bosque, y serán alzados como remolinos de humo.
... y será el pueblo como parto del fuego; y el hombre no tendrá piedad de su hermano. (Isafas IX. 17-19)
Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre y fuego, y columnas de humo.
El sol se convertirá en tinieblas... (Joel II. 30, 31)
Y sus arroyos se convertirán en brea, y su polvo en azufre, y su tierra en brea ardiente.
No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo. (Isafas XXXIV. 9, 10).
Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad serán estofa; aquel día que vendrá los abrasará... (Malaqulas IV. 1).
Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios...... Y viendo el humo de su incendio, dieron voces...
Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos (Apocalipsis XVIII. 2, 18; XIX. 3).
El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego.
Y los hombres se quemaron con el gran calor (Apocalipsis XVI. 8, 9)
Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre (Apocalipsis. XIX. 20; XX. 14, 15; XXI. 8)
... por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. (Mateo 111. 10; Lucas III. 9)
Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego. (Mateo XIII. 41, 42, 50)
Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo XXV. 41)
... mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. (Mateo XVIII. 8, 9; Marcos IX. 43-49)
Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí...... porque estoy atormentado en esta llama. (Lucas XVI. 24)
En éstos y en muchos otros pasajes "fuego" significa concupiscencia del amor de sí mismo y del mundo, y el "humo" derivado significa falsedad del mal.
(571)
Como la concupiscencia de cometer las
maldades que brotan del amor de sí mismo y del mundo se alude
mediante el 'luego infernal", y como todos los habitantes del
infierno experimentan esa concupiscencia (según lo expuesto en el
artículo precedente), cuando se abren los infiernos, se divisa
un fuego que echa humo, semejante al que se ve en los
incendios; un fuego denso en los infiernos regidos por el amor
de sí mismo, y un fuego llameante en los regidos por
el amor del mundo. Pero cuando los infiernos están cerrados, no se
advierte esa apariencia ígnea; en su lugar puede apreciarse una especie
de oscuridad semejante a una condensación de humo; sin embargo,
el fuego sigue ardiendo adentro, cosa que se percibe por
el calor que irradian, que es similar al que despiden los
escombros calcinados después de un incendio; y que en algunos
lugares se asemeja al calor que irradia un horno, y
en otros al que sale de un baño caldeado. Cuando este
calor fluye en el hombre, excita sus concupiscencias; en los hombres
malignos, sentimientos de odio y venganza, y en los enfermos,
desvarios. Tal es el fuego, o el calor, que afecta a quienes
están inmersos en los amores referidos más arriba, porque en lo que
respecta a sus espíritus se hallan ligados a dichos infiernos;
incluso durante su vida en el cuerpo. Pero debe entenderse que
aquellos que están en los infiernos, no están sumidos en el
fuego; el fuego es una mera apariencia; quienes están allí
no sienten que arden, sino solamente un calor parecido al que
sentían en el mundo. Esta apariencia ígnea deriva de las
correspondencias; ya que el a-mor corresponde al fuego,
y todas las cosas que aparecen en el mundo espiritual, deben
su apariencia a las correspondencias.
(572)
Debe tomarse en cuenta que este fuego
o calor infernal se torna en frío intenso al menor influjo
del calor del cielo; y quienes están inmersos en él, comienzan
entonces a tiritar como aquel que padece un acceso
de escalofríos y fiebre, y se sienten corroídos por una íntima
angustia; esto se debe al hecho de que se oponen
absolutamente a la Divinidad, mientras que el calor del cielo
— que es el amor Divino — extingue el calor del infierno
— que es el amor de sí mismo —, y con él su calor
vital: de ahí el frío que experimentan, y de ahí su temblor
y su angustia. Al mismo tiempo, los envuelve una espesa oscuridad que
los vuelve fatuos y ciegos. Pero este fenómeno se da raras veces;
sólo cuando los disturbios arrecian más allá de toda medida, por
lo que se hace indispensable sofocarlos.
(573)
Así como el fuego infernal denota
la concupiscencia de cometer maldades bajo el influjo del amor
de sí mismo, así también alude al tormento que se padece
en los infiernos. Porque la concupiscencia de ese amor
es una concupiscencia que incita a quien la experimenta
a herir a los que no le tributan honores, ni lo veneran,
ni lo adoran; y según, la i-ra que esta reacción
le provoca, y el odio y el ansia de venganza derivados
de esa ira, siente la concupiscencia de saciar su sevicia
en ellos. Y cuando esta concupiscencia anima a todos los
miembros de una sociedad sin que se vea refrenada por ninguna atadura
externa, tales como el temor de la ley, el menoscabo de la
reputación, de los honores, del lucro y la vida; entonces cada uno
de ellos se abalanza sobre el otro bajo el impulso
de su propia maldad; y en la medida en que prevalece, sojuzga
a los otros y los somete a su dominio; saciando su sevicia
con delectación en aquellos que no se someten. Esta delectación está
tan íntimamente ligada al deleite de imperar sobre los demás que
prácticamente van de la mano; puesto que el deleite de hacer
daño es inherente a la animadversión, la envidia,
el odio, la venganza; que según se dijo más arriba, son deleites
de ese amor. Todos los infiernos están constituidos por sociedades
semejantes a ésta, por lo cual cada uno de sus integrantes
alimenta en su corazón odio hacia los demás; y cuando ese odio
estalla, se torna en crueldad, en la que incurren siempre que
es posible. Estas crueldades y sus respectivos tormentos están asimismo
implícitos en el juego infernal, pues son los efectos de la
concupiscencia.
(574)
Y a se ha indicado anteriormente
(Nº 548) que el espíritu maligno se arroja al infierno
por motu propio. Explicaremos sucintamente cómo es que esto llega
a ocurrir, habiendo en los infiernos tormentos tales como los
descriptos. De cada infierno emana una esfera impregnada de las
concupiscencias de sus habitantes. Cada vez que esta esfera
es Percibida por alguien que experimenta una concupiscencia similar, ello
conmueve las fibras más íntimas de su corazón, y rebosa
de deleite, pues la concupiscencia y el deleite son una sola
cosa, ya que lo que excita la concupiscencia resulta deleitable:
he ahí lo que determina que un espíritu se vuelva hacia
el infierno; la concupiscencia lo arrastra hacia allí para
saciar su corazón, mientras ignora los tormentos que le esperan;
si bien es cierto que aquel que lo sabe, de todas maneras
no puede resistir su impulso. Ya que en el mundo espiritual
nadie puede resistir su concupiscencia, pues su concupiscencia
pertenece a su amor, y su amor a su voluntad, y su voluntad
a su naturaleza; y allí cada cual actúa según su naturaleza.
De modo que cuando un espíritu, libre y espontáneamente
se encamina hacia su infierno, y se introduce en él,
al principio se lo recibe en forma amistosa; lo que
le induce a creer que está entre amigos. Pero esto dura unas pocas
horas. En el ínterin se explora el calibre de su astucia
y sus consiguientes aptitudes. Una vez realizada esta inspección,
comienzan a inocularlo; cosa que practican por diversos medios;
y cada vez con mayor rigor y vehemencia. Este expediente
se consuma mediante una internación más íntima y profunda en el
infierno; ya que cuanto más íntimo y profundo es el infierno,
mayor es la malignidad de los espíritus. Después de efectuadas
las inoculaciones referidas, lo tratan cruelmente, imponiéndole castigos;
esto prosigue hasta que lo reducen a una condición
de esclavitud. Pero allí se dan continuamente brotes sediciosos,
porque todos aspiran a la supremacía, y todos experimentan
un odio ardiente hacia sus semejantes. De manera que siempre
se renuevan estas sediciones; podría decirse que hay un cambio
permanente de escenario; y quienes antes eran esclavos, ahora son
liberados, para poder así secundar a un nuevo diablo en su afán
de sojuzgar a los demás; del mismo modo, aquellos que se negaban
a someterse, y a obedecer sin reservas, son atormentados
de maneras diversas; y así sucesivamente. Tales tormentos son los
tormentos infernales, definidos como fuego infernal.
(575)
El crujir de dientes es la disputa y
la pugna constante entre falsedades, y por tanto entre aquellos que
están sumidos en la falsedad; es asimismo el desprecio por los
demás, la animadversión, la mofa, el escarnio y
la blasfemia; y estas maldades estallan en tropelías
de toda índole; pues cada cual riñe en defensa de su
propia falsedad, a la que denomina verdad. Estas disputas y pugnas,
fuera del infierno producen un ruido similar al del crujir
de dientes; e incluso se convierten en un crujir
de dientes cuando las verdades celestiales fluyen en el infierno.
En estos infiernos moran todos aquellos que reconocieron a
la Naturaleza, negando a la Divinidad. Y en lo más profundo
de los infiernos tienen morada los que han confirmado esta negación. Estos
no pueden recibir ni un solo rayo de luz del cielo, siendo
incapaces de la menor introspección, puesto que en su gran mayoría
se trata de espíritus sensuales y corporales; que no creen
en nada a menos que lo vean con sus ojos y lo toquen con
sus manos. Por lo cual para ellos todas las falacias de los sentidos
son verdades, siendo éste el motivo de sus disputas. Y cuando
disputan se oye un crujir de dientes; porque en el mundo
espiritual las falsedades emiten un sonido chirriante, y los dientes
corresponden a las cosas más externas de la naturaleza, así como
a las cosas más externas del hombre, que son sensuales y corporales.
(Que hay un crujir de dientes en los infiernos, puede verse
en Mateo VIII. 12;
Xlll. 42, 50; XXII. 13; XXIV.
51; XXV. 30; Lucas XIII. 28).
(60)
Capítulo
LX
LA MALIGNIDAD Y LOS NEFANDOS
ARTIFICIOS DE LOS ESPÍRITUS INFERNALES
(576)
Quien que piense interiormente y sepa algo sobre
la operación de su propia mente, puede advertir y comprender
hasta qué punto los espíritus son superiores a los hombres; ya que
mentalmente, el hombre puede considerar, analizar, y concluir muchas
más cosas en un solo instante que todo lo que es capaz
de expresar de manera verbal o escrita durante media hora.
Lo cual indica la superioridad del hombre cuando está en su
espíritu, y portante cuando se convierte en espíritu. Puesto que
es el espíritu el que piensa, sirviéndose del cuerpo para expresar
sus pensamientos en forma verbal o escrita. De ahí que el hombre,
quien se convierte en ángel después de la muerte, goce entonces
de una inteligencia y una sabiduría indeciblemente superiores
a las que poseía en el mundo; pues mientras vivía en el mundo
su espíritu estaba ligado al cuerpo; teniendo a-sí al mundo
natural por morada; de forma que cualquier cosa que pensara
espiritualmente afluía a sus ideas naturales, que en términos
comparativos, son comunes, crasas y obscuras; ya que éstas
no captan innumerables cosas del pensamiento espiritual, al cual
sumen en la densa oscuridad inherente a los afanes mundanos. El caso
es bien distinto cuando el espíritu se desprende del cuerpo,
cosa que ocurre cuando pasa del mundo natural al espiritual, al cual
pertenece. En base a lo dicho hasta aquí, se puede inferir que
el estado de sus pensamientos y afectos, es incomparablemente
superior al estado anterior. De ahí que los pensamientos de los
ángeles sean inefables e inexpresables, hallándose por tanto fuera del
alcance del pensamiento natural del hombre; sin embargo todo ángel nació como
hombre, y vivió como hombre, y entonces no se consideraba más
sabio que los demás.
(577)
En el mismo grado en que los ángeles son
inteligentes y sabios, los espíritus infernales son maliciosos
y arteros. El caso es similar, porque cuando el espíritu
del hombre se desprende del cuerpo, asume su bondad o su maldad;
si es un espíritu angélico, su bondad; si infernal,
su maldad. Cada espíritu es su propia bondad o su propia maldad,
porque es su propio amor, según se ha expuesto y demostrado
antes en varias oportunidades. De modo que así como el espíritu
angélico piensa, quiere, habla y actúa inspirado por su bondad, así
el espíritu infernal lo hace por inspiración de su maldad;
y pensar, querer, hablar y actuar por inspiración de la propia
maldad, es hacer esto bajo el influjo de tortas las cosas que
la maldad implica. Durante la vida del cuerpo, la situación era
distinta; porque la maldad del espíritu del hombre se veía refrenada
por la ley, el afán de lucro, los honores y la reputación,
y el consiguiente temor de perder tales privilegios; debido a
lo cual, la maldad de su espíritu no podía salir a
la superficie, poniendo de manifiesto su verdadero carácter. Por
lo demás, la maldad del espíritu del hombre entonces está encubierta
por algunos rasgos de probidad, honestidad y justicia, y por
cierto afecto por la verdad y el bien de carácter meramente
exterior; virtudes que el hombre aparenta y simula por amor del
mundo. Pero detrás de estas máscaras, la maldad yace latente
y encubierta; tan es así, que el hombre escasamente podía
advertir que su espíritu era tan malicioso y artero, vale decir, que
interiormente era el diablo que después de la muerte resulta ser;
cuando su espíritu se encuentra consigo mismo y con
su propia naturaleza. Entonces la malicia que manifiesta
es increíble. Miles de maldades derivadas del mal en sí mismo
hacen irrupción; entre las cuales hay algunas que no es posible describir
en ninguna lengua. Aún así me fue dado conocerlas y percibirlas
mediante una larga experiencia, puesto que el Señor me ha
concedido estar en el mundo espiritual en lo que respecta a
mi espíritu, hallándome al mismo tiempo en el mundo natural
en lo que respecta a mi cuerpo. Y puedo testimoniar que
la malicia de los espíritus infernales es tan grande que resulta
imposible describirla; ni siquiera en una milésima parte. Y esto
es tan cierto que si el hombre no estuviese bajo
la protección del Señor no podría ser eximido del infierno.
Porque los espíritus infernales acompañan al hombre, al igual
que los ángeles del cielo (ver arriba, Nº 292, 293); y
el Señor no puede proteger al hombre a menos que
éste reconozca a la Divinidad, viviendo una vida de fe
y caridad. Ya que si esto no ocurre, el hombre
se aparta de la Divinidad, volviéndose hacia los espíritus
infernales; lo cual determina que asimile una malicia similar a la de
ellos. Con todo, el Señor aparta continuamente al hombre
de las maldades que éste contrae, y que virtualmente atrae hacia
sí al vincularse con los espíritus infernales. Y si no
se mantiene apartado de ellos por un dictado interior
de conciencia, que es imposible experimentar si se niega a
la Divinidad, de todas maneras lo mantienen apartado las
ataduras externas, que son, según se ha dicho antes, el temor
de la ley y sus penalidades, y el temor del menoscabo del lucro,
los honores y la reputación. De hecho el hombre que es así,
puede ser apartado de las maldades por medio de los deleites
de su amor, y por el temor del menoscabo o la pérdida
de tales deleites, pero no puede ser guiado del mismo modo hacia los
bienes espirituales. Pues apenas esto ocurre, comienza a lucubrar
maquinaciones y maniobras para simular y fingir bondad, honestidad
y justicia, con el propósito de persuadir y engañar.
Tales artificios se adhieren a la maldad de su espíritu,
y dándole forma, determinan que su maldad concuerde con
su naturaleza.
(578)
Los peores de todos son aquellos que estuvieron
inmersos en las maldades del amor de sí mismo, habiendo obrado
al mismo tiempo con la íntima intención de engañar,
porque el engaño penetra más profundamente en los pensamientos
e intenciones que cualquier otra maldad, e inoculando veneno,
destruye la vida espiritual del hombre en su integridad.
La mayoría de los espíritus de esta índole se encuentran
en el infierno posterior, y se denominan genios malignos; y allí
se regodean haciéndose invisibles para rondar a los otros como
espectros, inoculándoles subrepticiamente su maldad, como si fuese
veneno de víboras. Estos son atormentados más horriblemente que los otros.
También están aquellos que no son tramposos, ni están dotados
de una astucia tan maligna; éstos, se hallan a-si mismo en los
infiernos posteriores, aunque en unos que son menos profundos. Por
su parte quienes estuvieron inmersos en las maldades del amor del
mundo, se encuentran en los infiernos anteriores, y se denominan
espíritus. Estos espíritus no son formas del mal tan consumadas,
es decir, no sienten tanto odio y anhelos de venganza como
aquellos que están inmersos en el amor de sí mismos, de modo que
son menos maliciosos y arteros, lo que a su vez determina que
los infiernos que habitan sean más moderados.
(579)
Me fue dado conocer la malicia de los
llamados genios malignos por medio de la experiencia directa. Los genios
malignos operan y fluyen en los afectos, y no en los
pensamientos; ya que perciben y olfatean los afectos como los canes
a las fieras en el bosque. Apenas detectan en otro buenos
afectos, los tornan en el acto en malos afectos, manejando
y doblegando a sus víctimas por medio de sus deleites; esta
faena, la llevan a cabo de manera subrepticia; y ello con una
pericia tan maligna que la víctima ni siquiera lo advierte,
poniendo especial cuidado en que su pensamiento no detecte
el menor indicio, pues en ese caso quedarían al descubierto.
Su ubicación en el hombre es la región occipital. En el
mundo estos individuos se consagraron a cautivar el ánimo
de los demás por medio de supercherías, manejándolos
y engatusándolos a través de los deleites de sus afectos.
Pero el Señor no permite que estos espíritus se aproximen
a un hombre que todavía puede ser reformado, ya que no sólo
poseen la facultad de destruir su conciencia, sino que además
pueden excitar sus maldades hereditarias, que de otro modo permanecerían
en estado latente. Así que a fin de prevenir que el hombre
no sea inducido a cometer tales maldades, el Señor
ha dispuesto que esos infiernos permanezcan herméticamente cerrados. Pero
cuando un hombre de esta índole, arriba a la otra vida después
de la muerte, es arrojado a ese infierno en el acto.
Y cuando la malicia y la astucia de estos espíritus
se pone de manifiesto, asumen el aspecto de víboras.
(580)
La malicia de los espíritus infernales
se revela en sus nefandos artificios, que para enumerarlos habría que
emplear todo un volumen; y muchos volúmenes para describirlos.
En su mayoría estos artificios no se conocen en el mundo. Hay
un género de artificios que se relaciona con la profanación
de las correspondencias; otro, con la profanación de la esfera
externa del orden Divino; un tercero, con la comunicación
e influjo de pensamientos y afectos mediante el procedimiento
de girar el cuerpo fijando la vista en otro,
y mediante la manipulación de otros espíritus y
la utilización de espíritus emisarios; un cuarto, con
manipulaciones por medio de fantasías; un quinto, con
un procedimiento que consiste en proyectarse fuera de sí mismo
para hacerse presente en otro lugar distinto de aquel en el cual
se halla el cuerpo; un sexto, con simulaciones, persuasiones
y mentiras. En estos artificios incurre el espíritu del hombre
maligno cuando se desprende del cuerpo, debido a que son inherentes a
la naturaleza de su maldad. Y a estos artificios recurren para
torturarse mutuamente los moradores de los infiernos. Pero como todos
estos artificios, salvo aquellos que se efectúan por medio de simulaciones,
persuasiones y mentiras, son desconocidos en el mundo, no los
describiré aquí en detalle, porque no habrían de ser
comprendidos; y porque son demasiado horribles.
(581)
Si el Señor permite los tormentos
en los infiernos es porque no hay otra manera de refrenar
y reducir las maldades. El único expediente para refrenar
y reducir las maldades, y para sujetar a la turba infernal,
es el temor del castigo; y no hay otro en absoluto; puesto que
sin el temor del castigo y el tormento la maldad estallaría
en furor, sobreviniendo entonces la devastación total, así como
en un reino en la tierra en el cual no hay ni leyes
ni penalidades.
(61)
Capítulo
LXI
LA APARIENCIA, UBICACIÓN
Y NÚMERO DE LOS INFIERNOS
(582)
En el mundo espiritual, que es el mundo
en el que habitan los espíritus y los ángeles, se ven las mismas
cosas que en el mundo natural, es decir, el mundo en el que
habitan los hombres. Exterior-mente no se advierte la menor
diferencia. En ese mundo pueden verse planicies y montañas,
colinas y peñas, y valles entre ellas; así como también
a-guas, y muchas otras cosas que se ven sobre la faz de la
tierra. Sin embargo todas estas cosas tienen un origen espiritual;
y por ello aparecen ante los ojos de los espíritus y los
ángeles, y no ante los ojos de los hombres, porque los hombres
se hallan en el mundo natural; los seres espirituales ven aquellas
cosas que tienen un origen espiritual, y los seres naturales las que
tienen un origen natural. Por consiguiente, el hombre no puede
ver con sus ojos las cosas que hay en el mundo espiritual, salvo cuando
le es dado estar en el espíritu, o bien después de la
muerte, cuando se convierte en espíritu. Por otra parte un ángel
o espíritu tampoco puede ver ninguna de las cosas que hay en el
mundo natural, a menos que se halle en compañía
de un hombre a quien le ha sido dado hablar con él. Porque los
ojos de los hombres están adaptados para recibir la luz del mundo
natural, y los ojos de los espíritus y los ángeles están
adaptados para recibir la luz del mundo espiritual; y sin embargo,
aparentemente los ojos de ambos son idénticos. El hombre natural
no puede comprender que el mundo espiritual sea tal como se ha
descripto; en este sentido, el más reacio es el hombre sensual,
quien cree exclusivamente en aquello que ve con sus ojos corporales,
y en lo que toca con sus manos. De manera que sólo admite aquello que
ve y toca; en base a ello piensa, por lo cual
su pensamiento es material y no espiritual. Como existe tanta
similitud entre el mundo natural y el mundo espiritual, después
de la muerte el hombre se niega a creer que no está
en el mundo en el que ha nacido, y del cual
ha partido. Por eso se dice que la muerte es nada más que
una transición de un mundo a otro. (Que existe tal similitud entre ambos
mundos, puede verse más arriba, donde se trata sobre las Representaciones
y las Apariencias en el cielo, (Nº 170-176).
(583)
Los cielos se hallan en la región superior
del mundo espiritual, el mundo de los espíritus en la región
inferior; y por debajo de ambos están los infiernos. Los cielos
aparecen ante los ojos de los habitantes del mundo de los espíritus
sólo cuando su vista interior es develada; si bien a veces
les es dado vislumbrarlos bajo la forma de una niebla, o
de una nube de resplandeciente blancura. Ello se debe
al hecho de que los ángeles del cielo se hallan en un
estado interior en cuanto a inteligencia y sabiduría, por
lo que trascienden el alcance visual de los habitantes del mundo
de los espíritus. En cambio los espíritus que moran en las planicies
y en los valles, pueden verse entre sí; sin embargo cuando entre ellos
se produce el proceso de separación, cosa que ocurre cuando les
es dado asumir su interioridad; entonces los espíritus malignos
no pueden ver a los buenos; en cambio los buenos sí pueden
ver a los malignos, pero resuelven apartarse de ellos; y en el
momento en que los espíritus se apartan, se tornan invisibles.
De todas formas los infiernos no pueden observarse desde allí, porque
están cerrados. Sólo es posible divisar sus entradas, llamadas puertas,
al abrirse para dar paso a espíritus de índole infernal.
(584)
Los infiernos están en todas partes, tanto
debajo de las montañas, colinas y peñas, como debajo
de las planicies y los valles. Las entradas y puertas
de los infiernos que están debajo de las montañas, colinas
y peñas, aparecen a la vista como cavidades y grietas
en las rocas; algunas son extensas y amplias, otras estrechas
y angostas, pero la mayoría son escabrosas. Al observarlas,
se advierte que todas ellas son opacas y tenebrosas, pero los
espíritus infernales que se hallan dentro están rodeados por una especie
de luminosidad semejante a la del carbón ardiente. Sus ojos están
adaptados a la recepción de esa luz; durante su vida en el
mundo estuvieron sumidos en las tinieblas en lo que respecta
a las verdades Divinas, porque las negaron; hallándose al mismo
tiempo en una especie de luz en lo que respecta a las
falsedades, puesto que las afirmaron. De tal modo se fue conformando
la vista de sus ojos. Y por la misma razón, para ellos
la luz del cielo es una mera tiniebla; por eso, cuando emergen
de sus antros, no ven absolutamente nada. Todo ello evidencia con
total claridad que el hombre accede a la luz del cielo en la
exacta medida en que reconoce a la Divinidad, confirmando las cosas
relativas al cielo y la iglesia; y que, por el contrario,
se sume en las tinieblas infernales en la exacta medida
en que niega a la Divinidad, confirmando las cosas opuestas
a las verdades del cielo y la iglesia.
(585)
Las entradas o puertas infernales ubicadas
debajo de las planicies y los valles ofrecen un aspecto variado.
Algunas se parecen a las que se encuentran debajo de las
montañas, colinas y peñas; o-tras parecen antros
y cavernas; otras son como abismos y vorágines; y hay otras que
tienen aspecto de ciénagas y agua estancada. Todas están clausuradas,
y se abren solamente cuando espíritus malignos que habitan en el
mundo de los espíritus son arrojados por ellas. Al abrirse,
a veces exhalan como un fuego y una humareda semejante
al que se ve en los incendios; o-tras, una llamarada sin humo;
otras, un hollín como el que despide una chimenea encendida,
y otras una especie de niebla o nube densa. He oído decir
que los espíritus infernales ni ven ni sienten estas cosas, debido
a que cuando están inmersos en ellas se hallan como en su
propia atmósfera, gozando del deleite de su vida; y ello a causa
de que tales cosas corresponden a las maldades y falsedades
en las que están inmersos; el fuego, corresponde al odio
y a la venganza; la humareda y el hollín a las
falsedades derivadas; la llamarada a las maldades del amor de sí
mismo, y la niebla o nube densa a las falsedades derivadas
de ese amor.
(586)
También me fue dado inspeccionar los infiernos,
y ver cómo son por dentro; puesto que cuando el Señor así
lo desea, la vista de un espíritu o ángel de las
alturas puede penetrar los abismos y explorar la índole de sus
moradores, no obstante la hermeticidad de su encierro.
Precisamente de este modo me fue dado examinarlos. Algunos infiernos
ofrecen a la vista el aspecto de cavernas y antros entre
las rocas, los cuales se extienden hacia adentro, desembocando finalmente
en un abismo, ya sea en forma oblicua o vertical. Algunos
infiernos presentan un aspecto semejante al de los antros
y cuevas de las fieras de la selva; otros, al de las
cavernas profundas y pasadizos que hay en las minas, en donde
también se ven antros que descienden hacia las regiones inferiores.
La mayoría de los infiernos son triples; los superiores por dentro
son tenebrosos, porque sus habitantes están inmersos en las falsedades del
mal; en cambio los inferiores son de apariencia ígnea, porque sus
moradores están sumidos en las maldades mismas. Las tinieblas corresponden
a las falsedades del mal, y el fuego a las maldades en sí
mismas. Quienes procedieron íntimamente inspirados por el rilar moran
en los infiernos más profundos, y los que actuaron exteriormente
inspirados por el mal, es decir, por las falsedades del mal, habitan
en infiernos menos profundos. Ciertos infiernos se parecen
a edificios y ciudades en ruinas después de un incendio allí
moran y se esconden los espíritus infernales. Los infiernos más moderados
parecen miserables barracas, dispuestas una al lado de otra como
en una ciudad, con sendas y callejuelas; dentro de estas
barracas se hacinan espíritus infernales envueltos en incesantes
riñas, enemistades, laceraciones y actos vesánicos; mientras que
en las sendas y callejuelas se perpetran latrocinios
y depredaciones. En algunos infiernos no hay otra cosa que
lupanares, de tétrico aspecto, atiborrados de todo género
de inmundicia y excrementos. Hay asimismo selvas tenebrosas
en donde los espíritus infernales merodean como fieras; allí también hay
antros subterráneos, en los que se ocultan cuando huyen
de otros. Hay también desiertos, en donde todo es estéril
y arenoso, y en donde aquí y allá se divisan unas rocas
escabrosas en las cuales hay cavernas; y en ciertos parajes pueden
verse unas chozas. A estos páramos desérticos son arrojados desde los
infiernos aquellos que ya han padecido las penalidades más rigurosas;
especialmente aquellos que en el mundo fueron más arteros que otros a
la hora de maquinar y acometer artificios y fraudes.
Su destino final es e-se tipo de vida.
(587)
En cuanto a la ubicación de los infiernos
en detalle, es algo completamente desconocido incluso para los
ángeles del cielo; sólo el Señor lo sabe. Pero en un
sentido más general, su ubicación se infiere de las regiones
en las que se encuentran. Puesto que los infiernos, al igual que
los cielos, se distinguen según las regiones; y en el mundo
espiritual las regiones se determinan de acuerdo con los amores; dado
que en el cielo todas las regiones se inician en el Señor
como sol, que es el Oriente; y como los infiernos son opuestos
a los cielos, sus regiones comienzan a partir del punto opuesto, esto
es, del occidente (sobre este tema véase el capítulo referente a las
cuatro regiones del cielo, Nº 141 -153). De ahí que los
infiernos de la región occidental sean los peores de todos,
y los más horrendos; tornándose peores y más horrendos cuanto más
lejos están del oriente, y ello en forma gradual. En los
infiernos occidentales se encuentran aquellos que en el mundo
estuvieron inmersos en el amor de sí mismos, sintiendo por tanto
desprecio por los demás, y animadversión hacia quienes no los
favorecieron; y asimismo odio y deseos de venganza contra
quienes no los veneraron ni les rindieron pleitesía. En los más
remotos infiernos de esa región se encuentran aquellos que,
perteneciendo a la llamada religión Católica, pretendieron ser adorados
como dioses; quienes, a consecuencia de ello, alimentaron ardientes
sentimientos de odio y venganza contra todos aquellos que
no reconocieron su potestad sobre el alma de los hombres
y sobre el cielo. Su índole sigue siendo la misma,
es decir, los anima el mismo odio y los mismos deseos
de venganza que en el mundo contra sus opositores. Su deleite
supremo es el ejercicio de la crueldad; sólo que en la otra
vida, este deleite se vuelve en contra de ellos; puesto que
en sus respectivos infiernos, cada cual se encoleriza con aquel que reniega
de su Divina potestad. (Pero sobre este tema nos extenderemos en el
tratado De Ultimo Judíelo et de Babylonia des-tructa). De cualquier
modo, nadie puede saber cómo están dispuestos los infiernos en esa región;
lo único que puede decirse, es que los infiernos más atroces
de ese género se encuentran a los lados de la región
septentrional, y los menos atroces en la región meridional;
de forma que la atrocidad de los infiernos decrece a medida
que se pasa de la región septentrional a la meridional,
y asimismo en forma gradual hacia el oriente. Al oriente
están las moradas de los presuntuosos, quienes, a pesar
de descreer de la Divinidad, no alimentaron tanto odio
y deseos de venganza, ni fueron tan tramposos, como aquellos que
se hallan en las profundidades de la región occidental.
En la región oriental actualmente no hay infiernos, los que había
allí fueron trasladados a la zona anterior de la región occidental.
En las regiones septentrional y meridional hay numerosos infiernos,
y sus moradores son aquellos que en el mundo estuvieron inmersos
en el amor de sí mismos, y en diversos géneros de maldades
derivadas, como ser: la animadversión, la hostilidad, el fraude,
el latrocinio, la bellaquería, la avaricia y la ruindad.
Los peores infiernos de este género se encuentran en la región
septentrional, y los más moderados en la región meridional.
Su monstruosidad es mayor cuanto más próximos se hallan a
la región occidental, y cuanto más alejados de la región meridional;
y decrece hacia la región oriental, y hacia la meridional.
Detrás de los infiernos que hay en la región occidental hay selvas
tenebrosas, en donde los espíritus malignos merodean como las fieras; y
lo mismo ocurre detrás de los infiernos de la región septentrional.
Pero detrás de los infiernos de la región meridional hay desiertos,
que ya han sido descriptos más arriba. Y esto es todo
lo que se puede decir acerca de la ubicación de los
infiernos. feny-angyalai.hu
(588)
En cuanto al número de infiernos: hay
tantos como sociedades angélicas hay en los cielos, ya que por cada
sociedad celestial hay una correspondiente sociedad infernal opuesta. Que las
sociedades celestiales son innumerables, y se distinguen entre
sí según sus bienes de amor, caridad y fe, puede verse
en el capítulo referente a las sociedades que constituyen
el cielo (Nº 41-50), y asimismo en el que trata sobre
la inmensidad del cielo (Nº 415-420). Lo mismo ocurre con
las sociedades infernales, que se distinguen entre sí de acuerdo con
las maldades opuestas a dichos bienes. Las maldades, al igual que los
bienes, son de una variedad infinita. Que ello es así, es algo
que no pueden comprender aquellos que poseen sólo una vaga idea sobre las
diversas maldades, tales como el desprecio, la animadversión,
el odio, la venganza, el fraude y otras perversidades
similares. De todos modos es conveniente que sepan que cada una
de estas maldades encierra muchas diferencias específicas, y éstas, a
su vez, contienen incalculables diferencias específicas o particulares,
de manera que un volumen entero no sería suficiente para
enumerarlas. Los infiernos se distinguen entre sí por
su disposición y orden de acuerdo con las diferencias
de cada maldad, y ello hasta el punto que sería imposible
concebir una disposición más ordenada y diferenciada. De lo cual
se desprende que los infiernos son innumerables, y que se hallan
próximos o alejados entre sí de acuerdo con sus diferencias
de maldad: genéricas, específicas y particulares. Dentro de los
infiernos hay asimismo infiernos subterráneos; algunos se comunican entre
sí por pasadizos, otros a través de exhalaciones, y esto
exactamente según sus afinidades de maldad en género y especie.
Cuan grande es el número de los infiernos, es algo que
me fue dado inferir en base a lo siguiente: hay infiernos debajo
de cada montaña, colina y peña, y asimismo debajo
de cada planicie y valle, y se extienden subterráneamente
en longitud, anchura y profundidad. En una palabra,
el cielo y el mundo de los espíritus, por todas partes, tienen
como excavaciones, y por debajo de ellos se extiende
un infierno ininterrumpido. Esto es todo lo que puede referirse
acerca del número de infiernos.
(62)
Capítulo
LXII
EL EQUILIBRIO ENTRE
EL CIELO Y EL INFIERNO
(589)
Para que algo pueda existir, tiene que verificarse
un equilibrio entre todos sus elementos. Sin equilibrio no hay acción
ni reacción; puesto que el equilibrio se establece entre dos
fuerzas: una que actúa y la otra que reacciona: el estado
de reposo resultante de tal proceso de acción y reacción
se denomina equilibrio. En el mundo natural se da
un equilibrio entre todas y cada una de las cosas.
En sentido general existe incluso en la atmósfera, en donde las
partes inferiores reaccionan y resisten de a-cuerdo con
la acción y presión que sobre ellas ejercen las partes superiores. En el
mundo natural se verifica asimismo un equilibrio entre el calor
y el frío, la luz y las sombras, lo seco y lo húmedo;
la condición intermedia es el equilibrio. Del mismo modo, existe
un equilibrio entre todos los componentes de los tres reinos de la Naturaleza; el mineral, el vegetal y el animal; ya que sin equilibrio
no pueden existir ni subsistir. En todas partes se da una
suerte de esfuerzo que actúa por un lado y reacciona por
el otro. Toda existencia o todo efecto, se producen
en equilibrio, esto es, en virtud de una fuerza activa
y otra pasiva, o de una fuerza que fluye en otra, la cual a
su vez la recibe y cede. En el mundo natural eso que actúa
y reacciona, se denomina fuerza, y también esfuerzo;
en cambio en el mundo espiritual, se llama vida y voluntad.
En ese mundo la vida es fuerza viviente, y la voluntad
esfuerzo viviente; y el equilibrio propiamente dicho se denomina
libertad. De manera que el equilibrio espiritual o libertad
deriva su existencia y subsistencia de la confrontación que
se establece entre el bien que actúa por un lado, y el mal
que reacciona por el otro; o entre el mal que actúa por
un lado, y el bien que reacciona por el otro. En los buenos
el equilibrio se establece entre el bien que actúa y el mal
que reacciona, pero en los malvados el equilibrio se establece
entre el mal que actúa y el bien que reacciona. El equilibrio
espiritual se establece entre el bien y el mal, porque
la vida del hombre en su integridad se relaciona con
el bien y el mal, siendo la voluntad su receptáculo. Hay
asimismo un equilibrio entre la verdad y la falsedad; pero este
equilibrio depende del que se establece entre el bien y el mal.
El equilibrio que se da entre la verdad y la falsedad
se parece al que se verifica entre la luz y la sombra,
puesto que la luz y la sombra afectan a los objetos del reino
vegetal sólo en la medida en que éstos reciban calor y frío.
La luz y la sombra no producen el menor efecto por
sí mismos, ya que lo que opera a través de ellas
es el calor, lo cual se desprende del hecho de que
la luz y las sombras son las mismas en invierno y
en verano. La comparación de la verdad y la falsedad con
la luz y las sombras deriva de las correspondencias; porque
la verdad corresponde a la luz, la falsedad a las sombras,
y el calor al bien del amor; de hecho, la luz espiritual
es la verdad, la sombra espiritual es la falsedad, y
el calor espiritual el bien del amor (véase el capítulo
referente a la luz y el calor espiritual en el cielo, Nº 126-140).
(590)
El equilibrio entre el cielo y el infierno
es perpetuo. Del infierno mana y asciende incesantemente
un esfuerzo hacia el mal, y del cielo fluye y desciende
constantemente un esfuerzo hacia el bien. En es-te equilibrio
se mantiene el mundo de los espíritus; que es un mundo
intermedio entre el cielo y el infierno (véase más arriba, Nº 421-31).
El mundo de los espíritus se mantiene en tal equilibrio
porque después de la muerte todo hombre arriba en primer lugar
al mundo de los espíritus, y allí permanece en un estado
similar al que gozaba en el mundo, lo cual sería imposible
si no se mantuviese en un perfecto equilibrio; gracias
a ello es posible explorar la índole de cada cual, dado que
mientras tanto permanece en el mismo estado de libertad que gozaba
en el mundo. El equilibrio espiritual es la libertad del nombre
y de los espíritus (según se ha dicho recién, Nº 589). Los
ángeles distinguen el género de libertad que goza cada cual
en base a la comunicación de afectos y pensamientos que
allí se establece; y esto se hace visible a los ojos
de los espíritus angélicos por las vías que los espíritus toman. Los
buenos espíritus siguen las vías que van hacia el cielo, pero los
espíritus malignos se desvían hacia el infierno. Las vías aparecen
realmente en ese mundo; por eso en la Palabra las vías 8enotan las verdades que conducen al bien, y en sentido opuesto,
las maldades que conducen al mal; y por la misma razón,
"andar", "caminar" y "peregrinar", en la Palabra significan estados en el curso de la vida. A menudo me fue dado
ver estas vías, y espíritus andando y caminando libremente por ellas
según sus afectos y pensamientos derivados.
(591)
El mal mana y asciende incesantemente del
infierno, y el bien fluye y desciende continuamente del cielo, porque
cada uno de sus habitantes está circundado por una esfera espiritual,
y esa esfera flu-ye y mana de la vida de sus afectos
y pensamientos derivados; y como dicha esfera fluye de cada
individuo, fluye asimismo de cada sociedad celestial y de Cada
sociedad infernal, y en consecuencia, de todos sus habitantes,
es decir, del cielo y del infierno en su conjunto. El bien
fluye del cielo porque todos sus habitantes viven en el bien; y
el mal mana del infierno, porque todos sus habitantes están sumidos
en el mal. El bien que procede del cielo procede íntegramente del
Señor, porque los ángeles del cielo se mantienen apartados
de su naturaleza propia, permaneciendo en la naturaleza propia del
Señor, que es el bien mismo. Pero los espíritus infernales,
se hallan todos inmersos en su naturaleza propia, y
la naturaleza propia de cada uno no es otra cosa que maldad;
y como no es otra cosa que maldad, es el infierno.
Es evidente, entonces, que el equilibrio en el cual
se mantienen los ángeles del cielo y los espíritus del infierno,
es diferente del equilibrio que se da en el mundo dé los
espíritus. El equilibrio de los ángeles del cielo depende del grado
en que desearon vivir en el bien, o del grado en que
vivieron en el bien durante su paso por el mundo, y por
tanto, del grado de aversión que sintieron hacia el mal;
en cambio el equilibrio en el cual se mantienen los
espíritus infernales depende del grado en que anhelaron estar inmersos
en el mal, o del grado de maldad en que estuvieron inmersos
durante su estadía en el mundo, y por tanto, del grado
de aversión que sintieron hacia el bien.
(592)
Si el Señor no rigiese tanto
el cielo como el infierno, no existiría ningún equilibrio;
y sin equilibrio, no habría ni cielo ni infierno; puesto
que todas y cada una de las cosas que pueblan el universo, así
en el mundo espiritual como en el mundo natural, perduran gracias
al equilibrio. Cualquier hombre racional puede advertir que ello
es así. Suponiendo que una de las dos partes preponderara, sin que
la otra ofreciera resistencia, ¿ no perecerían entonces
ambas ? Y esto es lo que habría de ocurrir en el
mundo espiritual si el bien no reaccionara contra el mal,
refrenando constantemente sus desbordamientos; puesto que si la Divinidad Misma no adoptase esta providencia, el cielo y el infierno
sucumbirían, y junto con ellos toda la raza humana. Y si se
afirma que esto es algo que sólo la Divinidad Misma puede proveer,
se debe a que la naturaleza propia de todo ser, ya sea
ángel, espíritu o hombre, no es otra cosa que maldad (ver más arriba,
Nº 591); de forma que ni los ángeles ni los espíritus son
capaces de resistir las maldades que manan incesantemente de los
infiernos, ya que por su naturaleza propia todos son proclives
al infierno. De lo cual se desprende que a menos que
el Señor rigiese tanto los cielos como los infiernos, nadie podría
alcanzar la salvación. Por lo demás, todos los infiernos en su
conjunto conforman una sola cosa, dado que allí las maldades se conectan
entre sí, al igual que los bienes en los cielos; y sólo
la Divinidad, que procede exclusivamente del Señor, puede oponer
resistencia a todos los infiernos, que son innumerables, y operan
al unísono contra el cielo y todos sus habitantes.
(593)
El equilibrio que existe entre los cielos y los
infiernos disminuye o se acrecienta según el número
de individuos que ingresan al cielo o al infierno, y son
millares los que ingresan diariamente. A ningún ángel le es dado
saber y percibir esto, ni regular y graduar las proporciones con
exactitud; sólo el Señor puede hacerlo: porque la Divinidad
que procede del Señor es omnipresente, y la ubicuidad
de su visión le permite detectar cualquier desequilibrio; mientras
que un ángel solamente puede ver lo que está cerca de él;
ni siquiera puede percibir por sí mismo lo que ocurre dentro
de su propia sociedad.
(594)
De qué modo están dispuestas las cosas en los
cielos y en los infiernos, a fin de que todos y cada uno
de sus habitantes puedan permanecer en equilibrio, es algo que
en cierta medida puede colegirse de lo que se ha dicho
y expuesto un poco más arriba sobre los cielos y los infiernos,
esto es, que todas las sociedades del cielo están dispuestas conforme a
un orden bien diferenciado, según los bienes espirituales, y
de acuerdo con sus géneros y especies; y todas las sociedades
infernales, según las maldades, y de acuerdo con sus géneros y especies;
y que debajo delgada sociedad del cielo hay una sociedad infernal que
corresponde a ella por oposición, resultando el equilibrio
de esta correspondencia por oposición; debido a lo cual
el Señor provee constantemente que ninguna de las sociedades infernales
que están debajo de las celestiales prevalezcan sobre éstas; y
en cuanto asoma el más leve predominio, es refrenado por
diversos medios, siendo reducido hasta el punto exacto en que
se restituye el equilibrio. Estos medios son muchos, por ello aquí
me limitaré a mencionar sólo algunos. Entre ellos, hay unos que
se relacionan con la poderosísima presencia del Señor; otros,
con la comunicación y conjunción de una o más sociedades
con otras; otros, con la expulsión de espíritus infernales
supernumerarios a los desiertos; otros, con el traslado
de ciertos espíritus infernales de un infierno a otro; otros,
con la reducción al orden de los moradores del infierno,
lo cual se lleva a cabo también de diversas maneras; otros,
con el revestimiento de ciertos infiernos con coberturas densas
e impenetrables, y también con el traslado de sus moradores
a los abismos más profundos. Aparte de éstos hay muchos otros medios;
entre ellos, los que se emplean en los cielos, que, según se ha
expuesto, están situados arriba de los infiernos. Todo esto se ha
dicho a fin de que de algún modo se sepa que sólo
el Señor puede proveer que en todas partes exista
un equilibrio entre el bien y el mal, es decir, entre
el cielo y el infierno; y que el bienestar de todos
los habitantes del cielo y de la tierra depende de este equilibrio.
(595)
Es conveniente que se sepa que los infiernos
agreden continuamente a los cielos, y procuran destruirlos; pero
el Señor ampara a los cielos, y, apartando a sus
habitantes de las maldades derivadas de su naturaleza propia, los
preserva en el bien que procede de El Mismo. Con frecuencia
me ha sido dado percibir la esfera que mana de los infiernos,
y esa esfera es toda ella un esfuerzo por destruir la Divinidad
del Señor, y en consecuencia, el cielo. Algunas veces también
me fue dado percibir las ebulliciones que se producen en ciertos
infiernos, que son esfuerzos desenfrenados por sublevarse y destruir. Por
su parte los cielos jamás agreden a los infiernos, ya que la esfera
Divina que procede del Señor es un perpetuo esfuerzo por salvar
a todos; y como los moradores de los infiernos no pueden
ser salvados, puesto que todos ellos están inmersos en el mal, y
se oponen a la Divinidad del Señor, los disturbios que allí
se producen son apaciguados en la medida de lo posible, y
la sevicia de los seres infernales, es reprimida, a fin
de evitar que se abalancen unos sobre otros en forma desaforada.
Esto también se efectúa por innumerables medios, a través de los
cuales opera la potestad Divina.
(596)
El cielo está dividido en dos reinos;
el reino celestial y el reino espiritual (sobre este punto, véase más
arriba Nº 20-28). Del mismo modo, el infierno está dividido
en dos reinos: uno opuesto al reino celestial, y el otro
al reino espiritual. El que se opone al reino celestial
está situado en la región occidental, y a sus moradores se los
denomina genios malignos; y el opuesto al reino espiritual está
situado en las regiones septentrional y meridional, y sus
habitantes se llaman espíritus. Todos los que moran en el reino
celestial viven en el amor al Señor; y todos los
moradores de los infiernos opuestos a ese reino están inmersos
en el amor de sí mismos; en cambio todos los habitantes del
reino espiritual viven en el amor al prójimo, y todos los que
habitan en los infiernos opuestos a ese reino, están inmersos
en el amor al mundo. De ello se desprende que el amor
al Señor y el amor de sí mismo son opuestos; y que
el amor al prójimo es opuesto al amor del mundo.
El Señor provee constantemente que ningún influjo de los
infiernos opuestos al reino celestial llegue a los habitantes del
reino espiritual; porque si esto ocurriera, el reino espiritual
perecería (por la razón arriba expuesta, Nº 578, 579). Estos son
los dos equilibrios generales que el Señor preserva perpetuamente.
(63)
Capítulo
LXIII
EL HOMBRE SE MANTIENE
EN LIBERTAD MEDIANTE
EL EQUILIBRIO ENTRE
EL CIELO Y EL INFIERNO
(597)
Recién ha sido descrito el equilibrio que
se establece entre el cielo y el infierno, que, según se ha
expuesto, es un equilibrio que se establece entre el bien. que
fluye del cielo y el mal que mana del infierno; es decir,
un equilibrio espiritual, que en su esencia es libertad. Y
el equilibrio espiritual en su esencia es libertad, porque
se establece entre el bien y el mal, y entre la verdad
y la falsedad, que son cosas espirituales. Por consiguiente,
la facultad de querer lo que es bueno o lo que
es malo, y de pensar lo que es verdadero o lo que
es falso, pudiendo escoger entre una cosa y otra,
es precisamente la libertad a la que nos referimos aquí. Esta
libertad es concedida por Dios a todo hombre, y jamás le es
arrebatada; en realidad por su origen no es propia del hombre,
ya que procede del Señor. No obstante, el hombre la recibe
junto con su vida como si fuese suya; y ello a fin de que
el hombre pueda ser reformado y alcanzar la salvación; dado que
sin libertad no puede reformarse ni salvarse. Quienquiera que posea
cierto grado de intuición racional es capaz de advertir que
la facultad de pensar maligna o rectamente, en forma
sincera o insincera, justa o injusta, es inherente a
la libertad del hombre; y que asimismo puede hablar y obrar con
rectitud, sinceridad y justicia; no pudiendo en cambio hablar
y obrar con malignidad, insinceridad e injusticia, debido a las
leyes espirituales, morales y civiles que ejercen coerción sobre
su exterioridad. Es evidente, entonces, que el espíritu del
hombre, que piensa y quiere, es quien goza de libertad; y
no su exterioridad, que habla y obra, constreñida por
la leyes arriba mencionadas.
(598)
El hombre no puede ser reformado a menos
que goce de libertad, puesto que nace inmerso en todo género
de maldades, las cuales deben ser removidas para que pueda alcanzar
la salvación; sin embargo, éstas no pueden ser removidas a menos
que el hombre las vea en sí mismo y las admita, y, desistiendo
luego de su afán de cometerlas, llegue finalmente a experimentar
aversión hacia ellas. Recién entonces pueden ser removidas. Lo cual
no puede ocurrir a menos que el hombre tenga acceso tanto
al bien como al mal; puesto que desde el bien puede verse
el mal, en cambio desde el mal no puede verse el bien.
Los bienes espirituales que el hombre es capaz de concebir, los
aprende en la infancia leyendo la Palabra y atendiendo las
prédicas; mientras que los bienes morales y civiles se los
enseña su propia vida en el mundo. Esta es la razón
primordial que determina que el hombre deba gozar de libertad. Otra
razón de peso es que el hombre sólo asimila aquello que hace
en virtud del afecto de su amor. Es cierto que hay otros factores
que pueden ejercer influjo sobre él, pero ingresan sólo en su pensamiento,
y no es su voluntad; y aquello que no ingresa en la
voluntad del hombre, no es asimilado por él; porque el pensamiento
toma su contenido de la memoria, en cambio la voluntad toma
su contenido de la vida misma. Únicamente aquello que emana
de la voluntad, o lo que es igual, del afecto del amor, puede
ser llamado libre; puesto que lo que el hombre quiere o ama,
lo hace libremente; de ahí que la libertad del hombre y
el afecto de su amor, o de su voluntad, sean una sola cosa.
Y por eso el hombre goza de libertad, a fin de que
pueda ser afectado por la verdad y el bien, o para que pueda
amarlos, de forma que se incorporen a él. En suma, todo
aquello que no se inserta en la libertad del hombre, carece
de permanencia, porque no pertenece a su amor o voluntad, y
lo que no pertenece al amor o voluntad del hombre,
no pertenece a su espíritu; puesto que la esencia misma (esse)
del espíritu del hombre es el amor o voluntad. Si decimos amor
o voluntad, es porque el hombre quiere precisamente aquello que
ama. Esta es la causa que determina que el hombre solamente pueda ser
reformado en libertad.
(599)
Afin de que el hombre pueda gozar
de libertad, de modo que su reforma sea posible, entra
en conjunción, en cuanto a su espíritu, con el cielo
y con el infierno. Puesto que todo hombre se halla
en compañía de espíritus infernales y ángeles del cielo:
por influjo de los espíritus infernales el hombre se sume
en su propia maldad, y por instilación de los ángeles del cielo,
accede al bien del Señor; y de este modo permanece
en equilibrio, esto es, en libertad. Que los ángeles del cielo
y los espíritus del infierno acompañan a todo hombre, puede
verse en el capítulo referente a la conjunción del cielo con la raza
humana (Nº 291-302).
(600)
Debe entenderse que la conjunción del hombre con
el cielo y con el infierno, no es una conjunción directa,
sino una conjunción indirecta que se establece por intermedio
de espíritus que habitan en el mundo de los espíritus. Por medio
de los espíritus malignos que habitan en él mundo de los
espíritus, el hombre está en conjunción con el infierno;
y por medio de los espíritus benignos, que habitan en ese mundo,
el hombre está en conjunción con el cielo. Debido a ello,
el mundo de los espíritus es un mundo intermedio entre
el cielo y el infierno, siendo el fundamento de su
equilibrio. (Que el mundo de los espíritus es un mundo
intermedio entre el cielo y el infierno, puede verse en el
capítulo referente al mundo de los espíritus, Nº 421 -31;
y que en él se basa el equilibrio esencial que
se establece entre el cielo y el infierno, en el capítulo
anterior, Nº 589-96). Todo ello manifiesta claramente cuál
es el origen de la libertad del hombre.
(601)
Permítasenos agregar algo más acerca de los
espíritus que acompañan al hombre. Toda una sociedad puede
establecer comunicación con otra, o con un individuo, donde quiera
que esté, por intermedio de un espíritu emisario; este espíritu
se llama agente, y representa al conjunto de la sociedad.
Lo mismo ocurre con la conjunción que establece el hombre con
las sociedades del cielo, y con las sociedades del infierno, que
se establece a través de espíritus que acompañan
al hombre, y habitan en el mundo de los espíritus.
(602)
Por último haremos referencia a la intuición que
el hombre posee acerca de la vida después de la muerte,
la cual procede del influjo del cielo en el hombre. Ciertas personas
de condición humilde, quienes durante su paso por el mundo
vivieron en el bien de la fe, fueron retrotraídas a un estado
similar al que disfrutaron en el mundo —experiencia accesible
a cualquier individuo cuando el Señor así lo desea—;
y mediante este procedimiento se puso de manifiesto cuál era su opinión,
en aquel momento, sobre el estado del hombre después de la
muerte. Dijeron que ciertas personas inteligentes, durante su estadía
en el mundo, les habían preguntado qué era lo que pensaban acerca
de la suerte de su alma después de la vida en la tierra; a
lo cual replicaron que ignoraban qué cosa era el alma. Después les
preguntaron qué pensaban sobre el estado que habrían de experimentar
después de la muerte; a lo que respondieron que, a su entender,
vivirían como espíritus. Entonces fueron interrogados sobre la noción que
tenían acerca de la condición de un espíritu; su respuesta fue
que un espíritu es un hombre. Se les preguntó cómo sabían esto;
dijeron que lo sabían sencillamente porque era así. Y aquellos
inteligentes inquisidores se mostraron sorprendidos de que gente tan
simple estuviese en posesión de una fe que ellos mismos
no tenían. Lo cual demuestra que todo hombre que está
en conjunción con el cielo posee una intuición innata sobre
su vida después de la muerte. Esta intuición tiene un sólo
origen: el influjo del cielo; esto es, el influjo del Señor
que llega al hombre desde el cielo por intermedio de espíritus
que habitan en el mundo de los espíritus y acompañan
al hombre. Esta intuición la poseen aquellos que no han perdido
su libertad de pensamiento por adoptar nociones establecidas
y confirmadas de antemano; basadas todas ellas en interminables
razonamientos sobre el alma del hombre, que dan a entender que
el alma es puro pensamiento, o algún principio vital cuyo
a-siento sería el cuerpo; cuando, en realidad, el alma
no es otra cosa que la vida del hombre, y el espíritu,
es el hombre mismo; mientras que el cuerpo te-rrenal, con
el cual se reviste en el mundo, es nada más que
un agente, que permite al espíritu, que es el hombre mismo,
adaptarse al mundo natural.
(603)
Todo lo que se ha expuesto en esta
obra sobre el Cielo, el Mundo de los Espíritus, y
el Infierno, parecerá obscuro a quienes no tienen interés
en las verdades espirituales; pero resultará claro para aquellos que
se deleitan con ellas; sobre todo para quienes sienten afecto por
la verdad en interés de la verdad misma; esto es, para aquellos
que aman la verdad tan sólo porque es verdad: puesto que todo
lo que se ama infunde luz a las ideas de la mente,
y muy especialmente la verdad que se ama; porque toda verdad
vive en la luz.
(64)
Índice
analítico
ABEJAS: Sus instintos Nº 108.
ABRAHAM: Porqué se lo menciona en la Palabra Nº 526.
ACCIÓN: Y reacción entre el cielo y el infierno Nº 537; el proceso de acción y reacción depende del equilibrio Nº 589.
ACTOS: El hombre pone en acto usos Nº 112; y el lenguaje y los actos del hombre están regidos por influjo Nº 296; deben ser justos si el hombre desea acceder al cielo Nº 358; el afecto debe fluir en los actos Nº 360; los actos del cuerpo son meramente instrumentales Nº 432; el amor en acto es perdurable Nº 483; los actos externos son tales como las intenciones y los pensamientos Nº 495.
ADMINISTRACIÓN: De los asuntos celestiales Nº 388, 389.
ADORACIÓN: La adoración del Señor por parte de un idólatra Nº 324.
ADULTERIO: Es un deleite derivado de la falsedad en conjunción con la maldad Nº 374, 384; el adulterio es profano; es el matrimonio de la falsedad y la maldad Nº 384, 385.
ADÚLTEROS: Su definición Nº 386; sus deleites en la otra vida Nº 488.
ADULTOS: La diferencia entre quienes mueren en la infancia y los que mueren siendo adultos Nº 345; cómo y dónde reciben su preparación para ingresar al cielo aquellos que mueren siendo adultos Nº 514, 515.
AFECTOS: Expresados en lenguaje angélico Nº 236, 244; expresados en el tono de voz Nº 269; expresados por medio de la letra escrita Nº 261; los animales corresponden a diversos afectos Nº 110; los alimentos vegetales corresponden al afecto por el bien y la verdad Nº 111; deben realizarse en actos en el mundo Nº 360; los afectos del espíritu se comunican con el corazón Nº 446; se adscriben al corazón, aunque no habiten en él, o cerca de él Nº 95; afectos del amor conyugal representados en el cielo Nº 382a; todo hombre posee muchos afectos, pero su afecto predominante está en todos ellos Nº 236; el afecto predominante determina el aspecto del rostro de los seres en la otra vida Nº 47, 48, 457; en el mundo espiritual cada cual es la imagen de su propio afecto o amor Nº 498; en el Mundo de los Espíritus se establece una comunión de afectos Nº 552; los espíritus poseen una perfecta forma humana que corresponde a sus afectos, los afectos por la verdad son instilados a los buenos espíritus Nº 517; los afectos de los niños en el cielo Nº 331, 334, 345; el influjo que reciben los niños en el cielo es nada más que una cuestión de afectos Nº 336; los afectos de los espíritus malignos provocan melancolía Nº 299; los genios malignos operan a través de los afectos Nº 579; los afectos de aquellos que se aman a sí mismos Nº 561; los afectos de los hipócritas determinan que se vuelvan deformes Nº 458; la difusión del pensamiento y los afectos Nº 203; el pensamiento y el afecto del hombre se difunden en el cielo y en el infierno según su afecto predominante Nº 477; son removidos durante el proceso de resurrección Nº 449; permanecen después de la muerte cap. XLVII; los afectos en el cielo, su descripción Nº 413; afecto genuino por la verdad Nº 347; los afectos por el bien y la verdad determinan el grado de sabiduría interior en el cielo Nº 469; los deleites del alma son afectos por el bien y la verdad Nº 396; en el cielo, cuanto más interior es el afecto, mayor es la belleza Nº 459; los afectos de un cielo superior jamás se perciben en uno inferior Nº 210; en el cielo, la oposición de afectos, separa Nº 194; los ángeles reconocen la naturaleza de la libertad de un espíritu en virtud de una comunicación de pensamiento y afectos Nº 590; los espíritus y los ángeles hablan en base a pensamientos y afectos que condicen con su conformación mental Nº 464; el afecto de los ángeles hacia la sabiduría Nº 266; los ángeles no pueden proferir una sola palabra que no condiga con sus afectos Nº 237; en la otra vida no pueden simularse Nº 457; la calidad de los afectos de los ángeles se conoce por la esfera que emana de ellos y los rodea Nº 17; cuando los ángeles acompañan al hombre, habitan en sus afectos Nº 391; la voluntad o-pera en el hombre por medio de los afectos del bien, y el intelecto a través de los afectos por la verdad Nº 95; cada cual se halla rodeado por una esfera espiritual que emana de la vida de sus afectos Nº 591; los afectos fluyen en el hombre a través de los espíritus Nº 298; los afectos y los pensamientos determinan la índole de un hombre Nº 358; pensar libremente de acuerdo con su propio afecto es Ir. esencia misma de la vida del hombre Nº 502.
AGENTE: Espíritus emisarios llamados agentes Nº 255; el hombre es un agente que sirve como fuente y receptáculo, los órganos sensoriales son los agentes de los sentidos Nº 434.
ALIMENTO: Correspondencia de los alimentos vegetales Nº 111.
ALMA: El alma y la resurrección Nº 456; creencias verdaderas y falsas acerca del alma Nº 183, 312, 456, 602; estado después de la muerte de aquellos que no creyeron en su inmortalidad Nº 452; sólo se puede comprender qué es el alma en base a un conocimiento de la ciencia de las correspondencias Nº 88; el alma es espiritual, y piensa, en cambio el cuerpo no Nº 432; los deleites del alma Nº 396; el alma del Señor Nº 316.
ALTURA: Denota una diferencia entre el bien y la verdad según los grados Nº 197.
AMIGOS, AMISTAD: Se reconocen entre sí en el mundo de los espíritus Nº 494, 495; (Ver Relaciones).
AMOR: El calor corresponde al amor Nº 135; la frente corresponde al amor Nº 145; las montañas simbolizan al amor celestial, las colinas al amor espiritual Nº 188; dado que las cosas del cielo corresponden al bien y la verdad, corresponden, por tanto, al amor y la sabiduría Nº 155, 166; el bien del amor corresponde al fuego Nº 118; los ángeles viven en el bien del amor del Señor Nº 81; el reino celestial es la parte voluntaria del cielo, y allí reina el bien del amor Nº 95; el amor enciende la voluntad Nº 473; lo que el hombre ama, lo quiere Nº 500; después de la muerte el hombre es su propio amor y su propia voluntad Nº 479, 547; el calor espiritual es la esencia del amor Nº 133, 567; el calor vital procede del amor Nº 447; la vida y el calor proceden del amor Nº 14, 17; la calidad del amor determina la calidad de la vida Nº 14; la calidad del amor está determinada por su fin o uso Nº 565; la sabiduría es el amor al uso Nº 390; el amor al uso en el cielo Nº 393, 394; el amor al uso es el cimiento de la dicha celestial Nº 408; todo deleite fluye del amor Nº 396; el amor es un acto recíproco Nº 350; el amor en acto perdura Nº 483; definición del amor genuino por la verdad Nº 468; el amor en los animales Nº 135; el amor celestial y espiritual Nº 33; todo lo que participa del amor es bueno Nº 232; el amor a hacer el bien Nº 64; el efecto del amor depende de la naturaleza del recipiente en el cual fluye Nº 569; el amor es receptivo de todas las cosas que armonizan con él, y descarta todo lo demás Nº 18, 349; el verdadero y el falso amor al prójimo Nº 558 b; el amor que inspira las acciones es celestial o infernal Nº 484; el estado que experimentan en el mundo quienes aman con egoísmo y quienes aman sin egoísmo Nº 401; en qué consiste el amor celestial Nº 481; está en la naturaleza del amor celestial el compartir todo lo que posee Nº 399; los deleites de aquellos que viven en el amor celestial Nº 489; el amor a la familia y a los amigos es un emblema del amor celestial Nº 406; el amor hace al hombre Nº 474; el amor del hombre es revertido por el Señor Nº 253; el hombre se enciende y arde por amor Nº 134; la naturaleza del amor del hombre determina la naturaleza de su pensamiento Nº 532; los amores del hombre conforman un reino Nº 477; el cuerpo espiritual del hombre está conformado exclusivamente por aquellas cosas que hace de acuerdo con su amor y voluntad Nº 475; los espíritus que acompañan al hombre son semejantes a su afecto o amor Nº 295; los deleites del hombre pertenecen a su amor predominante Nº 486; el amor predominante se apodera de aquello que concuerda con él, y rechaza lo que es incompatible Nº 479; el amor predominante del hombre permanece en él después de la muerte Nº 363, 477; el hombre puede conocer su porvenir a partir de su amor predominante Nº 487; después de la muerte el hombre es tal como su voluntad o amor predominante Nº 480, 481; el amor predominante determina su estado futuro Nº 427; el modo en que se revela el amor predominante de los espíritus durante su primer estado después de la muerte Nº 496; los espíritus nada pueden hacer sin el influjo de su amor predominante Nº 479; los ángeles se vuelven hacia uno u otro lado según su amor predominante Nº 143; el amor en el lenguaje de los ángeles Nº 238; la intensidad del amor de los ángeles varía Nº 155; los ángeles perfeccionan continuamente su sabiduría y su amor Nº 221; cuando los ángeles gozan de un estado de amor, gozan de un estado de paz Nº 289; el afecto de los ángeles procede del a-mor Divino, y su pensamiento de la sabiduría Divina Nº 239; el amor y la vida determinan la interioridad y belleza de los habitantes del cielo Nº 459; en el cielo todos reciben luz según su grado de amor por el bien y la verdad Nº 350; diferentes géneros de amor en los diferentes reinos del cielo Nº 148; las diversas modalidades de gobierno en el cielo, son expresiones del amor mutuo Nº 213, 218; el amor de ejercer dominio sobre los demás no es posible en el cielo Nº 407.
Amar al Señor es querer y poner en práctica la verdad Divina Nº 271; el amor al Señor es "fuego celestial" Nº 134, 568; el amor al Señor devela la interioridad de la mente en el tercer grado Nº 271; el amor al Señor y el amor al prójimo constituyen la ley del cielo Nº 406, 486; la vida angélica deriva del amor al Señor y del amor mutuo Nº 344; el amor al Señor es la fuente de la sabiduría y de la inteligencia de los ángeles Nº 467; el amor al Señor, que procede del Señor, es el origen del bien de todos los habitantes del cielo Nº 72; el amor al Señor y el amor al prójimo encierran en sí todas las verdades Divinas Nº 19; amar al Señor y amar al prójimo, en sentido general, significa desempeñar usos Nº 112; significado del amor al Señor, y del amor al prójimo Nº 15, 16, 399, 350; el amor al Señor y el amor de sí mismo son opuestos Nº 596; el bien del amor al Señor como estímulo Nº (472; el amor Divino del Señor aparece en el cielo como un sol Nº 117; la Divinidad que procede del Señor es amor Nº 17; en el cielo el amor predominante es el Señor Nº 58, 486; el Señor está presente en cada cual según su amor y fé Nº 199; aquellos que reciben el bien del amor directamente del Señor Nº 348; el amor Divino es el Ser (esse) Nº 139; el amor Divino es anhelo de salvación y felicidad para todos los seres Nº 397; cuán grande es el amor Divino; su influjo es atemperado en su trayecto por leves gradaciones intermedias Nº 120.
El amor de sí mismo; naturaleza y origen del amor de sí mismo Nº 555, 556; el amor de sí mismo y sus consecuencias Nº 559; el amor de sí mismo y la vanagloria convierten a la verdad meramente en un medio Nº 347; la voluntad de dominio y el amor de sí mismo Nº 564; el amor de sí mismo como motivación de una vida supuestamente piadosa Nº 535; el amor de sí mismo aparta al hombre de la Divinidad Nº 558a; comparación entre el amor de sí mismo y el amor celestial Nº 557; la fogosidad del mundo corresponde al amor de sí mismo Nº 122; el amor de sí mismo es diametralmente opuesto a la inocencia Nº 283; el aspecto que adopta en el cielo la memoria externa de aquellos que la cultivaron por amor de sí mismos Nº 466; los ángeles pueden adquirir sabiduría porque están exentos del amor de sí mismos Nº 272; fuego infernal significa amor de sí mismo y del mundo Nº 134, 568; el amor del mundo Nº 565; las consecuencias del amor del mundo no son tan graves como las consecuencias del amor de sí mismo Nº 578; el hombre se aparta del cielo por amor de sí mismo y por amor del mundo Nº 252; el amor de sí mismo y el amor del mundo no pueden generar buenas obras Nº 472; la fisonomía de los espíritus malignos es la efigie del amor de sí mismo y del amor del mundo Nº 554; todos los moradores del infierno están sumidos en el mal y en las falsedades derivadas, que provienen del amor de sí mismo y del amor del mundo cap. LVIII; el amor de los moradores del infierno Nº 151; el amor del mal mana del infierno Nº 571; la concupiscencia es el amor en su continuidad Nº 570; la luz del cielo es una mera tiniebla para los que están sumidos en el amor corporal Nº 481; las regiones infernales están determinadas según los diferentes géneros de amor de sus moradores Nº 587. (Ver Afecto, Fe y Amor, Matrimonio).
ANCHURA: Indica un estado relativo a la verdad Nº 197, 307.
ANGELES: Su intelecto y voluntad Nº 136; la actividad de sus sentidos Nº 462 a; la idea que se forja el hombre natural acerca de sus órganos sensoriales Nº 170; su superioridad sobre el hombre Nº 576; se mantienen apartados de su naturaleza propia Nº 341; su apariencia Nº 80; su verdadera vida Nº 136; sus relaciones y parentescos Nº 205; sus vestiduras cap. XX; sus moradas cap. XXI., Nº 148, 184, 188; sus números Nº 415, 416; sus doctrinas Nº 227; su escritura Nº 258, 260; el grado más íntimo de su interioridad Nº 435; su vista exterior corresponde a su vista interior o intelecto Nº 462 a; sus razonamientos acerca de la vida Nº 9; su punto de vista acerca de la poligamia Nº 379; su horror ante la idea de que dos individuos puedan ser exactamente i-guales Nº 405; su pensamiento no se basa en las cosas naturales Nº 114; su criterio sobre las dignidades y los honores Nº 389; cómo reconocen la naturaleza de la libertad de un espíritu Nº 590; su noción acerca de la eternidad Nº 167; no tienen noción alguna sobre el tiempo y el espacio Nº 162, 166; su vida es una vida jubilosa Nº 555; cómo se los instruye acerca del júbilo celestial Nº 412; todo aquello que no está en armonía con su amor predominante, es eliminado Nº 479; sus diversas ocupaciones cap. XLI; los gentiles son instruidos por los ángeles Nº 325; cada uno desempeña una función específica Nº 392; cómo administran los asuntos celestiales Nº 389; aquellos que se ocupan de los niños pequeños en el cielo Nº 332; los ángeles que instruyen a los buenos espíritus Nº 513, 515; el poder de los ángeles cap. XXVI; son llamados "potencias" Nº 137, 231; ejemplos de su poder sobre el mal Nº 229; ante su sola mirada los espíritus malignos desfallecen Nº 232; su mirada puede penetrar los infiernos, si el Señor así lo desea Nº 586; los infiernos son regidos por ellos Nº 543; por sí mismos no podrían resistir a los infiernos Nº 592; se hallan protegidos por nubes emanadas del sol celestial Nº 120; todo ángel posee una perfecta forma humana cap. X., Nº 73, 75, 77; quiénes son los que se convierten en ángeles Nº 549; de qué modo los niños se convierten en ángeles Nº 329; no son creados como tales Nº 311; ángeles espirituales naturales y celestiales naturales Nº 31; la diferencia entre los que han muerto siendo niños y los que han muerto siendo adultos Nº 345; el aspecto de aquellos que nunca ocultaron sus pensamientos y sentimientos Nº 489; ángeles que son efigies de la caridad Nº 414; aparecen como estrellas Nº 69, 356; ángeles que viven en el bien del amor y la caridad Nº 402; los ángeles como receptáculos del bien Divino y la verdad Divina Nº 25, 133, 232; las cosas que aparecen ante sus ojos poseen existencia real Nº 175; disponen de todas las cosas necesarias Nº 264, 266; todo lo que está a su disposición y todo lo que poseen lo reciben del Señor Nº 190; reciben todas las cosas del cielo según la calidad del bien que hay dentro suyo Nº 53; su recepción en el cielo Nº 519; se dice que los cónyuges no son dos seres, sino un solo ángel Nº 367, 372; los ángeles y el amor conyugal Nº 370, 371, 374; ver la correspondencia que existe entre todas las cosas del cielo Nº 185; cómo se relacionan Nº 36, 242; de qué modo perciben las verdades Nº 270; cada uno de sus pensamientos se difunde en el cielo Nº 79; se agrupan en sociedades Nº 41; no pueden ascender ni descender de un cielo a otro Nº 35; los ángeles que pertenecen a distintos cielos no pueden comunicarse entre sí Nº 208; los ángeles de un cielo superior pueden ver a los de un cielo inferior, pero éstos no pueden ver a aquéllos Nº 209; los ángeles internos y externos en cada cielo Nº 32; su interioridad determina cuál es su cielo Nº 33; todos los habitantes del cielo son efigies de amor y caridad Nº 17; a quiénes consideran los ángeles inteligentes y aptos para el cielo Nº 86; cada uno de ellos es un cielo en forma mínima cap. Vil; los ángeles constituyen el cielo Nº 7; llevan el cielo dentro suyo Nº 53; los ángeles del íntimo cielo tienen aspecto de niños Nº 280, 341; los ángeles de íntimo cielo poseen su interioridad develada en el tercer grado Nº 34; los ángeles del íntimo cielo están desnudos Nº 178, 280; no se les permite fijar la mirada en la parte posterior de la cabeza de otro Nº 144; perciben las falsedades Nº 487; los ángeles sólo pueden verse con los ojos espirituales Nº 76; el aspecto de los ángeles en los templos Nº 74; tienen siempre al este ante sus ojos Nº 142, 143; ideas erróneas acerca de los ángeles Nº 74. (Ver Afectos, Deleite, Divinidad, Cielo, Inteligencia, Vida, Señor, Amor, Sociedad, Lenguaje, Estado, Swedenborg, Sabiduría de los Angeles).
ANILLOS: Alrededor del sol del cielo Nº 120, 159.
ANIMALES: Su correspondencia Nº 110; sus afectos Nº 110; su conocimiento Nº 108, 352; sus amores Nº 135; viven en el orden de su vida, de ahí que estén regidos por influjo Nº 296; la diferencia entre el hombre y los animales Nº 39, 108, 202, 296, 352, 435.
ANSIEDAD: Es provocada por ciertos espíritus Nº 299.
ANTIGUOS: En los tiempos antiguos era mayor el número de hombres que se convertían en ángeles Nº 415.
APARIENCIAS: De las cosas externas en el cielo varían con los cambios de estado de los ángeles Nº 156; apariencias y representaciones en el cielo cap. XIX; apariencias reales e irreales en el cielo Nº 175; apariencias en los infiernos cap. LXI; la apariencia humana de la Divinidad a los ojos del hombre Nº 82, 84, 86.
APETITOS: Sus placeres obnubilan y debilitan el intelecto Nº 462a.
APOSTÓLES: Significan el Señor en cuanto a la verdad Divina Nº 526
ARBOLES: Su correspondencia Nº 111, 176, 489, 520; en el cielo los árboles dan su fruto según el bien del amor Nº 176.
ARCANOS: Sobre los ángeles de los tres cielos Nº 39; el cielo en su conjunto refleja a un solo hombre Nº 59; arcanos en los números Nº 263; arcanos relativos a la regeneración Nº 269; arcanos sobre la luz natural y espiritual Nº 308; arcanos relativos a la forma de la verdad Nº 460.
AROMA: Significa lo que es agradable o desagradable Nº 287.
ARQUITECTURA: En el cielo Nº 185.
ARREPENTIMIENTO: No es posible después de la muerte Nº 527.
ARTE: En el cielo: el arte verdadero procede del cielo Nº 185.
ARTERO: El acto artero es diametralmente opuesto a la inocencia Nº 278.
ARTIFICIOS: De los espíritus infernales cap. LX.
ASAMBLEAS: En el cielo Nº 149.
ASIA: Las religiones proceden del Asia Nº 322.
ASIRÍA: Significa la facultad racional Nº 302.
ASUNTOS: Del cielo Nº 388.
ASUNTOS CIVILES: En el cielo Nº 393.
AVARICIA: Es inmundicia espiritual Nº 363.
AVERSIÓN: En el cielo produce separación Nº 194.
AVES: Sus instintos Nº 108; su correspondencia N° 110.
BABEL, BABILONIA: Significado de "Babilonia" Nº 544; la Babilonia de nuestros días Nº 559.
BAUTISMO: Es nada más que un signo recordatorio Nº 329.
BELLEZA: Del cuerpo no implica belleza espiritual Nº 99, 131; la belleza personal en el cielo Nº 414; la belleza de los ángeles Nº 382a; la causa de la belleza interior Nº 459.
BENDICIÓN: Del amor conyugal Nº 379, 380; la bendición que sienten los que viven en el amor al Señor Nº 401; bendiciones reales e irreales Nº 364; las bendiciones del verdadero amor conyugal Nº 374.
BESTIAS: Diferencia entre el hombre y las bestias Nº 435. (Ver Animales).
BIEN: Todo bien procede de Dios Nº 291; el bien común Nº 64; el bien del amor Nº 7; el bien del amor pertenece al amor Nº 23; amar el bien es quererlo y hacerlo Nº 15; su relación con el amor al prójimo Nº 558b; el bien pertenece a la voluntad Nº 26; la alternancia del deleite y la falta de deleite determina que la percepción del bien sea más exquisita Nº 158; aquellos que separan la fe del bien Nº 2; el bien que proviene de uno mismo no es bien Nº 8, 556; cuando el hombre toma en cuenta su provecho personal en el bien que hace Nº 558a; en los infiernos nadie vive en el bien y la verdad Nº 551; el hombre se mantiene en equilibrio entre el bien y el mal Nº 293; equilibrio entre el bien y el mal Nº 537, 589; cada bien tiene su mal opuesto Nº 541; cuando el espíritu del hombre se libera, vive en su bien o se sume en su maldad Nº 577; el hombre debe vivir en el bien para poder percibir la maldad Nº 598; todo bien crece inconmensurablemente en la otra vida Nº 406; el bien de los demás es lo que desean los ángeles Nº 408; los ángeles están cerca o lejos del hombre según éste viva en el bien o no Nº 391; el bien de la vida de los ángeles Nº 288; el bien de un ángel difiere del de otro Nº 231; los ángeles reciben las cosas del cielo según la calidad del bien que reciben del Señor Nº 53; los ángeles integran distintas sociedades según sus diferencias en el bien del amor y la fe Nº 41, 42, 45; el bien del amor y la fe constituyen el cielo Nº 51; una iglesia es tal en la medida en que el bien del amor y la fe reine en ella Nº 57; el bien del amor corresponde al fuego, y el bien de la fe a la luz Nº 118; en el cielo los árboles dan fruto según el bien del amor Nº 176; "sacerdocio" significa bien del amor en el Señor Nº 226; aquellos que "esplenden como el sol" reciben el bien del amor directamente del Señor Nº 348; el bien que procede del Señor es un símil de El Nº 16; la creencia que profesan aquellos que viven en el bien acerca del cielo Nº 176; en la medida en que uno atribuye al Señor el uso que desempeña, lo hace bajo la inspiración del bien Nº 390; el bien del amor como estímulo Nº 472; el bien afluye al hombre desde el Señor Nº 546; el amor al Señor procedente del Señor es el origen del bien de todos los habitantes de los cielos Nº 72; aquellos que viven en un bien similar se reconocen en el cielo Nº 46; en el cielo el bien es el prójimo Nº 64; el bien del reino espiritual es el bien de la caridad Nº 215, 241; todas las modalidades de gobierno en el cielo tienen por objeto el bien público Nº 217; el fin de todos los habitantes del cielo es el bien común Nº 217, 418; la actividad racional de los espíritus que en el mundo han vivido en el bien Nº 505; el bien desciende continuamente del cielo Nº 591; el bien de la inocencia Nº 283; quienes gozan de un estado de inocencia no se atribuyen el bien a sí mismos Nº 218; la inocencia es el ser (esse) de todo bien Nº 281; la conjunción de la inocencia y la paz es similar a la que se establece entre el bien y su deleite Nº 288; el bien en relación al Hombre Máximo Nº 96; el bien es tal en la medida de su uso Nº 107; la sabiduría es amar al uso, el cual es el bien de los demás, Nº 390; el bien utilizado como un medio no es tal Nº 499; el amor del bien y del uso es el cimiento del reino del amor al prójimo Nº 564.
BIEN Y VERDAD: La verdad es la forma del bien Nº 107; la forma del bien y la verdad Nº 460; la verdad es el único receptáculo del bien Nº 371; la memoria externa como asiento del bien y la verdad Nº 466; las verdades espirituales se relacionan con el bien del amor y la verdad de la fe Nº 468; los bienes y verdades espirituales llegan por instilación del cielo y no por influjo del mundo Nº 512; qué es lo que el hombre considera como bien y verdad Nº 423; todas las cosas del universo se relacionan con el bien y la verdad Nº 137; el poder del bien y la verdad Nº 137, 232; el influjo ingresa en el bien y en la verdad del hombre Nº 297; el bien y la verdad en conjunción en un hombre no son dos cosas, sino una sola Nº 372; el bien y la verdad sólo pueden entrar en conjunción por medio de la inocencia Nº 281; la inocencia es el receptáculo del bien y la verdad Nº 329; quienes gozan de la inocencia de la sabiduría no saben ninguna verdad por sí mismos ni hacen ningún bien por sí mismos Nº 279; la inocencia de los niños es terreno propicio para todos los afectos del bien y la verdad Nº 341; los niños son guiados en el cielo hacia el conocimiento de la verdad y el afecto por el bien Nº 334; la recepción del bien y la verdad por parte de los niños en el cielo Nº 336, 344; la vida espiritual se alimenta del afecto por el bien y la verdad Nº 111; las casas que reciben los ángeles con-cuerdan con su percepción del bien y la verdad Nº 190; los ángeles se relacionan entre sí según la naturaleza del bien y la verdad que hay en ellos Nº 205; la paz surge de la conjunción del bien y la verdad en cada ángel Nº 286; la auténtica inteligencia y sabiduría consiste en ver y percibir lo que es verdadero y lo que es bueno Nº 351, 469; cualquiera puede reconocer una verdad, pero sólo los buenos pueden percibirla Nº 153; recibir al Señor significa recibir el bien y la verdad que proceden de El Nº 80; en el cielo todos reconocen que el bien y la verdad proceden del Señor Nº 8; todo bien y verdad que procede del Señor constituyendo el cielo posee forma humana Nº 460; cada ángel vive en su propio bien y en su propia verdad Nº 231; el bien y la verdad abren la puerta al cielo en el hombre Nº 430; el nacimiento espiritual se efectúa a través de los conocimientos del bien y la verdad Nº 345; son admitidos en el cielo todos aquellos que amaron el bien y la verdad Nº 350; lo que el hombre recibe en el cielo depende del grado de su afecto por el bien y la verdad Nº 349; los deleites del alma son afectos por el bien y la verdad Nº 396; los deleites que descienden de la conjunción del bien y la verdad Nº 489; el interés que muestran los espíritus por el bien y la verdad pone de manifiesto su verdadera naturaleza durante su primer estado después de la muerte Nº 496; los africanos reciben bienes y verdades en el cielo con la mejor disposición Nº 326; el hombre es hombre por su capacidad para comprender lo que es verdadero y para querer lo que es bueno Nº 60; la verdad se transforma en bien apenas se incorpora a la voluntad Nº 26; la voluntad se relaciona con el bien, el intelecto con la verdad Nº 137; el intelecto y la voluntad de los ángeles se perfeccionan continuamente por medio de las verdades de la inteligencia y los bienes del amor Nº 221; el hombre llama verdad a lo que comprende, y bien a lo que quiere Nº 231; el hombre es amado por el Señor en la medida en que su voluntad esté formada por el bien y su intelecto por la verdad Nº 350; quienes habitan en los brazos y en las manos del Hombre Máximo gozan del poder de la verdad del bien Nº 96; el bien de la fe en su esencia es la verdad del bien Nº 118; solamente aquellos que viven en las verdades del bien pueden hablar con los ángeles Nº 250 ;todo poder espiritual nace de la verdad del bien Nº 538, 539; el bien y la verdad en relación al matrimonio Nº 374-382; no hay amor conyugal sin amor al bien y la verdad Nº 381; la procreación del bien y la verdad en los matrimonios celestiales Nº 382b; oposición a los bienes y verdades de la iglesia por parte de aquellos que se aman a sí mismos Nº 562; a los ojos de los espíritus malignos, el mal aparece como bien, y la falsedad como verdad Nº 455; los árboles corresponden a los conocimientos del bien y la verdad, y su fruto a los afectos por el bien y la verdad Nº 111; todas las cosas que corresponden con el cielo se relacionan con el bien y la verdad Nº 113; "hierro" significa verdad sin bien Nº 115; la luz corresponde a la verdad del bien Nº 179; en el cielo las casas corresponden al bien de los ángeles, y las cosas que se hallan en el exterior a las verdades del bien Nº 186; las "doce puertas de la Nueva Jerusalem" significan las verdades de la iglesia que conducen al bien Nº 187; las dimensiones de la Nueva Jerusalem significan bienes y verdades de doctrina Nº 307; en el cielo el bien del uso tiene la apariencia del oro, y la verdad del uso la apariencia de la plata Nº 361; significado de las vestiduras en relación al bien y la verdad Nº 365; los "elegidos" son aquellos que viven en el bien y la verdad Nº 420; "camino" quiere decir verdad que conduce al bien Nº 590.
El bien Divino y la verdad Divina proceden del Señor, y la forma en que el hombre los recibe determina su vida Nº 9, 30; la interioridad se devela mediante la recepción del bien Divino y la verdad Divina Nº 33; lo que procede del Señor como sol en su esencia es el bien Divino unido a la verdad Divina Nº 127, 133; el bien Divino y la verdad Divina no residen en El, sino que proceden de El Nº 139; la "carne" del Señor significa bien Divino, y Su "sangre" verdad Divina Nº 147; los ángeles como receptores del bien Divino y la verdad Divina Nº 232; en la medida en que un ángel goza de inocencia, goza del bien Divino y la verdad Divina Nº 280; en el cielo se llama sabios a aquellos que viven en el bien, es decir aquéllos que aplican la verdad Divina a la vida Nº 348; la verdad Divina y el amor Divino fluyen principalmente en el amor conyugal Nº 370; los cielos están regidos por una efusión de bien Divino y verdad Divina que procede de los cielos Nº 543.
BOCA: Los que habitan en la boca del Hombre Máximo Nº 96.
BONDAD: La bondad y la caridad generan la belleza celestial Nº 414; qué es la verdadera bondad Nº 481, 495.
BRAZOS: Su correspondencia Nº 97, 231; los brazos del Hombre Máximo Nº 96, 231.
CABEZA: Su correspondencia Nº 97, 251; la cabeza del Hombre Máximo Nº 65; en el cielo nadie puede fijar la mirada en la parte posterior de la cabeza de otro Nº
CADÁVER: Su olor es aromático para los espíritus Nº 449.
CALIDAD: La calidad de cada cual se determina por la calidad de su intelecto y de su voluntad Nº 60; los ángeles detectan la calidad de un hombre por la forma en que modula las vocales Nº 241; la calidad de las acciones y las obras se determina por el pensamiento y la voluntad que las impulsa Nº 472; la calidad del amor se determina por su fin o uso Nº 565.
CALOR: Procede del amor Nº 14, 447; correspondencia con el amor Nº 135; el calor del cielo cap. XV, Nº 117, 133, 134, 226; hay dos fuentes de calor, el sol del cielo y el sol del mundo Nº 567; el calor vital del hombre Nº 568; el calor del cielo es insoportable para quienes viven inmersos en el amor corporal Nº 481; el efecto del calor celestial en los infiernos Nº 572; el calor del infierno excita las concupiscencias en el hombre Nº 571; el calor produce distintos efectos según los objetos en los que fluye Nº 569.
CAMELLO: Qué significa que "un camello pase por el ojo de una aguja" Nº 365.
CAMINOS: Significan verdades que conducen al bien Nº 590; caminos que conducen al cielo y al infierno Nº 479, 534; caminos que conducen al cielo partiendo desde los centros de instrucción del mundo de los espíritus Nº 520.
CARÁCTER: Está determinado por la facultad predominante Nº 369; está determinado por su interioridad Nº 532; el carácter de un espíritu se advierte a primera vista Nº 552.
CARIDAD: La vida de la caridad, descripta Nº 148, 360, 364, 535; la caridad hacia el prójimo Nº 13, 23; una vida de caridad conduce al cielo Nº 360; una vida de caridad sólo puede vivirse ocupándose de los asuntos del mundo Nº 535; situación en el cielo de aquellos que llevaron una vida de caridad Nº 489; gentiles que vivieron una vida de caridad Nº 324; la caridad de espíritus procedentes de China Nº 325; la iglesia del Señor en aquellos que viven en caridad Nº 308; todos los habitantes del cielo son efigies de amor y caridad Nº 17; la vida del cielo y la caridad Nº 403; el júbilo celestial emana de la caridad Nº 404; la belleza celestial surge del bien y la caridad Nº 414; quienes habitan en el pecho del Hombre Máximo viven en el bien de la candad Nº 96; el bien del reino espiritual es el bien de la caridad Nº 215, 241; todos los que viven en el bien de la caridad según su religión, pertenecen a la iglesia del Señor Nº 328; el bien de la caridad como estímulo Nº 472; de qué modo son guiados los niños en el cielo hacia el bien de la caridad Nº 337.
CASAS: En el cielo Nº 184, 489; las casas de los ángeles Nº 180, 186; la casa de Dios Nº 223; en el cielo, en cada casa hay un gobierno doméstico con señores y sirvientes, Nº 219; "la casa de la fiesta nupcial" significa el cielo y la iglesia Nº 180.
CASTIGO: En el infierno Nº 543, 574, 581; en la otra vida nadie es castigado por sus maldades hereditarias Nº 342; el castigo de los malvados en el segundo estado después de la muerte Nº 509; el castigo de los espíritus no proviene del Señor, sino de la maldad misma Nº 550.
CATÓLICOS: No todos sus santos son buenos Nº 535; situación en el infierno de los católicos malvados Nº 587.
CAUSA: La presencia del Señor como causa Nº 199; las ideas y las palabras de los ángeles se relacionan entre sí como la causa y el efecto Nº 240; causa y efecto Nº 303, 512; el mundo espiritual fluye en el mundo natural como la causa en el efecto Nº 567.
CENTRO: El Señor es el centro general del cielo Nº 124, 142.
CEREBELO: Corresponde a la sabiduría Nº 251.
CEREBRO: Corresponde a la inteligencia Nº 251.
CHINOS: En el cielo Nº 325.
CICERÓN: Swedenborg habló con un hombre que dio pruebas de ser Cicerón Nº 322.
CIELO, CIELOS: El cielo es una comunión general de todos con cada uno Nº 73; en el cielo hay una comunión de pensamientos y afectos Nº 369; en el cielo la interioridad está a simple vista N° 131; la disposición de la interioridad en el cielo Nº 499; el lenguaje y el pensamiento en el cielo Nº 2; su topografía Nº 188; su ubicación Nº 207, 209, 583; su forma cap. XXIII, Nº 200, 212; los tres cielos Nº 20-29. 33; lo interno y lo externo en cada cielo Nº 32; están separados a causa de las diferencias de estado que experimentan sus habitantes Nº 193; los habitantes del íntimo cielo están desnudos Nº 179; sus dos reinos Nº 20; ambos reinos están unidos a través de sociedades intermedias Nº 27; sociedades en los cielos cap. VI. VII; todos los cielos están en conjunción por influjo Nº 37, 208; cómo están dispuestos de modo que mantengan su equilibrio Nº 594; las doctrinas de los diferentes cielos Nº 227; la extensión del cielo inhabitado Nº 419; las cuatro regiones del cielo cap. XVI; su inmensidad cap. XLIII; es un todo compuesto por diversas partes dispuestas según la forma más perfecta Nº 56; todas las cosas del cielo están organizadas según el orden Divino Nº 389; cuanto mayor es su plenitud mayor es su perfección Nº 71; en el cielo la variedad es infinita Nº 405; el cielo en su conjunto refleja a un solo Hombre cap. VIII, Nº 418; posee la forma de un hombre Nº 62, 94, 99; el hombre es un cielo en miniatura Nº 30; el hombre ha sido creado en la forma del cielo Nº 454; el hombre según su forma interna es una imagen del cielo Nº 99; el cielo concluye en la parte corporal del hombre, sobre la cual se levanta como sobre su base Nº 100; sin la raza humana el cielo sería como una casa sin cimientos Nº 304; el hombre ha nacido para el cielo Nº 82, 324; testimonios de que el cielo procede de la raza humana Nº 314; el seminario del cielo está en el plano exterior del orden Divino Nº 315; de qué modo puede el hombre vivir la vida del cielo Nº 529; la vida que conduce al cielo cap. LV; la preparación de los buenos para el cielo Nº 512, 513; cómo ingresan al cielo los espíritus Nº 519; vías que conducen al cielo Nº 359, 520, 534; ingreso diario al cielo Nº 593; conjunción del cielo con el hombre y la raza humana cap. XXXIII, XXXIV, su conjunción con el mundo Nº 112, 252; hay una correspondencia entre el cielo y todas las cosas de la tierra cap. XIII icorrespondencia entre todas las cosas del cielo y todas las cosas del hombre cap. XII; toda correspondencia con el cielo se refiere a la Divinidad Humana del Señor Nº 101; en virtud de la Divinidad Humana de Señor el cielo en su conjunto y en sus partes refleja a un Hombre cap. XI; la comunicación del hombre con el cielo Nº 204; cuando los hombres hablan con los ángeles también pueden ver las cosas del cielo Nº 252; el cielo se devela ante la vista interior Nº 171; los miembros de la Antigua Iglesia establecían comunicación con el cielo por medio de las correpondencias Nº 87; el cielo no se recibe a través del bautismo Nº 329;nadie que no posea una concepción sobre la Divinidad puede ingresar al cielo Nº 2, 82; el Señor es el Dios del cielo Nº 2, 5; grados en el cielo Nº 34, 39; el cielo fluye en las funciones y los usos de los miembros corporales Nº 96; usos en el cielo Nº 361; rejuvenecimiento en el cielo Nº 414; ocupaciones en el cielo cap. XLI; comunicación de todas las cosas en el cielo Nº 268; el dominio que se ejerce en el cielo Nº 564; culto en el cielo cap. XXV; gobierno en el cielo cap. XXIV; aquellos que administran los asuntos eclesiásticos y predican en el cielo Nº 393; escritura en el cielo cap. XXIX; la escritura varía en cada cielo Nº 261; el influjo entre los cielos Nº 206, 207; luz y calor en el cielo cap. XV, Nº 567; en el cielo no hay nada que corresponda a la noche Nº 155; matrimonios y amor conyugal en el cielo cap. XL; porqué en la Palabra se compara al cielo con el matrimonio Nº 371; el cielo es el matrimonio del bien y la verdad Nº 374; progresión del amor conyugal hacia el cielo Nº 386; los sabios y los simples en el cielo cap. XXXVII; las personas de mentalidad simple en el cielo Nº 18; los ricos y los pobres en el cielo cap. XXXIX; los pobres son instruidos en el cielo Nº 364; los gentiles en el cielo cap. XXXVI; chinos, judíos y africanos en el cielo Nº 326; conjunción del cielo con aquellos que están fuera de la iglesia Nº 308; "un nuevo cielo y una nueva tierra" significa una nueva iglesia Nº 307, la iglesia del cielo del Señor en la tierra Nº 57; el sol en el cielo cap. XIV; todas las cosas que se ven en el cielo tienen origen en el Señor como sol Nº 117; en el cielo todas las cosas proceden del Señor Nº 173; distancias entre los distintos cielos y el Señor como sol Nº 120; en el cielo, todos miran continuamente al Señor como sol o como luna Nº 123; en el cielo todas las cosas se hallan determinadas por la presencia del Señor Nº 199; con frecuencia, el Señor no aparece en persona en el cielo, sino que asume el aspecto de un ángel Nº 121; el cielo es el cielo por la Divinidad del Señor Nº 304; el cielo ha sido implantado en todo ser humano por el Señor Nº 522; la vida que conduce al cielo es una vida que debe vivirse en el seno del mundo Nº 358, 360, 535; en el cielo son recibidos todos los que amaron la verdad y el bien Nº 350; el cielo está constituido por todos aquellos que han vivido una buena vida desde que surgió la vida en la tierra Nº 415, 416; quien tiene el cielo dentro suyo lo posee en las cosas mínimas y en las máximas Nº 58; el cielo está dentro de uno mismo Nº 33, 319; está dentro de los ángeles Nº 53; el cielo difiere en cada cual Nº 319; el espacio en el cielo cap. XXII; el tiempo en el cielo cap. XVIII; no hay tiempo ni espacio en el cielo, sino una sucesión progresiva de todas las cosas Nº 163; la extensión en el cielo no es determinada Nº 85; las tres dimensiones en el cielo Nº 197; representaciones y apariencias en el cielo cap. XIX; las apariencias en el cielo, con ejemplos ilustrativos Nº 176; en el cielo la gente parece estar allí donde fija la mirada Nº 121; la naturaleza de los objetos en el cielo Nº 171, 172; las cosas que aparecen ante los ojos de los ángeles poseen existencia real Nº 175; muchos objetos del cielo: descriptos Nº 189; casas, jardines, ciudades, palacios etc., en el cielo Nº 184, 185; la apariencia de las cosas externas en el cielo se modifica de acuerdo con los cambios que se verifican en la interioridad de los ángeles Nº 156; las apariencias en el cielo son similares a las del mundo Nº 464; los deleites que produce el paisaje, etc., en el cielo Nº 489; el júbilo y la felicidad en el cielo cap. XLII; deleites en el cielo Nº 397, 399; la variedad de usos y deleites es el fundamento del cielo Nº 405; en el cielo hay dos géneros de amor: el amor al Señor y el amor al prójimo Nº 15; el amor al Señor es el amor universal predominante en el cielo Nº 486; el amor es el cimiento del cielo Nº 386; en el cielo todos entran en conjunción por amor Nº 14; el amor de ejercer dominio sobre otros no es posible en el cielo Nº 407; la Palabra en el cielo Nº 259; de no contar con la Palabra el hombre se habría separado del cielo Nº 309; el cielo anida en la inocencia del hombre Nº 276; todos los habitantes del cielo viven en inocencia Nº 280; lo más íntimo del bien del cielo es la inocencia Nº 282; la paz y la inocencia son las dos cosas más íntimas del cielo Nº 285; el cielo lleva el nombre de morada de paz Nº 287; el cielo es para todos aquellos que han vivido una vida de amor y paz Nº 357; la vida del cielo Nº 506; en la medida en que uno posea la forma del cielo, está en el cielo Nº 203; el hombre tiene al cielo dentro suyo en la medida en que quiera y ponga en práctica verdades Nº 425; los habitantes del cielo están en el Señor, y el Señor en ellos Nº 11; el cielo está allí donde el Señor es reconocido y amado Nº 56; en el cielo todos actuar como si fuesen un solo ser por inspiración del Señor Nº 64; en el cielo el Señor es la plenitud de todo porque es el amor predominante Nº 58; niños pequeños en el cielo cap. XXXVII, Nº 4; la mera admisión en el cielo no proporciona júbilo celestial Nº 525; nadie ingresa en el cielo por misericordia sin tomar en cuenta los medios cap. LIV, Nº 54; el amor de sí mismo aparta del cielo Nº 557; aquellos que no desempeñan usos en pro del bienestar general son expulsados del cielo Nº 64; los espíritus que han confirmado su creencia en su propio poder, no son admitidos en el cielo Nº 10; qué sucede con aquellos que entran al cielo sin pertenecer a él Nº 40, 54; sufrimiento de los espíritus malignos en el cielo Nº 400, 481 ;el hombre sensual no puede formarse una idea correcta sobre el cielo Nº 85, 86; la intuición que posee el hombre sobre la vida después de la muerte procede del cielo Nº 602; los espíritus benignos se lamentan a causa de la ignorancia que cunde en la iglesia en relación a las cosas del cielo Nº 77; las ideas erróneas del hombre sobre sus relaciones con el cielo Nº 302; ideas erróneas sobre la extensión del cielo Nº 420; creencias erróneas en el mundo sobre el cielo y el infierno Nº 311 -313; el hombre está en conjunción con el cielo y con el infierno Nº 599; el amor predominante del hombre lo conduce al cielo o al infierno Nº 477; el mundo de los espíritus es un estado intermedio entre el cielo y el infierno Nº 421; equilibrio entre el cielo y el infierno cap. LXII, Nº 536; diferencia entre el equilibrio en el cielo y en el infierno Nº 591; puertas del cielo y del infierno Nº 428; preparación para el cielo y el infierno Nº 430; el cielo y el infierno están separados por una diferencia de estado Nº 193, 400; el cielo y el infierno proceden de la raza humana cap. XXXV. (Ver Afecto, Ángel, Caridad, Divinidad, Bien, Hombre, Matrimonio, Sociedad, Estado, Sabiduría).
CIENCIAS: Las Ciencias enumeradas Nº 353; deberían servir como medios para adquirir sabiduría Nº 356; los ángeles del íntimo cielo no archivan las verdades en la memoria para extraer de ellas una ciencia Nº 271; los razonamientos de los científicos en el otro mundo Nº 464; los deleites de los científicos en el cielo Nº 489.
CIMIENTO: Significa las verdades en que se funda la iglesia Nº 187; la Palabra reemplaza al hombre como cimiento del cielo Nº 305.
CIUDADES: En el cielo Nº 184; en los infiernos Nº 586.
CLERO: Miembros del clero que niegan a la Divinidad Nº 353.
COBRE: Significa bien natural Nº 115.
COLINAS: Significa amor espiritual Nº 188.
COLORES: Cómo se producen en el cielo Nº 356.
COMPULSIÓN: El hombre no puede ser reformado por compulsión Nº 293.
COMUNICACIÓN: El hombre establece comunicación con el cielo desde su interioridad Nº 30; la comunicación del hombre con el cielo se establece a través de las correspondencias Nº 114; la comunicación del hombre con el cielo depende de su inteligencia y sabiduría Nº 204; la más íntima comunicación del espíritu se establece con la respiración y los latidos del corazón Nº 446; comunicación en el cielo cap. XXIII; la comunicación entre los distintos reinos del cielo se establece a través de sociedades intermedias Nº 27; hablando en términos estrictos, la comunicación entre los cielos es un influjo Nº 206; todas las sociedades celestiales se comunican entre sí a través de una extensión de su esfera vital Nº 49; comunicación entre todas las cosas del cielo Nº 206.
COMUNIÓN: De deleites en el cielo Nº 399.
CONCEPCIONES SENSORIALES: Las concepciones basadas en lo meramente sensorial son engañosas Nº 74;
el sentido espiritual de la Palabra Nº 259, 307.
CONCIENCIA: Como estímulo Nº 358, 472; distintos puntos de vista acerca de ella Nº 299; aquéllos que obedecieron su dictado en el mundo Nº 506.
CONCUPISCENCIA: Destruye la verdadera paz Nº 290; es la fuente de los tormentos infernales Nº 571, 573; cada infierno exhala una esfera de concupiscencia específica Nº 574; la concupiscencia es el amor en su continuidad Nº 570; la concupiscencia de aquellos que están sumidos en el amor de sí mismos y en el amor del mundo Nº 400.
CONJUNCIÓN: Qué es en el cielo Nº 369; la sabiduría de los ángeles procede de una conjunción Nº 372; con el Señor Nº 16, 304; entre los cielos Nº 208; del cielo con el mundo Nº 112, 252; entre el mundo natural y el mundo espiritual en el hombre Nº 112, 247; de los espíritus y los ángeles con el hombre Nº 206, 255, 292, 365; la conjunción en el amor conyugal Nº 367, 370; del cielo con la raza humana cap. XXXIII; del cielo con el hombre a través de la Palabra cap. XXXIV; del hombre espiritual con el cielo Nº 530; del hombre con el cielo o el infierno Nº 292, 294; diferencia entre la conjunción que se establece entre el cielo y el hombre, y la que se establece entre hombre y hombre Nº 300; ideas erróneas acerca de la conjunción entre el cielo y el hombre Nº 302; de la inocencia y la paz Nº 288; del bien y la verdad Nº 286, 371, 422; del mal y la falsedad Nº 422.
CONOCIMIENTOS: Como riquezas; "vestiduras" significa conocimientos Nº 365; los árboles corresponden a los conocimientos del bien y la verdad Nº 111; todo conocimiento acerca de las correspondencias debe proceder del cielo Nº 110; no determinan que alguien ingrese al cielo Nº 517, 518; su uso en el cielo Nº 464; se adquieren en el cielo Nº 489; en el cielo no se retienen en la memoria, sino que se incorporan a la vida Nº 517; el plano externo está compuesto por conocimientos y afectos Nº 480; los ángeles del cielo externo retienen las verdades en la memoria, incluyéndolas entre sus conocimientos Nº 271; la inteligencia y la sabiduría de los ángeles se perfeccionan por medio de los conocimientos del bien y la verdad Nº 469; determinan que el hombre llegue a ser racional Nº 355; la fe separada del amor es un mero conocimiento Nº 474; el mero conocimiento no implica sabiduría Nº 351; aquellos que están inmersos en el amor corporal, poseen meros conocimientos Nº 482; el conocimiento del júbilo celestial es inaccesible para quienes están inmersos en los meros deleites corporales Nº 398; conocimientos del hombre Nº 352; en los animales Nº 108, 110, 352.
CONSONANTES: En el lenguaje angélico Nº 241; expresan ideas Nº 261.
CONSUMACIÓN: De las edades Nº 1.
CONTINUIDAD: La distancia se hace evidente sólo cuando la continuidad se interrumpe Nº
CÓNYUGES: En el cielo Nº 383.
CORAZÓN: Su correspondencia Nº 95, 96; la iglesia en cuyo seno está la Palabra cumple una función similar a la que desempeñan el corazón y los pulmones en el hombre Nº 308; el espíritu permanece en el cuerpo mientras el corazón palpita Nº 447; todas las mociones vitales dependen de la moción del corazón y los pulmones Nº 446.
CORDERO: Corresponde a los afectos Nº 110; y a la inocencia Nº 282.
COROS: Coro de chinos en el cielo Nº 325.
CORRESPONDENCIAS: Qué son Nº 89; tienen alcance universal Nº 100; actualmente la revelación se da únicamente a través de las correspondencias Nº 306; la Palabra ha sido compuesta exclusivamente por medio de correspondencias Nº 365; las correspondencias son las formas que revisten los usos Nº 112; correspondencia de todas las cosas Nº 303; grados de correspondencia en los reinos de la naturaleza Nº 104; todas las cosas de la naturaleza son correspondencias Nº 106; las cosas del mundo natural son correspondencias de las cosas del mundo espiritual Nº 89, 90; el mundo espiritual no puede comprenderse si no se conocen las correspondencias Nº 88; es necesario conocer las correspondencias para comprender la transformación de los deleites naturales en espirituales Nº 487; los pueblos más antiguos pensaban en base a correspondencias Nº 115; en los tiempos antiguos el culto se realizaba por medio de correspondencias Nº 111, 306; los miembros de la Antigua Iglesia se comunicaban con el cielo gracias a su conocimiento de las correspondencias Nº 87, 114; la conjunción del cielo con el mundo a través de las correspondencias Nº 112; las correspondencias constituyen el único modo de comunicación entre las sociedades de diferentes cielos Nº 207; todo conocimiento de las correpondencias debe proceder del cielo Nº 110; toda correspondencia con el cielo está referida a la Divinidad Humana del Señor Nº 101; todas las cosas que están en correspondencia con el cielo están referidas al bien y la verdad Nº 113; como las cosas del cielo corresponden a los bienes y las verdades, corresponden al amor y la sabiduría Nº 186; correspondencia de todas las cosas con la interioridad de los ángeles Nº 173, 186; correspodencia de todas las cosas del cielo con la inteligencia Nº 186; correspondencia de todas las cosas del cielo con todas las cosas del hombre cap. XII, XIII; correspondencia de los reinos del cielo en el hombre Nº 95; la subsistencia del hombre depende de su correspondencia con el cielo Nº 94; la correspondencia entre el cielo y el hombre nunca es completa Nº 418; todas las cosas que aparecen ante los ojos de los ángeles del íntimo cielo son correspondencias Nº 270; las cosas visibles en el cielo, que no corresponden a la interioridad de sus habitantes, no son apariencias reales Nº 175; el lugar que se ocupa en el cielo depende de las correspondencias Nº 394; en el cielo no hay una correspondencia con la noche Nº 155; todas las cosas opuestas al orden Divino corresponden al infierno Nº 113; el abuso de las correspondencias por parte de los espíritus malignos Nº 580; el Señor se llama a Sí Mismo "pan de la vida" según las correspondencias Nº 111. Correspondencia de Abraham, Isaac y Jacob con la Divinidad Humana del Señor Nº 526; de los ángeles con algo perteneciente al Señor Nº 1, 391; de los animales con los afectos Nº 110; de los brazos con el poder Nº 97, 231; del otoño con el amor en el tercer estado de los ángeles Nº 166; de la avaricia con la inmundicia espiritual Nº 363; correpondencia del nacimiento con la generación de la verdad Nº 382b; de la sangre del Señor con la verdad Divina Nº 147; de las distintas partes del cuerpo Nº 91; hay una correspondencia entre la forma del cuerpo y la forma del cielo Nº 212; entre el pan y el bien Nº 111; de la anchura con el estado en que se goza de la verdad Nº 197; del pecho con la caridad Nº 97; de "novia" con el cielo y la iglesia Nº 180; de "edificadores" con los miembros de la iglesia Nº 534. Ganado vacuno significa afectos Nº 110; camello significa la facultad de conocer Nº 365; correspondencia del cerebelo con la sabiduría Nº 251; del niño y la infancia con la inocencia Nº 278, 341; de las nubes con el sentido literal de la Palabra Nº 1; del cobre con el bien natural Nº 115. La oscuridad significa falsedad del mal Nº 123, 553; hijas significa bienes y verdades procreadas Nº 382b; David significa el Señor Nº 216, 526; amanecer significa obscuridad que precede a la luz Nº 155; correspondencia de distintas cosas con la doctrina Nº 307; la paloma corresponde al afecto Nº 110; el oído corresponde a la obediencia Nº 97, 271; el oriente significa el amor y su bien claramente percibidos Nº 150; el Señor es llamado oriente Nº 141; egipcio significa el nivel natural Nº 307; "los elegidos" son aquellos que viven en el bien y la verdad Nº 420; el crepúsculo corresponde a la sabiduría en su sombra Nº 155; ojo significa intelecto Nº 97, 145; el rostro corresponde a la interioridad Nº 91, 251; "madre y padre" significa verdad en conjunción con el bien Nº 382b; los pies corresponden al nivel natural Nº 97; la fogosidad del mundo corresponde al amor de sí mismo Nº 122; el fuego corresponde al amor Nº 13, y al bien del amor Nº 118, y al calor vital del hombre Nº 568, y al odio, la venganza Nº 585; el fuego infernal es el amor de sí mismo Nº 566, 570; la inmundicia espiritual es la avaricia Nº 363; el firmamento significa la facultad intelectual Nº 347; la llama corresponde al bien Nº 179, o a las maldades del amor de sí mismo Nº 585; el fuego sagrado y celestial alude al calor del cielo Nº 134; la carne del Señor significa bien Divino Nº 147; el alimento corresponde al afecto por el bien Nº 111; la frente al amor Nº 145, 251; los frutos corresponden a las buenas acciones Nº 111, y a los afectos por el bien y sus usos Nº 520; en el cielo los frutos corresponden al bien del amor Nº 176. Los jardines corresponden a la inteligencia y la sabiduría Nº 111, 176; las vestiduras aluden a los conocimientos Nº 365; las vestiduras del Señor representan la verdad Divina Nº 129; las vestiduras de los ángeles derivan de las correspondencias Nº 177, 178; "las doce puertas de la Nueva Jerusalem" significan las verdades de la iglesia Nº 187; "gloria" denota el sentido interno de la Palabra Nº 1; oro significa bien celestial Nº 115. Las manos denotan poderes Nº 97, 231; la cabeza corresponde a la inteligencia y la sabiduría Nº 97, 251; el calor al amor Nº 135; el corazón a la voluntad y al bien del amor Nº 95, 96; distintas correspondencias del corazón Nº 446, 449; "un nuevo cielo y una nueva tierra" significa una nueva iglesia Nº 307; altura significa una diferenciación entre el bien y la verdad según los grados Nº 197; "colinas" significa amor espiritual Nº 188; "la casa de la fiesta de bodas" significa el cielo y la iglesia Nº 180; las casas en el cielo corresponden al bien de los ángeles que viven en ellas Nº 186; casa de madera alude a aquello que se relaciona con el bien Nº 223; hambriento es alusión a quienes anhelan adquirir los conocimientos del bien y la verdad Nº 420. Hierro significa verdad desligada del bien Nº 115; Isaac corresponde a la Divinidad del Señor Nº 526; Israel significa el nivel espiritual Nº 307; "piedra de Israel" significa el Señor en cuanto a su Divinidad Humana Nº 534; Jacob corresponde a la Divinidad del Señor Nº 526; Jerusalem significa la iglesia del Señor en el cielo Nº 73, o una iglesia que está en la verdad Nº 180; "peregrinar" significa vivir y progresar Nº 590; juicio significa bien espiritual Nº 216. Riñones significa indagación de la verdad Nº 97; conocimientos significa riquezas espirituales Nº 365; cordero denota afectos Nº 110, y también inocencia Nº 282; el laurel corresponde al afecto por la verdad Nº 520; izquierda corresponde a la verdad del bien Nº 118; longitud denota un estado en el que se goza del bien Nº 197; la luz corresponde a la verdad que emana del amor Nº 13, y al bien de la fe Nº 118, y a la verdad del bien Nº 179; la luz del fuego del mundo corresponde a la falsedad del amor Nº 122; el Señor es llamado "la luz del mundo" Nº 129; "los lomos" corresponden al amor conyugal Nº 97; "Lucifer" alude a quienes pertenecen a Babilonia Nº 544; los pulmones corresponden al reino espiritual Nº 95, 96.
Hombre corresponde al intelecto de la verdad Nº 368; la correspondencia entre el hombre y el cielo Nº 94, 95; ser hombre significa gozar de bienes y verdades Nº 73; las dimensiones de la Nueva Jerusalem significan bienes y verdades de la doctrina Nº 307; la correspondencia de los miembros del cuerpo Nº 95, 96; la correspondencia del cielo con las substancias de la mente del hombre Nº 418; la niebla corresponde a la falsedad del amor de sí mismo Nº 585; luna significa fé Nº 1, 119; la mañana significa el primer y más alto grado de amor Nº 155; montaña significa amor celestial Nº 188. La desnudez corresponde a la inocencia Nº 179, 280, 341; "Nueva Jerusalem" significa la iglesia que se ha de establecer Nº 187, 197; noche significa ausencia de amor y sabiduría Nº 155; el mediodía corresponde a la sabiduría en su luz Nº 155; las fosas nasales corresponden a la percepción Nº 97; sentido y correspondencia de los números Nº 263; la región occipital corresponde a la sabiduría Nº 251; el olivo corresponde a los afectos del bien y sus usos Nº 520; "ciento cuarenta y cuatro" significa todos los bienes y verdades en su conjunto Nº 73; las cosas que armonizan con el orden Divino corresponden con el cielo, las cosas opuestas al orden Divino corresponden con el infierno Nº 113.
"Paraíso" significa inteligencia y sabiduría Nº 111; la sabiduría es comparable a un palacio Nº 270; "los pobres" denotan a una nación que anhela la verdad Nº 365, o a aquellos que desean tener conocimientos del bien y la verdad, pero carecen de ellos Nº 420. Las regiones en el cielo significan a las cosas relativas a quienes las habitan Nº 150; la derecha corresponde al bien, del cual deriva la verdad Nº 118; rectitud significa bien celestial Nº 216; las rocas significan fe Nº 188, y las hendiduras de las rocas, falsedad Nº 488; Sabbat significa reposo y paz Nº 287; las estaciones del año corresponden a las variaciones de amor y sabiduría Nº 155, 166; la sombra a la falsedad Nº 589; pero el humo a la falsedad del mal Nº 570, 585; el espacio a los estados vitales Nº 17, 197; el hollín a las falsedades derivadas del odio y la venganza Nº 585; las estrellas a los conocimientos del bien y la verdad Nº 1; la correspondencia de la Divinidad Humana del Señor y "la piedra situada en la bifurcación del camino" Nº 534; el sol significa el Señor en lo que se refiere al amor Nº 1.
Los dientes corresponden al plano más externo de la naturaleza Nº 575; tener sed es desear conocer el bien y la verdad Nº 420; correspondencia entre el pensamiento y la escritura en el cielo Nº 262; los períodos de tiempo significan estados Nº 165; los árboles corresponden a los conocimientos del bien y la verdad Nº 111; las tribus significan a todas las cosas relativas al bien y la verdad Nº 1.
Los alimentos vegetales corresponden a los afectos del bien y la verdad Nº 111; correspondencia de distintas cosas del reino vegetal Nº 109, 489. Caminar corresponde a los avances progresivos en el curso de la vida Nº 590; muro significa protección de la verdad Nº 73, 307; camino significa verdad que conduce al bien, o falsedad que conduce al mal Nº 590; occidente significa bien obscuramente percibido Nº 150; blanco significa verdad Nº 179; el cielo y la iglesia reciben el nombre de "Esposa" Nº 180, 371; la madera corresponde al bien Nº 223; mujer corresponde a los afectos del bien Nº 368; Palabra significa verdad Divina en el Señor y procedente del Señor Nº 137; hombre joven corresponde al intelecto de la verdad Nº 368; Sion corresponde al cielo y la iglesia Nº 216.
CREACIÓN: Todas las cosas fueron creadas por medio de la verdad Divina: el Libro de la Creación Nº 137.
CREENCIA: Falsas creencias sobre el Señor Nº 3; falsas creencias sobre el cielo Nº 54, 420, 526; falsas creencias sobre el júbilo celestial Nº 400-408; falsas creencias sobre el espíritu después de la muerte Nº 456; la falsa creencia de que debemos apartarnos del mundo Nº 535; aquellos que se dejan llevar por las creencias de otros Nº 74; la mera creencia en lo que es cierto no es fe Nº 482; la creencia en la vida después de la muerte Nº 183; la creencia en la Divinidad Nº 351; la creencia de la gente simple sobre la vida después de la muerte Nº 602; la creencia de los que viven en el bien acerca del cielo Nº 176.
CRISTIANOS: Comparados con los gentiles Nº 319; sus falsas doctrinas acerca del Señor Nº 321; chinos y cristianos Nº 325; todos saben algo acerca de la vida después de la muerte Nº 470; su condición después de la muerte Nº 495.
CRISTO: (Ver Jesús)
CRUELDAD: La crueldad mutua de los espíritus malignos Nº 573.
CUERPO: Cómo está constituido Nº 63; correspondencias en el cuerpo Nº 91; corresponde a la forma del cielo Nº 212; es una imagen de la mente Nº 374; el pensamiento del hombre está inscripto en todo su cuerpo Nº 463; es nada más que un instrumento del espíritu Nº 432-435, 576, 602; el cuerpo es nada más que la forma externa de la interioridad Nº 521; el cuerpo ha sido conformado para servir a la voluntad y al intelecto Nº 60; la moción del cuerpo deriva del bien y la verdad Nº 137; el cuerpo es material, y no piensa Nº 432; el cuerpo no es un producto de la naturaleza Nº 102; las sensaciones del cuerpo tienen un origen espiritual Nº 373; su calor es suscitado por el calor del espíritu Nº 567; el hombre es hombre en virtud de su espíritu; no de su cuerpo Nº 453; el cuerpo natural y el espiritual tienen deleites correspondientes Nº 485; el cuerpo espiritual se forma exclusivamente en virtud de lo que se hace según el amor o voluntad Nº 475; el cuerpo es lo único de lo cual el hombre se desprende después de la muerte cap. XLVIII; el hombre muere cuando el cuerpo ya no puede desempeñar sus funciones específicas Nº 445; qué sucede cuando el hombre se separa del cuerpo Nº 440; el cuerpo de un espíritu Nº 363; el cuerpo de un espíritu maligno Nº 553; los cuerpos de los niños en la otra vida Nº 331; la forma del cuerpo de un ángel es la forma externa de su interioridad Nº 340; qué significa que un ángel esté "en el cuerpo del Señor" Nº 81.
CULTO: En el cielo cap. XXV Nº 221, 222, 506; variedad en el culto de las diferentes sociedades celestiales Nº 56; culto en los tiempos antiguos Nº 306; el culto a la divinidad en otras tierras Nº 321; el culto es la base de toda religión Nº 319; el culto del sol y la luna Nº 122; correspondencia en el culto Nº 111.
DECÁLOGO: Establece las leyes que rigen los tres planos de la vida Nº 531.
DELEITES: De los ángeles Nº 489; deleites de los ángeles del íntimo cielo Nº 270; deleites de los ángeles cuando gozan del bien de la vida Nº 288; los ángeles gozan de todos los deleites de su vida cuando están con sus semejantes Nº 44, 45; los deleites de los ángeles no proceden de las cosas externas del cielo, sino de lo que representan Nº 411; en cuanto aparece un espíritu maligno los deleites de los ángeles se desvanecen Nº 399.
Los deleites del cielo cap. XLII, Nº 374; de la paz celestial Nº 285; del amor celestial Nº 558a; los deleites del cielo concuerdan con sus usos Nº 402; los deleites que derivan de las ocupaciones y usos que se desempeñan en el cielo Nº 393; los deleites de los ricos en el cielo Nº 361; ejemplos ilustrativos sobre los deleites de los buenos en el cielo Nº 489, 506; los deleites de los niños en el cielo Nº 337; desempeñar usos es el deleite de la vida de cada cual en el cielo Nº 219; en el cielo el deleite es interno y espiritual Nº 395; en el mundo los deleites del cielo no se sienten nítidamente Nº 401; a Swedenborg le fue permitido experimentar el deleite celestial Nº 413; el efecto que produce el deleite celestial en los espíritus malignos Nº 400. Los deleites del amor de sí mismo Nº 556; el adulterio es el deleite que cunde en el infierno Nº 384; los deleites de la maldad después de la muerte Nº 512; los deleites del amor corporal Nº 481; el deleite del fuego infernal Nº 570; los deleites del cuerpo apartan del cielo Nº 398; todos los deleites del hombre provienen de su amor predominante Nº 396, 486; los deleites de la vida del hombre, después de la muerte se transforman en deleites espirituales correspondientes cap. L, Nº 487, 488; los deleites del amor conyugal Nº 379, 382a, 386; los deleites de la inocencia Nº 282; alternar el deleite con la ausencia de deleite determina que la percepción del bien sea más exquisita Nº 158.
DERECHA: Correspondencia de la derecha y la izquierda Nº 118.
DESEO: La intensidad del deseo modifica la velocidad de los viajes en el cielo Nº 195.
DESIERTOS: En los infiernos Nº 586.
DESNUDEZ: Corresponde a la inocencia; desnudez en el cielo Nº 179, 280, 341.
DESPRECIO: Una de la formas de maldad del amor de sí mismo Nº 562.
DEVASTACIÓN: De los buenos y los malos Nº 513; devastación de los espíritus malignos Nº
DIABLO: El mal proviene del diablo Nº 291; significado del término Nº 311, 544; ningún diablo fue creado como ángel para ser arrojado después al abismo Nº 311. (Ver Lucifer, Satanás).
DICTADO: El Señor habló con los profetas a través de espíritus, y por dictado Nº 254.
DIENTES: Qué es el crujir de dientes cap. LIX., Nº 575; los dientes corresponden a las cosas más externas de la naturaleza Nº 575.
DIGNIDAD: Las moradas de los ángeles concuerdan con la dignidad que ostentan Nº 183; los ángeles adscriben la dignidad que ostentan a su uso Nº 389; ser investido de una alta dignidad Nº 564.
DILUVIO: La iglesia después del diluvio Nº 327.
DIMENSIONES: Significado de las tres dimensiones Nº 197. Las dimensiones de la Nueva Jerusalem denotan las verdades de la doctrina Nº 307.
DIOS: El Señor es el Dios del cielo Nº 2, 5; El es el orden Nº 57; cómo conciben los simples a Dios Nº 82; el hombre sensual no puede formarse una idea correcta acerca de Dios como Hombre Nº 85, 86; significado de "tener a Dios ante los ojos" Nº 143; la paz de aquellos que se regocijan en Dios Nº 284; todo bien procede de Dios Nº 291; los gentiles aceptan inmediatamente la noción correcta acerca de Dios Nº 321; el orden procede de Dios Supremo Nº 322; espíritus que suponían que el júbilo celestial consistía en alabar a Dios Nº 404; en todos los rincones del universo el Señor es reconocido como Dios Nº 417; las bestias no pueden pensar en Dios Nº 435; Dios nunca se aparta del hombre, ni arroja a nadie al infierno Nº 545.
DIRECCIÓN: En el cielo Nº 142, 143, 151.
DISPOSICIÓN: De los niños pequeños en el cielo Nº 338.
DISTANCIA: En el cielo está determinada por los estados de vida Nº 42, 195.
DIVERSIDAD: Es la base de la unidad y la perfección Nº 405.
DIVERSIÓN: Que se disfruta en el mundo no impide que uno vaya al cielo Nº 358.
DIVINIDAD: Los ángeles no pueden concebir la división de la Divinidad en tres personas, ya que es Solo Una Nº 2; el grado supremo de los ángeles, en el cual fluye la Divinidad Nº 39; los ángeles conciben a la Divinidad en forma humana Nº 79; los ángeles celestiales reciben a la Divinidad más íntimamente que los ángeles espirituales Nº 21; los ángeles ven a la Divinidad en todas las cosas del cielo a través de las correspondencias Nº 185, 270; la Divinidad fluye en la mente de los ángeles Nº 489; las divisiones en los cielos dependen de la recepción de la Divinidad del Señor en los ángeles cap. IV. La Divinidad que procede del Señor posee el mismo orden que los tres cielos Nº 29; la Divinidad que procede del Señor fluye primordialmente en el amor conyugal Nº 371; la Divinidad que procede del Señor es amor Nº 17; el Señor se distingue por el diáfano esplendor de la Divinidad Nº 55; la iglesia del Señor está en todos los que reconocen a la Divinidad y viven en caridad Nº 308; qué es la Divinidad del Señor Nº 136. La Divinidad en los cielos cap. III., Nº 31; la Divinidad del Señor crea el cielo cap. II., Nº 55, 59, 304; la verdadera clarividencia acerca del cielo es instilación de la Divinidad Nº 74; nadie que carezca de una concepción sobre la Divinidad puede acceder al cielo Nº 82.
La condición después de la muerte de aquellos que creen en una Divinidad invisible Nº 3; la inteligencia y la sabiduría, desprovistas del reconocimiento de la Divinidad, son falsas Nº 353; los hombres que niegan a la Divinidad Nº 353, 354, 508; los hipócritas son aquellos que no han reconocido a la Divinidad Nº 458; una vida malvada es negación de la Divinidad Nº 506; la Divinidad puede inducir temporariamente a los espíritus malignos a comprender la verdad Nº 455; el amor de sí mismo aparta al hombre de la Divinidad Nº 558a, 561; lo que se opone al orden Divino se opone a la Divinidad Nº 523; los infiernos en donde moran aquellos que han negado a la Divinidad Nº 575; el fuego infernal en relación a la Divinidad Nº 570; solamente la Divinidad puede resistir los infiernos Nº 592; los hombres de los tiempos antiguos concebían a la Divinidad en forma humana Nº 84; vivir una vida moral por reverencia a la Divinidad Nº 319; cómo se forma la interioridad del hombre en base a la contemplación de la Divinidad Nº 351; confirmación de la Divinidad por parte de aquellos que son realmente sabios Nº 356; el hombre se aparta de la Divinidad por amor de sí mismo Nº 360; en el hombre hay un nivel más íntimo, en el cual fluye la Divinidad, pero las bestias carecen de él Nº 435; cómo fluye la Divinidad en el hombre Nº 512; la negación o el reconocimiento de la Divinidad determina la condición del hombre después de la muerte Nº 584; la Divinidad es adorada en forma humana en otros planetas Nº 321; la Divinidad se halla presente en todos los buenos usos Nº 361; la Divinidad es caridad hacia el prójimo Nº 13; es amor Nº 14; es el impulso de la vida espiritual Nº 530; lo primero y fundamental de toda religión es reconocer a la Divinidad Nº 319; todas las cosas que pueblan el mundo proceden de la Divinidad Nº 108; todo poder procede de la Divinidad Nº 539; ambos mundos subsisten gracias a la Divinidad Nº 106; la paz emana de la unión de la Divinidad con la Divinidad Humana Nº 286; alzar los ojos hacia la Divinidad Nº 318; la Divinidad en la Palabra Nº 260; la Divinidad en el amor conyugal Nº 371, 374, 384.
DIVISIÓN: En el cielo cap. IV.
DOCTRINA: La esencia de toda doctrina radica en el reconocimiento de la Divinidad Humana del Señor Nº 227; la inteligencia se relaciona con la doctrina Nº 271; correspondencia de varias cosas con la doctrina Nº 307; el culto en el cielo concuerda con la doctrina Nº 222; doctrinas en los diferentes cielos Nº 221, 227; el mero conocimiento de la doctrina no conduce al cielo Nº 518; la doctrina de la resurrección Nº 456; los buenos espíritus instruyen en base a la doctrina Nº 516.
DOMINIO: El cielo no consiste en la gloria y el dominio Nº 6; en el cielo Nº 564; hay dos clases de dominio Nº 564; el amor del dominio no es posible en el cielo Nº 407; la ambición del dominio destruye el amor conyugal Nº 380; el dominio en los infiernos Nº 573.
ECLESIÁSTICO: Quiénes administran los asuntos eclesiásticos en el cielo Nº 393.
EDAD: Consumación de las edades Nº 1; edades de oro, plata, cobre e hierro Nº 115; la edad de oro Nº 252; los espíritus que acompañan al hombre en la vejez gozan de sabiduría e inocencia Nº 295; los hombres buenos que mueren en la vejez, rejuvenecen Nº 414; las edades en el cielo Nº 340.
EDIFICADORES: Mediante esta palabra se alude a los miembros de la iglesia Nº 534.
EDIFICIOS: Templos en los cielos Nº 223.
EDUCACIÓN: De los niños en el cielo Nº 334, 344.
EFECTO: Los usos cobran forma en el mundo natural y se manifiestan en efecto Nº 96; efectos de los usos Nº 11 ?; causa y efecto Nº 303. (ver Causa).
EGIPTO: Significa el bien natural Nº 307.
ELEGIDOS: Son aquellos que viven en el bien y la verdad Nº 420.
ENCARNACIÓN: Su razón de ser Nº 101.
ENGAÑO: Quienes obraron con la intención de engañar son los peores de todos los espíritus malignos Nº 578.
ENVIDIA: Una de las perversidades de quienes se aman a sí mismos Nº 562.
EQUILIBRIO: El equilibrio del hombre entre el bien y el mal Nº 293; entre el cielo y el infierno cap. LXII., Nº 536, 537; diferencia entre el equilibrio en el cielo y en el infierno Nº 591; su necesidad universal Nº 589; qué es la libertad espiritual o equilibrio Nº 597; el hombre se mantiene en libertad en virtud del equilibrio que se establece entre el cielo y el infierno cap. LXlll.
ERUDICIÓN: De los hombres sensuales Nº 353.
ERUDITOS: Sus ideas erróneas sobre el cielo, los ángeles, etc. Nº 74, 183, 267, 312, 354; su estado después de la muerte Nº 464, 488; quiénes son los verdaderos entendidos o eruditos Nº 347.
ESCLARECIDOS: Son aquellos que aman la sabiduría Divina Nº 265; son esclarecidos los que piensan sabiamente Nº 473.
ESCRITURA: En el cielo cap. XXIX; varía en los diferentes cielos Nº 261; formas de escritura en el cielo Nº 260; escritura numérica Nº 263; concepciones erróneas sobre la escritura en el cielo Nº 264.
ESENCIA: La esencia Divina del Señor Nº 549.
ESFERAS: De los ángeles Nº 17; en el cielo y en el infierno Nº 538; la extensión de las esferas de vida de las sociedades celestiales Nº 49; una esfera espiritual o esfera vital rodea a todo ser humano Nº 591; la esfera vital del infierno Nº 384, 574.
ESPACIO: El espacio no es el elemento propio del pensamiento Nº 196; el espacio en el cielo cap. XXII; el espacio en el cielo concuerda con el estado de interioridad de sus habitantes Nº 17; los ángeles no poseen la menor noción sobre el tiempo y el espacio Nº 162; la mente de los ángeles no puede captar ninguna noción sobre el espacio, si bien existe entre ellos un espacio aparente Nº 191, 195.
ESPEJO: Por las cosas que existen en el mundo natural se pueden ver las cosas que existen en el mundo espiritual, como en un espejo Nº 56.
ESPÍRITU: El espíritu es el hombre real cap. XLV., Nº 433, 432, 436, 602; cuando el espíritu se desprende del cuerpo el hombre sigue siendo un hombre Nº 456; el cuerpo vive gracias al espíritu Nº 521; el espíritu es la verdadera fuente de actividad sensorial Nº 434, 435; después de la muerte adopta la apariencia de lo que realmente fue en la vida Nº 99; el espíritu permanece en el cuerpo mientras el corazón palpita Nº 447; existe una íntima comunicación entre el espíritu y la respiración Nº 446; el espíritu de un hombre es tal como es su vida Nº 363; la interioridad y la exterioridad del espíritu del hombre Nº 492; en la otra vida el espíritu del hombre es racional en la medida en que lo haya sido en ésta Nº 355; el deleite del hombre en el cielo es tal como ha sido el deleite de su espíritu en el mundo Nº 395; el espíritu del hombre está en el mundo espiritual Nº 76, 438; la vida espiritual del hombre depende de su conjunción con los espíritus Nº 302; el hombre es hombre en virtud de su espíritu, no de su cuerpo Nº 453; porqué el hombre es regido a través de espíritus Nº 296; el modo en que el nombre es conducido por los espíritus Nº 441; qué acontece cuando el hombre se separa del cuerpo Nº 440; cuando el espíritu del hombre se ve liberado de su cuerpo, asume su bondad o su maldad Nº 577; cuando el hombre deviene espíritu no sabe que ha muerto Nº 461. Los espíritus que se relacionan con el hombre son tales como su afecto o amor Nº 245, 292, 295; los espíritus no fluyen en el hombre desde su propia memoria Nº 298; los espíritus no saben que existe este mundo Nº 249, 292; no pueden ver los objetos naturales Nº 582; los espíritus que gozan del júbilo celestial Nº 409, 410; ideas erróneas de ciertos espíritus sobre la dicha celestial Nº 403, 404; los espíritus que son llevados al cielo para ser instruidos Nº 411; no relegan sus pensamientos a la memoria, sino que los aplican a la vida, que es en realidad su memoria Nº 517; no pueden hacer nada que vaya en contra de su amor predominante, y aquello que no armoniza con él, es removido Nº 479; su memoria y cómo la cultivan Nº 469; porqué son invisibles, aun poseyendo forma humana Nº 453, 454; poseen tres grados de interioridad Nº 33; las maldades cometidas en vida se ponen al descubierto cuando ingresan al otro mundo Nº 462 b; su carácter se pone de manifiesto por los caminos que eligen Nº 534; después de la muerte escogen de manera casi inmediata compañeros que congenian con ellos Nº 450; cuando entran en su estado de interioridad se pone de manifiesto cómo fueron realmente en vida Nº 505; estado de un espíritu, al cual le fue interrumpida su comunicación con los otros Nº 203; sus razonamientos acerca de qué es lo que se debe creer Nº 320; sus opiniones sobre el orden de vida de los hombres, y de los animales Nº 352; no pueden aproximarse a un cadáver Nº 449; ciertos espíritus simples que fueron elevados al cielo Nº 268; ciertos espíritus indignados al no poder recurrir a su memoria Nº 465; cómo conducen al hombre Nº 441; su superioridad sobre el hombre Nº 576; cada cual va a su propia sociedad después de la muerte Nº 510; cómo van vestidos al ingresar al cielo Nº 519; los espíritus que hablaron con los profetas creían ser Jehová Nº 254; creencias sobre los espíritus Nº 602; su pesar ante la ignorancia de la iglesia acerca de las cosas del cielo Nº 77; espíritus llamados agentes Nº 601; espíritus emisarios Nº 255; espíritus entusiastas Nº 249; diferencias entre un espíritu y un hombre-espíritu Nº 552; los niños en el cielo son tentados a hablar a través de los espíritus Nº 343; los espíritus malignos habitan en el infierno anterior Nº 311; se les permite entablar relación con el hombre para que éste pueda ser reformado Nº 293; los espíritus malignos aborrecen al hombre Nº 249; los deleites de los espíritus malignos Nº 389, 574; el deleite celestial los hace sufrir Nº 400; el espíritu maligno se desvanece ante la mirada de un ángel Nº 232; los atormenta el menor efluvio celestial Nº 429, 572; su castigo Nº 509; su tormento Nº 573; los espíritus malignos son admitidos temporariamente en el cielo Nº 18, 525; el castigo de los espíritus malignos no proviene del Señor, sino de su propia maldad Nº 550; cómo se precipitan al infierno los espíritus malignos cap. LVII., Nº 510, 558b, 573; la recepción á los espíritus malignos al penetrar en el infierno Nº 574; su aspecto en el infierno Nº 584; se esconden en antros para evitar la luz del cielo Nº 481; sus moradas infernales Nº 586, 587; los espíritus que moran en el infierno miran de frente hacia la obscuridad Nº 123, 151; su irracionalidad Nº 455; devastación de los espíritus malignos Nº 551; a veces se vuelven temporariamente hacia las regiones del cielo y perciben verdades Nº 153; los espíritus malignos no pueden percibir que las falsedades son tales Nº 487; los espíritus malignos no pueden ver a los espíritus benignos, pero éstos sí pueden verlos a ellos Nº 583; los espíritus malignos, a la luz del cielo, adoptan el aspecto de su propia maldad Nº 553; su forma es la efigie del amor de sí mismos y del amor del mundo Nº 554; los espíritus que se hallan por debajo del cielo tienen una noción confusa acerca de él Nº 66; la confusión es inducida por espíritus malignos infiltrados entre los espíritus benignos Nº 152; los espíritus que inducen a otros a recaer en su naturaleza propia Nº 558a; espíritus que inoculan la melancolía y la ansiedad Nº 299; los espíritus que obsedían al hombre eran espíritus naturales y corporales Nº 257; espíritus que amaron sojuzgar a los demás en el mundo Nº 563; la malicia y los artificios de los espíritus malignos cap. LX., Nº 577, 580; espíritus que creyeron que sus conocimientos les brindarían acceso al cielo Nº 518; aquellos que creyeron que después de la muerte podrían modificar su vida y aceptar la verdad Divina Nº 527; aquellos que renunciaron al mundo, infligiéndose tormentos, no están contentos en el cielo Nº 535; aquellos que en su fuero interno confirmaron su creencia en su propio poder, no son admitidos en el cielo Nº 10. (Ver Angeles, Mundo de los Espíritus, Swedenborg).
ESPIRITUAL: Las cosas que derivan su existencia del sol del cielo se denominan espirituales Nº 172; lo espiritual está por encima de la naturaleza, y es completamente diverso de lo natural Nº 116; la naturaleza fue creada para revestir a lo espiritual Nº 102; la diferencia entre los niños celestiales y los niños espirituales Nº 339; la diferencia entre lo espiritual en el hombre y en las bestias Nº 435; la Divinidad espiritual y los ángeles espirituales Nº 31; la mutación de los deleites naturales en deleites espirituales Nº 488.
ESPOSA: Esposas después de la muerte Nº 368, 494; el cielo y la iglesia reciben el nombre de "esposa" Nº 180, 371.
ESPOSO: Porqué el Señor es llamado Esposo Nº 80, 371; esposo y esposa después de la muerte Nº 368, 494; el verdadero amor conyugal no es posible entre un esposo y varias esposas Nº 379. El Primer o Verdadero Ser Nº 9; la inocencia es el Ser (esse) de todo bien Nº 281.
ESTACIONES: Corresponden a los estados del cielo Nº 166.
ESTADOS: Que experimentan los niños pequeños después de la muerte Nº 336, 345; en la Palabra todas las cosas concernientes al espacio significan cosas relativas a los estados vitales Nº 1 Los estados que se experimentan después de la muerte Nº 457; los estados que se experimentan antes y después de la muerte son similares Nº 312; estado que experimentan los buenos espíritus al ingresar a la otra vida Nº 412; el estado inaugural después de la muerte dura unos pocos días Nº 451; en el mundo espiritual cambiar de lugar es cambiar de estado Nº 192, 193; el primer estado después de la muerte cap. LII-. Nº 502, 503; el proceso de separación de los malvados y los buenos sobreviene en el segundo estado después de la muerte Nº 511; el segundo estado de los perversos después de la muerte Nº 508; el tercer estado del hombre después de la muerte cap. LIlI., Nº 512; algunos no pasan por los tres estados preliminares después de la muerte Nº 491; estado del hombre en el Mundo de los Espíritus Nº 481; los cambios de estado en el Mundo de los Espíritus Nº 427; el Mundo de los Espíritus es un estado intermedio entre el cielo y el infierno Nº 421; el hombre puede prever cuál será su estado después de la muerte en base a su amor predominante Nº 487; el estado del cielo es un estado de conjunción entre el bien y la verdad, el del infierno, un estado de conjunción entre el mal y la falsedad Nº 422. Los cambios de estado de los ángeles corresponden a las horas del día y las estaciones Nº 155; cambios de estado de los ángeles cap. XVII., Nº 157-159; estados de inocencia y paz de los ángeles en el cielo cap. XXXI., XXXII., Nº 284, 289; los movimientos de los ángeles indican cambios de estado Nº 192; los ángeles perciben el estado que experimentan sus semejantes Nº 236; causas de los cambios de estado en el cielo Nº 158; los estados de interioridad crean el cielo Nº 17, 33; en el cielo, en vez de días y años hay cambios de estado Nº 163; para los ángeles la eternidad significa cambios de estado, no está hecha de tiempo Nº 167; estado de beatitud de aquellos que atienden a las prédicas en el cielo Nº 224.
ESTOMAGO: Los espíritus que inducen a la melancolía se relacionan con el estómago Nº
ETERNIDAD: Para los ángeles significa estado infinito, y no tiempo infinito Nº 167; perfeccionamiento de los ángeles por toda la eternidad f Nº 469.
EXISTENCIA: Qué es Nº 9; depende de su conexión con el Principio Nº 37; nada existe sino en un agente substancial Nº 434; toda existencia depende del equilibrio Nº 589.
EXTENSIÓN: De esferas Nº 49; en el cielo es indeterminada Nº 85.
EXTERIORIDAD: Qué es la exterioridad del hombre Nº 304; el aspecto de la exterioridad en los buenos y en los malos Nº 481; la exterioridad del espíritu del hombre Nº 492; el hombre se desprende de ella después de la muerte Nº 501; el primer estado después de la muerte es un estado de exterioridad Nº 491; hay un nivel de exterioridad que permanece en estado de reposo en el segundo estado después de la muerte Nº 499. (Ver Interioridad).
EXTERNO: Los hombres de nuestra tierra, a diferencia de los hombres de otras tierras, están inmersos en las cosas externas Nº 309; el interés de los espíritus malignos en las cosas externas Nº 496. (Ver Interno).
FACULTAD: Perfeccionamiento de la facultad racional espiritual en el cielo Nº 489; el hombre posee facultades interiores y exteriores Nº 351; la facultad racional es semejante a un jardín Nº 461; cómo puede cultivarse la facultad racional Nº 468.
FACULTAD INTELECTUAL: Y voluntaria Nº 32; el reino espiritual es el intelecto del cielo Nº 95; "Firmamento" significa facultad intelectual Nº 347.
FACULTAD VOLUNTARIA: E intelectual Nº 32.
FALSEDAD: Todas las cosas que corresponden al infierno se relacionan con el mal y la falsedad nº 113; la oscuridad significa falsedad del mal Nº 123; confirmación de las falsedades del mal Nº 153; las falsedades del mal no tienen poder Nº 233; el mal y la falsedad en el adulterio Nº 374, 384; el mal aparece como bien y la falsedad como verdad ante los espíritus malignos Nº 455; "humo" en la Palabra significa falsedad del mal Nº 570. La falsedad en la instrucción de los espíritus entusiastas Nº 249; los gentiles en la otra vida no padecen la influencia de falsedades doctrinarias Nº 321; a la luz natural las falsedades pueden adoptar la apariencia de verdades Nº 352; son aceptadas con suma delectación en la otra vida por aquellos que negaron a la Divinidad Nº 354; los que están inmersos en la falsedad no gozan del auténtico amor conyugal Nº 377; las falsedades de los buenos son eliminadas en el mundo de los espíritus Nº 425, 513; todas las falsedades se ponen de manifiesto en la otra vida Nº 462b;' los que carecen de verdadera fe quedan librados al influjo de las falsedades Nº 482; desde la verdad cualquiera puede detectar las falsedades, pero no al revés Nº 487; la falsedad no tiene poder alguno Nº 539; "crujir de dientes" en el infierno es el combate continuo de las falsedades entre sí Nº 575; el equilibrio entre la verdad y la falsedad Nº 589.
FE: Qué es en relación con la verdad Nº 148, 364, 480, 482; luna significa fe Nº (119; el bien de la fe corresponde a la luz; el bien de la fe es la verdad emanada del bien Nº 118; las verdades de la fe Nº 7; todo lo que atañe a la fe es verdad Nº 232; las verdades de la fe como estímulo Nº 472; los ángeles del íntimo cielo no saben qué es creer o tener fe Nº 270; su relación con la vida Nº 526; aquellos que separan la fe de la vida Nº 2; la fe por sí sola no conduce al cielo Nº 521; no se recibe en el bautismo Nº 329; la fe de los gentiles Nº 324; las verdades de la fe que reciben los gentiles Nº 325; en el cielo los africanos reciben fácilmente las verdades de la fe Nº 326; aquellos que han inculcado la fe a otros no son necesariamente inteligentes en el sentido celestial Nº 346; una Divinidad invisible no puede ser objeto de fe Nº 3. La fe sin amor perece Nº 136; los cambios de estado de los ángeles denotan cambios en lo que respecta a su amor y a su fe Nº 154; todas las cosas de la interioridad de los ángeles se relacionan con el amor y la fe Nº 173; la santidad reside en el amor y la fe Nº 224; el influjo penetra en el amor y en la fe del hombre Nº 297; el cielo es para todos aquellos que llevan una vida de amor y fe Nº 357; la conjunción de la fe y el amor es esencial para que el hombre sea reformado Nº 424; la fe separada del amor no es fe sino mero conocimiento Nº 474; la fe y el amor en relación a las obras Nº 473; la vida del hombre después de la muerte procede del amor y la fe derivada Nº 476; la fe es afecto por la verdad que fluye del amor celestial Nº 480, 482; la fe determina la calidad del amor al prójimo Nº 538b.
FELICIDAD: En el cielo cap. XLII., Nº 6, 268; felicidad externa Nº 34; de qué modo el Señor preserva la felicidad del hombre Nº 45; quien ama al Señor desea la felicidad de todos Nº 399; ciertos espíritus que suponían que la felicidad celestial consiste en llevar una vida ociosa Nº 403; en el cielo el más humilde es el más grande Nº 408; a quienes pasan a la otra vida les es permitido experimentar la felicidad celestial Nº 412.
FIBRAS: Fibras nerviosas Nº 212; fibras cardíacas Nº 413.
FIESTAS: Fiestas nupciales en el cielo Nº 383.
FINES: El bien como fin Nº 64; la verdad en sí misma es el único fin de la inteligencia celestial Nº 347. (Ver Usos).
FLORES: En el cielo Nº 176, 185.
FORMA: La forma de todo lo que existe concuerda con su orden Nº 201; las correspondencias son las formas que revisten los usos Nº 112; los usos cobran forma en el mundo natural Nº 96; el orden Divino asume su forma en el plano más externo Nº 315; las formas más perfectas Nº 62; la verdad es la forma del bien Nº 107; la forma del bien y la verdad Nº 460; de los espíritus Nº 363, 454, 517; de los espíritus malignos Nº 314, 553; todo ángel posee una perfecta forma humana cap. X., Nº 73, 77; forma del pensamiento angélico Nº 266; forma del cielo cap. XXIII., Nº 200, 211, 94, 99, 60; el lenguaje angélico fluye en la forma del cielo Nº 242; es posible hacerse una idea sobre la forma del cielo estudiando el cuerpo humano Nº 212; la forma del espíritu Nº 453, 434, 435; el rostro de un espíritu es la forma externa de su interioridad Nº 143; formas de escritura en el cielo Nº 260; los simples no pueden concebir nada carente de forma Nº 74; La Divinidad en forma humana Nº 79; la variedad dispuesta en forma celestial constituye la perfección Nº 71; según su forma interna el hombre es una imagen del cielo Nº 99; la forma que asume el hombre después de la muerte cap. XLVII; todo lo que existe interiormente en el hombre, existe en formas que son substancias Nº 418.
FOSAS NASALES: Del Hombre Máximo Nº 96.
FRENTE: El Señor mira a los ángeles en la frente porque corresponde al amor Nº 145; el influjo del Señor ingresa en el hombre por la frente porque corresponde al amor Nº 251.
FRUTO: Las buenas obras se comparan a los frutos debido a su correspondencia Nº 111; los frutos en el cielo corresponden al bien del amor Nº 176, 185; corresponden a los afectos por el bien y la verdad Nº 520.
FUEGO: Corresponde al amor Nº 13, 118; en la Palabra "fuego" denota el calor vital del hombre Nº 568, 570; juego sagrado" significa calor del cielo Nº 134; el fuego infernal de aquellos que han negado a la Divinidad Nº 354; corresponde al odio y a la venganza Nº 585; qué es el fuego infernal cap. LIX.
FUERZA: Es aquello que actúa y reacciona Nº 589.
FUNCIÓN: El gobierno de las sociedades celestiales depende de sus funciones Nº 213, (217; hay mayor variedad de funciones en el cielo que en la tierra Nº 393; aquel que toma en cuenta sus propios honores no puede desempeñar funciones en el cielo Nº 389.
GABRIEL: Es una sociedad angélica Nº 52.
GANDADO VACUNO: Su correspondencia Nº 110.
GENERACIÓN: Su significado Nº 382b.
GENERAL: Lo que es general en las formas más perfectas Nº 62; lo que es general y sus partes Nº 64; los números encierran conceptos generales, las palabras conceptos particulares Nº 263; lo general y lo particular en la sabiduría angélica Nº 267; lo general y lo particular en el afecto celestial Nº 413.
GENIOS MALIGNOS: Quiénes son Nº 123, 578; miran hacia la obscuridad Nº 151; moran en el infierno trasero Nº 311; la naturaleza de su malicia Nº 579; moran en la región occidental Nº 596.
GLORIA: Su correspondencia Nº 1; el cielo no consiste en la gloria Nº 6; la gloria de los ángeles Nº 25, 26; la gloria no es el fin de la inteligencia angélica Nº 347.
GOBERNANTES: En el reino espiritual Nº 215; en el cielo toman en cuenta en primer lugar el bien de los demás Nº 218; gobernantes en los infiernos Nº 220.
GOBIERNO: En el cielo cap. XXIV; difiere en las distintas sociedades y cielos Nº 213, 217; el gobierno del reino espiritual se llama "Juicio" Nº 215; en el gobierno del cielo priman el amor y la sabiduría Nº 218; el gobierno del cielo está a cargo del Señor Nº 406; régimen de los infiernos Nº 220, 543.
GRADOS: Discretos y continuos Nº 38, 211; grados de interioridad Nº 33, 34; grados de correspondencia Nº 104; en los usos Nº 112; grados vitales en los ángeles Nº 267, 270; grados de inocencia Nº 280; grados de inteligencia en el cielo Nº 469; en cada ángel y en cada hombre hay un grado íntimo o supremo en el cual fluye primeramente la Divinidad del Señor Nº 39; cada ángel posee tres grados vitales, pero sólo uno de ellos está develado Nº 208.
GRANDE: Quién es el más grande en cielo Nº 408.
GRAVITACIÓN: El centro común en el cielo Nº 142.
GUSANOS: Sus instintos Nº 108.
GUSTO: Los cinco sentidos Nº 402, 462.
HABLAR: Con los espíritus es peligroso, de manera que es muy raro que esto sea permitido Nº 249.
HÁLITOS: Los ángeles no son meros hálitos Nº 183.
HAMBRIENTO: Todos los ángeles desean y apetecen la sabiduría así como un hombre hambriento apetece la comida Nº 274; denota a aquel que anhela conocer el bien y la verdad Nº 420.
HEBREO: En algunos aspectos coincide con el idioma del cielo Nº 236; vocales en hebreo Nº 241; el antiguo hebreo Nº 260.
HEREDITARIO: Maldad hereditaria Nº 509, 558a.
HEREJÍA: El sentido literal puede dar pábulo a herejías Nº 311, 455.
HIJO: El Hijo como intercesor Nº 526; "hijos e hijas" significa verdades y bienes espirituales procreados Nº 382b.
HIPÓCRITAS: En el cielo Nº 48, 68; cómo son Nº 458; su lenguaje Nº 245; su memoria externa Nº 466; son arrojados al infierno Nº 491; el hombre meramente natural es un hipócrita Nº 531; hipócritas en la otra vida Nº 551; son los peores de todos entre los espíritus malignos Nº 578.
HOMBRE: Cómo razona Nº 130; el pensamiento y el afecto constituyen el hombre Nº 358, 445; el hombre es un agente que sirve como fuente y recipiente Nº 434; el primer hombre Nº 341; el hombre en las diferentes Edades Nº 115, 252; su libertad Nº 598; es tal como es su vida Nº 521; el calor espiritual es el calor vital del hombre Nº 568; sus acciones denotan la calidad de su vida Nº 471, 475; los tres planos de su vida Nº 529, 530; su recepción en la otra vida Nº 548; cómo es reformado Nº 424; por qué se encoge el hombre en la vejez N* 278; un hombre es igual a cualquier otro Nº 390; el hombre es como un animal en lo que respecta a sus facultades naturales Nº 110; las ideas naturales del hombre acerca del cielo Nº 183; mientras el hombre habita en su cuerpo piensa de un modo natural y espiritual Nº 356; la forma del hombre espiritual es completamente diferente de la del hombre natural Nº 99; el hombre natural es un hipócrita Nº 531; cómo se vuelve racional Nº 468; es racional en la medida en que reciba la ley del cielo Nº 430; no puede comprehender las cosas del cielo en base a la luz natural Nº 170; el hombre puede ser substraído de la luz natural para ser elevado hacia la luz espiritual Nº 171; el hombre es esclarecido hasta cierto punto por la luz espiritual Nº 130; la ignorancia del hombre en relación a las cosas espirituales Nº 310; su ignorancia a-cerca de la difusión del pensamiento y el afecto Nº 203; su ignorancia en torno a la regeneración Nº 269; la incapacidad del hombre sensual para concebir una idea acertada acerca de Dios, o del cielo Nº 85, 86; el hombre sensual no puede comprender el sentido de los grados discretos Nº 38; el hombre sensual, posee conocimientos, mas no sabiduría Nº 267; todo el pensamiento del hombre está fundado en sus nociones de tiempo y espacio Nº 169; la naturaleza del pensamiento está determinada por su dirección Nº 532; la vista espiritual del hombre puede ser develada por el Señor Nº 76; no puede ver los objetos espirituales Nº 582; todo hombre posee dos puertas Nº 430; su estado en el mundo Nº 504; no puede apartarse por sí mismo del mundo Nº 528; fue creado a imagen de ambos mundos Nº 202; está en ambos mundos Nº 135, 304; es el medio de conjunción entre el mundo natural y el espiritual Nº 112, 247; tiene dentro suyo tanto un mundo natural como un mundo espiritual Nº 90; relación entre las cosas del reino vegetal con las cosas del hombre Nº 109; todas las partes del hombre desempeñan un uso Nº 64; el más alto grado en el hombre, por donde fluye la Divinidad Nº 34; el influjo Divino fuera del hombre Nº 112; el grado más íntimo o supremo en el hombre Nº 39.
El plano más externo del orden Divino reside en el hombre Nº 304, 315; desde la creación el hombre es orden Divino en forma Nº 30; en la medida en que el hombre observa el orden Divino sus actos son usos en forma Nº 112; la Encarnación se hizo necesaria porque el hombre había destruido el orden Nº 101; el hombre nace en la ignorancia porque su vida se contrapone al orden Nº 108; el lenguaje espiritual es inherente a la parte interior del intelecto del hombre Nº 243; el origen de la inmortalidad del hombre Nº 39; ningún hombre nace para el infierno Nº 318; el calor infernal excita la concupiscencia del hombre Nº 571; la iglesia está dentro del hombre, no fuera de él Nº 57; el hombre y la mujer Nº 366, 368, 369.
El lenguaje que emplean los ángeles al hablar con el hombre Cap. XXVIII., Nº 253; los hombres que pueden hablar con los ángeles Nº 115, 250; cómo hablan los ángeles con el hombre Nº 246; los ángeles y los espíritus están presentes en todo hombre Nº 165, 247; la naturaleza de la conjunción del hombre con los ángeles Nº 255, 307, 365; el hombre se comunica con el cielo y los ángeles por medio de correspondencias Nº 114; el hombre fue creado para llegar a ser ángel Nº 57; la gran cantidad de hombres que se tornan ángeles Nº 415; los ángeles aseveran que son hombres Nº 183, 576; los hombres son custodiados por los ángeles Nº 391; cómo deben pensar los hombres sobre los ángeles Nº 183; las ideas angélicas se tornan en ideas naturales para que el hombre pueda captarlas Nº 168; el hombre no puede comprehender la paz angélica Nº 284; ni los ángeles ni los hombres existirían si la Divinidad Humana no fluyese en el cielo y en todas las cosas del mundo Nº 101; en relación al hombre, los ángeles sólo toman en cuenta la voluntad, en virtud de la cual el cuerpo actúa Nº 61; qué dicen los ángeles sobre los hombres que se forman ideas erróneas acerca de Dios y el cielo Nº 86; los ángeles se hacen presentes cuando el hombre es substraído del cuerpo Nº 440, 449; son los ángeles quienes reciben primeramente al hombre cuando arriba a la otra vida Nº 548; los ángeles exploran y escudriñan la memoria de aquellos que ingresan en el mundo espiritual Nº 462b, 463. El cielo refleja a un Solo Hombre cap. VIII., XI., Nº 59, 78; cada sociedad del cielo refleja a un Solo Hombre cap. IX., Nº 68; el hombre es una imagen del cielo Nº 99; el hombre es la base y la terminación del cielo Nº 100; correspondencia del cielo con el hombre Nº 418; correspondencia de todas las cosas del cielo con todas las cosas del hombre cap. XII., Nº 87; el hombre subsiste gracias a su correspondencia con el cielo Nº 94; el orden Divino es el cielo en el hombre Nº 523; el cielo está latente en la inocencia del hombre Nº 276; todos los hombres nacen para del cielo Nº 82, 420; cómo puede el hombre vivir la vida del cielo Nº 529, 533; el hombre se forma para el cielo sólo a través del mundo Nº 360; el hombre se ha apartado del cielo Nº 305; su libertad depende del equilibrio establecido entre el cielo y el infierno cap. LXIII, Nº 537; su comunicación con el cielo y con el infierno Nº 204; mira hacia el cielo o hacia ei infierno Nº 313; está en conjunción con el cielo y con el infierno Nº 292, 599; diferencia entre la conjunción del cielo con el hombre y la del hombre con el hombre Nº 300; la conjunción del cielo con el hombre se establece por medio de la Palabra cap. XXXIV; el hombre se habría separado del cielo si no fuera por la Palabra Nº 309; todo hombre que entra en conjunción con el cielo posee u-na intuición acerca de la vida después de la muerte Nº 602; el deleite del hombre en el cielo Nº 395.
El "Hombre Máximo" significa el cielo Nº 59, 94, 96, 217; las partes del Hombre Máximo Nº 59, 94, 96, 231, 333. (Ver Afecto, Muerte, Mal, Externo, Interno, Señor, Amor, Espíritu, Intelecto, Voluntad, Sabiduría).
HOMBRE ESPÍRITU: Nº 422, 456, 461, 552.
HONESTIDAD: Estímulos de la honestidad Nº 358; el amor de la honestidad Nº 468; qué es la verdadera honestidad Nº 481; cómo se torna espiritual Nº 512.
HONORES: Qué piensan los ángeles sobre la dignidad y los honores Nº 389.
HUMANO, HUMANIDAD: El Señor glorificó Su Humanidad y la hizo Divina Nº 316; la Divinidad Humana existe sólo en el Señor Nº 79; el cielo en su conjunto y en sus parles refleja a un solo hombre en virtud de la Divinidad Humana del Señor cap. XI; toda correspondencia con el cielo se establece con la Divinidad Humana del Señor Nº 101; el templo representa la Divinidad Humana del Señor Nº 187; la forma del cielo deriva de la Divinidad Humana del Señor Nº 212; el punto esencial de toda doctrina es el reconocimiento de la Divinidad Humana del Señor Nº 227; el influjo directo procede de la Divinidad Humana Nº 297; correspondencia de la Divinidad Humana del Señor Nº 534.
IDEAS: Las ideas angélicas se transforman en ideas naturales para que el hombre pueda captarlas Nº 168; ideas sobre los ángeles y el cielo Nº 183; las ideas del pensamiento son las diversas formas en que está distribuido el afecto general Nº 236; las ideas de los ángeles son modificaciones de la luz del cielo Nº 239; las ideas del pensamiento aparecen a la vista Nº 240; las palabras expresan ideas del pensamiento emanadas del afecto Nº 269; ideas de los niños pequeños en el cielo Nº 336, 338.
IDIOMA: Diferencia entre los idiomas humanos y los angélicos Nº 237; en el cielo todos hablan un mismo idioma Nº 236; el idioma mediante el cual se comunican los ángeles con los hombres Nº 255.
IDOLATRAS: En la otra vida Nº 324; cómo se los instruye en la otra vida Nº 326; idólatras de la Antigua Iglesia Nº 327.
IGLESIA: Qué es la iglesia Nº 57; período final de la iglesia Nº 1, 311; los gentiles o pueblos que no forman parte de la iglesia en el cielo cap. XXXVI; porqué la iglesia es llamada "novia" y "esposa" Nº 371; porqué es llamada "mujer" Nº 368; la iglesia que posee la Palabra constituye el corazón y los pulmones de la iglesia universal del Señor Nº 308; la iglesia del cielo del Señor en la tierra Nº 57, 374; cómo es y dónde está la iglesia del Señor actualmente Nº 328; Je-rusalem significa la iglesia del Señor en el cielo Nº 73; Jerusalem denota una iglesia que vive en la verdad Nº 108; Nueva Jerusalem denota la iglesia que se ha de establecer Nº 187, 197; "un nuevo cielo y una nueva tierra" quiere decir una nueva iglesia Nº 307; "la casa de la fiesta nupcial" significa el cielo y la iglesia Nº 180; la iglesia en el cielo Nº 221-223; hostilidad hacia la iglesia por parte de aquellos que se aman a sí mismos Nº 562; la ignorancia que prevalece en la iglesia Nº 77, 526; aquellos que niegan la verdad siendo miembros de la iglesia Nº 309; ideas erróneas en el seno de la iglesia a-cerca del modo en que se establece la conjunción Nº 302; aquellos miembros de la iglesia que tienen la noción de que la Divinidad está constituida por tres personas Nº 2; la condición después de la muerte de aquellos miembros de la iglesia que reconocen solamente al Padre Nº 3, 6; iglesias representativas Nº 306; la iglesia después del Diluvio Nº 327; sacrificios en la iglesia israelita Nº 110; la sabiduría de la Antigua Iglesia Nº 322; Mas Antigua Iglesia y Antigua Iglesia Nº 327.
IGNORANCIA: De los habitantes de la tierra en lo que respecta al cielo Nº 395; porqué el hombre nace en la ignorancia Nº 108.
IMAGEN: El hombre ha sido creado de modo tal que sea una imagen de ambos mundos Nº 202. (Ver Forma).
IMPRESO: La palabra impresa en el cielo Nº 258.
INFANCIA: La inocencia de la infancia no es genuina Nº 277;los espíritus que acompañan al hombre en la infancia Nº 295; las falsedades aprendidas en la infancia no en todos los casos se confirman Nº 352; todos los que mueren en la infancia se convierten en ángeles Nº 416; dónde y cómo reciben su preparación para el cielo aquellos que mueren en la infancia Nº 514, 515.
INFIERNO, INFIERNOS: Su apariencia, ubicación y número cap. LXI., Nº 586, 583, 584, 588; sociedades en el infierno Nº 294, 542, 588; en general hay tres infiernos Nº 542; su ubicación depende de su oposición al bien Nº 120; su ubicación precisa sólo es conocida por el Señor Nº 587; su orden depende de las variedades del mal Nº 588; "Satanás", "Lucifer", etc. son los nombres de los distintos infiernos Nº 544; comunicación entre ellos Nº 588; hay dos reinos en el infierno Nº 596; regiones, divisiones y límites de los infiernos Nº 151, 587; los infiernos son de una variedad infinita Nº 405; cómo están dispuestos de modo que exista un equilibrio Nº 594; el infierno posterior se llama "Diablo", y el anterior "Satanás" Nº 311; el infierno de los genios malignos está herméticamente cerrado Nº 579; no se permite que los infiernos opuestos al reino celestial ejerzan influjo sobre el reino espiritual Nº 596; cómo se impide que prevalezcan sobre el cielo Nº 594, 595; cómo son regidos por el Señor cap. LVI, Nº 543; son apaciguados por ciertos ángeles Nº 391; se los refrena por medio de tormentos Nº 581; el régimen infernal se basa en el amor de sí mismo y el amor del mundo Nº 220, 554; el amor de sí mismo es el amor universal que rige en el infierno Nº 486; el dominio derivado del amor de sí mismo conduce al infierno Nº 564; ingreso diario al infierno Nº 593; el camino que conduce al infierno Nº 534; sus puertas Nº 583, 585; cómo se apartan del Señor los espíritus malignos para precipitarse al infierno Nº 548; 510; porqué los espíritus malignos caen al infierno cabeza abajo Nº 558b; nadie es arrojado al infierno por el Señor cap. LVI I; cómo son arrojados algunos de ellos al infierno Nº 491; aquellos que profesan la fe de manera exclusiva son arrojados al infierno Nº 482; los espíritus que obseden al hombre son arrojados al infierno Nº 257; aquellos que profanan las verdades son arrojados al infierno más hondo Nº 456; el hombre meramente natural está en el infierno Nº 531; los ricos que en el mundo han negado a la Divinidad están en el infierno Nº 362; el infierno correspondiente a aquellos que se dedicaron a engañar a los demás Nº 578; cambios de estado en el infierno Nº 161; el primer estado de aquellos que penetran en el infierno Nº 462b; en los infiernos todos miran hacia su propio amor Nº 552; los seres infernales dan la espalda al Señor, mirando hacia el lado opuesto Nº 123, 151; en los infiernos todos están inmersos en el mal y en las falsedades derivadas cap. LVIII; los moradores del infierno tienen aspecto de monstruos Nº 80, 131; los moradores del infierno llevan unos ropajes repulsivos Nº 182; los sentidos de los habitantes del infierno son sumamente imperfectos Nº 462a; algunos de ellos saben que creen en lo que es falso, pero no pueden resistir los deleites de su amor Nº 455; los habitantes del infierno no pueden ser salvados Nº 595; el lenguaje de los seres infernales Nº 245, 553;tormentos en el infierno Nº 573, 574; crujir de dientes en el infierno Nº 575; naturaleza de la luz infernal Nº 584; qué es el fue go infernal cap. LIX., Nº 571, 572; su malicia y perversidad Nº 577; el poder en el infierno Nº 233; no hay poder en el infierno Nº 539; la vida del infierno se denomina muerte espiritual Nº 80; emanaciones de falsedad y concupiscencia procedentes del infierno Nº 538, 574; la maldad asciende continuamente de los infiernos Nº 591; el infierno en el hombre nº 425, 547; la comunicación que establecen los hombres malignos con el infierno Nº 204; somos salvados por el Señor del infierno de nuestra propia maldad Nº 342; no habría infierno si los hombres pudiesen salvarse por misericordia sin tomar en cuenta los medios Nº 524; progresión hacia el infierno del adulterio Nº 386; todas las cosas opuestas al orden Divino corresponden al infierno Nº 113; su oposición a la inocencia Nº 283. (Ver Cielo).
INFINIDAD: Del Creador Nº 417.
INFINITO: Todo lo que es bueno deriva de lo Infinito Nº 469.
INFLUJO: Va de lo superior a lo inferior, y no al revés Nº 209; de lo espiritual a lo natural, y no al revés Nº 135; hay dos tipos de influjo: inmediato y mediato Nº 37, 208, 297; hay un influjo Divino en el mundo aparte del que ingresa en el hombre Nº 112; influjo en el reino vegetal Nº 567; el influjo Divino concluye en el plano exterior del hombre Nº 304; influjo en los cielos Nº 31, 37; su transmisión de un cielo a otro Nº 206, 207; el influjo que reciben los niños en el cielo Nº 336; los niños reciben influjo del íntimo cielo Nº 277; los ángeles del íntimo cielo perciben claramente el influjo Nº 8; los ángeles celestiales conocen la verdad por influjo Nº 26; la creencia en la reencarnación procede de un influjo Nº 256; a nadie le es permitido en el cielo fijar la mirada en la nuca de otro, porque esto perturbaría el influjo Nº 144; la facultad racional del hombre existe gracias a un influjo de la luz del cielo Nº 309; dónde se da el influjo en el hombre Nº 251; el hombre no puede hacer nada sin influjo del cielo Nº 228; porqué el hombre ya no es regido por influjo Nº 247, 296; el influjo varía de acuerdo con su recepción Nº 569; aquellos que lo han extinguido Nº 82; no puede llegar al hombre si el nivel superior de la mente está obstruido Nº 532; la intuición del hombre sobre la vida después de la muerte procede de un influjo Nº 602; el Señor atrae a todos hacia Sí por medio de un influjo Nº 548; la verdadera concepción sobre Dios en forma humana procede de un influjo Nº 82; el deleite de los sentidos se recibe por influjo Nº 402; el amor conyugal es el plano esencial del influjo Divino Nº 370; el influjo y su definición Nº 168. (Ver Interioridad).
INMORTALIDAD: El hombre vive por toda la eternidad en virtud de su grado íntimo o supremo Nº 39; el estado que experimentan después de la muerte aquellos que no creyeron en la inmortalidad Nº 452.
INOCENCIA: Corresponde a la desnudez Nº 179, 280; los niños representan a la inocencia Nº 341; la mayoría de la gente ignora qué es la verdadera inocencia Nº 276; es una propensión a ser guiado por el Señor Nº 281; es receptáculo del bien y la verdad Nº 329; es receptáculo de todas las cosas del cielo Nº 341; el bien Divino que procede del Señor es la inocencia misma Nº 282; la genuina inocencia es la inocencia de la sabiduría Nº 278, 279; el deleite de la inocencia Nº 282; el bien de la inocencia Nº 283; todos los habitantes del cielo gozan de inocencia Nº 280; el tercer cielo es el cielo de la inocencia Nº 332; la inocencia del amor conyugal en el cielo Nº 382 a; el estado de inocencia de los ángeles cap. XXXI; la inocencia de los gentiles Nº 324; la inocencia y la paz son las dos cosas más íntimas del cielo Nº 285; la sensación de paz difiere según el estado de inocencia Nº 288.
INSANIA (DEMENCIA): Los moradores del infierno llevan ropajes que concuerdan con su grado de demencia Nº 182; la insania de los malignos Nº 290; insania de los perversos en la otra vida Nº 508.
INSTINTOS: De los animales proceden del mundo espiritual Nº 108.
INSTRUCCIÓN: De quienes pasan a la otra vida cap. LIII.
INSTRUMENTO: El cuerpo es nada más que un instrumento del espíritu Nº 432, 435.
INTELECTO: La vida del intelecto del hombre es la vida de su fe Nº 9; se obnubila cuando uno está inmerso en su naturaleza propia Nº 558a; el intelecto de los niños en el cielo Nº 336; la transparencia de los objetos que se ven en el cielo corresponde al intelecto esclarecido Nº 489; los ángeles derivan su intelecto de la verdad Divina, y su intelecto es la vista interior Nº 128; en los ángeles la vista exterior corresponde a la vista interioro intelecto Nº 462a; quienes habitan en los ojos del Hombre Máximo viven en el intelecto Nº 96. (Ver Voluntad).
INTELIGENCIA: Definida Nº 148; compete a la doctrina Nº 271; procede de la verdad Divina Nº 80; qué es la inteligencia celestial o interior Nº 347, 348; la inteligencia en las doctrinas del cielo Nº 227; la inteligencia de los niños pequeños en el cielo Nº 334; lo principal de la inteligencia de los ángeles Nº 59; la inteligencia de los ángeles se perfecciona por medio de los conocimientos del bien y la verdad Nº 469 ; la inteligencia angélica de aquellos que viven en el amor al Señor Nº 467; las vestiduras de los ángeles corresponden a su inteligencia y varían de acuerdo con ella Nº 178; correspondencia de las cosas del cielo con la inteligencia Nº 186; el cerebro corresponde a la inteligencia Nº 251; la inteligencia de quienes administran los asuntos civiles en el cielo Nº 393; aquellos que los ángeles consideran inteligentes Nº 86; el hombre nace para ser inteligente Nº 368; falsas opiniones en el mundo sobre quiénes son realmente inteligentes Nº 346; inteligencia pasajera de los espíritus malignos Nº 153. La sabiduría y la inteligencia hacen al hombre Nº 80; la adquirían los pueblos de la Antigüedad mediante el conocimiento de las correspondencias Nº 87; el cielo en relación a la inteligencia y la sabiduría Nº 203, 204; la verdadera y la falsa inteligencia y sabiduría Nº 351-353; la aptitud del hombre para recibir inteligencia y sabiduría Nº 454; los jardines corresponden a la inteligencia y sabiduría del cielo Nº 111; los huertos y jardines, los árboles frutales y las flores corresponden a la inteligencia y la sabiduría Nº 176; la inteligencia y la sabiduría de los ángeles depende del grado de interioridad y perfección de sus afectos Nº 49; y del alcance de la difusión de su pensamiento en el cielo Nº 79; la luz que reciben los ángeles varía según la inteligencia y sabiduría que poseen Nº 128; el cambio de estado de los ángeles es un cambio concerniente a su amor y fe, y a la inteligencia y sabiduría derivadas Nº 154; la inteligencia y la sabiduría hacen al ángel Nº 340; la sabiduría e inteligencia de los ángeles es inconmensurablemente superior a la del hombre Nº 576.
INTENCIÓN: En el hombre, su descripción Nº 532.
INTERIORIDAD: El rostro corresponde a la interioridad Nº 251; todas las cosas del cielo corresponden a la interioridad de los ángeles Nº 173, 186; las cosas visibles en el cielo que no corresponden a la interioridad, no son apariencias reales Nº 175; en el cielo las extensiones de espacio corresponden a la interioridad Nº 217; en el cielo las distancias y las extensiones de espacio dependen de la interioridad Nº 193, 195, 196; los estados de interioridad constituyen el cielo Nº 33, 35; el deleite en el cielo influye en la interioridad Nº 395; en el cielo, la interioridad de los que son realmente sabios brilla y resplandece Nº 356; la interioridad está a la vista en el cielo Nº 131; la interioridad de aquellos que atienden las prédicas en el cielo Nº 224; en la otra vida la interioridad determina la forma del rostro Nº 123; en los más antiguos pueblos, la interioridad estaba dirigida hacia el cielo Nº 306; el hombre ha apartado su interioridad del cielo Nº 305; la interioridad de los hombres que hablan con los ángeles Nº 250, 252; la conjunción del cielo con el hombre se establece a través de su interioridad Nº 300; la interioridad de aquellos que carecen de verdadera fe, se obscurece al entrar en contacto con la luz del cielo Nº 482; la interioridad de aquellos que no tienen la menor noción acerca de la Divinidad está obstruida, de manera que no pueden ingresar al cielo Nº 83; la interioridad del hombre permanece obstruida cuando el hombre se aparta del cielo Nº 252; el hombre debe estar en el cielo, en cuanto a su interioridad, para asimilar el bien y la verdad espirituales; de qué modo el Señor devela la interioridad del hombre Nº 512; el hombre es tal como su interioridad Nº 501; la interioridad y la exterioridad del espíritu del hombre Nº 492; la sabiduría del hombre que posee su interioridad develada Nº 267; la interioridad del hombre se eleva mediante el conocimiento de las verdades inscriptas en la Palabra Nº 253; el hombre posee tres grados de interioridad Nº 33; disposición de la interioridad del hombre Nº 30; el amor al Señor devela el tercer grado de interioridad del hombre Nº 271; los deleites del alma afectan la interioridad Nº 396; todo hombre es un espíritu en lo que respecta a su interioridad cap. XLV., Nº 436; la interioridad del hombre que ha negado a la Divinidad Nº 353, 354; la interioridad de muchos eruditos está obstruida Nº 313; el a-mor de sí mismo obstruye la interioridad Nº 272; grados de interioridad y exterioridad Nº 38; la interioridad y la exterioridad designan lo superior y lo inferior Nº 22; la interioridad no es cabal hasta que no se plasma en las obras, que son exteriores Nº 475; la interioridad cobra forma cuando el hombre alza sus ojos hacia la Divinidad y hacia el cielo Nº 351; la interioridad de la mente, ha sido formada para captar la verdad Divina Nº 347; la percepción de la presencia del Señor se siente en la interioridad de la mente Nº 147; en el cielo la interioridad no puede ocultarse Nº 48; permanece oculta durante el primer estado después de la muerte Nº 497, 498; cambios de estado en la interioridad Nº 156; la correspondencia entre la interioridad y la exterioridad determina la duración de la estadía en el mundo de los espíritus Nº 426; el estado de interioridad muestra cómo fue el espíritu en el mundo Nº 505; el segundo estado del hombre después de la muerte se denomina estado de interioridad Nº 499; la sabiduría se ahonda cuanto mayor es el grado de interioridad Nº 270; la perfección incrementa según su grado de interioridad Nº 34; la naturaleza de la interioridad de un hombre se mide por la naturaleza de su amor Nº 532; la interioridad ve de una manera a través del ojo derecho, y de otra, a través del izquierdo Nº 118; se manifiesta en efecto en el cuerpo Nº 521; la interioridad de los niños Nº 282; influjo en la interioridad de los niños Nº 277; de qué modo es develada la interioridad de los niños pequeños en el cielo Nº 334; en la otra vida los niños actúan de acuerdo con su interioridad Nº 331; la interioridad de los ángeles posee la forma del orden Divino Nº 266; el amor predominante en el ángel está siempre ante su interioridad Nº 193; la interioridad de los ángeles los sitúa en uno u otro cielo Nº 33; la forma del cuerpo de un ángel es la forma externa de su interioridad Nº 340; la interioridad no se devela de forma inmediata al ingresar en el mundo de los espíritus Nº 457; es develada cuando el ángel ingresa en su sociedad Nº 519; los ángeles adquieren sabiduría porque su interioridad está develada Nº 267; después de la muerte la interioridad de cada cual cobra forma y se devela de acuerdo con su amor y su vida Nº 459; la apariencia de la interioridad de los buenos y los malos en el mundo espiritual Nº 481; la interioridad de los hipócritas Nº 458; de aquellos que viven un falso amor conyugal Nº 380; de aquellos que están inmersos en el amor de sí mismos Nº 560; de los habitantes del infierno Nº 151; en el infierno la interioridad y la exterioridad son una sola cosa Nº 553; la interioridad de los espíritus malignos atormentada por los deleites celestiales Nº 400.
INTERNO: El nivel interno en el hombre corresponde a su facultad voluntaria, y el externo a su facultad intelectual Nº 32; el hombre interno o espiritual y el hombre externo o material Nº 92; la parte interna del hombre está obliterada desde su nacimiento Nº 202; lo interno y lo externo en el culto Divino Nº 221; la forma diabólica de los espíritus cuya parte interna está ocluida en su nivel superior, que es su nexo con el cielo Nº 314; es la parte interna del hombre la que actúa, y no la externa Nº 358; los buenos espíritus, durante su primer estado después de la muerte, se interesan más por las cosas internas que por las externas Nº 496.
INTIMO: Los usos que presta el grado más íntimo de la interioridad del hombre Nº 39; el hombre posee un grado íntimo en su interioridad que no poseen las bestias Nº 435; el júbilo celestial nace en lo más íntimo de la interioridad Nº 409, 413; la verdadera paz nace en lo más íntimo difundiéndose luego en las facultades inferiores Nº 290; la inocencia es lo más íntimo del bien del cielo Nº 282; el Señor rige al hombre fluyendo tanto en la parte más íntima como en la más externa de su ser Nº 297; las ideas de los niños en el cielo fluyen de lo más íntimo de su ser Nº 336.
IRA: Porqué se atribuyen al Señor sentimientos de ira Nº 545.
ISRAEL: Denota el nivel espiritual Nº 370; "la piedra de Israel" representa al Señor en cuanto a su Divinidad Humana Nº 534.
ISRAELITAS: Descripción de sus matrimonios Nº 378.
JARDINES: Su correspondencia Nº 111; jardines en el cielo Nº 184, 185.
JEHOVA: Habló con el hombre a través de espíritus Nº 254; El era el Dios de la Más Antigua Iglesia y de la Antigua Iglesia Nº 327.
JERUSALEM: Significa la iglesia del Señor en el cielo Nº 73; significa la iglesia que vive en la verdad Nº 180.
JESUCRISTO: EL Señor fue llamado Jesús por su Divinidad Celestial y Cristo por su Divinidad espiritual Nº 24.
JUDÍOS: En la otra vida Nº 326.
JUEGOS: Que se emplean para instruir a los niños en el cielo Nº 334.
JUICIO: El gobierno en el mundo espiritual se llama juicio Nº 215; en el reino celestial las verdades de juicio no se cuestionan Nº 214; en la Palabra significa bien espiritual Nº 216; las verdades civiles se refieren a asuntos relativos al juicio Nº 468; después de la muerte cada cual es juzgado de acuerdo con sus obras Nº 470, 471; puntos de vista erróneos acerca del juicio final Nº 1. (Ver Justicia).
JUSTICIA: Amor a la justicia Nº 468; qué es la verdadera justicia Nº 481; cómo se torna espiritual Nº 512; "justicia" en la Palabra significa bien celestial Nº 216; la justicia del Señor y aquellos que la adoptan Nº 348; el gobierno del reino celestial del Señor se llama justicia Nº 214.
JUSTO: Quién justo Nº 348.
JUVENTUD: Corresponde al intelecto de la verdad Nº 368; destino de aquellos que se sumen en la maldad durante su juventud Nº 533; espíritus que acompañan al hombre en la juventud Nº 295; la juventud vuelve a florecer en el cielo Nº 414.
LENGUA: Del Hombre Máximo Nº 96; la lengua de los ángeles vibra cuando éstos hablan Nº 248.
LENGUAJE: Cosas propias del lenguaje humano que derivan de las correspondencias Nº 97; el lenguaje que emplea el hombre tiene como objeto agradar a los demás Nº 504; el lenguaje y los actos de los hombres están regidos por un influjo, porque están en armonía con el orden natural Nº 296; el lenguaje espiritual en la interioridad del hombre Nº 243; el pensamiento y lenguaje en los antiguos pueblos Nº 325.
El lenguaje que emplean los ángeles para hablar con el hombre cap. XXVIII; los ángeles no hablan lenguas humanas Nº 237, pero cuando hablan con el hombre emplean su idioma para entrar en conjunción con él Nº 246, 249, 250; las ideas de los ángeles se trocan en ideas naturales cuando conversan con un hombre Nº 168; temas de conversación en la otra vida Nº 234, 355; el lenguaje de los ángeles cap. XXVII., Nº 266, 235, 331, 333; procede de su pensamiento interior Nº 234; su belleza Nº 238; su indescriptible virtud sinfónica Nº 242; su sabiduría Nº 239; las letras del lenguaje angélico Nº 241; su expresividad Nº 240; variedades de lenguaje entre los ángeles y en los diferentes reinos del cielo Nº 241, 244; el lenguaje de un cielo superior no se entiende en uno inferior Nº 210; el lenguaje en el cielo Nº 2; el lenguaje de los niños pequeños en la otra vida Nº 331, 333; el lenguaje de los espíritus y los ángeles procede del pensamiento y del afecto Nº 464; en la otra vida el lenguaje coincide con el pensamiento Nº 457.
El lenguaje en los infiernos Nº 245; el lenguaje de los espíritus malignos Nº 553.
LETRA: Sabiduría que encierran las letras hebreas Nº 260.
LEY: La Palabra contiene todas las leyes del orden Divino Nº 202; las leyes del reino del Señor Nº 406; las leyes que rigen los tres planos de la vida están formuladas en el Decálogo Nº 531; violar el matrimonio es contrario a las leyes Divinas Nº 385; "la ley y los profetas" significa la Palabra en su conjunto Nº 19.
LIBERTAD: Emana del amor Nº 380; la libertad y el amor conyugal Nº 380; la libertad de los ángeles Nº 44, 45; la libertad en el mundo de los espíritus Nº 590; la libertad de los malvados en la otra vida Nº 506; la libertad del hombre Nº 293, 298, 598; la libertad del hombre depende del equilibrio entre el cielo y el infierno cap. LXIII., Nº 537, 599; la libertad es el equilibrio del mundo espiritual Nº 589; qué es la libertad espiritual o equilibrio Nº 597.
LIBROS: Derivados de la memoria del hombre después de la muerte; "libro de la vida" Nº 463.
LUGAR: En el mundo espiritual el cambio de lugar es un cambio de estado Nº 192.
LUMINISCENCIA: O luz natural Nº 352.
LUNA: Su correspondencia Nº 1, 119; los ángeles ven al Señor como luna con el ojo izquierdo Nº 118; la luna natural aparece ante los ángeles como una tiniebla Nº 122, 151.
LUZ: Corresponde a las verdades del bien Nº 179; la luz del fuego del mundo corresponde a la falsedad del amor de sí mismo Nº 122; la luz corresponde a las verdades que proceden del amor Nº 13; su efecto depende de la naturaleza de su recepción Nº 569; la mera creencia es como la luz invernal, que está desprovista de calor Nº 482; el pensamiento que procede de la luz natural no puede percibir las cosas del cielo Nº 170; los datos de la memoria natural no son objetos de la luz espiritual Nº 355; luz natural y luz espiritual Nº 352; la luz espiritual del hombre Nº 130; todas las verdades emiten luz Nº 132; el hombre es racional en la medida que recibe la luz del cielo Nº 430; la luz del cielo cap. XV; la verdad Divina es la luz del cielo Nº 117, 126-128, 232, 347, 462a, 518, 549; la luz del cielo es sabiduría Divina e inteligencia Nº 131; la luz del cielo es espiritual porque procede del Señor como sol Nº 127, 128; la vida en el cielo difiere según la recepción de la verdad Divina Nº 128; la luz del cielo en comparación con la luz del mundo Nº 126, 347; los deleites de la luz celestial Nº 489; la luz del cielo ilumina tanto el ojo como la mente Nº 266; en el cielo los que poseen sabiduría reciben más luz, los simples reciben menos luz Nº 350; los planos de la luz celestial Nº 356; las ideas de los ángeles son modificaciones de la luz del cielo Nº 239; la luz de los ángeles Nº 75, 128, 275; la Palabra irradia luz Divina Nº 308; la luz del cielo es tenebrosa para los que están inmersos en el amor corporal Nº 481; porqué huyen de la luz del cielo los espíritus malignos Nº 553.
MADERA: Significa bien; las iglesias del reino celestial están construidas con madera Nº 223.
MADRE: Angeles que actúan como madres Nº 332; "madre y padre" significa verdad en conjunción con el bien Nº 382b.
MAGIA: El deleite de los espíritus malignos en las artes mágicas Nº 488; la magia en la otra vida Nº 508.
MAHOMETANOS: Dónde y cómo reciben su preparación para ingresar al cielo Nº 514-516.
MAL, MALDAD, MALDADES: El hombre tiene una inclinación innata a todo género de maldad Nº 293, 393, 424; procede del amor de sí mismo y del mundo Nº 359, 555; las maldades de aquellos que se aman a sí mismos Nº 562; son removidas por el Señor Nº 359; cómo puede el hombre desembarazarse de sus maldades Nº 598; al hombre se le hace más difícil librarse de las maldades cuando desea cometerlas Nº 533; las maldades y las falsedades abren las puertas del infierno Nº 430; todos los moradores de los infiernos viven en las maldades y en las falsedades derivadas cap. LXVIII; las sociedades infernales se distinguen entre sí por la naturaleza de sus maldades Nº 588; se ponen al descubierto en la otra vida Nº 462b; se ponen de manifiesto durante el segundo estado que se experimenta después de la muerte Nº 497.
El mal emana del diablo Nº 291; es inoculado al hombre desde el infierno Nº 546; asciende del infierno en forma continua Nº 591; los espíritus malignos tienen el aspecto de su propia maldad Nº 131, 553; dejarse llevar por la naturaleza propia es dejarse llevar por la maldad Nº 558a; todo lo que el hombre hace por sí mismo es maldad Nº 484; el hombre es la causa de su propia maldad Nº 547; cómo asimila el hombre la maldad Nº 302; la maldad hereditaria Nº 341; el equilibrio entre el bien y el mal Nº 537, 589; los que están inmersos en el mal no disfrutan del amor conyugal Nº 377; la paz es imposible para quienes están inmersos en el mal Nº 290; la maldad lleva aparejado su propio castigo Nº 509, 550; quien ha estado inmerso en la maldad durante su vida en el mundo es estúpido e insano en la otra vida Nº 505; las nubes negras del otro mundo proceden del mal Nº 549; las verdades de los malos son suprimidas en el Mundo de los Espíritus Nº 425; el bien y el mal se separan en la bifurcación del camino Nº 534; la condición de los malvados después de la muerte Nº 506, 512; sus estímulos Nº 530; sus creencias sobre el cielo y el infierno Nº 470, 526; su deleite en la obscuridad en la otra vida Nº 488; el deleite que les producen los hedores después de la muerte corresponde a su propia maldad Nº 429; en el mundo su maldad se ve refrenada por circunstancias externas Nº 577. (Ver Falsedad).
MALICIA: De los espíritus infernales cap. LX; la malicia de los genios malignos Nº 579; la malicia y la índole artera de los espíritus malignos es la contraparte de la sabiduría y la inteligencia de los ángeles Nº 577.
MANOS: Significan poder Nº 97, 231.
MATRIMONIO: El matrimonio es esencialmente una unión que atañe a la índole y la mente de los cónyuges Nº 281, 375; diversos estímulos que condicionan la vida matrimonial Nº 381; cuál es el sentido que tiene el deber del hombre de no separar lo que Dios ha unido Nº 372; diferencias entre los matrimonios del cielo y los de la tierra Nº 382b; el matrimonio en el cielo cap. XL, Nº 366-369, 383; qué es el matrimonio infernal Nº 377; los cónyuges permanecen juntos durante el primer estado que experimentan después de la muerte Nº 494; el verdadero amor conyugal Nº 281, 367, 370; origen del amor conyugal Nº 373; no hay amor conyugal sin el amor del bien y la verdad Nº 381; el verdadero amor conyugal perdura después de la muerte Nº 494; desciende del Señor atravesando el cielo Nº 385; los deleites del amor conyugal Nº 386; el amor en los matrimonios celestiales Nº 369; cómo se representa el amor conyugal en el cielo Nº 382a; el verdadero amor conyugal descripto por un ángel Nº 374; los ángeles y el amor conyugal Nº 370, 371; se dice que los cónyuges no son dos seres sino un solo ángel Nº 367, 372; los que habitan en la región lumbar del Hombre Máximo viven en el amor conyugal Nº 96; quiénes viven en el amor conyugal y quiénes no viven en él Nº 376; el amor conyugal no es posible en la poligamia Nº 379; el amor de ejercer dominio destruye el amor conyugal Nº 370; quienes están inmersos en el mal y la falsedad no viven en el verdadero amor conyugal Nº 377; la condición de aquellos que vivieron en el falso amor conyugal, después de la muerte Nº 380.
MEDIDA: Denota la naturaleza de una cosa determinada Nº 73.
MEDIOS: Nadie ingresa al cielo sin que se tomen en cuenta los medios cap. LIV; los medios para alcanzar la salvación están revelados en la Palabra Nº 522.
MELANCOLÍA: Es inducida por ciertos espíritus Nº 299.
MEMORIA: La memoria interna y la memoria externa Nº 463; las dos se representan visualmente en el cielo Nº 466; el grado más íntimo de la memoria interna Nº 467; aquellos que archivan las verdades Divinas en la memoria Nº 348; la mente interior del hombre evalúa las cosas de la memoria natural Nº 356; quienes gozan de genuina inocencia no archivan las verdades en la memoria Nº 278; las verdades y bienes relegados a la memoria son removidos durante el proceso de devastación Nº 551; las verdades relegadas a la memoria no develan la facultad racional Nº 468; lo que permanece sólo en la memoria no está incorporado al hombre Nº 423; los espíritus ingresan en la memoria del hombre Nº 292; los espíritus no fluyen en el hombre partiendo de su propia memoria Nº 298; los espíritus no pueden extraer meros conocimientos de la memoria Nº 465; los ángeles ingresan en la memoria del hombre Nº 246; los ángeles no pueden hablar con el hombre partiendo de su propia memoria Nº 256; los ángeles del íntimo cielo no archivan las verdades en la memoria Nº 271; en el cielo los conocimientos no se relegan a la memoria, sino que se incorporan a la vida Nº 517; la memoria del hombre sensual Nº 353; la memoria de quienes mueren en la infancia Nº 345; la memoria permanece después de la muerte cap. XLVIII; la memoria natural se retiene en la otra vida, pero no tiene ningún valor Nº 355; la memoria se retiene y se pone de manifiesto en el mundo de los espíritus Nº 462b, 463; los datos meramente naturales de la memoria no permanecen después de la muerte Nº 464.
MENTE: El cuerpo es la imagen de la mente Nº 374; la mente humana es como el humus Nº 356; la mente de los niños Nº 277; la correspondencia entre el cielo y la substancia de la mente del hombre Nº 418; las cosas de la mente del hombre pertenecen al mundo espiritual Nº 90; la verdad vivida ilumina los pensamientos de la mente Nº 603; la mente tiene dos vías de ingreso, una para la verdad y otra para la falsedad Nº 430; las dos partes de la mente Nº 367; las consecuencias de la obstrucción de las regiones superiores de la mente Nº 532; para que la mente pueda elevarse hacia las cosas espirituales y celestiales, debe apartarse de las cosas sensoriales Nº 465; la mente puede elevarse por sobre las cosas del mundo Nº 169; el amor al Señor devela la interioridad de la mente en el tercer grado Nº 271; la mente interior e-valúa los pensamientos de la memoria natural Nº 356; su interioridad está conformada para captar la verdad Divina Nº 347; la interioridad y la índole de la mente se hacen visibles en el mundo espiritual cuando el Señor así lo desea Nº 481; la mente humana y la angélica son iguales Nº 314; la mente durante la resurrección Nº 449; la exploración de la mente de aquellos que se aman así mismos Nº 560; en el segundo estado después de la muerte al hombre le es dado asumir la interioridad de su mente Nº 499; un ángel conoce la mente de otro ser por su articulación verbal Nº 236; las cosas que pueblan los cielos deleitan más la mente que los ojos de los ángeles, porque en ellas ven sus correspondencias Nº 185; ni en el cielo ni el el infierno le es dado al hombre poseer una mente dual Nº 425; la conjunción de las mentes en el verdadero matrimonio Nº 281, 275.
MÉRITO: Como estímulo no conduce al cielo Nº 535.
MIEMBROS: El cielo está compuesto por partes o miembros igual que un hombre Nº 65; los miembros del cuerpo Nº 95, 96.
MISERICORDIA: La misericordia Divina definida Nº 522, 523; erróneas creencias sobre la misericordia Nº 526; la misericordia alcanza a todos los seres Nº 318, 364; nadie es recibido en el cielo exclusivamente por misericordia, sin que se tomen en cuenta los medios cap. LIV., Nº 54; todos los habitantes del cielo acceden a él por misericordia del Señor Nº 342; la misericordia Divina opera a través de ciertos medios, y consiste en ser guiado por el Señor Nº 480.
MOCIÓN: Toda moción vital depende del corazón y los pulmones Nº 446.
MORADA: El cielo lleva el nombre de morada de paz Nº 287.
MORADAS: De los ángeles cap. XXI., Nº 177; moradas en el cielo Nº 148, 149; moradas en los infiernos Nº 151, 586; moradas de aquellos que están recibiendo preparación para ingresar al cielo Nº 514.
MORAL: La verdadera y la falsa moral Nº 319.
MOTIVO: El motivo de las acciones y las obras determina su verdadero carácter Nº 472; el motivo es el factor esencial del acto Nº 358; motivos en los tres planos de la vida Nº 530, 531; el amor de sí mismo como motivo Nº 555; el motivo verdadero de la vida de caridad Nº 535; el motivo de la vida moral Nº 319.
MUERTE: Su descripción Nº 445; la resurrección del hombre de entre los muertos cap. XLVI; la racionalidad del hombre después de la muerte Nº 353, 464; después de la muerte el hombre es tal como fue su vida en el mundo cap. XLIX; la negación o el reconocimiento de la Divinidad determinan la condición del hombre después de la muerte Nº 584; el hombre no puede ser reformado después de la muerte Nº 480; los deleites del hombre se tornan después de la muerte en deleites correspondientes cap. L; con la muerte el hombre no pierde nada de lo que le es propio Nº 461; la muerte espiritual Nº 80, 474; creencia en la vida después de la muerte Nº 183; la intuición que el hombre posee a-cerca de la vida después de la muerte procede de un influjo Nº 602; su primer estado después de la muerte cap. Ll. ; su condición inmediatamente después de la muerte Nº 433; después de la muerte el hombre posee una perfecta forma humana cap. XLVII. ; después de la muerte el hombre está en posesión de todos sus sentidos, y está dotado de memoria, pensamiento y afecto cap. XLVIII., Nº 464; el amor predominante permanece en el hombre después de la muerte Nº 363; lo que el hombre ha asimilado en el mundo lo retiene después de la muerte Nº 349; todo aquello que está en el espíritu del hombre durante su vida en el cuerpo permanece en él después de la muerte Nº 395; después de la muerte el hombre es su propio amor y su propia voluntad Nº 479; no hay lugar para el arrepentimiento después de la muerte Nº 527; quiénes no pertenecen a la iglesia reciben instrucción después de la muerte Nº 308; los niños después de la muerte Nº 332.
MUERTOS: Resurrección de entre los muertos cap. XLVI; los ángeles que asisten al hombre durante su resurrección de entre los muertos Nº 391.
MUJER: Corresponde al afecto por el bien; nació para el afecto, es decir para pensar según su voluntad Nº 368; hombre y mujer Nº 366, 369.
MUNDO: Amor del mundo Nº 354, 565; correspondencia de la fogosidad del mundo Nº 122; fuerza en el mundo natural Nº 589; ignorancia y falsas creencias en el mundo sobre el cielo y el infierno Nº 311, 312, 357; acerca de quienes son realmente inteligentes Nº 346, sobre el júbilo celestial Nº 412; el mundo está en conjunción con el cielo en el hombre Nº 252; conjunción del cielo y el mundo a través de las correspondencias Nº 112; la vida del mundo Nº 318; el calor y la luz en el mundo Nº 136; el sol produce los períodos de tiempo y las estaciones en el mundo Nº 164; todas las cosas del mundo natural son materiales, y están desprovistas de vida Nº 432; influjo Divino en el mundo, no relacionado con el hombre Nº 112; en la medida en que el hombre vive en el bien, su mundo interior se halla subordinado al cielo y está a su servicio Nº 57; el hombre ha sido conformado para el cielo solamente a través del mundo Nº 360.
El mundo espiritual fluye en el natural como la causa en el efecto Nº 567; conjunción del mundo natural con el espiritual en el hombre Nº 112, 247; el mundo natural subsiste gracias al mundo espiritual y por obra de la Divinidad Nº 106; no puede darse un influjo del mundo natural en el espiritual Nº 319; todo lo perteneciente al mundo natural tiene su origen y correspondencia en el mundo espiritual Nº 89; en las cosas del mundo natural, las del mundo espiritual, se reflejan como en un espejo Nº 56; el mundo espiritual tiene una apariencia similar a la del mundo natural Nº 582; el Señor reside en ambos mundos en Su orden Divino Nº 57; el hombre habita en ambos mundos Nº 304; el mundo espiritual no puede comprenderse sin conocer las correspondencias Nº 88; en el mundo espiritual las distancias dependen de las diferencias en los estados de interioridad Nº 42; las regiones en el mundo espiritual no son fijas Nº 123; en el mundo espiritual existe una absoluta comunión de afectos Nº 552; la condición del hombre al ingresaren el mundo espiritual Nº 330. El mundo de los Espíritus Nº 292; qué es el Mundo de los Espíritus cap. XLIV; su uso Nº 420; sus números Nº 426; su apariencia y sus salidas Nº 429, 479; su situación Nº 423, 583; el Mundo de los Espíritus y sus habitantes, se mantienen en equilibrio entre el cielo y el infierno Nº 540, 590; el hombre se mantiene en este equilibrio por influjo de espíritus que habitan en el Mundo de los Espíritus Nº 540; el Mundo de los Espíritus permite al hombre establecer conjunción con el cielo y el infierno Nº 600; la memoria se retiene y es develada en el Mundo de los Espíritus Nº 462b; la conjunción del intelecto y la voluntad en el Mundo de los Espíritus Nº 423; la conjunción en el hombre del bien y la verdad, y el mal y la falsedad, tiene lugar en el Mundo de los Espíritus Nº 422; la condición del espíritu a su ingreso en el Mundo de los Espíritus Nº 457, 494; cómo son tratados los hombres según su índole en el mundo de los Espíritus Nº 427; protección en el Mundo de los Espíritus Nº 391; modo en que son recibidos los espíritus al ingresar al Mundo de los Espíritus Nº 548; los espíritus son explorados interiormente al ingresar allí Nº 496; su sorpresa al ingresar a ese mundo Nº 495; allí, cada cual debe ser la imagen de su propio afecto o amor Nº 498; en el Mundo de los Espíritus todos se comunican con el cielo o el infierno Nº 294; en el Mundo de los Espíritus el hombre se halla en equilibrio Nº 590; estadía de los espíritus en el Mundo de los Espíritus Nº 426; su partida del Mundo de los Espíritus Nº 429. (Ver Estado).
MÚSICA: El modo en que expresa los afectos Nº 241.
NACIMIENTO: La regeneración es un renacimiento Nº 279; cómo tiene lugar el nacimiento espiritual Nº 345; correspondencia de nacimiento Nº 382b.
NACIÓN: "Los pobres" en la Palabra denotan a las naciones que anhelan la verdad Nº
NACIÓN JUDIA: El hombre rico que es arrojado al infierno, la representa Nº 365.
NATURAL: La Divinidad natural Nº 31; los hombres sensuales conciben lo espiritual tan sólo como algo natural más purificado Nº 38; lo que procede del sol del mundo se denomina natural Nº 172; los ángeles no pueden expresar las cosas en el lenguaje natural Nº 246; nada de lo que es natural existe sin su correspondiente contraparte espiritual Nº 487; los seres naturales sólo ven las cosas que tienen origen natural Nº 582.
NATURALEZA: La naturaleza entera tiene su origen en el sol del mundo Nº 116; todas las cosas de la naturaleza son correspondencias Nº 101-107; la naturaleza es algo relativamente muerto, y está subordinada a las cosas espirituales Nº 489; todas las cosas de la naturaleza son formas o efectos de los usos Nº 112; el cuerpo no es un producto de la naturaleza Nº 102; aquellos que reconocen a la naturaleza confiriéndole el lugar de la Divinidad Nº 353; los infiernos en los que moran aquellos que han reconocido a la naturaleza, negando a la Divinidad Nº 575; la naturaleza de los malignos en el segundo estado después de la muerte Nº 508; en el mundo espiritual cada cual actúa según su propia naturaleza Nº 574.
NATURALEZA PROPIA: Del hombre, definida Nº 501; los espíritus que moran en los infiernos están sumidos en su naturaleza propia Nº 591; naturaleza propia de los ángeles Nº 158, 160; los que gozan de genuina inocencia son apartados de su naturaleza propia Nº 278.
NIÑAS: Su educación en el cielo Nº 391.
NIÑEZ: (Puericia) Los espíritus que acompañan al hombre durante la última etapa de su niñez viven en el afán de conocer Nº 295; la educación durante la última etapa de la niñez en el cielo Nº 391.
NIÑOS: Denotan inocencia Nº 341; los niños en el cielo cap. XXXVII; inmediatamente después de la muerte se hacen cargo de ellos mujeres angélicas Nº 332; cómo se los instruye en el cielo Nº 329, 334; estados que experimentan después de la muerte Nº 336; su modo de vida en el cielo Nº 337; en el cielo llegan solamente a la primera etapa de la juventud, y en ella permanecen Nº 340; en el cielo a veces son retrotraídos a sus maldades hereditarias Nº 342; en el cielo se los instruye por medio de tentaciones Nº 343; su educación Nº 344; en el cielo no están dotados del plano de la memoria Nº 345; en el Hombre Máximo Nº 333; celestiales y espirituales Nº 333, 339; su descripción: se hallan bajo los especiales auspicios del Señor Nº 277; los ancianos terminan pareciéndose a los niños Nº 278; la conformación de su interioridad Nº 282; su naturaleza nº 288; piensan que todas las cosas tienen vida Nº 338; las sociedades en el cielo que se ocupan de los niños Nº 391; los niños en el cielo Nº 4.
NOCHE: Significa ausencia de amor y sabiduría; en el cielo no hay nada que se parezca a la noche Nº 115.
NOVIA: Porqué la iglesia es llamada "la Novia" Nº 371.
NOVIO: Porqué el Señor es llamado "el Novio" Nº 180, 371.
NUBES: Significan la Palabra en el sentido literal Nº 1; protegen a los ángeles Nº 120; anillo nebuloso alrededor del sol del cielo Nº 159; las nubes negras del otro mundo proceden del mal Nº 549.
NUEVAJERUSALEM: Su significado Nº 187, 307; significa una nueva iglesia Nº 197.
NÚMEROS: Su correspondencia Nº 263; número de infiernos cap. LXI.
NUTRICIÓN: EL conocimiento, la inteligencia y la sabiduría son nutrición espiritual Nº 274,
OBEDIENCIA: El oído corresponde a la obediencia Nº 271; los que habitan en los oídos del Hombre Máximo viven en atención y obediencia Nº 96; la obediencia como motivo para obrar Nº 472.
OBJETOS: Naturaleza de los objetos en el cielo nº 171, 172.
OBRAS: Las obras carentes de amor no tienen vida, pertenecen a la muerte Nº 474; su verdadero carácter está determinado por la inteligencia y la voluntad que las respaldan Nº 472; las obras y las acciones emanan del amor y la fe Nº 474; el hombre es juzgado de acuerdo con sus obras Nº 470, 471; las obras conforman la exterioridad o plano exterior Nº 475; toda obra y toda acción conciernen a la vida moral y civil Nº 484; las buenas obras son equiparables a los frutos Nº 111.
OBSESIÓN: Cómo sobreviene; ya no puede darse Nº 257.
OCCIDENTE: El occidente en el cielo nº 148, 149; y en el infierno Nº 587.
OCUPACIÓN: En el cielo procede de las correspondencias Nº 394.
OCUPACIONES: De los ángeles cap. XLI; las ocupaciones en el cielo derivan del deleite del amor al uso Nº 393.
ODIO: En los matrimonios infernales Nº 377; el odio de los espíritus malignos contra las cosas sagradas Nº 570.
OÍDO: El órgano auditivo percibe las palabras de los ángeles por una vía interior Nº 248; los ángeles del íntimo cielo aprenden por vía auditiva nº 271; uso y deleite del sentido del oído Nº 402; el sentido del oído en el mundo espiritual Nº 462.
OJOS: Corresponden al intelecto Nº 97, 145; ojos naturales y espirituales Nº 171; los ángeles pueden ser vistos solamente con los ojos del espíritu Nº 76; los ojos de los ángeles ven desde su interioridad Nº 147; los niños en el Hombre Máximo ocupan la provincia de los ojos Nº 333; la sensación de que alguien descorre uno de los párpados del ojo durante la resurrección Nº 450.
ORACIÓN: En el cielo Nº 222; la oración es el reconocimiento del poder de Dios y Sus ángeles Nº 228.
ORDEN: Procede del Dios supremo Nº 322; el verdadero orden de la vida del hombre Nº 352; la Encarnación se hizo necesaria porque el hombre había subvertido el orden Nº 101; el verdadero y el falso orden en el pensamiento y en el lenguaje N° 499; el orden del cielo en la mente del hombre Nº 454; el hombre nace en la ignorancia porque su vida se contrapone al orden, los animales poseen un conocimiento innato porque permanecen en su orden natural Nº 108; el Señor nunca obra contra el orden Nº 523; el orden en el reino vegetal Nº 109.
El orden Divino y su operación Nº 523; las causas del orden Divino Nº 107; la actividad del orden Divino Nº 315; el hombre nace con una tendencia diametralmente opuesta al orden Divino Nº 296; la relación de los grados y el orden Divino Nº 38; los usos están coordinados de acuerdo con el orden Divino Nº 392; todas las cosas del cielo están organizadas de acuerdo con el orden Divino Nº 389; todo lo que está organizado de acuerdo con el orden Divino se relaciona con el bien y la verdad Nº 107; el Señor recibe a todos los que viven de acuerdo con las leyes del orden Divino Nº 420; el Señor habita en Su orden Divino en ambos mundos, porque Dios es orden Nº 57; todas las cosas que concuerdan con el orden Divino, corresponden al cielo, las que se contraponen, al infierno Nº 113; la violación del matrimonio es contraria al orden Divino Nº 385; la poligamia es opuesta al orden Divino Nº 379. (Ver Plano Externo).
ÓRGANOS: Las sociedades corresponden a los órganos Nº 217; son los agentes de los sentidos Nº 434.
ORIENTE: En el cielo está donde está el Señor Nº 141; significa el amor y el bien claramente percibidos Nº 150; los que moran en el oriente del cielo Nº 148; en el infierno Nº 151.
ORIGEN: Del amor conyugal Nº 371; origen de las cosas espirituales y de las cosas naturales Nº 582; la vida toma su origen del Señor como sol Nº 141.
ORO: El oro, la plata y el cobre, significan, respectivamente, bien celestial, espiritual y natural Nº 115.
OTOÑO: Su correspondencia Nº 166.
PADRE: Condición después de la muerte de aquellos miembros de la iglesia que reconocen solamente al Padre Nº 3, 6; madre y padre significa verdad en conjunción con el bien Nº 382b.
PADRES: Sus errores al educar a los niños Nº 344.
PAISAJES: En el cielo Nº 489.
PALABRA: La palabra reemplaza al hombre como cimiento de los cielos Nº 305, 309; enseña el bien espiritual y la verdad espiritual Nº 512; la conjunción del cielo con el hombre se establece por medio de la Palabra cap. XXXIV; el hombre debe ser instruido por medio de la Palabra y no por escrituras procedentes del cielo Nº 258; fue dictada a los profetas Nº 254, 259; fue escrita después de que la ciencia de las correspondencias cayese en el olvido Nº 306; posee un sentido espiritual hasta en el menor detalle N-114, 150, 365; el sentido espiritual de varios pasajes Nº 307; del sentido literal pueden derivarse herejías Nº 311; la iglesia que posee la Palabra es como el corazón y los pulmones de un hombre Nº 308; el mero conocimiento de la Palabra y de las doctrinas no determina que una persona vaya al cielo Nº 518; la verdad aprendida en la Palabra es removida de aquellos que carecen de fe Nº 482; la sabiduría Divina en la Palabra Nº 310; contiene las leyes del orden Divino Nº 202; opiniones sobre los pobres y los ricos derivadas de la Palabra Nº 357; Swedenborg leyó la Palabra en presencia de espíritus Nº 322; los ángeles a-firman que la Palabra enseña que los ángeles son hombres Nº 183; a los buenos espíritus se les imparten doctrinas derivadas de la Palabra Nº 516; la Palabra en el cielo Nº 261, 393, 526. Las palabras angélicas expresan mucho más que las palabras humanas Nº 239, 269. (Ver Correspondencias).
PALACIOS: En el cielo Nº 184, 185, 218, 361; el cielo comparado a un palacio Nº 51; la sabiduría comparada a un palacio Nº 270.
PAN: Su correspondencia y su uso en el culto Nº 111.
PÁNCREAS: Del Hombre Máximo Nº 96, 217.
PANTANOS: En el infierno Nº 354.
PAPISTAS: En la otra vida Nº 508, 562.
PARAÍSO: Significa inteligencia y sabiduría Nº 111; la inocencia en el paraíso Nº 341; porqué el cielo se llama paraíso Nº 136.
PARTE, PARTICULAR: (Ver General).
PAZ: Qué es la verdadera paz Nº 290; origen de la paz Nº 286; la paz es el más íntimo deleite del bien de la inocencia Nº 285; el sabat significa reposo y paz Nº 287; la paz de los ángeles y el cielo cap. XXXII., Nº 284, 288; la paz difiere en calidad y cantidad según el estado de inocencia Nº 288; la paz y la inocencia son las dos cosas más íntimas del cielo Nº 285.
PECHO: El "pecho" significa caridad Nº 97; el pecho del Hombre Máximo Nº 65.
PELEA: Entre niños destruye su sentimiento de amor mutuo Nº 344.
PENSAMIENTO: Qué significa el término "pensamiento" Nº 500; su relación con la vida Nº 526; todo pensamiento emana del afecto Nº 236, 298; está determinado por las intenciones Nº 532; el pensamiento entre los pueblos antiguos Nº 323; muchas cosas celestiales pueden expresarse en ideas propias del pensamiento natural Nº 239; difusión del pensamiento y el afecto Nº 203, 477; fuente del pensamiento en los buenos y en los malos Nº 577; el pensamiento sin acción es nulo, se desvanece y se disipa Nº 475; todo lo que pertenece al pensamiento está inscripto no sólo en el cerebro sino también en todo el cuerpo Nº 463; la verdad que es amada ilumina el pensamiento al ingresar en la mente Nº 603; una Divinidad invisible no es objeto del pensamiento Nº 3. El pensamiento del hombre que procede de la luz natural Nº 170; el pensamiento en aquellos que se aman a sí mismos Nº 561; el pensamiento natural se basa en ideas que participan del tiempo y del espacio Nº 169; el espacio es de otra naturaleza que el pensamiento Nº 196; ejemplos de pensamiento interno y externo Nº 496; el pensamiento externo y el interno deberían formar una sola cosa por medio de las correspondencias Nº 499; los niños no poseen pensamiento interno Nº 277; cuando el hombre piensa haciendo abstracción del cuerpo, a veces aparece en su sociedad angélica Nº 438; los espíritus penetran el pensamiento del hombre Nº 292; las palabras pronunciadas por un ángel llegan primero al pensamiento del hombre Nº 248; los ángeles transforman el pensamiento natural del hombre en pensamiento espiritual Nº 165; cuando se halla en el cuerpo el hombre piensa natural y espiritualmente Nº 356; el pensamiento de los ángeles es espiritual, el de los hombres natural Nº 306; diferencia entre el pensamiento natural y el espiritual Nº 130, 464; cómo se alcanza el pensamiento espiritual Nº 512; ángeles que tuvieron acceso al pensamiento natural de Swedenborg Nº 168; cómo se debe pensar acerca de los ángeles Nº 183; el pensamiento trasciende la muerte cap. XLVlll; el pensamiento del espíritu se comunica con la respiración Nº 446; la comunicación de pensamiento con los ángeles durante la resurrección Nº 449; pensar correctamente acerca de Dios es esencial para ingresar al cielo Nº 358; el pensamiento de los ángeles es inconmensurablemente superior al de los hombres Nº 576; se piensa más sabiamente en el cielo Nº 462a; pensamiento de los ángeles Nº 266; porqué los ángeles piensan espiritualmente Nº 199; las palabras de los ángeles ingresan directamente en el pensamiento del hombre Nº 251; entre los ángeles, el pensamiento derivado del amor celestial posee forma humana Nº 460; apariencia de los detalles del pensamiento de los ángeles Nº 240; objetos de pensamiento en el otro mundo Nº 355; los ángeles reconocen la naturaleza de la libertad de un espíritu por una comunicación de afecto y pensamiento Nº 590; cada uno de los pensamientos de los ángeles se difunde en la plenitud del cielo Nº 79; en el cielo la lengua no se aprende, ya que fluye espontáneamente del afecto y el pensamiento Nº 236; el pensamiento y el habla coinciden en la otra vida Nº 2, 457; en el cielo, la escritura fluye naturalmente del pensamiento Nº 262; los habitantes del mundo espiritual ven en su pensamiento a quienes desean ver Nº 194, 494; los pensamientos de un cielo superior nunca se perciben en uno inferior Nº 210.
El pensamiento no puede existir sin la voluntad Nº 199; cómo el pensamiento y la voluntad conforman una sola cosa Nº 372; en el segundo estado después de la muerte el pensamiento y la voluntad del hombre conforman una sola cosa Nº 503; el pensamiento puede proceder del intelecto disociado de la voluntad Nº 424; el hombre es tal como su pensamiento y su voluntad Nº 463; el pensamiento hace al hombre en la medida en que emana de la voluntad Nº 474; el pensamiento es la forma de la voluntad Nº 500; vivir espiritualmente es pensar y querer Nº 432; el pensamiento y la voluntad constituyen la interioridad Nº 444; el pensamiento y la voluntad rigen el cuerpo Nº 453; el pensamiento y la voluntad se realizan en las obras Nº 475; la voluntad y el pensamiento que contienen las acciones y obras determinan su carácter Nº 472. (Ver Vida, Percepción).
PERCEPCIÓN: Aquellos que habitan en las fosas nasales del Hombre Máximo gozan de percepción Nº 96; "aroma de paz" significa percepción de paz Nº 287; la percepción en la luz del cielo Nº 130; las doctrinas de los diferentes cielos están a-daptadas a la percepción de los ángeles Nº 227; la percepción de la verdad por los ángeles del íntimo cielo Nº 270; el Señor concede moradas a los ángeles según su percepción del bien y la verdad Nº 190; la percepción de los ángeles es nítida Nº 462a; el hombre natural no puede percibir el júbilo celestial Nº 395; cómo percibió Swedenborg el júbilo celestial Nº 413; la percepción de la mente del hombre Nº 356; la percepción de la verdad Nº 352; la percepción de la vida después de la muerte Nº 478; la presencia del Señor se percibe en la interioridad Nº 147.
PERFECCIÓN: Se da a través de la variedad Nº 405; la unidad de las partes es el cimiento de toda perfección Nº 56; la variedad dispuesta según la forma celestial constituye la perfección Nº 71; toda perfección aumenta en la medida en que es más interior y disminuye según es más exterior Nº 34, 459; naturaleza de la perfección en el cielo Nº 56, 418.
PERVERSOS, PERVERSIDAD: Cómo son arrojados al infierno los perversos Nº 491; la perversidad de los espíritus malignos después de la muerte Nº 508.
PIEDAD: La verdadera y la falsa piedad Nº 535; una vida piadosa sin caridad no es valedera Nº 350.
PIEDRAS: Significan la verdad Divina Nº 534; las iglesias en el reino espiritual están hechas de piedra Nº 223; piedras preciosas en el cielo Nº 489.
PIES: El primer cielo conforma los pies y los brazos del Hombre Máximo Nº 65; su correspondencia Nº 97.
PLACERES: Del mundo no impiden el acceso al cielo Nº 358, 359.
PLANETAS: Todos están habitados Nº 417.
PLANO EXTERNO: Los dientes corresponden al plano más externo de la naturaleza Nº 575; las obras son el plano externo en el cual concluyen la voluntad y el pensamiento Nº 475; el plano externo de los conocimientos y los afectos permanece en estado de reposo en la otra vida Nº 480; el plano externo del orden Divino reside en el hombre Nº 304; el orden Divino nunca carece de un plano externo Nº 315; el orden Divino concluye en el mundo que es su plano externo Nº 107; la profanación del plano externo del orden Divino por parte de los espíritus infernales Nº 580.
PLANOS: De la memoria Nº 345.
PLENITUD DE TODO: El Señor es la plenitud de todo en el cielo Nº 58.
POBRES: Con este término se designa a aquellos que anhelan tener conocimientos del bien y la verdad pero carecen de ellos Nº 420; tentaciones de los pobres Nº 364; los pobres en el cielo cap. XXXIX; "el hombre pobre a la puerta del hombre rico" Nº 365; ingresan al cielo por la vida que han hecho, y no por su pobreza Nº 364.
PODER: Deriva de la conjunción del bien y la verdad Nº 232; el poder de un hombre deriva de su voluntad y su intelecto Nº 228; el poder espiritual procede de la verdad del bien Nº 539; el poder de la verdad Divina es absoluto en los cielos Nº 137, 231; los ángeles como poderes Nº 137, 231; el poder de los ángeles cap. XXVI; el poder en el infierno Nº 233; brazos y manos significa poderes Nº 231.
POLIGAMIA: Nº 379.
PREDICA: En el cielo Nº 221, 223, 393.
PREDICADORES: En el cielo proceden todos del reino espiritual Nº 225; y no se los llama sacerdotes Nº 226.
PRESENCIA: El Señor está presente en todas las cosas nº 124; la presencia del Señor como causa determinante nº 199; la presencia del Señor en el cielo Nº 147; en el mundo espiritual uno se hace presente ante otro con sólo desearlo Nº 194; en el cielo los seres parecen estar presentes en el lugar donde fijan su mirada Nº 121.
PRINCIPE DE LA PAZ: El Señor es llamado "Principe de la Paz" Nº 287.
PRINCIPIO: O Esse, o Verdadero Ser Nº 9; todas las cosas deben estar vinculadas con el Principio a través de nexos intermedios Nº 37, 106, 303.
PRÍSTINO: Los simples, en su intelecto, ven a Dios como el Prístino en todo su esplendor Nº 82.
PROCREACIÓN: En el cielo y en la tierra Nº 382; el orden Divino se renueva en el acto de la procreación Nº 315.
PROFANACIÓN: Quienes profanan la verdad son arrojados a los infiernos más profundos Nº 456.
PROFETAS: Vieron a los ángeles con sus ojos espirituales Nº 76; cómo habló el Señor con los profetas Nº 254.
PRÓJIMO: Qué es el prójimo Nº 290; la naturaleza del amor al prójimo Nº 15, 16, 399; el verdadero y el falso amor al prójimo Nº 558; en el cielo el bien es el prójimo Nº 64; en el cielo todos aman al prójimo más que a sí mismos Nº 406; los deleites del alma fluyen del amor al Señor y del amor al prójimo Nº 396.
PROVIDENCIA: Los pobres pueden rumiar pensamientos malignos sobre la providencia Divina Nº 364.
PRUDENCIA: Los niños carecen de prudencia Nº 277.
PUEBLOS: De las diferentes Edades Nº 115; los más antiguos pueblos estaban constituidos por hombres celestiales Nº 87; su interioridad miraba hacia el cielo y conocían la revelación directa Nº 306. Los antiguos pueblos oficiaban su culto en arboledas que daban hacia el oriente, debido a las correspondencias Nº 111, 119; su escritura Nº 260; su principal conocimiento era la ciencia de las correspondencias nº 87; Swedenborg habló con espíritus que procedían de los antiguos pueblos Nº 323.
PUERTAS: Del cielo y del infierno Nº 428, 430, 583, 585.
PULMONES: Correspondencia Nº 95, 96. (Ver Corazón).
PULSO: Durante la resurrección Nº 449.
RACIONAL: La facultad racional en el cielo es más clara Nº 465; cómo se cultiva la facultad racional Nº 468, 489; las bestias no poseen facultad racional Nº 108.
RACIONALIDAD: Verdadera y falsa Nº 464; los malvados se ven privados de racionalidad después de la muerte Nº 506.
RAZA: La raza humana es preservada por el Señor por medio de un equilibrio Nº 592; los matrimonios son los seminarios de la raza humana Nº 384; los seres humanos que no pertenecen a la iglesia donde se halla la Palabra, derivan su vida de esa iglesia Nº 308; entre la quinta y la cuarta parte de la raza humana muere en la infancia Nº 416; la conjunción del cielo con la raza humana cap. XXXII; el cielo y el infierno proceden de la raza humana cap. XXXV., Nº 311; la similitud de la mente humana y la angélica prueban que el cielo procede de la raza humana Nº 314.
RAZONAMIENTO: El modo en que razonan los hombres sensuales Nº 353; los espíritus razonan acerca de qué es lo que debe creerse Nº 320; los razonamientos sirven para defender cualquier deleite, ya sea bueno o malo Nº 385; razonamientos sobre la verdad y la falsedad Nº 455.
RECEPCIÓN, RECIPIENTE: Se mide por el amor Nº 349; la recepción del Señor significa recepción del bien y la verdad que proceden de El Nº 80; los ángeles son recipientes del bien Divino y la verdad Divina Nº 232; recepción de los ricos y los pobres en el cielo Nº 357.
REENCARNACIÓN: La causa de la creencia en la reencarnación Nº 256.
REFORMA: Cómo el hombre se reforma Nº 424; el hombre es reformado bajo el influjo de espíritus malignos y benignos Nº 293.
REGENERACIÓN: La regeneración es el renacimiento del hombre espiritual Nº 279; la regeneración descripta por un ángel Nº 269; la regeneración no se efectúa con el bautismo Nº 329; quiénes son regenerados antes de la muerte Nº 491; estado de paz del hombre al ser regenerado Nº 289.
REGIONES: En el cielo cap. XVI., Nº 17; significan a las cosas relativas a quienes habitan en ellas Nº 150; difieren en los distintos reinos del cielo Nº 146; los lugares de residencia en el cielo se encuentran en diferentes regiones, de acuerdo con la calidad de los ángeles Nº 148; en el mundo espiritual no son fijas Nº 123; en ambos mundos se determinan por su sol Nº 141.
REINO: Los tres reinos de la naturaleza Nº 104; el equilibrio en el reino natural Nº 589; los amores del hombre conforman un reino Nº 477; todos los habitantes del cielo consideran que el reino del Señor es el bien general, el cual se debe procurar Nº 64; el reino del Señor es un reino de fines y usos Nº 112, 219, 387; el reino celestial se llama reino Sacerdotal del Señor, el reino espiritual, reino Soberano del Señor Nº 24, 226; el gobierno del reino del Señor Nº 406; reinos en el cielo cap. IV; correspondencia de los reinos del cielo en el hombre Nº 95; las regiones difieren en los diferentes reinos del cielo Nº 146; topografía del reino celestial Nº 188; vías que conducen a los distintos reinos Nº 520; la luz varía en los diferentes reinos Nº 128; diferencias en el lenguaje entre ambos reinos Nº 241; cómo aparece el Señor como sol en los diferentes reinos Nº 118, 159; el gobierno en el reino espiritual Nº 215, 217; todos los predicadores del cielo proceden del reino espiritual Nº 225; forma de gobierno en el reino celestial Nº 214; durante la resurrección se establece una comunicación entre el pulso cardíaco y el reino celestial Nº 449.
RELACIONES: Que se establecen en el cielo cap. XXIII., Nº 36, 64, 304; las relaciones que establecen entre sí no las determinan los ángeles, sino el Señor Nº 45, 205; tanto en el cielo como en el infierno las relaciones se establecen en base al amor predominante en cada cual Nº 479; que se establecen en la otra vida proceden del amor y la fe Nº 46.
RELIGIÓN: Se extendió partiendo del orbe asiático Nº 322; todo hombre posee una religión de algún tipo Nº 318; el principio de toda religión es el reconocimiento de la Divinidad Nº 319; el amor conyugal no puede darse entre quienes pertenecen a distintas religiones Nº 378.
REPOSO: Shabbath significa reposo y paz Nº 287; un mero estado de reposo no es la paz Nº 290.
REPRESENTACIONES: Y apariencias en el cielo cap. XIX; en qué consisten Nº 175; a los niños en el cielo se los instruye principalmente por medio de representaciones Nº 334; también se utilizan en la instrucción de los buenos espíritus Nº 517.
RESIDENCIAS: De los ángeles cap. XXI., Nº 183, 184; sus moradas en el cielo Nº 148, 149.
RESPIRACIÓN: Durante la resurrección Nº 449.
RESURRECCIÓN: Del Señor Nº 316, 334; la verdadera y la falsa idea de la resurrección Nº 312, 456; la resurrección del hombre después de la muerte cap. XLVI., Nº 447-450.
REVELACIÓN: La revelación directa de la verdad Divina no es accesible al hombre Nº 309; los pueblos más antiguos conocían la revelación directa Nº 306.
RICOS: En el cielo cap. XXXIX; ingresan al cielo con la misma facilidad que los pobres Nº 357; qué significa ser "rico" Nº 365; "rico" y "pobre" en la Palabra Nº 365; ricos en el infierno Nº 362; el anhelo de ser rico Nº 365; la riqueza no es una verdadera bendición Nº 364.
RIÑONES: Su correspondencia Nº 97; los riñones en el Hombre Máximo Nº 96.
RIQUEZA: No es un impedimento para ingresar al cielo Nº 357; distintas formas de amor a la riqueza Nº 565.
ROCA: Significa fe Nº 188; las hendiduras en las rocas corresponden a las falsedades Nº 488.
ROPAS: Los ángeles del íntimo cielo no llevan ropas Nº 280; ropas de los niños en el cielo Nº 337. (Ver Vestiduras).
ROSTRO: Las correspondencias se manifiestan en el rostro Nº 91; en los cielos los afectos interiores resplandecen en el rostro Nº 47, 48, 123; es la forma externa de la interioridad Nº 143, 251, 272; todos los rostros son distintos porque el amor predominante difiere en cada persona Nº 486; en el mundo de los espíritus el rostro se transfigura de modo tal que corresponde al afecto predominante Nº 457; la belleza del rostro en el cielo Nº 414; en el mundo espiritual cada uno tiene ante su rostro a aquellos que viven en un amor similar Nº 552; los rostros de los espíritus malignos Nº 553; los rostros de los hipócritas Nº 458; la orientación del rostro en los infiernos Nº 151; los ángeles hablan con el rostro Nº 244; durante la resurrección se siente como si se desprendiera un velo del rostro Nº 450; un rostro representativo que vió Sweden-borg Nº 47.
SABIDURÍA: Su correspondencia con la parte de la cabeza que contiene al cerebelo Nº 251; la sabiduría comparada a un palacio Nº 370; definición de la sabiduría Nº 148; la sabiduría pertenece a la vida Nº 348; la sabiduría consiste en el amor al uso Nº 390; cómo se adquiere la verdadera sabiduría Nº 356; saber, reconocer y percibir que lo que uno sabe es muy poco, es el primer paso hacia la sabiduría Nº 280; la sabiduría Divina en la Palabra Nº 310; la sabiduría no depende de lo que se retiene en la memoria Nº 464; las posibilidades de adquirir sabiduría que posee la mente humana Nº 314, 356; la sabiduría de los hombres que viven en el amor al Señor Nº 467; la sabiduría de la Antigua Iglesia Nº 322; la paz celestial es accesible al hombre que goza de verdadera sabiduría Nº 288; la inocencia de la sabiduría Nº 279; la sabiduría que encierran las letras de la lengua hebrea Nº 260; los hombres sensuales poseen conocimientos, pero no sabiduría Nº 267. Angeles llamados Sapiencias Nº 266; la sabiduría de los ángeles cap. XXX, se debe a que su interioridad está develada Nº 267; los ángeles pueden recibir sabiduría porque están exentos del amor de sí mismos Nº 272; su sabiduría difiere Nº 275; la fuente de su sabiduría Nº 169; su sabiduría depende del grado en que posean la forma del cielo Nº 201; el grado de sabiduría de los ángeles Nº 208, 267; la sabiduría de los ángeles de los diferentes cielos Nº 25, 26, 209, 270; la apetencia de sabiduría de los ángeles Nº 274; descripción de la sabiduría angélica Nº 269; la sabiduría en el lenguaje de los ángeles Nº 239; los ángeles se perfeccionan continuamente en amor y sabiduría Nº 221, 271, 469; la sabiduría de los ángeles no es comparable a la sabiduría del Señor Nº 273; un ángel de sobresaliente sabiduría detecta inmediatamente la calidad espiritual de otro, por su rostro Nº 48; todas las cosas que ven los ángeles en el cielo corresponden a su sabiduría Nº 177; la sabiduría que gozan en el cielo quienes en vida han reconocido a la Divinidad Nº 531; la sabiduría de los científicos en el cielo Nº 464; la percepción de la sabiduría angélica Nº 265; la comunicación de la sabiduría en el cielo Nº 268; la sabiduría que poseen en el cielo quienes en vida han amado la Palabra Nº 393; la sabiduría de las doctrinas del cielo Nº 227.
SABIOS: Los sabios en el cielo cap. XXXVIII; quiénes son realmente sabios Nº 348, 350; los sabios y los simples entre los gentiles Nº 322.
SACERDOCIO: Significa el bien del amor al Señor Nº 226.
SACERDOTE: (Ver Predicador).
SALVACIÓN: Procede del Señor Nº 321; no se alcanza solamente por misericordia Nº 521; la salvación de los gentiles Nº 318, 319; los moradores del infierno no pueden alcanzar la salvación Nº 595; lo que Swedenborg habló con los ángeles sobre la salvación Nº 526.
SANGRE: Del Señor significa verdad Divina Nº 147; el amor es el origen de su calor Nº 567.
SANTA CENA: Nº 111.
SANTIDAD: Verdadera y simulada Nº 224; externa e interna Nº 506.
SANTO ESPÍRITU: La verdad Divina se llama Santo Espíritu Nº 140.
SANTOS: No todos los santos Católicos Apostólicos Romanos fueron realmente buenos Nº 535.
SATANÁS: Nombre que se le da al infierno anterior Nº 311; significado de "Satanás" Nº 544.
SELVAS: En los infiernos Nº 586.
SEMBLANTE: Los ángeles que integran una misma sociedad poseen un semblante similar Nº 47.
SEMINARIOS: Los matrimonios de la tierra son los seminarios de la raza humana Nº 384.
SEÑOR: Su correspondencia con el sol y la luna Nº 1, 119; se llama a Sí Mismo "pan de la vida" según las correspondencias Nº 101; el Señor es el Único Hombre Nº 80; Su cuerpo, Su alma y Su resurrección Nº 316; porqué se lo llama "Novio" y "Esposo" Nº 180, 371; es llamado "Príncipe de la Paz" Nº 287; es llamado el "Oriente" Nº 191; se lo llama "Luz" Nº 129; Su Esencia Divina Nº 546; lo que procede del Señor es el Señor Nº 12; El es la fuente de toda vida Nº 9; cuando se hace referencia al uso se hace referencia al Señor Nº 389; falsas doctrinas sobre el Señor Nº 321; la misericordia Divina consiste en que el hombre sea guiado por el Señor Nº 480; en la medida en que uno recibe la misericordia Divina, es guiado por el Señor Nº 558a; el Señor guía a quienes poseen una interioridad conformada según el orden Divino Nº 499; cómo y por dónde fluye el Señor en la vida del hombre Nº 512; El atrae hacia Sí a quienes aman hacer las cosas que están bajo Su inspiración Nº 17; el hombre se vuelve hacia el Señor o se aparta de El Nº 123, 545; porqué no instruye al hombre por medio de visiones Nº 456; el bien del cielo procede del Señor Nº 591; lo que se hace por amor celestial, se hace por influjo del Señor Nº 484; cómo el hombre es protegido de los espíritus malignos por el Señor Nº 577; la libertad espiritual procede del Señor Nº 596; Su "justicia" Nº (348; Su "yugo", y Su "carga" Nº 359; Su advenimiento Nº 1; el amor espiritual al prójimo comienza por el Señor Nº 558b; El nunca hace nada que sea contrario al orden Nº 523; el Señor está presente en el orden Divino en ambos mundos Nº 57; El recibe a todos los que viven en conformidad con el orden Divino Nº 420; la inocencia es una predisposición a ser guiado por el Señor Nº 281; la inocencia y la paz proceden del Señor Nº 282, 285; quienes viven en estado de inocencia atribuyen todas las cosas al Señor Nº 278; cada cual recibe al Señor del mismo modo en que recibe al cielo Nº 55; el Señor fluye directamente en la voluntad del hombre, y por vía indirecta en su pensamiento Nº 26; la vista espiritual del hombre es develada cuando el Señor así lo desea Nº 76; de qué modo habló con los profetas Nº 254; El guía al hombre espiritual Nº 530; atrae a todos hacia Sí Mismo por influjo Nº 548; Su influjo en la interioridad del hombre Nº 253; El rige al hombre por medio de espíritus y ángeles Nº 247; todo hombre recibe Su influjo Nº 297; El fluye en las verdades Divinas que el hombre asimila Nº 250; cómo el Señor regenera al hombre Nº 329; mirar al Señor Nº 430; en el universo entero El es reconocido como Dios del cielo y de la tierra Nº 417; nadie puede gozar del verdadero matrimonio si no reconoce al Señor Nº 376; El es la misericordia, el amor y la bondad en su verdadera esencia Nº 524; la forma del bien y la verdad procede del Señor Nº 460; el bien Divino y la verdad Divina no residen en el Señor, sino que proceden de El; en El sólo habita el amor Divino Nº 139; la Palabra representa a la verdad Divina en el Señor y procedente del Señor Nº 137; la Divinidad procede del Señor como bien del amor y verdad de la fe Nº 7; El forma una sola iglesia a partir de muchas, según el bien del amor y la fe que reina en ellas Nº 57; El aparta continuamente al hombre maligno del mal, y guía al hombre bueno hacia el bien Nº 54; El mantiene a todo hombre en equilibrio entre el bien y el mal Nº 537; aquellos que se aman a sí mismos dan la espalda al Señor Nº 561; Su amor es receptivo del cielo y de todas las cosas que lo pueblan Nº 18; El dispuso que la Palabra fuese el medio de conjunción entre el cielo y el hombre Nº 304, 306; El vela por que los espíritus no adviertan que están con el hombre Nº 292; cómo rige el cielo y la tierra Nº 406; solamente el Señor es Hombre Nº 80; la suerte de aquellos que niegan al Señor Nº 3, 6, 83; El rige en los infiernos cap. LVI; el Señor no arroja a nadie al infierno cap. LVII; el castigo infligido a los malos espíritus no proviene del Señor, sino de su misma maldad Nº 550; si el Señor no rigiese el cielo y el infierno, no habría equilibrio Nº 592; solamente El conoce la posición de los infiernos en detalle Nº 587; en la Palabra "ángeles" quiere decir algo que es propio del Señor Nº 391; el Señor determina la conjunción o separación de los ángeles según su bien Nº 15, 383; todo el poder de los ángeles procede del Señor Nº 230; El dispone las viviendas de los ángeles según su percepción del bien y la verdad Nº 190; las ocupaciones de los ángeles, en realidad son ocupaciones del Señor Nº 391; las disposiciones del Señor están fuera del alcance mental de los ángeles, y trascienden su sabiduría Nº 39; El mira a los ángeles en la frente Nº 145; Su apariencia a los ojos de los ángeles Nº 55, 118; ante los ángeles, aparece como un ser de aspecto angélico Nº 52; El aparece en el cielo como un ángel, pero no en persona Nº 121; los ángeles afirman que viven en el cuerpo del Señor Nº 81; los ángeles del íntimo cielo viven virtualmente en el Señor Nº 280; los ángeles del íntimo cielo viven en el amor al Señor Nº 271; todos los habitantes del cielo viven en el Señor, y el Señor en cada uno de ellos Nº 8, 11; el Señor es el sol del cielo Nº 117, 120, 159, 549; el Señor visto como luna Nº 118; el Señores el centro general del cielo Nº 124; en el cielo el Señor es la plenitud de todo Nº 58; el culto del Señor en el cielo Nº 506; el Señor es el Dios del cielo Nº 25; Su presencia en el cielo Nº 147; el cielo está allí donde se reconoce al Señor, se cree en El y se lo ama Nº 56; el cielo ante los ojos del Señor tiene forma hu mana Nº 62; El rige todos los cielos como si fuesen un solo ángel Nº 52; El aparta a los habitantes del cielo de su naturaleza propia Nº 158; cada cielo, cada sociedad y cada ángel es un símil del Señor Nº 72; El establece una conjunción entre todos los habitantes del cielo por influjo inmediato o mediato Nº 37; el Señor rige el mundo espiritual por vía mediata, a través de gobernantes Nº 215; el gobierno del reino celestial está exclusivamente a cargo del Señor Nº 214; El recibe e instruye a todos los que mueren en la infancia Nº 416; los niños están bajo Sus inmediatos auspicios Nº 277, 332; El fluye en las ideas de los niños pequeños desde lo más íntimo de su ser Nº 336; Su resurrección representada ante los niños en el cielo Nº 335. (Ver Divinidad, Humano, Amor).
SENSUAL: Cómo es el hombre sensual Nº 267, 461.
SENSUALES - CORPORALES: Espíritus Nº 575.
SENTIDOS: El hombre está en posesión de sus sentidos después de la muerte cap. XLVIII; siguen activos cuando el hombre se separa de su cuerpo Nº 440; en el cielo la vista y el oído son más exquisitos que los otros sentidos Nº 462a; las nociones acerca del alma, basadas exclusivamente en los datos de los sentidos corporales, son erróneas Nº 456; los órganos sensoriales son los agentes de los sentidos Nº 434; los deleites de los sentidos emanan de su uso Nº 402; los deleites de los sentidos apartan del cielo Nº 398.
SER: El verdadero Ser (esse) Nº 9; creencia en un Ser Divino Nº 79, 80; el amor
Divino es el Ser Nº 139.
SERIES: Los habitantes de los cielos contemplan el devenir de las cosas bajo la forma de series armónicas Nº 205.
SERVIR: Significa hacer el bien a los demás por amor al bien Nº 218.
SEXOS: En el cielo Nº 366.
SHABBATH: Significa reposo y paz Nº 287.
SIMILITUD: Del hombre con ciertos animales deriva de las correspondencias Nº 110.
SIMPLES: Quiénes son Nº 350, 356; los simples tienen una idea acertada acerca de Dios, del cielo y de los ángeles Nº 74, 86; conciben a Dios como el Prístino en su esplendor Nº 82; la creencia que profesan los simples en la vida después de la muerte Nº 602; quienes son genuinamente inocentes, exterior-mente parecen simples Nº 278; los simples en el cielo cap. XXXVIII., NIº 18.
SINFÓNICO: Carácter sinfónico del lenguaje angélico Nº 242.
SIRVIENTES: En el cielo Nº 219.
SISTEMA NERVIOSO: Su descripción Nº 212.
SOCIEDADES: En el cielo cap- IV; las sociedades del cielo tienen la forma de un hombre cap. IX., Nº 68. 94; sociedades celestiales espirituales Nº 27; cada una de ellas es un cielo en forma menor cap. Vil., Nº 51, 72; su gobierno Nº 213; sus ocupaciones Nº 391; cada una tiene su propia esfera Nº 591; la distancia que las separa está determinada por su uso Nº 391; el culto en las distintas sociedades Nº 56; se comunican entre sí por la esfera de extensión que emana de cada una de ellas Nº 49; la comunicación entre las sociedades de los distintos cielos se establece exclusivamente a través de las correspondencias Nº 207; los caminos que conducen al cielo desde el Mundo de los Espíritus N* 479; disposición de las moradas en las sociedades celestiales Nº (149; difieren según su bien Nº 70; su crecimiento Nº 71; ubicación de los miembros de cada sociedad Nº 43, 52; los miembros de una misma sociedad son parecidos Nº 47; el hombre ingresa en la sociedad celestial correspondiente a su amor Nº 479, 510; en cuanto a su espíritu, el hombre pertenece a alguna sociedad celestial, y a veces aparece allí Nº 438; las distintas sociedades entran en conjunción por influjo del Señor Nº 208; la apariencia del Señor como sol en las distintas sociedades celestiales Nº 159; la apariencia] de aquellas sociedades en las que el Señor está presente de manera visible Nº 69; por cada sociedad celestial hay una sociedad infernal correspondiente Nº 542, 588, 594; todo espíritu entra en contacto con alguna sociedad celestial o infernal Nº 497; las sociedades infernales Nº 541. A veces los ángeles ven algunas sociedades del cielo bajo el aspecto de un solo hombre Nº 52, 62; ubicación de los ángeles en las diferentes sociedades Nº 43, 52; las ocupaciones de los ángeles varían de acuerdo con las funciones que desempeñan Nº 387; cómo son conducidos los ángeles hasta su propia sociedad Nº 519; son pocos los ángeles que salen de su propia sociedad para ir a otras, pero su esfera vital se extiende hacia otras sociedades Nº 49; los ángeles de las sociedades del norte y los de las del sur instruyen a los espíritus durante su tercer estado después de la muerte Nº 513; los ángeles supremos viven aparte de las sociedades, y se hallan bajo los auspicios Divinos de manera más directa Nº 50, 189; las sociedades celestiales mayores están constituidas por cientos de millares de ángeles Nº 50.
SOCINIANOS: Su condición después de la muerte Nº 3, 83.
SOL: Su correspondencia Nº 1, 119; aquellos que resplandecen como el sol Nº 348; todo lo que se extiende bajo el sol, recibiendo de él calor y luz se denomina mundo natural Nº 89; todo lo que es natural tiene su origen en el sol del mundo Nº 116; el poder de su calor y su luz Nº 137; el sol natural aparece ante los ángeles como una mera tiniebla Nº 122, 151; el sol del mundo como comparación para ilustrar el modo de obrar del Señor Nº 139; su inmutabilidad representa la inmutabilidad del Señor Nº 158; el sol natural genera períodos de tiempo y estaciones en el mundo; el sol del cielo, según su apariencia, marca cambios de estado en el cielo Nº 164; las cuatro regiones se hallan determinadas en ambos mundos por sus respectivos soles Nº 141; las cosas del cielo proceden del sol del cielo, y las de la tierra, del sol de la tierra Nº 172; los dos soles son la fuente de los dos géneros de calor Nº 567; el sol del cielo cap. XIV; el Señor es el sol del cielo Nº 117, 549; apariencia y posición del sol del cielo Nº 118, 159; la diferencia de posición entre el sol y la luna del cielo es de treinta grados Nº 146.
STORGE: El amor llamado Storge Nº 277.
SUCESIÓN PROGRESIVA: En el cielo se da una sucesión progresiva de todas las cosas Nº 163.
SUPERIOR E INFERIOR: Designan lo interior y lo exterior Nº 22.
SUBSTANCIA: Todo lo que existe interiormente en el hombre existe en formas que son substancias Nº 418; toda cosa que se supone que existe aparte de un agente substancial, nada es Nº 434.
SWEDENBORG: A Swedenborg le fue dado experimentar el estado de separación del cuerpo Nº 440, 441; le fue dado acceder al estado que se experimenta durante la resurrección Nº 449; porqué le fue dado ver y oír cosas espirituales Nº 312; cómo le fue dado hablar con los ángeles Nº 246; el idioma que empleó para hablar con los ángeles Nº 255; fue elevado hacia la luz por grados Nº 130; fue elevado hacia la esfera más íntima del cielo Nº 79; le fue dado contemplar la extensión del cielo inhabitado Nº 419; cómo vio los objetos del cielo Nº 174; viajó a través del espacio mediante cambios de estado Nº 192; le fue dado acceder a la percepción celestial del sentido de la eternidad Nº 67; accedió al estado angélico Nº 234; gozó de la paz del cielo Nº 284; le fue dado experimentar el júbilo y el deleite celestial Nº 413; con frecuencia pudo observar, mientras estaba en plena posesión de sus sentidos corporales, que los ángeles tienen forma humana Nº 74, 75; vio al Señor de distintas maneras Nº 118, 121; vio a una sociedad angélica en la que estaba presente el Señor Nº 69; pudo comprobar que los ángeles tienen continuamente al Señor ante su rostro Nº 143; vio a toda una sociedad bajo la forma de un solo ángel Nº 52; pudo apreciar el poder de los ángeles Nº 229, 231; vio los caminos que conducen al cielo y al infierno Nº 534; vio la forma que poseen ciertos infiernos Nº 553; le fue permitido examinar los infiernos, y ver cómo son por dentro Nº 586; presenció el efecto que les produce a los espíritus malignos el deleite celestial Nº 400; recibió instrucción acerca de las correspondencias en el reino vegetal Nº 109; vio palabras escritas e impresas en el cielo Nº 258; desde el cielo, recibió una hoja escrita en lengua hebrea Nº 260; vio niños en el cielo, y contempló su felicidad Nº 337.
A ciertos ángeles les fue dado penetrar en los pensamientos naturales de Swedenborg Nº 168; fue separado de su cuerpo para acceder a una sociedad angélica Nº 46, 47; y habló con los ángeles que la integraban Nº 16, 234, sobre la conjunción del cielo con el hombre Nº 302, sobre la salvación Nº 526, sobre sus moradas Nº 183, 184, sobre su forma Nº 77, sobre la Palabra Nº 310, sobre el tiempo Nº 168, sobre la vida eterna Nº 406, sobre el amor conyugal Nº 374, sobre el adulterio Nº 385; fue instruido por los ángeles acerca del juicio final Nº 312, sobre el culto Divino en el cielo Nº 222, 223, sobre los cambios de estado en el cielo Nº 158; habló con los espíritus como espíritu, y como hombre en posesión de su cuerpo Nº 436, con muchas personas que vivieron en diversas épocas del pasado Nº 363, 480, con aquellos que en el mundo hicieron una vida retirada, apartándose de los demás Nº 359, 535, con hombres de erudición en el otro mundo Nº 354, 464, con pobres en el cielo Nº 364, con espíritus durante su tercer día después de la muerte Nº 452, con espíritus oriundos de China Nº 325; con santos Nº 535, con un hombre que dio indicios de ser Cicerón Nº 322.
TEATRO: La naturaleza es un teatro representativo del Reino del Señor Nº 106.
TEMOR: Los infiernos están regidos por el temor Nº 543.
TEMPLO: Representa la Divinidad Humana del Señor Nº 187; porqué los templos de Ios antiguos estaban erigidos mirando al oriente Nº 119.
TENTACIÓN: Estado de paz después de la tentación Nº 289; tentación de los niños en e cielo Nº 343.
TIEMPO: En el cielo cap. XVIII., Nº 411; correspondencia de los períodos de tiempo; las estaciones en el cielo Nº 155; los ángeles no tienen la menor noción sobre el tiempo y el espacio Nº 162; para los ángeles la eternidad significa estado, no tiempo Nº 167; el tiempo que los espíritus permanecen en el Mundo de los Espíritus Nº 426.
TIERRA: Sus tres reinos Nº 104; significado del gobierno del Señor en la tierra Nº £ la iglesia del Señor en la tierra Nº 57; la iglesia del Señor en la tierra tiene el aspecto de un hombre Nº 308; correspondencia entre el cielo y todas las co sas de la tierra cap. XIII., Nº 103; diferencias entre los matrimonios del cié lo y de la tierra Nº 382b; los habitantes de todas las tierras adoran la Divinidad bajo una forma humana Nº 321; los hombres de nuestra tierra viven más en la exterioridad que los de otras Nº 309; hay innumerables tierras habita das Nº 417; Las Tierras del Universo (cita) Nº 417.
TODO: El Todo existe en virtud de la armonía de sus partes Nº 56.
TONO: Los ángeles reconocen sus afectos recíprocos por el tono de voz Nº 236; los ángeles expresan muchas cosas mediante el tono de voz Nº 269.
TORMENTOS: En el infierno Nº 573, 574; se permiten para refrenar la maldad Nº 581.
TRANSPARENCIA: De los objetos que se ven en el cielo corresponde al intelecto esclarecido Nº 489.
TRISTEZA: Los ángeles padecen tristeza al pasar por ciertos estados Nº 159.
TRONO: El trono del Señor significa Su Reino en el cielo Nº 8, 24.
UBICACIÓN: De los infiernos cap. LXI.
UNIDAD: La perfecta unidad deriva de la diversidad o variedad Nº 56, 405.
UNION: En qué consiste la verdadera unión matrimonial Nº 375.
UNIVERSO: Su creación Nº 112; todas las cosas que hay en él se relacionan con el bien y la verdad Nº 137; todos los planetas están habitados Nº 417; el Señores el Dios del universo Nº 2.
UNO: La Divinidad es Una y reside en el Señor Nº 2.
USO: Como fin en el dominio que se ejerce por amor al prójimo Nº 564; los usos son bienes de amor y caridad Nº 402; qué es desempeñar usos Nº 64; aquellos que desempeñan usos Nº 390; cada uso general está compuesto por innumerables usos particulares llamados mediatos Nº 392; el número de usos en el reino vegetal Nº 109; los usos cobran forma en el mundo natural, y se manifiestan en efecto Nº 96; los usos están presentes en todas partes, en acto o efecto Nº 96; el uso de los sentidos es la causa de sus deleites Nº 402; todo es bueno en la medida de su uso Nº 107; el cuerpo está a disposición del espíritu para que éste pueda desempeñar usos en el mundo Nº 432; todo lo perteneciente al hombre desempeña algún uso N" 64; la sabiduría consiste en el amor al uso N" 390; el reino del Señor es un reino de fines o usos Nº 112; los usos en el cielo Nº 405, 517; las ocupaciones en el cielo, su correspondencia con ei uso que cada hombre desempeña Nº 394; el amor celestial consiste en amar los usos por sí mismos N" 557; en el cielo el deleite de cada cual consiste en desempeñar usos Nº 219; todos los deleites del cielo confluyen en los usos Nº 402; los ricos que habitan en el cielo ponen su corazón solamente en los usos Nº 361; las sociedades celestiales se distinguen por su uso Nº 387, 391; quienes no desempeñan usos en beneficio de la comunidad son expulsados del cielo N" 64; los usos que se desempeñan por el amor de sí mismo Nº 556; aquellos que desempeñaron usos en provecho propio Nº 508; espíritus que en el mundo se interesaron solamente en sí mismos sin tomar en cuenta los usos Nº 563; usos buenos y malos en la otra vida Nº 363; usos corruptos en el infierno Nº 362; todos los espíritus malignos desempeñan un uso en el infierno Nº 508.
VARIEDAD: En el cielo Nº 56, 71, 405; variedad de bienes Nº 41, 231.
VERDAD: Muro significa verdad como defensa Nº 73, 307; las vestiduras de los ángeles corresponden a verdades Nº 179; anchura significa un estado en el cual se goza de la verdad Nº 197; el ojo de una aguja significa verdad espiritual Nº 365; el hombre corresponde al entendimiento de la verdad, la mujer al afecto por la verdad Nº 368; hombre es aquel que posee bienes espirituales y verdades Nº 73; la verdad adulterada corresponde al orín Nº 488; la verdad representada por "la piedra en la bifurcación de caminos" Nº 534; hay tres clases de verdades, civil, moral y espiritual Nº 468; quienes habitan en la región renal del Hombre Máximo viven en verdades escrutadoras, segregando y corrigiendo Nº 96; toda verdad emite luz Nº 132; percepción de la verdad a la luz del cielo Nº 481; quienes viven en el amor celestial aceptan ser instruidos y perciben las verdades Nº 487; la verdad se implanta en el uso y conforma una sola cosa con él en el cielo Nº 517; la verdad pertenece a la memoria y al pensamiento derivado Nº 26; el hombre tiene la facultad de reconocer la verdad aunque no la reciba Nº 153; la verdad que es amada, penetra en el pensamiento de la mente, infundiéndole luz Nº 603; las verdades que el hombre debe aprender Nº 351; la verdadera inteligencia nace del amor a la verdad Nº 347; el regodeo en los sentidos del tacto y del gusto vuelve al hombre estúpido en lo que concierne a las verdades espirituales Nº 462a; verdades no reconocidas Nº 265; toda verdad posee una extensión infinita Nº 270; la reformación del espíritu del hombre se efectúa por medio de verdades Nº 424; la interioridad del hombre se eleva al acceder a las verdades de la Palabra Nº 253; los niños toman las verdades de otras personas; las verdades deben verse desde adentro Nº 352; la verdad es ajena a los razonamientos Nº 385; los meros razonamientos en torno a la verdad no implican la aceptación de la misma Nº 518; aquellos que aprendieron verdades en la Palabra se ven privados de ellas si no tienen auténtica fe Nº 482; la verdad derivada de uno mismo no es tal Nº 8; los malvados son despojados de las verdades en el mundo de los espíritus Nº 425; los espíritus malignos pierden la razón a fuerza de negar la Divinidad y las verdades de la iglesia Nº 455; la genuina facultad racional se nutre de verdades y no de falsedades Nº 468; desde la verdad cualquiera puede percibir falsedades, pero el caso contrario es imposible Nº 487; el equilibrio entre la verdad y la falsedad Nº 589; por cada verdad hay una falsedad opuesta Nº 541; quienes profanan las verdades son a-rrojados al infierno más profundo Nº 456; los ángeles del íntimo cielo no relegan las verdades a la memoria Nº 271; los ángeles celestiales perciben por influjo si las verdades son genuinas Nº 26; los ángeles celestiales ven verdades, pero no hablan sobre ellas Nº 225; los científicos razonan sobre las verdades Nº 464.
Las verdades Divinas son las leyes del orden Nº 523; no pueden ser recibidas por los ángeles después de la muerte Nº 527; todas las cosas fueron creadas por la verdad Divina Nº 137; la verdad Divina es todopoderosa Nº 231, 232; la inteligencia emana de la verdad Divina Nº 180; el hombre no puede acceder a la revelación directa de la verdad Divina Nº 309; la Palabra en su esencia es verdad Divina Nº 259; amor falso y verdadero por la verdad Divina Nº 347; la belleza del hombre después de la muerte depende del grado en que haya amado a la verdad Divina Nº 459; los medios Divinos son las verdades Divinas Nº 522; las vestiduras del Señor representan a las verdades Divinas Nº 129; recepción de verdades Divinas por los ángeles Nº 25; los ángeles del íntimo cielo llevan las verdades inscriptas en su interioridad Nº 270; la verdad Divina es la luz del cielo Nº 117, 266, 462a, 549; la verdad Divina es la luz Divina en ia mente de los ángeles Nº 489; en el cielo la Divinidad es llamada verdad Divina Nº 13.
El amor al Señor es querer y llevar a la práctica la verdad Divina Nº 271, todas las verdades Divinas están inscriptas en el amor al Señor y el amor al prójimo Nº 19; la Palabra significa verdad Divina en el Señor y del Señor Nº 137. (Ver Fe, Bien y Verdad).
VESTIDURAS: Significación de las vestiduras en la Palabra Nº 365; vestiduras de los ángeles cap. XX; en los infiernos Nº 182; vestiduras de los espíritus que ingresan al cielo Nº 519; las vestiduras del Señor representan la verdad Divina Nº 129.
VIAJE: Significa vivir y evolucionar en la vida Nº 192a, 590; viajes en el cielo Nº 195.
VÍBORAS: Los genios malignos adoptan el aspecto de víboras Nº 579.
VIDA: En sus tres planos Nº 529-531; las leyes de la vida en el Decálogo Nº 531; el germen inicial de la vida del hombre es pura maldad Nº 293; exteriormente la vida de los malvados y la de los buenos es exactamente igual Nº 534; la vida resultante del amor de sí mismo Nº 556; una vida perversa es negación de la Divinidad Nº 506; la vida en el mundo está regida por leyes externas Nº 504; el calor espiritual es el calor vital del hombre Nº 568; la vida en el mundo debe ser una vida activa Nº 528; la vida de caridad sólo puede vivirse abocándose a los asuntos del mundo Nº 535; vida interior y exterior Nº 318; la vida civil y moral Nº 530; la vida moral y espiritual Nº 319; las obras y los actos pertenecen a la vida moral y civil Nº 484; los actos reflejan la calidad de la vida externa Nº 471; las verdades morales atañen a la vida de cada individuo Nº 468; la vida según las leyes del orden Divino Nº 322; el hombre es tal como es su vida Nº 521; la vida emana del amor Nº 14, 17; aquellos que separan la fe de la vida Nº 2; la vida emana del pensamiento en la medida en que éste emana de la voluntad Nº 526; la vida racional pertenece al alma Nº 432; la vida espiritual del hombre depende de su conjunción con los espíritus Nº 302; la vida está en el espíritu, que es el hombre Nº 433, 501; todas las cosas de la vida del hombre dependen de su facultad de entender y querer Nº 203; aquellos que aplican la verdad Divina a la vida Nº 348; la obediencia pertenece a la vida Nº 271; la vida de los pobres Nº 364; las cosas del mundo natural están desprovistas de vida en sí mismas Nº 432; la vida procede del Señor Nº 9; aquellos en cuya vida está el Señor Nº 350; cómo y dónde fluye el Señor en la vida del hombre Nº 512; vivir de acuerdo con las verdades es amar al Señor Nº 225; la vida del amor y la fe conduce al cielo Nº 357; la vida del cielo es implantada en todos por el Señor Nº 522; la vida que conduce al cielo no es difícil cap. LV., Nº 533; la intuición sobre la vida después de la muerte procede de un influjo Nº 602; el ingreso del hombre en la vida eterna cap. XLVI; el tránsito de una vida a otra Nº 461; la recepción del hombre en la otra vida Nº 548; la vida del mundo permanece en la vida del espíritu durante su primer estado después de la muerte Nº 493; diferencia entre la vida en el mundo espiritual y la vida en el mundo natural Nº 462a; qué es la vida celestial Nº 403, 450, 481, 506; la vida después de la muerte es tal como ha sido en el mundo cap. XLIX; la vida celestial no puede ser implantada después de la muerte Nº 527; la vida después de la muerte es el amor del hombre y la fe derivada Nº 476; los deleites de la vida de cada cual después de la muerte se transforman en deleites correspondientes cap. L; en el cielo desempeñar usos es el deleite de la vida de cada cual Nº 219; lo esencial en el culto Divino en el cielo es llevar una vida de amor Nº 222; el parentesco en la otra vida Nº 46; la vida espiritual se nutre de los afectos por el bien y la verdad Nº 111; el amor y la vida determinan la interioridad y la belleza en el cielo Nº 459; condición en la otra vida de los que en esta vida renunciaron al mundo Nº 360; los gentiles son instruidos en la otra vida Nº 321, 324, 516; la vida es la fuerza del mundo espiritual Nº 589; la memoria de los espíritus es su propia vida Nº 517; la vida de los niños en el cielo Nº 337, 344; hay una noción de vida en todos los pensamientos de los niños Nº 338; estados vitales de los ángeles Nº 154, 184; la vida, y no el conocimiento, hace al ángel Nº 518; la vida de los ángeles en el cielo Nº 136; la sabiduría constituye la vida de los ángeles; grados de vida en los ángeles Nº 267; el bien de la vida en los ángeles Nº 288; los ángeles del íntimo cielo aplican las verdades a la vida apenas las oyen Nº 271; los ángeles interiores pueden percibir la vida íntegra de un interlocutor por su tono de voz Nº 269; la vida de los animales deriva exclusivamente de sus afectos Nº 110; los animales permanecen en el orden de su vida, los hombres lo han subvertido Nº 352; caminar y viajar corresponde a los estadios de evolución en la vida Nº 590.
VIDENTES: Son aquellos cuyos ojos han sido develados Nº 76.
VISIONES: Porqué las visiones no son adecuadas para instruir a los hombres acerca de la otra vida Nº 456.
VISTA: El pensamiento es la vista interna Nº 532; la vista interior penetra en el mundo espiritual Nº 171, 203; alcance de la vista natural y de la vista espiritual Nº 85; la vista exterior e interior de los ángeles Nº 128, 462a; en el cielo la vista es iluminada por la verdad Divina Nº 266; hay un lenguaje angélico que se manifiesta ante los ojos Nº 244; la plenitud de la vista de los ángeles del íntimo cielo Nº 270.
VOCALES: Del lenguaje angélico Nº 241; expresan el afecto Nº 261.
VOLUNTAD: Significado del término "voluntad" Nº 500; la voluntad hace al hombre Nº 474; el hombre es tal como su voluntad y pensamiento Nº 463; la voluntad es la parte verdaderamente espiritual del hombre Nº 529; la voluntad es el receptáculo del bien y del mal Nº 589; la intención del hombre es su voluntad Nº 532; la vida de la voluntad del hombre es su amor Nº 9; las concupiscencias de cada cual pertenecen a su amor, y su amor a su voluntad Nº 574; el hombre asimila sólo aquello que entra en su voluntad Nº 598; el hombre posee una propensión innata hacia el mal Nº 424; la voluntad de aquellos que gozan de genuina inocencia es, a su vez, su memoria Nº 278; una mente sometida, carece de voluntad propia, y ni siquiera posee voluntad de oposición Nº 380; el amor enciende la voluntad Nº 473; todas las cosas de la voluntad que armonizan con el amor predominante se denominan amores Nº 477; el hombre posee la misma voluntad y el mismo amor, después de la muerte que antes de ella Nº 547; después de la muerte, el hombre es su propio amor y su propia voluntad Nº 479; en la otra vida, la voluntad se manifiesta en la mirada, y en los gestos Nº 457; el reino celestial es la parte voluntaria del cielo Nº 95; la actividad de la voluntad en los espíritus malignos Nº 508. La voluntad y el intelecto combinados, hacen al hombre Nº 423; el hombre es tal como su voluntad e intelecto Nº 350; todas las cosas de la vida del hombre dependen de su aptitud para pensar y querer Nº 203; la voluntad y el intelecto conforman al hombre espiritual Nº 26, 373; todo el poder del hombre emana de su voluntad e intelecto Nº 137, 228; todo lo que el cuerpo siente procede de la voluntad y del intelecto Nº 373; la voluntad se relaciona con el bien, y el intelecto con la verdad Nº 137; el hombre es hombre por su facultad para comprender la verdad y querer el bien Nº 60; la voluntad y el intelecto están regidos por el Señor Nº 228; influjo en la voluntad y el intelecto Nº 247; la verdadera inocencia emana de la voluntad y el intelecto Nº 278; la voluntad y el intelecto en relación al matrimonio Nº 369, 370; la voluntad y el intelecto en el hombre y la mujer como cónyuges Nº 367, 368; la conjunción de la voluntad y el intelecto en el Mundo de los Espíritus Nº 423; los ángeles poseen voluntad e intelecto Nº 136; todo ángel es tal como su voluntad e intelecto Nº 231; todas las cosas de la interioridad de los ángeles se relacionan con su voluntad e intelecto Nº 173; la voluntad y el intelecto de los ángeles se perfeccionan perdurablemente Nº 221; querer es amar las cosas que se ponen en práctica Nº 16; el Señor fluye directamente en la voluntad del hombre, e indirectamente en su pensamiento Nº 26. (Ver Vida, Pensamiento).
VOLVERSE: Los ángeles se vuelven hacia un lado u otro según su amor predominante Nº 143; las maravillas relacionadas con el modo de volverse hacia el Señor Nº 144; cómo se vuelven hacia las regiones del cielo los espíritus malignos Nº 153; la conjunción que se establece por el modo de volverse hacia uno u o-tro lado Nº 255.
VOZ: Significa verdad Divina Nº 1; las voces de los espíritus malignos Nº 553.
YUGO: El yugo del Señor y su carga Nº 359.
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2009